01
Ene
09

El camino del pneuma

Desde antiguo el pneuma ha sido asociado al intelecto. Como prueba lingüística, en griego la palabra intelectual es pneumatikós.

Parecería que el aire y la mente mantienen una estrecha relación de hermandad que no puede ignorarse. En lo cotidiano tenemos buenos ejemplos: cuando la mente está alterada por un susto, por miedo, etc. suele recomendarse “Respira hondo”, o cuando nos mareamos se abren las ventanas o se abanica al sufriente. Es curioso que el encéfalo consume nada más y nada menos que el 20% del oxígeno que inhalamos. Un órgano de apenas kilo y medio se adueña de una parte desproporcionada de la ganancia de los pulmones para el cuerpo entero. ¿Sabrían esto los griegos antiguos?… Como curiosidad adicional, en Astrología el signo y casa que en lo corporal rigen los pulmones (Géminis) están asimismo asociados a la mente concreta. ¿Otra casualidad?

Hoy día, gracias al beneficioso infiltramiento en Occidente de las antiguas técnicas del Yoga, se admite sin margen a duda los beneficios de ciertos ejercicios de respiración. Artistas que actúan habitualmente ante el público, ajedrecistas o campeones deportivos, agentes de bolsa y enfermos de ansiedad, depresión y otras dolencias, reconocen que practicar ciertos ejercicios respiratorios mantiene su mente en forma y lúcida. Se dice en Yoga que quien puede controlar la respiración puede controlar la mente… y todo. Ya antiguamente debía conocerse la relación entre respiración y cerebro, pues uno de los pranayamas habituales en Yoga consiste en alternar la respiración por las distintas fosas. Hoy se sabe que la respiración por una fosa aumenta la actividad electroencefálica del hemisferio opuesto (La lupa de la Nueva Medicina, F. Callejón).

Con el ánimo de no profundizar hasta aburrir, lo que quisiera es desvelar aquí la clave de algunos misterios poco conocidos por muchos, y sin embargo tan elementales que gracias a ellos estamos aquí ahora mismo.

Ante todo, una curiosidad acerca del mecanismo de la contínua inhalación/exhalación de aire es que éste no se debe fácticamente a los pulmones, sino a la contracción de lo que podríamos llamar el músculo de la vida: el diafragma.med-anatom-diafragma-001

Este músculo, que divide en dos nuestro tronco en tórax y abdomen, tiene una forma lisa y plana, en forma de paraguas o paracaidas. Su posición relajada es en “abombamiento” hacia arriba, mientras que para hundirse hacia abajo debe contraerse (esforzarse). Sobre él reposan apoyados nuestros pulmones, esas dos esponjas que gustan de llenarse de aire varias veces por minuto sin que debamos ponerles atención ni darles ninguna orden consciente. La clave de la respiración consiste en que, entre 12 y 15 veces por minuto, al músculo del diafragma “le apetece” contraerse hacia abajo. Ese gesto repetitivo e incansable “arrastra” consigo hacia abajo la base de los pulmones, forzándolos a aumentar su volumen. Es ahí donde interviene otro milagro del diseño: se produce el efecto del vacío. Este efecto no podría completarse si no fuera porque, además, disponemos de dos pequeños orificios (fosas nasales) por los que, necesariamente, entra el aire. En definitiva, así es cómo inhalamos: por efecto (1) de la contracción de un músculo, (2) por efecto del vacío y no tanto por los pulmones.

Algo curioso de esta magia respiratoria es que es el único mecanismo en el organismo humano que está regido tanto por el sistema nervioso autónomo tanto simpático como por el parasimpático. En términos sencillos esto significa que es el único que puede ocurrir tanto por sí solo -sin pensar conscientemente en ello- como también a voluntad: podemos intervenir en él (a diferencia de la digestión, por ejemplo).

Lo siguiente que habremos de saber de esos movimientos de vaivén que nos mantienen vivos es la ruta que sigue el aire hasta alcanzar los pulmones, y ahí está una de las gracias principales de este misterioso acto.

med-respir-aparato-respiratorio-3crSi observan la ilustración, comprenderán enseguida que el aire puede penetrar en el cuerpo por dos vías: las fosas nasales y también la boca. Pero se dice en Yoga que el aire que entra por la boca no “afecta” a la mente, y con ello llegamos al fondo de este asunto.

Cuando el aire no tiene más alternativa que ser captado por nuestras fosas nasales, éste emprende una ruta que primeramente asciende durante un corto tramo y después vira hacia abajo, hacia los pulmones, pasando por los bronquios. Pero ¿qué ocurre en ese punto de inflexión exactamente? Ahí radica la clave de todos los ejercicios respiratorios que muchos ignoran.

Ocurre que justo ese punto es anatómicamente el más alto alcanzado en ese camino del aire o pneuma, aquel en el cual el aire inhalado se halla más próximo al cerebro, apenas separado de él por una delgada pared de tejido óseo. Ahí mismo, algo más arriba, se encuentra ni más ni menos que la hipófisis, una pequeña glándula con múltiples funciones vitales para nuestra vida (aquí se explica su difícil vida sin vacaciones). Por eso se dice que el aire inhalado por la boca no puede “afectar” a la mente.

La exhalación, en contraposición, sucede cuando el diafragma hace justo lo contrario que antes: se relaja volviendo a su posición natural (abombándose de nuevo). Con ello “empuja” (exprime) el aire contenido en los pulmones, que sale, recorriendo el camino inverso, a través de las fosas nasales o la boca.

Si lo desean pueden aplicar todo esto en la práctica en un par de respiraciones: con lo que saben ahora pueden hacerlo de un modo más consciente que hasta ahora: tomen aire por la nariz e imaginen esa ruta que primero sube y luego baja hacia su destino. Si pueden percibir “ese punto” crucial en que el pneuma y la mente se acercan uno al otro, habrán comenzado a comprender, más allá del puro raciocinio, un misterio del que contaremos más cosas en otro momento.


2 Respuestas a “El camino del pneuma”


  1. 1 Cristina Trullà
    Enero 7, 2009 a las 12:46 pm

    Muy buen aporte, Ana. Efectivamente, la respiración es sumamente importante para la salud, de hecho para los orientales es el vehículo que transporta la energía (Qui) a todo el cuerpo y puede traducirse en una capacidad consciente para hacer llegar esa energía a distintos órganos del cuerpo a través de la respiración.
    Gracias.

  2. Enero 7, 2009 a las 11:38 pm

    En efecto, Cris, y no sólo el Chi o Quí (o prana) pues, como sabrán algunos, la energía para la MTC consiste no de uno sino de cinco niveles con distinto grado de sutilidad: Chi, Jing, Sangre, Fluidos, y Shen. En el Yoga, el “prana” o energía vital se puede decir que “cabalga” sobre el oxígeno, sí, y por ello es muy importante cómo se maneja y se reparte esa energía.


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