Archivos para Septiembre 2009

22
Sep
09

No matarás

no-mataras

Nosotros los sapiens pertenecemos a una estirpe de homínidos bastante irascible pero poco agresiva.

El potencial agresivo de los humanos procede más bien de nuestra enorme inteligencia y de nuestra capacidad para planear encerronas, construir instrumentos, armas y artilugios destructivos a gran y pequeña escala.

Es muy poco probable que a puñetazos seamos capaces de matar a un congénere, para eso necesitamos emplear alguna que otra estrategia como golpearle con una piedra en la cabeza o asestarle una puñalada mortal por la espalda. Necesitamos armas y tenemos la inteligencia para construirlas.

Nuestros sistemas de modulación de la agresividad -sistemas inhibidores de la misma- son muy escasos y están muy poco desarrollados. La razón biológica de este escaso desarrollo es que no poseemos cuernos para acometer, ni garras para desgarrar, ni picos para atacar ni dientes para morder. Es decir no tenemos un armamento intrínseco que haya evolucionado con nuestra estirpe y por tanto los sistemas de inhibición de la agresividad no se han desarrollado -no han coevolucionado- con nuestras razones para enfadarnos, es por eso que la gente suele matar a otro por “un quitame allá esas pajas”.

Los sistemas inhibitorios de la agresión no están codificados genéticamente (aunque si la agresividad que siempre da premio evolutivo) es por eso que se hizo necesario inventar sistemas inhibitorios culturales que vinieran a suplir ese déficit natural.

Nuestros sistemas de inhibición de la agresividad se trasmiten a través de la cultura, entendiendo a esta en clave extendida: toda aquella clase de registros procedentes de la tradición que se trasmiten de padres a hijos o desde el sistema social o grupo al individuo.

En un post anterior me planteaba el cómo se trasmiten estos registros, es decir como se interiorizan las prohibiciones culturales en los cerebros individuales. ¿Cómo sabemos que no hay que matar al vecino?

Hay que diferenciar ahora el verbo “saber”, información, del verbo “deber”, moral y del verbo no-matar que es el polo pasivo de la interiorización del tabú.

Todo el mundo sabe que no hay que matar al prójimo y yo diria que hay una gran mayoria de humanos que seguimos este mandato, los homicidios descienden en todo el mundo de una manera progresiva desde 1900 para acá (aunque en el 2008 hayan ascendido en nuestro pais en un cifra alarmante comparada con el 2007) . También algunos sabemos que matar a otro es una cosa que no debe hacerse, por muchos motivos: morales, cívicos, racionales unos e irracionales otros y sobre todo porque existen códigos juridicos, políticos, policíacos que persiguen el crimen, el único argumento que sirve a algunos de disuasión frente al delito, aunque hay otros argumentos blandos por ejemplo: que se trata de algo irreversible, porque a nosotros tampoco nos gustaria que nos mataran, etc. Existen argumentos de todo tipo para no llevar a cabo esta miserable conducta y sin embargo hay gente que la sigue llevando a la práctica.

¿Por qué?

La falta de información, los déficits morales (la degeneración moral de Magnan), la patología psiquiátrica, la miseria económica que es la explicación marxista del crimen o la misteriosa etiqueta de “conductas antisociales” no bastan para explicarnos el por qué algunas personas se saltan a la torera un precepto que a la mayoria de nosotros nos parece algo normal, algo natural que no precisa que cavilemos demasiado en el asunto. No hay que matar y ya está.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros no necesitamos pensar en ello porque lo hemos incorporado o interiorizado. Y una vez interiorizado un tabú (una prohibición) ya no necesitamos pensar en ello porque se ha insertado en nuestro patrimonio -nuestro campo- epigenético. Se ha convertido en biología y ha dejado de ser una cuestión moral sobre la que podemos opinar o mantener opciones distintas.

H. C . Waddington fue un biólogo y genetista escocés que planteó el termino epigenética para explicar algunas interacciones entre el medio ambiente y los individuos que se realizaba no a través de la via del ADN sino a través de influencias medioambientales en la expresión o transcripción de la herencia genética propiamente dicha: la epigenética estudiaria pues el medio ambiente de la célula. Hoy se le da mucha más importancia a la epigenética que a la genética misma en la convicción de que gran parte de las conductas y las patologias humanas pueden explicarse mejor desde este doble origen que hace que el medio ambiente penetre en lo más íntimo de nuestro patrimonio genético -sin afectar necesariamente al ADN nuclear- y conmute procesos que no se hubieran producido sin esas aferencias de información.

La evolución no sólo opera sobre rasgos genéticos sino tambien sobre rasgos conductuales, ambientales, mórficos y simbólicos.

Lo curioso de esos aprendizajes que los humanos realizamos individualmente es que son aprendizajes que nos vienen insertados por la cultura o la tradición sin que seamos demasiado conscientes de ello. Un ejemplo es la prohibición del “No matarás”, ¿cómo hacemos la mayor parte de nosotros para cumplir este mandato sin que nunca nadie nos haya hablado del asunto?

Ahora compare usted este mandato con este otro:

“Hay que conducir siempre con el cinturón de seguridad puesto” o

“Si conduce absténgase de beber alcohol”

¿Que diferencias observa?

Ambas son prohibiciones pero existe una diferencia fundamental entre ellas: la primera prohibición es antiquísima, data de unos 50.000 años y las segundas solo tienen una década. Los efectos que ambas prohibiciones tienen en los cerebros individuales son inmensas, las primeras se han automatizado, se guardaron en un lugar muy lejano a la corteza cerebral, se encuentran en los planos mas profundos del cerebro, alli donde guardamos los patrones de acción fijos para andar, beber, comer o movernos sin pensar, se han corporizado. La segundas están en nuestro consciente, hemos de pensar en ellas y forzosamente a veces las olvidamos, todavia no han penetrado en nuestro inconsciente, aun no se han automatizado y no son todavía cuerpo sino idea.

Para que una idea se corporice hacen falta al menos tres generaciones (unos 60-80 años) pero es necesario además que la idea haya logrado penetrar en los cerebros de nuestros progenitores al menos para que la acaten si lleva un “no” delante. Sólo después de haber pasado por tres generaciones de linajes no homicidas podemos pensar que en nosotros no existe pulsión homicida alguna y que es muy poco probable que alimentemos abogados o pleitos por esa causa. Pero existe aun algo más sorprendente: puede existir una culpa transgeneracional por algun crimen que el sujeto no cometió, ni contempló ni tiene noticia alguna sobre el asunto. Todo parece indicar que las transgresiones de prohibiciones ancestrales -igual que las prohibiciones- pasan de generación en generación tratando de encontrar un huesped que les ponga fin: es el tema de la maldición familiar o del destino, un tema que se encuentra bien explorado por los mitos. El tema de la redención individual de toda una estirpe.

Este proceso de interiorización de un mandato transbiológico como es la orden de “no matar” puede tener interrupciones, excepciones y obstáculos, el principal y más conocido es la guerra. En la guerra no solamente se detiene el mandato sino que es posible que matar sea necesario para sobrevivir lo que cambia el panorama de anteriores interiorizaciones colectivas, asi y todo las guerras son escenarios de crimenes gratuitos y sádicos como ya estamos acostumbrados a ver en los informativos. La guerra es una enfermedad traumática para más de una generación, nosotros por ejemplo seamos hijos o nietos de los que hicieron la guerra civil estamos contaminados en España por aquel conflicto y en cierto modo todavía estamos sufriendo las consecuencias, ¿quién de nosotros no tuvo un pariente asesinado o un criminal en aquella contienda?

Lo que señala en la dirección de que tantos los valores como sus transgresiones -los vicios- se trasmiten del mismo modo y a través de las mismas vias simbólico-culturales y terminan convirtiendose en algo corpóreo.

Lo importante es caer en la cuenta de que los tabúes o prohibiciones culturales se insertan en nuestro cuerpo como si fueran instrucciones genéticas aun sin serlo y que se trasmiten como si fueran genes replicándose a si mismos aun sin estar compuestas de ADN.

Lo que redunda en la idea que más arriba expuse: que la via genética no es la unica via de trasmisión de caracteres innatos. El tabú de “no matarás” es innato a pesar de no venir codificado en nuestro genoma. Cuando un niño viene al mundo ya accede a él mediante un conocimiento previo (no es una tabla rasa) se trata de aprendizajes culturales, históricos, étnicos e incluso filogenéticos que no necesariamente se encuentran codificados en su ADN.

Es muy posible que todos los sistemas de inhibición de la agresividad no sean sistemas neurobiológicos heredados sino campos epigenéticos aprendidos que terminan por interiorizarse y que se comportan como si fueran cuasigenes. La inhibición de la agresividad puede realizarse de muchas formas pero siempre necesita de un otro que la desactive, a través de la sumisión, del llanto, de la debilidad o de la ternura es como los animales desactivan la agresión de los adultos, nosotros los humanos tambien sabemos hacerlo y tenemos además la empatia que es un añadido relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de encontrar similitudes con nuestros semejantes.

En este post hablé de la metacognición y la empatía: una de las prestaciones de nuestro cerebro emocional.

Efectivamente el Verbo puede hacerse carne, que es otra manera de decir que lo cultural puede encarnarse y hacerse proceso biológico a través de esa interfase que llamamos inconsciente: el lugar donde Psique y Soma se encuentran no solamente bis a bis, uno frente a otro sino donde el individuo se articula con la corporalidad del mundo.

20
Sep
09

Desaprender para aprender

El duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar

(F. García Lorca)

Sin título-1 copia

Cuentan que preguntó un día la rana al ciempiés cómo hacía para mover tantos pies de un modo tan eficiente y coordinado, y que cuando el ciempiés se paró a pensarlo para responder, no supo volver a caminar nunca más.

Es algo conocido que cuando nos rascamos o revolvemos el café no tenemos que enviar órdenes conscientes para alzar la mano, dirigirla hacia esas coordenadas concretas, mover la musculatura de un modo determinado a un ritmo previamente calculado, etc. Si así fuera, estaríamos casi todo el día ocupados en ese tipo de órdenes.

Piensen en lo siguiente: solamente para cruzar una calle, en el instante en que damos una instantánea ojeada al coche más cercano que se aproxima hacia el paso de peatones, el cerebro está realizando los siguientes cálculos:

- la distancia entre ese coche y nosotros

- la velocidad estimada de ese coche

- nuestra velocidad máxima (corriendo, si es preciso)

- si, dados los parámetros anteriores, existe la posibilidad de que ambas trayectorias se crucen (con lo cual nos atropellaría)

- si existe esa posibilidad, no cruzamos; si queda descartada, cruzamos.

Y todo eso en una fracción de segundo. Algunos dirían que “presintieron” que si cruzaban le atropellarían.

Otras veces, “presentimos” que alguien no es de fiar. Si analizáramos lo que ocurre, posiblemente nos daríamos cuenta de que esa persona no mantenía el contacto visual el número de segundos suficientes (¿acaso no sabemos todos algo de lenguaje no-verbal de modo innato o, digamos, intuitivo?). Si a eso le sumamos (le sumó nuestro cerebro) alguna maledicencia oida sobre un acto poco congruente cometido por esa persona, o bien la forma de su boca nos recordó a la de alguien que no simpatizamos mucho de adolescentes, ya tenemos el resultado de la fórmula. Todo ello sin darnos cuenta, y el resultado es, en este ejemplo, que esa persona “no sabemos porqué pero no nos inspira confianza”.

Son innumerables los ejemplos de la multitud de cálculos que llevamos a cabo inconscientemente (sin intervención de nuestra voluntad consciente) gracias a la mayoría de los cuales seguimos vivos. Por supuesto, hay muchas otras decisiones que probablemente es mejor tomar en base a cálculos conscientes, estimación de pros-contras, cálculos aproximados de probabilidades, etc. (Algunos investigadores, dicho sea de paso, han llegado a la conclusión de que tras toda decisión consciente yace siempre una emoción básica, pero esto es otro tema que no es objeto de este post.)

Otra cosa que sabemos es que, cuando pensamos demasiado, interferimos con el raciocinio en aquellos mecanismos que normalmente se desenvolverían por sí solos, automáticamente por así decir (en este post se explica qué son los PAFs). Es como si la naturaleza recomendara dejar que el organismo y la mente hicieran lo que ya saben hacer, y dejar los cálculos de pros y contras (y su resultado) sólo para aquello en que necesitamos la voluntad y el análisis racional (p.e. para resolver un problema matemático, para la compra de un piso, etc.).

En este video Mentes privilegiadas se muestran unos estudios que confirmaron una vez más que, al parecer, nuestro cerebro actúa de un modo mucho más operativo si no se interfiere en ciertos automatismos, como p.e. leer. En uno de los experimentos, se muestran varias frases al sujeto y éste lee en voz alta lo que “vé”. Lo curioso es que algunas frases contenían leves errores tipográficos o sintácticos… que el sujeto no “leyó”, corroborando que el cerebro no vé lo que vé sino lo que espera ver. Lo asombroso de ese experimento es que, desconectando ciertas áreas del cerebro racional y dejando por tanto que el individuo lea sin que ésas actúen… no se cometen fallos de lectura. Sin duda se debe a que no actuaron las creencias previas (qué es lo que debería poner ahí). Es decir, haciéndolo así, el cerebro vé lo que realmente hay, sin intervención de expectativa alguna, esa modulación personal del futuro que tanto nos tienta con frecuencia. Uno de los investigadores comenta ahí:

“Es fascinante que tengamos que desconectar partes del cerebro para descubrir aptitudes ocultas… Que tengamos que discapacitar parte del cerebro para extraer habilidades … Estas no son las habilidades del que tiene algo más, son las habilidades del que tiene algo menos…”

Parecería que el Homo sapiens sapiens es, a veces, incluso demasiado inteligente… tanto que comete errores por pensar cuando no debe.

Muchos tenemos el vicio de analizar, racionalizar, calibrar cosas, situaciones o proyectos cuando no es necesario. “Déjate fluir” solemos aconsejar a los demás, pero ¿es eso tan fácil de llevar a cabo una vez desarrolladas, durante cientos de miles de años, unas capacidades que a primera vista nos han resultado adaptativas? ¿No será que nos hemos viciado con ellas como el niño a quien regalaron una bufanda y no se la quiso quitar nunca más ni para dormir hasta que se le quedó pegada al cuerpo? (como en “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher).

Hay que desaprender para poder aprender.

O, como dijo Krishnamurti, una taza (la mente) sólo tiene sentido cuando está vacía, no llena.

15
Sep
09

Memes, virus y arquetipos

Debemos a Richard Dawkins la idea de meme que ya publicó en su libro best seller “El gen egoista”, aunque alli sólo insinuaba una posible conexión entre la idea-fuerza de gen, una serie de instrucciones que son capaces de autoreplicarse y la idea de meme que seria algo asi como una idea, una imagen, una creencia. El meme seria pues un gen cultural que perseguiría los mismos fines de los genes: sobrevivir y autoreplicarse.

Pero no debe entenderse que los memes son metáforas sino realidades concretas como los genes. De hecho se ha desarrollado toda una ciencia memética que estudia precisamente como esos memes se trasmiten, se contagian y sobreviven infectando o parasitando los cerebros individuales.

Naturalmente lo verbos “parasitar” o “infectar” sí son metáforas. Metáforas que procede de los puntos de vista radicalmente darwinistas como el propio Dawkins, su más ferviente defensora en el campo de la divulgación Susan Blakemore o uno de sus seguidores el filósofo de la mente Daniel Dennet que defienden la idea de que la cultura humana se ha desarrollado de una forma muy parecida a la evolución: por selección natural, exisitirían ideas (memes) que se reproducirían más eficazmente y que competirían más eficientemente con otros memes a la hora de instalarse en otros cerebros y desde alli ganar nuevos organismos a los que “infectar”.

Se trata de las conocidas ideas de los neodarwinistas que mas atrás llamaba darwinistas radicales. Para entender mejor la diferencia entre los neodarwinistas y otros evolucionistas como Lynn Margulis o Stephen Jay Gould recomiendo este articulo de la wikipedia. En adelante les llamaremos gradualistas. Se trata de los que creen que la evolución no ha sido el escenario de luchas entre organismos simples a la hora de propagar su genoma sino asociaciones, consorcios pluricelulares que han digerido o fagocitado a otros seres unicelulares aumentando asi su complejidad, Lynn Margulis en su libro de culto “Captando genomas” habló de simbiogénesis para nombrar su concepto asociativo y gradual como motor de la evolución.

Personalmente creo que la idea de meme es un plagio de la idea jungiana de arquetipo y que no añade nada a lo que los psicólogos jungianos entienden como tal y que puede usted consultar aqui.

Sin embargo no son conceptos idénticos sino que mantienen ciertos solapamientos: la principal diferencia entre un meme y un arquetipo es que el meme compite con otros memes mientras que los arquetipos no compiten entre sí sino que resuenan con las posibilidades de ser de los humanos y se constelan (se encarnan o activan) en ellos. La idea de meme fuertemente influenciada por una visión radical de la evolución termina por antropoformizar demasiado tanto a los genes como a los propios memes confiriéndoles capacidad de planear por sí mismos algo que no deja de ser un exceso.

Sólo la conciencia es capaz de planear, ni lo genes ni lo memes son capaces de planear nada por si mismos ni siquiera la posibilidad de autoreplicarse, los genes ser replican en la reproducción y efectivamente compiten con otros alelos con los mismos intereses tal y como expliqué aqui.

El gen y el meme tienen además entre si algunas diferencias: la primera es que el gen es un trozo de la hélice del ADN algo asi como una página de ese gran libro de instrucciones que llamamos ADN o genoma. El meme sin embargo es algo inmaterial y es esta condición de intangibilidad la que lleva a sus detractores (tanto los de Dawkins como los de Jung) a entender estas ideas como bellas metáforas poéticas sin consistencia cientifica alguna.

Lo cierto es que los que asi piensan se encuentran apresados por la idea de que tan sólo en la materia se encuentra la potencialidad de información. A lo sumo muchos de ellos estarian dispuestos a admitir que en la energia tambien puede ser transportada información, pero se preguntan ¿como es posible que la información se encuentre inscrita en la nada?¿Cual es el soporte fisico del meme?

Antes de seguir me gustaria que el lector visionara estos dos cortos videos para conocer mejor las teorias de Dennet y contrastarlas con las suyas propias.

Los memes peligrosos por Daniel Dennet.

Video 1

Video 2

Para entender mejor qué es un meme veamos la metáfora que invoca y que no es otra sino la del los virus.

Un virus es una entidad biológica misteriosa al menos por dos razones, la primera es que no pertenecen ni al reino animal ni al reino vegetal, la segunda es que ni están vivos ni muertos. Contradicen una de las ideas fuerza de la biologia que suscribe la idea de que para hablar de vida tienen que haber células. ¿Si no existen células podemos hablar de un ser vivo? ¿Si no pertenecen al reino animal ni al reino vegetal que son entonces?

Los virus son trozos de ADN ( o de ARN) encapsulados en una especie de caparazón proteinico que sirve de envoltura al ADN o ARN que portan empaquetado. Se trata de la demostración de que existen formas de vida que no comparten la condición de sostenerse sobre la vida celular, ahora bien la vida de los virus es bastante curiosa, porque en realidad, aunque tienen forma y andan por doquier (en realidad no andan en absoluto a diferencia de las bacterias que poseen movilidad), y a pesar de su estatismo solo pueden replicarse si penetran en el interior de una célula para lo que se sirven de herramientas diseñadas para penetrar sus membranas y otras como ventosas para adherirse a ellas. La pregunta que podria hacerse en este momento es la siguiente, ¿cual es el estado de un virus cuando hace vida extracelular? ¿Mueren y viven los virus?

virus_big

Obervese este virus con forma dodecaédrica y ventosas adheridas a su cápsula

Lo cierto es que los virus cuando no encuentran huéspedes a los que parasitar lo pasan bastante mal y se inactivan al poco tiempo de vivir a la intemperie. Y parece tambien que la función teleológica de los virus no es vivir (cosa dificil de entender en un virus que pasa la mayor parte de su tiempo inactivo) sino reproducrise, es decir conseguir copias de sí mismo a expensas de enfermar o matar a su huesped.

Otro misterio biológico que aun no se encuentra del todo explicado es de dónde proceden los virus. A mí la teoria que más me resuena es que los virus son trozos de ADN (o ARN) que han escapado de las fortalezas del núcleo de una célula. Al parecer esta teoria es la que más seguidores tiene entre los expertos pero tiene un problema: si los virus necesitan células para replicarse significa que no pudieron existir antes de ellas. En este caso no serian los organismos más elementales que podemos encontrar a lo largo de la evolución sino probablemente un subproducto celular que encontró una forma de existencia a medio camino enre los cristales y las células que procederian de rupturas escapistas de trozos de ADN, es decir de información genética fragmentaria. La idea que acabo de exponer se encuentra reforzada por otros hallazgos que señalan en la dirección de que estos trozos de información que ha logrado escapar del núcleo de la célula no compete sólo a los virus: existen otros trozos aun más pequeños que pululan por el espacio extracelular, los plásmidos, por dentro del citoplasma celular como los trasposones, otras particulas como los viroides e incluso proteinas mal plegadas que se replican a sí mismas como los priones que no contienen ni DNA ni RNA pero con capacidad infectiva y autoreplicadora.

Si yo fuera el virus de la rabia me interesaría que mi huésped estuviera furioso para asi pasar a otro a través de su saliva,  pero como el virus de la rabia no puede planear no cabe ninguna duda de que el virus de la rabia y la rabia coevolucionaron. Lo que significa en términos evolutivos que la vida celular y la vida vírica pudieron tambien coevolucionar.

Estos descubrimientos biológicos han puesto sobre el tapete una idea fundamental que de alguna forma ha roto con el modelo célular en que creiamos que estaba fundada la vida. No cabe ninguna duda de que la vida reposa sobre la información, entendida esta como una forma energética no degradable.

Dicho de otra manera es posible que todas esas particulas sean basura genética escapada de la célula y que su función evolutiva sea disponer de una reserva de información genética cuya función podria ser la recombinación con algunas especies celulares y no tanto la idea que es hoy la más frecuente al menos en nuestro imaginario: que los virus son enemigos a los que combatir, es muy posible que los virus patógenos para el hombre sean una pequeña minoria de todo un almacén genetico de basura genética dispersa de la que algún dia podamos beneficiarnos para penetrar dentro de la célula con mensajes médicos beneficos para ella.

Pero no es mi intención en este post hablar de los posibles usos médicos futuros de los virus como portadores de soluciones curativas sino trazar un paralelismo entre ellos y los arquetipos. Ya dije más arriba que la idea de meme era una revisión de la idea de arquetipo y dije tambien que la idea de meme habia sido inspirada por una idea evolucionista radical: la de que determinadas ideas compiten por parasitar cerebros individuales y desde alli difundirse al mayor número posible de cerebros.

Es cierto que algunos memes son muy peligrosos tal y como nos contó Dennet en los videos de arriba y que muy probablemnte podemos entender la historia humana como una historia de creencias que tratan de imponerse a las del vecino. Una idea muy interesante es que efectivamente una creencia siempre tiende a imponerse a los demás pero yo no creo que este potencial maligno se halle en la idea misma sino en la natrualeza vanidosa y corrupta del hombre que trata de imponer a los demás sus propias formas de ver la vida. Por ejemplo la idea de Dios no mata a nadie pero la idea de religión ya es más peligrosa porque agrupa a las personas entre seguidores y no seguidores de esa religión. El culto por la patria o por la propia etnia tampoco tiene esa potencialidad salvo si se confronta con las demás, si nosotros somos el pueblo elegido es porque los demás ni siquiera tienen la consideración de semejantes: Dios les olvidó en el reparto. Por tanto esta justificado que les exterminemos.

Lo cierto es que los virus y los arquetipos se parecen mucho:

  • Están inertes cuando no están dentro de un organismo vivo.
  • Tienen forma aunque no los podamos ver.
  • Contienen información.
  • Se replican sólo en condiciones biológicas, el resto del tiempo viven en una especie de limbo que llamamos “cultura”.
  • Los arquetipos se constelan en una persona concreta del mismo modo que los virus parasitan células vivas.

De manera que cuando le hablen de los virus deténgase a pensar por un momento si no será, al fin y al cabo, un virus el que salve a la humanidad gracias a esa información que aun no hemos aprendido a manejar. Tampoco sabemos manejar la información que procede de los arquetipos y que tanto nos podria ayudar a salir de aprietos emocionales, al fin y al cabo fue un titán el que trajo el fuego a los hombres contra la voluntad de Dios.

Nadie sabe por qué todos los dioses han querido mantener a la humanidad en la precariedad.

Pero tampoco cabe ninguna duda de que existe un voluntad decidida por parte de la humanidad de saber por qué los dioses mantienen esta intransigente postura.

04
Sep
09

Homeopatía y psicoterapia

hormiga y neurona

Durante mas de 15 años ejercí la psicoterapia con una metodología ecléctica inspirada en el psicoanálisis aunque fuertemente influida también por posiciones humanistas. Me formé en una época donde ya se conocían algunas razones por las que la psicoterapia era o no efectiva. Después de muchos años donde la pugna se dio entre posiciones conductuales y psicoanalíticas, gran parte de mi actividad profesional discurrió en un entorno donde la integración era el modelo que parecia acercarse más al ideal.

Ya se conocia por aquel entonces que:

  • Todas las psicoterapias eran igualmente efectivas, no existía ninguna hegemonia de unas sobre otras.
  • La variable critica parecia reposar más en el terapeuta que en la técnica.
  • Las psicoterapias funcionaban por razones bien distintas a las que sostenían sus defensores muchas veces por razones desconocidas.
  • Las psicoterapias verbales precisaban de cierto “gusto psicológico” y compromiso por parte de los pacientes, una especie de vocación incrustada en su conciencia que corrientemente no existía en los pacientes más graves.
  • La verbalización de los problemas, la reconstrucción cognitiva de lo vivído, el análisis de la transferencia, la catarsis emocional y la provisión de nueva información pos si mismas parecian no ser suficientes para algunos pacientes.

Había algo que se nos estaba escapando, algo que no era verbal y que no dependía de la reconstrucción cognitiva o emocional.

En esa práctica psicoterapéutica de unos 20 años aprendí algunas cosas sobre “como se curan los pacientes” y por qué otros pacientes no mejoran con la psicoterapia a pesar de los esfuerzos, también aprendí algunas cosas del por qué algunos pacientes empeoran con la psicoterapia.

No cabe ninguna duda de que la psicoterapia es efectiva por la información que fluye entre dos personas y que no es necesariamente verbal. No puede atribuirse todo su potencial curativo ni a la energía, ni a nada material pues usualmente no se usan fármacos. También es cierto que no podemos prescindir del llamado efecto placebo o de la sugestión pura y simple (presentes en todas las interacciones humanas) sin embargo y a pesar de las ideas de algunos autores como Eysenck -el padre de la idea de que en la psicoterapia sólo existe efecto placebo- la psicoterapia es algo más que efecto placebo y contiene en su proceder virajes a veces imprevisibles que se encuentran más allá de él.

Hoy, las psicoterapias han pretendido alcanzar un cierto estatuto cientifico y es por eso que han dejado de ser artesanales y han optado por una cierta protocolización. Algunos terapeutas protocolizan sus intervenciones de tal forma que son capaces de manejar las interacciones con sus pacientes de un modo más comprensible para ellos mismos. Sin embargo la efectividad de la psicoterapia suele ser la misma y es mayor cuanto mayor es la experiencia del terapeuta y su capacidad para empatizar con un amplio grupo de desórdenes mentales o psicosomáticos.

Por razones personales dejé de ejercer la psicoterapia y entré en contacto con la homeopatía de la que por aquel entonces no sabia una palabra. Me di cuenta de que existían ciertos paralelismos entre la psicoterapia que yo practicaba y el ejercicio de la homeopatía.

Una de las ideas que comparten ambas disciplinas es el papel que juegan los síntomas y su relacion con la enfermedad. Para los médicos y para muchos psicólogos el síntoma es la expresión de una enfermedad, algo asi como su forma. Podemos reconocer las enfermedades por los molestos y disfuncionales síntomas, de lo que se trata en una terapia médica o psicológica es de hacerlos desaparecer o al menos disminuir su intensidad o adaptarse a ellos.

Para un terapeuta formado psicodinámicamente o un homeópata el síntoma es el proceso biológico puesto en marcha por el organismo vivo para deshacerse de la enfermedad.

Dicho de otro modo: el síntoma nos orienta hacia una enfermedad pero también aprendimos a verlo en clave de autocuración, representa los intentos del organismo -a veces fallidos-  por curarse.

Si esto último es cierto, curarse no implicaria necesariamente suprimir los sintomas sino aprovecharse de ellos para impulsar la curación en un determinado sentido.

Usualmente los síntomas pueden dividirse en dos grandes grupos: los agudos y los que acompañan a una enfermedad crónica, lo que precisa de una teorización acerca de qué cosa es una enfermedad aguda y qué cosa es la cronicidad.

Nuestra tendencia como médicos es considerar que las enfermedades crónicas son consecuencia de una enfermedad aguda que no se trató correctamente o no desapareció del todo o bien que en la evolución de las enfermedades crónicas se dan recidivas, es decir reagudizaciones que es necesario suprimir para que la enfermedad pierda virulencia.

Me di cuenta precisamente tratando pacientes con psicoterapia que esta supresión de sintomas agudos era un error y que precisamente el episodio agudo es una oportunidad para curarse. ¿Qué hacer con esas personas normaloides que dicen que no tienen ningun problema y que desarrollan enfermedades psicosomáticas o viven todo el tiempo enredados en la ansiedad o la depresión? ¿es verdad que estas personas no tienen ningún problema?

Claro que los tienen, todos tenemos problemas solo que algunas personas se han especializado en ocultarlos o negarlos de tal modo que viven ajenos a ellos y son incapaces de verbalizarlos. Este tipo de personas alexitímicas son propensos a desarrollar enfermedades psicosomáticas, en una psicoterapia no hay más remedio que descompensarlos, es decir conseguir que hagan una enfermedad aguda.

Toda enfermedad crónica sueña con convertirse en una enfermedad aguda.

Y eso es precisamente lo que hace la homeopatia: inocular una enfermedad aguda en condiciones controladas a través de un veneno diluido infinitesimalmente que ha perdido su capacidad tóxica química pero guarda algo que representa una información, un simillinum, un parecido con la enfermedad que sufre el paciente como la hormiga se parece a la neurona de la fotografía de arriba.

Pero para entender mejor el concepto de enfermedad aguda y enfermedad crónica es necesario retomar un concepto físico fundamental: me refiero e la segunda ley de la termodinámica que gobierna a los organismos vivos y que dice asi: desde el punto de vista termodinámico todos los sistemas tienden hacia su destrucción a través de la ganancia de entropía.

La ganancia de entropía tiene que ver con el orden y el supremo orden es el inorgánico es decir la muerte. Es posible decir que la muerte es el punto hacia el que tienden todos los seres vivos y que se produce a través de la ganancia de entropia. La neguentropia, es decir el balance negativo de entropia sería el punto opuesto en el que el sistema ha perdido energia y ha ganado información y que a veces llamamos desorden.

Es importante saber que los estados neguentrópicos son estados en los que los sistemas poseen una mayor información y que se caracterizan todos ellos por un estado de baja energía es decir por fatigabilidad. La estabilidad no informa de nada, la inestabilidad y el desorden contienen información sistémica que pueden traspasar a otro sistema biológico.

Desde este punto de vista la enfermedad señala algo, es decir informa sobre algo mucho más que la salud que por ser estable no contiene en si misma información. La enfermedad es desorden.

Sin embargo las enfermedades se graduan según una escala relacionada con el punto de desorden (neguentropia) que acumulan. Asi las enfermedades crónicas se encuentran más lejos de la estabilidad que las enfermedades agudas. Las enfermedades agudas, por ejemplo en los niños se encuentran muy cercanas a la salud, basta a veces un dia o dos de fiebre alta para que el niño recupere su estabilidad anterior, hablamos entonces de restitutio ad integrum, la recuperacion de las condiciones iniciales.

En la enfermedad aguda el sujeto puede recuperar sus condiciones iniciales (su estado anterior a la enfermedad) sin embargo en la enfermedad crónica es imposible recuperar más que el estado anterior de la última bifurcación.

Y sucede por una razón: porque a veces la enfermedad crónica se reajusta y organiza en torno a unas condiciones cercanas a la estabilidad: un estado disipativo, el orden en el desorden.

De manera que podemos teorizar que las enfermedades son estados alejados de la estabilidad y que dependen de las condiciones iniciales tal y como sabemos desde Prigogyne. Determinadas enfermedades serian reversibles (restitutio ad integrum) y otras por el contrario solo pueden retroceder hasta la ultima bifurcación que es aquel punto donde el sistema se desequilibró tratando de encontrar una nueva estabilidad en el desorden, algo que el propio Prigogyne describió como estructuras disipativas que son un buen modelo para entender la cronicidad.

Es por esta razón que las enfermedades crónicas son tan estables aun dentro de un entorno de baja energía y de malestar: es posible hablar de una reorganización de la enfermedad dentro de la propia enfermedad que la vuelve dócil y aparentemente inmóvil.

Es por eso que la psicoterapia y tambien la homeopatía a veces agravan a los pacientes pues obligan a la enfermedad a descompensarse y a buscar una nueva reorganización a veces haciendo una reagudización y otras veces empeorando los sintomas sin evidencia alguna de agudización.

Hasta el mismísimo Freud describió este asunto en “Analisis terminable e interminable” y que bautizó con el nombre de “reacción terapeutica negativa”, una especie de resistencia heorica del sistema que no se resignaba a abandonar la estabilidad ganada en la enfermedad. Freud pensaba -no sin cierta intuición- que esta reacción se debia al masoquismo primario, es decir a una especie de pulsión de muerte que se opondría a la pulsion libidinal que era en teoria la que llevaba el proceso analitico adelante.

Y no andaba equivocado del todo porque en realidad lo que está en juego en una enfermedad es precisamente la ganancia o perdida de entropia, es decir la aproximación o distanciamiento del equilibrio y ya sabemos que el supremo equilibrio, el supremo orden es la muerte. Para un paciente con una enfermedad aguda, pongamos por caso una amigdalitis, su cercania con el equilibrio se logrará después de superar la crisis, pero para un enfermo diabético ,una enfermedad aguda no le curará de su diabetes sino que le llevará al punto en que estaba en su ultima bifurcación, un punto que en cualquier caso para él no es la restitución sino quizá un estado peor en el sentido de que la enfermedad aguda puede activar otras enfermedades que sólo se manifiestan en un estado de neguentropía.

De manera que la pulsión de muerte freudiana no existe, lo que existe es una tendencia a la estabilidad en todos los niveles energéticos, aun en los más bajos lo que se traduce en una viscosa adherencia a la enfermedad.

Significa que no es que las enfermedades agudas o el estrés causen enfermedades por sí mismas sino que propician la emergencia de otras enfermedades que no se hubieran manifestado de no alcanzar un estado lejano al equilibrio, un estado neguentrópico, pues son precisamente estos estados de entropía negativa (que poseen mayor información) los que propician y activan todas las vulnerabilidades genéticas.

En realidad para que una vulnerabilidad genética se manifieste es necesario una información externa que sólo se producirá en un estado neguentrópico.

Es esta la razón por la que todas las pulgas suelen ir al mismo perro. No es que las enfermedades agudas causen las crónicas sino el estado del sistema alejado del equilibrio. Por la misma razón el estrés prolongado al disminuir la entropía del sistema pone al organismo en condiciones de enfermar a cualquier vulnerabilidad.

Y es por eso que el tratamiento de las enfermedades crónicas debe hacer por capas, de dentro afuera, tal y como recomiendan los homeópatas, del sintoma más nuevo al mas antiguo, recorriendo hacia atrás como en una cebolla todas sus capas hasta llegar a la ultima bifurcación donde el sistema ya no puede ser recobrado, decimos entonces que el estado del paciente es irreversible. Por ejemplo no podemos curar una diabetes tipo 1 con fármacos, ni homeopáticos ni de cualesquiera otra naturaleza, ni una esquizofrenia crónica con ningún método pues siempre nos dariamos de bruces con una última capa de la cebolla que resultaria impermeable. Algo que los psicoanalistas denominan acertadamente mediante una metáfora mineral: “la roca de la castración”

Sin embargo si podemos aprovechar una reagudización de la esquizofrenia o un primer episodio psicótico para conseguir un estado de reequilibrio del sistema que no implique una perdida de entropía eludiendo asi la cronicidad. Pienso que los tratamientos del futuro deberán contar con este esquema: intervención en crisis durante los episodios agudos y darle una mayor importancia a las manifestaciones sintomáticas de la enfermedad como algo genuino -que indica un esfuerzo sanador- y no sólo como algo a suprimir.

Clinicamente está bien establecido desde la época clásica que las esquizofrenias tienen mejor pronóstico cuando debutan con un episodio agudo y desorganizado que cuando debutan de forma insidiosa con síntomas negativos y poco claros , las formas tormentosas suelen tener mejor pronóstico que las formas apagadas. Si nos limitamos a oscurecer el curso natural de la enfermedad taponándola con psicofármacos lo que estamos oscureciendo a largo plazo es la evolución de esta enfermedad hacia la cronicidad.

El tratamiento ideal seria la no-supresión de los síntomas y la intervención psicoterapeutica debería limitarse a acompañar al paciente en su brote agudo hasta que fuera capaz de integrarlo en su psiquismo no como un cuerpo extraño a enquistar sino como una experiencia existencial que como todas las demás ha de integrarse narrativamente. Los psicofármacos convencionales lo que hacen es imponer su poderío químico taponando los esfuerzos del cerebro en evacuar las irrupciones caóticas que proceden del inconsciente.

Una enfermedad mental es siempre una irrupción del caos en el psiquismo vigil y consciente, una expresión de desorden que es la forma como la naturaleza busca de nuevo un renacimiento después de una experiencia emocional devastadora. Una especie de sueño que no pudo ser soñado.

Toda la medicina alopática funciona de este modo, un fármaco es una sustancia química que con independencia de su idoneidad en un proceso cualquiera tiene una diana terapéutica. Por ejemplo los inhibidores de la recaptación de serotonina tan prescritos hoy en dia, contienen como todos los sistema quimicos señales y ruidos. La señal es inequívoca -bloquean la recaptación de serotonina en las sinapsis- y lo hacen con independencia de si el cerebro tiene o no la suficiente serotonina para funcionar adecuadamente. Van a ligarse obligatoriamente a determinados receptores aumentando la disponibilidad de serotonina.

Pero aumentar la disponibilidad del cerebro de la serotonina tiene un peaje biológico puesto que es imposible estimular un sistema y dejar intactos a los demás: al aumentar la serotonina en determinadas sinapsis estamos modificando todo el sistema cerebral. Lo estamos reseteando puesto que el cerebro sometido al bombardeo de los inhibidores tratará de adaptarse a la nueva situación, no solamente fabricando más receptores para la serotonina sino enmudeciendo a unos y estimulando a otros neurotransmisores.

No existen tratamientos específicos cuando introducimos un psicofármaco en el organismo y cuya diana está en el cerebro, todo el sistema se ve afectado por el ruido informativo que causa la molécula: modificar solo un sistema es una ilusión de la psicofarmacología.

Y a veces, sin embargo, en un paciente deprimido este desbarajuste le mejora la depresión. No sabemos por qué pero es posible especular que es el ruido precisamente el que obliga al cerebro a reajustarse y a veces este reajuste provoca una mejoria clinica como probablemente suceda con la terapia electroconvulsiva.

En conclusión la psicoterapia y la homeopatía comparten no pocos presupuestos sobre el hecho de enfermar y sobre el hecho de sanar, tambien son de señalar las correspondencias entre sus respectivas visiones sobre la cronicidad y la resolución de la enfermedad entendiendo los sintomas como expresión de un intento biológico por alcanzar un estado termodinámico cercano al equilibrio.

Bibliografia:

Este post se ha realizado bajo la inspiración de textos del Dr Gebauer sobre sus investigaciones sobre el mecanismo de acción de la homeopatía a las que remito al lector interesado en profundizar sobre estos aspectos:

Homeopatia, enzimas e información

Una nueva teoria sobre las dilucione infinitesimales




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