
Durante mas de 15 años ejercí la psicoterapia con una metodología ecléctica inspirada en el psicoanálisis aunque fuertemente influida también por posiciones humanistas. Me formé en una época donde ya se conocían algunas razones por las que la psicoterapia era o no efectiva. Después de muchos años donde la pugna se dio entre posiciones conductuales y psicoanalíticas, gran parte de mi actividad profesional discurrió en un entorno donde la integración era el modelo que parecia acercarse más al ideal.
Ya se conocia por aquel entonces que:
- Todas las psicoterapias eran igualmente efectivas, no existía ninguna hegemonia de unas sobre otras.
- La variable critica parecia reposar más en el terapeuta que en la técnica.
- Las psicoterapias funcionaban por razones bien distintas a las que sostenían sus defensores muchas veces por razones desconocidas.
- Las psicoterapias verbales precisaban de cierto “gusto psicológico” y compromiso por parte de los pacientes, una especie de vocación incrustada en su conciencia que corrientemente no existía en los pacientes más graves.
- La verbalización de los problemas, la reconstrucción cognitiva de lo vivído, el análisis de la transferencia, la catarsis emocional y la provisión de nueva información pos si mismas parecian no ser suficientes para algunos pacientes.
Había algo que se nos estaba escapando, algo que no era verbal y que no dependía de la reconstrucción cognitiva o emocional.
En esa práctica psicoterapéutica de unos 20 años aprendí algunas cosas sobre “como se curan los pacientes” y por qué otros pacientes no mejoran con la psicoterapia a pesar de los esfuerzos, también aprendí algunas cosas del por qué algunos pacientes empeoran con la psicoterapia.
No cabe ninguna duda de que la psicoterapia es efectiva por la información que fluye entre dos personas y que no es necesariamente verbal. No puede atribuirse todo su potencial curativo ni a la energía, ni a nada material pues usualmente no se usan fármacos. También es cierto que no podemos prescindir del llamado efecto placebo o de la sugestión pura y simple (presentes en todas las interacciones humanas) sin embargo y a pesar de las ideas de algunos autores como Eysenck -el padre de la idea de que en la psicoterapia sólo existe efecto placebo- la psicoterapia es algo más que efecto placebo y contiene en su proceder virajes a veces imprevisibles que se encuentran más allá de él.
Hoy, las psicoterapias han pretendido alcanzar un cierto estatuto cientifico y es por eso que han dejado de ser artesanales y han optado por una cierta protocolización. Algunos terapeutas protocolizan sus intervenciones de tal forma que son capaces de manejar las interacciones con sus pacientes de un modo más comprensible para ellos mismos. Sin embargo la efectividad de la psicoterapia suele ser la misma y es mayor cuanto mayor es la experiencia del terapeuta y su capacidad para empatizar con un amplio grupo de desórdenes mentales o psicosomáticos.
Por razones personales dejé de ejercer la psicoterapia y entré en contacto con la homeopatía de la que por aquel entonces no sabia una palabra. Me di cuenta de que existían ciertos paralelismos entre la psicoterapia que yo practicaba y el ejercicio de la homeopatía.
Una de las ideas que comparten ambas disciplinas es el papel que juegan los síntomas y su relacion con la enfermedad. Para los médicos y para muchos psicólogos el síntoma es la expresión de una enfermedad, algo asi como su forma. Podemos reconocer las enfermedades por los molestos y disfuncionales síntomas, de lo que se trata en una terapia médica o psicológica es de hacerlos desaparecer o al menos disminuir su intensidad o adaptarse a ellos.
Para un terapeuta formado psicodinámicamente o un homeópata el síntoma es el proceso biológico puesto en marcha por el organismo vivo para deshacerse de la enfermedad.
Dicho de otro modo: el síntoma nos orienta hacia una enfermedad pero también aprendimos a verlo en clave de autocuración, representa los intentos del organismo -a veces fallidos- por curarse.
Si esto último es cierto, curarse no implicaria necesariamente suprimir los sintomas sino aprovecharse de ellos para impulsar la curación en un determinado sentido.
Usualmente los síntomas pueden dividirse en dos grandes grupos: los agudos y los que acompañan a una enfermedad crónica, lo que precisa de una teorización acerca de qué cosa es una enfermedad aguda y qué cosa es la cronicidad.
Nuestra tendencia como médicos es considerar que las enfermedades crónicas son consecuencia de una enfermedad aguda que no se trató correctamente o no desapareció del todo o bien que en la evolución de las enfermedades crónicas se dan recidivas, es decir reagudizaciones que es necesario suprimir para que la enfermedad pierda virulencia.
Me di cuenta precisamente tratando pacientes con psicoterapia que esta supresión de sintomas agudos era un error y que precisamente el episodio agudo es una oportunidad para curarse. ¿Qué hacer con esas personas normaloides que dicen que no tienen ningun problema y que desarrollan enfermedades psicosomáticas o viven todo el tiempo enredados en la ansiedad o la depresión? ¿es verdad que estas personas no tienen ningún problema?
Claro que los tienen, todos tenemos problemas solo que algunas personas se han especializado en ocultarlos o negarlos de tal modo que viven ajenos a ellos y son incapaces de verbalizarlos. Este tipo de personas alexitímicas son propensos a desarrollar enfermedades psicosomáticas, en una psicoterapia no hay más remedio que descompensarlos, es decir conseguir que hagan una enfermedad aguda.
Toda enfermedad crónica sueña con convertirse en una enfermedad aguda.
Y eso es precisamente lo que hace la homeopatia: inocular una enfermedad aguda en condiciones controladas a través de un veneno diluido infinitesimalmente que ha perdido su capacidad tóxica química pero guarda algo que representa una información, un simillinum, un parecido con la enfermedad que sufre el paciente como la hormiga se parece a la neurona de la fotografía de arriba.
Pero para entender mejor el concepto de enfermedad aguda y enfermedad crónica es necesario retomar un concepto físico fundamental: me refiero e la segunda ley de la termodinámica que gobierna a los organismos vivos y que dice asi: desde el punto de vista termodinámico todos los sistemas tienden hacia su destrucción a través de la ganancia de entropía.
La ganancia de entropía tiene que ver con el orden y el supremo orden es el inorgánico es decir la muerte. Es posible decir que la muerte es el punto hacia el que tienden todos los seres vivos y que se produce a través de la ganancia de entropia. La neguentropia, es decir el balance negativo de entropia sería el punto opuesto en el que el sistema ha perdido energia y ha ganado información y que a veces llamamos desorden.
Es importante saber que los estados neguentrópicos son estados en los que los sistemas poseen una mayor información y que se caracterizan todos ellos por un estado de baja energía es decir por fatigabilidad. La estabilidad no informa de nada, la inestabilidad y el desorden contienen información sistémica que pueden traspasar a otro sistema biológico.
Desde este punto de vista la enfermedad señala algo, es decir informa sobre algo mucho más que la salud que por ser estable no contiene en si misma información. La enfermedad es desorden.
Sin embargo las enfermedades se graduan según una escala relacionada con el punto de desorden (neguentropia) que acumulan. Asi las enfermedades crónicas se encuentran más lejos de la estabilidad que las enfermedades agudas. Las enfermedades agudas, por ejemplo en los niños se encuentran muy cercanas a la salud, basta a veces un dia o dos de fiebre alta para que el niño recupere su estabilidad anterior, hablamos entonces de restitutio ad integrum, la recuperacion de las condiciones iniciales.
En la enfermedad aguda el sujeto puede recuperar sus condiciones iniciales (su estado anterior a la enfermedad) sin embargo en la enfermedad crónica es imposible recuperar más que el estado anterior de la última bifurcación.
Y sucede por una razón: porque a veces la enfermedad crónica se reajusta y organiza en torno a unas condiciones cercanas a la estabilidad: un estado disipativo, el orden en el desorden.
De manera que podemos teorizar que las enfermedades son estados alejados de la estabilidad y que dependen de las condiciones iniciales tal y como sabemos desde Prigogyne. Determinadas enfermedades serian reversibles (restitutio ad integrum) y otras por el contrario solo pueden retroceder hasta la ultima bifurcación que es aquel punto donde el sistema se desequilibró tratando de encontrar una nueva estabilidad en el desorden, algo que el propio Prigogyne describió como estructuras disipativas que son un buen modelo para entender la cronicidad.
Es por esta razón que las enfermedades crónicas son tan estables aun dentro de un entorno de baja energía y de malestar: es posible hablar de una reorganización de la enfermedad dentro de la propia enfermedad que la vuelve dócil y aparentemente inmóvil.
Es por eso que la psicoterapia y tambien la homeopatía a veces agravan a los pacientes pues obligan a la enfermedad a descompensarse y a buscar una nueva reorganización a veces haciendo una reagudización y otras veces empeorando los sintomas sin evidencia alguna de agudización.
Hasta el mismísimo Freud describió este asunto en “Analisis terminable e interminable” y que bautizó con el nombre de “reacción terapeutica negativa”, una especie de resistencia heroica del sistema que no se resignaba a abandonar la estabilidad ganada en la enfermedad. Freud pensaba -no sin cierta intuición- que esta reacción se debia al masoquismo primario, es decir a una especie de pulsión de muerte que se opondría a la pulsion libidinal que era en teoria la que llevaba el proceso analítico adelante.
Y no andaba equivocado del todo porque en realidad lo que está en juego en una enfermedad es precisamente la ganancia o perdida de entropia, es decir la aproximación o distanciamiento del equilibrio y ya sabemos que el supremo equilibrio, el supremo orden es la muerte. Para un paciente con una enfermedad aguda, pongamos por caso una amigdalitis, su cercania con el equilibrio se logrará después de superar la crisis, pero para un enfermo diabético ,una enfermedad aguda no le curará de su diabetes sino que le llevará al punto en que estaba en su ultima bifurcación, un punto que en cualquier caso para él no es la restitución sino quizá un estado peor en el sentido de que la enfermedad aguda puede activar otras enfermedades que sólo se manifiestan en un estado de neguentropía.
De manera que la pulsión de muerte freudiana no existe, lo que existe es una tendencia a la estabilidad en todos los niveles energéticos, aun en los más bajos lo que se traduce en una viscosa adherencia a la enfermedad.
Significa que no es que las enfermedades agudas o el estrés causen enfermedades por sí mismas sino que propician la emergencia de otras enfermedades que no se hubieran manifestado de no alcanzar un estado lejano al equilibrio, un estado neguentrópico, pues son precisamente estos estados de entropía negativa (que poseen mayor información) los que propician y activan todas las vulnerabilidades genéticas.
En realidad para que una vulnerabilidad genética se manifieste es necesario una información externa que sólo se producirá en un estado neguentrópico.
Es esta la razón por la que todas las pulgas suelen ir al mismo perro. No es que las enfermedades agudas causen las crónicas sino el estado del sistema alejado del equilibrio. Por la misma razón el estrés prolongado al disminuir la entropía del sistema pone al organismo en condiciones de enfermar a cualquier vulnerabilidad.
Y es por eso que el tratamiento de las enfermedades crónicas debe hacer por capas, de dentro afuera, tal y como recomiendan los homeópatas, del sintoma más nuevo al mas antiguo, recorriendo hacia atrás como en una cebolla todas sus capas hasta llegar a la ultima bifurcación donde el sistema ya no puede ser recobrado, decimos entonces que el estado del paciente es irreversible. Por ejemplo no podemos curar una diabetes tipo 1 con fármacos, ni homeopáticos ni de cualesquiera otra naturaleza, ni una esquizofrenia crónica con ningún método pues siempre nos dariamos de bruces con una última capa de la cebolla que resultaria impermeable. Algo que los psicoanalistas denominan acertadamente mediante una metáfora mineral: “la roca de la castración”
Sin embargo si podemos aprovechar una reagudización de la esquizofrenia o un primer episodio psicótico para conseguir un estado de reequilibrio del sistema que no implique una perdida de entropía eludiendo asi la cronicidad. Pienso que los tratamientos del futuro deberán contar con este esquema: intervención en crisis durante los episodios agudos y darle una mayor importancia a las manifestaciones sintomáticas de la enfermedad como algo genuino -que indica un esfuerzo sanador- y no sólo como algo a suprimir.
Clinicamente está bien establecido desde la época clásica que las esquizofrenias tienen mejor pronóstico cuando debutan con un episodio agudo y desorganizado que cuando debutan de forma insidiosa con síntomas negativos y poco claros , las formas tormentosas suelen tener mejor pronóstico que las formas apagadas. Si nos limitamos a oscurecer el curso natural de la enfermedad taponándola con psicofármacos lo que estamos oscureciendo a largo plazo es la evolución de esta enfermedad hacia la cronicidad.
El tratamiento ideal seria la no-supresión de los síntomas y la intervención psicoterapeutica debería limitarse a acompañar al paciente en su brote agudo hasta que fuera capaz de integrarlo en su psiquismo no como un cuerpo extraño a enquistar sino como una experiencia existencial que como todas las demás ha de integrarse narrativamente. Los psicofármacos convencionales lo que hacen es imponer su poderío químico taponando los esfuerzos del cerebro en evacuar las irrupciones caóticas que proceden del inconsciente.
Una enfermedad mental es siempre una irrupción del caos en el psiquismo vigil y consciente, una expresión de desorden que es la forma como la naturaleza busca de nuevo un renacimiento después de una experiencia emocional devastadora. Una especie de sueño que no pudo ser soñado.
Toda la medicina alopática funciona de este modo, un fármaco es una sustancia química que con independencia de su idoneidad en un proceso cualquiera tiene una diana terapéutica. Por ejemplo los inhibidores de la recaptación de serotonina tan prescritos hoy en dia, contienen como todos los sistema quimicos señales y ruidos. La señal es inequívoca -bloquean la recaptación de serotonina en las sinapsis- y lo hacen con independencia de si el cerebro tiene o no la suficiente serotonina para funcionar adecuadamente. Van a ligarse obligatoriamente a determinados receptores aumentando la disponibilidad de serotonina.
Pero aumentar la disponibilidad del cerebro de la serotonina tiene un peaje biológico puesto que es imposible estimular un sistema y dejar intactos a los demás: al aumentar la serotonina en determinadas sinapsis estamos modificando todo el sistema cerebral. Lo estamos reseteando puesto que el cerebro sometido al bombardeo de los inhibidores tratará de adaptarse a la nueva situación, no solamente fabricando más receptores para la serotonina sino enmudeciendo a unos y estimulando a otros neurotransmisores.
No existen tratamientos específicos cuando introducimos un psicofármaco en el organismo y cuya diana está en el cerebro, todo el sistema se ve afectado por el ruido informativo que causa la molécula: modificar solo un sistema es una ilusión de la psicofarmacología.
Y a veces, sin embargo, en un paciente deprimido este desbarajuste le mejora la depresión. No sabemos por qué pero es posible especular que es el ruido precisamente el que obliga al cerebro a reajustarse y a veces este reajuste provoca una mejoria clinica como probablemente suceda con la terapia electroconvulsiva.
En conclusión la psicoterapia y la homeopatía comparten no pocos presupuestos sobre el hecho de enfermar y sobre el hecho de sanar, tambien son de señalar las correspondencias entre sus respectivas visiones sobre la cronicidad y la resolución de la enfermedad entendiendo los sintomas como expresión de un intento biológico por alcanzar un estado termodinámico cercano al equilibrio.
Bibliografia:
Este post se ha realizado bajo la inspiración de textos del Dr Gebauer sobre sus investigaciones sobre el mecanismo de acción de la homeopatía a las que remito al lector interesado en profundizar sobre estos aspectos:
“obligan a la enfermedad a descompensarse y a buscar una nueva reorganización”
No sé por qué, al leer esto he “visto” una ardillita saltando de rama en rama en un árbol enorme, buscando dónde dar el salto hacia la siguiente bifurcación… Y en esto “una especie de resistencia heorica del sistema que no se resignaba a abandonar la estabilidad ganada en la enfermedad” la misma ardillita que, ante la duda, vuelve a la rama que ya conoce.
Me ha encantado también esta perspectiva del masoquismo como “una especie de pulsión de muerte que se opondría a la pulsion libidinal”.
“los psicofármacos convencionales lo que hacen es imponer su poderío químico taponando los esfuerzos del cerebro” (es imposible estimular un sistema y dejar intactos a los demás) Aquí veo simplemente una genialidad de heterodoxo…
Y, en todo este arrobador post, veo -si me permite decirlo- un paso de gigante en el camino del héroe de las mil caras.
Si, el masoquismo primario es en Freud sinonimo a la pulsión tanatica que desde el punto de vista termodinamico es el supremo orden, es decir la estabilidad sin fluctuaciones y que ya no bifurca.
En terminos energeticos significa que hay por parte del paciente una adeherencia su enfermedad porque muchas veces la enfermedad supone un nuevo orden en el desorden que le aleja ilusoriamente de la muerte.
Estoy realmente impresionado por todos sus blogs, a los que llegué por casualidad buscando información sobre la melatonina, esperando encontrar en ésta algo que me ayude a consolarme de mi contínua tristeza, sobre la que escribía en un blog durante 2 años, que fue motivada por una trauma sentimental muy importante, desencadenado por mí mismo, en la que fué mi última depresión aguda.
Por si fuera poco encontré aquí, desde que le sigo, una perspectiva muy heterodoxa (permítamelo) y fascinante, muy cercana a mi manera de entender la vida.
Intento aplicar la información que nos ofrece a mi mismo desde la reflexión, si bien soy consciente de la necesidad de orientación y tratamiento personalizados.
Creo que mi depresión es crónica, un trastorno depresivo de la personalidad, del que ciertamente he mejorado muchísimo gracias a la psiquiatría. Leyendo este post, me pregunto si me tendré que conformar con esta media-vida tan condicionada por el miedo, por la culpa, posiblemente por la cobardía, si no tengo esperanza de poder llegar a encontrar algo parecido a la curación.
Muchas gracias por su estupendo trabajo.
Pues muchas gracias por sus piropos, espero estar siempre a la altura de su lucidez.
Bueno, pues estando de acuerdo con el planteamiento general y con la heterodoxia del autor, me gustaría matizar o discrepar en el ejemplo utilizado con la esquizofrenia y los psicofármacos. Desde luego, los fármacos actuales no son la panacea, pero gracias a su utilización no vemos hoy en día los terribles cuadros descritos por los autores clásicos de pacientes evolucionados sin tratamiento alguno y con síntomas absolutamente incapacitantes (es verdad, que a pesar de los fármacos algunos pacientes no evolucionan bien), así que discrepo con la idea de que “El tratamiento ideal seria la no-supresión de los síntomas”… mis pacientes adolescentes que llegan a consulta tras meses de alucinaciones y deterioro generalizado importante no se pueden permitir por más tiempo continuar con esos síntomas, y los fármacos ayudan a poner freno y poder trabajar para recuperar aspectos importantes de la persona que se han visto afectados.
Un saludo.
Matias: el arte de la medicina consiste en saber aplicar con sentido comun el sentido de la oportunidad (el kairós). Es evidente que la psicosis es una emergencia del caos desordenado en el consciente (una intrusión) y eso es incompatible con casi ninguna actividad psicoterapeutica. Hay que entender el principio de no suprimir como un ideal al que tender que por supuesto no es en todos los casos, por ejemplo la fiebre ¿hay que suprimirla o no? Pues depende de su gravedad, hay que entender que la enfermedad aguda por si misma puede matarte. Pero si alguna vez tienes una psoriasis yo no te recomendaria que probaras ni de lejos los corticoides que por supuesto te pueden salvar la vida en un choque anafiláctico.
Yo sin embargo he tratado muchas veces en urgencias psicosis agudas (psicogenas o reactivas breves) sin apenas psicofármacos (cuando era joven no tenia apenas sueño por la noche) y creeme es una buena estrategia.
Preciosa composición la de la neurona y la hormiga!
Respecto al resto: no cabe duda que dimensión de la relación del enfermo con el médico es esencial. La confianza en su honradez, conocimientos y ojo clinico es determinante. Esta es la base de cualquier relación terapeutica. En este marco se inscribe el importantisimo y muy efectivo efecto placebo de cualquier sustancia. Además, sobre todo lo anterior, actua el principio activo suministrado.
Por tanto: es esencial un genuino interés por el paciente por parte del terapeuta y una confianza sentida del paciente respecto a est@.
¿Deberiamos “medir” esto caso a caso…y posteriormente empezar a actuar?
POR LO DEMÁS UN FORMIDABLE POST CON ESTE ELEGANTE FONDO EN NEGROS Y ROJO NEUROBUDISTA.
Paco: Estoy de acuerdo con tu planteamiento general, pero en el texto inicial hablas de las “esquizofrenias” y en tu comentario de las psicosis agudas (reactivas breves)y creo que podemos estar de acuerdo en que no son exactamente lo mismo, por lo menos desde el punto de vista clínico. Mi comentario va más en el sentido de la preocupación que me genera la idea de que enviemos un mensaje “antifarmacológico” que podría convertirse un problema en otro… ya sabes
Bueno Matias, lo cierto es que suponemos que la esquizofrenia e suna enfermedad dsitinta a las psicosis reactivas breves, pero es algo que sabemos “apres coup”, una psicosis beve seria a quella que evoluciona bien en pocos dias o semanas y que va hacia la “restitutio ad integrum”. Por contra llamamos esquizofrenia a aquella psicosis que evoluciona torpidamente y que evoluciona hacia la cronicidad. ¿Pero podriamos discriminar a ambas enfermedades en un primer momento de su evolución, suponiendo que las pilláramos en fase de trema?
Lo cierto es que cuando vemos una esquizofenia ya han pasado varios meses y el individuo ya ha comenzado a construir un delirio, mientras que las psicosis “psicógenas” debutan con un delirio y es por eso que las vemos antes en urgencias. Lo cierto es que no tenemos la evidencia de que sean enfermedades distintas salvo por una tautológica suposicion en base a su evolucion.
Los psicofarmacos son medicamentos anticaos, pacificadores y hay que usarlos con esta intención al tiempo que diseñamos algo para permitir que el caos se transmute en una forma adaptada.
Paco, deliciosa combinación de saber y conocer el alcance de la homeopatía con la psicoterapia y visceversa…
Lo bueno es que no hay un método, una forma o camino para la curación o sostén de ese sufriente que busca desesperadamente su alter ego, el médico capaz de ayudarlo en el tortuoso camino de la vida, entre el caos y el orden, la vida y la muerte…
Concuerdo también en el sistema de “catáfilas”, no he encontrado otra manera de llegar al núcleo del sufrimiento.
Muy bueno el post!!!
Gracias Guillermo, a proposito ¿qué es el sistema de catafilas?
Catáfilas remite al método de ir profundizando en el tema y sufrir del paciente, que nos dice poco a poco las cosas…
Utilizando la homeopatía en los distintos planos en que se encuentra el sufrimiento, el paciente va revelando-se poco a poco, de afuera hacia dentro, contrario a la doctrina, pero es el camino que elijo en determinadas personas.
A través de la simbolización del síntoma, se analizan éstos hasta darle forma e ir profundizando de a poco, en sucesivas entrevistas, lógicamente.