Archivos para 30 diciembre 2007

30
dic
07

El fetichismo del pie

El fetichismo es la madre de todas las perversiones y advierto que en este post no voy a utilizar la palabra “perversion” como una descalificación moral sino en su sentido psicoanalítico que tiene que ver con una serie de operaciones anímicas que tienden a transformar una pulsión en otra cosa distinta, en este caso el fetichismo es una operación primordial que está relacionada con las leyes de la magia, aquellas que describió el antropólogo Frazer y que denominó magia simpatética. En este caso el tipo de magia que utiliza el fetichista es tomar “la parte por el todo”.

Metonimia pues es el fetiche: una especie de fotografía, un icono que opera por contigüidad, sobre un recuerdo infantil relacionado con el descubrimiento de la ausencia del pene en la mujer. Según la teoría clásica el fetiche es un objeto cualquiera que opera por proximidad o vecindad, no es un símbolo sino un icono como el pie o el zapato, algo que sirve para denegar el recuerdo: un recuerdo relacionado con el descubrimiento de la diferencia sexual, algo que se vió “inmediatamente antes” y que aparece como un objeto congelado, suspendido, pues su función es -precisamente- la de denegar un conocimiento al que ya se ha tenido acceso: el conocimiento sobre la diferencia.

piedeloto.jpg

 

Observese el tamaño del pie: pequeño y puntiagudo: deja a la mujer indefensa para la carrera e incluso para caminar o sostenerse en pie.

Todo fetiche es aprensible, en tanto que es un objeto inanimado, relacionado con cierta estructura por esa relación de contigüidad. El gusto por las bragas femeninas, los sujetadores o las medias, los zapatos o zapatillas, no es azaroso, sino que responde -precisamente- a una relación que lejos de ser simbólica, se comporta como una representante de cercanías de lo deseado y temido. Precisamente, la característica del fetiche es, que al ser un objeto inerte, es apresable, en comparación con su dueño, que está vivo y quizá por eso es inaprensible, en tanto que lo vivo está sujeto a la voluntariedad y a una cierta objetividad. Lo objetivo es el enemigo de la fantasía, compuesta siempre por lo objetal, es decir, por el deseo que completa lo objetivo y le da forma. Para Castilla del Pino como para Freud el pie es sin embargo un atributo fálico. Y es verdad si recordamos ahora esa costumbre bárbara de los chinos de vendar los pies de la niñas para hacerlas asi más deseables. El pie de loto -costumbre que ya prácticamente ha desaparecido- aseguraba a sus poseedoras un buen matrimonio y un alto estatus, pues tener un pie pequeño y puntiagudo era un signo de alcurnia que por una parte impedía -después de largos tormentos- a sus portadoras, sostenerse en pie por si solas, caminar aprisa o aun trabajar.

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Tamaño comparativo entre un pie normal y un “pie de loto”.

El fetiche condensa, el todo por la parte, la totalidad del objeto al que es imposible acceder…El pie es muy estimado porque es a través de él como obtiene la gratificación parcial en sustitución al placer genital propiamente dicho. La mano o el pie son equivalentes del látigo, de la espuela o de cualquier otro objeto útil para la punición lo que tiene relación con las pulsiones sadomasoquistas. El significado de los mismos es muy complejo. Se trata de un atributo que le confiere al partenaire femenino un poder fálico al mismo tiempo que se le sustrae el poder de caminar erguida como en el caso del pie de loto, es un ser y no ser, la esencia de la denegación. Esto satisface la fantasía de la doble tendencia homo y heterosexual (castración-no castración) que el hombre anhela en muchos casos, en tanto que fálica -la mujer sin pie de sustentación- se constituye en objeto ante el que se somete, como antes al padre todopoderoso, en tanto mujer compone un objeto materno substitutivo.

El fetiche es la condición de amor, “tiene que ser así y sólo así”, parece querer decir el fetichista, lo que hace inclasificable cualquier fetichismo, puesto que existen tantas variantes como individuos y posibilidades de goce: el fetichismo es el equivalente sexual de la sutileza. Y está tan extendido que podriamos afirmar que el amor normal es fetichista en tanto que el enamorado siempre dirá:

“Solo a ella y a nadie más que a ella”

Y por eso el fetichismo de los pies habita aun entre nosotros. Esta es su versión occidental.

tacon.jpg

 

22
dic
07

Briquet y su síndrome

Apellidarse Briquet (mechero) y encima que tus padres te pongan de nombre Pierre (piedra) es una de esas bromas pesadas que nos gastan nuestros progenitores y que de alguna manera determinan nuestro destino. Pierre Briquet no tuvo, pues, más remedio que dedicarse la la Psiquiatría y allá por 1859 siendo médico de aquella gran institución conocida como la Salpetrière comenzó a tratar casos de aquellos que en aquella época se llamaban histeria y que hoy se llaman de muchas formas distintas debido a la atomización que nuestra especialidad ha sufrido desde la llegada de los psicofármacos.

Briquet ha pasado a la historia de la Psiquiatría porque acuñó un sindrome que lleva su nombre, “El sindrome de Briquet” y aunque en vida fue poco conocido debido al oscurecimiento de su figura propiciado por su discípulo Charcot, lo cierto es que sus minuciosas descripciones clinicas y la acumulación de casos que consiguió mientras investigaba su curioso síndrome le han valido su paso a la historia más allá de lo que Charcot mismo consiguiera.

Para entender la muestra de pacientes con las que Briquet trabajó es necesario que nos adentremos un poco en la sociologia de aquellos antros llamados manicomios en pleno siglo XIX, ¿quién habitaba en ellos?

No siempre enfermos verdaderos, ni locos, sino una especie de magma humano de indigentes, alcohólicos, sifiliticos, enfermos neurológicos orgánicos, tuberculosos, prostitutas, embaucadores de toda ralea, criminales, estafadores, oligofrénicos e idiotas, disidentes políticos, mujeres abandonadas por sus maridos y acusadas de locas, minusválidos, sordomudos, ciegos y seres simplemente feos o monstruosos asi como toda clase de personas que por unas razones u otras habían sufrido exclusiones sociales debido a la pobreza, la ignorancia o el maltrato. La Salpetrière no era un hospital tal y como lo concebimos hoy sino un hospicio, un asilo, un lugar donde cohabitar con lo monstruoso que coexiste en lo humano, más que un Hopsital La Salpetriere era en tiempos de Charcot una especie de circo donde todos los martes el gran guru de la época dictaba sus lecciones y presentaba en sociedad a sus enfermos para explicar su teoria sobre el sufrimiento mental al que Charcot pretendía aplicar el metodo de investigación médico, un error en el que ha caido la Psiquiatria actual persistiendo en la visión organicista que el propio Charcot intentó aplicar sin éxito al conocimiento y explicación de la histeria.

La mayor parte de asilados en su pabellón eran mujeres, con ellas investigó y describió Briquet su ya notorio síndrome. El que lleva su nombre.

¿Qué clase de mujeres estaban ingresadas allí?

No se diferenciarían mucho de aquella que pintó Delacroix, “Joven huérfana en el cementerio”. En este cuadro puede observarse el rostro de una mujer joven en una situación que podríamos identificar con el desamparo, en el contexto de una inteligencia baja y con una expresión que no dudariamos en asociar con la indefensión más absoluta.

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Huérfanas, criadas repudiadas , toscas campesinas analfabetas, pero tambien esposas díscolas, prostitutas y aventureras, locas y viejas demenciadas. Briquet atendia alli a un grupo de parias abandonadas por el mundo a su suerte y que necesitaban para seguir en aquel lugar una etiqueta psiquiátrica que justificara su ingreso perpetuo. Y ellas se lo brindaron con creces.

El sindrome de Briquet, tal y como su descriptor lo definió era una forma de histeria, es decir una enfermedad simulada con conciencia o sin ella por parte del sujeto que la padecía y que se caracterizaba por quejas somáticas, casi continuas y fluctuantes que no tenian justificación orgánica. Hoy le llamamos trastorno por somatización que es una manera de renegar de la historia reciente de la psiquiatria, porque decir somatización no es decir nada en términos de tradición, hay que hablar pues de la histeria, de las histéricas de la Salpetrière, las que estudió Charcot, Freud, Binet, Janet y Babinsky, todas ellas fueron los “conejos de laboratorio” de un gran proyecto histórico que iba a poner patas arriba la concepción somaticista de nuestra disciplina sobre todo después de Freud. La mente y el cerebro desde entonces no son la misma cosa, la mente es el campo epistemológico de la Psiquiatría y el cerebro lo es de la Neurologia.

El sindrome de Briquet es un cuadro de somatización multiple y persistente que presentaban sobre todo aquellas mujeres que Briquet atendía teñido de algo más: ese algo más que presentaban las pacientes de Briquet es una conducta de victimización, una conducta de queja, una conducta -tal y como decimos hoy- de enfermedad y de búsqueda de remedios, cuidados médicos o espirituales, exploraciones o consultas. Briquet entendió que aquellas quejas que sus pacientes presentaban no se basaban en lesiones orgánicas, sus dolores no seguian los patrones neurológicos aceptados por la ciencia y sus relatos eran exagerados y mutables. Sus listas de sintomas interminables, sus quejas imposibles de catalogar, sus síntomas cambiantes y su estado de ánimo atravesado por una emoción que en aquel entonces se acuñó como “la bélle indiference”, una indiferencia frente al malestar que recordaba el estoicismo griego cuando no a una disociación de afecto que más tarde Babinsky bautizó con el nombre de anisodiaforia, una especie de discrepancia en lo que uno dice y en como lo cuenta, una forma de afectividad incongruente y que describió en pcientes orgánicos. Más tarde Orengo postuló que la anosodiaforia de Babinsky y la “belle indiference” clásica eran la misma emoción y está por determinar el parentesco que la “belle indiference” tiene con la indefensión crónica (helplesness). Desde entonces sabemos que la “bélle indiference” es un sintoma patognomónico de la histeria, es decir de la somatización y la anosodiaforia un sintoma orgánico cerebral que suele presentarse después de un ictus o accidente cerebro-vascular. Probablemente la indefensión está más relacionda con la depresión, pero lo cierto es que entre nuestros pacientes actuales siguen coexistiendo sintomas somatomorfos, con sintomas conversivos y quizá también trastornos depresivos con o sin evidencia de indefensión (Ver Seligman).

Lo orgánico y lo psicógeno después de muchas pugnas y periplos de disidencia volvian a encontrarse en la práctica real.

Conversión histérica y somatización son conceptos que por más que intentan mostrarse por separado son difíciles de distinguir si es que se refieren a fenomenos distintos, en la muestra de Briquet muchas de sus pacientes alternaban sintomas de dolor (somatizacion) con otros de parálisis (conversivos) o de dificultades en la marcha (astasia-abasia) y hasta hoy nos ha llegado esta discrepancia y esta dificultad, por ejemplo ¿los vómitos persistentes son conversivos o somatizaciones?

Si Briquet levantara la cabeza nos diría que conversión y somatización son la misma cosa y que lo que importa no es tanto el nombre como la semiología del sintoma y el perfil de los pacientes por él investigados. Sus histéricas briquetianas eran mujeres en su mayoria con antecedentes de abusos sexuales, maltrato, abandono, desatención y brutalidad, que acumulaban a su miseria material el analfabetismo y la sumisión a un orden feudal e injusto. Se trataba pues de pacientes “profesionalizadas” que habian aprendido a mostrarse enfermas como una manera de supervivencia, hoy diriamos que su identidad se habia enroscado a la búsqueda de cuidado derivado de la enfermedad de tal manera que si precindian de ella no sabrian nombrarse a sí mismas ni sabrían como demandar cuidados.

Lo más sorprendente de este síndrome es que no haya desaparecido de la faz de la tierra al desaparecer los entornos institucionales y el hospitalismo que parecía ejercer sobre determinadas personas con graves carencias emocionales un efecto de llamada. La predicción del propio Briquet es que afectaba al 3% de las mujeres y al 0,2 de los varones.

Lilienfeld en 1986 en una sistemática investigación sobre el trastorno por somatización reivindicó de nuevo el nombre de Briquet, según su investigación en nuestras opulentas sociedades occidentales, el numero de afectados por esta enfermedad sigue siendo muy similar a las cifras que había detallado el propio Briquet a pesar de la desaparición de los hospicios y aunque la histeria ya ha pasado a formar parte del museo de los horrores científicos de nuestra época, el sindrome de Briquet sigue siendo estable y afectando al 3% de la población femenina. Lo que nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta ¿Si la histeria ya no se admite como trastorno mental y el sindrome de Briquet sigue siendo estable, donde están las pacientes que antaño llamabámos histéricas o afectadas por un sindrome de Briquet?

Pues en las consultas de otros especialistas no psiquiatras, claro. ¿recuerdan un diágnostico no psiquiátrico llamado fibromialgia?

O esta otra ¿si los hombres no desarrollan el sindrome de Briquet qué otra enfermedad poseen a cambio a fin de mantener estables los hallazgos genéticos de Lilienfeld?

La conducta antisocial, el alcoholismo y lo que hoy llamamos abuso y dependencia de las drogas son en gran parte los alter egos masculinosde Briquet. Lilenfeld descubrió que la herencia de un determinado rasgo conductual podía manifestarse en los hombres como conducta antisocial y en las mujeres como conducta de queja, existiría pues un sesgo ligado al sexo, pero estaríamos hablando de la misma enfermedad, un endofenotipo que para entendernos podriamos llamar hiperexpresividad y que en términos convencionales llamamos histrionismo. Existen pues evidencias de que el sindrome de Briquet fue abolido y solapado con otros nombres y otras conceptualizaciones. Afortundamente de vez en cuando y más allá de los conceptos y los modelos nos aparece algun que otro enfermo para desmentir nuestra nosologia actual, un enfermo como éste que presenta:

  1. Vómitos incoercibles y duraderos que interfieren gravemente con la actividad normal.
  2. Consumo y abuso de drogas ilegales.
  3. “Belle indiference” y aceptación de pruebas médicas tanto cruentas como incruentas, repetidas veces.
  4. Una manifiesta incapacidad para relacionar su lenguaje del cuerpo con el lenguaje verbal, una incapacidad para verbalizar emociones, hoy le llamamos alexitimia.
  5. Una historia precoz de varios trastornos psicosomáticos no fliados, o filiados como colón irritable, diarreas esporádicas, fiebres extrañas, paresias oculares, fobias alimentarias no demostradas, sintomas sexuales, hipertensiones arteriales fluctuantes.
  6. Y todo ello en ausencia de ningún trastorno fisico o psiquiátrico que justifique el cuadro.

Briquet no ha muerto, al contrario la Psiquiatría le enterró precipitadamente.

18
dic
07

El tabú del incesto

¿Que es un tabú?

Un tabú es una prohibición -que incluye en sus claúsulas una prescripción- y que se acata en nombre de la especie, en nombre -en este caso- de la convivencia entre humanos. El tabú es algo que va más allá de la prohibición jurídica, es decir algo que va mas allá del codigo penal. Si acatamos el tabú del incesto no es por miedo a su castigo penal sino por un horror primordial, porque es una prohibición que nos atañe como humanos, que nos atañe colectivamente, socialmente, el tabú es algo que acatamos en nombre de lo sagrado, de lo numénico. De lo incognoscible.

Y una condición del tabú es que protege algo que es, en sí, atractivo, de no ser asi el tabú no sería tabú y se encontraria protegido por las mismas leyes aversivas que hacen que el hombre no coma alimentos ponzoñosos o que un perro no beba alcohol.

Para saltarse a la torera este precepto no hace falta estar loco, ni poseer ninguna patología mental evidente sino sencillamente no encontrarse atravesado por esta prohibición cultural, no querer saber nada de ella, se trata de una elección subjetiva que se sitúa en el campo de lo asocial. Pues de eso se trata: de algo que instituye en sí mismo la cultura, el intercambio, algo que de acatarse minimiza el impacto de la rivalidad sexual entre las generaciones: una familia es algo más que un vínculo de parentesco es sobre todo, un sistema donde las generaciones no se reproducen simultáneamente. Existe -debe existir- una barrera generacional que separe a aquellos que se están reproduciendo y cargan con la responsabilidad de la crianza de aquellos que aun no están en edad de hacerlo y que deben delegar poder en sus mayores, lo que conlleva muchas ventajas para estos últimos: será la ultima oportunidad que tienen para ser alguien especial, para gozar de ese “favoritismo” que todos los hijos disfrutan de sus padres y que ya nunca más volverán a disfrutar. No existe institución más antidemocrática que la familia, yo quiero a mis hijos más que a los suyos y a la hora de favorecerles les preferiré a cualquier otro, de eso no cabe ninguna duda. Eso se llama nepotismo y es la base de la familia, es decir del tabú del incesto en el sentido de que debo renunciar precisamente a las mujeres que más he amado: mi madre y mi hija para ser hijo y padre.

Todo esto se pervierte con el incesto, no solamente este aspecto de limitación entre generaciones sino también la reactivación de las rivalidades sexuales y de la confusión de roles, algo que erosiona la confianza y la predicción de que las cosas “irán bien” a pesar de todo. Si cohabito con una hija mia, estoy igualándola o aun prefiriéndola a su madre lo que operará como un reactivador de rivalidades sexuales y de celos entre ambas, dejarán de ser madre e hija y se convertirán en hembras que compiten entre si por los bienes que aporta el macho, ambas regresarán a los temores primigenios de la caverna. Si yo cohabito con mi madre estoy compitiendo con mi padre directamente y exponiéndome a su venganza: el filicidio es la consecuencia directa de esta conducta y por eso el tabú del filicidio es una consecuencia del tabú del incesto.

Esto es lo que debió suceder en ambientes arcaicos y por eso el respeto por el tabú del incesto está unido a otros tabúes: el tabú del parricidio y el tabú del filicidio. Los tres se encuentran vinculados en la historia de la humanidad, tal y como Freud interpretó en Totem y Tabú, un texto fundamental para entender el “pacto entre caballeros” que supuso la aceptación de este tabú en clave psicológica, del mismo modo que Engels interpretó en clave económica esta prohibición en “El origen de la familia , la propiedad privada y el Estado”.

El problema se complica porque no hace falta cohabitar en clave incestuosa para que el incesto comienze a ejercer sus efectos en la mente individual. Se trata de un hallazgo freudiano. No hace falta que padre e hija (o madre e hijo) copulen para que la mente de la hija (o del hijo) se averíe, basta con que la relación sea lo suficientemente íntima y que excluya al tercero (padre o madre). Una exclusión de este tipo tiene como consecuencia inmediata que a nivel inconsciente se reactiven todos los mecanismos de venganza ancestrales y que el cerebro individual comience a operar en clave primigenia. Sucede porque todo deseo es ambivalente y lleva incrustado tanto un deseo de vida (libidinal) como de muerte (tanático). Vivir en un ambiente incestuoso es vivir en una mente escindida entre aspectos extremos, buenos (atractivos) o negativos (repulsivos). Para conocer mejor las consecuencias del incesto consumado en la mente indivdual podeís visitar este post tomado del cine.

Explica el por qué aquellos niños que han sido expuestos precozmente a experiencias sexuales de tipo incestuoso desarrollan una patologia bimodal: por una parte desarrollan aspectos evitativos con respecto a la sexualidad y por otra pueden desarrollar actitudes de sexualidad compulsiva o promiscua.

No hace falta estar loco o neurótico para saltarse a la torera el tabú del incesto, basta pues con ese no “querer saber” que caracteriza a la conducta antisocial.

08
dic
07

La densidad de las palabras

Si dividimos el numero de letras por el número de palabras de este post, el resultado es de 4.85 , esa es la densidad de este texto. Se trata de una variable interesante que denota si estamos frente a un texto especializado (muy denso) o de un texto narrativo (menos denso) tambien mide la improbabilidad y la probabilidad de que lo que aqui se diga sea o no verosímil, naturalmente los textos menos densos son más probables y los muy densos son menos inteligibles lo que les hace -en principio- altamente improbables. Y es que las palabras tienen un peso especifico, según si son muy o poco usadas y la verdad además tiende a la sencillez.

Las palabras de uso común tienen dos silabas y las palabras raras que se usan poco tienen más de tres. Lo curioso es que los pronombres singulares que son de uso continuo en cualquier idioma sólo tienen una silaba, excepto “ella” que tiene dos. Pero además “Yo” es más corta que ”murciélago” y es que las veces que decimos “Yo” en un dia superan a las que nombramos al mamifero volador. Porque de lo que se trata en cualquier caso es de ahorrar y de decir en pocos golpes de voz aquello que se repite inexorablemente a lo largo del día.

Fue Chomsky el primero que intuyó que el lenguaje era algo innato, no es que nazcamos sabiendo hablar sino con una disposición universal a hacerlo, hablar es un aprendizaje facilitado (prepared learning), lo que se transmite genéticamente no es el lenguaje en sí sino una especie de gramática generativa que además es común a todos los idiomas pero que necesita rellenarse con palabras concretas y ahi está precisamente el problema: las cosas en si, los objetos externos necesitan ser nombrados, como tambien los estados internos y las ideas que no están en la realidad-real, lo que hace que haya más palabras que cosas en si, y menos simbolos que palabras, existe pues una diferencia de nivel entre la posibilidad de nombras cosas y la existencia de cosas que en si pueden ser nombradas, está diferencia es el problema que plantea a los humanos su casi infinita capacidad de simbolización.

La simbolización tiene efectos positivos y negativos, por ejemplo simbolizar o categorizar un objeto temido puede llegar a exorcizar ese temor, de este modo el lenguaje se convierte en algo protector, pero el lenguaje por si mismo tambien puede inventar otros temores que no estan en la cosa en si, sino en la imaginación de los sujetos. La capacidad de simbolización es pues la variable critica que se encuentra detrás de casi todas las enfermedades mentales.

Cavalli-Sforza fue un poco más allá que Chomsky y planteó una hipótesis osada: los idiomas siguen el mismo curso evolutivo que los rasgos genéticos, las palabras son como los genes y por eso el lenguaje sufre una especie de selección natural que tiende siempre a preservar aquellos sonidos que han sobrevivido mejor a la deriva natural de los idiomas. Porque la evolución primero resuelve el problema y luego se hace preguntas, la evolución opera de modo opuesto a la selección cultural que siempre hace primero la pregunta y luego trata de resolver el problema. Los idiomas parecen comportarse “como si” fueran elementos vivos sometidos a la selección natural, se inventaron para resolver problemas y para ahorrar gasto, hay algo en el lenguaje de parsimonia, de racaneria.

Aqui hay una entrevista de Punset a Luigi Cavalli-Sforza

Tal y como señala Wagensberg en su libro “El goce intelectual” la palabra “mama” es similar en casi todos los idiomas y tiene al menos una “m” en todos ellos pues la maternidad es una certeza (genética) mientras que la paternidad es sólo una hipótesis. Al parecer el sonido m-m-m-m tiene algo que ver con la madre, el verbo mamar o algo que evoca la succión o la comida, tambien amor lleva m, las excepciones sólo hacen que confirmar la regla porque en inglés efectivamente “love” no lleva ninguna “m” aunque si en francés – amour-. La palabra “padre” ya no tiene tantas coincidencias, puede estar relacionado con la letra “p” o con el sonido “pa” o “da”. Hay algo en la “p” que evoca al padre como siempre sucede con las onomatopeyas, efectivamente “chiss” es una manera de pedir silencio pero tambien avisar o imitar el sonido de un reptil, lo más seguro cuando estamos en la presencia de una serpiente venenosa es mantenernos en silencio y no movernos.

Lo que plantea Cavalli-Sforza es que el lenguaje apareció de una forma brusca, es una especie de Big-Bang de las palabras.

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Encontró una clara correlación entre la diversidad genética y la diversidad de lenguas, apuntando en sus estudios (Genes, pueblos y lenguas) un origen común para todas lenguas, del mismo modo que nuestros genes procederían de una primitiva madre (Ver Eva mitocondrial), una lengua humana que además sería de aparición reciente. Esta hipótesis es sorprendente porque en principio el lenguaje es cultural, mientras que los genes siguen una selección distinta (selección natural) y apunta a la idea de que cultura y naturaleza podrian estar enlazadas y sufrir procesos selectivos muy parecidos y más si recordamos que las 5000 lenguas que existen hoy en el planeta tienen una complejidad sintáctica similar: no existe una lengua más evolucionada que otra.

Hay algo en lenguaje pues que anda de la mano de la evolución del cerebro , más concretamente de los fenómenos de lateralización del Area de Broca sede del lenguaje.

El lector interesado puede ampliar información en este articulo mio titulado “El extraño caso del Sr Broca”

 

02
dic
07

Las palabras, las cosas y el tiempo

Todos sabemos que las palabras son símbolos, que representan a los objetos concretos o a las abstracciones inexistentes, pero todos nosotros sabemos que las palabras no son la “cosa en si” kantiana, sólo su representación tanto si evocan un objeto de la realidad como si evocan una idea. Pero hay enfermos mentales que debido a un defecto en su capacidad de simbolización tienen que cargar con las palabras como si fueran ladrillos, como si fueran pesados fardos que arrastran a su vez recuerdos y otras palabras ocultas en la memoria. Las palabras para estas personas son un pesado lastre y tienen que tratar con ellas de una manera muy especial, ellos deben sentirse como si fueran una fuente parásita del lenguaje, deben sentirse como si el lenguaje hablara en ellos o a través de ellos. Freud fue el primero en advertir que las personas que tenian este defecto simbólico llegan a sentir su cuerpo como si hablara en un lenguaje ininteligible, le llamó lenguaje de organo y lo describió en una paciente esquizofrénica de Victor Tausk, una paciente cuyo tic en el ojo era algo más que una somatización: era una palabra que hablaba en su ojo, a través del ojo.

El lenguaje de órgano es algo que va más allá de la simple somatización o de la clásica conversión, aqui en la histeria es una palabra que como un tatuaje retorna a la conciencia inscribiéndose en el cuerpo a través de la inervación voluntaria. Por eso la conversión afecta sobre todo a grupos musculares y remeda a las enfermedades neurológicas. La diferencia entre la histeria y una enfermedad neurológica es que mientras la enfermedad somática recorre los nervios de forma compattible con la anatomia y las leyes de la inervación, la histeria ocurre en otro lugar, en el lugar no del cuerpo real sino del cuerpo imaginario.

Todos tenemos un cuerpo real y un cuerpo imaginario, el cuerpo real es inaccesible a la mirada y sólo sabemos de él cuando funciona mal, cuando duele, sin embargo el cuerpo imaginario es una construcción, una representación, algunos autores como Shilder le llaman “esquema corporal”, es precisamente ahi donde se manifiesta la histeria y la conversión histérica, siempre en ausencia de lesión estructural, es decir la histeria no puede conseguir enfermar al organo afectado. No sucede asi con la somatización que incluimos entre las enfermedades psicosomáticas, el asma, la tirotoxicosis, la hipertensión arterial, las dermatitis, la ulcera gastroduodenal, etc. Aqui si hay lesión orgánica aunque es evidente que los factores psicológicos juegan un importante papel en su formación. Podriamos decir que en estos casos el individuo enferma su órgano a partir de un proceso similar al que sucede en la histeria, solo que este conflicto -el que sucede en los pacientes psicosomáticos- no es un simple conflicto entre una pulsión y la censura moral sino algo que va más allá de este conflicto puntual.

El conflicto del paciente psicosomático es un conflicto de ausencia de palabras, es decir, de un hueco, de una ausencia, se trata de un conflicto entre la pulsión que no se reconoce -como en la histeria- pero que más allá de eso no se reconoce porque el sujeto no sabe hablar de su deseo o bien que ese deseo entra en conflicto con las exigencias de la realidad a las que el individuo se somete, algo que en psicologia recibe el nombre de alexitimia, la incapacidad para leer las emociones. El psicosomático enferma su cuerpo real a partir de un defecto de la simbolización de su psiquismo ¿cómo soy?, mientras que en la histeria se sufre en el cuerpo imaginario aquello que no se puede simbolizar: el cuerpo real ¿Soy yo?

Defectos pues de simbolización en ambos tipos de enfermar del mismo modo que en las psicosis donde el lenguaje parece hablar desde el órgano aludido por un mal encuentro, pues malos encuentros son para los psicóticos algunas palabras, esas que parecen comportarse como ladrillos, como cosas concretas, no hay pues en la psicosis conciencia alguna de que las palabras son símbolos que hablan de otra cosa en su ausencia.

Sin embargo en las neurosis el paciente si sabe que las palabras son símbolos, solo que algunos simbolos parecen haberse independizado de la cadena semántica que caracteriza el pensamiento normal. Esas palabras independientes se caracterizan por ser redes de arrastre y a veces plomadas que permiten extender las redes para pescar alguna significación alternativa. Se trata de lo reprimido y de su retorno encadenando a la vez recuerdos y cadenas asociativas de emociones arcaicas.

Una paciente que traté durante años a causa de una bulimia descubrió durante su tratamiento “la causa de su enfermedad”. Lo descubrió mientras miraba un documental en la televisión acerca del incesto. Un dia se presentó ante mi y me comunicó su hallazgo: “yo he cometido incesto y por eso estoy enferma”. Este encuentro en lo real con una palabra arrastró asociativamente un recuerdo infantil de jugueteos sexuales con un pariente, se trató de un encuentro “traumático” con el goce sexual, pues traumático es siempre un encuentro demasiado precoz con el goce. Pero sería excesivo calificar aquel encuentro como traumático en sí, no hubo violencia, ni fuerza, ni hubo por asi decir seducción de un adulto, sino solo un intercambio sexual entre dos niños prepúberes. Mi paciente se convenció a si misma de que aquel encuentro habia tenido tintes dramáticos y depositó en su partenaire de entonces (un familiar) la responsabilidad de su enfermedad actual. Llevó su particular venganza a plantearle a su madre que necesariamente habia que romper relaciones con esa parte de su familia, ella, mi paciente se veía totalmente inocente y sin embargo veia a su familiar como totalmente culpable, su argumento era que él era dos años mayor que ella.

Lo que tiene el caso de interesante es el arrastre que consigue la palabra “incesto” en su imaginario, es decir la capacidad de redefinir, de resignificar aquel encuentro sexual de la infancia que de primera intención no tuvo ninguna consecuencia y sólo “aprés coup” adquiere consistencia causal para la paciente. Ella simplemente había aplicado mal la fórmula:

Post hoc, ergo propter hoc.

Que significa que lo que viene después es consecuencia o causa de lo que sucedió antes. Se trata de una verdad sobre la causalidad que ha dado grandes frutos a la medicina, por ejemplo si hoy estoy resfriado es porque ayer estuve sometido al frío. Sin embargo en lo mental no parece que esto funcione de este modo tan simple porque lo lineal no rige en la mente y más bien parece que lo actual logre resignificar lo antiguo dándole una consistencia formal a fin de salvar los muebles de la responsabilidad. De su responsabilidad para con su goce actual relacionado con su bulimia por ejemplo, una forma extrema de goce relacionada con el exceso de la pulsión.

En este caso es tambien una palabra la que ejerce el empuje hacia lo consciente de algo que nunca estuvo reprimido sino tan sólo olvidado, una prueba de que lo reprimido sigue estando reprimido y de que no existe relación causal entre aquel episodio y su problema actual.

Lo que significa que el tiempo cronológico tal y como lo conceptualizamos en nuestra vida diaria no rige en el inconsciente y que la cadena semántica que arrastran las palabras no está relacionada temporalmente ni linealmente con sus efectos, todo pareciera como si en la mente rigiera un principio de no-linealidad por más que nuestro pensamiento racional y en estado de vigilia se empeñe en aplicar las pautas del “post hoc, ergo propter hoc“.

El inconsciente es atemporal y lo de hoy causa a lo de ayer, lo cual sorprende por su parecido con las teorias del caos y por eso invito al lector interesado a continuar este post a través de uno más antiguo:

El caos explicado a un psicólogo (son 4 post encadenados en este mismo blog)




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