Archivos para 30 enero 2008

30
ene
08

Aspectos sociodemográficos de la enfermedad mental

Es indiscutible que los pacientes reales enferman -con independencia de su genotipo (que desconocemos)- por un acontecimiento estresante a veces tan sutil que pone patas arriba nuestra conceptualización anterior. Estos acontecimientos pueden integrarse casi todos en una categoría genérica: el ambiente contiene amenazas o exigencias que en contacto con determinadas susceptibilidades genéticas provocan enfermedad o al menos una disadaptación más o menos transitoria a la realidad que interfiere con la vida del sujeto individual.

Hay que señalar además que las enfermedades mentales no se rigen por las leyes mendelianas de herencia, porque casi ninguna enfermedad psiquiátrica (con excepción de algunas formas de retraso mental) dependen de un sólo gen, sino de múltiples genes: son poligénicas. Sin intervención del medio ambiente no hay enfermedad mental (aunque tampoco cultura), de ahí que resulte tan importante comprender qué acontecimientos, situaciones o entornos nos referimos y de qué manera interactuan con el genotipo, no sólo para la psiquiatría sino para el proceso de hominización en su conjunto.

Para empezar me referiré al lugar donde vivimos, las ciudades, luego veremos los sesgos que introduce el género y también la importancia de la percepción del rango social en la causalidad del malestar mental.

RURAL VERSUS URBANO.- Todos los estudios epidemiológicos señalan con testarudez que las enfermedades mentales son más frecuentes y graves en las ciudades que en el medio rural, lo que significa que algo hay en la manera de vivir en las ciudades que causa un gran malestar en los humanos. Este malestar puede interpretarse como una mayor complejidad en el entramado social, pero también puede definirse como una mayor sensación de aislamiento y dificultad para tejer redes sociales de apoyo en el anonimato de la gran ciudad que el que soportan los individuos que viven en el campo, lo que explicaría como efecto secundario el que un enfermo mental en una ciudad tenga peor vida de la que tendría en una comunidad pequeña incluso viviendo solo en el campo. El ser humano es un ser gregario y está adaptado a vivir en pequeñas comunidades de unas cien personas, el fenómeno de convivir en megalópolis de más de un millón de habitantes es algo relativamente reciente en tiempo evolutivo y que se debe a la revolución industrial, aunque el invento de las ciudades se remonta al neolítico con el advenimiento de la agricultura y la acumulación de excedentes. Es verdad que en las ciudades se acumulan más recursos que en las pequeñas comunidades campesinas y que tienen un efecto llamada para todos aquellos individuos que de alguna manera se han escindido de su grupo original, excéntricos, extravagantes, desviados sexuales, toxicómanos, esquizofrénicos crónicos, o simples pordioseros acuden a la ciudad por razón de que en ella se acumulan sobrantes alimentarios y de toda índole y el anonimato es sólo posible en estos grandes entornos. El fenómeno de los “sin techo” (homeless) alumbra precisamente lo que quiero decir, la ciudad opera como un atractor para determinados individuos, los parias del mundo, pero también a los que se sienten perseguidos y a los disidentes sexuales. Algo que resulta contradictorio con el hecho de que la mayor parte de los individuos que viven en una ciudad soportan más ruido, contaminación, incomodidades y estrés que los que viven en entornos más humanos y que hace comprensible que a la menor oportunidad traten de escapar de la gran ciudad solo para atascarse en un embudo de automóviles que se repite periódicamente y que no parece hacer desistir a nadie de volverlo a intentar el próximo fin de semana.

La contradicción estriba pues en que la ciudad parece atraer a algunos y parece repeler a otros, pero tanto los que escapan como los que acuden están de acuerdo en algo: en las ciudades existen excedentes y por eso la mayor parte de la población se amontona o hacina en ellas. Me refiero naturalmente a excedentes económicos, puedo afirmar pues que la gente vive en ciudades porque en las ciudades se vive mejor (en tiempos de paz), de acuerdo con nuestras pretensiones o expectativas de vida, aun al precio de intuir que en ellas se paga un alto precio por estas comodidades. Este precio suele ser una enfermedad o un trastorno mental pero hay que decir que es precisamente en las ciudades donde cualquier malestar puede ser atendido de acuerdo con nuestra expectativa asistencial con una mayor eficacia que en el campo donde los servicios sanitarios son por descontado menos sofisticados.

En mi opinión la causa del malestar en la ciudad no procede sólo del aislamiento, la razón es que existen personas que están perfectamente adaptados al mismo, me estoy refiriendo a las personalidades del taxón esquizotípico que más atrás nombraba y que es precisamente la gran ciudad lo que las enferma a partir del bombardeo casi continuo de estímulos y la imposibilidad de escapar de ellos. Naturalmente la complejidad de la vida en la gran urbe no puede liquidarse con el único recurso al aislamiento o la pobreza del apoyo social que puede conseguirse en ellas, pero el resto de consideraciones serían incluso más difíciles de medir que las anteriormente citadas.

MASCULINO-FEMENINO.- A pesar de que tenemos datos que apoyan nuestra intuición de que las mujeres tienen un mayor sufrimiento mental que los hombres, lo cierto es que las pirámides de edad de todas las sociedades avanzadas parecen desmentir esta idea. Esta contradicción se leería del siguiente modo: “las mujeres tienen mas sufrimiento mental que los hombres, pero viven más”. Lo que no tiene más que una interpretación: o los hombres tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades más graves que las mujeres o bien las mujeres tienen una mayor facilitación para acceder a servicios médicos que los hombres o piden ayuda con más facilidad. Las dos cosas pueden ser ciertas, pero existe una evidencia demasiado tozuda para concluir que el sufrimiento mental y las enfermedades psiquiátricas tienen un claro sesgo sexual que no tiene porque representar un sesgo biológico, quiero decir que este sesgo puede explicarse psicológicamente a partir de la deseabilidad social, es decir ser mujer es menos deseable que ser hombre, algo que sigue siendo cierto a pesar de todos los cambios sociales.

Contradictoriamente con esta idea, la homosexualidad es más frecuente en hombres que en mujeres y también los casos de transexualismo (el deseo de cambiar de sexo) en los hombres. Y a pesar de todas los esfuerzos hacia la igualdad entre los géneros las jovencitas suspiran por la pasarela y la moda y la anorexia es una lacra que se ceba precisamente en las mujeres, al menos en nuestro opulento entorno, porque las mujeres siguen queriendo ser atractivas para los hombres que son los que dirigen el deseo hacia las delgadas. Otra contradicción que procede de la clínica, es la siguiente: se sabe que el trabajo fuera del hogar protege a la mujer contra el estrés, y que el matrimonio es más protector para el hombre que para la mujer sin embargo la peor situación en cuanto a vulnerabilidad psiquiátrica es la condición de “mujer sola, con hijos a su cargo y divorciada”. Todo lo cual indica que no es en si la situación vital la responsable del estrés sino las cargas sociales y la privación económica lo más importante. Por contra, un matrimonio feliz previene las enfermedades coronarias en mujeres, pero no en hombres. Todos estos hallazgos contradictorios nos llevan de la mano a considerar que los elementos subjetivos tienen una enorme importancia en sentirse o no sentirse feliz y que con la salvedad del nivel de instrucción, la economía o la clase social no existen marcadores de sufrimiento mental universales.

Las mujeres hacen más consultas al psiquiatra y al psicólogo en frecuencia y demandas totales a los servicios públicos y presentan además una mayor prevalencia en trastornos afectivos (incluyendo los trastornos de ansiedad, pero excluyendo el trastorno bipolar). Los hombres por el contrario presentan mayores tasas en dependencia de sustancias (incluyendo alcohol) y conductas antisociales (Ver Por qué las mujeres se deprimen y los hombres se drogan). Si un hombre es esquizofrénico lo será de manera más precoz que una mujer y será además con una forma clínica más grave que la de ella. Si además está soltero, su pronóstico se ensombrece y su tendencia a la cronicidad es más frecuente que en la mujer tanto en numero de hospitalizaciones, atenciones urgentes y numero total de episodios. Aunque el número total de esquizofrénicos en una población dada se reparte por igual entre hombres y mujeres, lo cierto es que en los casos detectados existe una mayor tendencia a la cronicidad y a las malas evoluciones clínicas en los hombres.

En otro orden de cosas, la identidad sexual, el atractivo, la elección y la retención de pareja son uno de los grandes desafíos que ocupan a los seres humanos de por vida, planteando grandes dilemas y no pocos esfuerzos y consumo de energías. Para alumbrar este fenómeno voy a referirme a lo que sucede en el cerebro de un adolescente de nuestros días. Los muchachos -cada vez más precozmente- tienen que articular su identidad sexual como un fenómeno de pase, desde el rol que ocupan en su familia de origen hasta el lugar que ocupan en el grupo social. Generalmente este pase se hace a través de la amistad con los iguales, es decir con chicos y chicas de su misma edad, es a través de ellos, donde el muchacho/a se compara y se mide y desde donde establecerá su “valor” tanto erótico, como personal para el futuro. Es con ellos, los amigo/as con quienes se identifica y al mismo tiempo compite. Dicho en otras palabras en la adolescencia de las muchacho/as se reactiva el apego original con las madres lo que da lugar a conductas afiliativas, unas conductas que se han atribuido a la oxitocina y seguramente también a la serotonina y opioides endógenos. Esta necesidad de afiliación se produce en un momento en que simultáneamente van a aparecer conductas de competitividad y también los primeros escarceos eróticos, y todo ello sin dejar de sentir las demandas del ambiente que proceden del ambiente académico o familiar. Esta constelación de circunstancias hace de la adolescencia un periodo muy critico y de una enorme vulnerabilidad biológica, algo que ha tratado de explicarse neurobiológicamente a partir de la muerte neuronal selectiva: es decir, sería precisamente en la adolescencia cuando determinados programas de muerte celular programada se pondrían en marcha para resetear el cerebro y dejarlo operativo para la próxima etapa . Este conflicto que hace coincidir en el tiempo y de forma antagónica las tendencias afiliativas (necesidad de apego) y las necesidades agresivas y competitivas (necesidad de identificarse y elegir o ser elegido por una pareja) es a mi juicio el nudo sobre el que se articula la conflictividad del adolescente. Un conflicto que volverá a repetirse en otras etapas de la vida, usualmente en el embarazo, parto y crianza del bebé.

Chicos y chicas pasan por un periodo de iniciación parecido en cuanto a acontecimientos vitales propiamente dichos, lo que diferencia a unos de otras no es tanto la cualidad de estos sucesos sino las operaciones mentales que hacen para afrontar el estrés. Las chicas tienden a autoculparse de sus fracasos, mientras que los chicos tienden a culpar a otros. El estilo intrapunitivo de las chicas se traduce en una mayor tendencia a la depresión, a la ansiedad o a dificultades en la regulación de la autoestima, mientras que la extrapunición de los chicos se traducirá en trastornos conductuales más que en trastornos intrapsíquicos, lo que les hace más vulnerables a las conductas de riesgo como escarceos con drogas, propensión a accidentes y conductas disruptivas que pueden entrar en conflicto con la ley. En un reciente articulo sobre la influencia de los factores sociales (de amistad) en trastornos alimentarios los autores han encontrado una correlación entre las necesidades afiliativas, entornos de amistad y autoevaluación de la imagen física comparada con este grupo de amigas. Los trastornos alimentarios son más frecuentes en aquellas muchachas que hacen una evaluación negativa sobre su cuerpo en comparación con su grupo pero además es necesario algo más: una última operación atributiva, que piensen que tendrían más éxito ( es decir mayor aceptación) si fueran más delgadas (Gerner y Wilson, 2005 ).

GANANCIA-PERDIDA DE RANGO SOCIAL.- Es posible afirmar que el ser humano se afana durante toda su vida por alcanzar el lugar más alto en la pirámide social de su especie, algo que podemos encontrar en casi todas las especies gregarias y sociales. Si exceptuamos a aquellas especies donde el rango viene determinado genéticamente, como por ejemplo en las abejas (o se es zángano, o se es obrera o se es reina y es algo además indiscutible) el resto de las especies tienen que luchar, tomar riesgos, aventurarse y competir. Con frecuencia la reproducción en casi todas las especies es el premio por ser competitivo, y al revés: la longevidad es el resultado de haber tomado pocos riesgos reproductivos.

Como siempre sucede en conducta comparada, es muy difícil trasplantar el comportamiento de especies animales, aun las más parecidas a nosotros, como los simios, a la conducta humana. Para empezar es difícil incluso definir qué es rango social para el humano,, aunque todo el mundo pueda tener una idea bastante intuitiva de a qué me estoy refiriendo. En los hombres -sin embargo- hay que hacer algunas matizaciones que no nos servirían para entender a los papiones (un simio muy jerarquizado). Para empezar no siempre es deseable estar el más alto en la jerarquía social: es evidente que viven mejor algunos segundones que otros lideres sociales, tienen mejor vida, mejor calidad y probablemente viven más tiempo y con mejor salud. No todo está en el dinero, el poder, la fama, la inteligencia o el prestigio, sin embargo todos estos elementos forman parte de ese cóctel por el que luchamos, o nos esforzamos, algo que hacemos todos y además continuamente de forma abierta o sutil para alcanzar objetivos y mantenerlos a largo plazo. A ese cóctel le llamamos rango social.

Lo que si que sabemos es que cuando notamos o percibimos que hemos descendido caído algunos escalones de esa pirámide social lo pasamos muy mal. Price y Sloan han elaborado una teoría evolutiva – la teoría de la competencia social- para explicar los trastornos afectivos. En síntesis es la siguiente, Price, especula que la depresión es el resultado de una caída o descenso percibido en el rango social de una determinada persona y que su función evolutiva sería la de retirar esfuerzos de empresas destinadas al fracaso: evidentemente para algunas personas deprimirse puede resultar más económico que luchar en determinadas circunstancias, visto así la finalidad de la depresión sería la de ahorrar energías y al mismo tiempo desactivar la agresión de los miembros dominantes (los que quedan por encima de la jerarquía) y que dejen de mirarnos como potenciales adversarios y nos perdonen la vida.

Es precisamente el lugar de trabajo el escenario donde se dan cita las mayores luchas por el poder a las que los humanos nos entregamos prácticamente durante toda nuestra vida (laboral) a ejercer bien de victimas, de verdugos o de testigos mudos pero siempre en relación con la distribución del poder que allí se pone en juego de una manera constante y explícita. Considero al trabajo (entendido como entorno físico más que como profesión) el segundo lugar de donde proceden la mayor parte de sufrimientos mentales en los humanos. El primero es naturalmente la familia, pero los conflictos que se dan en su seno no tienen – por lo general- el mismo carácter. Una definición que se hace de la familia funcional es la que es aquel lugar donde existe una distribución asimétrica del poder. Los padres acumulan más poder que los hijos, los hermanos mayores más que los hermanos pequeños. Por ejemplo, los padres pueden mantener relaciones sexuales, algo vedado a los hijos, los padres y los hermanos mayores pueden salir y entrar a la hora que quieran de la casa, unos limites que deben respetar los que aun no han alcanzado la edad. Los padres tienen dinero para gastar, los hijos deben pedirlo a sus padres. Los conflictos que se sufren en una familia no tienen tanto que ver con el poder o el rango social (que se encuentra instalado de oficio en el encuadre de convivencia), sino con la inadecuación afectiva, es allí donde se dan las perdidas y los chantajes, los favoritismos y las desigualdades y sobre todo percepciones de amenazas inconcretas como el abandono, la expulsión del clan ante la disidencia o los desacuerdos y peleas constantes, sin contar con las exigencias que pueden desbordar a una persona concreta. No es de extrañar que sea en el seno de la familia donde aprendamos las estrategias más importantes de nuestra vida de acuerdo a los códigos morales que introyectamos como recuerdo de estas relaciones a veces tormentosas pero siempre con un resto de confianza, tranquilidad y aceptación incondicional. O por el contrario, el sentimiento de haber sido maltratados, no suficientemente amados o respetados en nuestra idiosincrasia personal. De la familia nos llevamos sentimientos de deprivación o de intoxicación pero nunca nos llevamos sentimientos de traición, deslealtad o competitividad, la razón es que el poder se encuentra distribuido de una forma institucionalizada, no se puede cuestionar.

Nada de esto sucede en el trabajo, ese lugar donde se dan cita todos nuestros competidores más directos y donde las reglas del juego no están escritas en parte alguna. Los que buscan lo mismo que yo, los que pugnan por ese puesto, ese sueldo, esa consideración, ese horario, ese turno, esa proximidad personal con el de arriba. No es de extrañar que sea en el trabajo el lugar donde acumulemos las decepciones más importantes de nuestra vida si intentamos compaginar compañerismo y amistad, sexualidad y competencia o fraternidad y exigencia. Las consecuencias inmediatas de este escenario es que los conflictos laborales representan para el adulto medio, el foco de mayor productividad de síntomas psiquiátricos. Ser despedido, rechazado, explotado o bien la competencia que se deriva de los mitos de la eficacia y eficiencia, del trabajo en equipo y de las exigencias de lealtad a la empresa o a la causa común con las lealtades compartidas y las fricciones consiguientes son una causa de malestar que puede derivar hacia enfermedades físicas o psíquicas en función de la resistencia de nuestro transportador de serotonina.

Evidentemente estos sucesos no son independientes del rango social que se ocupa de un modo genérico. Las personas que trabajan en cadenas de producción son más vulnerables a padecer síntomas psiquiátricos que aquellos que trabajan en Bolsa con dinero de otros , el nivel de instrucción, y el dinero que se gana en el trabajo son variables que correlacionan negativamente con cualquier sufrimiento mental y que protegen -esta vez positivamente- frente al estrés.

La perdida económica brusca, – la ruina económica- es uno de los acontecimientos que más accidentes psiquiátricos “comprensibles” pueden causar, con independencia de que se solape muchas veces con un descenso autopercibido de rango. Congruentemente con las teorías de Price la perdida económica correlaciona – por si misma- con un descenso brusco del rango social y concretamente con la depresión clínica. Sin embargo esta misma teoría no explica los virajes maniacos periódicos en los pacientes bipolares que de alguna manera quedan sin explicación en el contexto de la teoría de la competencia social. Tampoco explica las depresiones consecutivas a una “ganancia social”, algo que aunque raro sucede en la práctica clínica y que podemos observar en los cambios de domicilio que son en si mismos una fuentes de estrés aunque signifiquen un ascenso de estatus social.

 

 

27
ene
08

Los psiquiatras en el cine

Pensando en este post se me aparecian titulos diversos, uno de ellos era “La psiquiatría y el cine”, pero este titulo me hubiera hecho quedar prisionero de esa conjunción copulativa “y”, que de alguna manera tiende a unir una cosa con la otra. “Los psiquiatras y el cine” me hubiera llevado a hablar de muchas cosas, en un orden de inclusión de una categoria y la otra buscando necesariamente sus bordes. Si hubiera utilizado el operador booleano y/o, hubiera incluido tanto el aspecto de inclusión como de exclusión lo que hubiera llevado al lector a una confusión evidente sobre lo que trataba de decir. Al final me encontré con la preposición “en” que me pareció más restrictiva que la conjunción “y” pero que seguramente abarcaba mejor el campo sobre el que pretendía hablar: ¿cómo son tratados los psiquiatras en el cine?¿Qué piensan los guionistas y los creadores cinematográficos de nuestra profesión?

Lo cierto es que no salimos demasiado bien parados. Las peliculas que trasmiten una buena – una imagen real- de nuestra profesión son bien pocas. Abundan sin embargo aquellas que aumentan los prejuicios del público en general, siempre desinformado con respecto a qué cosa es un psiquiatra y por supuesto agrandan el misterio y la percepciones irracionales que en gran parte aun circundan nuestra profesión. Lo cual tiene su importancia no solamente porque distorsiona la imagen de la psiquiatría sino porque de paso aumenta el rechazo de los enfermos mentales y los prejuicios con respecto a la enfermedad mental, de la cual continuan colgando determinadas ideas preconcebidas como la peligrosidad o la impredectibilidad.

Retratos desequilibrados.-

Vale la pena señalar como el primero de ese top de listas, la película “El silencio de los corderos“, protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster ambos galardonados con el Oscar al mejor actor por su interpretación del psiquiatra canibal Hanibal Lecter y la agente del FBI Clarise Sterling. La figura de un psiquiatra psicópata y canibal no es verosímil y aporta poco a la comprensión de nuestra profesión a la que más bien se la asocia a prácticas poco comunes incluso en la población general. Sin embargo como pelicula de terror no carece de ciertos méritos. De la misma manera “Psicosis” de Hitchcock adolece de la misma carencia de rigor, tanto en el aspecto descriptivo de la enfermedad de Norman Bates (Anthony Perkins) cuya esquizofrenia es un diagnóstico equivocado junto con la historia de la madre muerta y momificada que prohibe a su hijo las relaciones con otras mujeres. Asi Norman Bates no puede sino asesinar a todas a aquellas mujeres que le excitan, un poco por delegación del deseo de su madre. No existe ninguna esquizofrenia asi y probablemente tampoco ningún paciente que lleve esa doble vida, por lo tanto la historia psiquiátricamente no se sostiene, a pesar de ser la obra maestra del género.

En Mr Jones Ricard Gere encarna a un hombre maniaco-depresivo que aterriza en un hospital psiquiátrico y comienza una relación con su psiquiatra que se debatirá entre su codigo ético y su amor terrenal con el guapo de turno. Lo mismo sucede en “El principe de las mareas“. Barbara Streisand acaba siendo seducida por el hermano de una paciente con antecedentes de abuso sexual, Nick Nolte que trata de asesorar a la doctora que está tratando a su hermana a raiz de un intento de suicidio. El secreto familiar acaba siendo desvelado gracias a las labores de cama de la psiquiatra correspondiente que pierde todos sus códigos morales y termina enamorándose del galán que al final se encuentra a si mismo volviendo con su familia. Algo parecido sucede en “Analisis final”, pero esta vez entre Richard Gere y Kim Bassinger, al parecer las relaciones entre los psiquiatras y sus pacientes forman parte de esas creencias compartidas por la población: que acaban todos en la cama. Ese es el mensaje distorsionado que nos llega desde estas peliculas.

Por no hablar de la arbitrariedad con la que los psiquiatras ingresamos a los pacientes mentales en instituciones retorcidas o bien les aplicamos tratamientos coercitivos o peligrosos a personas que son simplemente disidentes sociales. “Alguien voló sobre el nido del cuco” sostiene esta hipótesis, y Jack Nicholson hace una interpretación magistral de un psicópata que se hace pasar por loco para no ir a la cárcel. Es muy poco probable que ese simulador no hubiera sido detectado por la psiquiatria actual y mucho menos que hubiera sido sometido a un tratamiento de electrochoques.

Retratos equilibrados.- 

Por el contrario, algunas películas son respetuosas con la verdadera actividad que realizamos los psiquiatras y hoy también los psicólogos clinicos, “El sexto sentido” es un buen ejemplo de ello: se trata de una buena pelicula que se adentra en el pantanoso terreno de lo sobrenatural pero que sale bien parada. Bruce Willis hace un papel insólito en su carrera y lo salva con un notable alto, la profesión es tratada con realismo y equilibrio. Tambien en “Gente corriente” aparece un terapeuta sobrio, cercano y empático como suelen ser todos los que se dedican a esta profesión. De la misma serie es la terapeuta -Dra Sterling- que intenta ayudar a una ya crecidita Cristina Ricci  en “Prozac Nation“, una paciente border-line que sufre un episodio depresivo secundario a sus trastornos del humor y a sus problemas de identidad.

Tal y como decía Tolstoi a proposito de la felicidad o la infelicidad de las familias, lo cierto es que las razones por las que los psiquiatras están mal vistos son múltiples, mientras que cuando resultan bien vistos es siempre por la misma razón: porque son muy parecidos a los psiquiatras reales y esto admitámoslo es muy poco literario.

El estigma aumenta en proporción al negocio.

21
ene
08

De ratones y hombres

ratones-y-hombres.jpgDe ratones y hombres es una novela homónima de John Steinbeck que recientemente ha sido llevada al cine por Gary Sinise y protagonizada por el propio Sinise y John Malkovitch. Trata de las andanzas de un par de granujas de poca monta en su deambular en busca de trabajo en la época de la gran depresión y a través de ranchos de la America profunda. Lenny (John Malkovitch) es un retrasado mental que acaba como victima propiciatoria de un mundo donde la solidaridad no es más que una palabra subordinada a los intereses y a los prejuicios y que siempre acaba sucumbiendo a la maldad. Lenny es un poco el opuesto a Forrest Gump, aquel antihéroe delicioso llevado al cine por Robert Zemeckis y protagonizado por Tom Hawks. El aspecto transgresor de esta película es precisamente el destino de éxito que parece acompañar a Forrest Gump a pesar de ser un inocentón en contraste con las calamidades del resto de los personajes de la pelicula, personas normales por asi decir. En este sentido esta película es la contraportada, la antítesis del film más realístico de Sinise aunque no tan simpático: al fin y al cabo, es cierto, los ratones acaban siempre en la ratonera y los hombres que somos mucho más listos – a pesar de tener un cerebro muy parecido- somos más bestias y terminamos con los más débiles sin piedad. Esa suele ser la regla. Aunque es verdad que esta regla tiene sus excepciones, pues lo más sublime de los humanos viene siempre adosado a la ignominia.

En esta fotografia puede verse como el ratón tiene el mando al menos de mi ordenador.

pacomouse.jpg

Y lo cierto es que la ciencia va a veces también de eso, de lo sublime, uno de los hallazgos mayores de la conciencia humana junto con el arte. Y digo todo eso porque precisamente “De ratones y hombres” es tambien el titulo de una conferencia que el año pasado (2007) se pronunció en Barcelona a cargo de Eric Kandel, premio nobel de fisiologia en el 2000, que es además de eso, psiquiatra, biofisico y director de uno de los centros de neurobiología más importantes del mundo, el de Columbia.

Pues Kandel fue cocinero antes que fraile, es decir psicoanalista antes que neurobiólogo y se le nota. Se le nota que abandonó las especulaciones freudianas -aunque creyó en ellas- y cayó fascinado por la investigación y supongo que tambien por el dinero que se mueve a su alrededor, a pesar de que el propio Kandel aseguró que hubiera ganado más dinero si se hubiera dedicado a la psiquiatría privada que a la propia investigación. Argumento que siendo cierto está obsoleto pues es casi seguro que en el aqui y ahora ha dejado de serlo.

Aquellos que quieran ver el video (dividido en tres partes) del mayor genio que existe en estos momentos en el panorama psiquiátrico internacional pueden hacerlo aqui. Se trata de un video difícil de entender para todos aquellos que no estén acostumbrados a las curvas, estadisticas y gráficos, pero son interesantes tanto las conclusiones (lo que las ratas nos enseñan de nosotros mismos) como los comentarios del propio Kandel, un hombre sin duda singular.

En este post sobre ratones y hombres me he propuesto hacer algunos comentarios no tanto a la conferencia magistral dictada por Kandel sino al pensamiento dicotómico que sigue apresando a los investigadores de la mente y que parece no tener fin a pesar de que todos se muestran conformes en que hay que hacer un esfuerzo de integración, entre aquellos que investigan de abajo-arriba (bottom-up) es decir de la molécula a la conducta, de aquellos (psicólogos, psicoanalistas, antropólogos, sociólogos, psiquiatras) que investigan de arriba-abajo, es decir aquellos que vemos cómo es la realidad de nuestros pacientes y tratamos de encontrar una justificación para entender o explicar su conducta. Lo que solemos encontrarnos son razones psicologicas que no son neurobiológicas en si pero que son tambien razones de peso. ¿Es la psicologia una ciencia?

Se trata de un callejón sin salida, porque es muy poco probable que sin una teoria unificadora ambos investigadores se encuentren en algun lado. Hay una torre de Babel que divide y aisla a los unos de los otros, un muro de incomprensión y hasta una jerga distinta. A los clínicos nos interesa ayudar a las personas más allá de si existe o se supone una avería neurobiológica y a los neurobiólogos lo que les interesa es identificar circuitos que se encuentren implicados en una determinada patología. En teoria esos circuitos deben servir para curar enfermedades en las personas, pero lo cierto es que la distancia que hay de la molécula a una emoción humana -por ejemplo- es demasiado larga para ser recorrida por un ratón aunque sea corredor de fondo.

Y eso es precisamente la mente, un artefacto emergente del cerebro que no equivale pieza por pieza al cerebro, porque la mente pertenece más al campo de la cultura que al campo de lo biológico, puro y duro, puesto que la mente adulta no nace con el cerebro sino que va formándose, desarrollándose y desplegándose en contacto con el medio ambiente. Entre la mente y el cerebro sigue habiendo un agujero negro que parece tragarse todas las verdades, un hiato organopsiquico del que hablaban los antiguos. Un agujero negro que hace que las evidencias de los filósofos, psicoanalistas, sociólogos o psiquiatras no tengan correspondencia biológica, y un agujero que se traga los genes, las moléculas y los circuitos neuronales ante la evidencia de que algunas enfermedades mentales pueden darse sin evidencia de lesión neurobiológica alguna, ni herencia genética.

Los genes estan más para poner limites a lo que puede ser que para explicar todo lo que ha llegado a ser o dicho de otra manera: lo que es es eterno, lo que no es ni ha sido ni será (proverbio sufí)

Tomé algunas notas respecto a algunas frases de Kandel que me impactaron, una de ellas fue ésta: “La ciencia tiene que reducir una especulación filosofica -como la anterior- a una hipótesis demostrable. Eso es la ciencia. Estoy de acuerdo en que eso es la ciencia, pero ¿quien construye las hipotesis a verificar?¿Alguien se ha tomado la molestia de demostrar si la evidencia descubierta por Freud de que la depresión (la tristeza) inhibe la rabia, es una evidencia que podemos poner a prueba? ¿es o no verdad que en la depresión podemos encontrar una supresión de la rabia tal y como la medicina tradicional china viene teorizando desde hace miles de años?. Esta sería mi pregunta:

¿Es la supresión de la rabia una causa de la depresión?

Una pregunta que busca un neurobiólogo que la trascienda a verdad “cientifica”.

Otra cosa que dijo el profesor es que a la ciencia lo que le interesa es predecir. Con todos mis respetos yo diria que a la ciencia lo que le interesa es la verdad, la verdad de los cómos y los porqués. Por qué funcionan las cosas y cómo funcionan las cosas. La predicción es un paradigma menor de la ciencia y le puede interesar a un fabricante de jabones del mismo modo que le puede interesar a un sociologo electoral. ¿Quién ganará las próximas elecciones? o ¿será efectivo este detergente que hemos investigado para quitar las manchas de vino en la ropa?

Predecir es muy util en medicina, desde luego pero lo veo como algo secundario para un psiquiatra acostumbrado a trabajar en el terreno de lo inmaterial y donde cada sujeto en su individualidad es dificilmente reducible a una experiencia ratonil.

A mi lo que me gustaria es que los neurobiólogos diseñaran experimentos destinados a demostrar o explicar aquellas hipótesis sobre las “verdades” que ya sabemos pues de lo contrario nos podemos encontrar en que cuando la tecnologia lo permita no exista ninguna enfermedad psiquiátrica codificada por genes y si por la subjetividad, es decir por el trasiego psicológico de sentido que las personas construimos para habitar este mundo y hacerlo vivible.

Mientras tanto, ¿quien construye las preguntas que se ponen a prueba en los laboratorios?

Busquen el beneficio.

18
ene
08

La difusión de la identidad

No estamos vivos sin un sentido de identidad

E. H. Erikson

erickson.jpg

La identidad es ese sentido de continuidad en la experiencia de nosotros mismos, una continuidad histórica, generacional, nacional, que incluye valores, creencias y un sentido de pertenencia a algo supraindividual, a algo que está más allá de nosotros mismos trascendente o banal pero que en cualquier caso es una experiencia compleja que incluye a la memoria, a la autoimagen, a la vivencia del tiempo y a las emociones y valores, sobre todo a esa dificil síntesis entre el apego y a la autonomía personal.

La identidad es pues un constructo sometido a las leyes de la dialéctica que a veces identificamos con nuestro Yo o le llamamos Yo directamente pero que incluye operaciones diversas fruto de las cuales sabemos que “yo soy el mismo de ayer a pesar de saber que he cambiado”.

La difusión de la identidad es un constructo creado por E. H. Erickson y que se manifiesta en un sentimiento subjetivo de incoherencia , en una dificultad para asumir roles y elecciones laborales u ocupacionales y sobre todo en una tendencia a confundir en las relaciones íntimas los atributos, emociones y deseos propios con los de otra persona y temer por tanto la pérdida de la identidad cuando la relación termina. Erickson describió tambien cómo algunos individuos tratan de escapar de este estado de confusión de la identidad merced a la asunción de una identidad negativa, esto es, con roles que resultan antivalores, inapropiados o inusuales dadas las caracteristicas socioeconómicas o de formación cultural de un determinado individuo.

Esta posición iconoclasta y tan frecuente en la sociedad contemporánea empezó a generalizarse con el advenimiento de la contracultura de los años 60, uno de cuyos rasgos fue precisamente su populismo estético. Desde entonces el rock, los tejanos, un pacifismo utópico y el argot callejero son las señas de identidad de más de una generación, lo que significa que los valores que antaño definieran y configuraran una identidad media se habian desvanecido: valores como el compromiso y la lealtad han sido barridos por el individualismo y las vacuas relaciones utilitarias.

Este fenómeno social ha sido estudiado por diversos autores que han inventado distintos nombres para referirse a él: postmodernidad (Lyotard), capitalismo tardio (Mandel), sociedad postindustrial (Touraine), tercera ola (Toffler), era del vacío (Lypovetsky), sociedad saturada (Gergen) o modernidad líquida (Bauman). En cualquier caso se trata de conceptos que ponen el énfasis en una serie de cambios sociales, politicos, económicos y psicológicos que pueden resumirse en una definición operativa que procede de Baudrillard: la postmodernidad es la caducidad de todos los ideales que sostuvimos durante la modernidad.

La liberación de la mujer, el acceso obligatorio a la educación, la sanidad publica gratuita y universal, las rapidas comunicaciones, las nuevas tecnologias como Internet, el estado del bienestar, las leyes de protección de la infancia y de la dependencia, han tenido secuelas que han venido de la mano de evidentes ganancias en libertades, oportunidades, y bienestar. Estas secuelas se han presentado de forma inesperada, ningun teórico de la modernidad previó que detrás de una ganancia había adosada una nueva lacra peor aun de la que tratábamos de combatir con la educación universal, el empleo protegido o la sanidad gratuita. Paradójicamente hoy, en nuestras sociedades opulentas existen bolsas de inanición voluntarias como sucede con la anorexia, los hospitales están llenos de enfermos crónicos que exigen atenciones constantes y cada vez más caras, la anomia social, la desesperación, la soledad, la carencia absoluta de valores y los crimenes sin sentido aparecen como telón de fondo de nuestro “progreso”.

No es de extrañar que a nivel psicológico el sentimiento crónico de vacío y la confusión de identidad se hayan constituido como el eje de torsión del sufrimiento actual incluyendo aquellos sufrimientos que entran dentro de lo psiquiátrico. La histeria del siglo XIX encontró desde los años 60 un nuevo mecanismo de expresión: la impulsividad, la disregulación del humor, la conducta errática, la irrupción o estallidos de cólera, el consumo de drogas psicoactivas, la promiscuidad sexual y la inestabilidad en las relaciones recibió de repente una nueva etiqueta: le llamaron trastorno límite o border-line y se supone que es un trastorno de personalidad que vino a reclutar a un tipode pacientes bastante parecido a las que reclutara la histeria en el siglo XIX.

Segun Kernberg el paciente limite presenta una incapacidad para integrar los aspectos positivos y negativos de si mismo de una forma sintética y adaptada, lo que hace es mantenerlos separados y consiguientemente tambien separa los aspectos que recibe de los demás, siendo frecuente que rechace a las figuras protectoras y que prefiera a los objetos perturbadores. No se trata de una preferencia por aquello que pueda resultar nefasto o letal sino que tiene una incapacidad para discriminar lo bueno de lo malo en función de una incapacidad dialéctica, asi un limite o bien se culpará de todos los males o bien culpará a otros de sus desgracias, sin que resulte capaz de instalarse en ese termino medio al que nos lleva la capacidad de sintesis, desde una tesis (deseo) y una antitesis (realidad). Fonagy ha remarcado que los pacientes limite presentan dificultades en la mentalización, es decir en la representación, sobre todo de los aspectos beneficos de las figuras protectoras, por lo que no llegan a establecer una confianza básica suficiente.

A mi juicio no existe en el campo de la psiquiatria ninguna experiencia que demuestre lo que muchos filosofos intuyen y verbalizan abiertamente: que el trastorno de personalidad border-line, no es una enfermedad verdadera (espontánea) sino una neurosis experimental creada por el modo de vida actual en las sociedades opulentas, incluyendo las tecnologías, los valores politicos, el modo de empleo, las expectativas laborales y la alienación vital. Del mismo modo que la histeria del XIX representaba de modo caricaturesco la condición femenina sometida al poder masculino y su forma de protesta, la impulsividad del paciente limite es la “protesta” y la consecuencia de vivir en un mundo tan comprensivo e indulgente con reglas mutables y que coexiste precisamente con la abolición de la lealtad, la tradición, la difuminación de las barreras genracionales, sexuales y sociales, la ausencia de límites al goce individual, la solidaridad o la esperanza en un mundo mejor han desaparecido de nuestras expectativas y nos hemos instalado en el “aqui y ahora” que cada vez tiene menos sentido para amplias capas de la población. Dicho de otro modo: el sufrimiento psicológico actual parece proceder más de un fracaso de los sistemas inhibidores (sean sociales, psicológicos o biológicos) que de una exageración de los sistemas excitadores. No es que hoy seamos más agresivos, egoistas, confusos, lujuriosos, vagos, o viciosos que nunca, es que nos hemos quedado sin razones para dejar de serlo.

De manera que la cosa parece funcionar de este modo:

¿Como mantener la lealtad con una persona si nuestra relación tiene fecha de caducidad?

Lo mejor es ser promiscuo, no comprometerme y eludir cualquier responsabilidad.

¿Como mantener una identidad laboral, en un mundo donde la volatilidad y la movilidad en el empleo tienen más importancia que la pertenencia?

Lo mejor es trabajar hoy aqui y mañana alli, segun las necesidades y viajar, pues es en el viaje donde aquel que carece de identidad parece recobrarla ilusoriamente.

El “para siempre” ha muerto. Está por ver si somos capaces de conformar un mundo de bienes consumibles con sentido que sean capaces de contener las expectativas humanas y que conjugen la libertad con la coherencia y el compromiso.

Bibliografia consultada: Difusión de identidad y postmodernidad:una aproximación sociocultural al trastorno limite de la personalidad.

E.J Novella yJ. Plumed

En: Trastorno limite de la personalidad:Paradigma de la morbilidad psiquiátrica.(2005)

Gaspar Cervera, Gonzalo Haro, J. Martinez Raga.

12
ene
08

Héroes y mensajeros

atenea2.jpgMitad hombre y mitad Dios el mensajero o psicopompo es una de la posibilidades de ser que se encuentra en la mitología universal, como las Ménades, los Gigantes, los Titanes, las ninfas, los gnomos, las brujas o Hermes, Eros, Tanatos o Hipnos. Se trata de dioses completos o semidioses, en otras ocasiones tan sólo de principios abstractos cuya función es ayudar al héroe en su epopeya individual, en otras obstaculizarle. El héroe es cualquiera de nosotros o más concretamente la humanidad entera la que recorre a tientas la rueda de la vida internándose en los umbrales y sometiéndose a dolorosas pruebas. El héroe es un iniciado que acata desde joven la llamada que se le hace y que le obliga a separarse de todo lo femenino que hay en él: que abandona a su madre y hermanas y se separa de su padre, buscando una metáfora, a veces la condición masculina, otras la inmortalidad, casi siempre la gloria. Cuenta con poco más que su coraje y su intuición para lanzarse al camino, quizá con las sabias recomendaciones de algún maestro, aunque es aun demasiado joven para reconocer la sabiduría que no encontrará sino en la segunda mitad de su vida cuando inicie su camino ascendente hacia el origen, el retorno hacia lo que se dejó atrás, el hogar.

el-viaje-del-heroe.gif

Sus primeras pruebas son ensayos generales frente a la Gran Prueba que le pondrá cara a cara frente a sus limitaciones mortales, la ignorancia, la impulsividad, la lujuria, el poder. Dotado de un cierto sentido de misión el héroe alcanzará el pórtico y no se detendrá salvo si es aniquilado o atemorizado por los monstruos que vigilan el umbral, pero si penetra en él pronto o tarde dará con el Guardián quien le someterá a una gran prueba que es a veces física (Hercules) de astucia (Jasón o Ulises) o de ganancia de conocimiento (Edipo o Parsifal). Guiado por deidades emisarias, cuenta con el apoyo de deidades femeninas (Atenea) que le socorren en momentos de confusión o estupor, o con los dioses mensajeros como Mercurio el dios de los ladrones y de los viajeros, obtiene la recompensa a veces en forma de amor incondicional y otras veces en forma de fortuna y poder, casi siempre de prosperidad, pero la tarea del héroe no termina aquí porque su destino no está ligado a los poderes terrenales sino a los premios que una vida-viaje garantiza por si misma. El destino del héroe es interior: una ganancia de subjetividad que transmitirá a toda la humanidad, un fuego que -como Prometeo- robó en el Olimpo y que transferirá a los humanos, ganándose así la censura de los dioses cuya misión es mantener a la humanidad en un estado de necesidad, de privación. Puesto decididamente de parte de los hombres, sin embargo los dioses le odian aunque le tengan respeto, y le permitirán envejecer mientras conserve la prudencia y la renuncia sea la base de su conducta. Después de todo ellos saben que regresar es la única forma de llegar en ese viaje circular que es la vida.

De fracasar le esperan tormentos sin fin en el infierno (Hades), en ese lugar llamado “Los campos eliseos”, una zona vip donde se realizan tormentos refinados, como el que le sucedió a Sisifo.

sisifo.jpg

01
ene
08

¿Divinidad o neurosis?

Teresa de Cepeda y Ahumada era hija del segundo matrimonio de D. Alonso de Cepeda que tuvo otros ocho hijos de la mujer que moriría a los 12 años de edad de Teresa. Tuvo otros dos hijos de un matrimonio anterior y era hijo de un judio converso que llevó el sambenito en Toledo en procesión, la vida de la santa estuvo pues determinada por esta circunstancia de la “impureza de la sangre”, un estribillo que vuelve una y otra vez en su obra a través de la constante mención que realiza sobre la “honra”.

Hay que situarse pues en el contexto medieval (siglo XVI) y en plena efervescencia de la reforma luterana y la contrareforma católica vigilada de cerca por los tribunales de la Inquisición en una España dominada por la miseria, la ignorancia y la superstición. En el momento en que Santa Teresa anduvo escribiendo “El libro de la vida”, una especie de confesión general sobre sus experiencias visionarias, andaba la Inquisición ocupada en perseguir a “las alumbradas” una expansiva epidemia de monjas histéricas iluminadas.

Hay que señalar que en aquel entonces “la honra”, es decir la opinión que los demás tuvieran sobre nosotros era más importante que la propia esencia de nuestros actos, lo que confería valor social a nuestra existencia no era tanto nuestra obra sino la legitimación publica: lo que los demás opinaran sobre nosotros. Era imposible vivir en Avila en el siglo XVI sin gozar de una reputación a prueba de maledicencia, esta acogida social, en definitiva, es la honra atribuida que incluye naturalmente no solamente la limpieza de sangre sino también otras faltas que no he de nombrar necesariamente para que el lector entienda a qué me refiero.

La juventud de Teresa debió fluctuar entre el miedo a provocar la deshonra de su familia ya sospechosamente observada por sus conciudadanos sino en no despertar más comentarios de los necesarios con las continuas idas y venidas de una hermana mayor de la santa -descarada- a juzgar de diversos autores que ponían en la boca del vecindario sus continuos devaneos y juegos que junto a la obsesión de Teresa por los libros de caballerías y a una cierta omnipotencia mesiánica por parte de la misma hicieron que ya de niña intentara una escapada de su hogar junto con su hermano Rodrigo, a tierra de moros para merecer el martirio.

Hay que hacer notar que en aquel entonces el 90% de las mujeres españolas eran analfabetas y la lectura no era considerada como una virtud en sí misma sino una intrusión en el mundo de los hombres y más allá de eso: en el mundo eclesiástico, cerca de las 3/4 partes de los libros que se editaban en aquel entonces estaban escritos en latín, pues la Iglesia siempre consideró determinados saberes como peligrosos para la feligresía.

Si a la firmeza de su carácter, añadimos sus aficiones intelectuales, la muerte temprana de su madre y su consiguiente desvalimiento puberal y la búsqueda de una nueva figura femenina protectora (la Virgen) asi como su necesidad de ir más allá en lo que se le demandaba en cuanto a la vigilancia de “su honra” podemos entender su entrada en religión, en el convento de la Encarnación de la orden de las carmelitas calzadas. Pero no podemos dejar de señalar una circunstancia más: las únicas dos identidades que una mujer del siglo XVI podía adquirir eran , la de ser monja o bien la de ser madre. Es evidente que la paleta de elecciones no iba más allá en una “doña”. Teresa eligió ser monja porque para una mujer de su condición intelectual y de su época era un destino tan común como hoy puede ser el trabajo fuera de casa para una mujer profesional.

Pero a estas motivaciones hay que añadir su motivación fundamental: a Teresa no le gustaba el mundo en que vivía, ni el dinero o el lujo a los que despreciaba. No es de extrañar si entendemos su calidad de paria social, su calidad de excluida y su vivencia culpable relativa a la “mácula” de su linaje. Teresa necesitaba demostrar al mundo la pureza de su sangre y no se detuvo o conformó con el hecho de entrar en religión, hubo que transformar la realidad en que vivía, al menos en la medida de sus fuerzas y habilidades le permitieron.

Su entrada en el convento coincidió con una enfermedad que la acompañaría media vida, comenzó con fiebre, vómitos, anorexia, dolor cardiaco, etc. Se trataba sin duda de una brucelosis (Avila era una zona endémica de fiebres de malta) que se desarrolló en varias etapas siendo la pericarditis su primera manifestación (Senra-Varela). A los 19 años la santa tuvo un coma de tres días de duración secundario a una meningoencefalitis brucelósica que le dejó múltiples secuelas neurológicas: contracturas, debilidad, parálisis y una epilepsia secundaria y que disparó los rumores acerca de su santidad pues sus coetáneos ya la daban por muerta.

Sin embargo y a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre las enfermedades de Santa Teresa esta enfermedad orgánica nada tiene que ver con la evolución de sus visiones o de sus arrobamientos como ella solía llamar a sus estados extáticos. Tampoco parece demostrado que su epilepsia secundaria tuviera nada que ver con estos estados a juzgar por la evolución de ambas enfermedades: es evidente que Santa Teresa abandonó sus alucinaciones cuando comenzó su vida pública propiamente dicha y se dedicó a fundar conventos de la orden que ella misma había transformado apelando a los antiguos votos de pobreza, obediencia y abandono de todo boato social. Fue así como fundó las carmelitas descalzas que vinieron a sustituir a su antigua orden donde la separación entre monjas según el linaje, los escarceos nocturnos de los galanes y las corruptelas derivadas de dotes económicas de escándalo contribuían a agrandar aún más las diferencias sociales entre monjas doñas y criadas que entraban en religión siguiendo a su señora.

Teresa tardó cierto tiempo en entender cual era su misión, un tiempo lleno de desgarros, de búsqueda espiritual, de dudas y de certezas sobre lo que veía y sentía. Hasta que no conoció a S. Pedro de Alcantara y a S. Francisco de Borja sus protectores frente al tribunal del Santo Oficio, es muy probable que su búsqueda derivara en un ejercicio histérico de demostraciones místicas: en una escalada que tuvo que legitimar precisamente a través de la escritura de su obra maestra: “El libro de su vida”, su confesor le sugirió que escribiera este libro precisamente para servir de testimonio frente a la Inquisición. De lo que se trataba era de discriminar si sus visiones eran obra de Dios o del demonio. La pregunta que nos hacemos hoy precisamente ha cambiado de lugar pero sigue siendo la misma, ¿era Santa Teresa una iluminada o una histérica?

Pues adelantaré mi posición: yo creo que la una no excluye a la otra.

santateresa.jpgSon muchos los que se preguntan qué relación tiene el éxtasis con el orgasmo y son aun demasiados los que piensan que son la misma cosa. No, el éxtasis es el éxtasis y el orgasmo es el orgasmo, lo cual no significa que en el éxtasis no haya un elemento sexual. Todo en la mente es libidinal, y cualquier deseo emerge de la condición de ser faltante que es el sujeto, de nuestra condición de seres inconclusos y a medio hacer.

Pero tal y como decía ella misma: “no se contenta el alma con menos que Dios”

Siguiendo con la tradición sufí Teresa busca a Dios a través “del vino”, es decir a través del mundo sensible de los sentidos, Teresa no habla con Dios simplemente le ve y se ve atravesada precisamente de aquello que no puede proceder sino de la divinidad: el encantamiento ante la contemplación, algo que se sitúa más allá del orgasmo genital y que no por ello deja de participar en las sensaciones del mismo. No en vano la tradición sufí utiliza precisamente el sexo como puente entre los humano y material y lo divino o etérico, esa es precisamente la función de Eros, de otro modo ¿por qué imaginarlo con alas.

Eros es un psicopompo, es decir una intermediario entre el deseo y el objeto, en este caso el objeto es Dios, que es un sustituto del padre ( o del hombre en general), pero es también algo que está más allá de lo genital mientras que no puede evitar darse de bruces con lo fálico. Parece evidente a raíz de esta confesión propia que Teresa no estaba por el sexo puramente práctico y reproductivo sino que más allá de eso:

“Veíale en sus manos un dardo de oro largo y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas; al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me parecía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico a su Bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”.

 

extasis.jpg

Lo que prueba que no estamos hablando de una experiencia intelectual sino de algo más allá de eso: de una experiencia sensorial captada magistralmente por Bernini en esta obra. Una experiencia en la que el cuerpo participa tal y como dice Teresa porque:

“En estos arrobamientos parece no anima el alma en el cuerpo”

Se trata de un cuerpo vapuleado, que es gozado de manera intensa y dolorosa por un otro que lo utiliza sin piedad:

“Acá las más veces ningún remedio hay, sino que muchas veces sin prevenir el pensamiento ni ayuda alguna viene un ímpetu tan acelerado y fuerte, que veis y sentís levantarse esa nube o esa águila caudalosa y cogeros con sus alas”

Es, pues, inútil la resistencia. Nótese además el simbolo del águila, representante de los dioses desde Zeus para acá.

El gran Charcot ya incluyó una de sus sesiones en la Salpetrière hablando precisamente del caso de Teresa como “une grand hystérique” , desde entonces todos los estudiosos de la santa se han dividido entre aquellos exégetas de la tradición espiritual de este tipo de experiencias y que niegan toda causalidad psíquica y aquellos que en el extremo contrario suponen que los arrobamientos de Santa Teresa no son más que orgasmos sublimados o disfrazados de una experiencia mística. Los que asi piensan no han visto en su vida un enfermo mental, ni una crisis extática, ni han conocido una experiencia espiritual en su propia vida. Yo he conocido y visto muchas y nunca me he encontrado con una experiencia así a pesar de haber tratado con muchas histéricas. Significa que al menos Teresa era una histérica extraordinaria porque fue capaz de trascender su desgarro y intelectualizarlo dando una forma diferente y práctica a su búsqueda.

El éxtasis de Teresa era pues la condición anímica de una persona desgarrada en la búsqueda de una misión que se le resiste y que necesariamente debe encajarse en los límites de lo real y lo posible. Una condición sólo al alcance de unos pocos, con histeria o sin ella.

Al final lo encontró cuando una tarde halló en el jardín de su convento una vieja campana extraviada entre el follaje. Entendió el mensaje de aquella sincronicidad y comenzó entonces su reforma.

Nunca más volvió a alucinar, aunque sus fiebres recurrentes la acompañaron de por vida. Murió a los 69 años de un cáncer de útero.

 

 




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