The long and winding road
That leads to your door
Will never disappear
Ive seen that road before
It always leads me here
Lead me to your door
(Paul Mc Cartney)
Tal y como dice Mc Cartney el largo y sinuoso camino conduce a su puerta, y nunca desaparece y es además siempre el mismo, porque siempre conduce al mismo lugar. Lo que es una manera de decir que el deseo discurre sobre un surco como un rio y que ese rio a pesar de parecer siempre el mismo tal y como sostenía Heráclito siempre es diferente y sólo se detiene frente a una puerta, es decir frente al objeto del deseo. Pues el deseo tal y como decía Jacques Lacan es siempre el deseo del otro, de lo otro.
Efectivamente el deseo se recicla sobre sí mismo después de pasar a través del objeto que lo suscita y su tendencia es antagónica a la identidad: deseamos lo diferente, deseamos lo que no poseemos, deseamos al otro en tanto posee algo que nos falta. Lo que deseamos es al otro en su Falta.
En este sentido el deseo es la operación inversa a la conservadora identidad que siempre tiende a establecerse cerca de las similitudes, a enroscarse en la repetición de lo idéntico. Igualdad y diferencia, persistencia y cambio establecen entre si una dialéctica que dirige e impulsa el deseo hasta su consumación: un dificil equilibrio que nos implica de por vida y cuyo compañero eterno de viaje es la repetición, la vieja diosa Ananké o tal y como aparece en la mitologia griega las tareas eternas de Sisifo.
El deseo es -tal y como sostiene Fernando Colina- curvilineo y discurre entre tres ejes, comienza en X, y asciende hasta Y y desde alli comienza un descenso que se caracteriza por la refractariedad del propio deseo que parece agotarse en Y. hay algo en Y, en la consecución del deseo que opera como un relé meláncolico. Hay algo en la satisfacción de melancolico hartazgo sin la cual -paradojicamente- el deseo permaneceria abotargado y no podria reciclarse ni renacer de sus propias cenizas, el goce del deseo está pues en desear más que en conseguir lo que se desea, tal y como Ovidio y Plutarco dejaron escrito siguiendo siempre la flecha del placer. Asi y todo el deseo ocupa un campo donde aparece un tercer eje y un punto: el Z que conocemos con el nombre de amor, es ahí donde el apego, el temor a la pérdida y el duelo se establecen como guardianes y convidados de piedra del deseo. Otros como Shopenhauer llamaron aburrimiento a este punto Z donde el deseo se renueva y a través del cual escapa de nuevo hacia un punto donde la excitación de un nuevo deseo le aparta del tedio.
El campo del deseo se establece y oscila periodicamente entre esos tres puntos, apetencia, satisfacción y apego.
Decia Freud que la salud mental consiste en amar lo que se desea y desear lo que se ama. Una tarea complicada que requiere la integridad de ese oscilador que llamamos deseo y que se comporta como una curva de Lissajous. Que Afrodita y Eros se lleven bien entre sí es una tarea que tiene sus dificultades y las tiene porque en cada coordenada el deseo sufre o puede sufrir accidentes, inundaciones, atascos, rozaduras e “impasses”. Y tiene dificultades porque los intereses de Afrodita son distintos a los de Eros, para ella lo que interesa es la satisfacción, el exceso, la voluptuosidad o la creación en si mismas, para él la dependencia, el largo plazo y todas las condiciones que alejen los temores de abandono, pérdida o soledad. Pessoa dijo “amar es cansarse de estar solo”, y define con esta frase de manera magistral los intereses de Eros.
Ese lugar basal que hemos definido como X es el lugar de partida que no de nacimiento del deseo que como puede observarse en esta curva se comporta como un oscilador con un punto bajo y un punto alto, pero siempre reciclado y representando al movimiento armónico complejo.
El campo sinuoso del deseo
Pero el deseo discurre siempre entre prohibiciones, no viene dado por la naturaleza como sucede en el instinto (en este post puede consultarse la diferencia entre instinto, pulsión y deseo). El deseo puede asomarse de vez en cuando a la pulsión parcializadora del instinto humano pero debe ponerse a distancia de ella a través de la funda del lenguaje y el simbolo. Asi debe sortear distintos obstáculos: transformándose, disfrazándose o decodificándose a sí mismo y si viene al caso saltando por encima de peligros y riesgos diversos. A veces el deseo puede ser aniquilado o paralizado por algunas de las instancias que intervienen en su modulación, algo que sucede en la neurosis obsesiva y de forma protocolaria en las psicosis.
Pues el deseo se encuentra propiciado por la vida y tasado por la realidad, regulado por la imaginación, censurado por instancias psicológicas y sociales, vigilado por las leyes justas o injustas, intervenido por los otros y es además de todo eso: centinela de la salud.
Pues una persona sana es sobre todo una persona deseante y amorosa.
El ajuste entre el deseo y su satisfacción es pues algo dificil y a veces una tarea heroica. La culpa, la angustia, el vacio, la soberbia, la codicia, la destructividad o la ira son sus consecuencias derivadas de conflictos internos, hablamos entonces de impulsividad o de trastornos pasionales. Por el contrario puede aparecer disminuido, agotado, empobrecido, embrutecido, entonces le llamamos melancolía o depresión.
Por ultimo el deseo necesita la protección del lenguaje, de lo contrario la pulsión amenaza con corromper lo que de humano hay en el deseo, una pulsión siempre adosada a la destrucción, la parcialización o la fragmentacion, hablamos entonces de psicosis, donde solo la pulsión se manifiesta circunscrita por el delirio, una de las formas de defensa que los humanos hemos inventado para guarecernos del deseo desnudo de significación.
De aquello que no pudimos resignificar.
Pues el deseo mana del amor , de la acción civilizadora de la palabra en manos de los padres, el deseo precisa de esta elevación, si no la alcanza simplemente agoniza en la pulsión y muere.
Para aquellos de ustedes que aun lo duden les recomiendo no se pierdan la interpretación del rio de Heraclito en boca de Paul Mc Cartney:
Bibliografia: Fernando Colina: “Deseo sobre deseo”. Ediciones 4.








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