Archivos para 30 agosto 2008

30
ago
08

El masaje tántrico (I)

El Tantra no es solamente sensorialidad extrema, pero pasa por ella en su camino hacia algo que está mucho más allá de la genitalidad, una mística de lo sexual. Por tanto, para comenzar olvide las maledicencias que por pura ignorancia desvirtúan el Tantra –sin tener ni idea de qué es- confundiéndolo con una variación sofisticada del placer meramente sexual.

El masaje tántrico –y esto es importante- no tiene por objetivo el orgasmo pero tampoco se empeña en contenerlo si se produce. Básicamente se trata de reorganizar una energía llamada kundalini (creativa o sexual, llamada también libido o élan vital) no en clave individual -para lo cual es muy aconsejable el Yoga u otras disciplinas orientales- sino en clave de pareja. Una de las actividades del Tantra encaminadas a despertar esa energía es el masaje denominado tántrico.

A diferencia del quiromasaje convencional, el masaje tántrico está centrado principalmente en el área genital. Naturalmente puede ser practicado por cualquiera, pero los mejores resultados se obtendrán si se cuenta con el ingrediente principal: el Amor.

Ha de utilizarse un aceite portador natural -o en su defecto crema- que no contengan aceites minerales. También es adecuado poner una música adecuada de tipo relajante.

A continuación les damos algunas indicaciones básicas para el masaje tántrico a Él. (En otro post incluiremos las indicaciones para el masaje a Ella.)

1. Él debe estar cómodamente tendido en decúbito supino (cara arriba), con las piernas levemente abiertas de modo que ella pueda sentarse entre ellas. Algunos hombres mantienen prejuicios que les impide sentirse relajados en esta postura. Si es así,si uno de ambos no ha de sentirse cómodo, simplemente no lo hagan.

Coloque una almohada bajo su cabeza que favorezca el contacto visual de la pareja. Es esencial una plena confianza entre dador y receptor. Ambos centran su atención en el hecho de dar/recibir (ella da, él recibe) y en la apertura mental a una experiencia de pocos conocida.

2. Comience por masajear suavemente sus testículos, una zona sensible y poco explorada. No tenga prisa y –de nuevo- hágalo con todo su amor. Entréguese a lo que hace.

3. Prosiga para despertar la sensibilidad de otras zonas tan poco habituadas a la sensorialidad táctil como son el escroto y el periné. Déjese llevar por su intuición femenina pero sea siempre suave y ejecute todos los movimientos lentamente.

4. Dedique ahora su atención al pene pero tenga presente en todo momento que está masajeando, no excitando. Repetimos: en el masaje tántrico no existe –contra lo que se cree popularmente- ningún objetivo eyaculatorio. Ambos están asimilando esa nueva y agradable experiencia, no practicando ninguna técnica extravagante. Masajée su pene deslizando sus manos alternadamente en ambos sentidos: de abajo arriba y después de arriba abajo. Pregúntenle a él qué le gusta más si sienten esa curiosidad. Mírense a los ojos, es importante. Cada movimiento y cada gesto ha de ser realmente devocional: disfrute tanto como su amado, fusiónese con ese goce suyo que va mucho más allá de lo corporal.

5. Prosiga por el glande. Masajéelo con tres dedos lentamente. Es una zona más enervada de lo que pensamos y recibe con este masaje múltiples sensaciones sumamente agradables.

6. Sepa que, durante la sesión, el pene puede alternar entre la excitación/dureza y el relajamiento. Es posible que él se sienta como cabalgando sobre una ola, con subidas y bajadas. Usted no está para juzgar ninguna reacción, ni para aprobar ni decepcionarse, sino para ofrecerle a él desconocidas y amorosas sensaciones. Permita que él fluctúe sobre esa placentera ola y lo manifieste libremente.

En algunos casos es posible que su cuerpo manifieste diversas emociones mediante signos que varían en cada caso (p.e. él podría sentir deseos de llorar, de reir, etc.). Esto es completamente normal y en este caso es importante que usted no intente consolarle activamente: basta con que él sienta que usted “está ahí”.

Idealmente, él no debería alcanzar el orgasmo inmediatamente (en realidad, ni siquiera obligatoriamente). Si se sintiera próximo a él, retire sus manos con dulzura, aconséjele respirar profundamente “poco antes-de”, y espere. Otra técnica que puede utilizarse, además de la respiración, es presionar con su dedo índice y mayor aproximadamente en el centro del perineo (la zona entre los testículos y el ano). Luego continúe como hasta entonces, repitiendo esta táctica más de una vez si fuera necesario (el Tantra recomienda que no sean más de seis veces) aunque, como en todo, la maestría se obtiene con la práctica.

En cualquier caso es una experiencia enriquecedora para ambos y les aconsejo que lo prueben. Pero recuerden que no se trata de un experimento sensorial sino una muestra de su amor, un regalo que le hacen a su amado.

Y no se sorprendan cuando él les diga que ha sido la experiencia más inolvidable o más inefable de su vida :)


29
ago
08

Teoria y experiencia

En este video la televisión Atina entrevista a Francisco Varela, merece la pena escucharle para entender el punto en que se encuentra la ciencia en occidente donde la antítesis teoría-experiencia sigue siendo el paradigma dualista vigente con independencia de que sus defensores defiendan en su fuero interno otras dualidades de mayor interés cientifico, así no es raro que un creyente sea al mismo tiempo un reduccionista o que un ateo sea al mismo tiempo un subjetivista. Cualquier combinación es posible en este mundo de las ideas que se nutre precisamente de ideales y no de experiencias propias y verificables.

El nihilismo se extiende por el mundo, casi simultáneamente a un grado total de locura colectiva y de una enfermedad autoinmune a escala planetaria.

28
ago
08

El karma de Althusser

En este post me propongo poner un ejemplo de causalidad kármica basada en un caso real, concretamente al caso de Louis Althusser y basada en un libro autobiográfico titulado “El porvenir es largo” y sobre el que ya hablé en este post. Sin embargo entonces me ocupé básicamente de las razones que Althusser esgrimió para que la justicia le considerara imputable por el crimen de su esposa Hélene: no lo logró y terminó sus días ingresado en un manicomio, la justicia siempre le consideró un alienado.

Para aquellos que quieran saber más sobre este caso pueden visitar este enlace donde se hace un análisis psicoanalítico del caso bastante bueno. O en este otro.

En el post anterior di una serie de definiciones sobre el karma que recuerdo al lector para que pueda seguir mi argumentación en el caso concreto de Althusser:

  • Karma es repetición de algo que vuelve de forma aparentemente inevitable y que está relacionado con el concepto freudiano de la compulsión repetitiva.
  • La acepción blanda y la más popular de karma se relaciona con el destino y la predestinación.
  • El karma es el balance de nuestros actos, el premio o castigo segun que ese balance haya sido positivo o negativo: hay una rueda de la fortuna y de la maravilla y una rueda de la desgracia y de la calamidad segun el “karma” que derramamos en cada uno de nuestros actos y elecciones.
  • No hay karma sin acción, sin conducta concreta, no hay karma sin intencionalidad, ni hay karma sin elección aunque se trate de una elección lejana o compulsiva . A veces puede parecer que estas elecciones están enajenadas pero esto siempre es por la disociación entre aquello que se eligió y las posibilidades que el individuo dejó escapar, el aspecto de alienación es siempre un subterfugio moral para eludir las responsabilidades de los propios actos realizadas “a posteriori”, una forma de pretexto racional. Aquello que acontece por fuera de la intencionalidad del sujeto no es karma ni deja rastros para la repetición

El caso de Louis Altusser contiene una novedad acerca del karma como entidad individual, parece que existe en este caso y otros muchos una compulsión repetitiva que es transgeneracional, que atraviesa las generaciones y que nos acerca bastante a esa idea del karma como maldición familiar como sucede en los mitos, donde los pecados o faltas de los abuelos parece que son purgados por los nietos, probablemente los terapeutas de familia y los que abrazan teorias sistémicas estarán de acuerdo en que existe un modelo repetitivo que atraviesa de parte a parte las generaciones y que trasmiten los “pecados” de una estirpe entera hasta que se encarnan en un individuo cualquiera que se ofrece al “sacrificio” y que es entonces llamado “paciente designado“, como si hubiera en las familias una especie de karma que va repitiéndose hasta que alguien rompe con la maldición usualmente en forma de locura, maldad o tragedia. Este aspecto del karma entronca con la tradición budista de la reencarnación, en este sentido no seria tanto el alma la que vaga de cuerpo en cuerpo buscando su purificación sino un determinado espíritu familiar el que se transmite a través de las relaciones de dominio y apego entre padres e hijos. En el caso de Althusser puede observarse precisamente como el karma individual del propio pensador es el mismo karma de su madre, es precisamente el “pecado” (la falta) de la madre lo que Althusser asume como propio de forma “espontánea”, lo que nos lleva a plantearnos el problema del libre albedrio y de la intencionalidad, pues no existe acto volitivo sin intencionalidad.

De su biografía solo rescataré aquellos elementos que me sirven para ilustrar qué es lo que se repite y por qué. En este sentido no quiero ser exhaustivo dándole al lector todos los elementos de análisis y le remito a su libro autobiográfico citado más arriba o a cualquiera de los artículos publicados en Internet que hablan tanto de su infancia como de su obra intelectual. Para mi los hitos más importantes de la biografia de Althusser son los siguientes:

  • Su familia tanto materna como paterna eran franceses pied noirs que vivían en Argelia y que eran algo así como funcionarios de la metrópoli que se relacionaban entre sí y que de alguna forma estaban destinados a emparentar, naturalmente estamos hablando de familias conservadoras y católicas.
  • Su madre perdió al amor de su vida -precisamente llamado Louis- en un accidente de aviación durante la primera guerra mundial.
  • Su madre se casó entonces con el hermano del fallecido y cuando nació Althusser decidieron darle el nombre del aviador desaparecido.
  • La relación entre Louis y su madre fue siempre muy estrecha, ya que Louis era en cierto modo -y a pesar de que tenia una hermana menor- el consuelo de su madre. Louis entendió desde su más temprana infancia que su madre le utilizaba para compensarse de su desgracia y de un matrimonio mal avenido con su padre al que describe con un carácter impulsivo y algo violento.

Con estos datos podemos reconstruir el karma que a través de la madre se trasmite hasta Louis: su destino es ser el sustituto del amor perdido de su madre en su corazón -al que bautiza con el mismo nombre- y la compensación de los sinsabores y decepciones de su matrimonio. Los chicos que son admitidos en el seno del deseo compensatorio de sus madres suelen ser perfectos y dóciles hijos a la vez que buenos estudiantes y eso fue lo que sucedió precisamente con Louis, comenzó a destacar precozmente en el colegio prometiendo una larga y fecunda carrera. El problema para Louis comenzaría a plantearse cuando alcanzó la madurez sexual, es entonces cuando comienzan sus problemas, primero con las poluciones nocturnas que trata de ocultar llenándose de vergüenza. Con el despertar de su libido comienzan precisamente sus primeros conflictos con esa madre posesiva, perfeccionista y amargada que le separa de sus iguales e interviene fácticamente negandole la sexualidad como más tarde se verá.

Es significativo que Althusser se masturbara por primera vez durante su cautiverio en la segunda guerra mundial en un campo de concentración nazi y que lo hiciera por indicación de uno de sus compañeros, lo insólito es que tenia 28 años y que precisara de asesoramiento, un dato que señala a una inhibición sexual muy importante de carácter culpógeno. En realidad pasó toda le guerra en ese campo de concentración dado que su regimiento entero se rindió sin combatir algo que más tarde sus enemigos en el partido comunista francés siempre le reprocharían . Lo asombroso de este cautiverio es que probablemente y descontando algunos episodios en la casa de los abuelos en Alsacia fue su periodo más feliz y sosegado desde el punto de vista mental , en realidad su primer episodio depresivo tuvo lugar tras la liberación: Althusser se deprimió al ser liberado, un dato que merece la pena retener para entender el karma de Althusser que estaba ligado precisamente a la cautividad.

Esta reacción frente a la liberación puede resultar chocante a aquellas personas no profesionales que siempre se imaginan los episodios depresivos como reacción vivencial a adversidades o a calamidades de la vida. No, en ocasiones el episodio depresivo tiene que ver con una ganancia y no con una pérdida, aunque en realidad Althusser no sintió la liberación como una ganancia sino que le enfrentaba con muchas de las posibilidades de la libertad -siempre incierta- y con la responsabilidad de tener que asumir una orientación profesional desligada de su familia. Señalaré que este primer episodio depresivo fue tan grave que precisó un ingreso hospitalario y la primera tanda de electrochoques y de inhibidores de la monoaminooxidasa, primeros antidepresivos que se sintetizaron y cuyos efectos secundarios eran difícilmente soportables, no sería la única vez que los recibiera en su su vida. Probablemente Althusser era un enfermo afecto de un trastorno bipolar aunque su diagnóstico en este contexto importa muy poco: lo que importa realmente es el destino del personaje, algo que él mismo comenzó a labrarse en este episodio que relataré a continuación fiándolo a mi memoria.

Cuenta en sus memorias un episodio acaecido en sus años puberales, andaba entonces Althusser enamoriscado de una muchachita de su misma edad a la que había conocido en la playa. El asunto es que aquel encuentro generó algunas citas más y la alarma de su madre que le regañaba por esa amistad. El recuerdo -que al parecer contó a su psicoanalista- era poco más o menos asi: se habia citado con ella y iba a dirigirse a la playa en su bicicleta, cuando su madre se dio cuenta de hacia donde iba y simplemente se le quedó mirando. Entonces Altusser que ya iba en dirección a la playa cambió bruscamente de sentido para apaciguar a su madre que ya estaba al parecer al acecho y sabedora de a dónde iba su hijo.

Este cambio de sentido en la dirección de su carrera tiene en mi opinión una lectura karmática concreta. Althusser ya habia sido designado por el destino (por su madre) como el sustituto del amor de su vida, al parecer este se habia acoplado bastante bien a las exigencias de su madre, pero su despertar sexual le impulsaba en otra dirección: la de su propio deseo. ¿Qué hizo entonces Althusser? Como puede verse en ese recuerdo de la playa, lo que hizo fue renunciar a si mismo y plegarse al deseo de su madre. En este episodio Althusser reconstruye los primeros carriles de su karma, su destino en ese momento quedó sellado a partir de su propia elección de erigirse en la prótesis materna. Althusser no seria ya Althusser sino la prolongación de la vida que su madre no había podido vivir por sí misma. La misión de Althusser seria desde entonces seguir ese rastro que su madre le propuso y hacer de su vida un ejercicio de simulación, apenas visible en las bambalinas de su talento filosófico e intelectual aunque no tanto político.

No es de extrañar que su segundo ataque melancólico fuera poco después de tener su primera experiencia sexual completa, es cuando conoce a Hélene la que seria su esposa con la que ejerce una especie de redentorismo social puesto que Hélene era una mujer sin demasiada formación y por supuesto sin fortuna, una especie de paria social que como él militaba en el partido comunista francés que seria otro de los escenarios donde Althusser escenificaria su karma de cautividad pues los ortodoxos comunistas de aquel entonces le coartaron continuamente su libertad filosófica e intelectual.

De su relación con Hélene interesa destacar que se trataba sobre todo de una relación tormentosa, pasional y canibalistica, de ese tipo de relaciones donde uno termina por devorar al otro. Muy probablemente en la evolución de su enfermedad Althusser intercaló múltiples episodios hipomaníacos que le llevaban a situaciones de exhibicionismo, escenas truculentas, desafíos, conductas bizarras, peticiones sexuales indiscretas a otras mujeres en presencia de Hélene, etc. Es muy probable que Hélene estuviera harta de él y que intentara varias veces divorciarse, el caso es que no lo consiguió y segun relata el propio Althusser en su biografia, Hélene le confesó que no podia vivir sin él pero tampoco con él, le rogó por tanto que la matara puesto que tampoco tenia valor para hacerlo por si misma.

Y eso fue lo que sucedió, Althusser no podia decirle que no a Hélene (como tampoco pudo hacer con su madre) y fue por eso que un día en un estado que hoy definiriamos como disociativo la estranguló. Lo cierto es que ni él mismo supo nunca por qué lo hizo aunque siempre defendió que era absolutamente responsable por ese crimen y que debería ser juzgado y castigado por él.

Pero no lo consiguió y fue declarado inimputable por causa de enfermedad mental, Althusser no volvería a salir de su ultimo cautiverio, el Hospital de St Anne.

Si Althusser mató a su mujer porque Hélene era la personificación de su madre o la mató porque ella se lo pidió y no pudo negarse no lo sabremos nunca y en mi opinión solo tiene un interés medico-legal. Lo importante es que su vida fue una prolongación de la tragedia de su madre que él aceptó llevar a cuestas de forma espontánea plegándose al karma de aquella. Tuvo una oportunidad de liberarse de aquel legado pero decidió no hacerlo, prefirió seguir los carriles de seguridad que le proporcionaba aquel fundamento familiar del que él era una parte muy importante quizá un mito.

Lo que le volvió durante toda su vida fue su decisión de vivir enjaulado, prisionero en la vida de otro, como un recuerdo sin corporalidad alguna, un fotograma desteñido y eso es lo que logró hasta que murió cautivo en este caso de la psiquiatría por prescripción judicial.

¿Qué hemos aprendido de esta historia?

El karma es sobre todo la sucesión de decisiones, cogniciones y sendas que vamos abriendo y transitando en la vida presididos siempre por algo que nos vino legado por nuestros progenitores. El buen karma es aquel que desde ese lugar logra transformarse en algo nuevo si es necesario saliéndose del destino que para nosotros planearon otros.

¿Mala suerte o karma?

Este blues precisamente habla de eso, se trata de un tema muy conocido de Albert King y que tambien fue grabado por Cream, vale la pena oirlo, se trata de “Born under a bad sign”(Nacido bajo una mala estrella):

20
ago
08

La rueda kármica

Lo que fue, eso será;

lo que se hizo, eso se hará.

Nada nuevo bajo el sol.

Si algo hay de que se diga:

“Mira, eso sí que es nuevo”, aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron

Eclesiastés

La suposición de que los eventos físicos se suceden con una periodicidad cíclica ya se encuentra entre las ideas que los filósofos griegos nos legaron, desde Heráclito hasta Spengler, pasando por Avicena, Shopenhauer y sobre todo por Nietzsche; la doctrina de la repetición ha sido abordada por numerosos pensadores y hasta hoy no existe en occidente una doctrina cognitiva explicativa acerca de ese misterio que tiene también correlatos en lo psíquico, los desastres ecológicos, la guerra, la economia e incluso en eso que se ha venido en llamar el progreso que para algunos es lineal mientras que para otros sigue dependiendo de las leyes de la repetición y de lo que Nietzsche llamaba el retorno de lo idéntico.

Hay algo de siniestro -de diabólico decía Freud- en esta repetición puesto que el concepto de retorno de lo idéntico puede definirse como la vuelta de lo mismo, de lo propio disfrazado con los ropajes de la alteridad, de lo otro. Lo que vuelve no es pues lo mismo sino algo íntimo que aparece en la realidad como si fuera un otro, algo que se le parece mucho sin ser exactamente lo mismo, algo asi como un fractal, algo que se presenta de forma autosimilar pero en distinta escala.

Para la psicología la eterna manía de la repetición ha representado y representa aún uno de esos enigmas que se constituyen en verdaderas “patatas calientes” para los investigadores, si descontamos a Freud que elaboró una doctrina explicativa sobre lo que el llamó la compulsión repetitiva el resto de investigadores han ignorado el problema de manera muy parecida lo que ha sucedido con los sueños: sencillamente nadie se interesa por ellos en la neurociencia actual.

La tendencia a equivocarse siempre en la misma dirección, la elección de objetos amorosos inadecuados, la tendencia compulsiva al fracaso o la ruina, la adicción al trauma, los hábitos nocivos, la tendencia a hacer algo a sabiendas que nos perjudica son los representantes conductuales de la compulsión repetitiva, algo de lo que cualquiera de nosotros podemos ser testigos puesto que todos de una manera u otra nos vemos afectados por ese misterio psicológico de la repetición.

Freud desarrolló a lo largo de su vida dos teorías para explicar la repetición de patrones de conducta que tendían a ser -en sus pacientes- destructivas para sus intereses y su salud, la psicología se ocupa pues de los efectos perversos de la repetición aunque veremos más abajo como la repetición es la condición de la causalidad psíquica y que solo cuando lo que repite son contenidos poco saludables es cuando hablamos de compulsión repetitiva. La primera teoría que Freud desarrolló fue la teoría de la represión, en “Recordar, repetir y elaborar” manifiesta que aquellos contenidos que escapaban al flujo psíquico y eludían su descarga en la realidad tendían a constituirse en cuerpos extraños que pugnaban por emerger, la compulsión repetitiva sería como la presentificación en la realidad de aquello que había escapado a la simbolización. Más tarde Lacan postuló la celebre máxima que reza así: “Aquello que no ha sido adecuadamente simbolizado vuelve a aparecer en lo real”. Más tarde Freud volvió sobre el problema en “Más allá del principio del placer”, en ese artículo Freud reconoce que no está todo dicho sobre el asunto contando sólo con la represión y es entonces cuando apela a una instancia psíquica misteriosa y diabólica que para él es constitutiva de lo humano, le llamo instinto o pulsión de muerte. Para el último Freud la compulsión repetitiva era pues un delegado de una pulsión destructiva, tanática que acompaña al deseo y lo envuelve enmascarado detrás del placer, algo estructural en el psiquismo humano e irreductible.

Una de las ideas que conviene recordar acerca de la compulsión repetitiva es que se trata de una instancia antiempirica que se opone a cualquier aprendizaje, es como si el sujeto que se viera apresado por ella estuviera enjaulado por una ignorancia ontológica fundacional acerca de su propia cautividad. Es decir que se vivencia como algo ajeno al propio Yo, algo alienado que viene de afuera y que deja al sujeto en un permanente desvalimiento con respecto a esa fuerza que parece operar al margen de la autonomía que se le supone al Yo. La mujer maltratada que elige a sus parejas precisamente por serlo no es capaz de concienciar que esa clave repetitiva está en algo suyo y no en una confluencia de factores externos debidos a la casualidad, dado que no hay acto volitivo sin intencionalidad es posible afirmar que la mujer maltratada repetidamente no es que sea masoquista como dicen algunos o tenga una “adicción al trauma” que dicen otros sino que hay algo en sus elecciones que siguen un patrón determinado y siniestro: a esa elección es a lo que Freud llamó compulsión repetitiva, en este caso de efectos funestos para la salud o la integridad de la víctima.

Y es ahora cuando conviene salir al encuentro de un concepto que no procede de nuestra tradición psicológica o filosófica sino de la tradición oriental, del budismo más concretamente. me refiero al concepto de karma.

El karma es una de esas palabras que los occidentales hemos adoptado y a la que hemos despojado de su acepción original, como sucede con la palabra yoga (yugo) u otras. Para la mayor parte de la gente karma significa destino o predestinación, una especie de sustituto de nuestras Moiras griegas o del fatum latino. Sin embargo el karma alude a las leyes de la causalidad psicológica y que los budistas imaginan como una rueda, es decir bajo una concepción cíclica como en nuestra tradición occidental.

El karma explica como nuestros hábitos se perpetuan con el tiempo y la Rueda (samsara) nos ofrece un esquema visual para entender y mostrar como opera la causalidad kármica, sin embargo a diferencia de las tradiciones occidentales la rueda kármica puede sortearse (más abajo veremos cómo) lo que de alguna manera se opone a la fatalidad de la idea del destino y tambien a las ideas filosóficas y psicoanaliticas que descansaban en la idea de la pulsion de muerte o de retorno inexorable de lo idéntico.

En el circulo más externo existen doce nidanas dispuestos como las horas del reloj y si se utiliza la estructura del circulo es para señalar acontecimientos de cualquier duración, un momento o una vida entera y desde la perspectiva budista sucesivas vidas, metafóricamente podemos decir que cada uno de estos doce motivos tienen un carácter fractal: los mismo modelos se repiten aunque modifiquemos la escala de observación, se trata de doce eslabones que ruedan constantemente y donde cada uno de ellos es causa del que le precede y no podría darse sin él. Otro motivo geométrico muy utilizado para ilustrar esta ciclicidad es la espiral que es probablemente una imagen relacionada con el acto de parar la rueda kármica o de alcanzar la sabiduría por la razón de que la espiral es una curva que se aleja paulatinamente del centro lo que es lo mismo decir que elude la causalidad.

Los doce nidanas de la rueda de la causalidad.-

  1. La ignorancia es el fundamento de toda acción causal kármica, nosotros la llamamos más psicológicamente como ese estado deficitario que nos hace depender de nuestros cuidadores, nuestra indefensión ignorante con la que venimos al mundo y nos condena a la dependencia, en el psicoanálisis se considera que es precisamente este estado de déficit el que causa el segundo eslabón.
  2. El acto volitivo o apetitos, es precisamente por ignorancia (por la necesidad de nuestra condición) por lo que comenzamos a operar en términos volitivos e intencionales: asi tenemos hambre y recibimos leche, dolor y consuelo, etc. El acto volitivo intencional dejará rastros de por vida en nuestra mente, tal y como sugirió Brentano y Husserl, la intencionalidad es la matriz de todo acto mental por más que muchas veces nos resulte difícil de aprehender precisamente porque determinados actos volitivos se transforman en compulsiones. El concepto de Bowlby, “apego” (attachment, descrito en este post) también se correspondería con este nidana, pero ya veremos como el apego psicoanalitico no tiene nada que ver con el concepto budista que más bien podría traducirse como aferramiento.

Los nidanas 1 y 2 descritos hasta ahora nos determinan sobre todo a través de la ignorancia y la intencionalidad: se trata de los primeros rastros del karma pero por pertenecer al pasado no son susceptibles de poderse modificar.

3.- Los actos volitivos intencionales conducen a la conciencia entendida como conciencia sintiente.

4.- La conciencia sintetiza y organiza las informaciones intencionales y rastros de los primeros estadios que proceden de los sentidos y dota a la experiencia de un sentido psicofisico fluctuando desde los sensorial hacia lo mental pues para los budistas el pensamiento es un sexto sentido. Cuerpo y mente quedan unidos en una unidad.

5.- Los seis sentidos, cuerpo y mente juntos significa poseer seis sentidos y seis conciencias sensoriales con sus respectivos canales.

6.- Contacto o dicho más picológicamente: las relaciones objetales proceden y son causa de los contactos sensoriales que cada uno de los seis sentidos establecen con objetos del entorno. Toda conciencia sensorial tiene su objeto.

7.- La sensación, surge naturalmente del contacto y genera tres tipos de estados, placer, aversión o indiferencia, en la sensación somos -desde el punto de vista cognitivo- arrojados al mundo. La sensación es equivalente al impulso y es la causa del deseo.

8.- El deseo o como dicen los budistas el afán o anhelo, es el eslabón de empalme de la rueda kármica y de la cadena causal, es equivalente a los que nosotros llamamos recompensa- placer o al principio del placer freudiano que divide el mundo en dos partes: lo agradable y lo desagradable. Es en este eslabón donde el individuo puede romper la cadena causal, desde aqui puede cortar la cadena bien mediante la satisfacción o el rechazo o bien puede dejarse llevar hacia el próximo eslabón de la cadena, tambien es posible retroceder en la cadena causal hasta el tercer eslabón: el afán de placer requiere sensaciones sensoriales, para tener sensaciones debe haber contacto con los objetos de los sentidos, para lo que es necesario la integridad de los seis canales sensoriales, para lo que es necesario el organismo psicofisico y la conciencia.

9.- Apego-aferramiento, el apego alude no solo a lo que se desea, a veces un objeto, a veces pertenencias y otras veces al propio Yo, también se refiere cuando el rechazo es el deseo causal al apego de desprenderse de algo. El exceso de apego es la causa -según el budismo- de todos los sufrimientos mentales, de la enfermedad y probablemente también la causa de esa tendencia tan humana a repetir aquello que ya fracasó en otro tiempo u otro instante que pasó sin posibilidad de transformación, en este sentido lo que impulsa a la rueda a girar es la propia causalidad kármica que rueda independiente a partir de nuestra imposibilidad de pararla dando la impresión ilusoria de que se mueve por sí misma. La compulsión repetitiva freudiana se explica en este modelo por un exceso de apego a algo, ese algo es usualmente nuestro propio modelo cognitivo, nuestros condicionamientos, ese rastro que aprendimos en eslabones anteriores y que es en rigor el karma. En este sentido la única manera de librarse de la repetición es deshacerse del apego.

10.- El apego desarrolla inmediatamente una reacción frente al devenir, el apego propone planes, una forma de estar en el mundo que se proyecta en el futuro mientras se vive aun en el presente. El apego propone la ilusión y mueve la rueda hacia adelante por la acumulación de actos volitivos impulsados en primer lugar por la intencionalidad. El devenir es el apego proyectado en el futuro.

Los nidanas 11 y 12 pertenecen al futuro y tampoco podemos hacer nada con ellos tal y como sucedía con los nidanas 1 y 2. La rueda kármica no puede detenerse cuando está situada encima del nidana 11.

11.- Nacimiento, en el sentido de nacer algo nuevo no importa qué, en cualquier caso algo que procede del deseo, que recorrió el apego y se proyectó en el porvenir. Es precisamente en este eslabón cuando algunas personas precisan hacer algo con su cadena causal y es precisamente en este nivel donde la voluntad no puede hacer nada. El individuo tendrá que aprender algo y no volver a “tropezar en la misma piedra”, pero habrá que esperar la próxima vuelta de la rueda, el Kairós de los griegos, la oportunidad.

12.- Porque todo lo que nace muere. Muerte en este sentido puede ser tomada literalmente o como la finalización de una ilusión, como un desencanto o una decepción pero tambien puede ser utilizada en su vertiente de renacimiento, de una nueva oportunidad. Efectivamente sabemos que para que cualquier empresa psicológica tenga éxito antes hay que liquidar las empresas anteriores que fracasaron, retirar nuestros esfuerzos por mantener vivas algunas relaciones con el pasado es la condición -por ejemplo- de establecer relaciones nuevas que vuelven a nacer en la ignorancia. El ciclo ha terminado y comienza otra vuelta iniciada en la ignorancia, en la necesidad y en la dependencia.

En este sentido podemos asegurar que la próxima vuelta de la rueda será tan autosimilar a la anterior como menos presencia consciente haya tenido el sujeto en cada uno de esos nidanas. En este sentido la repetición es la condición de haberse mantenido en la ignorancia mientras la rueda da vueltas y vueltas. Lo que se repite son aquellos contenidos mentales que dirigidos por la ignorancia, la intencionalidad y los distintos aprendizajes derivados de ella hayan conducido inevitablemente a establecer un excesivo apego por los propios condicionamientos. En este sentido adquiere relevancia la frase apolínea del “Conócete a ti mismo” una de las formas de eludir la inexorabilidad de la rueda kármica sin embargo los budistas reniegan tambien de la introspección, no se trataría tanto de conocerse a uno mismo (cualquier forma de Yo es ilusoria) sino de estar presente en todas y cada una de las decisiones que tomamos en las bifurcaciones.

Lo que nos lleva a una de las acepciones fuertes del karma: :aquello que vuelve es el resultado de nuestras acciones en el mundo, no somos demasiado conscientes de ello porque la mayor parte de decisiones que tomamos se producen de una forma acelerada sin darnos tiempo a pensar o sea de forma compulsiva o impulsiva. Pero los responsables de nuestros actos, incluso de aquellos más alineados, somos nosotros mismos. Y estas acciones retornan tanto las buenas como las malas.

Naturalmente este concepto choca con nuestras concepciones asistenciales paternalistas donde suponemos que los sujetos no son responsables de su propia conducta, siempre hay alguna justificación psicológica para cualquier tipo de conducta lo que aliena a los sujetos de forma doble: no es suficiente con su propia no-presencia sino que además el discurso científico le libera de cualquier responsabilidad, algo que sucede usualmente en todos los delitos o faltas. La locura por ejemplo es una elección, algo que hacemos en el nidana 6 a nivel de nuestras relaciones objetales, algo que no queremos ver, algo que obturamos con nuestro apego-aferramiento a nuestro propio karma, no hay pues nada fatalista en ella, los individuos toman decisiones erróneas o no en cada nidana, y en este sentido me gustaría aprovechar este ultimo suspiro del post para ilustrar por ejemplo lo que le sucede a un individuo cuando tiene que enfrentarse a una emoción frustrante en el nidana 7 por ejemplo. Supongamos que es la ira la sensación que predomina, el sujeto puede hacer dos cosas y de hecho la mayor parte de la gente no se dejan envenenar por esta emoción, no la pasan al acto, sin embargo hay otros que deciden lo contrario para liberarse de esa sensación desagradable y a veces intolerable. Uno puede elegir si tiene presencia y además existe otra opción: el individuo enfrentado a esa bifurcación puede transformar la envidia o la codicia en generosidad, la agresión o la rabia en compasión.

El libre albedrío existe en todos los eslabones de la rueda kármica exceptuando aquellos que están en el futuro o en el pasado y somos por lo tanto responsables de lo que nos pasa hoy pues fuimos responsables de lo que hicimos ayer, aunque saliéramos bien parados.

18
ago
08

“Mindfulness” y “awareness”

Los psicólogos y psiquiatras actuales estamos bastante familiarizados con estos términos, dos neologismos que pueden traducirse al español como presencia plena/conciencia abierta (Varela 1992). Y lo están sobre todo después de la publicitación de la terapia dialéctico comportamental que Marsha Lineham puso a punto hace relativamente poco tiempo y que ha demostrado su eficacia con los pacientes más graves: aquellos con trastornos de personalidad como los pacientes limite o border-line que presentan sintomatología de tipo suicidal crónico, trastornos de la identidad y trastornos relacionados con el área de la impulsividad.

Lo que pocas personas saben es que el termino mindfulness ya habia sido empleado antes por otra psicóloga llamada E. Langer que escribió un libro titulado “Mindfulness” en 1989 y no es un invento de la Lineham. En realidad no es un invento de ninguna de las dos sino una tradición en el pensamiento budista que se conoce vulgarmente como “meditación” y que es un término mucho más familiar y también confuso que el de mindfulness.

En aquella tradición se les llama muthama y vipassama a estos conceptos yóguicos rescatados ahora por las psicoterapias occidentales y de los que ya hablé en este post que titulé “Musica y meditación“. Son estos conceptos de los que hablaré en este post refiriéndolos a qué entendemos por meditación y qué interés tiene estos conceptos para un neurocientífico.

Efectivamente el término meditación es mucho más conocido y al mismo tiempo vulgarizado por el uso, no hay más que darse una vuelta con cualquier buscador de Internet para darse cuenta de que se trata de un término profuso y utilizado sin duda como herramienta de distintas búsquedas y distintas interpretaciones desde las más esotéricas hasta las mas banales.

A mi me interesa sobre todo como herramienta cognitiva, ¿qué puede hacer una mente para saber algo acerca de si misma?

En realidad entendemos como meditación alguna de estas posibilidades:

  • Un estado de concentración donde la conciencia se focaliza en un objeto o una función corporal.
  • Un estado para conseguir autorelajarse lo que se considera beneficioso tanto desde el punto de vista psicológico como médico.
  • Un estado disociado de la conciencia donde pueden haber estados de trance.
  • Un estado místico donde se conciencian realidades superiores o elementos religiosos.

El factor común a todos estos estados es que se trata de estados alterados e inusuales de conciencia. El meditador tiene que hacer algo para entrar en esta clase de conciencia modificada y alejarse por tanto de la conciencia vigil que es por definición desordenada, desconcentrada, divagante y no disociada. Este “hacer algo” supone un adiestramiento en determinadas técnicas que tienen como propósito algo bastante distinto a lo que la gente cree que es la meditación: de lo que se trata es de conseguir que la mente tenga presencia en los hechos mentales automáticos (mindfullness) y que la mente esté abierta a los estados mentales tal y como aparecen en la conciencia (awareness). Una presencia/mente abierta supone un estado de alerta a los contenidos mentales y en la practica yóguica se “aprenden” juntos, es decir se trata de procesos simultáneos y espontáneos en el iniciado.

Si he puesto el verbo aprender entre comillas es porque la esencia de la meditación es más un desaprender que un aprendizaje de algo mediante lo cual puede alcanzarse una determinada maestría o excelencia. En realidad meditar es una forma de conseguir alinear y llevar mente y cuerpo al mismo tiempo, al mismo paso, de lo que se trata no es de aprender a tocar el instrumento sino de afinar ese mismo instrumento, no se trata de dar en la diana sino aprender a sostener el arco, saber qué se lleva entre manos.

Si ustedes aun no han hecho la prueba de meditar pueden hacerlo para aprender algo de cómo funciona su propia mente, se trata de un primer ejercicio básico y al alcance de todos. Siéntense cómodamente, con la espalda bien erguida, cierren los ojos y traten de mantener la atención sobre algo muy concreto y sencillo: sobre su respiración, traten de concentrarse en el aire que inhalan por sus fosas nasales, piensen en lo frio que entra y en lo caliente que sale. Traten de hacer este ejercicio durante unos 5 minutos, cuando hayan terminado sabrán algo muy importante sobre su mente.

¿Ya lo han hecho?

Habrán observado lo difícil que es mantener la atención sobre cualquier cosa en este caso en algo muy fácil: la respiración, probablemente hayan tenido ustedes interferencias, en forma de ideas, pensamientos, juicios, imágenes, opiniones, diálogos interiores, etc. Pero no deben preocuparse por eso y si son capaces de observar esas interferencias sin hacer ningún juicio sobre el fenómeno habrás ustedes aprendido algo fundamental sobre su mente: existe una descoordinación continua entre el que observa y lo observado. Como en este caso lo que usted intentaba observar era una función corporal la conclusión debe ser esta: existe una total descoordinación entre su cuerpo y su mente, pero no se preocupe eso es normal la primera vez, lo importante es que usted conciencie precisamente esa disociación, ese desafine en ese instrumento tan necesario para saber como funciona una mente, la suya que es la unica que a usted debe importarle.

Piense ahora en la cantidad de actos de su vida que se encuentran automatizados, piense en como come, cuando bebe, cuando conduce o se viste y caerá en la cuenta de que la mayor parte de las acciones de su vida se encuentran divorciadas de su presencia, simplemente usted no está alli, piense en lo que se pierde pues esta ausencia implica que aquellas situaciones placenteras se le escurren de entre las manos, simplemente si algo es placentero para usted se le escapará por culpa de esa ausencia: el observador dejó pasar la oportunidad.

Y es que la mente tiende a divagar, tiende a sustituir un flujo por otro constante que viene a reemplazar al anterior, muchas personas solo son capaces de darse cuenta de que divagan cuando hablan en publico pero se trata de un fenómeno constante y que los budistas llaman el parloteo de la mente. Es obvio que en las primeras etapas del entrenamiento en mindfullness consiste precisamente en llevar quietud y reposo a la mente: apaciguar la mente es uno de los subproductos que se obtienen con este desaprendizaje.

Hasta llevar a la mente a este lugar:

Observen ese cielo azul, eso es la mente.

Observaran que en ese cielo, un simple trasfondo no-conceptual ocurren algunas cosas como por ejemplo la formación de nubes. Esas nubes son los estados mentales, los pensamientos, las fantasias, las distracciones que a veces vienen con el disfraz de la somnolencia de la relajación y el sueño. Mantengan la atención frente a esas nubes que se forman y se disipan constantemente y habrán aprendido otra cosa muy importante sobre los fenomenos mentales:

Todos ellos son impermanentes, es decir van y vienen, se construyen y se disipan, se mueven y desaparecen, no hay ningún estado mental que por si mismo permanezca quieto, inmutable, todos se transforman siempre que usted no cometa el error de querer detenerlo, enjuiciarlo o abstraerlo, limítese a observarlo sin juicio en perfecta epoche.

De lo que se trata no es que usted sea capaz de aquietar su mente y que no aparezca ningún contenido mental que perturbe la ligazón a lo observado, sino darse cuenta (hacer consciente) de que esos contenidos son mutables, que su tendencia natural es a disiparse.

Por lo tanto ya tenemos descritas las tres claves para comprender qué es la mindfulness/awareness: significa tener presencia con la propia mente hacia cualquier acto mental disminuyendo al automatismo, significa también llevar quietud a la mente a conciencia (a voluntad) y significa entender que cualquier hecho mental es transitorio.

Conseguir presencia/apertura en nuestra propia mente es esencial para estar allí cada vez que se produce la emergencia de una nube, piense usted la cantidad de veces que no estuvo presente cuando sucedió: “lo hice sin querer, “no me di cuenta” “yo no quería hacerlo” “no recuerdo nada de lo que pasó” son correlatos narrativos de una experiencia sin presencia. Determinadas personas son prisioneros de sus propios automatismos y muchos de esos automatismos son poco saludables y perversos en algunas personas sobre todo en aquellas que presentan enfermedades mentales. Todos lo somos -prisioneros del automatismo- de manera que despediré este post con una buena recomendación para dormir.

¿Qué es dormir? ¿Por qué elegimos un momento del dia para irnos a la cama? ¿Por qué ese momento y no otro? ¿Qué secuencia de hechos mentales se pone en marcha cuando nos dirigimos a la cama?

Dormir es un paso de un estado de conciencia a otro, pero existe una interfase en la que uno ni está despierto ni está dormido del todo, pero antes de llegar a esa interfase hay que seguir una rutina, un automatismo necesario, nos vamos a dormir a un sitio usualmente tranquilo sin ruidos, siempre el mismo y casi siempre a la misma hora: se trata d eun acto no planificado sino automatizado, de lo que se trata es que ese automatismo siga siendo automático pues si intervenimos en él con nuestra mente (con nuestra voluntad) lo manipulamos en nuestra contra.

Irse a dormir no debe hacerse nunca como un acto voluntario o impuesto por alguna instancia de nuestra mente, dormir no es una obligación ni un derecho sino una necesidad que acabará imponiéndose a nuestra voluntad. Si nos vamos a dormir porque mañana hemos de levantarnos temprano lo más probable es que no podamos dormir. Lo automático no admite intromisiones de la voluntad. La mejor razón para irse a dormir es porque uno tiene sueño, pero otra buena manera de hacerlo es ir siempre a dormir a la misma hora y siguiendo un ritual predefinido. Si aun así usted se ha llevado problemas a la cama y continua rumiándolos es inútil que permanezca en ella, lo mejor es aplicar el mindfulness que ha aprendido en este post y comience a atender a esas nubes que cruzan su horizonte mental sin hacer juicios sobre ellas y mucho menos tratar de disiparlas voluntariamente: el efecto que conseguirá será el contrario del buscado. Note como su mente no cesa de parlotear en contradicción con su cuerpo que quiere dormir, aprenda sobre esto y no lo repita mañana del mismo modo.

Muchas personas lo que hacen es luchar contra el automatismo y tratar de apaciguar su mente en ese estado de urgencia y nerviosismo que suele caracterizar a los que tienen prisa por dormirse. Ese estado disminuye el umbral perceptivo y no es raro que sean entonces conscientes de ruidos del medio ambiente, de molestias del cuerpo o de cualquier estimulo banal que acaba estableciéndose como central en la atención.

La mejor higiene del sueño es aquella que consigue preparar a la mente para entrar rápidamente en la interfase duerme-vela característica de las primeras fases del sueño, a algunas personas les provoca sopor el leer y a otras ver una película: la atención visual es voraz y no suele dejar que se filtren otros contenidos en la mente mientras los ojos se ocupan en ver o mirar.

En este sentido la mindfulness seria el proceso contrario al trance hipnótico (presencia versus ausencia) que siempre se caracteriza por un estado de sopor. Las diferencias entre ambos son que mientras la mindfullness es una técnica para aplicar solo -o en todo caso dirigido por alguien- en la hipnosis el estado hipnótico se hace como consecuencia de las órdenes o de las sugerencias activas de alguien. Y otra diferencia: la mindfullness trata de expandir la mente mientras que la hipnosis trata de constreñirla.

Irse a dormir es pues una decisión mas relacionada con la hipnosis que con la mindfulness pero ejemplifica perfectamente su estado contrario que en este caso es el proteger el automatismo de los devaneos de la mente.

16
ago
08

¿Qué es la mente?

La ciencia manipula las cosas y luego se niega a habitarlas.

Merleau- Ponty

Las razones por las que las neurociencias no avanzan al mismo ritmo que la cardiologia (es un decir) se encuentran no tanto en la complejidad del tema que estudian sino en los instrumentos que utilizamos para reflexionar sobre nuestras disciplinas: las ciencias de la mente se encuentran efectivamente empantanadas históricamente de Descartes para acá.

Suele echársele toda la culpa a Descartes de las dificultades que encontramos en el estudio de la mente. Es instructivo leerse el libro de Antonio Damasio sobre el tema (El error de Descartes) para caer en la cuenta de que en la versión académica y oficial la culpa de todo la tiene aquel señor que vivió en el siglo XVII que fue el inventor de esa herejía que conocemos con el nombre de dualismo mente-cuerpo (o dualismo cartesiano).

En realidad Descartes no hizo nada malo sino asegurarse de que la Iglesia no iba a quemarlo vivo en la plaza del pueblo cuando aseguró que “lo que a nosotros los científicos nos interesa es el cuerpo mientras que el alma es cosa de los teólogos”. Hay que entender que en aquel tiempo alma y mente (de hecho la mente aun no existía) eran la misma cosa y lo que hizo Descartes fue desentenderse del alma (e hizo bien) para darle un impulso a la ciencia. Y tenia razón: si contemplamos históricamente el proceso de acumulación de saber veremos que gracias a la artimaña de Descartes las ciencias progresaron una barbaridad con la única excepción de eso que llamamos “ciencias de la mente”. ¿Por qué la mente no es hoy algo tan bien conocido como el corazón, el higado o la telefonía móvil? ¿A qué se debe que sigamos siendo casi analfabetos en esta cuestión?

Para responder a esta pregunta hay que irse un poco hacia atrás y recorrer el itinerario que la filosofía y el pensamiento occidental recorrieron en su búsqueda de paradigmas acerca de lo mental para terminar en el momento actual en que existe un consenso universal acerca de lo siguiente: el dualismo cartesiano es falso.

Lo que quiere decir que no hay dos principios (mente y cerebro) sino uno. ¿Adivinan a cual han castrado los neurocientíficos?

Una afirmación que al mismo tiempo no trasciende aquello que pretende sepultar para siempre. Dicho de otra manera los neurocientíficos actuales reniegan del dualismo científico pero caen en el mismo error que Husserl pero del lado contrario: reniegan de lo mental para alinearse del lado de lo corporal.

El dualismo cartesiano pues sigue vigente en el modo de pensar de nuestros hombres de ciencia.

Husserl había sido discípulo de Franz Brentano que ha pasado a la historia de la neurofilosofía porque intuyó que los hechos mentales poseían una intencionalidad y eran al mismo tiempo representacionales (algo que ya había dicho Shopenhauer por cierto). Cualquier hecho mental, cognición, sueños, juicios, emociones, etc, son de y acerca de algo, poseen una dirección: constituirse en elementos intencionales. Pocos neurocientíficos hoy se pondrían en contra de esa idea, algunos de ellos como Dennet -desde una posición cibernética- siguen postulando y definiendo a la mente como una “maquina intencional“, desde la conocida metáfora del ordenador. Husserl trató de explicarse mejor en que consistía esa “intencionalidad” e introdujo un método que llamó epoché, algo asi como poner entre paréntesis los juicios vulgares acerca del mundo (el realismo ingenuo), la epoché era una especie de suspensión del juicio que nos permitía mirar objetivamente al mundo sensible, inaugurando así la fenomenología: el estudio de los fenómenos observables pero abstrayendo la cuestión del objeto observado, algo así como un método para que la mente se observe a si misma. Desde entonces ciencia y experiencia se encuentran en un pleito casi continuo y no ha habido manera de romper ese divorcio entre ambas fuentes de información igualmente preciadas.

La fenomenología murió por un exceso de abstracción en proporción con la carencia de un método para que la mente se observe a si misma y por eso dió paso a dos nuevos movimientos: el existencialismo que fue letal para la ciencias de la mente y el psicoanálisis que si bien nunca fue a favor de la corriente neurocientífica de su tiempo, al menos rescató partes de la subjetividad humanas ya bien definidas por la experiencia huserliana. Ya nunca más se podría obviar esta parte de lo humano: su narrativa, aunque es cierto que el psicoanálisis tampoco logró hacer mella en la reflexión científica de nuestro tiempo y terminó igual que la fenomenología empantanado en su propia conceptualización de lo psíquico.

Hay dos enseñanzas del psicoanálisis -no obstante- que considero dignas de ser rescatadas: la idea del inconsciente (que hoy no niega nadie por más que el inconsciente freudiano no es el mismo inconsciente en el que creen los neurobiólogos o los cognitivistas) y la idea de escucha. Efectivamente escuchar a los pacientes es una idea del psicoanálisis, nunca nadie antes habia escuchado a los locos puesto que se pensaba que en la locura no podia haber ningún saber, ninguna verdad, se trataba solo de despropósitos causados por desarreglos cerebrales. Fueron los psicoanalistas los primeros en sentarse a escuchar las historias que contaban sus pacientes y a concederles crédito o al menos algun tipo de saber relacionado con su enfermedad. Para ser justos hay que admitir al psicoanálisis ese hito sin el cual no podríamos hablar de conflictos entre ciencia y experiencia, entre reflexión y subjetividad. El problema del psicoanálisis como antes ya había sucedido con Husserl es que terminó tomando posición del lado de la experiencia pero añadiendo una novedad: la escucha del psicoanálisis no es una escucha cualquiera sino una escucha que se hace desde dentro de un nivel contextual de escucha que trata de encajar el discurso del paciente con la propia teoría psicoanalítica. Este es precisamente su error pues cualquier discurso puede encajarse en un contexto predeterminado y lo que hace que el psicoanálisis no haya resuelto tampoco el tema de la disociación entre observador/observado, el eterno conflicto de la mente. ¿Desde donde observa el observador? Pues naturalmente desde su prejuicio conceptual.

Y así fue hasta que llegó Merleau-Ponty otro fenomenólogo reciclado por Heidegger que introdujo una nueva vuelta de tuerca a la idea de la experiencia husserliana: la novedad que introdujo el filosofo francés fue la idea de la corporalidad, una idea que también había aparecido ya en Shopenhauer. Para Merleau-Ponty hay dos clases de cuerpo: el biológico y el fenomenológico, el cuerpo vivido. Se trata de un concepto fundamental sin el que no podríamos hoy comprender la experiencia perceptiva de las anoréxicas y sus distorsiones del esquema corporal tal y como hoy llamamos al cuerpo fenomenológico de Merleau- Ponty. Pero este filósofo además de esta conceptualización acerca del cuerpo aportó una novedad sobre el proceso cognitivo que debe seguir la mente para saber algo de sí misma. Ningún conocimiento acerca de la mente puede prescindir de la corporalidad, de la corporalidad vivida o experiencial. Este fue el diagnóstico de Merleau-Ponty a los problemas que abruman a nuestros neurocientíficos y una solución apuntada al eterno conflicto mente-cuerpo.

Efectivamente el problema mente-cuerpo es sólo un problema teórico que planteado en abstracto parece insoluble y da lugar a teorías, experimentos y discursos, como este post que siguen siendo -no obstante- abstracciones, en realidad mente y cuerpo o mente y cerebro no representan ningún problema real en la vida sensible de los humanos que seguimos llorando por aquello que nos hace llorar y emocionándonos por aquello que nos hace emocionarnos con independencia de problemas mente-cerebro.

De manera que siguiendo el principio antrópico de Hawking, podriamos responder a la pregunta que titula este post de la manera siguiente: la mente es aquello que es necesario para preguntarse qué es la mente.

No se trata de una broma sino de la esencia de la cuestión: si podemos preguntarnos acerca de qué cosa es una mente es porque disponemos de una mente que puede plantearse ese tipo de preguntas. O dicho de otra manera no lograremos nunca saber qué es la mente desde fuera de la experiencia humana.

¿Pero entonces dónde encontrar la tecnología necesaria para aproximarnos a esa respuesta?

No hay más remedio -mal que les pese a algunos- que buscar esa tecnología en las llamadas tecnologías espirituales orientales, en el budismo, pues fueron ellos los primeros que intentaron dar una respuesta a esta cuestión.

Nosotros hemos occidentalizado algunas de esas tecnologías y conceptos y les llamamos mindfullness, es precisamente esta conceptualización la única tecnologia conocida capaz de proporcionar esa herramienta tan necesaria para que ciencia y experiencia vuelvan a estar casadas y en buena armonía.

Pero para saber más acerca de esta cuestión deberá usted esperar al próximo post.

12
ago
08

El Tao del placebo

Existen al menos dos acepciones sobre el efecto placebo, una de ellas, las más conocida y de la que hablé en el post anterior se refiere a su acepción débil. Hoy voy a centrarme en la acepción fuerte del susodicho efecto.

En su versión débil el efecto placebo depende de las creencias del paciente, de la fe del médico en su teoría, de la enfermedad del paciente, de la administración del fármaco, de la expectativa curativa por parte del paciente y de la interacción medico-paciente en esa conceptualización que conocemos con el nombre de sugestión.

Sin embargo damos demasiado pronto por sabida qué significa la palabra sugestión. Y no caemos en la cuenta de que la versión fuerte del efecto placebo se encuentra plegada en esa palabra. ¿Qué entendemos por sugestión?

Psicológicamente hablando podemos definir esta palabra como el grado de influencia que una persona tiene sobre otra para conseguir que esa persona haga, piense o sienta algo concreto sugerido directa o indirectamente por ella. Naturalmente no se trata de cualquier persona sino de alguien muy especial que frecuentemente tiene más poder y saber que el influenciado. Es impensable que el influyente sea una persona sin poder o sin un saber especial real o imaginario que el otro le atribuye, somos influidos por aquellos que nos superan en poder o en saber, o en las dos cosas, eso es lo que sucede en la interacción entre médico y enfermo pero no sólo en ella. Quizá el ejemplo más importante y potente de sugestión es el que ejercen padres sobre sus hijos, se trata de una interacción constante, repetida y no sólo basada en las sugerencias u ordenes directas sino mediada sobre todo por la imitación, la suplantación o la identificación. La sugestión en este sentido es algo muy parecido al aprendizaje y que se desarrolla simultáneamente con él: aprendemos mejor aquellas cosas que forman parte de la sugestión que esas figuras significativas nos imponen y en oposición nos resultan difíciles de aprender aquellas cosas que no han formado parte precoz de esas sugestiones parentales, bien entendido que los seres humanos podemos autosugestionarnos a no ser sugestionados (sobre lo que volveré más abajo) y a hacer todo lo contrario de lo que se espera de nosotros.

Sin embargo no nos debemos dar por satisfechos con esa explicación, si ésta fuera siempre cierta todos los médicos resultarían eficaces como curadores y expertos en el manejo del efecto-placebo y esto ya sabemos que no es verdad. La estadística está de la siguiente manera: de todos los pacientes que trata un terapeuta (el 33%) obtienen mejorias considerables, otro 33% algun tipo de mejoría, mientras que un 33% se muestran refractarios o incluso empeoran con la terapia (sea cual esta sea). Esta regla de los tres tercios parece que es universal con independencia de la tecnología empleada, me estoy refiriendo a lo que sucede en una psicoterapia sin fármacos.

Si las estadisticas son como son debemos de buscar otras explicaciones a la teoria de la influencia de unos sobre otros. Y debemos buscarla precisamente en la esencia de la palabra influencia. ¿Como influimos unos sobre otros? ¿A través de qué leyes? ¿Pueden modalizarse leyes fisicas para explicar este fenómeno de la sugestión?

Para responder esta pregunta es hora de decir que el efecto placebo no es sólo un efecto pseudofarmacológico que se obtiene con un fármaco que simula ser un fármaco verdadero cuando sólo es un sucedáneo. El efecto placebo es el efecto del cambio espontáneo que tiene lugar en nuestro cerebro y en nuestra mente a través de algo que hace de catalizador, de algún tipo de impresión inespecífica e indeterminada. Así podemos hablar de un libro-placebo, una amante-placebo, un amigo-placebo o una experiencia-placebo. ¿No es cierto que algunas de esas experiencias nos cambiaron la vida, a veces de forma lisa y otras veces de forma rugosa?

Hasta algunas enfermedades pueden operar como placebos de otras. ¿No es cierto que algunas personas solo se curan sus neurosis o sus migrañas cuando son diagnosticadas de un cáncer? ¿No es sólo entonces cuando algunas personas introducen cambios en su vision del mundo que les permiten mejorar emocionalmente y hasta encontrar sentido a lo que les queda de vida?

Hay un viejo axioma médico que dice: “La enfermedad grande se come a la pequeña”, ¿No es este fenómeno el resultado de un efecto placebo determinado por la enfermedad grave?

La acepción fuerte del efecto-placebo es aquella versión que identifica placebo con cambio. Lo que es lo mismo que decir que la permanencia es lo que se opone al placebo o consigue resultados contrarios (efecto nocebo). Dicen los teóricos de la teoría de sistemas que sobre los sistemas vivos operan dos tipos de fuerzas unas que tienden a la homeostasis o permanencia y otras que tienden al cambio, del equilibrio entre ambas se supone que depende la salud de una persona. Lo curioso de esta formulación es que se parece mucho a las leyes que gobiernan nuestro universo: efectivamente nuestro universo se encuentra en expansión desde el momento del big bang original que inauguró el espacio-tiempo tal y como lo observamos, pero si el universo se encuentra en expansión es porque la velocidad de esta expansión es superior a la velocidad critica necesaria para que no se colapse debido a la gravedad. Es decir la velocidad de expansión del universo es algo mayor que la gravedad de toda la materia del universo, es por eso que aun sigue expandiéndose y esperemos que por mucho tiempo.

Pongo este ejemplo de la física para rotular que la vida se basa en una supremacía de los mecanismos expansivos sobre los constrictivos: una ganancia de desorden, del mismo modo que los mecanismos termodinámicos señalan hacia el futuro (ganando entropia) y también los psicológicos y por eso recordamos el pasado y no el futuro: la flecha del tiempo señala hacia el futuro en la dirección de la expansión y la perdida de orden del universo . Lo que en fisica llamamos inercia de la explosión del big bang o constante cosmológica en psicologia recibe el nombre de cambio mientras que lo que en Fisica es gravedad de la materia en psicología se llama homeostasis.

Conciencia y cosmos se expanden d euna forma parecida, asi:

Cambio y homeostasis son estados de la materia que se alternan continuamente buscando la mejor relevancia de contexto, una especie de danza de retroalimentación que hace que cualquier ser vivo se autoregule a si mismo. En el nivel mental sucede lo mismo y si el efecto placebo fuerte según mi definición anterior es equivalente a cambio, para aprender algo más de él tendremos que observar qué sucede en aquellas personas que tienen enfermedades susceptibles de ser tratadas con placebos (banalmente psicosomáticas) y que sin embargo no responden o se muestran refractarias y que son las mismas que cambian poco a pesar de la edad y que solemos conocer como personas tercas o inflexibles. ¿Qué les sucede a este tipo de personas?

¿Qué hacen para resultar invulnerables a la sugestión inducida o espontánea?

¿Por qué no les cura la vida o el cariño o la simpatía ajenas?

¿Por qué siempre parecen estar detenidos en una especie de impasse?

Lo que hacen es parar, detener la danza de su mente por lo que se hacen impermeables a cualquier aprendizaje que entre en conflicto con sus áreas erróneas, por decirlo así. Lo que hacen es hacerse rígidos e inflexibles, inválidos para lo nuevo y temerosos del cambio, de la sorpresa o de la improvisación. Y es algo que hicieron precozmente: en un momento determinado de su vida “decidieron” que no podían ser sugestionadas o dirigidas por otros, con independencia de que esa decisión fuera bien porque sintieron esa “sugestión” como intromisiones o exigencias intolerables o bien porque no sufrieron ningún intento de sugestión por parte de otros, estas personas construyeron un esquema -una matriz- mental que consiste en haberse sugestionado a si mismos sobre determinadas certezas que incluyen su autoconcepto. Serían estas personas las que resultarían resistentes a la influencia ajena.

Este paradigma comportamental que acabo de describir se llama “control” , prefiero llamarlo así en lugar de llamarle perfeccionismo u obsesividad porque me parece más cercano a lo que estos individuos hacen con su mente y no prejuzgan otras categorías caracterológicas o patología determinada. Y eso es lo que hacen esta clase de personas hipercontrolan sus vidas (y las ajenas) y por eso son invulnerables a la sugestión y al aprendizaje.

Lo que entendemos como normalidad mental es difícil de definir pero es un concepto intuitivo: se trata de mantener abiertas las ventanas de la mente y someterla de vez en cuando a una refrigeración y ventilación adecuadas, así nos desprendemos de los viejos esquemas mentales y los reemplazamos por otros nuevos, así aprendemos sobre nosotros mismos: algo trascendental par adaptarnos un mundo cambiante, es esto precisamente lo que no pueden hacer estas personas enjauladas en su deseo de control. Pero además de no aprender nada nuevo estas personas sufren otras consecuencias directamente derivadas de su estrategia magna: se fatigan y también se contracturan en exceso. Lo que cuesta mantener la mente parada o al menos detenida en determinados aspectos locales -los que afectan a los que la autosugestión alcanzó- es un monto de energía colosal, mucho más elevado que lo que costaría mantener la represión que es un mecanismo mucho más ahorrativo y que solo afecta a determinados impulsos y no a otros (afecta sobre todo a aquellos impulsos que entran en litigio con nuestra parte moral), pero el “controlador” no reprime sus impulsos puesto que esos impulsos no entran en conflicto con nada moral, antes al contrario son rasgos o impulsos bien considerados por el medio ambiente (suele decirse de los tercos que son personas con criterio y personalidad)

Parar la mente es caro desde el punto de vista energético y lo es por una razón:

Imagínese que usted ha decidido hoy hacer limpieza general de su casa. Naturalmente usted se pone manos a la obra pues la basura, el desorden y la suciedad se acumulan en ella y le hace ya imposible vivir con comodidad. Usted hace un trabajo que tiene un costo energético X pero que a cambio consigue aumentar el orden (o reducir el desorden) de su casa. La energía que usted quema en forma de calor se desprende al universo y aumenta así el desorden del mismo. Lo que es orden en su casa, es desorden para su cuerpo y para el universo. La entropía ha aumentado aunque su piso se librara hoy de las ratas. Lo mismo sucede con el trabajo intelectual o con el trabajo mental de nuestro “controlador”, dedique usted solo una hora al día a detener su mente a impedir su burbujeo y observará usted como queda agotado. Esa fatiga o astenia acompaña siempre a los controladores crónicos junto con aquella incapacidad para aprender nada nuevo o sus rasgos de terquedad o perfeccionismo y una tendencia paradójica e incomprensible de mantenerse activos o hiperactivos.

Esta paradoja surge porque el orden obtenido con el control en una cierta localidad se manifiesta como desorden en otra. Es como si usted tuviera no una sino 10 casas que limpiar, cuando la ultima estaría lista la primera ya volvería a estar sucia.

La energía consumida es enorme si la comparamos con alguien sugestionable pero a cambio no consigue ninguna de las recompensas que si consigue otro tipo de persona que no utilice el control como paradigma conductual. No consigue aliviarse con las pequeñas sugestiones cotidianas, ni es respondedor al placebo ni cambia casi nada que tenga que ver con su complejo original y que suele ser este: “hay que mantenerse firme con las convicciones propias”.

La mente de una persona así parece la mente de un autómata y lo parece por lo siguiente:

Mente y cerebro no son la misma cosa pero una y otro se comunican ¿como lo hacen? Evidentemente para entender las relaciones entre mente y cuerpo (no vale con decir que son la misma cosa como hacen algunos, la mayoria) hay que recurrir a los modelos cuánticos de la fisica. La mente no tiene forma, ni materia, procede de la materia pero no es la materia, ¿entonces como hace para comunicarse con la materia, en este caso con el cerebro?

Pues lo hace de una manera muy parecida a cómo se comunica usted con su casa cuando anda de limpieza general, usted sigue siendo el mismo tanto cuando limpia como cuando descansa pero el orden/desorden se ha invertido termodinámicamente: cuando limpia el desorden está en usted y cuando descansa el desorden está en la casa. El orden que introduce usted en su hogar es desorden que aumenta su entropía y la del universo. Usted se cansa y tiene que parar, tomar fuerzas y continuar hasta quedar contento con su obra.

No cabe ninguna duda de que esa comunicación tiene que hacerse -físicamente hablando- a nivel de partículas elementales y no de moléculas grandes, pues son las partículas los únicos elementos de la materia que pueden estar en dos sitios a la vez. La serotonina no tiene ningún influjo sobre la mente pero algún electrón de algún átomo de carbono de alguna de estas moleculas si que tienen esta función. Es posible imaginarse la mente como un burbujeto caótico de particulas compartidas por mente y cerebro al mismo tiempo, que ahora son particula y después onda, que ahora están y después no están, no hay manera de saber si el gato de Schrodinger está vivo o muerto salvo abriendo la ventana.

Lo que es caos para la mente es orden en el cerebro o en otro lugar de la mente gracias a ese colapso de determinadas funciones de onda en lugar de otras, parece que el modelo de expansión-contracción es algo muy parecido a lo que sucede en la mente de este tipo de personas que priorizan este estado de cosas de “parada” en el movimiento de sus deseos y cuyo balance vital podría ser este: ganar afuera para perder dentro.

Y ahora responderé a la pregunta que más arriba hacía de cómo influimos unos sobre otros en la acepción fuerte del efecto-placebo:

Lo hacemos de inconsciente a inconsciente sin darnos apenas cuenta de ello, pero antes de influir en alguien tenemos que conseguir influir en nosotros mismos, de consciente a inconsciente: a través de eso que hemos llamado a veces causación descendente. No basta con convencerse de que algo es verdadero sino que tenemos que mandar ese mensaje a nuestro inconsciente para que sea útil para otros, donde podrá ser procesada como información que será tratada de forma cuántica: sin localidad ni linealidad: es así como podrá viajar de mente en mente e influir en otros. Pero no podrá ejercer esa función en cualquiera sino sólo en aquellos que hayan realizado un proceso simétrico consigo mismos y permitan al menos esa penetrancia o permeabilidad de su mente consciente y vigil.

08
ago
08

Más allá del efecto placebo

Dedicado a Maria Luisa Morales

homeópata, naturópata, acupuntora, médico

Los que hayan leído este post ya sabrán qué es el efecto placebo y habrán comprobado la no-linealidad de sus efectos: parece que se trata de una anticipación de un efecto placentero vinculado a la administración de una droga -en este caso inerte- que busca obtener efectos sobre un determinado sistema o aparato buscando efectos reales de esa droga en ese mismo aparato. La investigación farmacológica tiene que pasar obligatoriamente por una serie de controles de este tipo antes de comercializar un producto y es necesario que la nueva droga en experimentación tenga una eficacia superior al placebo para que obtenga permiso para su comercialización.

El efecto placebo es pues -para la investigación farmacológica- un obstáculo y así es visto también por las autoridades sanitarias que denegarán el permiso si estos informes sobre la eficacia no superan las tasas que el propio placebo consigue por sí solo y que varían según la patología a tratar, lo que supone que se hayan puesto a punto algunas técnicas para contrastar la eficacia del fármaco en experimentación, estas técnicas son las siguientes:

  • Simple ciego, se utiliza cuando un fármaco ya ha demostrado su eficacia y se prueba para otra indicación o bien se utiliza en combinación con otros fármacos, el simple ciego significa que el paciente no sabe lo que se le está dando pero el médico si conoce la eficacia del fármaco en un área determinada.
  • Doble ciego, consiste en que ni el médico ni el paciente saben si lo que están administrando o tomando es el verdadero fármaco o un sucedáneo.
  • Triple ciego, significa que además de la “ceguera” del medico y del paciente aquel que evalúa los datos tampoco sabe que datos corresponden al placebo y cuales al fármaco verdadero.

El lector podrá observar que los controles para discriminar los efectos “verdaderos” de los efectos “falsos” son en la farmacología moderna esenciales a la hora de admitir que un fármaco determinado se venda en las farmacias, antes ha de demostrar que es más eficaz que el propio placebo. Lo que supone admitir a regañadientes que los placebos curan, en una u otra proporción según la dolencia que se trate, es evidente que algunas enfermedades como las emocionales son más susceptibles al placebo que el cáncer, efectivamente la depresión por ejemplo responde al placebo en un 60% lo que añade una dificultad a la investigación de nuevos antidepresivos..

Sin embargo esos mismos controles no nos han aportado hasta el momento una respuesta a la cuestión esencial: ¿Qué es el efecto placebo y cómo funciona?

Este conocimiento no es en absoluto baladí porque de conocerse este mecanismo podría utilizarse en la clínica práctica sin necesidad de utilizar fármacos caros o al menos poder disminuir sus dosis y evitar así los efectos secundarios, no cabe ninguna duda de que conocer mejor el efecto placebo tendría importantes consecuencias sobre nuestros modos de relacionarnos con los pacientes y de alguna manera nos abriría puertas de comprensión en algunos mecanismos de funcionamiento del sistema nervioso central: aquellos que de un modo incondicionado nos permiten anticipar una respuesta condicionada.

¿Es la respuesta al placebo un acto de sugestión, de creencia, de fe?

¿Y si fuera así, cómo podríamos aliarnos con esos mecanismos neurobiológicos subyacentes para ponerlos a trabajar en favor de la salud de nuestros pacientes?

La verdad es que en una sociedad como la nuestra que venera la autonomía y la eficiencia personal una buena respuesta al placebo es sentida casi siempre como una debilidad de carácter. A nadie le gustaría mejorar de sus dolencias con una pastilla de azúcar que no contiene ningún principio activo en su composición, la sugestión tiene mala prensa y es adjudicada a un carácter sobre el que puede influirse fácilmente, la sugestión no ha podido desmarcarse aun de una etiqueta fea: la histeria. Sugestión e histeria han ido de la mano demasiado tiempo para que las personas inteligentes y emancipadas de nuestro tiempo la encajen sin protestar. Y sin embargo la sugestión y la autosugestión no son marcadores de una mala salud mental sino más bien todo lo contrario: las personas normales y sanas mentalmente somos fácilmente sugestionables y autosugestionables, lo histérico, además, es lo más próximo a la normalidad y aunque los pacientes histéricos son usualmente muy sugestionables, no toda sugestibilidad es histérica sino una cualidad universal de nuestro cerebro poco desarrollada por nuestra mente y que podría tener efectos benefactores para la mayor parte de sufrimientos mentales a poco que nos entrenáramos para ello.

Creer en algo es desde luego una variable crítica, en este caso para responder a una determinada prescripción médica o al menos para seguirla. Es evidente que los consumidores de terapias alternativas responden mejor a las citadas terapias que aquellos que no las consumen. Se trata de un sesgo estadístico:-tautológico- aquellos que no creen en ellas no las consumen. Luego es un marcador de eficacia y además predice una buena repuesta: la creencia en algo multiplica sus efectos terapéuticos, algo que se opone a la ciencia pura y dura, el efecto de un antibiótico no depende de la creencia ni de la voluntad del sujeto de experimentación, sin embargo en psicofarmacología no hay antibióticos, es decir no disponemos de esa separación tan clara como existe en medicina interna o cualquier otra especialidad, en la investigación sobre el sistema nervioso central hay que contar siempre con el efecto placebo que viene de la palabra latina “complacer”.

Hay algo en el placebo de complacencia y la complacencia solo puede establecerse de una persona a otra.

¿Pero que tiene que ver la creencia del paciente con que se produzca un efecto beneficioso si el paciente no sabe ni tampoco el médico si lo que se está administrando es un fármaco o un placebo?

Los sujetos que forman parte de un grupo de investigación -por ejemplo de un antidepresivo- son objeto de una atención personalizada y pormenorizada. Son vistos a diario por sus terapeutas que registran la menor molestia, el menor cambio, la más mínima condición adversa para retirar el fármaco (o el placebo) al menor indicio. Es decir son objeto de atenciones especiales, más especiales que cualquier enfermo verdadero en cualquier consulta médica. Es evidente que esta atención especial tiene efectos terapéuticos por sí misma aunque esta variable no se computa en las investigaciones de nuevos fármacos, debe ser por eso que los fármacos en investigación prometen más de lo que demuestran cuando ya están en el mercado, sólo entonces solemos descubrir que no aportan nada a lo que ya teníamos en las farmacias pues los pacientes que lo toman ya no forman parte de ese grupo de elegidos que formaron parte del grupo control.

De manera que el placebo del grupo control es el hecho de estar sometido a experimentación, de pertenecer a ese grupo de control, lo que nos lleva a otra dimensión del problema: el placebo no solo se sustenta en un supuesto fármaco sino que se encuentra entre las variables de interaccion humanas de unas personas con otras.

Esto es precisamente lo que descubrió Mesmer, que el efecto de sus imanes no estaba en los imanes sino en su fe en los mismos, precisamente por eso a lo largo de su ejercicio profesional terminó por prescindir de los imanes y buscar una nueva explicación para su influencia sobre sus pacientes, el creyó que había descubierto algo nuevo y le llamó magnetismo animal, es verdad que era nuevo pero lo que había descubierto Mesmer es la influencia que unas personas tienen sobre otras: la sugestión. Aun hoy hay pseudoterapeutas que utilizan el metodo mesmérico o el hipnotismo en sus terapias alternativas con pacientes influenciables lo que nos lleva a la última de las variables que operan en el efecto placebo: la variable del terapeuta.

Los autores que se han dedicado a investigar el fenómeno de por qué la psicoterapia es eficaz (en ausencia de medicamentos reales), llegaron a finales del siglo pasado a una serie de consensos sobre el asunto:

  • Que la psicoterapia es igualmente de eficaz que los tratamientos médicos convencionales en una muestra aleatoria de pacientes con problemas mentales o emocionales.
  • Que la variable crítica de la psicoterapia no estaba en la técnica dado que orientaciones diferentes daban los mismos resultados.
  • Que las psicoterapias funcionan por cosas diferentes a las que sus defensores defienden.
  • Que las psicoterapias son más exitosas en un determinado grupo de pacientes y son ineficaces en otros, aquellos pacientes que tienen fácil verbalización, inteligentes, jóvenes, con un gran potencial de cambio y con gusto por el autoexamen, son los mejores candidatos para una psicoterapia. El potencial de cambio y el deseo del mismo son las variables criticas para el logro del cambio.
  • Que el sufrimiento mental no es la misma cosa que la enfermedad o los trastornos mentales reglados y que seguramente aquellos responden mejor que estos últimos.
  • Y que de entre todas la variable más importante de una terapia la personalidad de quien la imparte.

De todo lo anteriormente dicho se deduce que hay personas que hagan lo que hagan curarán o aliviarán más y mejor a sus pacientes que otros. Es verdad, hay personas que saben poca medicina y que tienen mucho éxito curativo, mientras que otras investidas de todos los honores científicos y académicos no saben curar un resfriado.

Este tipo de variables tampoco se encuentran computadas en los estudios doble-ciego, me refiero a la variable del terapeuta que en mi opinión es la variable de más peso si queremos averiguar alguna cosa sobre el placebo. En este sentido habría que decir ahora que existe un efecto placebo que se encuentra más allá del efecto placebo y que tiene un papel en la causación del placebo, ese más allá es el terapeuta aquel que administra el placebo o lo prescribe.

Si a esto unimos los avances neurobiológicos que demuestran que el efecto placebo estimula mismas zonas cerebrales que estimularía un fármaco genuino tenemos definidas los parámetros de la investigación para el futuro. Al parecer cualquier fármaco sea activo neurobiológicamente o no opera como un estimulo incondicionado (EI) o como un estimulo condicionado (EC). En el post que tiulé “Placebo y causalidad no lineal” hay una amplia explicación sobre el tema y tambien una hipótesis explicativa del por qué los medicamentos reales pueden tener efectos contrarios (paradójicos) a los que se esperaría de ellos.

La clave neurobiológica está en el fenómeno del condicionamiento y al parecer la anticipación que los humanos hacemos de los efectos de un medicamento o intervención médica sean verdaderas o falsas. Ambas remedan o plagian el mismo proceso cerebral que un fármaco eficaz provocaría por las mismas vías.

Esta misma acción podria ser reproducida por una interaccion personal con un terapeuta pero con una condición:

El sujeto tiene que creer que el terapeuta está haciendo algo con él, no vale el no hacer nada o hacerlo de mala gana o con una actitud administrativa o convencional. Con independencia de que lo que haga se corresponda con una acción real o consensuada por la comunidad cientifica, el sujeto tiene que estar al tanto de que se le está haciendo algo con independencia de que ese algo sea algo creencial para si mismo. Lo que viene a decir que más allá de la creencia del paciente el efecto placebo puede llegar a darse. Pero para eso es necesaria otra condición:

El terapeuta tiene que creer en lo que hace.

La fe del terapeuta en su técnica, su conocimiento o su teoría sobre la enfermedad es vital y será tanto más eficaz cuanto menos se aparte de los estandares o expectativas de la población que comparte una determinada mitología y creencias compartidas.

El terapeuta que cura posee estos rasgos de personalidad:

  • Fe inquebrantable en sí mismo.
  • Adherencia a una teoría del sufrimiento y el enfermar con independencia de que sea verdadera o falsa.
  • Optimismo terapéutico, el buen terapeuta trata igual a un moribundo que a una persona aquejada de problemas emocionales banales. No tiene miedo de la muerte y siempre está cerca de ese ultimo sufrimiento para aliviarlo sea como sea.
  • Su combate con la enfermedad está determinado por la compasión por aquel que sufre.
  • Generosidad y sensatez terapéutica: sabe reconocer lo incurable de lo manifiestamente mejorable. No se arredra jamás ante aquel enfermo que no responde y siempre plantea cambios en su estrategia terapéutica. Su misión no es siempre curar sino consolar y sobre todo acompañar al paciente en su proceso.
  • No se adjudica jamás los éxitos en su trabajo porque sabe que si lo hiciera tendría que adjudicarse también la responsabilidad por las recidivas de algunas enfermedades que cursan con remisiones parciales y a veces totales. Apela para explicar sus curaciones a la vix medicatrix, una especie de energía universal que impulsa a los enfermos hacia la sanación descrita o mejor invocada por Hipócrates.

Más allá del efecto placebo esta la causa-placebo, el terapeuta-placebo, que es lo mismo que decir el terapeuta que cura. ¿no tendríamos mucho que aprender de ellos aunque no publiquen en inglés?

06
ago
08

La espiral del conocer

La ignorancia absoluta -como la idea de la nada- es imposible y lo es porque el ignorante construye prejuicios que le permitirán si bien no un saber preciso acerca del mundo si un suponer las leyes que rigen el mismo, una orientación o guía. El prejuicio suele presentarse como un saber pero es un desconocer que muchas veces aparece disfrazado de opinión, así es como se presentan los prejuicios de las personas actuales como opiniones de aspectos de materias que desconocen, sólo las opiniones expertas tienen el verdadero valor de opiniones y tendrán mayor verosimilitud en tanto en cuanto el que las emite sabe que son provisionales. De manera que es la ignorancia la que penetra el prejuicio y es el prejuicio la materia prima que nos encontramos cuando no sabemos, la opinión es mudable y abierta y está forzada por la duda que plantea siempre nuevos dilemas.
Después de la ignorancia viene la duda, una forma de saber provisional y en cierto modo incómoda sufriendo casi siempre los tironeos de un saber que se le opone o de una verdad que se encuentra oculta, se trata de una vacilación, un arma que tiene dos filos, por una parte mantiene abierto el sentido de búsqueda y por otra parte resulta un estado por si mismo angustioso, puesto que la duda sólo puede calmarse a través de dos maneras: la creencia o el hecho (incluyendo a esos hechos que llamamos compulsiones). Aquello que no puede someterse a las leyes de la verificación acaba convirtiéndose en una creencia, mientras que aquello que puede verificarse o demostrarse es un hecho o una acción en la realidad. Así toda creencia está presidida por un desconocimiento angustioso que hace que se abrace como un alivio. La creencia siempre es un alivio a la duda y un atajo para el conocimiento que supone aquello que ya se conoce y por tanto no merece la pena ser creído, por ejemplo la redondez de la tierra es un hecho, un conocimiento, sin embargo en la época de Galileo era un prejuicio (para la Iglesia) una creencia indemostrada para Galileo que tubo de refugiarse en la duda para salvar la vida, y sólo fue un hecho cuando los primeros navegantes consiguieron dar la vuelta al globo, asi y todo se trata de un hecho que no es una percepción sensible de los humanos, lo lógico es que creamos, aun hoy, que sintamos que la tierra es plana, a veces los hechos no son experiencias inmediatas del mundo de lo sensible sino demostraciones alejadas de nuestro mundo sensible.
En el momento en que una creencia es un hecho de conocimiento –un hecho- deja de ser una creencia y se convierte en un fenómeno neutro desde el punto de vista mental: simplemente está ahí sin plantear demandas de trabajo adicional por parte del individuo hasta que se vuelve a cuestionar cosa que sucede inevitablemente con casi todos los hechos de conocimiento.
La creencia es además reversible, a veces se está y a veces no se está en ella, ahora se está fuera y ahora dentro, la creencia es mudable. La creencia no está todo el tiempo disponible por innecesaria, así cuando yo estoy comiendo no necesito creer en Dios, la creencia en Dios o en cualquier otra forma trascendente no está operativa cuando conduzco mi automóvil pero si cuando aparecen en el horizonte sucesos que la confrontan o evocan la eternidad, por ejemplo la muerte. La creencia no exige el gasto de energía de la duda, sino que deja las cosas como están y supone un ahorro y cortocircuito importante de gastos de energía superfluos al proponer guías para la vida y asideros para el conocimiento, estableciendo al mismo tiempo niveles de jerarquización entre sus nudos.

El problema de las creencias es que exigen una fe ciega (creer sin ver) y casi siempre proselitismo, si al mismo tiempo están demasiado penetradas por la duda, – por la búsqueda de una creencia mejor o una verdad absoluta- es evidente que cuantas más personas compartan mis creencias más seguro me sentiré al sostenerlas, por el contrario cuanto más sólo me encuentre con mi creencia menor soporte tendré para las dudas y la creencia perderá su valor de refugio contra la duda y dejará de soportar las ventajas cognitivas –atajos- para el que las sostiene. Por no hablar del problema añadido que tiene para una creencia convivir con aquella otra que es su opuesta.
Con independencia de que las creencias sean irracionales (todas lo son, pues de lo contrario serían hechos y no precisarían creerse) las creencias son muy útiles para los humanos tanto en el nivel de ahorro de energía como en el encuentro de soluciones. Si yo creo en “el mal de ojo” no sólo tengo una interpretación para todas y cada una de las calamidades, desgracias, accidentes o enfermedades que acaecen en mi entorno -puesto que todo sufrimiento puede ser categorizado- sino que tengo además un potente instrumento para deshacer “los entuertos” que personas que “me quieren mal” me han enviado: a través de la magia o de algún ritual puedo deshacer las consecuencias de aquellos hechizos y si alguna vez no lo consigo será –sin ninguna duda- porque el hechizo es más potente que los medios que he dispuesto para neutralizarlos. De esta manera el sistema de la creencia –en este caso de una creencia supersticiosa- se alimenta a sí mismo y no admite contradicción pero el supersticioso se encuentra constantemente sometido a la duda, ¿habrá o no habrá entuerto? O ¿será suficiente o no con este ritual? En ningún caso se pone al sistema mismo – la creencia- en cuarentena sino al instrumento mágico que en teoría debería neutralizar el efecto del hechizo, la duda en la creencia no está en la creencia misma sino en su substanciación.
La diferencia entre creencia y certeza es que aunque en ambas el sistema se alimenta a sí mismo con sus propios axiomas, existe una grieta en la creencia de tal modo que la creencia lleva aparejada una consecuencia fáctica que puede contradecir al sistema mismo. Esta consecuencia fáctica es el argumento que pone en serios aprietos lógicos a la creencia misma, ¿Si Dios existe por qué permite el mal en el mundo? Este es un argumento de mucho peso que siempre se opone a la creencia divina para señalar la inexistencia de Dios y que a los propios creyentes les lleva con frecuencia a no saber qué decir. Dicho de otra forma: el creyente es consciente de la debilidad de su creencia pero prefiere seguir en ella.

Después de la creencia el siguiente paso es la certeza. Aunque muchas veces tendemos a confundir creencia y certeza se trata de dos fenómenos bien distintos. La certeza supone un nivel de conocimiento cualitativamente distinto y que está presidido por el rigor y la inmutabilidad, es insensible a la argumentación, al contraste y no se deja poseer por la duda, de la certeza no se sale espontáneamente, la certeza es propia de los psicóticos y más concretamente de los delirios paranoicos o de algunos fanatismos. El destino de esa certidumbre es la soledad, pues el delirio individual es algo que nadie podrá compartir y que sitúa al individuo en un nivel de conocimiento distinto al resto de los humanos cuyas creencias son continuamente permutadas por otras cuando se muestran ineficaces, hasta en las creencias religiosas en sentido estricto cabe esperar este revisionismo, no existe una única certeza que incluya a todos los practicantes de una misma religión, la certeza es el embrión de la discordia en cualquier creencia.
De la creencia puede salirse uno, escapando hacia otra, pero de la certeza no puede escaparse si no es perdiendo el delirio que es de alguna forma la plomada que asegura al psicótico un escape de su angustia de fragmentación prehumana, Dicho de otra forma las certezas son casi siempre patológicas o bien proceden de una experiencia fuera de lo común.
La certeza construye como la creencia sus propios axiomas, es decir algo que no precisa de demostración y que usualmente aparece en forma de apofanía, de inspiración o revelación delirante, supone una catástrofe en la personalidad, una discontinuidad con lo que fue mientras que la creencia es instrumental y aun irracional forma parte de las expectativas usualmente compartidas por una cultura, una sociedad y un tiempo concreto
Después de una apofanía – sin embargo- el individuo ya no es el mismo, se ha metamorfoseado y por tanto el delirio carece de cura, puesto que una enfermedad mental solo puede curarse cuando se está operando sobre una narrativa, sobre una biografía con un Yo que opera de observador neutral, de un Yo sin discontinuidad, sin bifurcaciones radicales. El individuo que ha llegado a la certeza del axioma ya no es el mismo individuo que dudaba, que coleccionaba indicios o que recogía una a una las claves interpretativas de su invención. Encontrado el axioma el individuo ya encontró su bifurcación y ya no es su Yo, sino su otro quien comanda su vida, ha cambiado definitivamente.
Ese otro del que todos nosotros tenemos noticia puede entenderse como ese que no no contiene la esencia de nuestro Yo sino las sucesivas capas de barniz que ha ido adjuntando día tras día y que ha dado lugar también a ciertas irrealidades acerca de la identidad. El otro, ese con el que mantenemos conversaciones a veces trascendentes no es el Yo esencial sino sus disfraces sociales o los autoengaños del deseo.

Ahora bien las certezas no siempre tienen lugar en el cerebro individual sino que muchas veces se encuentran insertadas en grupúsculos fanatizados insertados en la cultura. Los individuos que abrazan estos axiomas delirantes casi nunca son psicóticos sino creyentes. Determinados grupos terroristas que tienen como fondo reivindicaciones religiosas, políticas, nacionalistas o de cualquier otra índole siempre tienen una característica común: se trata de grupos que no sólo creen estar en posesión de la verdad sino que combaten activamente a todos sus opositores, difunden una explicación agraviada que con el tiempo llega a ser querulante y que tiene como objetivo señalar al otro como causa de todos los males y de identificar a su oponente con la corrupción, la maldad y la inhumanidad, a cambio les combaten con sus propias armas, usualmente con el crimen para el que se sienten absolutamente legitimados. Comparten así una de las características de la paranoia individual: el malvado siempre es el otro proporcionalmente a la inocencia que siempre está en uno. Casi todos los paranoicos que han identificado a su agresor y que han recuperado parte de sus condiciones mentales anteriores me han dicho que la enfermedad les dotaba de un convencimiento y de una fuerza extraordinarias, “creía que tenia toda la razón, todo el derecho” suelen decir. Otras veces el crimen por si mismo mejora el delirio, del mismo modo que el cáncer mejora la neurosis.

¿Cómo es posible que este tipo de grupos no tengan psicóticos entre sus miembros? Y ¿si no son psicóticos qué son?

La respuesta es ésta: en tanto que la paranoia está fuera de ellos, es decir pertenece a la ideología que sostiene el grupo permite al individuo alejarse de su propio delirio o sufrimiento individual. Ninguna ideología política o terrorista podría abastecerse de psicóticos en tanto que el psicótico sólo puede dar sentido a su experiencia a través de un delirio individualizado mientras que a la ideología paranoica lo que le interesa es la homogeneización del delirio, que todos sus miembros deliren de forma sinérgica con la ideología dominante sin desviarse un ápice de la ortodoxia. Esto significa dos cosas: que el delirio puede modelarse y que la externalización del delirio en la organización tiene efectos de normalización psíquica en los adeptos que abrazan una determinada ideología.
Ahora bien el acólito tiene que dar pruebas de que está en lo cierto, por eso los acusados de crímenes terroristas suelen aparecer como desafiantes en sus juicios y como irreductibles, sin muestra alguna de arrepentimiento pero se trata de una simple estrategia de propaganda dirigida más bien a sus cúpulas dominantes. Hasta los criminales terroristas más conocidos dudan y algunos de ellos se suicidan movidos por sentimientos de culpa, la misión de la organización es mantener “alta la moral”, es decir seguir atosigando a sus miembros encarcelados de manera que no duden y cambien de ideología (se arrepientan) llegando si es necesario a la continua extorsión o amedrantamiento ofreciéndoles nuevos materiales para el delirio colectivo. Para una organización paranoica sus presos son muy importantes y de alguna forma su talón de Aquiles pues el tiempo debilita las certezas colectivas y los individuos se agotan hasta de su propia maldad.
No solamente los terroristas sino las personas comunes abrazamos muchas creencias y no pocas ideologías sobre todo de aquello que resulta incognoscible: la religión como vínculo que nos une con lo desconocido y la política como instrumento de normalización de la vida colectiva son dos de los campos en los que suelen moverse la mayor parte de las creencias, de nosotros las personas comunes y de ellos los terroristas.
Lo que diferencia a unos de otros es el exotismo de la posición que se tome. Ninguna persona joven, activa, agresiva y con un fondo de búsqueda de acción y notoriedad podría compartir las pequeñas creencias que sostenemos las personas comunes, no les llenarían en absoluto, ellos precisan una ideología total, una creencia total que de forma y contenido a todas y cada una de sus necesidades y que unas veces se ha llamado totalitarismo y otras veces integrismo: se trata de dos fenómenos parecidos que cumplen una única función: la de proteger al individuo de sí mismo, satisfacer su necesidad de obediencia y de integración en un grupo y liberarlo de sus pulsiones hostiles a través del otro malvado.
Sin embargo las personas comunes ya sabemos que no existen creencias de esta índole: que den una respuesta a todas y cada una de nuestras necesidades salvo en las antípodas de la razón, así y todo mantenemos ciertas creencias más por sentido estético y lealtad biográfica que de orden reflexivo. Es de hacer notar que los hechos de conocimiento objetivo solo suceden en la ciencia mientras que la mayor parte de los problemas humanos no se dirimen en un laboratorio sino a través de la intersubjetividad, es decir la mayor parte de los problemas humanos, los que tenemos con otras personas no pueden jamás convertirse en hechos de conocimiento objetivo y se mantienen durante toda un vida en forma de ignorancia del otro, prejuicios o dudas, repliegues de la subjetividad. Mi antipatía por este o aquel personaje es eterna en tanto en cuanto no podrá demostrarse jamás de forma científica, objetiva, quién tenia razón, se tratará siempre de un conocer aproximado, de una creencia irracional revestida y camuflada con datos parciales de la realidad, pero que en ningún caso señalará un culpable o un inocente. Sabemos que en esa clase de antipatías no hay nunca un único culpable, los conflictos intersubjetivos humanos discurren en una atmósfera de impredictibilidad y de indeterminación y usualmente de circularidad.
Se trata en cualquier caso de un conocimiento muy importante y al que no tienen acceso todos los humanos, supone el darse cuenta de la relatividad de los sucesos y de que el prejuicio forma parte necesaria del conocimiento y que se encuentra tan lejos o tan cerca de la verdad como cualquier certeza. La mayor parte de los seres humanos cuando tienen un conflicto no dudan jamás, se aferran a un convencimiento de haber sido víctimas de una ofensa y rompen la relación con el interlocutor, pero en este caso no hay paranoia sino orgullo. Es precisamente el orgullo el que hace de dique a la duda. Determinados rasgos como el orgullo o la desconfianza son verdaderas vigas maestras de la personalidad y operan de forma bastante parecida a los que sucede en la paranoia, pero el orgulloso no delira simplemente sobrevalora un evento que usualmente acaeció.

Una idea sobrevalorada no es una idea delirante pero ambas cumplen una misma función estructural para el psiquismo humano: dar sentido a la realidad subjetiva, o una máxima relevancia contextual. No hay la misma certeza en la primera que en la segunda, en la idea sobrevalorada sólo hay orgullo o lo que es lo mismo la idea sobrevalorada mantiene operativo el orgullo pero el individuo duda en su fuero interno aunque puede librarse de la duda si no es confrontado de nuevo con la misma realidad, la solución no se hace esperar: la ruptura del vínculo es la mejor solución, algo que muchas veces sucede lejos de la conciencia, simplemente evitamos o nos alejamos de aquellos que hacen tambalear nuestro orgullo sin alcanzar ningún conocimiento sobre él y condenándonos a repetir la misma experiencia con otros, estamos en el campo de las neurosis y la repetición.

El eterno retorno de lo idéntico.




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