Archivos para 24 noviembre 2007

24
nov
07

Caníbales

El canibalismo puede definirse como la acción o conducta alimentaria que tiene como objeto a individuos de la propia especie, generalmente crías de poco tiempo de vida. Se acepta en etología que el canibalismo no es la regla aunque se trata de una conducta que no es una excepción en la naturaleza.

Las razones del canibalismo están enfrentadas con el instinto de maternaje y ponen en tela de juicio nuestro concepto de una supuesta buena conducta maternal como sinónimo de lo natural.

Muy a menudo estas conductas vienen a representar o son la consecuencia de la falta de previsión en las nidadas, es decir del balance erróneo que la madre realizó en el momento de la fecundación entre recursos alimentarios y el tamaño de sus camadas o bien del balance erróneo que hace en el momento actual acerca de la disponibilidad de recursos. Esto parece suceder con los escarabajos en su hábitat natural que se alimentan de cadáveres de pequeños mamíferos a los que utilizan para poner sus huevos y disponer de un amplio potencial alimentario para alimentar a sus larvas. Todo parece indicar que en estas especies el canibalismo de la madre responde a un intento de equilibrar su despensa con el número de larvas a alimentar. El hecho de que sea precisamente la madre la que devore a sus crías no debe estremecernos, se trata del conocido ahorro y aprovechamiento que en la naturaleza puede observarse con respecto a los nutrientes superfluos.

Lo mismo sucede con las ratas y los hámsteres en cautividad, pero en estas especies cabe añadir un nuevo fenómeno. Es precisamente la desactivación de la agresividad reproductiva del macho la que induce a que sea la hembra la que dé cuenta de su actividad canibalística. En otras ocasiones será el acecho de un depredador el responsable de que la hembra, muerta de miedo, termine por devorar a sus propios hijos, antes de que sea el depredador el que se aproveche de la inversión energética que representó la crianza de su prole: nutrientes que servirán para que la hembra sea más cuidadosa la próxima vez en la elección de su madriguera. Eso parece suceder en algunas especies de peces guardianes de la nidada fecundada en el abrigo de las rocas, el macho defiende su descendencia pero si su nidada es atacada por un banco de depredadores, después de determinados esfuerzos críticos, desistirá y no es difícil que se ponga a devorar él mismo los mismos huevos que antes defendiera con vigor.

El caso más agresivo de canibalismo fratricida conocido se da entre los tiburones-toro y también en el gavilán. Aquellos comienzan su actividad caníbal ya mientras son embriones devorando a sus pequeños contrincantes e incluso alimentándose de los huevos fecundados en el interior de su madre. Los tiburones comienzan a desarrollar poderosos dientes ya en estado embrionario y es de suponer que la evolución ha ejercido una enorme presión en los depredadores marinos debido a que después del parto tienen que apañárselas solos sin esperar la ayuda de sus madres, como sucede en casi todas las aves donde son precisamente los hermanos los que arreglan el desaguisado cometido por su madre en relación con una nidada demasiado extensa en relación con los recursos alimentarios disponibles.

Existen periodos críticos para la emergencia de la conducta caníbal y tienen que ver con la mudanza de plumas o de pelaje. Al parecer estas modificaciones operan en las madres dificultando el reconocimiento de sus propias crías. Un reconocimiento que en los machos es incierto, por lo que en determinadas especies tiene que ser neutralizado con una potente desactivación de la agresión de los machos hacia todas las crías, tanto las suyas como las que no portan sus propios genes.

En los simios y chimpancés (Goodhall 1994) la conducta caníbal es tan rara y por la misma razón tan vinculada a otro tipo de pulsiones instintivas distintas al hambre que hasta hace poco ni siquiera las conocíamos. Un adulto macho o un grupo de machos después de una cacería infructuosa pueden agredir a una madre y a su cría y devorarla por completo siempre que se cumplan las siguientes condiciones: 1) la cría sea un macho, 2) la madre sea una reciente incorporación al grupo o se trate de una hembra que se encuentra explorando un nuevo territorio y 3) exista una apreciable duda de que el bebé no es hijo de los agresores.

En este caso es posible suponer que la conducta caníbal no está mediada por el miedo, la falta de recursos o el hambre sino por el rango y la territorialidad de los machos dominantes que se aseguran así un competidor menos para el día de mañana. La misma conducta y las mismas motivaciones podemos encontrar en los leones (Bertram 1975)

De lo dicho se desprende que el canibalismo es un programa (una subrutina) atávico que puede activarse a través de impulsos que nada tienen que ver con el instinto alimentario sino con 1) el miedo intenso, 2) la prospección negativa de recursos alimentarios, 3) la competencia agonística entre hermanos, 4) el rango y la territorialidad. y por supuesto aunque en último lugar, 5) el hambre.

En los humanos se ha considerado que tanto el filicidio como el fratricidio como las conductas subordinadas con este programa innato, el maltrato de menores o el abandono de los mismos tienen que ver con ese programa que hemos llamado canibalismo y que entre nosotros es aún una excepción más infrecuente que en los animales, sometidos como estamos a amplios controles e inhibiciones culturales y también a las soluciones que nos propone la moderna ginecología. Pero no debemos olvidar de que si el canibalismo es un poderoso tabú en la especie humana es porque es atractivo.

Nuestra especie comenzó siendo carroñera y el canibalismo -sobre todo dirigido a mujeres o crias- no debió ser raro a juzgar por los severos controles arcaicos que han llegado hasta nosotros. Asi y todo es posible especular que el canibalismo no es una estrategia alimentaria eficaz porque entraba en contradicción con los principios solidarios de una comunidad cavernicola y porque destruia los posibles vinculos de seguridad y cooperación. Pero asi y todo existen numerosos ejemplos de canibalismo humano recientes como en el sitio de Leningrado, los supervivientes de los Andes en 1972 o durante la guerra de los treinta años (1618-1648), escenario de uno de los casos masivos de canibalismo humano del que tenemos noticia.

Sin embargo existe un fenómeno nuevo en nuestra especie y más allá del canibalismo por hambrunas o el canibalismo ritual o afectivo -responsable del paso de priones a la especie humana como en el caso del kuru- que conocemos en algunas tribus primitivas donde la conducta caníbal tiene que ver con la incorporación mágica de aspectos del fallecido.

Me refiero más concretamente al canibalismo sexual del que recientemente hemos conocido un caso: el de Arwin Meiwes que se comió a un voluntario partenaire –Bernd Brandes- al que conoció a través de un chat de Internet. ¿Qué sucede cuando una persona se pliega a ser devorada consensuadamente por otra, adulto como él? Al margen de las paradojas juridicas que plantea este caso quisiera señalar algo nuevo en relación con este asunto. ¿Qué tiene que ver el canibalismo con la sexualidad? ¿Es que estamos frente a una perversión nueva?

Si algo puede ser imaginado por una persona se hará. Sólo aquello que no puede ser imaginado no llegará a realizarse. En mi opinión el caso del canibal alemán -como se conoce ya a este caso y que no es el único que conocemos en los ultimos años- puede explicarse mediante la confluencia de dos fenómenos, uno viejo y otro nuevo.

El fenómeno viejo es el sadismo sexual, una forma de parafilia que consiste en obtener gratificación sexual sólo con la condición de hacer daño a otra persona. Naturalmente no todos los “sádicos” llevan a cabo sus fantasias sádicas, de hecho este tipo de fantasias son muy frecuentes entre los hombres y sólo una pequeña minoría las lleva a cabo, aunque no son en absoluto ajenas a la psicología normal.

¿Pero por qué llamarle sexual a esta practica? ¿Qué tiene que ver con la sexualidad?

Naturalmente no estoy empleando aquí la palabra sexual en el sentido de genitalidad, la palabra sexual debe entenderse como sinónimo de libido. Como la libido que habita en ese lugar que he llamado pulsión y que se caracteriza por la repetición, la destructividad y la oscuridad de sus propósitos que nada tienen que ver con la adaptación que el deseo humano propicia. Para entender mejor las relaciones y diferencias entre instinto, pulsión y deseo remito al lector a este post.

El fenómeno nuevo es precisamente lo que favorece que este tipo de fantasias se lleven a cabo: me refiero a Internet. La aldea global disemina, favorece y legitima todo tipo de goce a través del conocimiento de ese otro que a su vez se erige como el complemento ideal. Sin un Bernd Brandes , el sadismo sexual de su agresor habría quedado seguramente como un ejercicio fantásmatico individual. Los psiquiatras no pudieron decidirse a favor de diagnosticar una enfermedad mental y tal y como sucedió con el caso de Issei Sagawa no fue posible tampoco encontrar indicios de enfermedad mental alguna. Lo que nos lleva a una conclusion inquietante: una persona es capaz de cometer los crimenes más abyectos en ausencia de locura y sólo a partir de un goce individual que consiste precisamente en infringir dolor a otra persona. El problema se complica cuando además este goce es consensuado.

Para aquellos que quieran profundizar en el caso del canibal alemán puede consultar la opinión de Hugo Marietán ,experto en psicopatías.

Desde la psiquiatría sólo podemos llegar a una conclusión segura: Arwin Meiwes, es un psicópata, descartada la psicosis es absolutamente imputable, cosa distinta a su victima quien seguramente era un psicótico suicida. ¿Pero cómo podemos entender mejor los mecanismos que operan en la mente de una persona asi?

Tenemos que echar mano del psicoanálisis si queremos entender mejor los mecanismos que operan en la mente del asesino devorahombres. Para el psicoanálisis Arwin Meiwes es un perverso, contiene una estructura mental perversa y daré en este momento la definición que daba a Lacan a la perversión: “perverso es todo rasgo que escapa a la castración”. Se impone pues una pequeña explicación acerca de qué cosa entienden los psicoanalistas como castración.

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Para el psicoanalisis “castración” significa la sumisión a un determinado orden falocéntrico, es decir lo que en terminos mitológicos podriamos llamar la ley del padre y que instituye individualmente el complejo de Edipo cuyas consecuencias inmediatas son la prohibición del parricidio y del incesto. Significa que el niño sometido a esta presión por su conocimiento de la diferencia entre los sexos tiene que posicionarse respecto a este nuevo saber. Las operaciones mentales que hacen los niños y niñas normales son tanto el conocimiento como la aceptación de esa diferencia, pero aun caben otras maniobras, una de ellas es la denegación. La denegación es un saber sin saber, es un no querer saber aunque se sepa, se trata de un mecanismo muy frecuente en los niños (y tambien en los adultos) es lo que todos hacemos con la muerte, con nuestra propia muerte, sabemos que moriremos pero nadie se preocupa demasiado por ello, vivimos de espaldas a nuestra muerte. Cuando un niño utiliza un osito de peluche para tranquilizarse al ir a dormir también está haciendo uso de este mecanismo, el niño sabe que el peluche no es la madre pero le sirve al propósito de irse a la cama sin temor “como si” fuera la madre. Hay sin embargo usos menos benéficos para el psiquismo humano de este mecanismo de la denegación, es el caso de que lo que estemos denegando -como hacen los perversos- sea la diferencia sexual propiamente dicha. En este caso los niños pueden presuponer que las mujeres tienen pene o que los hombres están castrados o pueden llegar a estarlo. El uso de este mecanismo opera grandes cambios en la cadena de asociaciones que tienen lugar en los temas sexuales, el individuo por ejemplo desarrolla un miedo y un odio especifico a las mujeres y como en este caso sus preferencias derivan hacia la homosexualidad y hacia fantasias regresivas :comerse a un compañero de clase ya a los 8 años de edad.

Es además destacable el hecho de que viviera sólo en un viejo caserón con su madre como aquel personaje “entrañable” encarnado por Anthony Perkins en la pelicula de Hitchcock “Psicosis”. Un hogar sin padre, sin diferencias sexuales, ¿qué sucedió entre Arwin y su madre durante el tiempo en que vivieron juntos? ¿Por qué el crimen se comete precisamente después de que la madre muera? ¿Qué clase de soporte brindó la madre a su hijo durante el tiempo en que vivió? No lo sabemos, pero es más que evidente que el crimen sucede después de la muerte de la madre, lo que significa que muy probablemente ejerció sobre su hijo un papel de compensación en esa dificil y siniestra estructura de Arwin.

El psicoanálisis siempre defendió la idea de que la libido pasa por una serie de fases antes de alcanzar la plena fase genital donde se pone al servicio de la reproducción. Mi hipótesis es que Arwin quedó detenido en una fase libidinal conocida como oral-destructiva o canibalistica, una fase que la mayor parte de los niños superan en cuanto son destetados y comienzan a gatear alcanzando entonces el umbral de la fase anal. Sea por fijación libidinal o sea por regresión posterior Arwin “decidió” en algun momento de su vida no querer saber nada de la castración y de la diferencia sexual, quizá como una forma de no llegar a devorar a su propia madre o a ser devorado o poseido por ella.

Se creó asi un “objeto transicional”, en el sentido que Winnicot daba a esos peluches imaginarios que los niños construyen. En el caso de Arwin ese niño imaginario -el hermano que nunca tuvo y que le hubiera alejado de una relación demasiado estrecha con su madre- tuvo que tener una existencia sólo virtual y es el fantasma que le hace sostener toda su estructura perversa que muy probablemente estaba destinada a proteger a su madre de sus impulsos incestuosos o canibalisticos-incorporativos.

Sólo al morir la madre y faltarle pues el nudo de la defensa es cuando Arwin pasa al acto su fantasia devoradora y lo hace además buscando un voluntario.

El caso es que lo encontró.

Se trata efectivmente de un caso extremo muy próximo a la psicosis a la que bordea en el familiar fantasma del desmembramiento.

Cuando se inicia una psicosis lo hace de una manera brusca, abrupta, se trata de una experiencia de desgarro de la identidad, de una experiencia inefable que no tiene nombre, entraña por tanto perplejidad y simultáneamente con ella la convicción por parte del sujeto que la experimenta de que está concernido por ella, que le alude personalmente. La angustia que siente el psicotico en su inicio es una angustia prehumana, algo que no puede nombrarse por hallarse fuera de las representaciones habituales con que solemos nombrar a nuestra ansiedades más conocidas. Esta angustia psicótica es una angustia de desmembramiento, de fragmentación, debe ser una de las experiencias humanas más terribles que se pueden llegar a sentir. Muchos psicoticos ante esta situación tratan de deformar esta sensación para hacerla más soportable y una de las ideas más cercanas para oponerse a la fragmentación es apelar a la fusión. Fragmentación y fusión son experiencias psicóticas que puede aparecer juntas o simultáneamente, se trata de representaciones enlazadas.

Sabemos por su declaración que Arwin vivió desde los 8 años perseguido por este fantasma de desmembramiento aunque no lo sentía en si, sino que gozaba en imaginarlo proyectado en un otro, en sus compañeros de colegio o en su amigo-hermano imaginario, nunca en sí mismo o en su madre. Y ahora es el momento de aclarar qué cosa es “un fantasma”.

El fantasma es el nombre técnico que se le da a una fantasia inconsciente o consciente que persigue al sujeto constituyéndose en una compañía habitual y que dirige y organiza toda la vida del mismo. En este caso sabemos que el fantasma de Arwin es un fantasma sexual al que evocaba a través de videos y peliculas de zombies y de terror para excitarse. No se trataba pues de un fantasma que aterrorizara al sujeto sino que era buscado con placer terminando por invadir toda la vida íntima del paciente. Este omnipresencia del fantasma tiene que ser explicada por medio de la regresión.

La regresión es un mecanismo de defensa descubierto por Freud mientras trataba de explicar porque algunos sueños en lugar de soñarse se convertian en alucinaciones, es decir se presentaban en estado de vigilia en sus histéricas. Freud explicó que la regresión representaba un contenido inconsciente pero que en lugar de elaborarse durante el sueño y deformarse a través de la censura tomaba el camino inverso, hacía -por asi decir- marcha atrás desde lo inconsciente hacia el organo sensorial receptor. En el caso de una alucinación visual el organo sensorial sería el ojo, pero no hace falta que el fantasma se vea en forma alucinatoria porque los seres humanos estamos dotados de un registro adicional para tamponar la realidad. Este registro adicional fue llamado por Lacan el registro de lo imaginario, todo lo que soñamos, imaginamos y fantaseamos sucede en el registro imaginario.

Es precisamente ahi donde habitan los fantasmas y es precisamente porque alcanzaron al organo sensorial desde el inconsciente por regresión de donde extraen su fortaleza y su vigor. Nótese que todo producto regresivo no pasa por el preconsciente y elude la censura o por decirlo en terminos de vigilia por el Superyó. Se trata pues de algo que ha eludido la prohibición edipica, se trata de una pulsión que ha conseguido evitar los controles morales del sujeto. No es de extrañar pues que los contenidos que proceden del inconsciente tengan ese poder de atracción sobre el sujeto y al mismo tiempo sean tan “infantiles” pues de sexualidad infantil se compone el incosnciente, de una sexualidad pregenital.

De manera que podemos resumirlo asi: el sujeto se encontraba dominado desde su infancia por un fantasma de desmembramiento-fusión que proyectó en un otro imaginario. Se trataba de un goce individual idiosincrásico -como todo goce perverso- que consistía en imaginar que mataba y desmembraba a alguien hasta el punto en que se especializó exactamente en esta fantasia sexual desplazando a todas las demás.

Durante muchos años vivió entregado a esa fantasia hasta que al morir la madre la llevó a la practica al encontrar por Internet un partenaire que se acoplaba de forma invertida y pasiva a su fantasia.

El papel de la muerte de la madre es pues fundamental porque casi con toda seguridad la madre, era el objeto a quién iban dirigidas estas fantasias en su origen descontadas todas las sustituciones lógicas para preservar el tabú. Su desaparición propició que el fantasma se hiciera carne y se realizara en el acto criminal que ya conocemos, pues el fantasma sólo desaparece cuando se le atraviesa en lo real.

Lo que hemos aprendido de este caso es que la perversión puede estar a veces muy cerca de la psicosis y quizá sea una forma de evitar el desmembramiento psicótico que seguramente Arwin evitó al inventarse un hermano imaginario sobre el que construir y proyectar lo que de otra forma hubiese sido un delirio. Con toda seguridad Arwin evitó asi la psicosis y el desmembramiento en su cuerpo y a través del sacrificio de su partenaire reconstruyó en un plano trascendente su desgarro.

“Sentí como si se unieran por fin nuestras almas como una forma de comunión”

Mas noticias de caníbales: el caníbal del autobús.

16
nov
07

La Venus del espejo

Cuando Zeus ganó su particular guerra civil contra los Titanes e instituyó el nuevo orden olímpico llamó a capítulo a su madre Gea y le anunció que necesariamente debería renunciar a parte de su poder. Con este gesto político Zeus y el orden patriarcal que instituyó ponía limites al poder omnímodo de las deidades femeninas anteriores a él en el gobierno de los cielos. Asi y todo su madre Gea logró conservar para sí el destino de los hombres que no es poca cosa, un destino de hilandera.

Afrodita (Venus) es una deidad primitiva anterior al propio Zeus y a la que nunca logró domesticar ni siquiera al casarla con su tosco hermano Ares (Marte). Afrodita, la diosa de la belleza no logró serle fiel porque las leyes patriarcales no la afectaban en absoluto, por eso su vida sólo tuvo un dueño: la belleza y el placer sin restricciones, sin el sometimiento a las leyes patriarcales que ordenan y sojuzgan el goce. Afrodita representa el goce más allá del falo, más allá del poder paterno .

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En este cuadro de Velazquez podemos ver a la diosa como se contempla en el espejo. Un espejo que sostiene Eros (Cupido), para unos su hijo, para otros una deidad que como ella preexistió antes del orden Olimpico, se trata de una divinidad concreta -nada abstracta- como su madre y que en este caso representa el deseo o el amor. Como puede observarse en el cuadro de Velazquez, Eros sostiene el espejo de Venus pero además de eso se encuentra atado al mismo. Significa que Eros está solamente sojuzgado -solo atiende- a la belleza y además de eso es como un espejo. El amor es un espejo.

¿Y qué es un espejo?

Un espejo es desde luego un artefacto reflectivo donde uno puede observarse para peinarse, pero además de eso un espejo es una persona pues son las personas aquellos lugares donde habita lo Otro con lo que nos identificamos, donde nos reconocemos y donde a la vez somos reconocidos. Identificar es sinónimo de reconocer pero el reflexivo identificarse va un poco más allá: identificarse es apropiarse de algo del objeto amado, esa es la función de Eros, capturar corazones y por eso aparece con su carcaj y sus flechas pues su función es abrir heridas, grietas desde donde capturar algo de ese otro, un salto que damos con el amor, la única manera de que goce y deseo se fundan.

Y quizá por eso Eros es un Dios alado y algo pueril, algo infantil que juguetea con sus dardos al azar. No es de extrañar pues que Freud identificara a los niños que aparecen en nuestros sueños como los genitales masculinos (los pequeños), el hecho de que Eros lleve alas da crédito a esta idea pues es el pene el único órgano que puede “volar” o vencer la gravedad como acredita este falo volador del neolitico, aqui podemos ver un falo junto a un gallo y una mano.

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De manera que el dios Eros es asimilable al falo como representación del pene y es de alguna manera una inversión de la imagen de Afrodita (Venus) con la que está emparentado, si Afrodita representa la sexualidad femenina sin las coacciones de la moral paterna, Eros representa el deseo masculino siempre caprichoso y volátil como el de un niño, además su representacion sosteniendo el espejo donde se admira Afrodita -la vanidad femenina- nos hace entender que el destino del uno y del otro se encuentran enlazados, se trata en cualquier caso de algo que escapó a la represión original del olimpico, el erotismo cercano a lo sagrado, a lo numénico, a lo incognoscible y que la subjetividad humano precisó de representar a través de estos mitos. La transgresión.

Pero no solo Eros epresenta el amor fálico sino tambien muchos animales alados como el cisne. No es de extrañar pues que el propio Zeus adquiriera este disfraz para seducir a Leda, pues una de las tareas que Zeus se impuso para impulsar su poder por todo el mundo fue la de copular con las diosas anteriores a él, con sus hermanas, con mortales y con reinas a fin de perpetuar su linaje divino. Con Leda tuvo dos hijos Helena y Polux. En este cuadro de Dalí -Leda atomica- podemos ver como precisamente Leda-Gala es casi abducida por Zeus-cisne, mientras unas cáscaras de huevo flotan en el paisaje, cáscaras de huevo de donde saldrán de nuevo recicladas nuevas versiones de Afrodita, cosas del cisne.

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Helena es una reencarnación de la propia Afrodita y es precisamente esta diosa la que protege a Paris y a Troya cuando se enfrentan a los griegos en la celebre guerra. Una guerra donde se dilucidaba algo más que la propiedad de Helena o el honor mancillado de Agamenon. En esa guerra: la última en que los dioses intervinieron, se jugó el destino de los hombres, venció el orden patriarcal y desde entonces los goces sexuales hubieron necesariamente que restringirse.

Pero las Afroditas siguen apareciendo e inventando nuevas subjetividades movidas por la vanidad narcisista y la amplificación que logran por parte de los medios de comunicación, sirva como ejemplo este nuevo icono andrógino de la postmodernidad que bien podria decirse es una reencarnación de la diosa Afrodita: aquella que nunca se sometió al falo y que utilizó a Eros para sostenerle el espejo donde se admira y desde donde la admiran pues sin espejo no puede Venus sobrevivir.

¿Transgresión o culto disfrazado al falo?

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13
nov
07

¿Cuando moriré?

Seguro que todos nos hemos hecho alguna vez esta pregunta.

Pero si descontamos a los suicidas nadie sabe cuando, cómo y de qué se morirá. Una ignorancia que contrasta con una implacable certeza: todos nos moriremos.

Es realmente inquietante, será por eso que la mayor parte de nosotros vivimos de espaldas a la muerte, como si no existiera, renegamos de la muerte, la tratamos como a los reyes Magos, pero al revés. No creemos en ellos pero les escribimos cartas para que se acuerden de nostros y nos traigan regalos, eso hacen los niños, precisamente aquellos para los que la muerte aun no existe pues todavía no han sido capaces de representársela.

No es raro que adivinar el futuro, adivinar la muerte y sus detalles haya sido en el pasado uno de los oficios de mayor prestigio social y sus profesionales -adivinos, magos o astrólogos- los más consultados del orbe, algo asi como sucede hoy con los médicos.

Aunque ya nadie cree en este tipo de adivinanzas, la necesidad de predecir ese futuro es vital, sobre todo para las compañias de seguros, asi que no es de extrañar que se hayan puesto a punto instrumentos de medida, al menos del riesgo de morirse de algo.

En esta web precisamente te dicen a qué edad morirás. Lo hacen con un sencillo programa de ordenador que utilizan algunas de esas compañias de seguros para no correr demasiados riesgos con sus clientes. Naturalmente es absolutamente desaconsejable para aquellas personas excesivamente emotivas, crédulas o miedosas.

Aunque yo ya conocia ese programa me ha llamado la atención por otra circunstancia. Me refiero a la demostración de que la estadística que ha sido elevada al altar de las ciencias duras es en realidad un burda aproximación a la idea que pretende atrapar. La estadistica es y sigue siendo la hermana pobre de las matematicas y las verdades que logra demostrar son verdades de perogrullo . Además el programa es probablemente americano, lo digo por su beateria: concede más importancia (más riesgo) a fumar o beber que a vivir en un suburbio. No pregunta nada sobre enfermedades padecidas, ni donde vivimos o qué recursos asistenciales tenemos a mano. Se limita a valorar algunas variables que inciden directamente sobre el riesgo a padecer alguna enfermedad sin más.

Si a usted le sale que va a morirse el año que viene no se preocupe demasiado, piense que usted está en el mundo para desmentir a la estadística y demostrar que es usted único, irrepetible y sobre todo impredecible.

Como el dia de su muerte está usted ilimitadamente indeterminado, pero si usted vivie en Africa o es pobre tiene todas las posibilidades de morirse ahora mismo, claro que en ese caso usted no pediría un seguro de vida.

Si usted llega a creerse tal predicción es muy posible que se produzca aquel fenómeno tan curioso conocido con el nombre de profecia autocumplidora que es como funcionaban los antiguos oráculos, a través de la creencia.

En este extracto del libro de Paul Watzlawick, “El arte de amargarse la vida” hay algunas ideas para recordar.

10
nov
07

Maternaje:”nursing” y “teaching”

El maternaje no puede explicarse mediante la teoría del altruismo reciproco y es abordable desde la teoría del gen egoísta. Efectivamente las madres cuidan de sus crías porque son suyas, tienen la evidencia de que  pertenecen a su linaje genético y además – merced a la cruel atadura de Trivers-  no pueden escapar de sus obligaciones, me refiero a las hembras de los vivíparos y de los pájaros que paralelamente han desarrollado un enorme potencial de nursing similar al de los mamíferos.

No se trata pues de un sacrificio por la progenie sino de una inversión. Una inversión en ese 50% de genes propios que con toda seguridad tiene la hembra acerca de sus hijos como portadores de los mismos (y de los hijos de sus hermanas) a diferencia de los machos. Y además una inversión asimétrica, en el sentido de que el cuidado de las madres hacia sus crías es sensiblemente superior a la preocupación de las madres por sus propios padres a pesar de compartir también con ellos el 50% de sus genes. Todo parece indicar que existe una asimetría de cuidados que va más allá de la propia inversión genética o que al menos esta selección de cuidados opera hacia delante, en el sentido de beneficiar a la generación posterior.

Las conductas altruistas relacionadas con el maternaje se deben a cambios hormonales y están ampliamente desarrolladas en el reino animal, sobre todo entre los vertebrados de sangre caliente (pájaros y mamíferos) El vinculo relacionado con la crianza de los hijos podría responder a un programa como este:

(Si) la cría pía (o llora o gime)

(Entonces) amamantar o traer comida

(Si)  sigue demandando

(Entonces) traer mas comida o amamantar

A este programa se le pueden ir añadiendo líneas para hacerlo más complejo, por ejemplo si no deja de llorar, acunarlo, protegerlo del frio, lamerlo, besarlo, hablarle, etc. La complejidad de la conducta de la madre estará en relación con los modelos de crianza de cada especie y ya sabemos que el bebe humano es una criatura absolutamente desvalida que precisa de cuidados continuos durante su primera infancia.

O bien:

(Si) el bebe sonríe

(Entonces) quererle mas y sonreírle más

Lo interesante de este programa es que “arranca” con el llanto del bebé (en realidad arranca con el parto). La llamada del bebe desvalido y su seducción tierna e intensa ejercen un efecto de protección y de la desactivación de la agresividad que en casi todas las especies se enchufa o activa en paralelo con el maternaje. Efectivamente en situación de nidada es cuando mayormente la agresión debe de permanecer activada a fin de espantar a los depredadores o hacerles frente, la ternura del bebé, sus encantos y seducción operan la desactivación de la agresividad que probablemente tiene que ver – en la especie humana- con la frecuencia del postpartum blues, una situación de mínima depresión por la que atraviesan un gran numero de mujeres (40% del total de partos según Stevens y Price, op cit) tras el parto, una seducción que comparte no sólo la madre biológica del niño sino probablemente toda la comunidad, manada o jauría (con excepción del egoísta caníbal)

La primera pregunta que podríamos hacernos en relación con la conducta de la madre en relación a la alimentación de sus nidadas o camadas es ¿cómo distribuye los alimentos entre ellos?, es decir cómo discrimina las necesidades de sus hijos. La primera impresión que tenemos como humanos es que debería darse más al más necesitado, pero nada de esto parece suceder así en la naturaleza. Aun suponiendo que la madre decidiera ser equitativa entre sus hijos, existe la evidencia de que las madres alimentan primero y con más comida a los que más pían, gruñen , se quejan o más demandantes se muestran en relación con el nursing materno. Este tipo de conductas se han relacionado con la evidencia de que los gritos estridentes de las crías podrían ser un señuelo para un depredador, aunque también pueden interpretarse como una forma de presión selectiva a través de la competencia fraternal que tiende a favorecer al más fuerte, no es una excepción en determinadas especies (depredadores sobre todo) el canibalismo fraternal como más adelante veremos.

Otra pregunta interesante en relación con esta forma de altruismo que representa el nursing es ¿cómo opera en los individuos concretos?, es decir qué clase de pulsiones se ponen en marcha para que los padres dediquen tiempo y esfuerzos en alimentar, cuidar o proteger a sus hijos a veces con riesgo para su propia vida o sucesivas descendencias.

Se dice desde la sociobiología que cada individuo hace continuamente un balance entre su inversión en cuidados y el tamaño de la inversión genética que son los hijos, como también y por aproximación las hembras de todas las especies hacen balance entre el tamaño de sus nidadas con arreglo a la previsión de recursos en un momento dado y a través de lo que Wynne-Edwards (1962) ha llamado censos de población periódicos entre los estorninos de su estudio..

El programa de cuidados parentales que en muchas especies es una tarea compartida entre macho y hembra (aunque siempre con un mayor compromiso de la hembra), tiene que ver con el reconocimiento de la parentela, que a su vez es una subrutina derivada del marcaje sexual. Este reconocimiento en casi todas las especies se produce ligado al imprinting y en otras donde los individuos no se reconocen entre si tiene que ver con el olor o señales acústicas (por ejemplo en las pavas). En los mamíferos ya existe un nuevo programa genético, el apego (Bowlby 1988) diseñado especialmente para aquellas especies cuyas crías precisan de cuidados adicionales al nursing, se trata en estos casos del teaching que obliga a la madre a enseñar técnicas de caza o estrategias de supervivencia en la sabana que muchas veces se limitan al seguimiento basado en la impronta y a un emergente apego observable en aves y mamíferos.

Es en los humanos donde el apego ha desarrollado y multiplicado la duración total de su emergencia, quizá a consecuencia de que el bebé humano es el más desvalido de toda la escala animal y sus aprendizajes precisan de una mayor complejidad y dedicación. Quizá por eso, los humanos seamos tan vulnerables a las pruebas de ternura de un bebe abandonado, o a la seducción de su llanto, una estrategia compasiva que no cabe esperar en la naturaleza exceptuando algunas situaciones puntuales y que en otro orden de cosas seamos también tan vulnerables al abandono parental o a la negligencia de los cuidados parentales

Podemos afirmar que este programa se encuentra en estado potencial en todos y cada uno de los seres humanos (y en realidad de todos los mamíferos y en muchas aves) sean machos o hembras. Cada especie distribuye las cargas del “nursing” de una manera u otra, en algunas sobre todo en aquellas donde la fecundación se realiza fuera del cuerpo de la hembra, pueden ser los machos los que se encarguen de esta función, pero la estrategia más generalizada entre los mamíferos es que esta tarea se encomiende a la madre, probablemente por razones hormonales y también por la evidente incapacidad de la hembra vivípara de deshacerse de su bebé, conducta que podemos observar en algunos peces y cefalópodos.

Los programas genéticos encargados del maternaje son los mismos que los encargados de la reproducción, y existen en todo el reino animal pruebas de que “cuidar a la propia progenie” y “cuidar de la progenie de otros” son el mismo programa genético. Se trate de hijos biológicos a adoptivos la cascada de creencias irracionales acerca de ellos, de su belleza o valor exceden al egoísmo de los propios genes y nos inducen a pensar si no existirá algo más en los seres humanos distinto al egoísmo genético que explica casi siempre las adopciones de bebés en los animales a partir de un “error” en su reconocimiento o bien en una pulsión que aparece tras haber perdido una cría, lo que emparenta desde el punto de vista evolutivo a la depresión por pérdida (duelo) con la adopción

Es decir, la evolución pudo haber presionado sobre los sentimientos de perdida a fin de lograr reponer el hueco sobre los programas de cuidado de las madres, en este sentido el robo de bebés, una conducta que se ha descrito en los simios podría representar la supervivencia del deseo de cuidar activado tras el parto en una madre que perdió a sus crías. Sin duelo, no puede haber, efectivamente reconocimiento de la perdida.

 

Podemos cuidar de los bebes de otros sin importarnos demasiado si son o no nuestros propios hijos. La ternura que nos desencadena un bebé cualquiera es similar a la que sentimos por nuestros propios hijos. Es un hecho que la adopción de bebés no aporta ninguna distinción significativa al “nursing” o al “teaching” que se realiza con los propios hijos. El lector entenderá que esta pregunta es sólo retórica en el sentido de que si existe en el ser humano un programa diseñado para alimentar, cuidar y enseñar a nuestros propios hijos, este programa puede activarse a partir de cualquier estimulo más allá del parto o de las señales hormonales. Los seres humanos somos capaces de una acción sublime y de otra infrahumana, somos capaces de cualquier cosa y a veces a partir de estímulos similares. La razón por la que existen padres adoptivos eficaces que no son padres biológicos es a consecuencia de la indeterminación de los programas genéticos que les sirven a ambos de soporte, no existe un programa que nos induzca a cuidar, amar y proteger a nuestros hijos, sino un programa que nos induce a procurarnos una pareja sexual, sí podemos a mantenerla, si es posible que sea cooperadora. Una vez hayamos logrado reproducirnos el mandato es cuidar del nido, alejar a los depredadores y si no podemos hacer nada, huir y dejar a nuestra descendencia en las mandíbulas del depredador. El resto, es – naturalmente- cultural. La constante yuxtaposición entre agresión y reproducción nos hace comprender que la maternidad no es una pulsión arcangélica, sino un instinto sometido a colisiones, inhibiciones y constantes adaptaciones de compromiso con pulsiones distintas, a veces de signo contrario

07
nov
07

Despiojar:” el grooming”

En inglés la voz groom significa la acción de cepillar a los caballos. Los etólogos han usado este verbo para señalar las conductas de despiojamiento, cuidado de la piel, desparasitación, aseo, lustramiento, cepillado, rascado, caricias, etc, tanto de aquellas maniobras que se hacen en parejas de la misma especie como el autolustramiento que se hace a solas o bien mediante la intervención de otra especie que en mutualismo simbiótico aprovecha los desechos o parásitos dérmicos o incluso intracavitarios como sucede en determinadas especies de peces especializadas en limpiar la cavidad bucal de otros carnívoros que mediante las oportunas señalizaciones dejan hacer sus tareas a determinados pececillos.

Y dando lugar a una nueva especialización: la de aquellos que engañan al pez huésped haciéndole creer que son desparasitadores cuando sólo son descuideros. Un error de reconocimiento que no representa evolutivamente hablando ninguna desventaja sobreañadida a la que disfrutan ambas especies..

Los parásitos han debido representar una de las plagas más importantes con que la especie humana se ha enfrentado desde sus orígenes: los piojos, pulgas, sarna, garrapatas, oxiuros, tenias, ladillas etc, han debido coexistir con las picaduras de insectos u ofidios así como los alimentos venenosos en cohabitación constante con nuestra especie hasta hace recientemente muy poco tiempo. No solamente han sido vehículo de importantes enfermedades (paludismo, sarna, tifus exantemático, etc) y riesgos constantes para la vida sino también de molestias constantes en la piel y de inquietud constante en los individuos parasitados que debieron ser la mayoría.

Despiojarse a solas es bastante difícil debido a que para el individuo es imposible llegar con sus propios medios a cada uno de los rincones donde los parásitos anidan y de hecho el despiojamiento ha sido quizá la primera interacción social entre individuos, mucho antes que el juego, el baile, la celebración o el coito consensuado. Una conducta que redundantemente no sirve tan sólo para asearse sino que también y secundariamente fortaleció los vínculos sociales, grupales, familiares y sexuales y acaso también las primeras discriminaciones entre individuos, que podríamos dividir en dos grandes grupos: los que siempre desparasitan (bondadosos) y los que nunca lo hacen aunque son desparasitados (tramposos). A los primeros les llamaremos altruistas y a los segundos egoístas, aunque la evolución llegó a compromisos de altruismo mutuo (Trivers,1971): despiojarse en parejas, una actividad que seguramente iniciaron las madres a partir del aseo de sus crías y una estrategia que ganó adeptos y por tanto posibilidades genéticas, desparramándose por la población como una estrategia poderosamente estable y que respondería a un sencillo programa como este:

(Si) yo te despiojo ahora

(Entonces) tu me despiojas después

Lo que abrió la puerta a una contraestrategia evolutiva simétrica: el engaño, es decir la estrategia de aquellos individuos egoístas que aceptan la desparasitación sin aceptar los costos de la misma (despiojar a su vez). Pero este tipo de engaños no pueden repetirse de nuevo con la misma pareja ya avisada, de modo que el individuo tramposo deberá buscarse para cada desparasitación una nueva pareja ingenua que le despioje primero y que luego se quede con las ganas de ser – a su vez – desparasitado. La razón por la que estos tramposos no han prevalecido en la mayoría de la población es que una vez descubiertos en sus intenciones la mayor parte de los individuos ya no invertirán esfuerzos en su despiojamiento, con una salvedad: aquellos bonachones que con independencia de la experiencia no aprenden de sus errores o son incapaces de negarse a despiojar a un necesitado.

El problema es que en una comunidad no pueden existir demasiados bonachones porque ejercerían un efecto poderoso de llamada frente a los tramposos, de modo que ambas poblaciones, bonachones y tramposos extremos están poco representados entre las comunidades de homínidos parasitados y por consecuencia en ese almacén de posibilidades génicas (Bateson 1979) que llamamos genoma. Una vez institucionalizado el engaño la contraestrategia siguiente es la anticipación del engaño que practican casi todo el resto de individuos, aun aquellos que practican el altruismo reciproco, pero las cosas tampoco son lo que parecen, porque siempre uno tiene que empezar a invertir esfuerzo el primero a la espera de que el otro no le traicione después, la lógica opera de parte de entender que el otro puede ser un traidor, de modo que lo natural es la estrategia desconfiada, es decir no empezar nunca el primero a despiojar a nadie y luego una vez encontrada una pareja en la que confiar aplicar el modelo “toma y daca”: yo te despiojo a cambio de que me despiojes.

Lo que da como resultado una inevitable decepción en algunos individuos, aquellos vengativos que fueron traicionados una vez y se comportan ya siempre como tramposos, imitando la conducta de los egoístas verdaderos y yendo a la caza y captura de bonachones a los que explotar. Además, existe otra casta de individuos, aquellos lunáticos en los que no es posible prever si se comportarán de un modo altruista, egoísta, cooperador o explotador, lo que viene a complicar aun más la malla de conductas relacionadas con la desparasitación.

Estrategias relacionadas con la desparasitación de congéneres

ESTRATEGIA

CONDUCTA

Explotadora o tramposa

Acepta la desparasitación pero no desparasita a nadie.

Bonachona o ingenua

Desparasita siempre con independencia de si es o no desparasitado

Toma y daca

Comienza siendo cooperador, pero luego solo lo es con quien le despioja

Desconfiada

Comienza siendo tramposo (por anticipación del engaño) pero luego es cooperador con quien coopera

Lunática

Imprevisible, coopera o traiciona al azar

Vengativa

Una vez fue traicionado y traiciona siempre

Estas conductas están sometidas a autoregulación por oscilación critica, cada una de ellas precisa de las vecinas. En efecto, la desaparición de los individuos tramposos generaría una proliferación de individuos bonachones que a su vez serían explotados por los vengativos o los desconfiados que poco a poco irían haciéndose más numerosos, disminuyendo simétricamente las poblaciones de bonachones o emergiendo nuevas conductas similares a los explotadores egoístas extinguidos que cada vez dispondrían de herramientas de engaño más perfeccionadas, lo que provocaría a su vez la disminución de los vengativos o desconfiados peor equipados para la explotación que los genuinos egoístas.

Por otra parte la extinción de la población de bonachones tendría un efecto letal sobre la población de egoístas explotadores que por mutación deberían disponer de nuevas estrategias cada vez más sofisticadas de engaño para explotar a desconfiados o a los “toma y daca”. Ambas posibilidades indican que aquellas conductas destinadas al engaño o a la discriminación y anticipación de potenciales engaños se verían favorecidas por la selección, como así parece haber sucedido en nuestra especie.

A modo de simulación en un esquema de teoría de los juegos vamos a asignar puntuaciones arbitrarias al resultado obtenido en relación con el resultado de la desparasitación, daremos +5 puntos cuando alguien consiga ser desparasitado y -2 al costo de desparasitar a otro. En la interacciones de parejas y a largo plazo, es decir teniendo en cuenta que hay más de una ocasión de desparasitarse sucedería lo siguiente:

¿Quién conseguirá ser desparasitado?

Tabla de interacciones entre conductas de desparasitación:

Egoista

Bonachón

Desconfiado

Toma y daca

Vengativo

Lunático

Egoista

Ninguno

Egoista

Ninguno

Ninguno

Ninguno

Ninguno

Bonachón

Egoista

Bonachón

Desconfiado

Ambos

Vengativo

Lunático

Desconfiado

Ninguno

Ambos

Ninguno

Ambos

Ninguno

?

Toma y daca

Ninguno

Ambos

Ambos

Ambos

Ninguno

?

Vengativo

Ninguno

Vengativo

Ninguno

Ninguno

Ninguno

Ninguno

Lunático

Ninguno

Lunatico

?

?

?

?

De donde se desprende que en términos de conseguir el propósito de lograr ser desparasitado (cuando el juego se juega más de una vez) la estrategia “toma y daca” es la que sale mayormente beneficiada. Curiosamente, el lunático puede esperar ser desparasitado cuando sus interacciones con los “toma y daca”, o los desconfiados vayan en la línea de cooperar, pero quedará sin desparasitar cuando se enfrente a estrategias egoístas o a sus propios compañeros lunáticos impredecibles. La estrategia vengativa sale mal parada y sólo gana en su interacción con los bonachones, casi tan mal como los egoístas que dependen en exclusiva de la población de ingenuos para subsistir, sin embargo el bonachón que a primera vista pareciera el mayormente perjudicado en sus interacciones desparasitadoras puede esperar cooperación de los individuos “toma y daca”, de los desconfiados y de sus congéneres bonachones, constituyendo una estrategia con mayor puntuación evolutiva que las “tramposas o malvadas” es decir de los no cooperadores bien sea por egoísmo o rencor.

Se trata de una aplicación del conocido “dilema del prisionero” descrito por Lindgren que tiene enormes aplicaciones entre distintas entidades, en este caso dos individuos que se desparasitan entre si y que ponen en juego sus intenciones de confianza y engaño, dando lugar a un número determinado de estrategias, donde mediante un sencillo modelo es posible predecir cual de ellas será más adaptativa y cual de ellas contará con un puntaje menor en términos evolutivos. Para aplicar este modelo necesitamos algunas condiciones, (1) una interacción entre dos individuos, (2) que esa interacción no se limite a una sola jugada y (3) que exista la posibilidad de ganar ambos (juegos de suma cero), es decir que sus reglas sean distintas a los conocidos juegos de azar donde lo que gana un jugador lo pierde el otro. Es aplicable por tanto a los modelos de altruismo reciproco que encontramos en la naturaleza, dado que en la desparasitación ambos jugadores ganan si cooperan entre si, pierden ambos si no cooperan en absoluto, dándose situaciones intermedias en las que unos ganan más que otros en función de la estrategia elegida, aunque no por mucho tiempo.

Si aplicáramos puntajes a cada una de estas conductas relacionándolas con los beneficios obtenidos (desparasitación) y el costo de los mismos (desparasitar a otros) nos encontraríamos con el mismo resultado: las estrategias vengativa y egoísta tienen ganancias importantes dado que no tienen gasto, pero sus interacciones se ven constreñidas hacia un tipo de individuos concretos: los bonachones que con matemáticas de por medio salen mejor parados de lo que esperábamos, por el contrario las estrategias desconfiada y “toma y daca” son las que con una menor ganancia por partida aseguran un mayor numero de interacciones y además cuentan con la ventaja de haberse desprendido del gasto de atención a los tramposos y explotadores que no pagan sus deudas. La estrategia lunática que por definición opera al azar puede asegurarse y predecirse que obtendrá una puntuación intermedia siempre que coopere y muy malas notas cuando sus tiradas consistan en no cooperar.

Puntuaciones obtenidas en las interacciones entre estrategias

Egoísta

Bonachón

Desconfiado

Toma y daca

Vengativo

Lunático

Egoísta

0

Egoísta +7

0

0

0

0

Bonachón

Egoísta +5

Bonachón +3

Ambos +3

Ambos +3

Vengativo +7

Lunático +7 o +3

Desconfiado

0

Ambos +3

0

Ambos +3

0

?

Toma y daca

0

Ambos +3

Ambos +3

Ambos +3

0

?

Vengativo

0

Vengativo +7

0

0

0

0

Lunático

?

Lunático +7 o +3

?

?

?

?

Como conclusión, mediante este sencillo modelo podemos predecir que las estrategias altruistas de dirección reciproca se encontrarán ampliamente representadas en el genoma de las especies gregarias sobre todo y que este tipo de conductas obtienen al menos en las interacciones entre parejas de individuos altas puntuaciones evolutivas, en relación con las estrategias explotadoras que a primera vista podrían parecer más adaptadas dado que el individuo sólo trata de hacer prevalecer sus propios genes. Ya hemos visto en el ejemplo de la desparasitación que el altruismo reciproco y la cooperación resultan mejores estrategias de supervivencia cuando la interacción entre individuos les obliga a repetir las jugadas altruistas continuamente como sucede con los animales que conviven en grupos y en esencia también con los individuos humanos.

Sin embargo existe un pero a esta actitud, ¿todos los individuos se beneficiarán por igual del altruismo ajeno, dando por sentada una conducta cooperadora? Existen relaciones altruistas que no pueden explicarse por los beneficios mutuos en la cooperación, se trata en estos casos de un altruismo asimétrico, donde un individuo se beneficia mayormente del altruismo de otro sin que a cambio aporte ningún pago por esos dones, me refiero sobre todo- pero no sólo- al beneficio que los hijos extraen de sus progenitores.

Una explicación a la extraña conducta de ayudar a los demás viene de la teoría de la empatía: se trata de la conmoción que nos procura el estado afectivo de otra persona, mucho más como es natural si es un allegado o pariente. El humano es capaz de sentir en su propia piel el estado afectivo de otra persona siempre que nos resulte comprensible (lo incomprensible propicia más bien el temor y el alejamiento que el deseo de ayudar)

Parece ser que este deseo de ayudar está relacionado neurobiológicamente con las “neuronas en espejo”. Se trata de una especie de neuronas cuya función neurobiológica es el plagio de emociones vistas en otros a la que los humanos somos bastante proclives, por eso lloramos en las películas sentimentales o nos asustamos en las películas de miedo: porque somos capaces de “leer” los sentimientos de otros. Pero la cosa no queda simplemente en la posibilidad de la lectura en otro de una determinada emoción, para que nos pongamos manos a la obra en el deseo de ayudar a otra persona es necesario que más allá de la cognición de la necesidad de ayuda del otro, seamos capaces de conmovernos con su petición. El celebre adagio “ quien no llora no mama” es bien cierto en tanto que existen estrategias de demanda de ayuda eficaces y estrategias de demanda de ayuda ineficaces. Está demostrado que nuestra capacidad de cooperación y de brindar ayuda a los demás viene determinada por la habilidad del demandante en conmovernos y en hacernos saber su necesidad de tal modo que la hagamos nuestra. Está estrategia se halla bien implantada en todo el reino animal y en algunos casos como en el cuclillo llevada a sus últimos extremos de “manipulación” y engaño.

Ver esta página para ampliar conocimientos sobre “El dilema del prisionero” 

05
nov
07

¿Qué es un gen? (II) o Dios carece de planes

Los genes carecen de intencionalidad, la selección natural aunque es un proceso creador es ciego e inconsciente (Ayala 1994), en cierto modo tautológico, y además: que la evolución carece de planes, limitándose a acotar una serie de posibilidades cuyo borde externo es la selección natural, aunque ya veremos más adelante como no es solamente la selección natural (selección del más fuerte) la única consideración que toma en cuenta la evolución. Hay que contar además con el azar presente en la recombinación, la deriva genética, la selección sexual y otras cuestiones que hoy se nos aparecen como misteriosas, como por ejemplo sucede con la redundancia génica, es decir los genes que no codifican ninguna proteina.

Una intencionalidad que poseen todas las criaturas vivas y que de este modo se han constituido en todas las ciencias observacionales como el eje de todo nuestro interés. La psicopatología evolutiva se ocupa de las causas lejanas de los trastornos mentales y carece de hipótesis intrapsíquicas que deberán ser completadas por otros modelos. Extrae de ellas leyes filogenéticas estables que nos expliquen cual es el resultado predecible de nuestros genes en colisión con nuestro medio ambiente.

Pero hay que recordar además otras cosas: el ser vivo individual sea animal o vegetal tiene muy poca importancia para el desarrollo de ese “plan genético de la especie”, opera tan sólo como una máquina transportadora mueble (en el caso de los animales que se mueven) y como una máquina transportadora inmóvil (en el caso de las plantas), aunque no hay que olvidar que es precisamente la máquina individual la que tiene intencionalidad y elabora planes para sí misma, esta es la paradoja entre los “planes de la especie” que se limita a favorecer o a penalizar determinadas estrategias de supervivencia y los planes del individuo que alberga deseos, impulsos y elabora, además planes propiamente dichos, autodirigidos hacia la autoconservación yendo más allá de la reproducción o incluso evitándola.

. En el primer caso (los animales) la evolución premia la movilidad y en el segundo caso – en las plantas- el crecimiento. Dos estrategias que conviene recordar de cómo los genes se han dispuesto para diversificar su estrategia de inmortalidad jugando a los dos barajas de los reinos vivos. Quizá convenga ahora insertar una idea que conviene recordar: los genes que existen en las plantas, en los protozoos, los insectos, los mamíferos y el hombre son exactamente iguales (con la exclusión de algunas mutaciones). Con excepción de los virus (que son genes escapados de maquinas imperfectas), todos los seres vivos comparten un mismo acervo génico, aunque en distinto número de volúmenes, páginas y secuencias y todos, además, sirven al “plan” – con comillas- de esos mismos genes de replicarse y conseguir pasar a la siguiente generación mediante copias de sí mismos.

Sin embargo, no hay que caer en la tentación de imaginarse la vida como un plan predeterminado para esos mismos genes. Es cierto que todo pareciera indicar que existe una manía finalista en su comportamiento cuyo propósito sea la inmortalidad, al menos para los más aptos de entre ellos, pero hay que recordar ahora, que la evolución no dispone de ningún plan externo a si misma. De existir Dios, este carecería de planes para los seres vivos, la evolución es ciega, se limita a penalizar o a premiar distintas estrategias de supervivencia, no de los seres individuales que son finitos y contingentes sino de los propios genes que carecen de intencionalidad, no piensan ni planean pero que necesitan insertarse en esas máquinas para sobrevivir.

Después de estas consideraciones ha llegado el momento de preguntarse ¿qué podemos esperar de un gen? o preguntado de otra forma ¿hasta dónde llega el determinismo?

COOPERANDO ENTRE SÍ

Es evidente que todo el conocimiento, toda la sabiduría acumulada por un individuo concreto no puede transmitirse a través de sus genes. El arte, lo más sublime que el hombre pueda imaginar o crear no dispone de ningún mecanismo de transmisión que no resulte directamente del aprendizaje, contradictoriamente con esta idea un invento hecho por un sólo miembro de una comunidad humana puede beneficiar a toda la comunidad mediante la tradición. En este sentido podemos afirmar que cada individuo cuando nace es una “tabla rasa insertada en una sociedad” que debe recorrer en su propia vida el periplo de toda la humanidad, como recorrió durante su etapa embrionaria toda la evolución en su vertiente filogenética. Sin embargo esta afirmación tiene algunas excepciones.

Se trata – en primer lugar- de los “aprendizajes fáciles” (prepared learning). Se trata de programas preformados (que en realidad son distintos genes cooperando entre si) y que llevan inscritos una especie de código de uso, de instrucciones fáciles que cualquier individuo puede con muy escaso esfuerzo aprender aun sin tener que llegar a enfrentarse al dilema de encontrar una solución automática en que le vaya la vida.

El miedo es una emoción innata y es seguro que está codificada por nuestros genes, se trata de una reacción que admisiblemente ha tenido que tener prioridad en la evolución dado su efecto evitador de los peligros. Lo mismo sucede con el orgasmo y con el coito: un aprendizaje fácil, aunque no exento de una mínima técnica para su ejercicio (los movimientos coordinados del coito son innatos, pero no la técnica en si). En este sentido podemos especular sobre dos programas de distinto sentido: uno aversivo y otro orgiástico: Dirían más o menos así:

Orgiástico Aversivo

Si sonrisa (o) Si cara seria (o)

Sabor dulce Sabor amargo

(Y) placer (Y) dolor

(Entonces) Repetir (Entonces) Evitar

Estos dos sencillos programas estarían regulados por distintos genes:

- Uno para reconocer patrones de amistosidad u hostilidad en la cara de nuestros congéneres y por extensión en todo el reino animal.

- Al menos cinco más para reconocer los cinco sabores.

- Dos genes para reconocer (y modular) el dolor y el placer

De la interacción entre ellos podríamos obtener dos tipos de conductas globales: una de acercamiento y otra de evitación. Cada individuo deberá poseer en su acervo génico las dos posibilidades dado que un individuo que no pudiera reconocer el dolor o la hostilidad de un adversario tendría sus días contados y muy probablemente no llegaría a la edad necesaria para reproducirse, se trataría pues de un proyecto malogrado y sus genes serian aniquilados. Sin embargo y aunque todos los individuos poseen combinaciones distintas en sus genes de miedo y de valentía, en los fenotipos individuales podríamos diferenciar a los individuos miedosos, de los cautelosos, los osados y aun los temerarios. Y lo más sorprendente: que un individuo cualquiera – quizá los más versátiles de entre ellos -, podrían comportarse hoy como miedosos, mañana como osados, más tarde como temerarios, según la evaluación que hicieran o el contexto en que observáramos su conducta. En realidad sólo los miedosos o los temerarios extremos podrían verse penalizados por la evolución y resultar dañados en sus interacciones con los demás. La evolución ha maximizado esta estrategia a través de la poligenia, que es un almacén génico de posibilidades de acción que aseguran al individuo múltiples jugadas, una para cada ocasión y moduladas –además- por el ambiente en que se producen.

Un programa tan sencillo como el que acabo de enunciar, seguido de algunas instrucciones más o sustituidos por otras podrían gobernar distintas conductas que incluirían: la selección y evitación de alimentos venenosos (los alcaloides son amargos), la evitación de los animales ponzoñosos (tienen cara de pocos amigos), burlar a los depredadores (reconocer su superioridad y fuerza), discriminar a las hembras disponibles para el coito de las que no lo están, apartarse del fuego, etc.

Probablemente este tipo de “programas” no están disponibles tan sólo en el hombre sino en toda la escala animal. En este sentido el “programa” sería un paso intermedio entre lo aprendido y lo innato, se trataría de un algoritmo de fácil aprendizaje en el sentido de Seligman. Su soporte material: genes diversos cooperando entre sí.

Este concepto tiene un enorme interés porque nos permite especular que determinados temores, como por ejemplo la fobia a las arañas o la fobia a las serpientes no siempre resulten de la experiencia de exposición frente a las mismas (Marks 1991) sino que pueden responder a un temor preformado de la especie (y no solo de la nuestra) que se mantiene a través del acervo génico a pesar de que las oportunidades de un hombre moderno de toparse con una serpiente o una araña venenosa sean despreciables.

Otra de las características de estos programas es la impredictibilidad: operan por aproximación, no están del todo acabados, son plásticos y admiten nuevas líneas en su código de órdenes. Es evidente que ni la evolución ni el ordenador más potente del mundo podría contener todas las posibilidades que pueden darse en la vida real y anticipar una respuesta heurística a cada dilema planteado. En realidad es así como trabajan los programadores de juegos para ordenador, no se trata de darle al programa todas las instrucciones posibles, sino de darle las precisas: unas instrucciones generales y algunas estrategias o trucos de jugador. Por ejemplo los que se dedican a programar juegos de ajedrez, del mismo modo que cuando un padre enseña a su hijo a jugar a este juego podría empezar con una secuencia como la siguiente:

En qué consiste el juego. Objetivo: dar jaque mate al rey

Quién empieza. Inicio: salen blancas

Tiradas o jugadas Turnos: alternativos

Instrucciones: el movimiento de las piezas (el alfil va en diagonal, el movimiento en z del caballo, el movimiento recto de las torres, etc).

Excepciones: el peón puede mover dos cuadros en el primer movimiento, luego avanza de uno en uno; el peón siempre mata en diagonal.

Estrategias y trucos: defender siempre al rey, el enroque, el jaque mate pastor, dar doble jaque con el caballo al rey y a la reina, etc.

Es así como un programador de un juego como el ajedrez opera y no dándole a la máquina todas las posibilidades que como se sabe son enormes aunque no infinitas. En lugar de eso el programador se limita a instalar en el programa las instrucciones del juego y una serie de estrategias y trucos más o menos complejos dependiendo del nivel competitivo de la máquina. Una vez hecho eso la máquina juega sola y depende de sí misma para ganar o perder la partida. Hasta el momento estas máquinas no pueden aprender de si mismas (de sus errores) o de la habilidad de sus contrincantes. El ser humano sin embargo si puede hacerlo, mediante su capacidad casi infinita de mimetismo y de aprendizaje.

La plasticidad del programa puede explicarnos varias posibilidades reales como por ejemplo el error en su ejecución (transposición, supresión, etc de una línea del programa): confundir la amistosidad con la hostilidad puede ser letal para un individuo, del mismo modo que confundir la miel por un tóxico dulce (por su contenido en mucilagos o incluso por aquellos que carecen de sabor) resultaría mortal de necesidad. Pero además pueden suceder otras contrariedades. En realidad los genes no son páginas de un libro, como más atrás caricaturicé para hacer más entendible mi discurso sino una doble hélice entrelazada y plegada, pero si continuamos con esta metáfora habrá que añadir dos cosas: que ese libro puede contener páginas en numeración no correlativa y que no sabemos bien donde comienza una pagina y empieza otra.

El primer error se llama inversión y representa una catástrofe en la replicación génica, una catástrofe que la mayor parte de las veces es incompatible con la vida y que otras veces, el azar, determina la emergencia de algo nuevo: una mutación.

La traslocación es otra posibilidad que consiste en la perdida de un trozo de un cromosoma que después de plegarse acaba insertándose en otro cromosoma, una copia ( de un volumen) habría perdido páginas que se encontrarían por duplicado en el otro, lo que explica determinadas enfermedades ligadas al sexo, si la catástrofe sucede en los cromosomas sexuales.

Las mutaciones – me refiero a las mutaciones que no acaban con la vida del individuo que las porta- siempre suponen cambios instrumentales que impulsan la evolución hacia un nuevo horizonte. Un horizonte de un mayor desarrollo de complejidad.

Posición erguida = Capacidad de desplazarse y explorar otros ecosistemas.

Posición del pulgar= Capacidad de construir y utilizar herramientas

Cambios en la regla de la mujer= Acceso sexual diario y fortalecimiento de los vínculos afectivos

Invención del símbolo= Superación del determinismo puro

Podemos explicitar y extraer de la vida real un ejemplo de mutación significativa en la vida de los seres humanos: la posibilidad de que las hembras estén continuamente accesibles sexualmente, supuso un hito que cambió nuestras costumbres e impulsó al hombre hacia nuevos horizontes de cooperación y de interacción entre unos y otros en comparación con el resto de la escala animal donde el acceso es periódico y los vínculos entre ambos sexos son débiles y escurridizos. Otro ejemplo podría relacionarse con el nacimiento del arte, en realidad el nacimiento del símbolo, “algo que está en lugar de otra cosa y lo representa”, generalmente figuras de animales totémicos pintados en las paredes de las cavernas. Otro ejemplo relacionado con el anterior, la superación del determinismo puro derivado de la capacidad de representación. Otro la posición erguida, la oposición del pulgar etc. En realidad todos estos hitos evolutivos a los que me he referido son ejemplos de mutaciones, es decir de nuevas figuras que aparecen en la baraja de las posibilidades génicas, a partir de catástrofes derivadas de un defecto en la paginación del genoma. En este sentido una mutación es la emergencia de un gen nuevo que codifica conductas o estructuras anatómicas que hasta ese momento estaban codificadas por antiguos genes desplazados definitivamente por los nuevos. Las mutaciones no afectan a las especies enteras sino a los individuos concretos, sin embargo si esta mutación representa un beneficio para la supervivencia los genes mutantes se esparcirán implicando al poco tiempo a toda la población Después de ella, la especie ya no volverá a ser la misma, algo se ha perdido irremediablemente y algo se ha ganado para el futuro.

Naturalmente no todas las mutaciones pasan a formar parte del patrimonio genético común. La mayor parte de las veces las mutaciones acaban con la vida de sus portadores sin que de tiempo a transmitirse a la siguiente generación, hablamos en este caso de enfermedades letales heredadas. De entre estas mutaciones algunas – sin embargo- no tienen carácter letal sino que representan un avance evolutivo que pasa a formar parte del acervo genético común al resultar premiada por la selección natural. El origen de las mutaciones, tanto de aquellas malignas que acaban con la vida del portador y aquellas que representan hitos evolutivos suelen ser las mismas: una catástrofe o defecto en la paginación del genoma a partir de la plasticidad en la expresión del gen.

Otra de las características de los programas es que sirven a varios propósitos, están de algún modo indeterminados: las instrucciones se encuentran dispersas por toda la espiral del ADN. No podía ser de otra forma, puesto que están construidos por aproximación. Un mismo programa puede regular múltiples conductas a diferencia del gen aislado que sólo sirve a un propósito (en realidad sirve a una proteína para ser más exactos). En una conducta compleja e innata como liberar de parásitos sus celdillas las abejas precisan de dos genes distintos, uno que regula la apertura de la celda y otro que asegure su limpieza (Rothembuhler,1964). En este sentido la capacidad de error en las abejas es prácticamente nula si conserva ambos genes y la capacidad de ambos de operar en serie. El programa en comparación con el gen posee un margen de error considerable pero, a cambio puede regular múltiples conductas como ya dije anteriormente cuando me refería a la capacidad de discriminar venenos de alimentos o las intenciones de los demás.

04
nov
07

¿Qué es un gen?

Definiré al gen como la mínima cantidad de materia que trasmite información de generación en generación y al genoma: el conjunto de genes que componen el ADN, un código escrito con unas cuantas letras (cuatro nucleótidos), muchas páginas (una para cada gen) y un juego de dos volúmenes (dos copias) que contienen un numero elevado de páginas algunas de las cuales no contienen información alguna. Hablamos entonces de basura génica cuya función nos es desconocida aunque presumimos que puede guardar el potencial de cambio de la especie.

Una de las insólitas cualidades de los genes es que se replican a si mismos, son capaces de efectuar autocopias, siempre y cuando se encuentren inmersos en una “maquina” que los aísle del exterior. Este aislamiento es doble, por una parte se encuentran plegados en el ADN una macroproteina plegada en forma de espiral y por otra parte esta misma proteína se encuentra en el núcleo de la célula: el ultimo reducto de la materia, lo que nos hace pensar en que la naturaleza se ha encargado de mantenerlos resguardados en un ambiente muy poco influenciable a los estímulos externos, los genes se hallan escondidos y muy bien protegidos en esa especie de doble cárcel de donde es muy difícil aislarlos. Así sucede desde los protozoos hasta los virus que son genes huidos de estas perfectas maquinas que representan los animales o las plantas, sobreviven gracias a una película proteica que les aísla de esa “sopa primordial” hostil que representa el medio ambiente.

Al margen de la inaccesibilidad, otra de las cualidades que debe poseer un buen gen que pretenda la inmortalidad es que sea capaz de efectuar copias perfectas de si mismo. En efecto, un gen que cometiera errores en su autocopiado, terminaría por perecer al no asegurar la implantación de su código en la generación siguiente. En realidad aunque al gen lo podemos imaginar como un código, sirve fundamentalmente para crear, en realidad modelar -a partir de sí mismo- al cuerpo (y la mente) de la maquina que va a servirle de soporte. Una maquina finita y mortal desde donde lanzar su conquista de la inmortalidad: el plan preternatural de cualquier gen que sólo alcanzarán los más dotados ya que muchos de ellos sucumbirán en esta tarea de rivalidad continua en que se desenvuelve la vida de cualquiera de ellos.

Empezando por sus alelos, los principales enemigos. En efecto, en la reproducción sexual, cada gen tiene dos copias de sí mismo. Por ejemplo en la pagina x del volumen 2a de un cromosoma, podemos quizá leer “Instrucciones para el color de los ojos= pardo y en la copia 2b del juego del mismo cromosoma podemos leer “Instrucciones para el color de los ojos= azul. En la meiosis de las células sexuales ya tenemos un ejemplo de un evento donde va a escenificarse la rivalidad entre genes ¿quién tendrá preferencia, la copia parda o la copia azul?.

Sabemos que determinados alelos llamados por eso dominantes tienen preferencia y que otros alelos llamados recesivos son desplazados por aquellos. Pero aunque sean desplazados en el resultado final de la arquitectura de la maquina que da cobertura a los genes, pueden quedar en estado potencial para ser traspasados a las siguientes generaciones en sucesivos pasos, esto sucede con los individuos heterozigoticos (para este rasgo): poseen dos copias diferentes, aunque tengan los ojos marrones pueden trasmitir a las siguiente generación su potencial (el alelo recesivo) para los ojos azules. Los homozigoticos por el contrario son genómicamente lo que aparentan ser fenotipicamente: tienen los ojos marrones y solo transmitirán esa tendencia y no otra. En este sentido los individuos heterozigoticos representan la variedad y la diversidad, algo que la evolución trata de preservar con penalizaciones constantes a los homocigotos..

En este sentido podemos afirmar que el gen “ojos pardos” es mas competitivo que el gen ojos azules, por razones que probablemente tienen que ver con la mejor adaptación de este color de ojos a la radiación solar. Sin embargo la evolución no ha eliminado del todo el gen color de ojos azul, podríamos especular que se reserva esta potencialidad como una reserva génica de la especie humana

Los genes no hacen otra cosa sino codificar la síntesis de las proteínas, la arquitectura y las cadenas de reacciones químicas que dan soporte a lo que llamamos vida. Los genes no sólo construyen máquinas portadoras sino que modelan esas mismas maquinas, tanto sus cuerpos como sus mentes. Tienen pues funciones estructurales (arquitectónicas) y funciones moduladoras (funcionales).

Lo que es cierto es que aunque los genes construyen tambien la mente de los individuos, no terminan de construirla sino mediante un penoso camino de aprendizaje y de contacto con el medio ambiente. La mente sin -embargo- una vez creada llega a independizarse de quien los creó convirtiéndose en máquinas intencionales. Una intencionalidad de la que en si misma carece el gen aislado. En ese sentido no es un argumento retórico hablar de la relación entre los genes y las conductas intencionales que presentan las maquinas transportadoras, los cuerpos o las mentes, sean de las plantas o de los animales, en suma de los seres vivos: la relación que guarda el gen concreto con una u otra conducta es la misma que existe entre el negativo de una fotografía y la persona de carne y hueso que representa, el gen es el fenotipo plegado.

Existe una tendencia generalizada a confundir o a hacer equivaler las enfermedades o las conductas intencionales inadaptativas con supuestos defectos genéticos. En realidad no todas las enfermedades tienen traducción genética y del mismo modo muchas de las averías de los genes no tienen traducción clínica.. Por último las averías graves son letales y dan lugar a abortos espontáneos, su frecuencia permite deducir que estos errores son muy frecuentes en la naturaleza del mismo modo las mutaciones no son el mecanismo más frecuente de cambio génico, debido a los enormes costes que tiene para el individuo que las contiene: costes usualmente letales. La mayor frecuencia de cambio génico es debida a la recombinación, mediante la que se logra optimizar otra de las obsesiones de la evolución: la máxima diversidad posible.

La mayor parte de las enfermedades no se deben a causas genéticas sino a causas fenotípicas (en la expresión del gen) y es posible que determinadas conductas – incluso las mas inadaptativas- sean neutras desde el punto de vista evolutivo, es decir no representen ni un menoscabo ni una ventaja para los genes individuales. La enfermedad puede ser vista como una forma de presión selectiva, pero también como una forma de transmitir ventajas a las generaciones siguientes a partir de determinadas asociaciones entre genes, como por ejemplo se supone que sucede en la esquizofrenia y el lenguaje (Huxley 1964) o entre la psicosis maniaco-depresiva y el genio artístico. Este tipo de asociaciones se han constatado en determinadas enfermedades físicas como la anemia falciforme que protege a los portadores heterocigóticos del paludismo y la diabetes que ha sido en el mismo sentido considerada como una forma de protegerse frente a las hambrunas.

Los genes cooperan entre si para maximizar o minimizar la expresividad de un determinado rasgo genético, se trata de constelaciones poligénicas donde varios genes cooperan en una función dada. Algo así como si en una de aquellas metafóricas páginas sólo estuviera contenida una parte de la tarea a realizar, el plano que el arquitecto (quizá otro gen) debe leer para llevar a cabo su tarea de construcción. Este modelo de cooperación entre genes en seguramente el modelo más fiable para explicar las enfermedades mentales y aun otras- como el cáncer- que no pueden explicarse con las leyes mendelianas de la herencia.

Debemos esperar muchas cosas de nuestro conocimiento de los genes y hay otras cosas que no podemos esperar de este conocimiento. No es probable que nuestro conocimiento del genoma nos llegue a explicar la patología de la complejidad. Me refiero a las patologías multicausadas donde las causa ambientales urdan complejas conexiones con los programas genéticos heredados pero es muy probable que este conocimiento nos desvele las claves de nuestra comprensión de aspectos relevantes en esa trama determinista y de impredictibilidad que representan los seres vivos: una curiosa mezcla estocástica de causalidad y de casualidad, un punto de equilibrio entre los sistemas lineales y no lineales.

SEXUAL- ASEXUAL

Pero antes de seguir en la línea de argumentación que acabo de iniciar me gustaría recordar algunas cosas relativas al funcionamiento de los genes que es necesario poner de manifiesto.

La primera cuestión es que la reproducción sexual es un hito en la historia evolutiva de esas máquinas que ejercen de vehículos contenedores y también de mazmorras intencionales de los genes. Se trata al parecer de una práctica que ha hallado en la evolución una maximización de los resultados en la variedad genética. El “barajado” de los naipes genéticos que acaece en la meiosis primero y en la recombinación -después- en la fecundación, es sin lugar a dudas una buena estrategia de supervivencia de los genes individuales, aun al precio de no reproducir exactamente al individuo reproductor completo, tal y como sucede en los protozoos, que lo hacen por mitosis o en los hongos que lo hacen por esporas.

La meiosis puede entenderse como la partición del genoma individual a la mitad y el aparcamiento de otras posibilidades génicas para otra ocasión. Aun así, esa partición por la mitad asegura la mayor supervivencia de genes individuales que lo que sucedería en la simple mitosis, que se ha visto así penalizada por la evolución.

Son sin duda los mamíferos la máxima expresión de esta estrategia y de entre ellos el hombre es la cima de ella, un hecho tan aleatorio e impredecible que sería imposible de reproducir en condiciones de laboratorio.

Otra cuestión que me interesa recalcar en este momento es “el barajado de naipes” propiamente dicho al que antes me refería. Este barajado tiene un momento meiótico que toma en cuenta la rivalidad entre alelos, y también su colaboración intergenética y otro momento – en la fecundación- donde los genes incluidos en los gametos masculino y femenino se mezclan entre si de una forma muy especial que conocemos con el nombre de recombinación.

La recombinación es una forma concreta de barajado que se efectúa al azar y que tiende a no preservar las cualidades génicas de uno u otro progenitor en su descendencia, la recombinación trata de evitar las repeticiones asexuales. Así es un hecho conocido que:

Macho: AAEEDDHGHGHG

Hembra: AEEEDDDGFGFG

Hijo: AAEEEDDHFGFG

El resultado tenderá a recombinar a ambos (barajar) sin que se produzca en ningún caso una repetición exacta de un progenitor cualquiera. De este modo podemos afirmar que los hijos se parecen a los padres (representan el 50% de ambos) aunque ese 50% de posibilidades génicas se hallen “barajadas” de forma distinta en los hermanos y que ninguno de los hijos sea un idéntico del padre o de la madre o de ellos entre sí (con excepción de los gemelos). En este sentido los genes compartidos en las principales relaciones de parentesco serían las siguientes.

Parentesco

Genes compartidos

hijo

½= 50%

padre

½= 50%

hermanos

½= 50%

Primos hermanos

¼= 25%

Abuelos

¼= 25%

Nietos

¼= 25%

Tíos o sobrinos

1/8= 12.5%

Biznietos o bisabuelos

1/8 = 12.5%

Gemelos

1= 100%

Como puede observarse la relación genética entre padres, hijos y hermanos entre sí es la misma, lo mismo sucede entre primos hermanos y abuelos o nietos. Siendo la relación entre dos personas cualesquiera despreciable y de un 100% para los gemelos idénticos. Desde el punto de vista probabilístico significa que la probabilidad entre hermanos de tener un gen raro es del 50%, la misma que entre padres e hijos. La probabilidad de compartir un gen raro entre primos hermanos es del 25%, la misma que entre tíos y sobrinos. Lo cual indica que exceptuando a los parientes propios la probabilidad de compartir un gen raro entre la población general es despreciable, riesgo que no se encontraría minimizado si nos reprodujéramos por mitosis en lugar de hacerlo por meiosis.

Esta minimización del riesgo genético se logra gracias a la recombinación que se fundamenta en operaciones aritméticas muy sencillas, la transposición, la supresión o la repetición. (Obsérvese como en el caso anterior el hijo ha suprimido un gen H del padre y un D de la madre y ha repetido varias secuencias tanto del padre como de la madre)

Todo parece asegurar que esta forma de proceder ha sido “premiada” por la evolución al asegurar la dispersión de genes “malos o débiles”, en realidad mal adaptados penalizando aquellas estrategias combinatorias que en contacto con el medio ambiente no resultaran aptas para la reproducción. Y sobre todo, en optimizar la diversidad de posibilidades de ese almacén génico que representa la humanidad. Pero la recombinación no sólo asegura la dispersión de “genes malos”, sino que además se ha conseguido llevar a la estabilidad a las poblaciones genéticas en función de distribuciones matemáticas de pares de opuestos como sucede con las poblaciones de “halcones y palomas” o de individuos “egoístas y altruistas” (M. Smith 1975).

Todo parece indicar que la evolución ha intentado preservar ambas estrategias (la altruista y la egoísta) por ejemplo, dado que una población sólo de individuos egoístas no podría subsistir y lo mismo sucedería con una población únicamente compuesta de individuos altruistas. La diversificación de este tipo de estrategias de supervivencia se consigue mediante la poligenia: tanto los genes altruistas como los egoístas (o los ojos azules y pardos o cualquier otra característica) coexisten en el genoma, aunque no siempre se expresen en el fenotipo de los individuos portadores de la misma forma.

Esto hace que la conducta y por ende las estrategias disponibles en cada individuo sean más diversificadas y no tan rígidas como sería de esperar si sólo pudieran expresarse a nivel de fenotipo una u otra de una cualidad cualquiera. La poligenia es pues la base de la diversificación de las conductas. Y por tanto la formula que vamos a encontrar con más frecuencia en Psiquiatria.

Lo que es lo mismo que asegurar que la reproducción sexual es una estrategia bien articulada con el propósito de lograr una más amplia variabilidad genética en las especies.

02
nov
07

El siglo del Yo

Si visitaís este enlace de Entique Eskenazi podreis ver un video donde se repasa la influencia del psicoanálisis en el pensamiento del siglo XX y también la forma en que dicho mensaje ha sido pervertido, disimulado y convertido en un producto de consumo desposeido de su inicial mensaje de búsqueda y encuentro de la verdad acerca de lo humano.

Transformado en una serie de técnicas y mitos que tratan de convertir al hombre en un ser dócil, obediente y preocupado sólo por conseguir bienes de consumo que no necesita para nada, mientras que aquello que realmente precisa para mantener su dignidad de ser humano parlante le es hurtado en nombre de otros discursos.

El discurso de la ciencia que ha penetrado de tal forma en el imaginario de nuestros conciudadanos sustituyendo al discurso sobre la divinidad. Así los Hopsitales se han convertido en las catedrales del siglo XX, estar en lista de espera un artificio sobre la iniciación, estar enfermo es tan normal que visitamos con más frecuencia los quirófanos que las bibliotecas. En los Hospitales de hoy se ofician los ritos de paso de cualquier tránsito y es allí donde al final nos morimos enchufados a siniestros aparatos que tratan de mantenernos con una vida vegetal a cualquier precio. No hace falta estar enfermo para ir a un Hospital y cuando se está realmente enfermo hay un discurso que nos releva de cualquier responsabilidad y somos incapaces de asumir cualquier dolor como propio, como si nuestra subjetividad no tuviera nada que ver con el proceso, asi acabamos alienados por nuestro sufrimiento o nuestro goce y somos incapaces de darnos cuenta de que nuestra enfermedad está de alguna manera relacionada con nuestros deseos inconscientes: que cualquier deseo es una condensación de goce y que cualquier goce contiene en su reverso una dosis tanática adherida al placer. Ese es precisamente la enseñanza del psicoanálisis y su verdad: “usted hizo algo para enfermar”.

Ni se trata de eludir la responsabilidad ni de un retorno a la felicidad salvaje que preconizaron los ilustrados del siglo XVIII, no se trata de suspirar por una utopía new age que proponga una vuelta a “lo natural”o una oposición al progreso, se trata de entender que en cualquier dolor hay un deseo y que ese deseo es casi siempre ambivalente: de ahi que unas veces caiga del lado de Eros y otras veces del lado de Tanatos.

Y que lo que hace que el deseo se incline hacia un lado u otro es una conjunción de imponderables, no hay pues causalidad, sino una indeterminación en lo mental que hace que la fatalidad caiga en un “a posteriori” factual o en la posterioridad interna, una posterioridad que siempre adquiere sentido con la muerte, el único imponderable que es además seguro e irreversible, definitivo.

Tal y como asegura Francisco Mora esta semana en una entrevista publicada en “El cultural” ninguna enfermedad mental está determinada. La fatalidad está en el medio ambiente, en las circunstancias, en esa aleatoriedad siniestra que unas veces conspira para mal y otras -la mayor parte- para dejar las cosas como están.

Y sucede por una razón: porque todas nuestras pulsiones (deseos) son ambivalentes, tenemos ganas de matar pero tambien de amar, de autodestruirnos pero tambien de redimirnos, de abandonar pero tambien de seguir vinculados, de ser únicos pero tambien de pertenecer a algo.

Eros y Tanatos siempre están guerreando como todos los opuestos. Es el azar, la realidad la que complementa y decide quién se manifestara en la próxima vuelta del tiovivo.




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