Neurobudismo

Julio 13, 2009

Significado y sentido

elhombre(problemadecenestesia)

El hombre (problema de cenestesia) de Lopez Claro

Dicen los budistas que no existen cinco sentidos sino seis.

A los cinco sentidos o canales de información habituales (vista, oído, tacto, olfato y gusto) ellos añaden un sexto sentido: el pensamiento.

Para los budistas pensar es pues una forma de sentir.

Lo que es curioso es que en occidente esta idea no haya calado entre nuestros pensadores y filósofos, porque la verdad del asunto es que el pensamiento evolucionó simultáneamente con el lenguaje, o dicho de otra manera: el pensamiento es el lenguaje interiorizado, palabras que pueden emitirse o  no pero que en cualquier caso no son otra cosa sino palabras.

Y las palabras se sienten o dicho de otra manera: se oyen, como la música

O se piensan o se dicen o se escriben.

Son en cualquier caso movimiento.

Y es también curioso que la palabra “sentido” tenga esas dos acepciones: una la de oir o sentir algo a través de un canal perceptivo y otra la del significado de algo.

Las palabras son sólo un sonido, pero no es cualquier sonido sino un sonido con significancia. A las palabras les llaman los lingüistas “significantes” porque inducen significados en los oyentes a pesar de no ser nada más que sonido. La gracia es que nuestro cerebro decodifica un sonido y transforma ese símbolo, escrito u oído y lo convierte en un significado, en algo que tiene sentido para el que comparte ese mismo idioma.

Y nos permite comunicarnos con otros.

Y ese sentido o significado que tienen las palabras es el sexto sentido del que hablan los budistas, algo que curiosamente llamamos sentido como si lo sintiéramos más allá de haberlo oído o leído.

Sentir y oir son pues dos cosas distintas, algo de lo que ya hable en este post.

Mientras escuchamos música sucede algo parecido, la música es un significante, cada frase musical lo es. Sin embargo cada fraseo no tiene los mismos significados para todas las personas, podríamos decir que cada frase musical tienen infinitos significados, tantos como oyentes. Sucede con la música porque es la Gran Abstracta, está más allá del lenguaje que compartimos todos los que hablamos un mismo idioma. La magia que acaece en la música es que no significa nada en sí misma ni es un consenso como sucede con el lenguaje común sino que va un poco más allá de eso: evoca en cada uno de nosotros un sentido, porque la música no sólo se escucha sino que se siente.

Y sentir es algo que se hace con el cuerpo, poniendo el cuerpo por delante, una tarea a la que no estamos muy acostumbrados nosotros los occidentales que arrastramos una larga tradición anticorporal.

cenestesia

¿Sabemos escuchar, sentir nuestro cuerpo?

Lo cierto es que nosotros los occidentales somos muy platónicos y habitamos en el mundo de las Ideas. Si exploramos los contenidos de nuestra mente caeremos en la cuenta de que más del 90% de esos contenidos son pensamientos, recuerdos o elaboraciones alrededor de las ideas, a veces ruido otras veces musiquillas parásitas. Las ideas pululan y parlotean continuamente en nuestra mente sometiéndola a un continuo bombardeo simbólico del que pocos de nosotros somos conscientes, tampoco caemos en la cuenta del gasto energético que supone mantener esa actividad incesante.

De ahí se deduce que los beneficios de la meditación no están relacionados con algo místico o esotérico sino en la posibilidad de despejar nuestra mente de contenidos eidéticos. Concentrarse en nuestros pies cuando caminamos y hacerlo siguiendo el conocido mantra SA-TA-NA-MA en cuatro tiempos es beneficioso , no sólo porque caminar es la actividad física mas beneficiosa que existe sino también porque permite que nuestra mente descanse mientras focaliza su atención en esos cuatro tiempos que marcan nuestros pies.

Los conocidos mantras de cierto tipo de música también tienen esta potencial característica de desenchufarnos de las ideas. Sucede porque un mantra es una repetición continua de una frase musical hasta el paroxismo, el cerebro se habitúa a esta monótona repetición y deja de conspirar tratando de encontrar sentido a lo que está oyendo. El sentido del mantra es su sinsentido enroscado en la repetición, en cuanto el cerebro se da cuenta de que no hay nada nuevo deja de oírlo  se dedica solo a sentirlo con un órgano distinto al oído.

Si repites una palabra un número suficiente de veces caerás en la cuenta de que la palabra en sí pierde su significado, se ha descascarillado y se convierte en una vaina vacía, A eso, a veces, le llamamos un mantra, algo que se repite y que no es sino una cáscara hueca.

Y de ahi su beneficio, pues ya no estamos oyendo sino sintiendo la palabra sin forma.

Si pudiéramos desenchufar nuestra mente de ese continuo barullo en el que vive inserta obtendríamos múltiples y saludables beneficios físicos y psíquicos. Aunque lo cierto es que la mente no puede desenchufarse como un electrodoméstico salvo en cierta etapas del sueño no REM.

Nuestra mente está en “on” todo el tiempo y sólo puede ponerse en “off” de dos maneras: perdiendo el conocimiento (anestesia, sueño) o meditando.

Meditar es una palabra que sin embargo induce otra serie de ideas que se encuentran adheridas a ella, nos remite a algo activo, a una técnica, a algo que aprender y que podemos llegar a dominar, a hacer bien o mal, como si meditar fuera una especie de actividad que precisara entrenamiento. Esta idea sigue siendo una idea y por tanto se encuentra muy lejana de la conceptualización budista de la propia meditación que aborrece de los conceptos: confieso que esta palabra no me gusta nada porque induce al error o al prejuicio.

Meditar es retirar la atención de los contenidos usuales de nuestra mente que no son otra cosa sino ese sexto sentido que llamamos pensamiento y que no debemos olvidar que sólo son cenestesias, es decir acciones interiorizadas, acciones que no se llevaron a cabo, apenas planeadas, activas en borrador pero nunca editadas, es por eso que el pensamiento es lo contrario de la acción: la reflexión es lo opuesto a la conducta aun procediendo ambos del movimiento.

Y por eso nuestros padres nos enseñaron a pensar algo antes de hacerlo. Y es por eso que cuando no queremos afrontar las consecuencias de nuestros actos decimos “lo hice sin pensar”. Y es cierto que a veces hacemos algo irreflexiva o impulsivamente, sin pensar, lo que no nos quita la responsabilidad de sus consecuencias. Si esto sucede es porque nuestra mente esta demasiado ocupada en su continuo debate interior y no escucha nuestras necesidades, las corporales es por eso que a veces se nos escapan de nuestro control como el que no puede retener su orina. Hay una incontinencia de las acciones como hay una incontinencia de esfínteres.

El cuerpo ha andado divorciado de la mente durante muchos siglos en consecuencia con una cultura que ha renegado de él por contemplarlo como una opción de pecado o transgresión, la consecuencia más importante que ha tenido este hecho en nuestra conceptualizacion del mundo ha sido el consiguiente divorcio entre la ciencia y la experiencia: ambas son irreductibles en la manera de pensar occidental y no deben mezclarse, antes al contrario cualquier experiencia personal es contada como un obstáculo a la hora de enunciar un axioma científico.

Este hecho fue denunciado por algunos pensadores que se encontraban desubicados en el tiempo, Schopenhauer -fuertemente influido por las tradiciones orientales fue uno de ellos- el siguiente fue Heidegger y más concretamente su discípulo Merleau-Ponty con su ya conocida frase:

“Los científicos construyen un mundo y luego se niegan a habitarlo”.

Efectivamente el mundo de la ciencia, el mundo de la tecnología nos ha proporcionado muchas comodidades y seguridades pero nos ha abocado a una existencia sin sentido con una continúa búsqueda del “más difícil todavía”.

Porque el sentido no se encuentra en los datos, en las ideas  o las estadísticas sino en la verdad subjetiva e individual, la verdad es sobre todo una verdad corpórea, vivida, experimentada, de ahí su poder de convicción personal.

Y es por eso que todas las medicinas alternativas ponen su énfasis en el cuerpo, en el masaje, en la vibración, en la psicomúsica, en el baile, en la meditación o el yoga: ponen el cuerpo en primer plano.

Sienta usted su cuerpo y encontrará repentinamente una cierta paz, su mente aparecerá como un escenario vacío pues la mente no es sino eso, un teatro donde usualmente se dan cita todos los actores que intervienen en eso que llamamos vida y que suele ser para casi todos un campo de depredación.

No debe usted pensar que sólo con la meditación podrá alejar de sí todos los fantasmas que le abruman: hay que dimensionar la palabra “meditación” en su verdadera naturaleza. Equivale a coser, a hilar, a trabajar en el campo, cualquier cosa que consiga que usted deje de pensar o logre detener la vorágine de pensamientos, eso es meditación. No hay que saber nada, ni conseguir nada, ni hacerlo bien o ir a aprender la técnica en un curso de fin de semana, es gratis y lo tiene usted al alcance de su mano.

Sienta su cuerpo, sólo eso. Hoy los pies, mañana las manos, después la espalda, atienda su cuerpo y forme y deshaga día a día un concepto corporal nuevo, hágalo sin doctrina, sin disciplina y sin objetivos, eso es meditar, le llamaremos así a falta de otro nombre.

Aunque yo prefiero llamarlo sentir. Algo lleno de significados, sin significar en si mismo nada.

Sentir esa experiencia de vacío es absolutamente necesario si usted pretende saber algo de la mente, de la suya, que es muy parecida a la de todos.

Lo más importante es que nuestro cuerpo nos habla pero no puede competir con el ruido de la mente en desorden: precisa un cierto espacio escénico, un cierto vacío: es entonces cuando nos canta acabalgado en palabras descascarilladas.

La vida transcurre confundida entre ruido y señal.

Y algo tiene que permanecer quieto para que algo cambie y se mueva.

Julio 12, 2009

La sexualidad de las lagartijas

Archivado en: General — by Ana di Zacco @ 2:58 am

Esta semana tuvo lugar, organizado en el campus de Tortosa por la Universidad Rovira i Virgili, el seminario “Sanar la vida”.

En él se abordaron temas relativos a la nueva visión de la salud que crece paralela al nuevo paradigma, y en el cual participaron conferenciantes que hablaron de los misterios del sistema inmune (Tomás Álvaro), de los misterios de la osteopatía (V. Morera), de la filosomática o el watsu (M. Angel Bertrán), de los misterios de la salud y el hábitat (E. Silvestre), de la digitopuntura (J. Trilla), del arte como terapia (R. M. Alconchel), de la meditación (R. Rotllán), así como de los misterios de esa sexualidad -reproductiva o no- (Paco Traver) de la cual sabemos menos de lo que creemos saber pero que, según algunas doctrinas orientales, es una de las posibles vías hacia la divinidad interior.

Aquí tienen unos breves extractos de la conferencia “La sexualidad de las lagartijas”, de P. Traver.

Extracto 1

Extracto 2

Extracto 3

Junio 7, 2009

El amor: ¿realidad o creencia?

Archivado en: General, antropologia, cerebro, espiritualidad, evolución, mente, sexo, tantra — by Ana di Zacco @ 4:33 pm

"Amor es..."

"Amor es..."

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

(A. de Saint-Exupery)

.

“La medida del amor es amar sin medida”

(San Agustín)

.

“Es mi amado para mí y yo soy para mi amado”

(Santa Teresa)

.

.

.

Desde que el ser humano empezó a plantearse preguntas de calado, una incertidumbre le ha consumido tanta o quizá más energía que el conocido enigma ¿de dónde vengo y adónde voy?, y es:

¿Me ama o no me ama?margarita-1

Los Beatles ya sabían que “All you need is love, love” del mismo modo que lo saben psicólogos y tarotistas a cuyas consultas acuden ingentes cantidades de seres acuciados por la imperiosa necesidad –a veces bajo la fachada de otras problemáticas- de saber si son amados, o por la sospecha de que no lo son suficiente.

A veces también para saber si ellos o ellas aman a su vez genuinamente.

Pero ¿cómo saber si nos aman suficiente o del modo que deseamos nosotros? (“No, si me quiere… a su manera”) ¿Cómo medirlo? ¿Por qué no se ha inventado el amorómetro, si ya sabemos que la oxitocina y la dopamina se alteran al enamorarnos y que el amor al parecer aumenta la longitud de la vida y el brillo de la piel? ¿Qué hacer si fortuitamente llegamos a la conclusión de que no somos amados tanto como creemos merecer, o no del modo que esperábamos? ¿Cómo saber si se trata de amor, de necesidad o de interés por algún beneficio?

El amorómetro de momento no se ha inventado, pero sí se ha inventado una báscula intuitiva, que es el método que utilizamos comunmente: ¿cuánto gano/pierdo yo en una relación amorosa? ¿qué doy o aporto y qué recibo o me es aportado? O, como dice una amiga mía: ¿me compensa o no me compensa?

Aunque la tecnología actual no haya inventado aún un aparato así, al menos en los últimos tiempos los estudiosos de la mente han aportado interesantes descubrimientos acerca de ella que amplían cada vez más nuestra posibilidad de comprender qué ocurre y porqué, cuando somos felices víctimas de ese misterio que nos acerca un poco más a lo trascendental. Desde El Banquete de Platón hasta nuestros días, sobre Eros se ha escrito tanto como sobre gustos pero, si bien no existe aún un consenso generalizado, sí se va estrechando cada vez más el círculo que lo acerca un poco más al terreno de lo comprensible. Quizá algún día la ciencia que estudia los sentimientos y las emociones (vean esta interesante entrevista a Antonio Damasio, un brillante neurólogo investigador de los sentimientos) englobe también, como viene haciendo uno a uno, este otro gran misterio capaz de consumirnos tanta energía y de provocarnos tanta dicha o tanto sufrimiento: el amor.

Hay quien opina que el amor es un invento de la Revolución Industrial –pulido casi a continuación por el movimiento romántico-, una estrategia para generar en la mujer (que hasta entonces era entregada por el padre a cualquier lugareño a cambio de un par de ovejas) el sueño de un príncipe azul mucho más a su gusto que cuando no era nada, con el cual aparejarse y asegurar, como consecuencia indirecta, un aumento de la descendencia que subsanara a medio y largo plazo la falta de mano de obra debida a las pestes y hambrunas de la época. Simultáneamente eran necesarias parejas que emigraran a las fabricas casi siempre ubicadas en los guettos de las ciudades; el amor romántico era pues un engaño para sujetos desubicados y trashumantes.

Sin embargo, para Desmond Morris (El Mono Desnudo) el amor habría surgido ya desde que nos convertimos en cazadores-recolectores en el Neolítico, a consecuencia de la necesidad de que los varones hubieran de dejar a la hembra sola en la cueva cuando se ausentaban para ir a cazar: se hizo necesario algo que hiciera más resistente el vínculo monogámico y permitiera cierta tranquilidad al cazador en el sentido de que la hembra que dejaba atrás no quedaba a merced de otros seductores, no fuera que a su regreso acabara compartiendo con una infiel el ciervo que tantas vicisitudes les costó conseguir (con el subsiguiente riesgo de acabar alimentando a retoños que no eran suyos y que no llevaban sus genes).

De modo parecido a la inteligencia, la cual hace poco pasó de ser contemplada como concepto monográfico a una suma de factores (memoria, velocidad de proceso de datos, creatividad, empatía, etc.), en el amor quizá ocurra en breve algo similar. Por ejemplo, Eduard Punset opina que el amor vendría a ser una especie de conglomerado hecho de apego personal, inversión parental o familiar y sexualidad, todo ello dentro del turbulento caldo de cultivo del  entorno. Dice Punset que siete son los años que dura de media el estado amoroso pues siete son también, casualmente, los años que tarda la cría del humano en adquirir una mínima independencia de los cuidados repartidos de la pareja. La cuestión es ¿cuánta carga evolutiva llevamos aún sobre nuestros hombros, o –planteado a la inversa- cuánto han cambiado las cosas desde entonces? Y por otro lado ¿qué ocurre con el amor sin finalidad reproductiva? ¿es otro genoma-lag?

Pues estas teorías explicarían el vínculo del matrimonio pero no el amor en sí, que, como todos sabemos, no siempre son aristas del mismo poliedro.

Para algunos místicos, por su parte, el amor hombre-mujer sería una especie de sucedáneo o herramienta de otro amor: el amor a Dios, a lo trascendente. Una especie de adiestramiento teñido del goce de la sexualidad como anticipo del otro o, si lo prefieren, una estación de paso en clave dual en nuestro viaje hacia un amor cósmico o expansionador de la conciencia. En cualquiera de sus versiones, el amor exige renuncia y sacrificio, y llega a ser tan inefable que Santa Teresa no duda en asociarlo sin ambages a lo más terrible: la muerte:

“Vivo ya fuera de mí después que muero de amor”

La muerte de una parte del propio ser que en el sufismo –no exento del matiz amor-ternura- se denomina aniquilamiento, una metáfora que los más pragmáticos explican como la cesión de soberanía que deben hacer ambas partes para acoplarse del modo más perfecto posible.

Es curioso que fueran las filosofías orientales (sufismo, hinduismo, tantra) las que permitieran e incluso alentaran el amor hombre-mujer, no sólo como un goce descaradamente compatible con el amor sagrado sino como una vía hacia él, mientras que las religiones monoteistas programaran a decenas de generaciones para etiquetar como pecado toda manifestación amorosa que no se ciñera a sus preceptos.

Al margen de todas estas controversias, es innegable que el amor encierra en su esencia un anhelo fusional, algo que, sea cual sea su naturaleza, va más allá de la razón y del intelecto. Anhelo de fusión cuyo origen se pierde en las tinieblas y que Punset explica así en esta entrevista.

¿Cómo congeniar toda esta macedonia de ingredientes cuando además, gracias a los descubrimientos antes citados relativos a esta prodigiosa caja de Pandora que es la mente humana, también se sabe cada día más sobre el decisivo mecanismo de las creencias? ¿Será el amor el cemento o coagulante entre lo evolutivo y lo poético, la pulsión fusional y la pragmática, la pasión y la paciencia, el programa reproductivo y el ansia de lo trascendental, lo instintivo y lo sagrado?

Parece cada vez más incontestable que la realidad está modulada por la mente que la percibe. Se podría decir que existe un filtro osmótico que media entre la realidad de ahí fuera y la que somos capaces de explicarnos a nosotros mismos en el tibio pero fangoso terreno de nuestra intimidad. Según los conocimientos más recientes de los expertos en el mecanismo de la percepción, parece evidente que llevamos en la sangre una tendencia difícilmente soslayable a construir una gran porción de la realidad a nuestra medida de tal modo que “se ajuste” a nuestra creencia previa, de una forma parecida al mecanismo que nos hace Dibujo“ver” un círculo donde solamente hay una serie de puntos distanciados entre sí en forma de círculo, un fenómeno ilusorio que se debe a que el cerebro rellena lo que falta (casi instantáneamente) para que lo percibido se “ajuste” a nuestra concepción creencial previa (en este ejemplo, el conocimiento previo al cual ajustamos lo que “vemos” sería la forma de un círculo). La abstracción como solución de urgencia para salvar distancias demasiado grandes. En otras palabras: las ilusiones ópticas tienen su razón de ser en la necesidad de que dos realidades se acoplen entre sí (la subjetiva -patrimonio exclusivo de la memoria- y la percibida, a la que, por siempre novedosa e inesperada, poco le importan nuestras experiencias previas). Si hemos de tener en cuenta estos hechos, entonces el amor podría ser un producto de nuestra imaginación, una hipótesis.

Esto naturalmente complica las cosas aún más si cabe, pues, si pretendemos ser más honestos que soberbios, estos hechos nos impiden a su vez obviar disyuntivas como ésta: ¿será que amamos o que creemos amar? ¿Amamos por un mandato ancestral o porque en cierto momento creimos que ya era hora de amar y acoplamos nuestra conducta en consecuencia?

Una tendencia aristotélica de pensar en términos de causa-efecto en sentido descendente se contrapone a transgredir de abajo arriba lo que nos han enseñado (y en lo que sólo por ello tendemos tercamente a creer y a defender a ultranza). Existe un método de resolver ecuaciones matemáticas por el cual primero se presupone unos valores a las incógnitas de la ecuación yendo después “hacia atrás” para comprobar su veracidad. En este otro caso se trataría de plantearse si no actuaremos también en el amor en una forma parecida: “me lo creo y después amo” y no “amo y luego me lo creo” (como creíamos) pegándose una a la otra de tal manera que acabará siendo imposible distinguirlas. Después de todo, el tiempo es reversible, otro constructo o carril mental por el que discurren nuestras certidumbres pero vulnerable a ser retorcido como una cinta de Moebius.

Pero retorcer la lógica impone cierta zozobra a nuestra certidumbre: en el tema que nos ocupa, podríamos llegar a la conclusión de que el amor como tal no existe sino la creencia del amor, a la que sigue la actuación congruente para que todo nos siga encajando. Y esa conducta, a su vez, nos consolida en nuestra creencia en un círculo recursivo.

¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo porque los abismos siempre dan vértigo a quien no tiene alas y solemos interpretar los desajustes en términos de “no tener la razón”. Y a los humanos nos encanta tenerla aunque sea con nosotros mismos. “Si los hechos no se adecúan a la teoría, tanto peor para ellos” dijo irónicamente Hegel (Watzlawick, 1989).

Quizá los más osados podrían plantearse, entonces, una posibilidad aunque sea remota de que con frecuencia primero creemos que amamos (creencia) y luego amamos (ajuste de la realidad a nuestra creencia), a lo cual sigue la correspondiente modulación de la conducta en base a lo anterior. ¿Será importante después de todo esa diferencia entre ambas cosas, ese abismo, o podemos seguir viviendo congeniándolas en armonía y sobrevolar ese abismo sin caernos de nuestro bienestar emocional?

Amo luego existo, eso parece lo único que está fuera de duda.

Nota: si aún dudan sobre la ambigüedad entre la realidad percibida y la realidad creencial, en el mn 3:30 de este video de Dan Ariely (hallazgo de Paco Traver) podrán confirmar que los sentidos no son nada pero nada fiables. Es un hecho a prueba de pauses, si quieren comprobarlo.

Mayo 27, 2009

Dios y el bosón de Higgs

Archivado en: cosmologia, dios, esoterismo, espiritualidad, fisica, fractales, mente, religión — by pacotraver @ 6:28 pm
Tags:

Lo que es, es, lo que no es ni ha sido ni será

Proverbio sufí

No cabe duda de que nuestro universo procede de una explosión que algunos han bautizado con el nombre de Big Bang, existen además pruebas de que este universo se encuentra en un estado de constante expansión desde aquel momento inicial del estallido.

Y que nuestro universo se dirige hacia un enfriamiento paulatino, hacia un alejamiento cada vez mayor de las estrellas y constelaciones entre si, hacia una expansión que no sabemos hacia donde se dirige, puesto que tambien sabemos que no podemos imaginarla infinitamente.

El infinito y la nada son abstracciones sin sentido en fisica, simplemente no existen. Todo parece indicar que el universo camina hacia un Big Crunch, dicho de otra forma que tuvo un principio y tendrá un fin. Sin embargo no deben ustedes preocuparse porque para entonces ya no existirá conciencia humana capaz de testificarlo, ni la Tierra, ni el Sol existirán, lo que viene a significar que en terminos sensibles no nos afecta en absoluto ni el universo se verá afectado por nuestra desaparición pues al fin y al cabo la vida es un accidente de nuestro universo.

La pregunta puente entre metafísica y la ciencia que los físicos tratan de responder es sin embargo, ésta:  si el universo procede de una explosión original. ¿que fue lo que explotó?

De eso se ocupan ahora los fisicos que trabajan en el CERN, tratan de reproducir las condiciones iniciales del universo desde el momento cero, hasta 1 segundo después del Big Bang.

Y para entender que es lo que explotó tenemos que entender el concepto de bosón de Higgs. Para una comprensión fácil remito al lector a esta web donde se explica perfectamente este abstruso concepto.

En este reportaje emitido por “Informe semanal” tambien hay una buena explicación del concepto gracias a los esfuerzos de una de la simpáticas fisicas españolas que trabajan en el CERN, en ese proyecto de reproducir el ambiente inicial de nuestro universo.

Para que usted se haga una idea rápida y mental de este concepto, imagínese que en la habitación donde usted se encuentra quitamos todas las cosas, toda la materia, todo el aire y la enfriamos hasta el cero absoluto. ¿Que es lo que queda? Usted dirá seguramante que lo que queda es “nada”, pero se equivoca lo que queda es vacío. “Vacío” es un concepto físico y “nada” es un concepto metafísico, en realidad “la nada” no existe, lo que existe es el vacío y en el vacío hay algo, eso que existe en el vacío es un campo de Higgs.

Ahora imagínese usted que ese campo de Higgs es un campo de alta hierba, observará como las hierbas van desde el suelo hacia arriba señalando una dirección, las particulas que viajan en esa recta dirección serán más rápidas que las que recorren rama a rama las hierbas y tropiezan con ellas. Esas partículas que recorren la hierba de abajo-arriba viajarán a la velocidad de la luz si carecen de masa como los fotones mientras que determinadas partículas precisamente por tropezar con ciertos obstáculos o resultar demasiado pesadas correrán menos, pero ninguna partícula correrá más que la luz, podriamos decir para entendernos que la velocidad de la luz -con independencia de su valor en Km/sg- es 1, representa la totalidad.

higgs_decay_web

El bosón de Higgs es una partícula cuya existencia no está demostrada pero que se adivina necesaria. En la analogia del campo de hierba anterior representaria una particula muy pesada que recorreria el suelo de forma transversal (perpendicular) al resto de partículas, se trataría de una particula que no podría remontar el vuelo por si misma debido a su enorme masa.

Precisamente esta enorme cantidad de masa -que los fisicos están tratando de calcular sin haber llegado aun a una opinión definitiva- es la que dota al bosón de una energia tan alta.

Es en cierto modo una particula paradójica puesto que aun siendo muy pesada y no pudiendo correr tanto como los fotones sin embargo es dadora de masa y dadora de velocidad puesto que los fotones son a su vez bosones troceados, escapados de una fisión bosónica.

El bosón puede definirse como una partícula o singularidad que representa la unidad de dos polos inseparables y continuos. El bosón contiene en sí mismo a su par antibosón, es decir el bosón es antibosón de si mismo a diferencia del resto de particulas que tienen un par de entes discontinuos y separados de si mismos -polos- como sucede con los fermiones.

En esta tabla podemos ver como las particulas elementales son o bien bosones (en naranja) o bien fermiones (en azul):

particulas

Dicho de otra forma: muy probablemente lo que explotó en el Big Bang fue un campo de Higgs formado por bosones de Higgs. El resto de particulas elementales proceden de esta explosión cuya imagen mental es la de la simetria rota. La luz, la materia, el tiempo, la antimateria, los agujeros negros, las estrellas, la materia oscura, la vida, los elementos químicos y las fuerzas físicas: electromagnética, gravitacional, nuclear fuerte y nuclear débil proceden de aquel primordial bosón que concentraba en sí mismo una energia extraordinaria que podemos imaginar como un punto singular -donde no se cumplía ninguna ley fisica de las que conocemos y que gobiernan nuestro mundo actual- y que se desplegó en el el Big Bang.

No cabe ninguna duda de que la idea de Dios y el bosón tienen mucho parecido, puesto que Dios como el bosón parece ser y contener la esencia y el fundamento de todo lo demás, al menos asi se lo imaginan los teólogos de todo el mundo y asi se nos ha transmitido por las tradiciones místicas y esotéricas de casi todas las religiones sobre todo de aquellas que optaron por el monoteísmo.

Dios es el nombre que en esas tradiciones se le da a un Supremo creador y sobre todo organizador del universo, en algunas de esas tradiciones como el panteísmo se sugiere que todo procede de ese Dios, más que eso: que Todo es Dios, lo que traducido al lenguaje fisico -y suponiendo que el bosón de Higgs exista- viene a decir que todo procede del bosón, aunque en realidad -y siendo cierto que el universo remite a aquella singularidad inicial- es tambien verdad que después de romperse la simetria original ya no puede considerarse equivalente a la misma puesto que se encuentra regido por fuerzas discontinuas y asimétricas (leyes fisicas) que se cumplen en los entornos sensibles en que nos movemos.

Ahora bien los fragmentos que resultaron de aquella superdivisión explosiva muy probablemente mantienen una cierta nostalgia de su unidad original y si es cierto que el bosón de Higgs representan aquella unidad-totalidad en cada uno de esos fragmentos debe haber una huella de la simetría original.

Algo que se puede rastrear en las propiedades y características con que nos imaginamos a Dios. Si descontamos la bondad infinita con que nos lo imaginamos los que hemos sido educados en las tradiciones cristianas y le sustraemos tambien la capacidad ejecutiva de una justicia sin limites lo cierto es que la idea de Dios nos enfrenta  a algo tutipotencial, a una idea que puede resumirse en estas caracteristicas:

  • Omnipotencia: un poder absoluto sobre todas las cosas.
  • Omnipresencia, el poder de estar presente en todo lugar.
  • Omnisciencia, poder absoluto de saber las cosas que han sido, son y serán.

Pero además el nombre de Dios tiene algunas caracteristicas especiales, atributos divinos que en numero de 99 adornan al todopoderoso segun el Islam, no sólo Dios es el principio y fin de todas las cosas como un bosón sin desplegar sino que además tiene estas 99 propiedades. Nótese como en ellas se nombran las siguientes que llaman la atención por su parecido con la jerga de la fisica actual:

  • El que expande (bang)
  • El que constriñe (crunch)
  • La palabra dador aparece en tres ocasiones: dador de todas las cosas, dador de sustento y fuerza y dador de paz.
  • El primero y el último tambien aparece en el listado de los 99 nombres de Dios.

Pero para mi la clave de todo no está -con ser interesante- en el listado en sí, sino en su número, ¿por qué Dios tiene 99 nombres?

La conciencia humana transcurre entre un intervalo que va desde el vacio (la nada metafisica), el cero, y la totalidad (la unidad) que se matematizan asi de una forma asintótica:

0=0,0000000 (infinitos ceros)… 1

1= 0,9999999 (infinitos nueves)….9

Podemos acercarnos al 0 o al 1 pero en realidad llamamos 0 al casi 0 y 1 al casi 1. El 1 significa la velocidad de la luz (un absoluto imposible de alcanzar para un cuerpo con masa) y el 0, una nada imposible de alcanzar puesto que hasta en el vacio existe algo, el bosón de Higgs, otra vez por abajo y en forma de fotón por arriba. El intervalo por donde transcurre el universo se encuentra cercado por bosones.

Dios de existir seria pues algo muy parecido a este concepto físico huidizo y frágil con una vida media de 0, 000000000001 sg que se niega a ser apresado hasta en los sotanos del CERN. Su visibilidad es más virtual y necesaria que demostrada y concreta, de los experimentos que se realizarán en el CERN no debemos esperar grandes ni definitivos avances en los proximos años sino un acumulo progresivo de evidencias que todas juntas pondrán encima de la mesa al bosón primordial, una idea de Dios más del orden de la ciencia que de la fe.

Pero aqui no termina la cuestión porque tal y como dice Cornelio Gonzalez Valdenebro en su libro Hombre= Cosmos, es muy posible que la conciencia humana sea un fractal del propio universo, dicho en sus propias palabras:

“tanto la vida como la conciencia se originan en y por la intrínseca UNIDAD que interrelaciona a la continuidad-simetría del bosón magnético con la discontinuidad-asimetría del par eléctrico mutuamente especular  llamado: fermión-antifermión. Dicho de otra manera: en el mismo fondo del fenómeno vital-consciente llamado HOMBRE, subyacen las leyes físico-aritméticas de UNIDAD que nos generan.

Lo que viene a decir que Dios está plegado en la vida y la conciencia humanas y lo está a través de esa complementariedad entre bosones y fermiones, entre la continuidad inseparable del bosón y la discontinuidad polar del fermión. Entre el juego del 5 y el 2, se encuentra la vida (recomiendo al lector que visite este post donde traté de explicar estos conceptos originales de Cornelio Gonzalez). Obsérvese como el 5 y el 2 son opuestos recíprocos, puesto que cada uno de ellos multiplicado por su recirproco-opuesto dan 1. (el reciproco de 5 es 1/5, el reciproco de 2 es 1/2)

5 x 0,2=1

2 x 0,5=1

El que quiera buscar a Dios hará bien en buscarlo en su interior, allí donde bosones y fermiones bailan esa danza que hemos llamado vida y que en nosotros los hombres se transformó en una conciencia capaz de saber algo acerca de si misma. La física y la metafísica van por el mismo camino y ya somos capaces de intuir que Dios no es un señor con barbas que nos vigila desde un ojo celeste sino un orden roto al que todos volveremos después de la muerte, del mismo modo que fuimos arrancados de él en la explosión de la vida, pues ambas condiciones, vida y muerte, suponen una ruptura, una fragmentación de algo que inicialmente estuvo unido en una singularidad donde ninguna ley se cumple y donde la conciencia se trasciende a sí misma.

Mayo 18, 2009

Perdidos en la tribu

Archivado en: antropologia, mitologia, moral, psicologia, religión, sexo, sociedad — by pacotraver @ 1:29 pm

ticket_namibia13_p2

Fue por causalidad, zapeando un aburrido domingo por la noche, intentaba eludir los resúmenes de la jornada futbolística cuando me encontré con esta serie de la que nunca habia oido hablar. Comencé a mirarla un poco por la belleza de las imágenes que me atraparon en primera instancia -quizá por su exotismo-, y enseguida me di cuenta de que se trataba de un reality show, pero en este habia algo diferente, algo de mayor calidad, asi fue como me quedé pegado al televisor y asi fue como nace este post: una reflexión sobre un programa que me impresionó.

Es en tele cuatro, y en este enlace están colgados los videos del programa, más cercano a una visión antropológica que a la cutrez de los programas que tratan de penetrar hasta la cocina de la banal intimidad de otros, más cercano a “Bailando con lobos” que a “Gran hermano” y de ahi su interés y su belleza.

Tres familias enteras pertenecientes a nuestro entorno concursan con el fin de aguantar hasta el final una serie de pruebas heroicas viviendo en tribus lejanas y tratando de adaptarse a sus costumbres y culturas. Gana la familia que al final es aceptada-admitida por la tribu, pierde aquella que se rinde y se va o es expulsada por el consejo que en cada tribu ejerce el poder y la capacidad de sanción.

La gracia es que la salvación y el premio final sólo puede ganarse en conjunto, de forma familiar por asi decir, lo que complica llegar a la meta e invalida las soluciones individuales. El programa ya ha sido realizado en varios paises con el nombre de Ticket to the tribe, y en España será presentado por Nuria Roca.

Lo que enseguida llama la atención del espectador es la colisión de culturas: por una parte una cultura primitiva, orientada hacia la preservación y dominada por el sentido común, por otra parte, una cultura- la nuestra- representada por la unidad familiar, con grandes contradicciones en su seno y dominada por los prejuicios y los estereotipos.

En el programa se abordan los grandes temas del hombre: la alimentación, la sexualidad, las relaciones de pareja, las relaciones con la colectividad y el tema del poder y el reparto del trabajo. Todo se dirime en el consejo que es el lugar donde los jefes de la tribu imparten -con un tono de sabiduria que va más allá de lo esperable-, los premios y las sanciones que merecen las conductas individuales, se imparten refuerzos a las conductas que lo merecen y se improvisan definiciones sobre cada una de las personas que intervienen en el juego. El resultado es que las personas se sienten integradas en algo superior a si mismas, obtienen refuerzos a su identidad y aprenden que sus conductas inciden en la totalidad de modo que sus desviaciones propician castigos concretos que aceptan sin rechistar. Para algunos una oportunidad de socializarse y escapar de esa sobredosis de uno-mismo que consume nuestra civilización.

La alimentación.-

El primer problema que se les plantea a nuestros conciudadanos es que tienen que aprender a comer cosas repugnantes para nuestro gusto, tambien alimentos cuya composición desconocen. La variación en la dieta es tan brutal que presupone una modificación importante de lo que es necesario y lo prescindible: el agua y la comida después de unos dias de repugnancias y ascos se convierte en el centro de la atención de unos y otros. Los integrantes de la tribu hacen observaciones tan interesantes como esta: “están demasiado gordos a pesar de que no comen, si siguen asi no podrán mantenerse en pie”. Algo que deberia hacernos pensar en nuestra dieta, ¿cómo es posible que estemos tan gordos si no comemos? Es evidente que comemos demasiadas calorías vacias, esa es la base de la alimentación occidental.

El siguiente dilema que se plantea a nuestros civilizados ciudadanos es cazar para comer: las proteinas animales no abundan en ninguno de los hábitats de las tribus de Africa o Indonesia donde se desarrolla la serie y en cualquier caso las nutritivas proteinas son necesarias, para un mundo como aquel comerse un jabalí es un verdadero festín perfectamente ritualizado de acuerdo con las creencias animistas de la tribu en cuestión. Nada debe dejarse al azar, hay que cazar al animal vivo y darle muerte en un determinado contexto para que el espiritu del jabalí se convierta en protector de la tribu.

No es de extrañar que la matanza sea un rito con sentido iniciático. Hay que matar para comer y todos deben asistir a la ceremonia. ¿Qué sucede con nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Otra contradicción, nos gusta comer carne pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto. Algunos de los concursantes llegaron a ponerse enfermos durante la matanza y algunos desesperados huyeron despavoridos de la escena amenazando con abandonar el programa si se les obligaba al visionado.

La escena fue revisada en el consejo que desaprobó la conducta de la mujer que habia provocado la ruptura del ritual y fue amonestada en publico. Decidió seguir una vez se hubo calmado y comprendió que los “salvajes” sintieron aquello como una desprecio a sus costumbres, al mismo tiempo que trataban de consolarla en su explosión de llanto.

Una de cal y otra de arena: castigos, amonestaciones pero tambien apoyo emocional para las discrepancias y refuerzos constantes para todas aquellas conductas que impliquen cohesión social.

Mi conclusión con respecto al tema alimentario es que los hombres civilizados tenemos demasiados escrúpulos a la hora de vertir sangre, una sangre que es preciosa -sagrada- y necesaria pues nuestra especie no hubiera podido sobrevivir sin las preciadas proteinas animales. Comer carne pero negarse a contemplar el sacrificio de la misma es una contradicción de la postmodernidad, una más que pone en evidencia la debilidad de nuestro registro simbólico.

Hombres y mujeres.-

El tema del poder intersexual no podia tardar mucho en salir a la palestra de las contradicciones y antagonismos entre una cultura inmunodeprimida como es la nuestra y una cultura fuerte y vigorosa como son las culturas primitivas. Es el gran tema del reparto del trabajo y las obligaciones comunitarias. Las mujeres primitivas trabajan mucho dentro y fuera de casa, cocinan, conservan, lavan, recolectan, y buscan y transportan agua desde lugares muy alejados a sus “domicilios”, los hombres cazan y gobiernan los intereses colectivos.

Un problema que no tardó demasiado en salir es el tema del “machismo” , una palabra-estereotipo con el que muchas mujeres zanjan el tema de las diferencias sexuales que en realidad apelan tanto a la distribución de los tareas como en los roles sociales. En Namibia las mujeres están obligadas a llevar agua al caer el crepúsculo para que sus maridos se laven, pero no les está permitido lavarse a ellas. Un desperdicio de agua en tanto que son ellos los que han quedado impuros tras la caceria-matanza. Contemplar la escena en que la esposa le lleva agua a un marido culpabilizado por no poder compartir el agua con su mujer no tuvo desperdicio.

Las mujeres se sienten orgullosas de llevarles el agua a sus cazadores maridos y estos -a su vez- se sienten orgullosos de poder alimentar a su esposa e hijos, a su familia. ¡Cuan diferente a lo que sucede en nuestras culturas postindustriales!. A los hombres se les ha arrebatado el orgullo de alimentar y proveer a sus familias y las mujeres se han sobrecargado con tareas de hombres a la vez que han quedado desprotegidas en su carrera hacia la igualdad, pues los hombres han desertado de sus roles tradicionales sin haber logrado inventar otros.

Cuando se plantea en la tribu el tema de la igualdad, los hombres recurren a esta frase ¿si no puedo alimentar a mi familia y protegerla para qué sirve un hombre? Y las mujeres dicen: ¿Si no soy competente para llevar el agua para mi marido, por qué iba a permanecer conmigo?

Y cuando la cosa se pone fea las mujeres son obligadas a cazar por ellas mismas, es entonces cuando se dan cuenta de que al fin y al cabo su posición en la tribu es de privilegio: ellas no están obligadas a cazar y sin embargo comen tambien proteinas, las que su marido les trae, algo que va más allá del verbo compartir y que se encuentra en las entrañas de nuestra humanidad: los vinculos sociales nacieron precisamente de este intercambio proteico.

Argumentos de lo más sensato y coherente que han sido sustitudos por esa especie de ruptura y defenestración de los roles sexuales en nuestro mundo a la vez que asistimos cada vez más a sufrimientos que proceden de la ausencia de rol en los hombres (anomia)  o la deseabilidad de  ser protegida (desvalimiento), algo que muchas sólo alcanzan alguno/as a traves de la enfermedad o la incapacidad en esta sociedad nuestra tóxica y diseminadora de reglas antihumanas, casi siempre titánicas.

Viendo la serie de “Perdidos”, me di cuenta de que el gran problema que tienen las civilizaciones modernas es el enorme poder que acumulan tanto las mujeres como los niños. Un poder dificil de gestionar individualmente y que les ha sido arrebatado a los hombres que cada vez más aparecen como incompetentes, exiliados e irresponsables.

Una de las escenas mas conmovedoras del capitulo de ayer tuvo lugar en el seno de una familia con dos hijas, hermanas bien distintas entre ellas, una con una carácter algo deshinbido e impulsivo y la otra mas bien mogijata y perfeccionista. Naturalmente la primera está disfrutando con la experiencia y se le nota en su cara de picardia el placer con el que está viviendo esta experiencia en una tribu ganadera, la otra asustadiza, temorosa y aprensiva tampoco puede ver como su padre, un tipo compacto da muerte a una cabra para alimentar a su familia, un verdadero honor para cualquier hombre. ¿Comprenderá ella como su hermana ya ha comprendido que los hombres son hombres precisamente para eso?

¿Y que la función de la mujer es apartarse a un lado y no hacerle ascos a la vida?

Estoy seguro de que la hermana impulsiva se acoplará mejor a este mundo hostil que la hermana aprensiva lo que viene a demostrar que lo que aqui consideramos patologias de carácter no son sino variantes de la personalidad que muestran su validez cuando nos enfrentamos a adaptaciones en ambientes hostiles o deprivados donde la preservaciónvuelve a poner las cosas en el lugar donde siempre debieron permanecer a fin de que las comunidades fueran prósperas, cohesionadas y laboriosas.

La gestión de lo colectivo.-

El ultimo comentario que me gustaria hacer es algo relativo a la vida en comunidad. La tribu se reune junto al fuego fin de gestionar la vida común y diaria, alli se toman las grandes decisiones y todos participan en ellas. Una especie de psicoterapia de grupo donde unos son amonestados por alguna falta y redimidos a través del castigo o la simple admonición, una especie de reparto equitativo de bienes y cargas, una autoridad inapelable que cuenta con el apoyo de lo colectivo para hacerse obedecer.

Pero que sobre todo dota de sentido a lo colectivo y a la identidad propia, no es raro que a un adolescente se le obligara a recordar los nombres de los individuos de aquella comunidad. Aprendió ahi una cosa muy importante: cada persona tiene un nombre, como él mismo, la identidad no se diluye en el colectivo a pesar de ser una comunidad muy cohesionada. Aprender de memoria los nombres de todos fue algo esencial para aprender algo de sí mismo y de la equidad: todos somos iguales, lo que para él como miembro de esa comunidad resultaria ciertamente tranquilizador, al fin y al cabo la exclusión del bicho raro es imposible en un entorno asi.

Una de las frases que me quedaron grabadas fue la intervención de un feísimo jefe ¿tiene sentido ser feo o guapo en un entorno asi?, sin nariz que participaba en las homilias llenas de sentido común con que pretendia adoctrinar a nuestros racionales concursantes.

“Para pertenecer a esta tribu, un hombre debe enfrentar todos sus temores”, una sabia perla que me quedó flotando en la cabeza y me indujo a pensar “cuanta razón tiene este hombre”. La mayor parte de nosotros no sabemos si quiera a qué cosas les tenemos miedo, siempre lo hemos disimulado y ante ese continuo disimulo hemos llegado a desconectarnos tanto de nuestro miedos que ya nos resultan ajenos e irreconocibles. Que una persona solo pueda conocer su miedo a la sangre cuando asiste a una matanza es una verdadera desgracia para la humanidad.

¿Cuantas personas lectores de este post no han visto nunca matar a un cerdo, a una gallina o a un conejo y sin embargo los comen?

¿Cuantos hombres lectores de este post se sienten responsables de su mujer y sus hijos? ¿qué clase de compromisos nos atan con nuestras parejas?¿como les proveen y como distribuyen las cargas del hogar?

¿Cuantas mujeres se sienten protegidas  y proveidas pro sus parejas sexuales y qué hacen para conservarlas?

Un programa para volver a ver, dará que hablar.

Mayo 13, 2009

Esencia de números

Archivado en: General — by Ana di Zacco @ 10:36 pm

2-yin-yang-rojo-azulAl principio fue el Uno, cuando la felicidad palpitaba replegada en sí misma y no eran precisos números para la esencia.

Pero, acaso insuficiente para contener una dicha ilimitada, el Uno estalló en mil chispas diminutas, varias de tamaño mediano, y dos mucho más grandes y orgullosas de su origen. Piensan algunos que Descartes las tradujo a2-Persepolis_ahrimanún más orgullosas y separatistas de lo que fueran, pero es improbable que alcancemos el fondo de esa posibilidad: los rumores sobre rumores son interpretaciones de estudiosos.

En la era del Dos (ya mucho antes que Descartes) las monedas tuvieron dos caras y Ormuz y Arimán(1) libraban pulsos en busca de su sentido pendular. Los hombres también llamaron a uno Luz y al otro Oscuridad. Eran tiempos de cavernas frías y oscuras como vientre de ballena, grutas sin lámparas eléctricas ni radiadores donde, de noche, Lucy y Gorg obedecían la cíclica ceguera cuando cada rugido exterior resonaba en sus aortas. En un discurrir basculado entre placer y dolor es comprensible que tomaran partido por aquel de los contendientes que cercenara sus terrores. Es comprensible incluso que aprendieran a rezar por él.

No habiendo vencedores ni vencidos eternos, otras divinidades acudieron a zanjar batallas desde Olimpos, Gólgotas y Mecas. Acaso improvisaran demasiado en su afán de ganar votantes, pues se 3-4-pitagorasinstauraron las primeras guerras por algo más que la hembra de más ancha cadera. Aún así, el imperio del Dos duró más eras de lo previsto por lo razonable.

Cuando parió el número dual apareció Toth(2), fuente de hondas sabiduría3-trismegistos el cual luego fue llamado Hermes: el Tres reclamó su personalidad de árbitro y de él surgieron los juicios salomónico3-piramidess, las tres hijas que innumerables sultanes se empeñaron en tener durante mil y una noches, los tres Reyes Magos, la cara visible de las pirámides, las tres doshas(3), los tres cerebros(4), las cualidades de los planetas(5). Mientras la materia y el alma se confiaban de antagonismo, lo hermético había inventado un nombre propio para el comercio de las ideas y la precaria movilidad de la palabra(6). El Tres se tambaleó entre egos, ids y superyós e hizo del equilibrio algo más delicado, pues nunca triángulo alguno ha sabido sostenerse sobre un solo vértice aunque sólo tres puntos se basten para determinar un plano. Emperador absoluto de los treses, Trismégisto dejó unos apuntes para4-elements entretenimiento de cualquier sabio venidero que dispusiera de tercer ojo.

Mientras esto sucedía, el Dos había engendrado gemelos en la sombra. Con Cástor, Polux y sus hermanas de fatal destino(7), el Dos se hizo Cuatro e Hipócrates regaló nombres de elemento a una premonición arcaica. Así, fuego, tierra, aire y agua añadieron al Tres una estabilidad que vivió mucho tiempo entre elementos, humores y zodíacos, y cuyo fín apocalíptico cantaron las trompetas de Cuatro jinetes. Gracias a los puntos cardinales se midieron océanos, y hombres buenos resucitaron desde cruces que apuntaban a ellos.

Tras esa5-davinci1 larga época de esplendor y sentido, alguien descubrió 5-tetragramatonallá por China un éter que Hipócrates no supo pensar(8), y a Da Vinci le fue revelado el Hombre en una estrella de Cinco puntas que Belcebú le usurpó para escudo de armas (un cuadrilátero habría sido forma demasiado sensata para los íncubos)(9). La quintaesencia de l5-pentagramaa Verdad fue escarbada con alambiques, astrolabios y el último aliento de ahorcados en plazas públicas: desde entonces las corcheas duermen su horizontal estrépito en pentagramas y aquel humano de cinco puntas filtra el mundo con sólo Cinco sentidos y Cinco sabores.7-escala

La razón del atrevimiento –o el atrevimiento de la razón- quiso sumar al Cinco las dos luminarias(10), dando vida a la semana7-YOG chakras 04 de Siete días, las escalas de Siete notas, los Siete grandes pecados enroscados a una serpiente de Siete chakras. Los Siete colores eligieron apuntar al cielo con un arco sin flecha.

Pero la conciencia es insaciable cuando trepa hacia el infinito interior. Los dos primos mayores, presintiendo qu12-ultimacenae el todo 12-herculeses más que la suma de las partes, se pusieron a sumar vértebras y se fundieron en esotérico abrazo para que los apóstoles supieran cuántos debían ser, nosotros podamos contar huevos y ponernos de pié(12), Hércules pudiera completar sus 12 trabajos, y supiéramos finalmente que el año tiene los mismos meses que constelaciones nos caben a duras penas en el alma(11).

12-zodiaco

Un interesante artículo (más sobre números)

(1) Ormuz y Ahriman son los dioses duales del Zoroastrismo o Mazdeismo.

(2) Toth era el dios egipcio de la sabiduría, precursor de Hermes. El híbrido de ambos es Hermes-Trismégisto.

(3) Las doshas son las tres constituciones básicas según la medicina ayurvédica.

(4) Cerebros reptiliano, límbico y superior o neocórtex.

(5) Las cualidades de los planetas son cardinal, fijo y mutable.

(6) Hermes rige el comercio y la palabra.

(7) Según la versión más conocida, Pólux y Helena de Troya eran hijos de Leda y Zeus (y por tanto divinos), y Cástor y Clitemnestra hijos de Leda y Tíndaro (y por tanto semidivinos).

(8) La Medicina Tradicional China se basa en cinco elementos o terrenos.

(9) Los íncubos y súcubos eran espíritus demoníacos que absorbían la energía sexual bien sea poniéndose encima (íncubos) o debajo (súcubos).

(10) En la antigua Astrología, el Sol y la Luna fueron llamados “luminarias”.

(11) Se refiere a los signos del Zodíaco.

(12) Las 12 vértebras dorsales, en cifosis, compensan la lordosis de las 7 vértebras cervicales más las 5 vértebras lumbares.

Abril 21, 2009

Zeitgeist

Archivado en: cine, dinero, economía, felicidad, politica, sociedad, terrorismo, utopía — by pacotraver @ 4:50 pm

zeitgeist1

Zeitgeist es una palabra de origen alemán que significa algo asi como  el espiritu de nuestro tiempo. Pero es tambien el titulo de  un reportaje que nos explica muchas cosas: desde qué es el dinero, hasta como el dinero se introduce y corrompe nuestras vidas, nuestras mentes y nuestras relaciones interpersonales. Zeitgeist es tambien un movimiento que trata de agrupar la suficiente masa crítica de personas para un cambio planetario.

Cuando yo era pequeño un dia le pregunté a mi padre qué era el dinero y por qué no se hacía más dinero a fin de que todo el mundo pudiera disponer de él. Fue entonces cuando tuve la primera noticia sobre el asunto, yo ya sabia que el dinero era sólo papel pero un papel muy valioso pues nos abria las puertas del consumo de ciertos bienes que sólo podian ser comprados a través de aquel papel. Mi padre me dijo algo que yo entonces no era capaz de comprender, me explicó que el dinero que pone en circulación el Estado era un equivalente de la riqueza nacional, de sus reservas en oro, algo que me avisaba de que el asunto no dependía sólo de la máquina de hacer papel sino de algo más: de la economía real. De manera que mi intuición era en cierto modo correcta pero también ingenua. No sabia entonces y mi padre no me lo supo desvelar que si el Estado hace- fabríca- más dinero es a cambio de aumentar la deuda de las personas individuales y de unos Estados frente a otros.

Y tampoco me explicó la segunda consecuencia de esta serie de hechos: que el negocio del dinero está precisamente en multiplicarse a sí mismo a través del papel que representa. Dicho de otro modo, hay una economia productiva y una economia virtual que está en órbita y que no responde a la riqueza de un pais o de una persona sino a lo que debe. El que tiene dinero puede tambien multiplicarlo a condición de que no lo quiera rescatar.

La tercera consecuencia de esta manera de hacer crecer la economía es el crecimiento de la inflación y que obtener dinero cuesta dinero real que se sustrae a alguien, aunque aquel que te lo presta no está prestando dinero real sino papel. Los intereses son pues parte de este timo generalizado en que se encuentra basada la economía virtual y cuyo objetivo es mantener a la población en la precariedad.

El que inventó el dinero era seguramente un genio maligno, alguien que financió alguna guerra y que sabia que el Estado podia financiar sus incursiones heroicas a base de cambiar deuda publica por dinero, por billetes de banco. Seguramente algun alquimista, aquellos que buscaban la piedra filosofal, los que consiguieron que el papel se convirtiera en dinero real, en algo con valor de cambio, puesto que el dinero no se puede comer, alguien pues inventó un dia que un papel de banco del Estado podia comprar bienes materiales y que esos bienes materiales tenian un precio en el banco de esos Estados.

Sin duda fue una revolución para el comercio que dejó asi de depender del trueque pero una desgracia para las personas comunes que no podian vender nada excepto la fuerza de su trabajo. De manera que el invento del dinero dividió al mundo en dos clases de personas: aquellos que  acumulaban papel del banco y los otros que solo podian subsistir a base de vender sus servicios a las élites que gobernarían el mundo a partir de aquella nueva religión llamada monetarismo que tuvo hasta profetas como Adam Smith.

No estaba escrito en parte alguna pero la lógica de este proceso acabaria imponiéndose por sí sola: las élites necesitaban mantener esclavizadas a la masa de asalariados que vendian su trabajo a cambio de comida y de alojamiento puesto que la esclavitud clásica ya habia sido abolida por los americanos bienpensantes como Lincoln. La forma es que esto podia ser llevado a cabo no era sino la deuda. Mantener a los esclavos endeudados y viviendo en la sensación de que existía una cierta escasez, una cierta precariedad tal y como todos los dioses inventados por los hombres habian ejercido anteriormente contra la humanidad. Dios y el dinero fueron asimilados a una misma identidad, ambos pretendian un mismo objetivo, mantener en la pobreza y en la ignorancia a la población a fin de que el sistema del dinero lograra mantener en la dependencia a todos aquellos parias que nunca podrian ser dueños de su destino.

Y entonces vino Marx y nos contó la historia aunque sin cuestionar el fondo de la cuestión: el sistema monetario en sí mismo y no sólo la titularidad de los medios de producción, la generación de plusvalias o el derecho de los trabajadores en participar de los beneficios, al final las socialdemocracias pactaron ventajas laborales y sociales que dejaron el capital y el lucro sin tocar. En realidad el socialismo logró un reajuste de los beneficios a cambio de olvidarse de la causa final de toda opresión, asi y todo las ideas de Marx y de sus disidentes seguidores causaron millones de muertos, guerras, genocidios y muchas lágrimas y distorsiones generando sistemas antidemocráticos y perversos pero el sistema del dinero sobrevivió, se adaptó y permitió poco a poco a la gente elegir a sus propios representantes políticos, hasta las mujeres consiguieron el voto. El sistema tuvo que ceder pero en el fondo conocía bien las trampas del papel de banco, cedió terreno a los representantes del pueblo pero se guardó el derecho a la extorsión, al fin y al cabo los gobernantes no podian hacer nada contra la maquinaria y los intereses del dinero, simplemente toleraron su concurso y cuando no pudieron sobornarlos los liquidaron, asi sucedió en Ecuador, en Panamá, en Irán y en tantos y tantos paises sudamericanos y africanos: alli donde se encontraban las materias primas suficientes para que el sistema siguiera estando vivo, diamantes, petróleo, oro, madera, etc. Estos paises fueron esquilmados y su población masacrada y mantenida en la privación, en el atontamiento de las drogas o como sucede ahora idiotizadas por el consumo -que genera más deuda- o el horror frente al terrorismo.

La mejor forma de entender el Zeitgeist es visionar este video, después de verlo nada volverá a ser igual, al fin entendí aquella pregunta ingenua que le habia hecho a mi padre y también entendí porque nunca más la volví a hacer. No quise ser tachado de ingenuo pero es precisamente la ingenuidad lo que hay que mantener pues el mundo está organizado para la ignorancia y no tanto para que los niños hagan preguntas y encuentren respuestas satisfactorias y comprensibles

Yo me las he vuelto a hacer ahora cuando me he preguntado ¿qué es la crisis? ¿por qué hace dos año andábamos en la abundancia y ahora estamos en una situación económicamente dramática?

Aqui estan las respuestas.

En esta web existen otros videos disponibles sobre el mismo tema.

Y ya existe una utopía en Florida a cargo de uno de los popes del Zeitgeist, Jacques Fresco, el proyecto Venus una especie de Icaria postmoderna.

Si los fascismos que se nos vienen encima lo permiten la pregunta del futuro ya no será ¿cuanto vale sino podemos hacerlo?

Abril 6, 2009

La sonrisa espiral

Archivado en: General, espiritualidad, felicidad, fractales — by Ana di Zacco @ 7:06 pm

espiral31La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes…

(Borges, El Libro de Arena)

La forma perfecta no es, como se cree mundanamente, el círculo. No lo es ni siquiera el que forman los labios en su límpida metáfora de carne al pronunciar el sagrado OM.

No, la forma perfecta, la elegida de la naturaleza para archivar la información de la vida, la que se contiene replegada a sí misma en forma de algo que llamamos ADN para entendernos, es la espiral: una espiral de espirales, la intachable geometría del retorcimiento retorcido sobre sí mismo, la inabarcabilidad de lo que nunca comenzó ni terminará. Fijarse en una espiral (sirve cualquiera), ponerla de frente; se percibe un círculo apenas plano que esconde el hipervolumen, una tridimensión que acaso solapa engañosamente la dimensión siguiente -y así sucesivamente- en su pobre forma redonda. Pero hay que ir más lejos, desdoblar lo indesdoblable, desvelar el misterio, rasgar velos y niveles, y después desdoblar también cada misterio, detenerse sólo donde no se pueda franquear el límite (y aún así). Luego, ir a por ese límite y, cuando se cree apresarlo, estirarlo como el abductor de una bailarina. Como dijo Cortázar, “tirar la casa por la ventana y, después, tirar la ventana misma”. Hay que asomarse a esa ventana que se tira a sí misma a través de sí misma, ir más allá, siempre un poco más allá y seguir tirando de lo imposible.

Y es que todo lo vivo describe esa forma infinita, forma que también adopta el amor en el que ella puede ser, por ejemplo, una abstracción de ellas que se encarna a cada vuelta siempre un poco más allá, un poco más arriba. Ella (o Él) toman carne y sentido siempre una octava más arriba, cada vez más y más cerca de aquello que no tiene fín. Unas vueltas más abajo Ella quizá se llamó Daniela, Beatriz, Magdalena, y él Bobby o Manfredo, pero todos ellos están ubicados en puntos de la misma rueda y no importa mucho porque la rueda jamás se detiene y porque siempre se está más arriba y más adelante. Esto es lo que importa; la aposición a lo antiguo nos transforma en gozosos esclavos del tiempo y lo que fuéramos antes va quedando tiernamente atrás. Ellas y ellos nos dejamos hundir placenteros en esa implacable vorágine del tiempo, ya sin resistirnos, y es por ello que cada día, a cada instante, en cada punto de la línea sin final y en cada volumen del hipervolumen, renacemos redimidos por un nombre nuevo, una nueva crucifixión, un nuevo altar del sacrificio sobre el cual nuestra vuelta de espiral nos es obsequiada envuelta en el celofán azul del presente.

Y sólo entonces, cuando comenzamos a amar también todo lo que fuimos y no recordamos, a cuantos tuvieron otro nombre antes que nosotros/as, es cuando podemos comenzar a ofrecer al mundo nuestra mejor sonrisa, la espiral, la infinita.

Marzo 8, 2009

Insight y éxtasis

Archivado en: espiritualidad, felicidad, meditación, mente — by Ana di Zacco @ 8:44 pm
Tags:

Como es arriba, así es abajo

(Corpus Hermeticum, Hermes Trismégisto)

¿Cuál es la relación entre lo conocido y lo desconocido?”

(Krishnamurti)

Con frecuencia, en los temas de difícil aprehensión los humanos solemos facilitarla con paralelismos, metáforas, “comosíes” y diversas ilustraciones.

Una analogía muy usada respecto a la mente es la del iceberg: la parte visible correspondería al consciente cotidiano, y la parte hundida, desconocida, a la parte no visible de esa mole de hielo (¿la Máscara y la Sombra de Jung?).

La idea de la mente como una especie de “filtro” a través del cual percibimos el mundo ya se apuntaba en mi anterior post aunque esta idea no es en absoluto nueva: desde Platón a Krishnamurti ha habido numerosas aproximaciones en este sentido. En esa parte oscura de la mente es donde habitan los fantasmas, los traumas reprimidos -no suprimidos-, las vergüenzas, temores, identidades engañosas, creencias distorsionadoras y demás trapos sucios del alma, parte que en occidente quedaría siempre más -metafóricamente- como algo que está “abajo”, enterrado en la negrura de un Hades profundo donde hay que excavar si se le quiere conocer mínimamente bien o -en su caso- curarnos de anomalías o sufrimientos innecesarios.

En este post quisiera sugerir otro modo de considerar no sólo la mente sino ese misterio que constituyen los llamados estados alterados o no ordinarios de conciencia (ENOC).

blast1

El lector ya habrá oído hablar de ellos: se trata de estados de que hablan los grandes místicos de todas las culturas y religiones (del sufismo a Santa Teresa pasando por chamanes de Siberia o México, hasta poetas psicodélicos y gnósticos) y que ha recibido muchos nombres, desde éxtasis místico a alucinaciones por ingestión de hongos (ver Castaneda y Don Juan, Misterios de Eleusis, etc.) Todos ellos tienen varios elementos en común pero la cualidad común más habitual es la inefabilidad (la imposibilidad fáctica de describir esas sensaciones con palabras). Todos los intentos de describir esa vivencia echan mano también de diversas metáforas o comosíes: una luz cegadora que ilumina, una fusión o disolvimiento con el Todo, etc. Todas ellas parecen quedarse siempre cortas y uno sabe ya de antemano que, por más que lo intente o mejor que elija las palabras, resultará absolutamente imposible transmitir esa experiencia a nadie mediante el lenguaje a no ser que ese otro/a posea esa misma vivencia en sus registros particulares. Quizá por esta razón a los iniciados de Eleusis se les prohibía terminantemente siquiera intentarlo.

La revolucionaria teoría de B. Lipton (”La biología de la creencia“) de que el verdadero cerebro de la célula no está en su núcleo sino en la membrana -y que mencioné en el post anterior- es un punto de partida excelente para esta otra idea sobre la mente: el grueso de ésta, esa parte menos cognoscible, esa sombra o Hades en el que supuestamente hay que excavar, quizá no esté después de todo ahí abajo como la parte hundida de un iceberg sino alrededor, a modo de cascarón que se interpone entre nosotros y la realidad-real.

La posibilidad en la que insisto es que la mente como obstáculo en el camino hacia la trascendencia no es algo que esté “ahí abajo” enterrado, sino una membrana o filtro que rodea y aisla periféricamente nuestro ser central del universo, del Todo: de cuanto está ahí fuera.

Me gustaría proponer, por tanto, y partiendo de la visión de Lipton, la analogía de un humano como una burbuja o célula encapsulada dentro de un océano y cuyo interior estaría relleno de ese mismo agua que compone el exterior (los más versados en biología, si lo prefieren, pueden usar como paralelismo la célula misma, con su líquido intra y extracelular separados ambos por la doble membrana de fosfolípidos).

La idea es que la mente actuaría a modo de “envoltorio” o “compuerta” que separa nuestro Yo del universo del mismo modo que lo hace la piel entre nuestro cuerpo y el mundo físico. Dice Alan Watts: “En verdad, es sólo para el pensamiento que la piel separa el cuerpo del resto del mundo. Para la naturaleza, la piel es un agente de relacionamiento al igual que de separación.”

Los llamados estados no ordinarios de conciencia que intentan describirse a la desesperada como una fusión con el Todo y que la ciencia actual sigue investigando serían, entonces, ni más ni menos que exactamente esto: una fusión de nuestra naturaleza con la naturaleza del cosmos… cuando esa membrana separadora se perfora y aparece una grieta, un puente, un vaso comunicante entre nuestra conciencia y el universo: una rendija por la que atisbamos ese gran misterio que yace ahí fuera, eterno e infinito. Ese interminable Todo al que puede llamarse, de entre muchas otras formas, Brahman:

“Los seres que tienen una forma,

en cualquier matriz que se produzcan

el gran Brahmán es su matriz común.”

(Bhagavad Gita XIV, 4)

Esa perforación puede ser tan pequeña como la que haría un alfiler o tan grande como una vía abierta por la que ese líquido exterior (el Todo) fluye a sus anchas del/al interior. Puestas así las cosas y una vez fusionados ambos líquidos, discernir cuál es uno y cuál el otro no deja solamente de ser posible sino, además, de tener sentido alguno: el Yo y el Todo son la misma cosa. ¿Lo fueron desde siempre?

(ilustración de la autora)

(ilustración de la autora)

Considero preciso, antes de continuar, dejar claro que no debe confundirse el éxtasis (del griego έξτασης = “estar fuera“) y el insight (del inglés, “visión de dentro“). Este último es el término con el que los profesionales “psi” se refieren a una especie de comprensión lúcida o revelación, un clic repentino que se produce en el sujeto cuando logra atisbar dentro de sí mismo y comprender un misterio que le venía produciendo sufrimiento. El éxtasis en cambio, como su nombre indica, parece tener más que ver con una visión de lo que hay -por así decir- “ahí fuera” y que, en función de creencias particulares previas, a veces se identifica como Dios, lo supremo o infinito. A este respecto nos dice Claudio Naranjo:

[para el profesor Gershom G. Scholem] las religiones tienen su origen en la conciencia de la unidad, en la que no es necesario experimentar un estado excepcional de éxtasis (…) A esto le sigue la religión institucional, que sitúa un abismo entre Dios, el Ser trascendental y las criaturas finitas. Esta es la condición para el surgimiento del misticismo. El misticismo “se esfuerza por juntar los fragmentos que el cataclismo religioso ha roto, por recuperar la antigua unidad que la religión ha destruido, pero en un nuevo plano en el que el mundo de la mitología y el de la revelación se reúnen en el alma del hombre”" (“Una introducción a la búsqueda del crecimiento”, Claudio Naranjo).

Esta perforación de que hablaba antes sería una explicación del porqué los testimonios que tenemos de todas las épocas y culturas intentan -en vano casi siempre- describir a los demás esa sensación como una de fusión o disolución con algo inmenso, infinito, con el Todo, e incluso como de desgarrarse un velo (¿esa línea negra de la ilustración?). ¿Será esta insistencia en la idea de la fusión o comunión una mera casualidad?

Y por otro lado, ¿por qué se produce esa “perforación” o desgarro en la membrana que hasta entonces parecía hermética?

Ignoro la respuesta. Lo que sí es un hecho es que no siempre ocurre a voluntad, como si se hubiera producido una especie de rotura o desgarro inintencionado del cascarón sin control alguno. Es obvio que lo producen ciertas sustancias químicas (LSD) o naturales (hongos como el cornezuelo del centeno), así como músicas y danzas, mantras, rezos, sonidos de ciertos instrumentos, meditación zen, ciertos tipos de respiración y muchas otras técnicas. Probablemente el Opus Magnum alquímico se refiera también a lo mismo y sean muchas las sendas que conducen a una sola y simple Verdad. Stanislav Grof (creador del sistema llamado Respiración Holotrópica, que se basa principalmente en un determinado tipo de respiración unido a ciertos estímulos musicales) opina que algunas patologías mentales no serían sino la incapacidad técnica de asimilar esa “inundación” de líquido -o luz- del exterior. En cambio, sustancias como el cannabis parecen favorecer más la vía introspectiva que un atisbo del universo exterior.

Una gran curiosidad sobre si ambas vivencias -insight y éxtasis o estados no ordinarios de conciencia- tenía que ver entre sí me ha llevado a profundizar en ello en la medida de mis posibilidades. En este momento tiendo a creer que, contra lo que parecería a primera vista, no hay vinculación directa entre ambas por ser demasiados los testimonios que pueden cumplir lo uno sin lo otro, sino que parecen fenómenos desligados, independientes, aunque por supuesto no incompatibles. A partir de multitud de evidencias, se desprende que el estado no ordinario (ENOC) tampoco parece tener relación directa (a) ni con el nivel de conocimientos teóricos ni filosóficos, (b) ni con la cultura, ideología ni época de la humanidad, (c) ni con el nivel intelectual. Dicho de otro modo: los insights alcanzables mediante técnicas de introspección -desde el psicoanálisis a las diversas ramas de la psicología pasando por el psicodrama de Jodorowsky- ni son suficientes para tener mayor probabilidad de ENOCs, ni tampoco parecen -asombrosamente- siquiera imprescindibles. En sentido inverso, esa inefable sensación como de comunión con el Todo tampoco parece ni propiciar ni evidenciar -también asombrosamente- un grado especialmente mayor de conocimiento de sí mismo sino de otro tipo de realidad aunque es obvio que constituye por sí mismo una vivencia tras la cual -salvo excepciones- no puede volverse atrás ni ser el mismo que antes (este sí sería un punto que comparten el insight y el éxtasis o estado no ordinario).

Como único posible efecto del estado ENOC sobre el autoconocimiento apuntaré solamente que, tras vislumbrar por esa grieta momentánea que nuestra esencia es idéntica -o la misma cosa que- ese gigantesco e inefable Todo, la relevancia en términos relativos de los sufrimientos humanos (esa minúscula motita dentro de ese infinito océano vivo) quizá descienda abruptamente simplemente como consecuencia natural de un devastador contraste, lo cual es muy distinto a una comprensión intelectual.

Me preguntaban mientras estaba escribiendo esto para qué serviría entonces esta experiencia. Algunos dicen que la evolución carece de intencionalidad y, en esa línea, preguntarse si existe un porqué y un para qué en todo nos llevaría por otros senderos filosóficos y religiosos (darwinismo versus creacionismo, azar versus diseño intencionado, etc.) que no son objeto de este escrito.

Lo que sí parece evidente a estas alturas es que vivimos como funámbulos crónicos entre dos aparentes realidades: la nuestra -esta de aquí- y la otra -la de ahí fuera. Quizá lo que llamamos estados no ordinarios no sean sino el impactante contacto entre ambas, que cada uno habrá de integrar, como mejor pueda, en su conciencia individual.

Esta experiencia que se conoce también con el nombre de “la Totalidad en la parte” es probablemente una de las experiencias espirituales más potentes para el cambio y el nombre asequible de la “Teoría holográfica del universo” (explicada muy bien aquí para los que deseen estar al día). Un sujeto que ha tenido esta experiencia raramente -como hemos dicho- volverá a ser el mismo, aunque ese cambio no tiene nada que ver con la adquisición de un conocimiento nuevo como sucede en el insight o con el hallazgo de algún tipo de comprensión psíquica, sino con el descubrimiento de una hiperconexión entre el arriba y el abajo, de una relación de sentido cósmica que se acompaña de un sentimiento de comunión o -paradójicamente- de un vacío de Yo que se inunda de compasión y en una atmósfera de bienestar indescriptible.

A modo de epílogo, les dejo el testimonio particular del científico Fritjof Capra, físico y autor, entre otros, del magnífico libro “El Tao de la física“, “Las conexiones ocultas“, etc:

“Estaba sentado una noche al borde del océano una noche de verano, mirando desfilar las olas y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando tomé de repente conciencia de todo mi medio ambiente como estando implicado en una gigantesca danza cósmica.

Siendo físico, sabía que la arena, las rocas, el agua, el aire alrededor de mí estaba compuesto de moléculas vibrantes y de átomos, consistiendo en partículas que crean y destruyen otra por interacción. Sabía también que la atmósfera de la Tierra estaba contínuamente bombardeada por las lluvias de rayos cósmicos y partículas de alta energía sometidas a múltiples colisiones cuando penetran en el aire. Todo esto me era familiar por mi investigación física sobre altas energías, pero hasta ahí sólo lo habiá experimentado a través de gráficos, de diagramas y de matemáticas. Mientras estaba en la playa, mis experimentos pasados se volvieron vivientes. Ví cascadas de energía bajar del espacio en cuyo seno las partículas estaban siendo creadas y destruidas según pulsaciones rítmicas. Ví los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participar en esta danza cósmica de la energía. Sentía los ritmos y entendía los sonidos, y en ese momento preciso supe que era la danza de Shiva, el señor de la danza adorado por los hindúes.”

Febrero 28, 2009

Amar la otredad

Archivado en: General, cerebro, espiritualidad, evolución, meditación, mente — by Ana di Zacco @ 3:23 pm

Hace pocos días, leyendo sobre el caso de un paciente del psiquiatra Castilla del Pino citado por el filósofo J. A. Marina en Anatomía del miedo, vinieron a mi mente varias asociaciones todas a la vez, que podían resumirse –o intentar resumirse- en una sola: la Otredad.

Ese paciente relata cómo, sin venir a cuento, estando un día sentado cerca de su padre en el salón de su casa, de pronto se fijó en los rasgos de aquel de un modo en que nunca anteriormente lo había hecho. Le eran, súbitamente, “como extraños”, los “vió” de un modo distinto. Esta percepción inusual le provoca al sujeto una sensación de angustia difícil de digerir. No fue –dijo- como si su padre no fuera su padre, pero de todos modos el impacto fue, probablemente, tan desagradable como difícil de describir.

El relato de ese paciente me hizo caer en la cuenta de que –asombrosamente- tenía mucho en común con el impacto causado por experiencias espontáneas de otro tipo vividas por personas absolutamente sanas: sensaciones o vivencias, por otro lado, no necesariamente siempre desagradables. En algunos casos, incluso sumamente agradables.

Como apuntaba hace ya tiempo en un post de mi otro blog, existen –al menos- dos vías distintas de conocimiento. Pueden dárseles distintos nombres pero, para entendernos aquí fácilmente, las llamaré ahora la vía intelectual y la vía intuitiva, rogando al lector que no confunda esta última –a pesar de ese nombre provisional- con el concepto popular de la intuición.

En la primera vía de conocimiento, la intelectual, lo percibido penetra nuestro yo mediante una de las cinco puertas sensoriales (nuestros puentes con el mundo) y, una vez ahí, nuestro sistema nervioso decodifica, analiza, interpreta. Y también juzga. Por ejemplo: (1) oimos un sonido, (2) nuestra inteligencia decodificadora nos informa de que se trata de un violín, y por último (3) juzgamos: “me encanta” o bien “está desafinando”. En realidad el proceso es más complejo si añadimos los vericuetos emocionales (“me gusta ese violín”, “me pone triste”, “me recuerda a una vez que..”, etc.) que ahora mismo obviaré para no alargar demasiado este post. (Si les interesa, pueden leer a Antonio Damasio, neurocientífico portugués artífice de importantes descubrimientos, entre otros, acerca de la naturaleza de los sentimientos y las emociones.)

De la segunda vía que aquí llamo intuitiva, se han pensado y escrito innumerables ideas e hipótesis desde que el ser humano comenzó a preguntarse sobre sí mismo. Oriente –como en muchos otros asuntos de esta índole- parece tenerlo claro. A esta vía que aquí llamo la vía intuitiva, Henry Corbin la llama vía presencial, no mediada (es decir, no mediada por el aparato cognitivo). En general, la visión de la sabiduría oriental sobre el conocimiento profundo pasa inexorablemente por la disolución de los velos que se interponen entre lo percibido (lo externo) y nuestra mente (el Yo interior), una especie de “filtros” que, quizá, más que ayudarnos a aprehender la realidad, la distorsionan, no por un exceso de decodificación y análisis sino por un error en los métodos con que lo percibido es interpretado. Ahí está la trampa. Pero ¿qué hay entre ambos, entre ese mundo real de ahí fuera y nuestro centro vital y perceptor? Krishnamurti también sabía mucho sobre la relación entre observador y observado, e incluso los cuánticos han aventurado ideas nuevas sobre el misterioso engranaje entre uno y otro.

Pero para ponerlo de un modo más sencillo, la frontera básica entre ese “yo” y el resto (el “no-yo”), es la piel, ese envoltorio o frontera que nos delimita del mundo exterior. Y ahí fuera es donde está el Otro. Lipton (La biología de la creencia) opina que el verdadero cerebro de la célula es, en realidad, no su núcleo sino su membrana, por ser quien en primera instancia determina algo tremendamente importante para la vida: qué es Yo y qué no es Yo. Y entre ambos hay un problema: una especie de “filtro”. Suelo llamarlo “gafas de color” que todos llevamos puestas para circular por este mundo cegador. La siguiente pregunta sería ¿podemos percibir el mundo –y al Otro- tal como es mientras lo miremos con esas gafas puestas que en cada uno son de nuestro color subjetivo?

Según la filosofía oriental, ese “filtro” es, en realidad, lo que nosotros llamamos mente. La mente y su subjetividad es la gran trampa, un conglomerado de pre-juicios, de bagaje histórico privado, de emociones antiguas archivadas en nuestro disco duro tan personal e intransferible. Curiosamente, según el sufismo para alcanzar el éxtasis es imprescindible el “aniquilamiento”, un aniquilamiento o muerte del Yo, un despojamiento de la mente terrena. Por su parte, el objetivo final de las técnicas de meditación tan en boga hoy en día es en realidad favorecer el proceso de “limpiado de filtros”, pero sobre meditación escribiré en otra oportunidad porque el tema de este post no es este sino la Otredad.

Centrándonos en esta segunda manera de conocer algo que no es intelectual, la siguiente pregunta casi cae por su propio peso: ¿eso que espera ser conocido se trata de distintas realidades o de una sola? Le dejo esta pregunta a cuantos filósofos y pensadores han dedicado a ello mucha energía, y me limitaré a aventurar una tercera opción: quizá el dilema no sea si hay una o más realidades, sino si existen acaso distintos planos de una misma realidad del mismo modo en que, en el mismo punto exacto del dial de una radio, sólo cambiando la banda de AM a FM podemos encontrarnos con distintas emisoras. Una especie de “base de datos cósmica”, quizá replegada sobre sí misma, donde acaso se conglomere todo el saber, toda la verdad. Pero ¿cómo acceder a esa base de datos cósmica? ¿Podemos “cambiar el interruptor” de AM a FM a voluntad y percibir qué más se está emitiendo en aquella misma frecuencia de emisión pero en otra banda justo por encima o debajo de ella?

Al parecer, el Sapiens sapiens está todavía a medio hacer, como una especie de prototipo que aún está en período de pruebas evolutivas. Según F. Traver la mayoría de enfermedades mentales vendrían a ser una especie de “averías” previsibles en una humanidad que está en fase de “estiramiento”, como los huesos de un adolescente en plena mórfosis hacia su maduración como adulto. Yo, que sé muy poco y además estoy un poco “demodé”, prefiero esa analogía informática que después del boom de las ciencias cognitivas quedó como en desuso pero que, sin embargo, creo que ilustra muy bien algo que desearía dejar lo más claro posible. Supongamos que en un viejo Comodore-64 (que sólo recordamos ya los que pasamos de los 40!) deseáramos instalar el Windows Vista: un sistema demasiado complejo para ser integrado por un cerebro tan rudimentario. Pero esa base de datos cósmica está ahí, sea o no sea nuestro hardware o nuestro software (o la cooperación de ambos) capaces de acceder a ella. Y algunas personas acceden a ella, unas a voluntad y otras espontáneamente.

Y entonces se percibe un atisbo a esa otra realidad que a unos puede volverles locos para siempre o, como mínimo, producirles una gran sensación de angustia por incapacidad de asimilación, en otros proporcionarles un momento de bienestar sencillo pero desconocido, y en otros alcanzar el nivel de éxtasis o arrobamiento cuyo único mal es la imposibilidad de ser descrito ni transmitido mediante palabras. Los más afortunados podemos vivirlo como algo sumamente gratificante, algo que expansiona la conciencia de tal manera que nunca más se vuelve a ser el mismo ni puede volverse hacia atrás. Por suerte.

Y este tipo de experiencias incluye también la percepción del Otro, de la Otredad, y si he comenzado hablando de las dos vías de conocimiento es precisamente porque al Otro también puede percibírsele de dos modos distintos, por esas dos vías. De acuerdo con la primera, el Otro es una cara, una identidad, una mirada, una subjetividad que intelectualmente sabemos distinta. Existe un abismo de discontinuidad que es casi imposible de saltar. Desde nuestra plataforma lógica y racionalizante, todos sabemos muy bien que el Otro es, precisamente, otro, con sus bagajes y archivos y subjetividad inalcanzables y su olor tan diferente al nuestro. Un Otro con ideas propias y afianzadas en su raigambre experiencial y biográfica. En otras palabras, alguien distinto cuyas opiniones y apreciaciones no tienen porqué coincidir con las nuestras. Siendo así, ¿por qué entonces discutimos entonces los humanos en absoluto? me pregunto. La respuesta es: porque en realidad la vía intelectual no es suficiente para percibir al Otro en su inmensidad gozosa. Percibir la Otredad en su esplendidez única y distinta es un goce sublime, extático, que les deseo a todos. Ella, la Otredad del Otro, probablemente no esté ahí para ser aprehendida con el intelecto, sino para ser amada en su esencia misma.

Entradas siguientes »

Utiliza WordPress.com