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May
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Perdidos en la tribu

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Fue por causalidad, zapeando un aburrido domingo por la noche, intentaba eludir los resúmenes de la jornada futbolística cuando me encontré con esta serie de la que nunca habia oido hablar. Comencé a mirarla un poco por la belleza de las imágenes que me atraparon en primera instancia -quizá por su exotismo-, y enseguida me di cuenta de que se trataba de un reality show, pero en este habia algo diferente, algo de mayor calidad, asi fue como me quedé pegado al televisor y asi fue como nace este post: una reflexión sobre un programa que me impresionó.

Es en tele cuatro, y en este enlace están colgados los videos del programa, más cercano a una visión antropológica que a la cutrez de los programas que tratan de penetrar hasta la cocina de la banal intimidad de otros, más cercano a “Bailando con lobos” que a “Gran hermano” y de ahi su interés y su belleza.

Tres familias enteras pertenecientes a nuestro entorno concursan con el fin de aguantar hasta el final una serie de pruebas heroicas viviendo en tribus lejanas y tratando de adaptarse a sus costumbres y culturas. Gana la familia que al final es aceptada-admitida por la tribu, pierde aquella que se rinde y se va o es expulsada por el consejo que en cada tribu ejerce el poder y la capacidad de sanción.

La gracia es que la salvación y el premio final sólo puede ganarse en conjunto, de forma familiar por asi decir, lo que complica llegar a la meta e invalida las soluciones individuales. El programa ya ha sido realizado en varios paises con el nombre de Ticket to the tribe, y en España será presentado por Nuria Roca.

Lo que enseguida llama la atención del espectador es la colisión de culturas: por una parte una cultura primitiva, orientada hacia la preservación y dominada por el sentido común, por otra parte, una cultura- la nuestra- representada por la unidad familiar, con grandes contradicciones en su seno y dominada por los prejuicios y los estereotipos.

En el programa se abordan los grandes temas del hombre: la alimentación, la sexualidad, las relaciones de pareja, las relaciones con la colectividad y el tema del poder y el reparto del trabajo. Todo se dirime en el consejo que es el lugar donde los jefes de la tribu imparten -con un tono de sabiduria que va más allá de lo esperable-, los premios y las sanciones que merecen las conductas individuales, se imparten refuerzos a las conductas que lo merecen y se improvisan definiciones sobre cada una de las personas que intervienen en el juego. El resultado es que las personas se sienten integradas en algo superior a si mismas, obtienen refuerzos a su identidad y aprenden que sus conductas inciden en la totalidad de modo que sus desviaciones propician castigos concretos que aceptan sin rechistar. Para algunos una oportunidad de socializarse y escapar de esa sobredosis de uno-mismo que consume nuestra civilización.

La alimentación.-

El primer problema que se les plantea a nuestros conciudadanos es que tienen que aprender a comer cosas repugnantes para nuestro gusto, tambien alimentos cuya composición desconocen. La variación en la dieta es tan brutal que presupone una modificación importante de lo que es necesario y lo prescindible: el agua y la comida después de unos dias de repugnancias y ascos se convierte en el centro de la atención de unos y otros. Los integrantes de la tribu hacen observaciones tan interesantes como esta: “están demasiado gordos a pesar de que no comen, si siguen asi no podrán mantenerse en pie”. Algo que deberia hacernos pensar en nuestra dieta, ¿cómo es posible que estemos tan gordos si no comemos? Es evidente que comemos demasiadas calorías vacias, esa es la base de la alimentación occidental.

El siguiente dilema que se plantea a nuestros civilizados ciudadanos es cazar para comer: las proteinas animales no abundan en ninguno de los hábitats de las tribus de Africa o Indonesia donde se desarrolla la serie y en cualquier caso las nutritivas proteinas son necesarias, para un mundo como aquel comerse un jabalí es un verdadero festín perfectamente ritualizado de acuerdo con las creencias animistas de la tribu en cuestión. Nada debe dejarse al azar, hay que cazar al animal vivo y darle muerte en un determinado contexto para que el espiritu del jabalí se convierta en protector de la tribu.

No es de extrañar que la matanza sea un rito con sentido iniciático. Hay que matar para comer y todos deben asistir a la ceremonia. ¿Qué sucede con nuestros pulcros ciudadanos? Pues que algunos de entre ellos no resisten ver como se mata a los animales y tienen crisis de verdadera histeria si son obligados a contemplar el rito.

Otra contradicción, nos gusta comer carne pero no podemos soportar el visionado del sacrificio del animal como si la carne que comemos procediera del limbo de lo politicamente correcto. Algunos de los concursantes llegaron a ponerse enfermos durante la matanza y algunos desesperados huyeron despavoridos de la escena amenazando con abandonar el programa si se les obligaba al visionado.

La escena fue revisada en el consejo que desaprobó la conducta de la mujer que habia provocado la ruptura del ritual y fue amonestada en publico. Decidió seguir una vez se hubo calmado y comprendió que los “salvajes” sintieron aquello como una desprecio a sus costumbres, al mismo tiempo que trataban de consolarla en su explosión de llanto.

Una de cal y otra de arena: castigos, amonestaciones pero tambien apoyo emocional para las discrepancias y refuerzos constantes para todas aquellas conductas que impliquen cohesión social.

Mi conclusión con respecto al tema alimentario es que los hombres civilizados tenemos demasiados escrúpulos a la hora de vertir sangre, una sangre que es preciosa -sagrada- y necesaria pues nuestra especie no hubiera podido sobrevivir sin las preciadas proteinas animales. Comer carne pero negarse a contemplar el sacrificio de la misma es una contradicción de la postmodernidad, una más que pone en evidencia la debilidad de nuestro registro simbólico.

Hombres y mujeres.-

El tema del poder intersexual no podia tardar mucho en salir a la palestra de las contradicciones y antagonismos entre una cultura inmunodeprimida como es la nuestra y una cultura fuerte y vigorosa como son las culturas primitivas. Es el gran tema del reparto del trabajo y las obligaciones comunitarias. Las mujeres primitivas trabajan mucho dentro y fuera de casa, cocinan, conservan, lavan, recolectan, y buscan y transportan agua desde lugares muy alejados a sus “domicilios”, los hombres cazan y gobiernan los intereses colectivos.

Un problema que no tardó demasiado en salir es el tema del “machismo” , una palabra-estereotipo con el que muchas mujeres zanjan el tema de las diferencias sexuales que en realidad apelan tanto a la distribución de los tareas como en los roles sociales. En Namibia las mujeres están obligadas a llevar agua al caer el crepúsculo para que sus maridos se laven, pero no les está permitido lavarse a ellas. Un desperdicio de agua en tanto que son ellos los que han quedado impuros tras la caceria-matanza. Contemplar la escena en que la esposa le lleva agua a un marido culpabilizado por no poder compartir el agua con su mujer no tuvo desperdicio.

Las mujeres se sienten orgullosas de llevarles el agua a sus cazadores maridos y estos -a su vez- se sienten orgullosos de poder alimentar a su esposa e hijos, a su familia. ¡Cuan diferente a lo que sucede en nuestras culturas postindustriales!. A los hombres se les ha arrebatado el orgullo de alimentar y proveer a sus familias y las mujeres se han sobrecargado con tareas de hombres a la vez que han quedado desprotegidas en su carrera hacia la igualdad, pues los hombres han desertado de sus roles tradicionales sin haber logrado inventar otros.

Cuando se plantea en la tribu el tema de la igualdad, los hombres recurren a esta frase ¿si no puedo alimentar a mi familia y protegerla para qué sirve un hombre? Y las mujeres dicen: ¿Si no soy competente para llevar el agua para mi marido, por qué iba a permanecer conmigo?

Y cuando la cosa se pone fea las mujeres son obligadas a cazar por ellas mismas, es entonces cuando se dan cuenta de que al fin y al cabo su posición en la tribu es de privilegio: ellas no están obligadas a cazar y sin embargo comen tambien proteinas, las que su marido les trae, algo que va más allá del verbo compartir y que se encuentra en las entrañas de nuestra humanidad: los vinculos sociales nacieron precisamente de este intercambio proteico.

Argumentos de lo más sensato y coherente que han sido sustitudos por esa especie de ruptura y defenestración de los roles sexuales en nuestro mundo a la vez que asistimos cada vez más a sufrimientos que proceden de la ausencia de rol en los hombres (anomia)  o la deseabilidad de  ser protegida (desvalimiento), algo que muchas sólo alcanzan alguno/as a traves de la enfermedad o la incapacidad en esta sociedad nuestra tóxica y diseminadora de reglas antihumanas, casi siempre titánicas.

Viendo la serie de “Perdidos”, me di cuenta de que el gran problema que tienen las civilizaciones modernas es el enorme poder que acumulan tanto las mujeres como los niños. Un poder dificil de gestionar individualmente y que les ha sido arrebatado a los hombres que cada vez más aparecen como incompetentes, exiliados e irresponsables.

Una de las escenas mas conmovedoras del capitulo de ayer tuvo lugar en el seno de una familia con dos hijas, hermanas bien distintas entre ellas, una con una carácter algo deshinbido e impulsivo y la otra mas bien mogijata y perfeccionista. Naturalmente la primera está disfrutando con la experiencia y se le nota en su cara de picardia el placer con el que está viviendo esta experiencia en una tribu ganadera, la otra asustadiza, temorosa y aprensiva tampoco puede ver como su padre, un tipo compacto da muerte a una cabra para alimentar a su familia, un verdadero honor para cualquier hombre. ¿Comprenderá ella como su hermana ya ha comprendido que los hombres son hombres precisamente para eso?

¿Y que la función de la mujer es apartarse a un lado y no hacerle ascos a la vida?

Estoy seguro de que la hermana impulsiva se acoplará mejor a este mundo hostil que la hermana aprensiva lo que viene a demostrar que lo que aqui consideramos patologias de carácter no son sino variantes de la personalidad que muestran su validez cuando nos enfrentamos a adaptaciones en ambientes hostiles o deprivados donde la preservaciónvuelve a poner las cosas en el lugar donde siempre debieron permanecer a fin de que las comunidades fueran prósperas, cohesionadas y laboriosas.

La gestión de lo colectivo.-

El ultimo comentario que me gustaria hacer es algo relativo a la vida en comunidad. La tribu se reune junto al fuego fin de gestionar la vida común y diaria, alli se toman las grandes decisiones y todos participan en ellas. Una especie de psicoterapia de grupo donde unos son amonestados por alguna falta y redimidos a través del castigo o la simple admonición, una especie de reparto equitativo de bienes y cargas, una autoridad inapelable que cuenta con el apoyo de lo colectivo para hacerse obedecer.

Pero que sobre todo dota de sentido a lo colectivo y a la identidad propia, no es raro que a un adolescente se le obligara a recordar los nombres de los individuos de aquella comunidad. Aprendió ahi una cosa muy importante: cada persona tiene un nombre, como él mismo, la identidad no se diluye en el colectivo a pesar de ser una comunidad muy cohesionada. Aprender de memoria los nombres de todos fue algo esencial para aprender algo de sí mismo y de la equidad: todos somos iguales, lo que para él como miembro de esa comunidad resultaria ciertamente tranquilizador, al fin y al cabo la exclusión del bicho raro es imposible en un entorno asi.

Una de las frases que me quedaron grabadas fue la intervención de un feísimo jefe ¿tiene sentido ser feo o guapo en un entorno asi?, sin nariz que participaba en las homilias llenas de sentido común con que pretendia adoctrinar a nuestros racionales concursantes.

“Para pertenecer a esta tribu, un hombre debe enfrentar todos sus temores”, una sabia perla que me quedó flotando en la cabeza y me indujo a pensar “cuanta razón tiene este hombre”. La mayor parte de nosotros no sabemos si quiera a qué cosas les tenemos miedo, siempre lo hemos disimulado y ante ese continuo disimulo hemos llegado a desconectarnos tanto de nuestro miedos que ya nos resultan ajenos e irreconocibles. Que una persona solo pueda conocer su miedo a la sangre cuando asiste a una matanza es una verdadera desgracia para la humanidad.

¿Cuantas personas lectores de este post no han visto nunca matar a un cerdo, a una gallina o a un conejo y sin embargo los comen?

¿Cuantos hombres lectores de este post se sienten responsables de su mujer y sus hijos? ¿qué clase de compromisos nos atan con nuestras parejas?¿como les proveen y como distribuyen las cargas del hogar?

¿Cuantas mujeres se sienten protegidas  y proveidas pro sus parejas sexuales y qué hacen para conservarlas?

Un programa para volver a ver, dará que hablar.


3 Respuestas a “Perdidos en la tribu”


  1. Mayo 18, 2009 a las 2:21 pm

    Qué capaz es usted de decir cosas importantísimas partiendo de un programa de TV…
    “La mayor parte de nosotros no sabemos si quiera a qué cosas les tenemos miedo, siempre lo hemos disimulado”
    Cuán cierto esto, sí…
    En cuanto a no soportar ver el necesario sacrificio de un animal que nos comemos tan tranquilamente (mientras vemos el telediario con niñitos muriendo de hambre, por cierto) no sé si llamarlo contradicción exactamente, o paradoja, o darle la razón otra vez al refranero “ojos que no ven (de cerca), corazón que no siente”.

  2. Mayo 20, 2009 a las 2:05 am

    Buen post, me ha alegrado ver un blog donde se saca lo positivo de este reality, que a mi también me inquieta y me hace ver las grandes diferencias entre países tan distantes. La mezcla de los dos modos de vida es muy constructiva y verlo también nos aporta alguna enseñanza. Nos da envidia no poder o no querer emprender esas aventuras tan enriquecedoras.

    También he visto que has generalizado un poco con “nosotros”, ver morir un animal es una pena, también lo es ver caer hojas de los árboles.

    La muerte es un verdadero tabú.

    Ver como muere un animal es una auténtica tragedia que me costaría mucho encontrarme de frente, tanto que me planteo cada día no volver a comer por respeto a nuestros animales.
    Nuestros animales son sacrificados mucho peor, en plan factoría.

    Los animales en nuestra cultura viven encerrados la mayor parte de su vida, sin ni siquiera poder ver el sol, son engordados con grasas de otros animales y no pueden correr por el campo, y al final de sus vidas, se les da muerte con una descarga eléctrica. Una vida eléctrica con una muerte aún más eléctrica y luego nos alimentamos de sus cuerpos enfermos…

    Lo de la familia de los mentawai es una típica familia enferma, con la enfermedad de la sociedad hasta en sus huesos, desconectados de sí mismos, completamente neuróticos; forma un gran contraste con una supertribu llena de consciencia, de amor, de sensibilidad, de fuerza y de muchísimas cosas que igual no descubriremos.

    Un abrazo y gracias por el post.

    Alex

  3. Mayo 20, 2009 a las 5:34 pm

    Hola Alejandro:
    Gracias por tu comentario, bueno yo ignoro como viven y mueren los animales hoy, será porque yo me crié entre animales pero hace ya mucho tiempo que vivo en la “civilización postindustrial”. En mi casa habia cerdos, toros, caballos, gallinas, conejos, patos, hamsteres, gatos, ratas, y por supuesto los domesticos perros. Los domingos matabamos una gallina como mandan los canones, degollándola y desangrándola, era una escena tan doméstica y familiar que no la recuerdo con horror sino teñida de festividad, yo creo que hoy nos hemos desconetado tanto del sacrificio de la carne que incluso pensamos en hacernos vegetarianos, pero la dieta sigue siendo la misma. Ojos que no ven corazón que no siente, pero estomago en paro….


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