Archivos para 28 febrero 2008

28
feb
08

Memes y alelos

Un alelo es un rasgo que puede estar en estado potencial o en estado de expresión. Todo alelo tiene un alelo competidor que no se manifiesta pero que permanece oculto: tarde o temprano en las sucesivas generaciones el alelo oculto se manifestará. Gracias a Mendel sabemos bien la mecanica de estos sucesivos pases generacionales de alelos concretos: rugosos versus alisados, guisantes, claro.

Es lo que sucede con la herencia genética, lo que Dawkins sugiere es que la cultura se trasmite de la misma forma y por eso inventó la palabra “meme” y una disciplina: la memética que se ocupa de averiguar cómo se trasmiten esos memes de cerebro a cerebro.

Un meme es como un alelo, algo que vive en una especie de limbo cultural, en esa frontera entre el cuerpo y el mundo, alli donde las ideas cohabitan en una especie de magma primordial y que en adelante y para entendernos llamaremos “sopa cultural”.

La delgadez es un alelo que en nuestra actual época goza de simpatias, adhesiones y prestigio, sin embargo esto no ha sido siempre asi, y en otro momento histórico sucedió lo contrario, el alelo “obesidad” fue un signo de distinción y salud. Significa que no existen alelos dominantes -como sucede en los genes- sino que el hecho de que hoy predomine el alelo delgadez es absolutamente arbitrario. No es que la delgadez sea dominante sobre la obesidad, es que hoy la delgadez tiene mejor prensa que la gordura, pero la delgadez sería inconcebible sin la gordura.

De manera que cuando hablamos de memes, hemos de contemplar los dos alelos a la vez, y en vez de alelos ahora les llamaremos “valores”, todo valor lleva siempre incrustado un antivalor, por eso esos dos valores opuestos forman junto con el entorno que les rodea un “complejo”.

El meme del que estamos hablando es pues un complejo que lleva el alelo (valor) de la delgadez adosado al alelo (antivalor) de la obesidad envueltos en un papel de celofán que conocemos como opulencia. Sin opulencia o precariedad no seria posible entender el predominio o hegemonía de ningún valor sobre otro que pasará a ser un antivalor. Ahora ya sabemos que la dominancia del alelo “delgadez” está ocasionado por el entorno opulento que es la sociedad en la que vivimos, me estoy refiriendo al entorno alimentario.

En un entorno de opulencia alimentaria la delgadez es signo de control y sobriedad mientras que en un entorno de precariedad la delgadez sería signo de enfermedad o de falta de recursos. La delgadez sumada a su entorno opulencia da como resultado una etiqueta de eficacia, un plus de valor sobre un sujeto cualquiera, un plus de competencia. Cualquier persona de nuestro entorno que comience una dieta sabe que adelgazar irá inevitablemente unido a una sensación de éxito, eso que llamamos autoeficacia y que expliqué más abajo como un circulo vicioso en el que se inscriben las patologías alimentarias.

Este meme o complejo que conocemos con el nombre de delgadez a secas y que viene a decir “la delgadez es deseable o atractiva” sólo se activará en presencia de un entorno de opulencia pero nunca en un entorno de hambrunas: en este caso podría suceder lo contrario y el alelo “la obesidad es síntoma de buena salud” podria activarse. Dicho de otro modo: los alelos permanecen desactivados hasta que en un momento determinado son activados por un disruptor, en este caso la opulencia alimentaria, solo entonces el alelo “delgadez” será dominante sobre el alelo “obesidad” que pasará a ser recesivo.

Es importante saber que los memalelos recesivos coexisten con los alelos dominantes en tiempo y forma, de la misma forma que en una generación concreta hay sujetos con ojos azules y ojos pardos. Quiero decir que los valores y antivalores son coetáneos, una sociedad que venera la delgadez tendrá muchos casos de obesidades mórbidas y un grupo importante de personas que estarán a dieta con el correspondiente sufrimiento relacionado con el hecho de no poder llevarla a cabo. La autoeficacia de los unos y la ineficacia de los otros generarán conductas bizarras con respecto a la comida, asi unos no podrán dejar de hacer dietas mientras que otros no podrán parar de comer.

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Cuando esto sucede podemos afirmar que este complejo ha tomado el mando en las conductas individuales, sucedió durante años con la sexualidad y ahora sucede con la comida: el sufrimiento individual se enrosca en este tipo de memes (alimentación, autonomia, familia, trabajo, etc) y se articula y organiza en torno a ellos debido a que el modo en que los memes se relacionan con los seres humanos individuales es a través de las creencias. Cuando la sexualidad estuvo prohibida por leyes eclesiasticas, civiles y usos sociales suedió algo muy parecido: hubo quien no podia dejar de fornicar, masturbarse compulsivamente o bien apuntarse a toda clase de sexualidades o habitos periféricos indeseables (perversiones). Por el contrario habia quien mortificado por sus demandas sexuales se alejaba de toda relación con el sexo o quien optaba por la castidad, el disimulo o la doble moral. La sexualidad dejó de ser un complejo memético de forma paulatina y su desactivación sucedió a partir de la secularización y el control gestacional por parte de las mujeres, se levantó asi un tabú ancestral y el meme-complejo de la sexualidad se desactivó, hoy es posible afirmar que casi ya no existe sufrimiento enroscado a la prohibición-transgresión de la sexualidad puesto que la sexualidad ya no está prohibida sin embargo siguen habiendo problemas entre los sexos que proceden más bien de los memes de la autonomia-dependencia.

Para que un meme-complejo tenga efectos sobre las mentes individuales es necesario que exista una creencia compartida por un grupo social determinado. No es necesario siquiera que el individuo concreto crea en él, basta con que se trate de una creencia compartida: ese tipo de creencias que se dan por sabidas y que por tanto se escapan de la posibilidad de autocrítica, uno no piensa en ellas, sencillamente se dan por cierto que estar delgado es deseable y atractivo, como antaño se daba por cierto que la actividad sexual era o bien pecaminosa o inmoral o bien sana y liberadora, ninguno de ambos juicios era cierto, se trata de falacias intelectuales. La libertad sexual no ha hecho al hombre más feliz ni lo ha hecho más pecaminoso o inmoral. Simplemente carece de ese tipo de efectos que durante mucho tiempo se le atribuyeron, no sin razón puesto que el complejo memético se encontraba activado.

Y este es otro de los componentes importantes de un meme: se acata aun siendo una falacia. Se acata -sin crítica- precisamente porque es una falacia. El éxito de trasmision de un meme está precisamente en que es compartido ampliamente por el grupo que el meme va a parasitar, el éxito de su replicación y el éxito de su longevidad está precisamente en ser una falacia dificilmente detectable y que incluso a veces es legitimada y reforzada por ciertos discursos sociales, pongo como ejemplo las campañas que Sanidad lleva a cabo contra el tabaquismo, contra la obesidad o contra la violencia de género. Una falacia es la aplicación incorrecta de un principio válido y de ahi la dificultad de discriminar las falacias de las verdades, es verdad que el tabaco o la comida en exceso son perjudiciales para la salud, lo que es una falacia es creer que con propaganda institucional los individuos que están enjaulados en un sistema memético concreto vayan a dejar de tener hambre y van a ponerse a dieta comiendo como personas sensatas solo porque el Estado o los médicos bienintencionados nos lo recomienden.

Por fin me gustaria ahora hablar de un aspecto importante acerca de la relación entre hombres y memes. Dawkins echa mano de la metáfora del parásito que penetra en el cerebro individual y desde alli gobierna el proposito de los humanos pero yo creo que esta metáfora no es acertada. Lo pienso más bien como la influencia de la cultura -el todo compartido- en la mente invidual a través de la creenci, una creencia que el individuo no sabe que es una creencia de otro, y que en su alienación llega a atribuirsela a si mismo. Es importante este concepto porque tiene mucho que ver con el concepto de esquema corporal. ¿Donde está nuestro esquema corporal? ¿En el interior de nuestro cerebro?

No, no está en parte alguna pero para eso tendriamos que hablar de qué cosa es el Dasein, es decir que el ser para que sea tiene que “estar ahi”, tiene que estar en alguna parte: en relación con un otro. El hombre no es en sí mismo sino en función de otro, de la mirada del otro.

Será en el próximo post.

26
feb
08

Mutaciones ambientales

En el post anterior me he referido a la evidencia de que en la anorexia mental los factores sociales desempeñan un papel de peso en la causalidad de los trastornos alimentarios y sobre todo en la expansión o contagio de los mismos de unos individuos a otros.

Sin negar los factores biológicos e incluso hereditarios que aun siendo poco conocidos desempeñan algun tipo de papel en la génesis de la anorexia mental o al menos en la vulnerabilidad individual, lo que es seguro es que la mayor parte de las enfermedades mentales no precisan de una avería neurobiológica concreta para poderse expresar, basta con vivir en un caldo de cultivo donde se den ciertas condiciones para que una enfermedad se exprese sin que exista ninguna mutación o herencia genética que la sostenga. Esta idea se basa en el concepto de copia fenotipica y viene a decir que el fenotipo puede llegar a expresar por influencia ambiental rasgos o caracteres sorprendentemente parecidos a las que provocaría un determinado genotipo.

Asi, sabemos que la mayor parte de las depresiones no son debidas a una herencia de uno o varios genes implicados en la melancolía sino que responden a lo que hemos llamado estrés ambiental, es decir aquellos eventos procedentes del ambiente que son capaces de expresar un trastorno depresivo en ausencia de genes especificos para enfermar de depresión. Lo que resulta asombroso es que ambos tipos de depresión (la genética y la ambiental) sean tan parecidas y que resulten indistinguibles. La única forma de separar ambos grupos de depresivos (los ambientales de los genéticos) sería averiguar algo acerca de los antecedentes familiares, lo que podria llevarnos a hacer dos grupos: aquellos que tienen antecedentes de enfermedad afectiva (los candidatos a alguna anomalía genética) y los que carecen de antecedentes y que serían candidatos a pertenecer al grupo de depresivos ambientales. Dicho de otra forma: se puede llegar al mismo efecto tanto si partimos de una herencia genética determinada como si sufrimos de estrés: las causas ambientales pueden expresar enfermedades que por otro lado están determinadas genéticamente. Ambiente y genética mantienen entre si una relación de asistencia mutua, como un matrimonio bien avenido, el uno sale al rescate del otro y lo representa o sustituye tanto en la salud como en la enfermedad.

Pero el asunto no queda agotado en este punto, porque el impacto ambiental no sólo tiene como consecuencia el estrés sino que a veces se producen verdaderos cataclismos ambientales -mutaciones ambientales- que cambian el entorno en que los seres individuales viven y se desarrollan generando por si mismo verdaderos desordenes en las mentes individuales. Es decir no sólo hay que contar con los estresores ambientales sino con los cambios sociales a la hora de entender el concepto citado más arriba como copia fenotipica.

No cabe duda de que vivimos en un mundo que durante los ultimos cuarenta o cincuenta años ha acumulado tantas mutaciones ambientales como se produjeron en los mil años anteriores. El mundo en que vivimos ha mudado y evolucionado más en los ultimos años que en toda la historia. Desde el punto de vista ambiental significa que nuestro cerebro ha tenido que adaptarse a cambios tan profundos en su entorno que en ocasiones muchas de las enfermedades mentales o el sufrimiento mental que presentan algunas personas procede no tanto de averias genéticas heredadas o mutaciones individuales sino de la expresión de enfermedades que proceden de un entorno en cambio acelerado.

Algunos autores se han empeñado en escudriñar como funcionan esos cambios y como afectan al cerebro individual, Cavalli-Sforza es uno de ellos, Dawkins, es otro. Lo hacen a través del estudio de distintas disciplinas: la genetica de poblaciones, la sociobiologia o la linguistica y parece que se ha llegado a un cierto consenso acerca del hecho de que los cambios sociales siguen leyes muy parecidas a las leyes de la genética: leyes de replicación y mimetización: de ahi surgió el concepto de meme, una unidad de información cultural que explica la difusión de las ideas y también que determinadas ideas tengan más exito evolutivo que otras, del mismo modo a cómo hacen los genes: son más exitosos aquellos que representan alguna ventaja para el organismo receptor. La selección natural y la selección cultural podrian compartir las mismas leyes evolutivas con una pequeña diferencia: mientras que en la selección natural operaria la selección darwiniana, en la selección cultural estaría operando una selección lamarckiana, lo aprendido podria pasar a formar parte de un patrimonio cultural colectivo contradiciendo asi la idea darwiniana de que los caracteres adquiridos no se trasmiten, la selección lamarckiana aseguraría además su rapida difusión.

Es verdad, si usted aprende a tocar el piano, esa habilidad no se la trasmitirá a sus hijos, si usted durante su vida hace una mutación en algun oncogen, esa mutación no será trasmitida a sus hijos, ese cáncer será sólo cosa suya. Sin embargo determinadas mutaciones culturales si se trasmiten de generacion en generacion y de individuo en individuo aunque el mecanismo que utilizan estos memes no está del todo aclarado.

Mi idea es que los trastornos alimentarios y más concretamente la anorexia mental son enfermedades raras si atendemos a su causalidad genética, algunas como la bulimia practicamente desconocidas hasta los años setenta. Sin negar la evidencia de que anteriormente podrian haber existido con otros nombres o conceptualizaciones, es evidente que estas enfermedades se “contagian” o mimetizan.

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Cuando hablamos de contagio la primera idea que nos viene a la cabeza es la del contagio por microorganismos y lo imaginamos como algo que sucede de persona a persona. Pero este no es el caso del contagio al que no referimos en las enfermedades mentales: el influjo de una persona sobre otra puede suceder pero no es la variable critica. Para entender mejor esta forma de contagio habrá que esperar al proximo post, donde explicaré mejor la estructura de un meme.

22
feb
08

Los misterios de la anorexia mental

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“El comer y el rascar todo es empezar”

Ch. Lasègue

La anorexia mental supone todo un desafío a nuestra concepción de la enfermedad mental por varias razones: la primera es de orden nosográfico. Efectivamente la anorexia mental en particular y los trastornos alimentarios en general ponen patas arriba determinados paradigmas de las clasificaciones psiquiátricas como el de orgánico-psicógeno y tambien el de neurosis-psicosis que han presidido nuestra conceptualización del sufrimiento mental desde el siglo XIX hasta aqui.

La anorexia mental no es una neurosis clásica ni tampoco una psicosis, tampoco es una enfermedad nueva aunque es más que evidente que los trastornos alimentarios en general son enfermedades donde lo cultural, lo psicológico, y lo biológico se anudan entre sí de una manera bastante distinta a lo que solían hacer las enfermedades mentales clásicas. Es evidente que los factores sociales desempeñan en esta enfermedad un papel importantisimo por estas razones:

  • Es una enfermedad de mujeres, en una proporción de 10/1.
  • Es una enfermedad que parece “contagiarse”, en la actualidad estamos asistiendo a una verdadera epidemia de casos sobre todo en la población en riesgo: los adolescentes.
  • Es una enfermedad que parece reclutar a un tipo de pacientes muy similar a las epidemias de histeria del siglo XIX, sin ser un trastorno histérico clásico. La anorexia no deja de ser una estrategia de coacción y de obtención de poder sobre el médico y sobre la familia.
  • Es una enfermedad ligada a determinadas creencias o entornos sociales como por ejemplo la demonización de la obesidad, el mundo de la imagen, el culto al cuerpo, la abundancia económica y bienes alimentarios y la hegemonia del individualismo, de la competencia y de los rendimientos. Curiosamente la anorexia mental es prevalente en aquellos lugares donde la obesidad es tambien prevalente.

Todo lo cual nos lleva a pensar que el culto a la delgadez como paradigma social pueda aprovechar determinadas vulnerabilidades en las adolescentes que no hubieran emergido de no darse determinadas circunstancias sociales y determinados cambios en los valores, costumbres y modos de relación.

Probablemente esta vulnerabilidad biológica de las adolescentes tenga relación con lo que Lasègue llamó “la mayor resistencia de la mujer a la inanición”, lo que explicaría en el plano biológico este sesgo sexual. En el plano psicológico la vulnerabilidad está relacionada con la adaptación a los cambios corporales e interpersonales del cambio puberal con una precocidad cada vez mayor debido a la opulencia alimentaria y a la sobreestimulación y por fin en el plano social es evidente que existe una presión enorme hacia las niñas púberes y adolescentes no solamente en cuestión de rendimientos sino tambien de exigencias sexuales y de atractivo cada vez más precoces.

El segundo misterio acerca de la anorexia mental es el etiológico: ¿cual es la causa de esta enfermedad?

Es evidente que no hay anorexia sin dieta restrictiva: sea cual sea la razón o motivos de entrada en esta conducta restrictiva todos los trastornos alimentarios comenzaron con una dieta hipocalórica: aquella que está por debajo de las necesidades nutricionales de un organismo concreto, usualmente iniciada con el propósito de adelgazar, aunque en otras ocasiones este propósito está ausente y en otras disimulado o negado.

Tambien resulta claro que las muchachas que se someten a estas dietas hipocalóricas suelen ser muchachas instaladas en los extremos de la maduración sexual: o bien son adelantadas con respecto a su grupo de edad o bien por el contrario presentan claras desventajas con respecto a sus iguales. Las chicas precozmente atractivas que desarrollan caracteres sexuales secundarios ostensibles con o sin sobrepeso y las chicas de baja talla o retrasos en la maduración sexual son frecuentes candidatas a padecer un trastorno alimentario. Lo que viene a señalar claramente que las razones para iniciar una dieta en este grupo de población está fuertemente influenciado por el atractivo sexual.

En este cuadro de Munch podemos observar a una adolescente frente al dilema de su cuerpo quizá ensangrentado por una primera regla. Nótese el ambiente melancólico y el aislamiento casi ontologico, aterrador de esta muchacha desnuda al borde de su cama.

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El siguiente misterio está relacionado con la elección de la comida como objeto fobógeno algo que parece poco coherente desde el punto de vista psicoevolutivo: efectivamente “lo temido” parece relacionarse con amenazas ancestrales: animales ponzoñosos, alimentos venenosos, depredadores, fenómenos de la naturaleza, lugares abiertos o cerrados, etc. Dicho de una manera más clara: determinados aprendizajes relacionados con el temor se encuentran facilitados en aquellas amenazas que se han comportado como tales en el registro filogenético de la humanidad: se trata pues de objetos fóbicos comunes para la especie humana de la que nuestro cerebro guarda algún tipo de memoria evolutiva, la comida en este sentido parece un mal candidato para constituirse en objeto fóbico.

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Es verdad que los seres humanos podemos asociar casi cualquier cosa con el temor, pero no cualquier objeto puede constituirse en fóbico, algunos estimulos tienen preferencia sobre otros y no hace falta más que pensar en la dificultad que tiene la población general el asociar el cigarrillo a la enfermedad. Por otra parte es muy dudoso que en la anorexia exista una fobia a la comida, más bien parece que la anoréxica tema las consecuencias de la misma según una particular manera de entender la alimentación: como si la consecuencia inevitable derivada del comer llevara al individuo a un engorde exponencial de crecimiento sin límite. En este sentido es posible defender la idea de que existe una creencia irracional con respecto a la manera en que ellas imaginan la ganancia de peso.

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Ubicación de la ínsula

El horror a la obesidad puede proceder de una idea irracional o sobrevalorada que tiene que ver con la perdida de control asociada a ella.

Por otra parte la comida y sus consecuencias aparece como algo repugnante más que temido lo que coloca a esta fobia a la obesidad frente a una encrucijada psicopatológica: ¿es un temor o una repugnancia?

Lo cierto es que la repugnancia y el asco (disgust) no son la misma cosa que el miedo, se trata de una emoción que aun siendo innata se encuentra poco estudiada si la comparamos con el miedo o la ira. Pero hoy sabemos algo sobre el asco que no sabiamos hace pocos años: que se computa en un lugar distinto a la amigdala -lugar donde procesamos los temores-, la repugnancia o el asco se computan en la ínsula, una pequeña estructura del sistema límbico que está más relacionada con los temores de contaminación de los obsesivos que en los temores de las fobias: desde el punto de vista neuroanatómico al menos existe una correspondencia con la fenomenología de la anorexia mental, es muy posible que lo que entendemos como fobia a la obesidad sea una repugnancia, disgusto o malestar destinado a evitar la glotoneria cuando la comida ha logrado asociarse a una respuesta de este tipo.

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Lo que es seguro es que una conducta de rechazo o evitación de la comida tiene como resultado un adelgazamiento y pérdida de peso que va acompañado de una sensación de autoeficacia. Nadie seguiría una dieta si al mismo tiempo esa restricción no se correspondiera con un cambio cerebral relacionado con la recompensa. En el plano biológico está demostrado que los cambios provocados por el ayuno son múltiples:

  • Un aumento de la obsesividad
  • Un aumento de la hiperactividad
  • Una mejoria del humor
  • Un aumento del control subjetivo (autoeficacia)

Lo que es lo mismo que decir que el ayuno es un potente antidepresivo, lo que explica que resulte tan adictivo y tan dificil de remover una vez se ha instalado el bucle anteriormente citado en el esquema.

El control-autoeficacia es un paradigma de enorme interés en la conceptualización de la psicopatología de los trastornos alimentarios porque explica el por qué una paciente se mantiene dentro de la conducta patológica, una vez ha entrado dentro del ciclo, pero no explica otros síntomas. Sigue sin tener contestación la pregunta siguiente ¿por qué la paciente que mantiene sus facultades cognitivas integras mantiene una conducta autodestructiva sin darse cuenta de que es perjudicial para ella?

El control-autoeficacia es la sensación que un individuo tiene de mantener las cosas bajo su dominio. Es la sensación que todos tenemos de que conduciendo un coche tenemos menos riesgo que yendo en avión a pesar de contradecir la verdad estadística de que es más fácil morirse de un accidente de trafico automovilistico que de accidente de aviación: aun sabiéndolo la gente tiene mas miedo al avión que a los coches. La razón de esta discrepancia es que el coche es conducido por mi y además se desliza por tierra: uno tiene la sensación de que controla la situación, una ilusión subjetiva para que nuestro cerebro nos lleve a engaño en cuanto a nuestras posibilidades de morir.

La anoréxica tiene motivos para creer en sí misma después de haber conseguido adelgazar, el hecho de que ya no pueda parar necesita desde luego otra explicación y que tiene que ver con la función de las compulsiones en general. Una compulsión es una conducta estereotipada que sirve para neutralizar los efectos imaginarios de una obsesión, pero hay otra acepción de la palabra compulsión -la que nos legó Freud-. La compulsión es sinónimo de repetición y la repetición es la base del aprendizaje y de la supervivencia. Repetimos -hacemos conducta- aquello que se encuentra en nuestra memoria procedimental y que no ha entrado a formar parte de un circuito cognitivo y que pertenece a una rutina de instrucciones elementales para la vida: repetimos aquello que aporta recompensas, sexo y comida sobre todo. De esta manera podemos entender que cualquier conducta repetitiva se asienta en este mecanismo aunque su función adaptativa se haya estropeado. Lo que se avería es pues la asociación pero nunca el mecanismo intrínseco de la repetición que está diseñado precisamente para repetir.

La anorexia repite su conducta restrictiva porque ha aprendido algo acerca de esa conducta: aumenta su sentimiento de autoeficacia y la aleja de sus temores respecto a la obesidad. Por eso la dieta es la dieta sin fin y se constituye en un bucle diabólico.

Asi y todo es dificil entender del todo esa incapacidad de parar a tiempo: algo que por cierto hacen algunas anoréxicas. ¿Por qué unas lo hacen y otras son incapaces de hacerlo?

En mi opinión son precisamente las anoréxicas con aspectos obsesivos las mas rigurosas con la dieta y las que tienen mas dificultades para parar su conducta restrictiva. Es muy probable que los rasgos de personalidad obsesivos -como el perfeccionismo- aumenten la vulnerabilidad a la anorexia mental o si acaso aumenten la facilitación a seguir en el bucle una vez dentro de él: sabemos que los obsesivos son enfermos que presentan un cierto retardo en mover ficha cuando son sometidos a una tarea donde tienen que parar después de haber aprendido a dar una respuesta de movimiento a una serie motora, lo que traduce una disfunción del eje cortical-talámico-estriado o lo que es lo mismo una dificultad para interrumpir un movimiento repetitivo motor automatizado en la memoria implicita del estriado.

Dicho de una manera más clara: los obsesivos tienen dificultades para inhibir una respuesta motora una vez la han iniciado, es decir tienen dificultades en frenar.

Pero todo y así la anorexia mental es un sindrome heterogéneo y demasiado complejo para tratar de explicarlo de una manera sencilla.Se plantea además otro misterio ¿Por qué las anoréxicas tienen una distorsion del esquema corporal? es decir ¿por qué se ven gordas a pesar de estar en los huesos?

Será en al proximo post.

13
feb
08

El efecto placebo y la causalidad no lineal

El efecto es anterior a la causa.

Sigmund Freud

En el post anterior describí como los eventos psíquicos se encontraban enlazados entre si a través de dos formas bien conocidas: el enlace lineal que rige en el condicionamiento clásico y el enlace no lineal donde un efecto B incluye y excluye a la vez una causa A. En términos prácticos significa que B no es causa de A si entendemos la palabra “causa” en su sentido finalista. No es suficiente con que se de A para llegar a B, sino que hay algo más que se añade o se sustrae al hecho psíquico previo A para que se de una causa B.

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Un ejemplo concreto de este tipo de causalidad lo tenemos cuando llegamos a un efecto B por razones que no están entre los efectos de A. Y un ejemplo más concreto de este tipo de fenómenos lo encontramos en el conocido efecto placebo cuyas complejidades van más allá de lo que entendemos por sugestión puesto que el efecto placebo remeda y plagia por asi decir los efectos de un fármaco genuino, una de las hipótesis para explicar este fenómeno está relacionado con la anticipación de las respuestas placenteras. Por ejemplo en relación con los farmacos antidepresivos (que son los mas estudiados en este sentido) sabemos que solo el 27% de sus efectos son debidos al propio efecto de la droga siendo al menos la mitad de sus respuestas positivas debidas al efecto placebo y siendo atribuible un 23% a un efecto inespecífico (Sapinstein, 1996), por esta razón algunos autores han planteado si los antidepresivos no serán farmacos antiestrés más que antidepresivos en sí mismos.

Ahora bien, la anticipación de una respuesta placentera es una secuencia que desdice la linealidad y que parece que opera hacia atrás, de forma retroactiva sobre el sistema que pretende excitar el propio fármaco en la via aferente. El fármaco operaría como un estimulo incondicionado (EI) si tiene una acción central determinada, en este caso un efecto antidepresivo pero el individuo va a hacer algo más que esperar a que se produzca el efecto: predecirá un efecto beneficioso o perjudicial (efecto nocebo) que es independiente del efecto objetivo del fármaco. Esta predicción-anticipación de un efecto beneficioso no es atribuible a la droga en sí sino que operaria como un estimulo condicionado (EC) que no tiene nada que ver con el efecto farmacológico pero llegaria al mismo punto: la mejoria subjetiva del humor, una respuesta condicionada (RC) que equivaldría a la respuesta incondicionada (RI) provocada por el medicamento que creemos que es un antidepresivo. Dicho de un modo más claro la creencia -esperanza en la mejoría- opera en otro lugar distinto a la del fármaco y además la potencia de su efecto es independiente de si estamos tomando un antidepresivo o un droga sin efecto alguno, sin embargo la respuesta condicionada y la incondicionada sumaran sus resultados una vez que el farmaco verdadero haya comenzado a hacer efecto, multiplicando la respuesta.

Un caso particular de este efecto placebo es el efecto paradójico de algunos fármacos: sucede cuando una droga concreta hace el efecto inverso al que cabría esperar de su acción farmacológica conocida: el efecto álgico de la morfina, la salivación de la atropina, la hipertermia del etanol o la bradicardia de la epinefrina. Este tipo de efectos inversos o en espejo nos han enseñado mucho acerca del efecto placebo. ¿Como explicar el efecto salivador de la atropina por ejemplo si la atropina tiene un efecto anticolinérgico en las sinapsis que induce la sequedad de boca?

La atropina provoca sequedad de boca sólo como estimulo incondicionado (EI) es decir solo cuando opera en la via aferente, allí donde hay receptores colinérgicos para recibirla y hospedarla, pero la atropina opera además en otros lugares. ¿Qué sucede cuando la atropina actua en la via eferente, alli donde no hay receptores colinérgicos con los que unirse? Lo que sucede alli es que la atropina opera como si fuera un estimulo condicionado (EC). Lo más común es que un estimulo condicionado sume su acción al estimulo incondicionado (EI) multiplicando los efectos corrientes de la droga. Asi:

EC+EI=RI+RC

En cualquier droga existe un efecto incondicionado y objetivo que es dependiente del efecto farmacológico de la misma pero tambien un efecto condicionado que no es atribuible a la misma y que generalmente potencia sus efectos y tambien sus efectos adversos.

Pero puede suceder que el efecto condicionado (EC) vaya en la dirección opuesta al efecto de la droga y que al final la respuesta condicionada supere a la incondicionada y se obtenga una respuesta contraria a la que cabría esperar. En este caso la hipersalivación. Podriamos afirmar en este caso que el efecto condicionado ha sido superior al efecto de la droga, usualmente esto sucede cuando el individuo anticipa este tipo de efectos o bien cuando la respuesta se ha condicionado, es decir cuando se ha enlazado a otros estimulos que hacen hipersalivar.

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Un estimulo se llama condicionado porque provoca respuestas condicionales es decir no existe una respuesta específica sino que es capaz de generar distintas repuestas segun otros estimulos que le sean contingentes en el tiempo. Por ejemplo el individuo que toma atropina puede asociar en su mente la toma de este fármaco con una impresión cualquiera por ejemplo con el zumo de limón. ¿Qué podría suceder en este caso?

En este caso el enlace atropina-jugo de limón podría hacer en la via eferente el efecto contrario al de la atropina manifestando los sintomas del zumo que se añadirian a las propias de la droga generando una respuesta condicionada opuesta. Asi:

EI+EC1+EC2=RC

Más claramente: el estimulo condicionado (limón+atropina en la via eferente) retroactua sobre la via aferente provocando una transformación de la misma en el sentido de que se impone al propio efecto del fármaco, pero no se trata de un efecto cualquiera sino su opuesto.

Esto nos da una idea acerca del poder de las respuestas condicionadas en virtud de los estimulos condicionados. El único problema que tenemos para aprender a utilizar mejor el efecto placebo es que las asociaciones y enlaces entre estimulos condicionados se hacen al azar y no nos es posible predecir qué estimulos condicionados se asocian con más frecuencia con los incondicionados o cómo las creencias modifican estos patrones de asociación.

11
feb
08

Inconsciente freudiano e inconsciente procedural (*)

Aquellos que ya hayan leido el post que antecede ya habrán entendido que el inconsciente que nombran los neurobiólogos no es el mismo inconsciente del que hablan los psicoanalistas.

En efecto, el inconsciente freudiano se caracteriza por un mantenimiento activo de las representaciones a través de la represión mientras que el inconsciente neurobiológico se refiere sobre todo a las rutinas motoras que son inconscientes para ahorrarle al sujeto la incomodidad de tener en la conciencia determinadas secuencias automatizadas. Una de las características de estas secuencias es que pueden ser hechas conscientes con facilidad, es el caso de la respiración consciente o de la deambulación consciente, algo que hacemos cuando hacemos yoga o simplemente cuando marcamos el paso.

Sin embargo el inconsciente freudiano no tiene un acceso fácil a la conciencia: sus contenidos, las razones emocionales por las que hacemos las cosas no se encuentran a disposición del consciente sino que precisan de un cierto trabajo de elaboración: repetir, recordar, elaborar son los tres tiempos de esta recuperación de la que se ocupa el psicoanálisis. Según Freud esta dificultad procede del uso de la represión, un mecanismo de defensa cuya función consiste en alejar de la conciencia moral determinados impulsos que entran en contradicción con nuestro bienestar, nuestra autoestima o nuestra rectitud moral. Los impulsos que se encuentran reprimidos son pues aquellos que entran en contradicción con esa parte moral -que Freud llamaba Superyó- y que es en parte consciente y en parte inconsciente, códigos morales de los cuales no tenemos tampoco recuerdo alguno de cómo se formaron pues se trata de improntas procedimentales que aprendimos por identificación con nuestras figuras educativas, improntas inefables de las que no recordamos ni el nombre, ni el lugar, simplemente las tenemos (o no las tenemos) como siempre sucede con los primeros eventos procedimentales.

Naturalmente las rutinas motoras que aprendimos repitiendo a caminar o a conducir no están sometidas a este principio represor y son precisamente por eso permeables a la conciencia. Sin embargo las secuencias emocionales que ponen a prueba nuestras pulsiones más afectivas están fuertemente afectadas por la represión.

La represión sólo actua pues en la parte emocional de nuestra memoria, en aquella que reside en la amigdala, aunque pueda afectar a los hechos o conocimientos declarativos, no hay que olvidar que ambas memoria operan en paralelo.

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Ahora bien, tanto el inconsciente freudiano como el neurobiológico operan de un modo similar, mediante asociaciones o enlaces Casi todos nuestros aprendizajes son nexos asociativos entre ideas, sentimientos o pensamientos. Significa que un hecho psíquico está siempre asentado en otro hecho psiquico anterior. El modo de aprendizaje mas sencillo es precisamente el condicionamiento clásico: casi todo lo que hemos aprendido de interés para subsistir lleva este apellido, se trata de un aprendizaje de enlaces arbitrarios , en el sentido de que podemos aprender tanto algo beneficioso para nuestra supervivencia como algo perjudicial por el mismo mecanismo. Las leyes del condicionamiento se imponen a otro tipo de aprendizajes más sofisticados y es posible afirmar que casi todas las tareas destinadas a la supervivencia las hemos aprendido como nos contó Paulov, asociando un estímulo A con un estímulo B que simplemente era contingente con él, como la campana y la comida de sus perros. La repetición de este evento lleva a casi todos los mamiferos a aprender rapidamente dos cosas fundamentales: que el estimulo A precede al estimulo B y que además el estimulo A predice el B, es esperable que después de A venga B. El resultado de esta secuencia es una conducta C, en este caso apetitiva, el aumento de jugos gástricos y la sensación subjetiva de hambre. Se escribe asi:

A → B

B → C (A, B)

Significa que B (estímulo) es contingente de A y por tanto la conducta C es causa de esa contingencia, de ese enlace. Como puede observarse en este sencillo ejemplo existe una linealidad causal entre los estimulos (campana, comida) con la respuesta (hambre) y además que: una vez aprendida tal contingencia basta solo con A para que se de C. Este tipo de aprendizajes fáciles son evolutivamente hablando los responsables de que los mamiferos aprendamos donde encontrar comida o sexo, cómo obtenerlos y a evitar los alimentos ponzoñosos, a los depredadores o los peligros, también hace fáciles la fobia a las arañas o las serpientes, el miedo a las alturas o la repugnancia hacia los alimentos que desprenden malos olores o están en contacto con venenos, se trata de aprendizajes emparentados con nuestra supervivencia, lo que los hace -una vez adquiridos- muy difíciles de extinguir.

Ahora bien los encadenamientos entre representaciones no siempre cumplen aquellas reglas, sucede cuando las emociones intervienen e imponen sus sesgos a la hora de construir enlaces, algo que podemos observar precisamente en la forma en que se construyen los sueños, los sintomas neuróticos o lo que Freud llamó en “La psicopatología de la vida cotidiana”, las formaciones del inconsciente como los actos fallidos, los olvidos, etc.

Una de las ideas fuerza de Freud es que en la formación de estos sintomas habia algo que escapaba del simple condicionamiento lineal. Para Freud los sintomas neuróticos (como los sueños, los olvidos o los actos fallidos) estaban sobredeterminados.

¿Qué significa sobredeterminación?

Lo que significa es que en este tipo de enlaces entre eventos psíquicos las representaciones mentales no se rigen segun las leyes del condicionamiento clasico sino que la lógica de sus enlaces es multiple y está presidida por un tipo de causalidad distinta a la lineal. En la época de Freud no se habia descubierto aun ni la teoria de sistemas, ni la logica borrosa, tampoco la teoria del caos y mucho menos la teoria cuántica. Es sorprendente que aun asi Freud teorizara acerca de la sobredeterminación cuando la ciencia era férreamente newtoniana y aun no habia empezado ni siquiera a vislumbrar la no linealidad.

La no linealidad significa que el evento A que precede a B no es necesariamente causa de B aunque no obstante B no podria darse sin A. A y B se encuentran enlazados por un tipo de causalidad que podria describirse de este modo: B incluye y excluye a A y que se representa así:

opticotransf2.gif

A ◊ B

Un grafo que mas tarde sería adoptado por Lacan para designar el tipo de enlace que mantiene ligado al objeto con el sujeto, un enlace que Lacan denominó deseo y que equivale a la pulsión freudiana.Esta inclusión/exclusión simultánea en la causalidad entre un hecho psiquico y su precedente significa que en la mente no existe solamente un tipo de causalidad lineal sino que está operando además otro tipo de fuerza – a la que Freud llamó líbido- pero que tambien hoy podriamos llamar subjetividad que es la que se manifiesta en B con independencia de A y que hace que B resulte nuevo en relación con A y tambien impredecible. Sólo asi se explica el conocido axioma de que en la mente no hay nada determinado y que, en suma, la conducta humana es impredecible porque el sujeto de alguna manera condiciona mediante su subjetividad la aparición de síntomas despues de una causa cualquiera de distrés.

Este nuevo hecho psíquico B puede considerarse una emergencia de A en el sentido de que A ha perdido algo para transformarse en B que a cambio ha ganado algo comparándolo con su predecesor. Esta sustracción de algo que se ha perdido en la transformación de A a B es sin duda la represión vista a ojos de hoy, no tanto como un ocultamiento o borramiento de información sino a una información que se perdió en la emergencia de lo nuevo, una reducción psicobiológica.

Esta consideración tiene consecuencias muy importantes de cara a la psicoterapia tal y como la concebimos hoy: no se trataría tanto de perseguir lo que se perdió en A sino la resignificación en el punto B de A, lo que nos lleva a una convicción que el propio Freud también intuyó: el tiempo no existe en el inconsciente, lo que significa que desde B podemos modificar a A sin necesidad de retroceder en el tiempo.

(*) Inconsciente procedural es aquel que guarda secuencias o rutinas automatizadas y que no se encuentran afectadas por la represión.

09
feb
08

Declaraciones y procedimientos

Al cerebro humano le pasa lo mismo que a los ordenadores: parece que la mejor forma de guardar datos en su disco duro -su memoria a largo plazo- es fragmentando sus contenidos. Asi opera la memoria del ordenador y asi opera la memoria de nuestro cerebro, se encuentra “guardada” en distintos lugares. Asi por ejemplo hablamos de memoria declarativa o explícita, un tipo de memoria especializada en hechos y acontecimientos, fechas, lugares y nombres, este tipo de memoria está ubicada en el hipocampo. Se trata de una memoria intencional, esa que ponemos en marcha cuando tratamos de recordar un nombre o un hecho concreto. Se llama explicita precisamente porque al recobrar los recuerdos que se encuentran aparcados en ella los transformamos bien en palabras o bien en imágenes, puede explicitarse.

hipocampo.jpg

Por otra parte tenemos la memoria procedimental o implícita que es un tipo de memoria que no se encuentra registrada en el hipocampo sino en el estriado y se llama implícita porque no puede recuperarse en forma de ideas, palabras o imágenes sino que solamente puede hacerse consciente transformándose en conducta. La mayor parte de la memoria implícita o procedimental es inintencional e inconsciente y está destinada a guardar aquellas secuencias motoras que hemos aprendido por repetición como tocar un instrumentos musical, andar, vestirnos o conducir un vehículo. La mayor parte de las instrucciones de uso de esta memoria son automáticas pues resultaria poco ventajoso desde el punto de vista cognitivo mantenerlas siempre y en todo momento en la conciencia. Significa que aquellos aprendizajes que están almacenados en este tipo de memoria los repetimos de manera automática sin pensar mucho en ellos, piensen en la gran cantidad de actividades que realizamos durante el dia y que son aprendizajes implícitos, desde que nos levantamos hasta que nos encontramos con alguna cosa nueva casi todo el tiempo lo pasamos fiándolo todo a nuestra memoria procedimental con una serie de rutinas repetidas que aplicamos casi sin mirar.

Pero hubo un momento en nuestra vida, por ejemplo mientras aprendimos a conducir, en que este aprendizaje fue predominantemente declarativo (explicito), aprendimos a conocer las normas de tráfico y aprendimos a manejar el volante, el embrague y el cambio de marchas hasta que tal aprendizaje se automatizó debido a la repetición y aquella secuencia terminó formando parte de nuestra memoria procedimental hasta tal punto que muchas de las señales de tráfico que aprendimos entonces ya las hemos olvidado aunque somos capaces de reconocerlas y de reaprender su significado en cuanto las vemos, un hecho muy importante que significa que el reconocer y el conocer no son la misma cosa. Lo que quedó de aquellos primeros aprendizajes y de los refuerzos diarios de esta habilidad de conducir son una serie de automatismos inconscientes que nos permiten conducir aunque no tengamos en la conciencia todas y cada una de las reglas de tráfico cuando lo hacemos. El aprendizaje motor está pues destinado a repetirse una y otra vez de forma automática.

No es de extrañar pues que en esa parte de nuestro disco duro que llamamos estriado se encuentren guardados nuestros aprendizajes motores, esos que llamamos habilidades (como tocar el piano o conducir) y nuestros hábitos: las secuencias personalizadas que hemos inventado para hacer las cosas a nuestra manera, nuestras manias por asi decir.

Tanto la memoria declarativa como la memoria procedimental operan por asociación, es decir aprendemos gracias a que somos capaces de asociar unos eventos con otros, es por eso que los seres humanos -como el resto de mamíferos- somos tan vulnerables al condicionamiento clásico pauloviano y tambien al condicionamiento operativo (sensibilización). Somos capaces de aprender tanto una secuencia de hechos vital para la vida como una secuencia de hechos sin riesgo alguno para nuestra integridad y que no obstante desencadena una respuesta de miedo aun en ausencia de peligro real, un mecanismo que está diseñado por la evolución para aprender pronto y rápido sobre el peligro, los venenos o las amenazas, desafortunadamente podemos condicionarnos tanto de una forma apetitiva (como el perro de Paulov) frente a un estimulo como la comida, pero también frente a otros que no son comida y que son un peligro real (como las drogas), del mismo modo podemos aprender respuestas aversivas a estimulos neutrales. Sucede porque este tipo de aprendizajes por condicionamiento clásico operan por contiguidad temporal, es decir los recuerdos que guardamos en nuestra memoria no son archivos (como los de un ordenador) sino secuencias temporales (que se asociaron en un momento determinado por presentarse juntas) o secuencias semánticas que se guardaron juntas porque estaban vinculadas por un significado común, por una etiqueta que las incluye a ambas.

Pero la memoria declarativa no construye significados sino que sólo es capaz de guardar los acontecimientos objetivos por asi decir. ¿De dónde sale pues el sentido que hace que dos estímulos se asocien y permanezcan asi guardados en la vecindad? Afortunadamente la memoria declarativa y la memoria procedimental trabajan en paralelo, es decir operan de forma simultánea tanto cuando una información entra y es guardada como cuando sale y se trasforma en una acción, representación mental, lenguaje o pensamiento.

El sentido se añade a un hecho declarativo por nuestra memoria procedimental, es ella la que genera sentidos -significados preverbales- que antes guardó pues no puede hacer otra cosa al ser incapaz de transformar aquello que guarda en palabras o imágenes, podriamos decir que la memoria procedimental es inefable y que recupera sus recuerdos a través de la repetición. De ahi que la repetición o la compulsión repetitiva que describió Freud sea algo irracional, inintencional y tan dificil de extinguir pues se trata de una conducta que busca sobre todo adaptar el cerebro a la realidad, a la evitación de un peligro virtual. La repetición no es patológica en sí sino que sólo lo es por la asociación que en un determinado momento creó entre un estimulo neutral y una respuesta aversiva.

La memoria procedimental es precisamente la que dota de significado emocional a los eventos, los hechos objetivos, la memoria procedimental tiene un aspecto emocional que se encuentra además ubicado en otro lugar: en la amígdala que tiñe o destiñe de colorido emocional a nuestros recuerdos y que conserva naturalmente aquellos con mayor tinte, por eso todos podemos recordar aquel dia en que nos rompimos un brazo, se nos murió un pariente o aprobamos un examen, pues se trata de un recuerdo privilegiado por la amigdala que tiñó de miedo, tristeza o alegria a un evento vital.

En la memoria procedimental existe otro tipo de aprendizaje que es el no-asociativo que va por las vias reflejas y que es aún mal conocido.

El interés psicológico y psicoanalítico que tiene la memoria procedimental en relación con la memoria declarativa es que esta última se forma hacia los 3 o 4 años de edad, es por eso que no tenemos recuerdos de antes de ese momento. Pero esto no quiere decir que no haya registro mnémico o improntas afectivas tal y como siempre han sostenido los psicoanalistas. Al parecer durante los primeros años de vida los niños han de fiarlo todo a su memoria procedimental que puede reconocer caras con sentido afectivo (la madre o los extraños) pero no puede conocer a la madre o a los extraños, es decir no puede adjudicarles estados internos, esa es la razón por la que un niño recien nacido no puede tener una imagen de sí mismo distinta a la de la madre, este fenómeno conocido como simbiosis y descrito por Margaret Mahler es ahora corroborado por las experiencias neurobiológicas que demuestran que la memoria fáctica y nuestros recuerdos comienzan con la instauración de la memoria declarativa hacia los 3 o 4 años de edad y que no es que hayamos reprimido aquella memoria sino que simplemente no habia memoria para nombrar las cosas o para desarrollar imágenes. De aquella época solo podemos recuperar un recuerdo con sentido que los psicoanalistas llaman la confianza básica, el balance positivo de nuestra vida mientras fuimos uno con nuestra madre. Ninguno de nosotros podría explicar esa experiencia optimista, ¿cómo la adquirimos?

Es algo inefable puesto que aun no teniamos palabras para nombrarla sin embargo ahi está: o la tenemos o no la tenemos.

Y que luego a lo largo de la vida tratamos de recuperar repitiendo siempre una misma palabra: amor sin caer en la cuenta de que esta etiqueta declarativa solo bordea de lejos a aquel sentimiento procedimental que se imprimió en nuestra primera infancia y que es el cimiento sobre el que construimos esos momentos de sentido que llamamos simpatía, alianza terapeutica, o transferencia.

04
feb
08

Caravaggio y la impulsividad

caravaggio1.jpg

Definir la impulsividad es algo tan difícil y al mismo tiempo tan intuitivo como hablar de la personalidad. Todo el mundo sabe a qué nos referimos cuando hablamos de impulsividad en las personas comunes pero el término se vuelve confuso precisamente cuando abandona el terreno de la normalidad y nos adentramos en el mundo de la psicopatología, en el mundo de la impulsividad extrema.

Es en ese terreno donde el constructo “impulsividad” adquiere su importancia por no ser un síntoma, ni un síndrome, ni una enfermedad en sí misma sino un punto de cruce de varias enfermedades o trastornos mentales o distintos sindromes y trastornos. Una encrucijada que pertenece a la esquizofrenia, al trastorno bipolar y a la depresión, al autismo, a los sindromes orgánico cerebrales e incluso a algunos trastornos de personalidad como los trastornos border-line o antisocial que parece que mantienen sobre ella -la impulsividad- una exclusividad forzosa.

La impulsividad hace referencia a un impulso, tiene un origen por tanto vinculado a lo instintivo, al deseo o a la consecución de placer: efectivamente sin un impulso vital nadie se levantaria de la cama, nadie buscaria comida o sexo, nadie perseguiria sus sueños o se emplearia a fondo para conseguir sus metas. El impulso asi contemplado es pues un equivalente del “élan vital” a esa energia que nos impulsa hacia un objetivo. Un impulso que podria ser traducido por vitalidad sin desmerecer en nada a su significado. Y asi sucede con la impulsividad en general: decrece con la edad, disminuye en proporción directa a la vitalidad de un ser vivo. Todos somos más impulsivos, imprudentes o temerarios de jóvenes que de viejos, ellos, aquellos que padecen algun trastorno de esta área de los impulsos también mejoran con la edad.

Lo que introduce una sospecha epistémica fundamental ¿Es patológica la impulsividad patológica? ¿Dónde está el límite entre la impulsividad que sufrimos las personas comunes y los enfermos mentales?

Lo cierto es que nadie lo sabe pero volviendo otra vez al terreno de lo intuitivo -señuelo de todo lo psicológico-podemos afirmar que hay personas tan impulsivas que su conducta resulta desadaptada, es decir se trata de una impulsividad tan intensa, súbita o persistente que interfiere gravemente con una buena adaptación al medio en que vive y se desarrolla un sujeto determinado. No es una definición que nos deje satisfechos del todo pero el paradigma de la adaptación-desadaptación es el paradigma que hoy utilizamos en psiquiatría y a falta de otro mejor deberemos seguir echando mano de él.

Un impulso patológico es aquel que presenta las siguientes características:

  • Está precedido por una fuerte tensión emocional subjetiva de carácter insoportable.
  • El sujeto siente una intensa urgencia por descargarlo.
  • El sujeto siente tranquilización y bienestar después de descargarlo, al menos durante un cierto tiempo en que aquella tensión emocional vuelve a presentarse.
  • El impulso suele dirigirse buscando un daño autoinflingido y en ocasiones dirigido hacia un objeto externo, en el primer caso hablamos de daño neurótico y en el segundo caso de daño psicopático sin embargo no es imprescindible que exista una motivación consciente de causar daño y tampoco es necesario que exista una planificación, el impulso irrumpe en la conciencia de forma súbita.
  • El impulso se siente como algo alienado, es decir como algo que procede del no-yo, algo que está más allá de la voluntad del sujeto.
  • El impulso se siente como algo insuperable en si mismo, irresistible.

Impulsión y compulsión son aspectos que se encuentran pues unidos por los bordes. Aunque a veces catalogamos una conducta como compulsiva y no de impulsiva resulta dificil diferenciar a ambas, por ejemplo ¿el vómito de las bulimicas es impulsivo o compulsivo? ¿La conducción temeraria o la promiscuidad sexual son impulsivas o compulsiva?. ¿Fumar cigarrillos es impulsivo o compulsivo?

Lo cierto es que los seres humanos somos muy vulnerables al condicionamiento clásico pauloviano y al condicionamiento operante, basta que algo lo repitamos un cierto número de veces para que nos habituemos a ese algo, no importa que resulte displacentero, cualquier conducta puede ser reforzada indirectamente a partir de una recompensa determinada o bien por la ausencia de un castigo consecuente con ella. La distancia entre una conducta y su condicionamiento deja a cualquier organismo abierto a la oportunidad para sensibilizarse a cualquier tipo de aprendizaje, es asi como aprendemos y es asi como enfermamos, por la misma via y por el mismo mecanismo.

La conceptualización histórica sobre la impulsividad procede de una idea de Esquirol , uno de los puntos fuertes de su concepción de las enfermedades mentales fue la invención del tratamiento moral (que hoy llamamos psicoterapia) para las enfermedades mentales y otro fué el invento de una nueva etiqueta diagnóstica, la monomanie instintive que incluiría lo que hoy llamamos trastornos del control de los impulsos (tricotilomania, piromania, cleptomanía, trastorno explosivo intermitente y ludopatía) junto con otros que ya no conceptualizamos en estado puro como la manía suicida, la manía homicida o la ninfomanía. La novedad que representaban estas nuevas enfermedades descritas fueron muy importantes para la psiquiatría legal pero no tanto para la psiquiatría clinica por lo que esta conceptualización fue y sigue siendo muy criticada: se trataba pues de locuras parciales, razonantes, donde el paciente parecia estar sano en casi todos los aspectos de su personalidad salvo en uno muy concreto, por eso se le llamó monomania, un término que ha llegado hasta nuestros dias en la convicción de que un individuo aparentemente sano puede en un momento determinado presentar un impulso morboso y llevarlo a cabo, lo que siendo cierto no explica nada acerca de su presunta anormalidad mental.

Dotado de la convicción de que las enfermedades mentales eran averías de la voluntad, Esquirol no solo propició un cambio radical en la asistencia a los enfermos mentales sino una nueva conceptualización sobre estas enfermedades como defectos de la voluntad entendida como un modulo de la razón independiente del resto de facultades mentales.

Generalmente los rituales repetitivos compulsivos son bastante mas bizarros que los actos impulsivos que se mueven siempre dentro de una cierta comprensibilidad. Lavarse las manos repetidamente no sólo es inadaptativo sino que es incomprensible tanto para el propio paciente que lo vivencia como algo intrusivo como para el espectador que lo vivencia como algo absurdo, sin embargo un crimen impulsivo puede poseer más “comprensibilidad” a pesar de que moralmente sea más rechazable que el ritual compulsivo. En este sentido un acto impulsivo como las autolesiones pueden comprenderse como maniobras de compensación ante un dolor moral inefable, un dolor sin nombre que resulta más intolerable como experiencia subjetiva que el propio dolor autoinflingido.

Caravaggio ilustra con sus pinturas sórdidas este post pecisamente por tratarse de un caso bien conocido de trastorno por impulsividad de tipo psicopático, al menos en dos ocasiones fue condenado o perseguido por sus crímenes. Aficionado a los duelos con espada, las peleas callejeras o su pasión por lo abyecto, Caravaggio representa al artista antisocial. La violencia se encuentra presente en su obra a través de sus personajes abyectos, prostitutas, seres deformes, pillos o delicuentes de poca monta. Su gusto por la decapitación y la sangre ilustra perfectamente el aspecto más conocido de la impulsividad: la violencia homicida.

caravaggio4.jpg

Para el psicoanálisis, sin embargo, no podemos comprender el deseo (el impulso) escindido de la agresión. Todo deseo no es sino un deseo de amor y de muerte, la función de la personalidad es neutralizar la agresión por medio de la libido y descargar las pulsiones tanáticas antes de vertirlas en la realidad. De eso se ocupa la voluntad, una especie de guardia urbano que destina cada pulsión a su finalidad. En este sentido se podría decir que la impulsividad seria un defecto de sintesis del Yo en su función de adaptar o encajar las pulsiones (que siempre son sexuales o agresivas) a su finalidad social u ontológica.

O dicho de otra manera: es imposible comprender la pulsión sin considerar su parte objetal: el impulso siempre va dirigido a algo o a alguien, es imposible una pulsión neutral. Asi las autolesiones e incluso el suicidio no serían conductas neutrales dirigidas a hacerse daño a uno mismo sin más sino a herir, mortificar o matar en uno mismo a un objeto tabú.

Si observamos la cascada impulsiva podemos ver precisamente como la impulsividad siempre supone un ir más allá en los limites que preservan lo sagrado, es decir las restricciones que acompañan la relación del uno con el dos, del sujeto con el objeto, teniendo en cuenta que el objeto puede estar fuera y dentro, en la realidad o en la representación asi hablariamos de una cascada neurótica:

  1. Pone en riesgo su fortuna (ludopatia)
  2. Ataque al principio del placer (autolesión)
  3. Pone en riesgo su salud (adicciones)
  4. Pone en riesgo su integridad fisica (acciones temerarias)
  5. Pone en riesgo su vida (suicidio)

Si tenemos en cuenta el objeto real esta cascada neurótica se transforma en una cascada psicopática:

  1. Ataque a la propiedad ajena (cleptomania, robo)
  2. Ataque a la libertad sexual ajena (violencia sexual)
  3. Pone en riesgo la salud de los demás (tráfico de drogas)
  4. Pone en riesgo la integridad fisica de otros (conducción temeraria)
  5. Ataca la vida de otros (homicidio)

    Como podemos observar en este listado de posibilidades impulsivas, existen dos modalidades segun que el impulso se dirija hacia el objeto o hacia si-mismo, pero la cualidad de los impulsos es similar y además está graduada de manera que existe una gravedad de menor a mayor en las conductas implicadas para llevar adelante la pulsión como si de una carrera de obstáculos se tratara, en cada valla la pulsión tiene que saltar por encima de controles, tabúes, restricciones y prohibiciones seculares, tambien de los sistemas de amortiguación o inhibición. Ser impulsivo es pues muy laborioso en una persona con un cerebro normal y es casi seguro que la voluntad en su triple dimensión, psicológica, ética y metafisica interviene en impedir el paso al acto en todas y cada una de las posibilidades de acción que se dan cita tanto en el individuo impulsivo como en el normal.

    Personalmente no creo en la alienación o urgencia del “impulso irresistible” sino en un fallo de la maduración de la voluntad (sobre todo de sus aspectos éticos) que hacen de dique a la agresión tanática de los humanos cuyo objetivo más adaptativo es la autoconservación.

    Es ese ir más allá de lo permitido y de la norma lo que hace tan excitante y adictiva la transgresión de cualquier precepto y es precisamente el miedo a ser descubierto de la cleptomana, la codicia de ganar dinero del ludópata, la excitación sádica de aquel que comete un crimen, la sensación voluptuosa de poder del violador o una oscura voluntad de dañar y de venganza en el pirómano los elementos inefables de la tensión que induce al impulso a consumarse. No tiene nada de extraño: cualquier persona normal que haya cruzado un límite cualquiera sabe a qué me refiero.




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