Archivos para 28 febrero 2007
Mente y lenguaje
Cuentan que en el Tibet hubo una vez un hombre que se volvió loco como D. Quijote, pero no por leer novelas de caballerias sino por repetir un numero indefinido de veces el mantra Om!, la familia aturdida llamó al médico que diagnosticó en el enfermo una enfermedad mental. El enfermo se dirigió entonces al médico y le dijo “curame mi enfermedad, pero no me quites el Om”.
Somos muy poco conscientes de la función de los mantras en nuestra vida, pero muchas veces el mantra opera como un sobreentendido sobre el lenguaje, observa estos dos versos:
Verde que te quiero verde…….
Rage, rage against the diying of the light.
El primero es muy conocido, pertenece a Garcia Lorca, el segundo es menos conocido, se trata del último verso de un poema de Dylan Thomas conocido como “No entres docilmente en la noche sutil”, ambos se basan en la repetición (verde, rage). Si los repites muchas veces (en voz alta) e incluso sin repetirlos (casi solo leyéndolos) caerás en la cuenta de que el mantra se explica a si mismo, no necesitas saber que viene a continuación, ni que hubo antes de él, porque el mantra es una gestalt, una sílaba sagrada, una totalidad que captamos con nuestro hemisferio derecho, la parte del cerebro que no sabe analizar secuencias pero que sabe construir totalidades, el hemisferio de los sueños, de la hipnosis y de los estados modificados de conciencia. Los locos repiten mantras para si, pero tambien los iluminados y en ciertas condiciones de entrenamiento mental se repiten sílabas o notas musicales que activan nuestras propiedades gestálticas, en el yoga se utilizan los mantras precisamente para favorecer este estado de conciencia que llamamos meditación, y que no es sino una disciplina para acatar el yugo (yoga) de las formas, en este caso de las formas en sí (más allá de la semántica) de las palabras. Lo mismo sucede con las notas musicales, tomadas de una en una, asi aisladas ninguna nota significa nada, porque el cerebro (nuestro hemisferio izquierdo) está diseñado para reconocer patrones y no notas sueltas, sin embargo tomando las notas de una en una es posible hacerlas funcionar como un mantra, como una vibración (aksara), algo que se opone al Logos (palabra) y desposeerlas de su poder contextualizador, asociativo, es entonces cuando el cerebro izquierdo se amortigua y con él la capacidad reflexiva que nos impide apresar las grandes verdades que se ocultan tras lo incierto, lo impreciso, lo analógico.
Toda la música se basa en la repetición, sin repetición no habría evocación y por lo tanto sería dificil para el profano distinguir una melodia de otra, por eso las canciones populares tienen un estribillo que se repite al menos dos veces con distinta letra, esa repetición es la esencia misma de la música que se aprovecha de la capacidad del cerebro izquierdo para reconocer patrones. Algo más complejo es el caso del mantra de Hey Jude, de los Beatles, que se repite al final de la canción en aquel lalalalalalalala que se ha hecho famoso y que supone una ruptura canónica con la musica ligera, aqui los Beatles toman el mantra como principio de repetición y lo hacen al final de una canción que por otra parte tiene una estructura muy convencional.
Pero el lenguaje convencional es fraudulento, engañoso y pocas personas saben que cuando hablan o piensan en realidad están rindiendo honores a la dramaturgia. Novalis lo dijo afirmando que “hablar por hablar es lo unico que podemos hacer de serio en la vida”, se referia a las conversaciones banales, improvisadas, antiutilitarias, esas que mantenemos en la cafeteria o en la peluqueria. Hay más rigor ahi que en todos los discursos, comentarios, foros o conferencias, porque ahi está la simulación plenamente instalada y reconocida, no existe disociación entre el Yo que habla-piensa y el espectador que sonrie, o se muere de risa. Dice Novalis:
Efectivamente las cosas mismas no hablan, están mudas, porque es el ser consciente quien habla, quien recrea, quien entona o declama, el depositario del énfasis, de la silaba desde donde emanan el resto de sonidos que encadenados entre si tejen una trama con sentido, con sentido semántico, Fuera de la forma, fuera de la literatura no existe sino conversaciónes banales, pero tambien existe el aksara, la vibración sagrada, matriz de todas las formas, un silencio que opera como pantalla de los significados, de todos los significados, es por eso que el silencio es tan intolerable y es por eso que el silencio en ocasiones es mortifero como una arma cargada de infinitas intenciones, aquel que sólo habla y nunca escribió o calló, nunca terminó por meterse en el yugo que encadena a los bueyes a las formas, y es prisionero de la normalidad.
Entre los lobos, yo
En su aspecto más profundo la negativa a consumir carne supone la negativa a matar y morir que forma parte de la ciclicidad inherente a la vida humana. Hasta los dioses cuando consumen carne o alimentos humanos se convierten en vulnerables: se encuentran sometidos a las mismas leyes fundacionales de lo humano, asumen la culpa primordial de aquellos que hemos aprendido a hacer desaparecer lo existente y quedan sometidos como nosotros al transcurso del tiempo ingresando en el reino de Cronos, el tiempo que hace desaparecer a los seres.
Es por ello que la culpa primordial no es en absoluto un hecho individual, antes al contrario se trata de una culpa ligada a la especie, a la esencia de lo humano, donde todos somos culpables, no importa el lugar que ocupemos en el rito de la matanza, desde el aguador, hasta el pastor, el matarife o el sacerdote que oficia la liturgia asesina sobre el toro, todos, todos, somos culpables incluyendo al toro. Se trata de una culpa pues compartida, una culpa distributiva, de la que solo pretenden salvarse aquellos que no participando del rito abrazan la religión órfica, aquella que dice “Abstenerse de matanzas”, se trata de un culto de abejas y bellotas que sólo a medias consigue esconder detrás de un velo, siempre existe un velo que oculta la divinidad, el designio divino. Pobres ingenuos: tampoco ese tipo de alimentación les hace inmunes a la culpa transgeneracional, arcaica que traspasa fronteras y libres albedrios, porque en realidad el libre albedrio se inventó más tarde y quizá tenga relación con el éxito de las religiones monoteistas al liberar al ser humano individual del eterno sacrificio con el que se relaciona con los dioses, con todos los dioses y los toros, fuente de proteinas tan necesarias. Simplificar su número fue un acierto y un ahorro en el consumo de energias para saber a qué dios se ofendió en cada momento, a cambio hubo de inventar una nueva vuelta de tuerca: el hijo de Dios hubo de volver a poner orden y ofrecerse el mismo en sacrificio para liberar a la humanidad, de ahi su éxito y tambien su funesta consecuencia: la culpa se instaló en el cerebro individual y allí sigue, es desde allí que la transportamos como un fardo que vamos pasando de cuerpo en cuerpo hasta encontrar al voluntario de nuestra estirpe que lo lleve “voluntariamente” encima, por eso escribimos poemas que son a la vez formas de exorcizar nuestra certeza más absoluta: desapareceremos. Y por eso la culpa no tiene fin, aunque puede ser transformada, para después ser de nuevo inventada de nuevo y reciclada. Los amores de Io y de Zeus precisan de seis generaciones para terminar amortizándose, ahi termina la maldición del toro, que aparecerá inevitablemente de nuevo a la menor oportunidad.
Hablo de lo humano, por eso la tarea de los hombres es negociar con esa culpa y encontrar soluciones politicas, porteadores del ánimo que se ofrezcan voluntarios y seguir adelante portando cada uno de nosotros el fardo como modernos Sisifos, si es posible transformados en jarra de agua, en Sisifos aguadores.
De-meter, la madre

Demeter es la madre, pero es lo mismo que la hija Persefone, sin ella, sin la hija, la madre dejaria de ser Meter, Persefone, la hija está en el interior, en la esencia de Demeter. Y Demeter es tambien la espiga, el cereal, el trigo en sus tres formas: semilla que se entierra en el suelo, espiga que florece y trigo que se colecta para volver a la tierra o para ser cocido (transformado por el fuego) y comido, de nuevo al origen donde resucita de nuevo para ser inmortal en un nuevo ciclo. Por eso el tres es un numero mitico, femenino que representa las tres fases de la luna, la siembra, florecimiento y recolección. Todas las deidades griegas son tres, tripartitas y se vuelven a reunir en todos los mitos, en realidad Demeter es tambien Atenea y el olivo y Hera y la higuera, es Afrodita y la espuma y es Hecate y la luna y es Nemesis y es una oca que pone huevos a pares, cada una de ellas alumbra un aspecto personal y vegetal, marino y terrestre, el delfin es la madre-agua y el cerdo (o la vaca) es la madre-animal, como la higuera o el olivo es la madre vegetal descontando al trigo que es la madre-madre, la Demeter verdadera, la de las grandes ubres, la Artemisa de Efeso poblada de ubres, la Venus de la fertilidad anterior al orden olimpico, la diosa blanca, la gran madre.
Escribir es un acto de creación y la mujer -guardiana de los significados- está mas dotada que el hombre para hacerlo, ¿como explicar pues que las mujeres cuando escriben no den la talla de los grandes hombres? No tengo una respuesta a eso, pero seguro que tiene que ver con el principio de individuación, que no es otra cosa sino la fusión entre consciente e inconsciente. En el hombre su conciencia es masculina pero su inconsciente es femenino y acuoso, en la mujer sucede al revés, su conciencia es femenina pero su inconsciente es masculino. Los opuestos están invertidos en lo sexos y esta posición afecta sin duda al itinerario de bajada al inconsciente porque en ese sentido la mujer siempre está abajo, bajo tierra en su forma de Demeter, en la superficie en la forma de doncella divina y en el granero en la forma de Hecate, de anciana. Lo mitico domina la mente de los hombres y de las mujeres, pero ella aguarda siempre porque sabe que es irrenunciable volver en forma de espiga o de grano, y él sabe que no podrá volver sin obra, sin hazaña, sin épica, por eso el héroe sale siempre desprendiéndose de lo femenino que hay en él, aunque tambien aspira a la unidad perdida, y esa unidad es la fusión entre masculino y femenino, entre consciente e inconsciente. Ella no tiene prisa porque sabe que es inevitable volver en una forma u otra pero él no tiene esa posibilidad, es un conocimiento al que sólo llegará después de ser solo uno con ella y para ser solo uno con ella el héroe tiene que haber vislumbrado en algun momento que podrá ser uno consigo mismo, algo que sólo se consigue después de muchos viajes al ese lugar donde moran las semillas (la Koré, bajo tierra) y conocimientos. El héroe tiene que resolver muchas pruebas antes de entrar en los misterios de la espiga, un conocimiento que a ella le es dado por la naturaleza, de oficio….ser hombre es un hallazgo, una tarea, que tendrá recompensa o castigo si se cumplen y se aceptan los retos del cruce del umbral.
Los estorninos de Maria Agustina
¿Qué es eso?, me pregunté, mientras mi acompañante me decía, “es un disuasor, lo ha puesto al Ayuntamiento para que los estorninos no se reúnan en el ficus y arruinen los abrigos de los paseantes”. No es posible, me dije a mi mismo, hasta que volví a oír el insoportable gemido del pajarraco mecánico.
Afortunadamente los estorninos estaban allí ajenos al maleficio administrativo, pero…..
Los estorninos se reúnen en bandadas periódicamente para hacer “censos de población” mediante los cuales regulan sus próximas nidadas. Es una manera de adecuar el tamaño de sus puestas al ruido del medio ambiente, tanto a la previsión de recursos como a la densidad demográfica. Si, las hembras ponen huevos en función de los escrutinios que hacen tanto de recursos alimentarios como de hacinamiento. Pero quien inventó la ley inventó la trampa, porque los machos hacen mucho más ruido para engañar a las hembras y hacerles creer que ya son demasiados. Es increíble, pero ellas caen en la trampa y después de oír el escándalo machista de sus congéneres restringen sus puestas.
De manera que el disuasorio del Ayuntamiento no es sino una manera de hacerles el juego a los machistas estorninos que quieren tener ventajas sobre la población de machos de la próxima quedada, que será en primavera.
El sonido gutural del pajarraco no resulta de ninguna manera disuasorio para las defecaciones otoñales de los tramposos estorninos ellos o las engañadas estorninas ellas, sino que tiene un efecto no deseado. ¿Tendrán en el ayuntamiento algún asesor ecologista?
Dejad a los estorninos en paz y no me arruinen ni un solo huevo de estornino en primavera en Maria Agustina. Castellon de la Plana.
En sus estudios con primates Chance en 1970 observó que existían dos clases de mecanismos competitivos, los agonísticos que se establecen en situaciones muy jerarquizadas que se llevan a cabo mediante la amenaza o intimidación, un modo competitivo que sería millones de años más antiguo que la competencia hedonística: aquella que se establece a través de la seducción o el atractivo y que evolucionó probablemente desde situaciones donde la competencia agonística había sido desactivada o no era necesaria. Más tarde Price (Price 1992) elaboraría su teoría de la rivalidad social a partir de estas observaciones, en la que se basó también Brown (Brown et alt 1986) en su conocida teoría sobre el origen social de la depresión
Ambas estrategias tienen el mismo objetivo: obtener un mayor rango social y disponer de un mayor número de hembras con las que copular, lo que asegura una mayor supervivencia y un mayor numero de descendientes, mientras la primera obtiene estos bienes desde la lucha y la defensa de la supremacía en el clan, la segunda admite ciertos matices que proceden del atractivo o del liderazgo que otros seguirán sin que medie imposición alguna por parte del dominante
En el siguiente esquema vemos como el eje vertical va desde la posición de dominancia hasta la posición de sumisión dependiente del rango y en el eje horizontal encontramos un claro ajuste social en la izquierda y el aislamiento social en la derecha así como las estrategias conductuales que presiden cada uno de los distintos cuadrantes: en la derecha, huida (flight) , una pulsión que activa los instintos de defensa que tienen que ver con el miedo y más abajo el escape social (withdrawal) que estaría relacionado con una conducta de desapego, introversión o esquizoidia. En la izquierda y en el centro el atractivo como foco conductual desde el que arranca en el plano horizontal la pulsión gregaria y más abajo en el eje del rango la conducta de docilidad o apaciguamiento (yielding), una situación donde se ubican los perdedores de la competencia agonística, mientras en la derecha podemos ubicar a los perdedores de la competencia hedonística. Ni que decir tiene que los que están debajo albergan autoconceptos y autoestimas más bajos que los que están arriba y que los que están a la derecha, presentan mayores disfunciones del tipo de la impulsividad y del juicio de la realidad que los que están a la izquierda.
Chance observó que en el modo agonístico, el número de individuos dominantes y subordinados se mantenía constante merced a oscilación critica y que determinados individuos se escindían del grupo para evitar los ataques de los individuos dominantes. Este tipo de conducta que Chance denominó “escape revertido” era típico de los conflictos agonísticos jerárquicos, que contrasta con la libertad individual de quedar aparte dentro del propio grupo o dejarlo de vez en cuando, cosa que es posible esperar en el modo de competencia hedonístico.
El modo agonístico prevalece cuando el potencial para la rivalidad está presente pero inhibido, como resultado, los individuos permanecen en un estado de tensión psicológica, aunque la agresión física queda de este modo preservada.
Parece apropiado incluir la competencia agonística como el paradigma de agresión ritualizada entre machos (Moyer 1976) En este sentido se ha considerado que los trastornos depresivos vienen filogenéticamente derivados de programas seleccionados de rango y de apego, un conflicto que es posible observar mayormente entre los hombres, lo cual nos lleva a preguntarnos entonces ¿por qué es más frecuente la depresión en las mujeres?
Es evidente que existen respuestas biológicas y sociales a esta pregunta. Desde el punto de vista evolutivo es posible especular que hecho el balance entre ventajas y desventajas reproductivas y de supervivencia, los machos saldrían muy mal parados en sus puntajes evolutivos con respecto a la depresión que siempre aparece en la edad reproductiva. Efectivamente, la depresión disminuiría el éxito reproductivo de los machos más intensamente que en las hembras , dado que la reproducción necesita mas determinación, energía e iniciativa en el macho que en la hembra. En consecuencia los machos depresivos se reproducirán menos que las hembras depresivas (Stevens y Price 2000). En otras palabras la presión selectiva para la depresión está limitada por el efecto de la depresión en la reproducción, lo que explicaría que la depresión fuera más común en las mujeres que en los hombres.
El mismo argumento sirve para explicar la otra cara de la moneda: ¿por qué los hombres consumen más substancias tóxicas, comenzando por un mayor consumo de alcohol que las mujeres?. Existen evidencias de que el consumo de substancias no ejerce en los hombres un menoscabo en su atractivo o rango, así como tampoco influye en su éxito reproductivo. Aun más existen evidencias de que determinados machos pueden ser elegidos a partir de sus hándicaps físicos (Zahavi 1995) o psíquicos.
Gilbert sostiene que el apego ansioso que Bowlby describiera predispone a una sensibilización del sistema opioide que a la larga puede conducir a conductas adictivas del tipo del abuso de sustancias, drogas o alcohol, donde es posible adivinar como el individuo se mueve en las relaciones de rivalidad entre machos en la línea horizontal adoptando el modelo hedonístico y revirtiendo su agresión hacia sus padres, esposa o sus hijos, mientras va desplazándose cada vez más hacia la derecha cuando está sobrio a través de mecanismos de retirada social y donde sólo el tóxico parece capaz de desplazarle hacia una cierta integración social en su grupo ; paulatinamente la baja autoestima o depresión de derrota se instalan entre los periodos críticos. Un movimiento oscilatorio que podría explicar la tozuda y conocida negación y falta de insight que parece evolucionar simultáneamente con el grado de deterioro físico y psíquico del drogodependiente, que apela a la dominancia y a la lucha (fight) junto a su huida del modelo del yielding característico de las mujeres que no tienen – a diferencia de los hombres- demasiados escrúpulos en mostrarse débiles o necesitadas.
Si es cierto que los conflictos agonísticos acerca del rango están implicados tanto en la depresión como en el consumo de tóxicos (Gilbert 1989), es cierto también que la conducta agonística puede ser empleada por los machos para dominar a las hembras, así como también formar parte de los conflictos de rivalidad entre hembras (Abed 1998). Efectivamente, en los conflictos maritales es más frecuentemente el macho quien domina a la mujer, por lo que esta se encuentra forzada a activar las subrutinas del yielding o apaciguamiento o del helplessness o desamparo y a sufrir sus consecuencias emocionales.
Sin contar la rivalidad del postparto que las hembras tienen que dilucidar con sus crías, la mujer está sometida además a una depresión por deprivación (de sexo, oportunidades o actividades sociales) y es por tanto mayormente vulnerable a las pérdidas, o a las amenazas de perdida de sus figuras de apego, mientras que los machos son más sensibles a las depresiones de derrota (Stevens y Price 2000)
Naturalmente, la teoría del rango (Price 1967) no debe interpretarse en el sentido social más convencional del término, sino en la percepción subjetiva del rango, es decir del lugar que un individuo ocupa en una virtual escala social, los lugares a los que aspira pero a los que sabe nunca podrá acceder y sobre todo los descensos percibidos en relación con conflictos competitivos en esa escala. De no ser así, sólo tendrían depresiones los pobres o los parias y sabemos que las depresiones están representadas en todas las clases sociales, que no se corresponden simétricamente a la percepción individual que los individuos suponen que ocupan en dicha jerarquía, sobre todo en los conflictos que derivan de haber perdido en la confrontación en las relaciones agonísticas que expulsan al individuo hacia abajo en la jerarquía social.
En este sentido la depresión tendría un valor adaptativo sugerente en tanto que puede servir para retirar energías de empresas o actividades sin rendimiento (Nesse 1999) a la vez que devolvería al perdedor un cierto control sobre su situación y su ambiente. Se ha insistido mucho sobre todo desde posiciones psicoanalíticas y con mayor énfasis en las sistémicas acerca del enorme poder paradójico que puede acumular una persona enferma (Price & Gardner, 1995). En relación con la depresión es evidente que podría corresponderse con estos mensajes:
- Uno hacia los dominantes en la jerarquía, algo así como “ no compito con vosotros porque estoy enfermo”
- Otro hacia los iguales o los pares “ no compito con ellos porque estoy enfermo”.Un control sobre el ambiente que es posible completar con la suposición de que la activación del yielding por si sólo no puede mantener una situación crónica de enfermedad. Es necesario además que el individuo convierta su trastorno del humor en una secuencia comunicativa adquirida mediante el trasiego pragmático del síntoma y el entorno (Berrios 1995), del modo más eficaz para sus fines que puede incluir la disforia ( una cierta hostilidad manifiesta) o la ansiedad (el apego ansioso). Es necesario además que alguien – el psiquiatra- opere la necesaria abreacción, mediante el proceso del diagnóstico que comunicacionalmente hablando no es sino una forma de negociación y cuyo objetivo es en todos los casos lograr detener la espiral o la cascada sintomática que harían el proceso irreversible.
Qué es una familia
Una de las organizaciones sociales más importantes y omnipresentes en todas las sociedades humanas y a través de todos los tiempos ha sido y es la familia: el lugar donde se articulan las conductas mas sublimes y mas siniestras de todas las que el individuo dará cuenta a lo largo de su vida. Podríamos definir a la familia como el grupo social que aglutina a sus miembros en función del parentesco, exceptuando a la propia pareja reproductora que no posee relación alguna de parentesco con el actor principal aunque es el eje sobre el que gira la danza de los próximos o parientes. Pero establecer y definir qué es un familia no es una cosa fácil ¿Es una familia la pareja sin hijos? ¿Y cuando existen distintos hijos conviviendo juntos en una misma unidad familiar, estamos entonces hablando de una familia o de dos? ¿Es una familia el grupo de convivencia que se articula en torno a la pareja homosexual?
Dar una definición de qué es una familia y por tanto qué no es la familia es una tarea tan difícil como definir un sexo. Dar una definición de lo que es un macho o una hembra y que alcance a todas la escala de organismo vivientes es tan complicado como definir a la familia , a pesar de que intuitivamente todos podamos tener una idea bastante realista de ella.
Personalmente me inclino por definirla como aquella situación de convivencia entre miembros de distintas generaciones, vinculados entre sí por alguna clase de parentesco y que guardan distintas clases de limites relacionados con el poder que cada uno de sus miembros o subsistemas ostentan en el seno de la misma. Otra definición que estaría relacionada con la anterior es que es familia:
1) aquella organización donde las distintas generaciones que la componen no se reproducen al mismo tiempo.
2) Aunque no están del todo exentos, la familia es aquella organización que se caracteriza, en relación con el resto de individuos que no la componen por una atenuación de las rivalidades sexuales, fundamentalmente entre los subsistemas parental y filial.
3) Y también la asimetría en la provisión de cuidados y aportes alimentarios, en el sentido de que el subsistema filial está exento de proporcionar tareas de aprovisionamiento de recursos de este tipo.
4) La hipotesis estructuralista: familia es aquel lugar donde se cumple la prohibición del incesto entre sus miembros.
Una de las propiedades de la familia, es pues, la atenuación de conflictividades de tipo competitivo .que podemos esperar en nuestra relación con el resto de miembros que no son familiares o parientes, con la única excepción de aquella que se produce entre hermanos similar o semejante a la que se produce entre individuos no emparentados entre si. Dicho de otra manera, la competencia sólo aparecerá atenuada en la relación que los subsistemas familiares componen entre si, aunque es predecible que opere en los subsistemas fraternal o parental, padres o hermanos entre si..
Otra propiedad que procede de la asimetría es que en la familia los cuidados parecen operar de detrás a adelante: la preocupación de los padres por sus hijos es superior a la preocupación de los hijos por sus padres, tanto en lo que se refiere al aporte de recursos materiales, como emocionales y de cuidados de todo tipo.
Se ha señalado con razón que la familia es también la única organización social que opera a través de modelos antidemocráticos y antiigualitarios, en efecto en la familia existe un nepotismo y un favoritismo difícilmente asumible por cualquier otra organización social democrática.
¿Pero qué sería del mundo sin favoritismos? Si yo decidiera repartir la comida entre todos los hambrientos con independencia del vínculo que tengo con ellos, ¿quién me aseguraría que mis hijos recibirían un suplemento a sus necesidades? ¿ a quién se dirigirían mis hijos si yo fuera tan justo que repartiera mis bienes entre todos los necesitados?
De donde se deduce que la familia es un buen refugio para hacer frente a la competencia social del mundo no familiar y una de las razones por las que aun evolucionando y mudando de forma haya permanecido intacta como institución social.
Si la teoría del gen egoísta de Dawkins es cierta y comenzamos a admitir que las cosas son como son y que podemos mejorarlas sólo en la medida en que tengamos un mapa correcto de la realidad, tenemos que admitir que todos somos más complacientes, generosos y bienhechores con nuestros hijos que con el resto de la humanidad. Es de esperar, al fin y al cabo, con mis hijos comparto genes y secuencias de genes y con el resto de la humanidad muy poca cosa. Por la misma razón cuando sea injusto, mendaz, autoritario o incluso cruel mis hijos tiene más posibilidades que usted de sufrir las consecuencias. Es lógico a ellos les quiero y a ustedes en absoluto. Y les quiero porque son mios: es decir llevan mis genes.
Una de las razones de este debilitamiento es que ya no existen depredadores específicos de nuestra especie que puedan ritualizar la defensa común del territorio que es al parecer uno de los mecanismos que hacen de las parejas de pececillos de Lorenz una parejas fieles y eternos compañeros, la reorientación de la agresión (Tinbergen 1969) o su desplazamiento es uno de los rituales que amortiguan la agresión sexual. Lo curioso de estos peces del género cíclidos, es que tanto la agresión territorial de defensa que es compartida por ambos sexos, como la agresión extraspecífica trae como resultado la indestructibilidad del vínculo de la pareja, pero no crean que el cortejo fue fácil, ella invirtió muchas horas en seducir al aguerrido pececillo macho de colores, siempre entrando en su campo visual de costado y huyendo como marcan los cánones de la buena seducción antes de que el macho le diera un viaje o un buen mordisco. Poco a poco la hembra mediante técnicas depuradas de buena y sumisa seductora va propiciando la desactivación de su agresividad, hasta que llega un día en que estas maniobras de sumisión van dando lugar a una especie de “desafío” de igual a igual en el centro del territorio del macho. Entonces lo que sucede es algo extraordinario: el macho se apresta al ataque ante tamaña osadía, pero en el último momento, cuando ya se masca la tragedia, el macho desvía su agresión hacia cualquier pececillo de los alrededores. Es entonces cuando la hembra decide poner sus huevos en el suelo o al abrigo de un costado del acuario, el macho los fecunda en el agua y ambos se convierten en una pareja feliz, que defenderá su territorio de por vida, se convierten desde entonces en inseparables. Lorenz interpreta que el cambio de planes del macho se debe al miedo hacia la hembra (en realidad la confusión entre atacar o huir), siempre que la hembra haya logrado mediante su lidia continua haber previamente desactivado cierta dosis de agresión. O dicho de otra manera: en las especies donde la agresión no puede desactivarse del todo tras la copula (es incluso más necesaria que antes) o bien porque se trata de especies muy agresivas, la estrategia de la hembra es una conducta de sumisión que poco a poco va convirtiéndose en desafío a medida que el macho va habituándose a la presencia de una compañera. A medida que la hembra gana la confianza del macho aquel va aceptando su presencia, hasta que en una suprema y heroica confrontación precopulatoria el macho decide desfogarse con otros congéneres y emparejarse definitivamente con la hembra.
Lo realmente curioso de la viñeta anterior es que macho y hembra no se reconocen entre sí, es decir carecen de mecanismos para identificar el sexo de su congénere. Todo parece indicar que en las especies donde la identificación sexual es imposible visualmente es a través del ritual como el macho reconocerá a la hembra y también explica la ambigüedad misma del ritual que es similar tanto con una hembra o un competidor, dado que para el macho cualquier congénere es sobre todo un intruso. Sólo termina por entender que la hembra es una hembra a partir de su ceremonia de sumisión, dicho de otra manera el macho sólo se emparejará con alguien que se le someta y la hembra sólo aceptará a alguien que la haga sentir sometida.
El incesto es otro ejemplo de una conducta- en este caso una prohibición- universal que atraviesa a todas las culturas, lo que indica que en su preservación hay algo que va más allá del sesgo cultural: si no está determinada por la cultura debe existir en el patrimonio genético de toda la humanidad o al menos se trata de un aprendizaje fácil (prepared learning), como la fobia a las serpientes (Marks, 1991)
Los estudios sobre el incesto proceden de modelos antropológicos y de ellos procede nuestro conocimiento sobre la universalidad de su presencia. Sin embargo el incesto también se halla presente en el mundo animal, no se trata pues de un fenómeno tan sólo cultural, como sostienen algunos antropólogos sino biológico.
No todos los animales tienen la capacidad de reconocerse como individuos, y parece que solo en aquellas especies donde los individuos son capaces de reconocerse entre si se preserva la institución del incesto, al menos en lo que respecta al incesto madre-hijo y entre hermanos.
Es necesario que los animales se reconozcan
Generalmente los animales que se reconocen entre si lo hacen cuando tienen rasgos diferenciales en el rostro, cosa que sucede en aquellas especies donde el rostro ha alcanzado una cierta diferenciación. En las cebras por ejemplo el reconocimiento se hace a través de patrones del rayado y no parece que vaya más allá del tiempo en que permanece activada la impronta (imprinting): el necesario para que las crías reconozcan a la madre y no la pierdan de vista hasta que se hacen autónomas (hasta el próximo embarazo de la madre). Otras especies – las más comunes- se reconocen por el olor o por los sonidos que emiten. Reconocimiento y marcaje sexual son pues instintos que participan de algún modo simultáneamente en ambos propósitos: territorialidad y seguimiento. Existe pues, una relación entre el reconocimiento y el marcaje o balizado sexual, dicho de otra forma: el reconocimiento entre individuos pudo evolucionar desde la necesidad de marcaje sexual del territorio.
Sin embargo los cánidos parecen contradecir lo dicho anteriormente. El incesto es muy frecuente, lo que significa que en las especies donde el modelo de apareamiento sexual es promiscuo, el tabú del incesto no se respeta.
No obstante entre la impronta y el incesto pueden existir relaciones al menos en las especies con el cerebro más evolucionado.
Para explicar este fenómeno se han invocado varias explicaciones:
1.- La hipótesis de la familiaridad (Eibl-Eibensfeldt,1995). Crecer juntos puede fabricar una especie de aversión entre los sujetos que les impida aparearse.
2.- La hipótesis biológica: el incesto haría aflorar alelos recesivos que podrían resultar fatales desde el punto de vista genético cuando se dieran juntos en un mismo individuo.
3.- La hipótesis psicoanalítica: la prohibición del incesto se fundamenta en el crimen ritual de la horda que erige al asesinado como tótem y protector de la misma. De este parricidio surge el tabú del incesto, ambos pues, parricidio e incesto se hallan relacionados simbólicamente (Freud, 1912) y participan de la misma prohibición.
4.- La hipótesis económica. La exogamia favorece los vínculos extrafamiliares al tiempo que favorece el reparto del trabajo comunitario. La madre de un adolescente joven puede verse favorecida por la llegada al núcleo familiar de una hembra joven bien dispuesta para el trabajo. A cambio, ese mismo padre puede “perder” a una hija, porque sabe que tendrá el recambio de una nuera en otro lugar (Levy-Strauss, 1998).
Ninguna de estas explicaciones por si mismas ofrece argumentos irrefutables aunque todas poseen gotas de verdad o intuiciones interesantes que aportar. Las explicaciones biológicas parecen incontestables si no fuera porque la emergencia de esos alelos fatales tarda muchas generaciones, las suficientes para no ser conservadas en la memoria de tres generaciones ¿cómo saben esto los simios que respetan el tabú del incesto?.
La hipótesis familiar sirve para explicar la aversión entre hermanos, pero no explica el respeto del tabú de madre a hijo. Las hipótesis económicas son sugerentes pero no explican el tabú en los simios como tampoco lo hacen las explicaciones psicoanalíticas.La paradoja biológica del incesto
Además existe una paradoja biológica: si mi hija tiene un 50% de mis propios genes tener un hijo con ella supondría la supervivencia en mi hija-nieta de un 75 % de mis propios genes Se trataría de un superhijo que se acercaría a mi genoma más que cualquier hijo que pudiera tener con otra hembra. Si pudiera engendrar otro hijo con mi hija-nieta su genoma y el mío coincidirían en un 87.5% y así sucesivamente hasta constituir una asíndota, una curva que nunca llegaría a ser yo (mi clon o 100% de mis genes) pero se acercaría bastante – desde el punto de vista genético- a lo que sucede en la reproducción asexual donde el individuo se replica entero.
Desde el punto de vista del egoísmo genético esta estrategia podría ser considerada como una estrategia válida y sin embargo sabemos que biológicamente hablando no lo es ¿Cuál es la razón de que no se trate de una estrategia evolutivamente estable?
Desde el punto de vista de Trivers una estrategia evolutivamente estable (EEE) es aquel rango de conductas cuya transgresión da pérdida en el contaje de puntuaciones evolutivas, aplicando un modelo de simulación del tipo que se encuentra en la teoría de los juegos (M. Smith 1988). Es evidente que el incesto o la endogamia repetida da lugar a la emergencia de genes inestables o letales en la población que la practica. ¿Pero como saben esto los individuos concretos?
Otra vez tenemos que volver a las ventajas que supuso la reproducción sexual en la diversificación de los genes y a suponer un automatismo programado o preformado (Mc Guire y Troisi, 1998) por la especie en la preservación de estas estrategias o a suponer algún tipo de aprendizaje ligado al “imprinting” o al apego (Bowlby, 1998) teorías ambas que no se encuentran en contradicción mutua (en realidad el apego es un imprinting evolucionado) pero nos quedan sin explicar las diferencias entre las conductas incestuosas entre padres y madres.
En nuestra especie el incesto de padre a hija sigue siendo aun hoy mucho más frecuente que el incesto de madre a hijo, siendo el incesto entre hermanos intermedio en frecuencia a ambos y similar al que puede darse entre parientes de segundo orden. El incesto de madre a hijo es pues muy raro en el hombre y en el mundo animal y además se halla protegido con un tabú o inhibición más potente que sus variantes, hasta el punto de que Freud llamaba al incesto entre madre-hijo el incesto verdadero. ¿Cuál es la razón de esta diferencia?
Es necesario volver al tema de la certeza. La certidumbre para una madre de que su hijo es su hijo es total, mientras que para el padre es aproximativa. La impronta – el reconocimiento- de la cría por su madre y de la madre por su cría es en algunas especies, vital para su supervivencia. En el ser humano este fenómeno ha sido sustituido por el apego (Bowlby, 1969), la emergencia de una emoción nueva que sustituiría al deletéreo “imprinting” y lo haría más complejo y persistente con arreglo a las necesidades de nursing y teaching de las crías humanas obligadas – debido a la estrechez del canal del parto derivada de la bipedestación- a una mayor dependencia de la madre y durante más tiempo que cualquier otra cría de cualquier otro animal precisa para su supervivencia. Dicho de una manera más clara, la prohibición del incesto de madre-hijo puede explicarse sociobiológicamente por el egoísmo genético que tiende a diversificar los genes individuales y a evitar combinaciones letales. Este aprendizaje puede estar programado por la especie como un automatismo o un aprendizaje ligado a la impronta que es reforzado por el apego y el largo tiempo de crianza y cuidados que precisa el bebé humano. En este sentido las mujeres podrían tener una mayor cantidad de controles que operarían como aversivos y disuasorios en el apareamiento con sus hijos. Los hombres carecen de este mecanismo innato (aunque no de la capacidad de apego que les protegería del apareamiento con su propia madre) por lo que es de prever que el incesto entre padre-hija sea más probable y mucho más probable entre padre e hija adoptivos (Thornhill 1992) y que resulte sólo penalizado en el cerebro individual por controles sociales o jurídicos. El hombre precisa pues de un mayor aprendizaje social a este respecto dado que su egoísmo genético puede operar a favor de la consumación del incesto con sus propias hijas a fin de preservar una mayor cantidad de sus propios genes.
Ver tambien, “El tabú del incesto“
Histeria es igual a trauma y para Freud es trauma:
Una impresión sensorial que supera la capacidad psíquica de descarga, mediante la motilidad y la representación mental.
A proposito del caso de Isabel, Miss Lucy y Anna O:
Para Freud el trauma por sí mismo carece de importancia, no le prestó nunca atención especifica a pesar de que sabia que el origen de la histeria era traumático, Freud se ocupó sobre todo de las operaciones mentales que hacian los pacientes con la impresión recibida, es decir los conflictos con su subjetividad. El concepto de estrés postraumático que requiere un criterio de estrés objetivo, intenso o prolongado en el tiempo es un desarrollo posterior al concepto freudiano de trauma. El TEP es un concepto mucho mas restringido que el concepto freudiano.
Mediante el mecanismo de disociación los contenidos representacionales del afecto se separan siendo expulsados de la conciencia aquellos que entran en antagonismo con lo que Freud llamó “impulsos inaceptables”, que no siempre coinciden con el miedo insuperable (del trauma del TEP) y que en aquella época solian ser pulsiones eróticas que entraban en conflicto con la moralidad victoriana.
La disociación ya había sido descrita por Janet y no hace falta decir que es el mecanismo inverso de la asociación: el mecanismo que aglutina o une aquellos elementos mnénicos que aparecen juntos en la impresión sensorial. Al parecer la disociación es un mecanismo vestigial cuyo objetivo es procurar analgesia y anestesia cuando se percibe una amenaza que supera los mecanismo ancestrales de lucha o huida. La disociación tiene efectos sobre la cognición, la percepción, la memoria y la conducta y es un mecanismo para el que existe una facilitación individual que tiene que ver con la capacidad de sugestión, autosugestión e hipnotilizabilidad.
Existe una fase de latencia durante la cual no hay síntomas
Posteriormente en un estado de agotamiento o estrés inespecífico se desarrolla un síntoma orgánico que sirve de matriz (de recuerdo) para desarrollar mas tarde la conversión. La conversión siempre se asienta sobre un terreno predispuesto, en el caso de Isabel, los dolores de piernas que aparecieron durante la enfermedad del padre son para Freud de carácter reumático (por enfriamiento), en el caso de Miss Lucy, la conversión se asiente sobre un órgano enfermo (la nariz, miss Lucy padecía una rinitis purulenta)
Muchas de las pacientes de Freud enfermaron después de haber cuidado de sus padres enfermos (en el caso de Isabel 2 años después, aunque coincidiendo con la enfermedad de su madre), pero tuvieron sus primeros síntomas durante la enfermedad de su padre, en el caso de Isabel se observa que los primeros dolores aparecen durante la enfermedad y que la enferma los atribuye a haberse resfriado al levantarse de noche descalza. Freud hace una disgresión sobre los efectos patógenos sobre el cuidador y lo atribuye a la retirada del interés sobre el Yo, es decir a una supresión narcisitica, “dejar de pensar en uno mismo, mientras se dedica a la tarea de cuidado”. Además llama la atención sobre el falso enlace, es decir la falsa atribución que el paciente hace de sus síntomas
Mas tarde se produce otro estimulo o impresión sensorial que puede ser banal pero emparentada con aquella original de especial significancia subjetiva para la enferma.
Es decir el trauma se desarrolla en dos tiempos, (y además sus efectos son acumulativos), porque aunque casi siempre la segunda impresión es banal en relación con la primera puede darse la situación inversa, sin embargo es condición para la conversión este desarrollo en dos tiempos, no sólo por el efecto acumulativo del trauma sino porque hace falta un tiempo de preparación del terreno histérico sobre el que se asienta el síntoma. El parentesco entre ambas impresiones está ligado a la cadena asociativa que puede explorarse en el recuerdo.
Entonces se desarrolla la conversión sobre el recuerdo de aquel dolor orgánico y con los materiales del síntoma histérico (deseo+prohibición)
El síntoma histérico es una condensación entre el deseo (en este caso erótico con el cuñado) y su prohibición (la reciente muerte de la hermana). La conversión es un recuerdo traumatico que opera de forma inversa a la inervación normal (de arriba abajo) y sólo está en el cerebro y no en el órgano periférico. La elección de órgano en este caso (la zona histerógena) es artificial y no cumple ninguna ley de la anatomía, al tratarse de un camino equivocado que toma la conversión para su expresión sintomática. Freud aclara que no es que la conversión represente un lenguaje simbólico, sino que como el lenguaje común extrae del símbolo su gramática y su semiótica. El símbolo sería el precursor del lenguaje y también de la conversión
Lo que se convierte es aquello que fue desechado de la conciencia en primera instancia, siendo el segundo “trauma” un recuerdo encubridor del primero.
En este sentido el recuerdo por parte de Isabel de sus devaneos con el acompañante no representa el trauma en su estado original sino el recuerdo que sirve para obturar a la conciencia el paso de la huella mnémica que representó aquel pensamiento en la cama mortuoria de su hermana “ahora ya está libre, puede hacerme su esposa” y que fue el punto de arranque de la hipótesis de Freud y su interpretación.
Freud se pregunta como es posible que Isabel enfermara de su dolor en las piernas antes, mucho antes de que se produjera esta escena, pero una vez descubierta este enamoramiento, la propia paciente fue capaz de recordar otras escenas que se habían producido antes de que su hermana se casara, concretamente mientras eran novios y describe la escena en que le conoció: concretamente el se confundió de persona e intimaron enseguida.. Lo que significa que el enamoramiento de Isabel fue fraguándose en su conciencia y rechazándose al mismo tiempo, durante largas temporadas, es decir la conversión no se articuló de un dia para otro, sino que fue edificándose ladrillo a ladrillo. Isabel sabia y al mismo tiempo ignoraba su enamoramiento por el cuñado, no se trataba de un deseo reprimido sino suprimdo de la conciencia por la instancia moral (el impulso inaceptable), posteriormente el recuerdo se olvidó, como sucede siempre con los traumas originales aunque pudo recuperarse con la libre asociación.
Las histericas en la epoca de Freud, ¿hay alguna hoy?
Lo que hoy nos llama más la atención de estas pacientes de Freud es su extrema candidez, su inocencia. Es difícil pensar que nuestras pacientes de hoy pudieran enfermar por causas tan sutiles. Sin embargo es bueno no perder de vista que Freud veia histéricas burguesas de la Viena victoriana que distaban mucho del perfil de pacientes que trató en su época de la Salpetrière con un predominio de campesinas asiladas con antecedentes de maltrato y abusos infantiles de todo tipo. No es de extrañar que con este muestreo de pacientes tan sesgado por las condiciones económicas Freud cambiara de opinión respecto a la veracidad de los relatos que sus pacientes hacían en estado de sugestión hipnótica, técnica que el mismo abandonó cuando cayó en la cuenta que la asociación libre en estado de vigilia podía hacer remontar a la conciencia el trauma original que no necesariamente estaba reprimido, solo olvidado y a veces defendido en los casos que el llamó de histeria de defensa como en este caso de Isabel donde el síntoma sirve al propósito de la resistencia es decir como oposición al recuerdo.
Llama la atención también el carácter asertivo, critico y ambicioso y “de buen juicio moral”, que casi todas sus pacientes presentaban. Dicho de otra manera las pacientes de Freud eran mujeres muy parecidas en sus condiciones intelectuales y volitivas al modelo de mujer actual. La diferencia estaba en la frustración de las posibilidades de desarrollo individual dentro de aquella sociedad. Las mujeres de la Viena victoriana (me refiero a las mujeres de la burguesía) se educaban durante la infancia igual que los niños, incluso los padres facilitaban su ambición y sus deseos de aprender pero a partir de la pubertad se las apartaba de los estudios, castrando así de raíz su desarrollo intelectual, que previamente se había estimulado; solamente las mujeres que no tenían familia debían de arreglárselas para ser independientes y trabajar (como miss Lucy), el destino común para ellas era o el matrimonio (que usualmente era vivido como la renuncia a un juicio propio) o el convertirse en una tía amable que cuidara primero de los padres y luego de hermanos y sobrinos. Mantener una familia unida mediante este sacrificio individual era corriente en aquella época y estas mujeres valientes y de alguna forma intensas eran designadas como lideres de esa tarea. Se trataba de una verdadera cautividad donde era necesario sacrificar los deseos de independencia y no sólo eróticos que cuando despertaban (en forma de ensoñaciones o de pretendientes) ponían en peligro la unidad familiar y su rol eterno de cuidadoras de padres enfermos. Tanto Anna O. como Isabel enferman después de haber cumplido con creces su papel de hijas perfectas al servicio de su padre enfermo, tarea que no termina ahí sino que va encadenándose con otras enfermedades, la de la madre, la de la hermana, etc y el propio Freud llama la atención sobre el efecto agotador de una labor tal de enfermería si, sobre todo cuando se pierde sueño a causa de estos cuidados, sin embargo Freud no se plantea en ningún momento sobre las razones por las que sus pacientes cuidaban a sus padres, ¿alguien les preguntó acerca de ese extremo? ¿o simplemente este papel se adjudicaba en función de haber sido elegida para esta función por la tradición familiar? ¿Cuidaban enfermos estas pacientes precisamente porque eran obstinadas, ambiciosas, intensas? ¿O era más bien una tarea impuesta sobre las que nunca se pidió su opinión? En cualquier caso de lo que no cabe ninguna duda es que existe una diferencia entre Isabel, la cuidadora y sus hermanas casadas que no participan en esta función.
Resulta al menos curioso que “cuidar enfermos” no se considerara en si mismo como un trauma o al menos como un estrés importante bajo cuya influencia pudieran surgir conversiones o somatizaciones diversas y que también podrían haberse explicado mediante el recursos del antagonismo entre un deseo de independencia y su prohibición: cuidar enfermos.


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