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01
ago
10

Tratamiento homeopático de la inanición

China oficinalis

Hace pocos dias he tenido ocasión de ver algunos casos de inanición de causa incierta que terminaron derivados a la Unidad de trastornos alimentarios que dirijo por sus médicos de familia. Lo cierto es que cuando nos enfrentamos con uno de esos casos en la consulta y es además una chica joven lo más probable es que el diagnóstico de sospecha vaya en la dirección de una anorexia mental.

Sobre este asunto ya he hablado en otros post, por lo que dirijo al lector interesado a estos titulos:

Anorexia sin anorexia

Caquexias de origen inexplicable

Sea como sea la inanición es el lugar de confluencia donde se dan cita multiples procesos de causa bien distinta, entre los que citaré:

  • La delgadez constitucional agravada por alguna circunstancia de la vida, como la nostalgia, la perdida amorosa, los cambios de dieta o el exceso intelectual.
  • La anorexia mental propiamente dicha donde existe un deseo consciente y voluntario de adelgazar y que conocemos con el nombre de cogniciones anoréxicas o pulsión hacia la delgadez.
  • El sindrome de PANDAS que es una infección crónica por el estreptococo beta hemolitico y que compromete según mi opinión la tensegridad de la matrix extracelular y da origen a cuadros indistinguibles de la anorexia mental salvo por el hecho de que no suelen haber cogniciones anoréxicas.
  • Cabe no olvidar las enfermedades caquectizantes como la tuberculosis y el sindrome de Simmonds-Seehan.

Con independencia de la causa lo cierto es que es posible llegar a una situación de inanición con mucha facilidad en ese segmento de tiempo que conocemos como adolescencia y lo que es peor: recuperar el peso y las condiciones premórbidas es bastante laborioso por las razones que mas abajo comentaré. Y que el tratamiento es muy parecido, tal y como realizamos en nuetsra Unidad de Tratornos alimentarios: se trata  de un tratamiento multdisciplinar que incluye:

  • Tratamiento psicológico cognitivo-conductual al uso dirigido a modificar las cogniciones erróneas sobre la alimentación, mejorar las relaciones interpersonales, dotar de recursos psicológicos a las jóvenes para enfrentar los frecuentes disconformidades con su cuerpo y propiciar el reconocimiento o conciencia de enfermedad.
  • Rehabilitación alimentaria que incluye la realimentación tutelada bien en régimen hospitalario, de dia o ambulatorio.
  • Tratamiento médico que tratará de atender tres niveles pricipales, el mental, el endocrinológico, el sanguineo o cualquiera otro que pudiera presentarse.

Voy a referirme en este post al tratamiento médico que realizo y que en muchas ocasiones derivo hacia tratamientos homeopáticos que he ido elaborando yo mismo con la ayuda de otros homeópatas a los que más abajo me referiré. Es precisamente esta experiencia la que pretendo transmitir en este post.

Gull y Lasègue son los descriptores clásicos de la anorexia mental, antes llamada melancolia erotica o tisica y quizá tambien anemia perniciosa. Fueron ellos los primeros en describir sus sintomas y ne proponer un tratamiento médico, al tiempo que formulaban su etiologia psicógena. Lo que proponian en sus articulos publicados en 1876 no es muy diferente de lo que hacemos hoy:

1.- Alimentación forzada.

2.- Prohibición del ejercicio.

3.- Calentamiento

De los tres consejos clásicos voy a referirme por su curiosidad al ultimo es decir a la observación clinica de que las anorexicas están siempre frias, lo que no observaron ni Gull ni Lasegue es que mejoraban con frio, una modalidad tipicamente homeopática y que rechacen el calor tanto como la comida.

En realidad la frialdad de las anoréxicas tiene que ver con la inanición, es decir por la falta de combustible biologico,  se trataria de un sintoma explicable a partir de la restricción calórica. Lo cierto es que la frialdad puede explicarse de este modo pero no que esa frialdad mejore con frio. Las anoréxicas no mejoran subjetivamente con el calor sino con el frio. Lo que nos lleva de cabeza hacia uno de los principales remedios de la inanición, me refiero al remedio homepático Secale cornutum (cornezuelo de centeno) que a diluciones de 15 CH tiene efectos beneficiosos sobre la hipoendocrinia o panhipopituitarismo junto con otro medicamentos homeopáticos que están en este post..

Lo realmente curioso de la inanición es que responde muy lentamente a los nutrientes alimentarios, existe como una disminución de la respuesta a esos mismos nutrientes, como si el organismo no pudiera aprovecharlos. Usualmente se trata de un sintoma que ha sido pasado por alto por los especialistas: las anoréxicas en situación de debilitamiento o inanición no pueden aprovecharse de los nutrientes aportados por la razón de que la digestión, transporte, absorción y aprovecahmiento celular de estos nutrientes es necesario un aporte de energia, una energía que anda en restricción y que se dedica a mantener por encima de todo la homeostasis. Las dietas sobrecargadas o hipercalóricas están destinadas al fracaso. Recuperar el peso premorbido puede resultar una tarea heroica y hacernos caer en el frecuente error de que la paciente nos está haciendo trampas.

Es conveniente recordar que en una situación de inanición el principal elemento u órgano alterado es la matriz extracelular, es decir la pelicula que conecta todas las células del cuerpo entre sí y que está compuesta quimicamente por cosas muy sencillas de recordar: agua, sales y oxigeno. Es precisamente esto lo que falla y lo que termina en alargar la recuperacion de estas niñas una vez han sido sometidas a un plan de rehabiltación alimentaria.

La forma más natural de lograr un mayor aporte de oxigeno a traves de la matriz es con la hematita 8DH es decir con el hierro oxidado de algunos minerales ricos en Fe, tambien vale el Ferrum metallicum a 7-9 o 15 CH. Otra forma mas directa es aportar el Oxigenium en su forma homeopatica a 30 o 200 CH . Y está por demostrar algo que va por mi cabeza desde hace un cierto tiempo: si la reoxigenación a través de la cámara hiperbárica será, en el futuro, un tratamiento alternativo de las inaniciones crónicas.

En la matriz extracelular existen además otras cosas que no son quimicas sino biológicas, como células inmnológicas que suelen estar en deficit tambien en estos casos de inanición y que afecta tanto a la serie roja como a la serie blanca y aunque en sangre periférica encontremos cifras normales de eritrocitos o casi normales (que no justifican una intervención médica convencional) lo cierto es que hay que sobreentender que en toda situación de inanicicón crónica existe un deficit de oxigeno y un déficit inmunológico a nivel extracelular que no necesariamente puede detectarse en sangre periferica. La China a 7 CH es un buen remedio para estas leucopenias a veces sin leucopenia demostrable. La China oficinalis  es uno de los mejores medicamentos de debilitamiento progresivo tanto como lo es la Ignatia para las perdidas afectivas recientes.

Simultáneamente con estas ideas hay que atender también el sistema endocrino de las pacientes detenido por la propia inanición, son solo se trata de la amenorrea de la que hablé en este post sino de atender a la hipófisis en general que tiene además funciones de activación tireotropas y adrenocorticotropas a traves de la TSH y la ACTH, lo que hay que hacer es dar HIpofisis entera en su forma homepática a 200 CH en dosis mensuales, no hay que olvidar que la inanición sea electiva o no es un sindrome de Simonds -Seehan experimental. Y sin olvidarnos de el eje Cortico-hipotalamico que a 7 CH equilibra el sistema autónomo.

He notado que muchas de mis pacientes anoréxicas se aproximan a un perfil Pulsatilla y se caracterizan por un sintoma muy concreto: la vergüenza de su cuerpo y el temor a exponerse desnudas incluso en las pesadas. No todas las anoréxicas presentan este sintoma que me parece diferencial con el perfil completo de Pulsatilla que es  además un buen medicamento para combatir los desequilibrios endocrinos de muchas de las muchachas que tienen este perfil. Si nuestra muchacha cumple con estas caracteristicas, es un buen candidato a tomar Pulsatilla como remedio de fondo a 30 o 200 CH.

Con respecto al sindrome de PANDAS y en muchachas que presentan altas cifras de ASLO o elevada VSG como resultado de una infección estreptocócica subclinica tal vez desencadenada por una extracción dental, una intervención de ortodoncia prolongada o infecciones repetidas en zona ORL me ha dado buenos resultados el kefir como suplemento alimentario, la Tonsilla compositum Heel que impide las reinfecciones (viene en ampollas que pueden beberse o inyectarse), la Echinacea a 7-9 o 15 CH que  es un antibiótico natural de acción parecida a la China al que recientemente he unido el Kresosotum a 6CH recomendado en esta web por el homeopata catalán- afincado en Berlin Dr Joan Riera que me ha animado a escribir este capitulo práctico.

Atender al eje cortico-talámico es necesario para acortar las largas convalecencias de estas pacientes y animar al ovario a ponerse en marcha: tanto las bajas dosis de Luteinum a 4CH como la cápsula suprarenal a la misma dilución son las claves para que la regla vuelva a presentarse sin necesidad de recurrir a las hormonas ponderales (alopáticas) que en cualquier caso no estimulan los circuitos implicados sino que se limitan a suplantar una función suprimida.

11
jun
10

El trabajo con las emociones segun la medicina tradicional china

Nosotros los occidentales estamos acostumbrados a oir que algunas enfermedades mentales son polares, es decir transcurren entre dos polos y por eso llamamos Trastorno bipolar a una curiosa enfermedad ciclica conocida desde la antiguedad que se caracteriza por oscilaciones del humor que en los casos más intensos y graves tiene lugar desde la euforia (mania) hasta la melancolia (depresión), emociones que en nuestro modo de pensar son opuestas aunque no son las únicas como veremos a continuación.

Lo que desconocemos los occidentales es que esta enfermedad del ánimo – el trastorno bipolar- ya habia sido conceptualizada por la tradición médica china, aunque bien es cierto que en su modelo explicativo, la MTC no considera a esta la unica enfermedad polar, sino que como podemos ver en el esquema de más abajo existen cinco polaridades, es decir cinco modos de enfermar oscilantes entre emociones.

Tal y como puede verse en el esquema, a cada emoción corresponde un órgano y una viscera, un sabor, un color, un canal sensorial, una estación de año y un elemento (agua, madera, fuego, metal y tierra). En este modo de pensar cíclico, holistico, dinámico e integral, lo que enfermaria a un individuo seria el personal trasiego que hace con sus emociones, es decir la manera en que inhibe, agota, desplaza o nutre cada una de esas posiciones siguiendo las siguientes leyes que llamaremos las leyes de las cinco polaridades:

Ley de madre-hijo.

Significa que:

1.-Tierra nutre metal

2.-Metal nutre agua

3.- Agua nutre madera

4.-Madera nutre fuego

5.-Fuego nutre tierra

Y por el contrario

El hijo enferma (agota a la madre).

1.-Tierra apaga fuego

2.-Fuego consume madera

3.-Madera consume agua

4.-Agua consume metal

5.-Metal consume tierra.

Ley del abuelo-nieto.-

Si la madre y el hijo se relacionan directamente a través de sus aspectos de nutrición y de desgaste, los opuestos (abuelos) se relacionan de una forma bien distinta: lo hacen controlando a su contrario, es decir estableciendo relaciones bipolares entre ellos. Asi

1.-El fuego controla el metal (la alegria controla la pena , embriagado en lugar de apenado)

2.-El metal controla la madera. (la pena controla la ira, triste en lugar de rabioso)

3.-La madera controla la tierra (La ira controla la reflexión, pensar antes de hacer)

4.-La Tierra controla el agua. (La reflexion controla el miedo, escuchar al otro tiene efectos antimiedo)

5.- El agua controla el fuego (el miedo controla la alegria, sin comentarios)

De estas cinco polaridades la que es más proxima a nuestros modelos explicativos es la primera, es decir el par alegria-pena, sin embargo el resto son bastante desconocidos para nosotros si descontamos la relación entre pena y rabia que sabemos bien que son dos emociones que se relevan en algunos de nuestros pacientes que presentan patologias de la pena (depresiones) cuando en realidad están profundamente airados o enfadados por alguna razón. Entendamos pues que el termino “controla” es algo asi como un eje de retroalimentación de ida y vuelta (bidireccional) entre emociones que son facilmente intercambiables a través del aprendizaje precoz, es decir aquellos aprendizajes que se realizan a través de condicionamientos simples y precoces (arcos reflejos) y que por tanto van a perdurar toda la vida.

Cada una de estas emociones tiene un nombre cuando se presentan en estado patológico, entendiendo la patologia como su exceso o defecto, asi:

1.-La alegria patológica es euforia o exceso de seriedad.

2.-La reflexión patologica es obsesividad y perfeccionismo.

3.-La pena patológica es la melancolía clásica o la depresión.

4.-El miedo patológico es pánico.

5.-La ira excesiva es violencia o cólera.

Visto en términos de psicopatología ya podemos entender las mismas correspondencias:

1.-La euforia controla la melancolía o dicho de una manera más psicológica: la manía es una defensa contra la depresión.

2.- La melancolía controla la ira o bien: la depresión es rabia reprimida.

3.- La cólera controla la reflexión excesiva (las conocida agresividad latente de los obsesivos)

4.–La obsesividad controla el pánico ( el conocido efecto antipánico de las ideas y de las perchas cognitivas). La obsesión es la máscara del miedo.

5.- El pánico controla la euforia (el conocido efecto antipánico del alcohol o las drogas euforizantes)

Aqui podemos de nuevo ver el esquema:

Observe el lector que las flechas rojas son los opuestos (contrarios) tal y como los conceptualizamos nosotros los occidentales y representan la retroalimentación que se deriva del verbo “controlar”, las flechas verdes la función nutricia de madre a hijo y las flechas amarillas la función desgaste de hijo a madre. De modo que existe no una sino 15 polaridades emocionales donde podemos ver como cada una de ellas nutre, desgasta o controla a una emoción diferente.

Para nosotros psicólogos o psiquiatras lo que nos interesa cuando vemos a un enfermo es el diagnóstico, es decir qué es lo que hay enfermo en él, cual es la emoción primaria que enfermó. Nótese que aunque la sintomatología que presenta un enfermo puede ser melancólica (pulmón, pena) no necesarimante su patologia procederá de este sistema sino de cualquier otro relacionado con él, puede que sea el abuelo quien lo enfermara (Fuego, alegria), puede que fuera el déficit de la madre (Tierra, reflexión) o puede que fuera el elemento agua (miedo, riñón) quien lo agotara en su función. Lo cual nos vuelve a introducir en una vieja máxima que aprendí mientras estudiaba psicoanálisis y que dice que las enfermedades son o bien el producto de una carencia o de una toxicidad. En cualquier caso de un desequilibrio o disarmonía entre los cinco elementos.

¿Cómo podemos saber cual es la emoción primaria que enfermó?

Nótese que a cada elemento corresponde también un órgano de los sentidos y un sabor:

1.- Metal, olfato, picante.

2.-Agua, oido, salado.

3.-Madera, vista, ácido.

4.-Fuego, tacto, amargo.

5.- Tierra, gusto, dulce.

La mejor forma y más directa de averiguar cual es el elemento enfermo primario es preguntar sobre cual es el canal de los sentidos preferido por el paciente, es decir aquel con el que disfruta más y mejor. Bien entendido que en ocasiones es bastante fácil porque casi siempre vamos a encontrar un déficit (por ejemplo un déficit visual o un deficit auditivo o una falta de fuerza subjetiva visual u auditiva) pero en otras ocasiones lo que vamos a encontrar es un exceso por ejemplo de olfato (hiperosmia). Naturalmente el déficit no tiene porque ser objetivo y basta con un déficit simbólico, asi hay muchas personas que no escuchan (y por tanto no oyen), este tipo de personas es como si estuvieran sordos y deben ser considerados energéticamente sordos, afectando al elemento Agua, no escuchan porque tiene demasiado miedo.

Y estas personas que no escuchan son precisamente aquellos que presentan disfunciones sociales o presentan sintomas de agresividad, hiperactividad o disforia con un predominio de la ira expresada que procede del miedo (Agua en déficit o Fuego en exceso)

Una vez identificada la emoción primaria tóxica son muchas las cosas que podemos hacer desde el punto de vista psicoterapeutico, pero siguiendo la MTC podemos tambien comenzar por rehabilitar las emociones averiadas a través de sus pares sensoriales. Por ejemplo en la anorexia mental donde existe una averia (aqui hay un mapa de la lengua) casi siempre primaria del elemento Tierra (gusto) que conlleva un exceso de reflexión, obsesividad y perfeccionismo es positivo comenzar por aprender o reaprender a identificar sabores, comenzando por salados, dulces, amargos, ácidos y picantes y sus combinaciones, sin olvidar que tambien los sabores están presidido por la ley de los abuelos  y que ciertos sabores controlan a otros. Asi la preferencia excesiva por el sabor dulce (Tierra) puede ser neutralizada rehabilitando el reconocimiento de su opuesto bloqueado (el ácido de la madera).

Lo importante es nutrir aquello que se encuentre en déficit, y esto puede lograrse de forma directa (nutriendo directamente el déficit primario) o bien bloqueando aquello que está intoxicando el elemento o emoción ad hoc. teniendo en cuenta que la salud consiste en restablecer el equilibrio perdido entre fuerzas elementales y que cada persona tiene unas características que le hacen especial, devolver la salud es devolverle al individuo la capacidad de lidiar con sus emociones primarias sin necesidad de desviarlas a un elemento que no es suyo, a un lugar o espacio que es de otro.

Teniendo en cuenta que el aprendizaje emocional es precoz y que casi siempre se establece en nuestra primera infancia a través de reflejos condicionados (sin critica racional) y de imitaciones parentales es necesario recordar que nuestras emociones suelen ser calcos o borradores de las emociones de nuestros padres y que aprendermos con ellos nuestras modalidades, es decir la forma en que expresaremos esas mismas emociones toda nuestra vida hasta que aprendamos (en el mejor de los casos) estrategias para minimizarlas.

Significa que el miedo de un niño es el miedo que aprendió de su padre o madre, pero la forma (modalidad) en que expresará ese miedo tendrá que ver con su especial idiosincrasia y no tanto con la modalidad parental. Asi un niño puede expresar sus miedo al abandono a través de la pelea, mientras que su madre lo puede estar expresando con una enfermedad crónica de la piel.

Trabajar con las emociones significa reconocer las emociones como genuinas y usar los mecanismos de entrada sensorial para sanarlas, no solamente a través de las palabras como hacemos en las terapias convencionales sino muchas veces a través de los organos de los sentidos, el uso del color, la rehabilitación del gusto, la acupuntura, la MTC (medicina tradicional china) y la homeopatia por citar solo algunas de las más conocidas.

26
feb
10

¿Es la anorexia mental la consecuencia de la rivalidad sexual entre mujeres?

Para una mujer joven ser aceptada y ser atractiva es más que un deseo comprensible, es vital, una cuestión de supervivencia cuyos aprendizajes cada vez más precoces y relacionados con el galanteo y el apareamiento tienen un singular parentesco con los desordenes alimentarios. Algunos autores como Abed han llegado a proponer la hipótesis de que la competencia sexual entre mujeres es la causa de los trastornos alimentarios

Clásicamente se ha señalado, sobre todo por los psicoanalistas que la anorexia representaba un rechazo inconsciente a la femineidad o a la adquisición completa de un cuerpo femenino. Sin entrar a contradecir esta afirmación (que pudo ser cierta en las anoréxicas del siglo pasado y comienzos del XX), podemos afirmar que las anoréxicas de hoy no se caracterizan por un rechazo a la femineidad sino por una adaptación rígida a modelos hiperfemeninos (Gordon 1994). La razón por la que ha aumentado la competencia entre las hembras humanas tiene que ver con dos factores principales: la mayor disponibilidad sexual de las hembras, y la llegada cada vez más precoz de hembras al “mercado sexual”.

Crisp ha señalado acertadamente a partir de sus estudios transculturales, de anoréxicas de niñas que procedían de culturas islámicas o africanas y educadas en el Reino Unido que la mayor tolerancia sexual de estos países en relación con sus culturas de origen podía suponer una presión selectiva sobre ellas que se verían así entre dos fuegos: una presión cultural por mantener relaciones sexuales de una forma libre y precoz y otra presión procedente de su cultura que muchas veces se halla en contradicción con aquella. En mi opinión esta presión es común tanto a las niñas que proceden de países africanos o asiáticas como en las autóctonas dado que viene a dislocar un elemento que durante muchos años ha operado como un inhibidor sexual que ha mantenido a las muchachas púberes apartadas de los influjos sexuales directos, me refiero al constructo psicoanalítico conocido como “fase de latencia”, un periodo de inactividad sexual que tiene como propósito apartar a las niñas de la tarea reproductiva mientras están aprendiendo cosas útiles para su supervivencia posterior y que es más dilatado en tanto es mayor la complejidad de la sociedad en que viven. La contradicción está en que en nuestra sociedad, la de mayor complejidad que pueda pensarse ha aflojado sus controles inhibitorios llevando a nuestros adolescentes a una presión desmedida en cuanto a mantener sus primeras relaciones sexuales, que han pasado en poco tiempo desde una conducta de escarceo y ensayo hasta las relaciones completas, sin las que muchas de estas adolescentes quedan fuera de ese “mercadeo sexual”,  estigmatizando su socialización.

A diferencia del resto de especies, el ornato, adornos, colorido, plumas y actos demostrativos que son características de los machos, son en la especie humana patrimonio de las mujeres. Esta diferencia es muy importante para comprender como en nuestra especie se han distribuido los papeles de la rivalidad y la competencia sexuales .

Existe una correlación entre el adorno, colorido, cantos o colas llamativas y la dificultad con que los machos acceden a las hembras. Para hacer el argumento más sencillo podemos concluir que a más competencia entre los machos por las hembras más demostraciones visuales o acústicas se pondrán en juego como mecanismo de galanteo. En este sentido, es cierto que las hembras son, en la mayoría de las especies, un bien comunitario a proteger y que los machos competirán y aun: derivarán su agresión hacia ellos mismos para ganarse su derecho a reproducirse. Un derecho que sólo ganarán algunos, aunque los estilos reproductivos como la monogamia, poligamia y promiscuidad se hallen representados en toda la escala animal, es decir se trata en todos los casos de estrategias evolutivamente estables en el sentido de Trivers..

Lo que es un enigma es la razón por la que en la especie humana esta distribución de papeles se ha establecido al revés de todas las criaturas conocidas, al menos entre los mamíferos, siendo como es la proporción entre machos y hembras estable y en torno al 50%, ¿Cómo puede explicarse esta inversión en los roles demostrativos? ¿Es el macho un bien comunitario a proteger en nuestra especie?

Entre las especies donde la hembra elige al macho lo usual es que sean los machos los que hacen ostentación, mientras en aquellas especies donde elige el macho, la ostentación viene incluida en la competencia agonística entre los machos. Este paradigma de la etología, nos lleva a preguntarnos ¿quién elige a quién, en nuestra especie?

Una de las características del cortejo en los humanos es el hecho (que no compartimos con el resto de la especies) de la disociación que hacemos tanto los hombres como las mujeres en nuestros motivos de elección de pareja. Así podemos elegir según decidamos llevar a cabo una estrategia a corto o a largo plazo. Mi impresión es que en las relaciones a corto plazo, es la hembra quien elige, por la razón fundamental de que existen menos hembras que machos interesadas en este tipo de relaciones, mientras que en las relaciones a largo plazo son los machos los que eligen. Esta disociación explicaría la presencia de ornato, plumas, adornos, maquillajes y ropas sugerentes en la mujer y la conquista de rango social por parte del hombre, que les aseguraría a ambos el éxito en el corto plazo.

Lo que es seguro es que la rivalidad femenina es un programa genético derivado de la competencia agonística y si ha sobrevivido a la deriva filogenética es porque ha producido grandes beneficios a las hembras que lo adoptaron. La evolución no hace gastos superfluos y debemos concluir que este programa genético está bien instalado en el cerebro sexual de la hembra humana.

En mi opinión la razón de esta contradicción de modelos en la conducta demostrativa se halla emparentada con la elección de la monogamia como modelo hegemónico de preferencia en la selección de parejas por parte de las mujeres.

Todo parece indicar que la monogamia evolucionó desde una sexualidad de ordalía y promiscuidad y que representó un hito en las relaciones de pareja y comunitarias. Abrió horizontes de cooperación y de ahorro a largo plazo entre los individuos, favoreció la crianza de los hijos y permitió acumular bienes económicos que terminaron por defender los intereses a largo plazo de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, asegurando un mejor reparto de las tareas y de las cargas.

La hembra mamífera atada de pies y manos a su función reproductiva vivípara, parte con una penalización original con respecto a los machos de su misma especie. No sólo lleva la peor parte en la distribución de tareas reproductivas sino que sus partos, lactancias y crianzas de su prole la mantiene ocupada de por vida sin contar con las amenazas sanitarias que soportan debido precisamente a su “función materna” y a la estrechez de su canal pélvico derivada de la bipedestación. Entre el macho y la hembra mamífera existe una asimetría programada por la especie, una asimetría biológica.

No sucede así en todas las especies por igual pero es una constante en la mayoría, sobre todo – como he dicho antes en los vivíparos -. La distribución de tareas de reproducción y de cuidado de la prole tienen una amplia gama de recursos en la naturaleza, que recorren desde la monogamia, hasta los harenes o la simple promiscuidad. Sin embargo la estrategia evolutivamente más estable para asegurarse la colaboración del macho en las tareas del cuidado y alimentación de la prole, es sin duda la monogamia. De hecho los trastornos alimentarios no sólo no existen en los países con escasos recursos alimentarios sino que son prácticamente desconocidos en aquellas sociedades que regulan el matrimonio a través de la poligamia (Khandelwal, 1991), lo que puede interpretarse aceptando que la poligamia es protectora para los conflictos agonísticos de la mujer (rivalidad intrasexual mujer- mujer)

Para una hembra monógama, discriminar las intenciones del macho para las tareas ulteriores al propio coito son tan necesarias y vitales como asegurarse una pareja sexual atractiva, tan importante es pues atraerlo como mantenerlo, en palabras de Buss “la evolución ha favorecido a las estrategias femeninas diseñadas para evaluar estas intenciones en paralelo con su preferencia por la sensibilidad y el alto estatus socio-económico del varón”. (Buss 1989).

Trataré de explicar qué cosas son las que hacen las hembras para discriminar a los machos colaboradores de los machos galanteadores y qué cosas son las que hacen los machos para librarse de la carga de la crianza de sus hijos que les impedirá seguramente tener otros hijos con otras hembras dispuestas.

Mantengo la suposición de que tanto machos como hembras harán lo que mejor se acomode a los planes de sus genes, que aunque carecen de intencionalidad ejercen una presión evolutiva sobre los individuos portadores de tal modo que podremos concluir que tanto machos como hembras adoptarán las estrategias necesarias para tener el máximo de hijos al menor precio posible de cuidados y de inversión en su alimentación.

Ya he dicho que en esta partida de naipes la mujer parte con una desventaja al margen de su mayor inversión de nursing y teaching: no puede abandonar a sus hijos mientras están en su vientre, cosa que podrían hacer y de hecho hacen los peces que ovulan en el lecho del río cuando el macho está listo para eyacular y aprovechar esa fracción de segundo para dejar al macho descuidado o imberbe al cuidado de la nidada. La hembra vivípara no puede abandonar a sus crías como hacen las sepias, lo que si pueden hacer – y de hecho hacen- los machos que las fecundaron, con algunas excepciones.

Estas excepciones son diversas según las de distintas especies, pero siempre tienen que ver con las condiciones o el pago que impone la hembra al macho previamente al coito, a veces puede tratarse de una estrategia de simple aplazamiento o de escarceos demostrativos de huida previos al acoplamiento.

. Este pago puede relacionarse con la condición de que le construya un nido, que le aporte regalos o comida o que escarbe en la tierra una buena madriguera, como ejemplo de laboriosidad previa al consentimiento. Todo parece indicar que las hembras que adoptan una estrategia esquiva con respecto a los galanteos del macho se aseguran un mayor “cumplimiento” por parte de este en la parte que le toca en el contrato, siempre y cuando -claro está – la “prueba” no sea demasiado dura o agotadora o no existan en el entorno inmediato otras hembras fáciles que no pidan nada a cambio. Un macho que ya haya invertido determinados recursos en la seducción de una hembra estará menos dispuesto a dejarla, dado que este abandono le dejaría con parte de su inversión sin crédito que ofrecer a otra hembra. Este argumento debe ser cierto en aquellas especies donde las hembras esquivas son la regla. y evolutivamente estable en muchas especies animales, pero naturalmente no es así del todo en el ser humano.

Las hembras de nuestra especie están distribuidas de un modo ecológicamente estable entre esquivas y fáciles. Su equilibrio se mantiene por oscilación como siempre sucede en los sistemas abiertos. Una mayoría de hembras esquivas asegura el “cumplimiento” de los machos domésticos, pero no de los galanteadores. Las hembras no tienen manera de conocer de antemano las “verdaderas intenciones de los machos”, porque inmediatamente surge la contraestrategia evolutiva, si las mujeres esquivas abundan, los machos desarrollarán conductas engañosas a fin de cohabitar con ellas y disimular sus verdaderas intenciones de abandonar a la hembra a su suerte apenas haya comenzado la crianza.

Por otra parte una mayoría de hembras fáciles dejarían en desventaja a las esquivas que aspiran a la monogamia y su efecto de llamada aumentaría el numero de machos galanteadores con lo cual y de nuevo, el convertirse en macho doméstico pasaría a ser una rareza por la que competirían las hembras a su vez, multiplicando el número de machos domésticos.

El número de machos domésticos y galanteadores junto con las hembras esquivas y fáciles se encuentra en todas las comunidades vivientes en un equilibrio matemático, en torno al cual se establece una densidad estable. El sistema tiende hacia la autoregulación, apenas se desequilibra momentáneamente, siempre que se entienda que este adverbio en términos evolutivos precisa más de una generación.

Las hembras humanas (al menos las occidentales opulentas) se agrupan en torno a este atractor ideológico (un meme) que es el “atractivo físico” y la rivalidad sexual que a su vez es un programa genético yuxtapuesto y mucho más aquellas mujeres intelectuales, perfeccionistas y sensatas que forman el grupo de las más vulnerables para padecer esta enfermedad. Sin saberlo la hembra compite con otras hembras por el bien social que representa el macho doméstico, aquel que no abandona a la hembra después del parto aun habiéndola escogido por su atractivo sexual que por si mismo no asegura la cooperación posterior.

Si es cierto que la anorexia representa la activación del programa rivalidad llevado al paroxismo, en una sociedad de hembras competitivas y alienadas habrá que suponer que una forma de neutralizar este fenómeno se realiza a través de posibilitar una relación en exclusiva con el padre sin la interferencia de la madre (De Giacomo 1993), lo que contiene sugerencias terapéuticas de elevado interés. No hay que olvidar que la posición anoréxica es una postura de elevado poder para aquella que la ejerce en relación con el manejo de su ambiente

La mayor enemiga de una hembra fascinada por la monogamia es la hembra fácil, aquella que simplemente escoge a los machos (a los hombres) en función de su atractivo físico, de su posición social o de su rango jerárquico a un costo o precio distinto al de la cooperación. La primera objeción que se puede poner a esta clasificación de hembras esquivas o de hembras fáciles (que es un ejemplo sacado de la etología) es que las hembras humanas no son todo el tiempo esquivas o fáciles, como tampoco es cierto que los hombres sean todo el tiempo domésticos o galanteadores. Claro que no, el ser humano ha desarrollado – quizá debido a la enorme potencialidad de sus aprendizajes- la capacidad de ser hoy domestico y mañana galanteador, así como la hembra ayer esquiva puede tornarse mañana fácil con la misma u otra pareja, en el descubrimiento de algo que se ha venido en llamar la monogamia sucesiva, una forma de monogamia al fin y al cabo que no hace sino someter a la mujer a nuevos esfuerzos de por vida a fin de mantener sus parejas sucesivas. De hecho está establecido que los trastornos alimentarios correlacionan con dos factores de relevancia sociodemográfica: una elevada tasa de divorcios y la baja tasa de natalidad, ambas predicen una alta tasa de casos. (Abed, 1998)

Lo que es lo mismo que admitir que el ser humano ha desarrollado en mayor medida que otras especies una mayor capacidad de engañar, (en este caso engañar con la apariencia) disimular los engaños y también discriminar las intenciones engañosas de los demás para con nosotros mismos puesto que lo mejor para un grupo humano en términos de estabilidad evolutiva es que las hembras sean esquivas las 5/6 partes del tiempo (o de la población total) y fáciles la 1/6 parte (o población) restante, siempre que los machos domésticos representen el 5/8 del total o del tiempo invertido en cooperar y los galanteadores sólo representen el 1/8 del total de la población o el tiempo invertido en merodear. Es en este punto exacto donde el sistema se estabiliza hasta la próxima descompensación generacional (Dawkins, 2002)

Se podrá enseguida decir que estos argumentos no tienen nada que ver con los problemas que plantean las anoréxicas de hoy y es cierto, porque este dilema no solamente afecta a las anoréxicas, afecta a todas las mujeres actuales, como en el siglo XIX les afectó a todas el doble modelo de moral sexual aunque no todas desarrollaran síntomas de enfermedad mental: en aquel caso no todas las mujeres eran histéricas, aunque quizá las histéricas del XIX no eran sino el síntoma de una enfermedad social más amplia que se llamaba disimulo, como la de hoy se llama apariencia.

Se trata tan sólo de un intento más de explicar cual es la sobrecarga adicional que la mujer actual tiene que soportar respecto a sus antepasadas, una sobrecarga que procede de su búsqueda de simetría y de competencia sexual a través de la belleza física y de los rendimientos intelectuales, un meme que ha venido a ocupar el lugar de la rivalidad entre hembras que buscan a ciegas un hueco en la mirada del otro que lleva a muchas de ellas no sólo al fracaso reproductivo sino a la decrepitud y devastación física y mental.

Bibliografía.-

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Nota.- Este post es una parte de un articulo que se publicó en psiquiatria.com en 2004 y cuyo texto completo está aqui.

21
oct
08

Paradojas de la opulencia alimentaria

No hay más que darse una vuelta por el supermercado de la esquina para caer en la cuenta de que vivimos en un mundo donde la oferta de bienes alimentarios supera con creces a la demanda. ¿Cómo entender pues que en un mundo ideal, en cuanto a disponibilidad de bienes alimentarios, existan bolsas de sufrimiento vinculados a la inanición?

¿No se trataba de combatir el hambre por todos los medios? ¿No era esta la quimera en la que creímos, mientras crecíamos? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué nos ha sucedido?

Veo una verdulería con toda clase de alimentos bien presentado, y recuerdo ahora que los tomates que conocí mientras era un niño no eran tan grandes ni tenían la piel tan reluciente. Jamás vi tampoco berenjenas de ese tamaño, ni naranjas sin semillas, o especies tan raras de lechugas. Concluyo que más de la mitad de las verduras que venden en el supermercado de la esquina deben ser especies desconocidas, puesto que no alcanzo a conocer ni siquiera sus nombres. Las otras, las conocidas me sorprenden por su volumen y sobre todo por su tersura, parecen como lavadas, como tratadas químicamente para mejorar su aspecto. Para uniformar su tamaño, aquí le dan mucha importancia a la presentación, divago.

Por proceder de una familia de agricultores y haberme pasado la vida entre verduras, trato de entender las razones por las que más de la mitad de las familias que otrora se dedicaban a la agricultura han abandonado sus cultivos a su suerte. Me pregunto donde estarán ubicadas las fincas que dan a luz estos maravillosos frutos. ¿De donde saldrán estos limones o estas naranjas?. Con lo difícil que era lograr que los pájaros no arruinaran una cosecha de cerezas, lo complicado que resultaba conseguir hibridar especies de naranjas para conseguir un tamaño adecuado para el mercado europeo y que además no contuviera semillas. Las abejas casi siempre arruinaban las buenas intenciones de los agricultores y el resultado casi siempre dejaba mucho que desear.
¿Quién habrá conseguido que casi todos los melones sean sabrosos?, con lo difícil que era lograr en mi infancia que entre diez al menos uno resultara comestible.
Es más que evidente que la oferta que encuentro en el supermercado es una oferta genéticamente fraudulenta. Los tomates ya no son más tomates, las ciruelas no son ya ciruelas. De aquellos que conocí en mi infancia sólo mantienen los nombres que los identifican. El resto ha sido manipulado, propiciando y embelleciendo su aspecto para hacerlo más duradero (perdurable), y sobre todo más deseable. Pero ¿sucederá lo mismo con su valor energético?.
Nadie lo sabe, pero existen sospechas más que fundadas acerca de que el valor energético de los alimentos ha sido modificado, como también su sabor y su olor.

En otro orden de cosas existe una cierta desconfianza derivada de nuestra mala conciencia por el progreso, ante lo que se ha venido en llamar las enfermedades postindustriales. Existe una atmósfera de creencias irracionales acerca de los mutágenos químicos o ionizantes que nos rodean, verbigracia las antenas de los teléfonos móviles, los microondas o los vertidos industriales hacia quienes se dirige gran parte de las sospechas de gran parte de los males que aquejan a la humanidad. Creo que esta desconfianza se debe a las contradicciones sociales que generan las propias condiciones de la explotación industrial y al sentimiento generalizado, en gran parte erróneo de que las ventajas de la industrialización sólo benefician a una determinada clase social. Esta idea, subsidiaria de la mala conciencia con que el capital se ha instalado en nuestras vidas, tiende a proyectar nuestros miedos en la misma trama industrial que todos disfrutamos y cuyas ventajas pocas veces admitimos.

Esta mala conciencia es comprensible porque los sistemas democráticos han logrado blanquear los efectos perniciosos del capital y la industrialización a través de un reparto equilibrado de los excedentes a través de los impuestos y las políticas de bienestar social. Sin embargo la causa del problema no está en conseguir un reparto más equitativo de los beneficios de la depredación, sino en el propio sistema de producción que tiende a una sobreexplotación de materias primas a través de la coartada de la democratización de cualquier bien social, que no esconde sino la lógica productiva de un mayor consumo y una mayor accesibilidad de cualquier cosa.

En primer lugar porque estas frutas a las que antes me refería se recolectan en invernaderos, con una tierra cada vez más empobrecida en oligoelementos y nitrógeno, sin posibilidad de barbecho. Aquellos tamaños imposibles a los que antes me refería se consiguen con manipulaciones genéticas conocidas con el nombre común de hibridaciones: en realidad la forma tradicional con que conocíamos lo que ahora se denominan alimentos transgénicos, una practica conocida desde la antigüedad y a la que debemos inventos tan interesantes como la cerveza o la mandarina, por no hablar del toro de lidia.

Así y todo no hay que demonizar lo transgénico, el problema no está tanto en la manipulación genética como en la producción industrial de alimentos transformados para hacerlos más apetecibles a los ojos de los compradores o más resistentes al paso del tiempo que va desde su recolección hasta su consumo.

Una vez más el problema no es tanto la técnica en sí sino la producción en masa, la sobreexplotación y la sobreoferta de alimentos que lleva a una democratización y a una mcdonalización de la producción.

Todo ello se consigue las más de las veces alterando su contenido energético, de modo que seguir hablando hoy de las calorías de los alimentos es un disparate. El problema no está en las calorías sino en las modificaciones que han sufrido en su composición íntima los alimentos que consumimos. Por ejemplo el contenido en magnesio de los vegetales ha disminuido, si lo comparamos con el contenido de las lechugas que consumíamos de pequeños, los que ahora rozamos los cincuenta años.

Por no hablar de los plaguicidas, de los conservantes industriales prohibidos o permitidos, de los abonos químicos y de las manipulaciones industriales que cabe esperar en cualquier alimento enlatado o tratado químicamente.

Los aceites no son todos iguales, ni siquiera los aceites de oliva son todos iguales. Cuando se habla del valor antioxidante del aceite de oliva nos referimos tan sólo a aquellos que presentan – al menos- un enlace doble de dos carbonos (monoinsaturados). El ácido oleico se desnaturaliza con el calor (pierde este enlace), por tanto sólo tiene interés antioxidante y valor terapéutico aquel que es extraído en doble presión en frío (el primero que sale de la destilación), el resto carece de valor medicinal, aunque conserve un cierto valor gastronómico

Todo ello va configurando un panorama de desconfianza más que razonable entre los usuarios, que da nuevos argumentos a los que han decidido adelgazar por razones espúreas. También en conductas más o menos simétricas por parte de los fabricantes que – cada vez más- se afanan en mantenernos informados a través de carteles donde nos advierten de la composición de determinados alimentos, siempre basadas en algoritmos indescifrables (los conservantes) o en una tabla de calorías que poco o nada añaden a nuestro interés por conocer realmente qué es lo que comemos.

Existe una evidencia cada vez mayor de que en las sociedades opulentas, nos alimentamos mucho, pero nos alimentamos peor que en aquellas comunidades rurales donde se consumen alimentos en régimen de autogestión agrícola, lo que a mi parecer es un argumento en torno a la paradoja alimentaria que da titulo a este post. La mayor oferta de bienes alimentarios no viene ni de lejos, acompañada de una mayor calidad en nuestra alimentación.

Aunque es cierto que para un consumidor urbano, hoy, es prácticamente imposible contagiarse una brucelosis (fiebre de malta), gracias a la pasteurización de leches y quesos, es más que obvio que la contaminación por metales pesados, toxinas derivadas de la fermentación de las proteínas y otras derivadas de la mala utilización de la glucosa son más frecuentes entre la población urbana y opulenta que entre las comunidades agrícolas primitivas. Por otra parte a este argumento hay que añadir otra paradoja, me refiero a la progresiva intolerancia a lácteos que cada vez más afecta a la raza blanca (caucásica), en otro tiempo perfectamente adaptada a este consumo.

No es lo mismo tomar vitamina C que tomar una naranja, por una razón fundamental: la vitamina C (el ácido ascórbico) es desde luego el substrato biológico que el cuerpo humano precisa para determinadas reacciones químicas, pero este ácido ascórbico debe ser ingerido, absorbido, asimilado y transportado allí donde su presencia fuera necesaria. Tomar 1 gramo de ácido ascórbico al día (una dosis por encima de la necesaria, para las necesidades usuales) no equivale a presuponer que nuestras necesidades de vitamina C hayan sido satisfechas. Para empezar no todo el ácido ascórbico se absorberá, no todo se utilizará y no todo será correctamente transportado. Todas estas operaciones dependen de la persona individual, del estado de absorción de su intestino, de otros medicamentos o alimentos que le acompañen en la dieta y de un sinfín de variables –algunas de ellas desconocidas- que interfieren en la absorción de la vitamina.

Los nutrientes de los alimentos no deben ser confundidos con otras sustancias como las vitaminas, los minerales o las provitaminas que careciendo de valor nutritivo alguno, aportan al organismo dosis infinitesimales de determinadas sustancias que intervienen como catabolizadores del metabolismo celular. En este sentido la alicina del ajo que carece de cualquier poder nutritivo, es sin embargo un potente antibiótico, lo que equivale a decir que en los alimentos existen sustancias que operan en nuestro organismo más allá de su poder nutritivo o calórico, se trata de los oligoelementos o de las conocidas vitaminas cuyos efectos no se dejan ver en cuanto a su potencial terapéutico, sino en su potencial profiláctico en tanto que nos protegen de determinadas enfermedades.

Los oligoelementos y las vitaminas son excelentes preventivos y no tanto buenos medicamentos una vez que la enfermedad ya se ha declarado, excepción hecha del escorbuto, la pelagra o el beri-beri, enfermedades deficitarias de determinadas vitaminas que son muy raras en nuestro entorno.

Tomar una naranja será siempre algo más deseable que tomar un comprimido de vitamina C, siempre que la naranja no haya sido indebidamente manipulada. No sólo porque la naranja contiene otros nutrientes que están ausentes en el comprimido, sino – sobre todo- porque la naranja es un sistema vivo, un sistema equilibrado donde cada substancia que acompaña al nutriente esencial, presenta con él un todo organizado que energéticamente y no sólo químicamente, presenta ventajas con el ácido ascórbico aislado.

Una de las curiosidades que presentan los sistemas vivos es que parecen funcionar como un todo, como un “cóctel terapéutico”. Sus partes aisladas o las moléculas sueltas que parecen ser responsables de su actividad farmacológica no presentan ni de lejos las mismas propiedades que el nutriente en estado activo, tal y como se presenta en la naturaleza. Algunos autores han señalado que es posible que sea la combinación de varios factores la responsable de su actividad terapéutica y no las moléculas aisladas que creemos responsables de su actividad. En este sentido me referiré al caso del beta-caroteno, un precursor vegetal de la vitamina A. Sus propiedades como antioxidante son independientes de la propia vitamina A y se encuentran maximizadas en su estado natural probablemente por su combinación con otros carotinoides existentes en la zanahoria y que no se encuentran en las cápsulas industriales. Este dilema no está resuelto adecuadamente y es posible que gran parte de las paradojas alimentarias que proceden del uso de extractos preparados de estas substancias pierdan mediante su manipulación industrial parte de las propiedades que presentan en su estado in vitro (natural).

Seguiré hablando de paradojas alimentarias y me referiré ahora al caso del calcio. El Calcio representa el 2% de la materia orgánica de un ser vivo, es un elemento necesario para la matriz ósea y para la vida celular, para la transmisión nerviosa y para el trabajo muscular. Nuestras necesidades de Ca son ubicuas y más notables durante la época de crecimiento y también en la menopausia. Sin embargo las necesidades de Ca no se resuelven tomando calcio en comprimidos, por la misma razón que antes esgrimía con la vitamina C.

Hay personas que absorben perfectamente el Calcio y otras personas a los que los suplementos de Ca no hacen sino complicarles la vida. El Ca y el Magnesio son dos elementos muy parecidos, por decirlo de alguna manera son como primos hermanos, sólo se diferencian en una cosa: uno tiene una órbita más de electrones que el otro, sin embargo aunque físicamente presenten algunas diferencias relacionadas con el estado orbital, químicamente son idénticos: los dos tienen dos electrones en su órbita más periférica. Es decir, reaccionan con otros elementos formando sales al perder con facilidad estos electrones. Ambos, forman parte de un equilibrio bioquímico que hace que el exceso de uno vaya seguido del descenso del otro. Dar calcio a una persona osteoporótica que a su vez tenga un magnesio bajo, supone condenarle a un exceso de calcio en sangre que será transportado a lugares ajenos al hueso, dando lugar así – y paradójicamente- a una mayor descalcificación.

El riesgo más importante de esta sobredosis de calcio, está en la calcificación de la aorta, y del riñón. Menos graves son las calcificaciones de los músculos o de los tendones.

A veces la mejor manera de asegurarnos un buen aporte de Calcio está precisamente en conseguir un buen equilibrio entre el calcio y el magnesio, es decir aportando magnesio en lugar del calcio. La mejor manera de asegurar este equilibrio es a través de una alimentación armónica que de cuenta al mismo tiempo de las necesidades de calcio y magnesio junto con otros oligoelementos como el fósforo y el flúor que también intervienen en la arquitectura de la matriz ósea y precisan de un aporte que resulte de un equilibrio homeostático entre ellos.

La mejor manera de asegurar este aporte equilibrado es a través de una alimentación suficiente, variada y completa. La leche entera y sin pasteurizar es el mejor medio de asegurar el aporte de estos minerales en el equilibrio que la naturaleza organizó para ser consumida por el hombre. Por el contrario las leches enriquecidas en calcio no suponen ninguna ventaja sobre la leche sola.

Si tenemos en cuenta que muchas personas han desarrollado en Europa una intolerancia a lácteos y que la mayor proporción de Ca se encuentra precisamente en la leche, antes de plantearnos una terapia substitutiva con Ca deberemos preguntarnos ¿Podrá esta persona admitir un exceso de Ca exógeno en su dieta? ¿Corremos el riesgo de que ese calcio sea transportado a lugares ajenos al hueso (tendones, riñones)? ¿Es calcio lo que necesita o magnesio?

Las personas que no toleran la leche por intolerancia a la lactosa de la misma pueden consumir sin embargo leches fermentadas como el yogur que en cualquier caso siempre será bien tolerado, o bien leches sin lactosa.

Si una persona tiene antecedentes de litiasis renal, lo mejor es abstenerse de proporcionar complementos de Ca, más aun si tolera bien los lácteos y estos forman parte de una dieta equilibrada. Sin embargo hay que pensar siempre que nuestras necesidades de magnesio no son bien atendidas, no sólo por el antagonismo que mantiene con el Ca, sino por el progresivo empobrecimiento de este elemento en nuestra dieta.

Las fuentes más comunes de magnesio son la leche y los vegetales de hoja verde. Si tenemos en cuenta de la sobreproducción de los mismos, así como la pobreza de estos cultivos casi siempre realizados en invernadero, podemos concluir que nuestras necesidades de magnesio no se hallan bien atendidas en una alimentación común, sobre todo cuando se restringe el uso de los alimentos antes citados.

Lo mismo sucede con el hierro, un metal que es componente esencial de la hemoglobina y responsable de múltiples transportes iónicos. Tomar suplementos de hierro en forma química es una manera de asegurarse una buena diarrea. El intestino se deshace del metal no porque el organismo no lo necesite sino porque es incapaz de asimilarlo sino va unido a un grupo hemo. Por eso, la mejor manera de asegurarse un buen aporte de hierro es a través del hígado y de la carne roja, donde aparece ligado al acido fólico y a la vit B12, la forma natural de la asimilación del hierro en la dieta de los carnívoros. El aporte de hierro en forma de sales que encontramos en los vegetales resulta mucho más incierta que la anterior y por eso las dietas vegetarianas puras siempre cursaran con un déficit en el aporte del mismo. Dicho de un modo más claro el hierro del hígado de cerdo es más asimilable que el hierro de las lentejas o de las espinacas, por mucho que a Popeye le pese.

Las mayores necesidades de hierro las tienen las mujeres en edad fértil, por las perdidas que las menstruaciones suponen de este metal, sin embargo, como siempre, el aporte de hierro se halla sujeto a unas leyes inexorables, dado que el almacenamiento y transporte del mismo se realiza a través de un circuito cerrado que incluye su vinculación a la ferritina: una especie de almacén hepático del mineral y a la transferrina una proteina que lo transporta a través del torrente sanguíneo.

De hecho un aumento de la ferritina es un magnifico marcador del estado del hígado, similar al que ofrecen los enzimas hepáticos, SGOT, SGPT y SGGT, no es extraño encontrar ferritinas altas en alcohólicos. También es un magnífico marcador tumoral.

Asegurar una función hepática impecable es tanto o más importante que mantener un aporte equilibrado de hierro. Una vez más, lo que se impone es el equilibrio, la armonía entre los distintos componentes que forman parte de la materia viva.

Sin embargo, en otro orden de cosas creo que después de haber hablado de la baja cualidad de los alimentos que consumimos he de hacer algunas consideraciones acerca de las condiciones en que los consumimos.

Etimológicamente, comer es una palabra que procede del latin cum cudere, que significa “estar con alguien”. Comer no es sólo una función de aporte de energía es sobre todo un acto social. Los animales superiores tienen dos formas de alimentarse: el comensalismo y el “vagabond feeding”, la alimentación vagabunda. Podríamos traducir ambos conceptos etimológicos con nuestras mas acertadas y castizas coordenadas gastronómicas: comer de caliente o apacentar.

Comer de caliente significa, compartir alimentos en una mesa, permanecer sentados y disponer el concurso de energía según un severo ritual derivado del “orden de picada” que rige en los mamíferos más gregarios y que se llama comensalismo. Primero los niños (una cesión de soberanía típicamente humana), luego los varones dominantes y luego las hembras, primero las jóvenes y luego las menopáusicas (las mas resistentes a la inanición), sobre todo en lo que respecta a la carne.

Apacentar, por el contrario, es atiborrarse de comida rápidamente o “picar” de pie, casi siempre comida fría, una forma que adoptan los herbíboros trashumantes o los simios mas humanizados. Al parecer, esta forma de alimentarse supone una ventaja evolutiva en las especies amenazadas por depredadores y que deben permanecer bien despiertas al acecho de las trampas que la sabana les procure. Este tipo de especies se alimentan mientras van caminando y son generalmente rumiantes, es decir primero tragan la comida y luego más tarde, cuando pueden, la digieren a sus anchas.

Sin embargo algunos simios que no son rumiantes también han adoptado este modelo alimentario en su repertorio gastronómico: esconden comida, la roban, la consumen siempre de pie y no siguen en ningún caso el turno de la jerarquía alimentaria que, como siempre en biología, prioriza a los más fuertes en detrimento de los más débiles: hembras y crías. Se trata, pues de una inteligente y algo psicopática manera de saltarse el orden militar impuesto por el comensalismo como estilo alimentario en los carnívoros.

El hombre en general se rige por un estilo de comensalismo calcado de los carnívoros depredadores. Si observamos un ritual cualquiera en los estilos de reparto en cualquier mesa familiar observaremos como, salvando los estilos individuales o étnicos, casi todos los grupos humanos, desde los más primitivos hasta los más sofisticados se alimentan según un ritual que sigue unas reglas implícitas que casi nunca se discuten y que proceden de aquella jerarquía atávica con las correcciones añadidas de nuestro altruismo social.

Este modelo alimentario del grupo familiar ha sobrevivido durante miles de años hasta que se rompió recientemente por la incomparecencia de la mujer en la mesa familiar. Su incorporación al mundo del trabajo fragmentó notablemente la cohesión interna del grupo gastronómico, hasta el punto de que prácticamente ninguna familia moderna hoy en día se reúne a comer, al menos la comida principal diaria.

Nuestro abandono del comensalismo a favor del “vagabond feeding” aunque no se considere un factor causal en si mismo, es al menos una invitación a la reflexión: la mayor parte de las anoréxicas que componen la muestra de Castellón, (una investigación en forma de encuesta donde se investigaron variables clínicas y psicosociales de una serie de pacientes tratadas en nuestra Unidad de trastornos alimentarios), arroja unas cifras que cuando menos inducen a la perplejidad. La mayor parte de los chicos y chicas entre los 16-28 años no comen en casa su comida principal, pero ni siquiera las anoréxicas y bulímicas de nuestra muestra disponen de la posibilidad de hacerlo. La mayor parte de nuestros adolescentes comen en el colegio, algunos más afortunados, con una abuela o nodriza, pero una nada desdeñable parte de estos pacientes ¡comen solos!, sin ningún tipo de tutela o sin ningún tipo de contacto social. Son precisamente estos adolescentes los que adoran la comida basura y los que practicarán a su vez con sus propios hijos, el “vagabond feeding” más feroz.

EL MITO DE LAS CALORIAS PERDIDAS

La mayor parte de las personas que conozco, tanto las que atiendo profesionalmente y que padecen un trastorno alimentario, como aquellas que conozco personalmente y que no se hallan diagnosticadas de ningún trastorno mental, presentan una preocupación excesiva por la dieta, que es la expresión de una inaceptación del propio cuerpo o de los cambios que el tiempo va provocando en él con la irrupción del miedo a envejecer y la obsesión por aparentar una edad que ya no se tiene ni jamás se tendrá.

Una preocupación que no tiene nada que ver con sus hábitos higiénicos sino que están más bien relacionados con la apariencia, se trata de una preocupación estética que a veces está emparentada con la necesidad de aceptación por parte de los demás y a veces con un enigmático “sentirse bien con uno mismo”.

Me sería muy difícil hacer una lista con diez personas conocidas que en algún momento de su vida no hayan hecho un régimen con mayor o menor sentido común: hacer algún tipo de dieta es normal, se ha convertido es una especie de epidemia de donde surgen precisamente los trastornos alimentarios más graves.

No quiero decir con esto que todas las personas que hacen dietas sean susceptibles de enfermar a causa de un trastorno alimentario sino que lo que en la población general es “ponerse a dieta”, en la población que atienden los psiquiatras “es una anorexia o una bulimia”. De aquellas lluvias proceden estos lodos. Todos los trastornos alimentarios comienzan con una dieta, es bueno repetirlo hasta el paroxismo.

La motivación estética es la responsable – sin duda- de que la población general esté mas preocupada por su aspecto físico, haga más ejercicio, y los gimnasios sean hiperfrecuentados por la población en “edad de merecer, y no sólo por ella: prácticamente todo el mundo sigue algún tipo de dieta en forma interrumpida, hace algún tipo de ejercicio y somete su cuerpo a disciplinas físicas con tal de arañar unos gramos de grasa, allanar el abdomen, por no hablar de las torturas de la medicina estética con su fácil recurso al bisturí.

Con todo lo cierto es que –efectivamente- comemos demasiado. Si comparamos la ingesta de comida con cualquier otra función orgánica caeremos en la cuenta de que no le damos nunca descanso a nuestro sistema digestivo que apenas ha dejado de trabajar ya debe estar dispuesto para deglutir y metabolizar otra comida. La sobreingesta de “calorías vacías” es la responsable de la obesidad que abruma a nuestros contemporáneos pero también es cierto que el hambre es a veces un estimulo biológico que sirve para encubrir otras necesidades amordazadas por la costumbre o la represión.

Una de los mayores errores que siguen abrumando a pacientes y dietistas son las consabidas listas-fetiche de calorías: el contenido calórico de los alimentos. Se supone que una persona con una actividad física media necesita al día unas 2500 cal, todo lo que está por debajo de esta cifra se considera una dieta hipocalórica que en teoría debe adelgazar y todo lo que está por encima de aquella cifra es hipercalórico y por tanto debe engordar, en sujetos normales y estándar.

Lo que sucede es que los sujetos estándar no existen, porque cada individuo es desde el punto de vista energético, único e irrepetible: así no es raro encontrarse con la paradoja –una vez más- de que lo que engorda a unos, a otros les adelgaza y que no existe una dieta estándar que haga el mismo efecto sobre diferentes sujetos.

Lo importante no es el numero de calorías que se consumen sino la cualidad de alimentos que se asimilan, algo que tiene que ver, no ya tan sólo con la calidad de los propios alimentos sino con la integridad de la barrera intestinal, las incompatibilidades entre alimentos y el medio interno, entendiendo como tal a la completa integridad tanto de los medios de transporte como los de utilización de la energía.

Volviendo otra vez al tema del calcio como ejemplo, decir que los suplementos de calcio son completamente inútiles en una comida presidida por el tomate. Esta sabrosa solanácea es capaz de formar quelatos con el Ca y también con el hierro, de modo que tomar calcio en la misma comida en que tomamos tomate es una forma de asegurar la inutilización de aquél. Por otra parte los suplementos cálcicos de la leche son los responsables del aumento de la frecuencia de litiasis renal (aunque no sea la única causa)

Este aspecto de personalización tanto de la dieta como del ejercicio, depende de las variaciones individuales de cada persona. Así, mientras unos precisan ejercicios intensos y enferman cuando hacen una vida demasiado sedentaria, otros sólo toleran ejercicios suaves como caminar y es para ellos suficiente con este pequeño ejercicio diario. Naturalmente, el ejercicio extenuante o el sedentarismo extremos son perjudiciales para casi todos, pero la recomendación genérica de hacer ejercicio que se hace a la población, no deja de ser un error bienintencionado en la que hasta los políticos caen con grotesca frecuencia porque no todo el mundo puede tolerar los mismos niveles de ejercicio, como tampoco todos pueden tolerar las mismas dietas, tanto para adelgazar como para engordar.

He observado que los pacientes afectos de un trastorno alimentario tienen una especial afinidad por el deporte, pero también he observado que muchas veces una anorexia comienza cuando se abandona un deporte intenso y competitivo. Con todo, lo usual, es que anorexia y entrenamiento deportivo coincidan en un mismo individuo, una circunstancia muy peligrosa si además existen vómitos por las perdidas de potasio que pueden derivar en una arritmia cardiaca y en una muerte súbita.

El ascetismo de las anoréxicas ha sido señalado hasta el paroxismo y también se ha llamado la atención sobre que determinados deportes competitivos como la danza o la gimnasia artística suponían verdaderos laboratorios de anoréxicas. Es verdad. Pero también es cierto que en ocasiones cuando una paciente abandona la disciplina física de un deporte intenso cualquiera, es para sustituirla por la informe disciplina ligada al cuerpo que supone la anorexia.

Por otra parte este tipo de deportes efectuados desde antes de la pubertad consiguen detener el crecimiento longitunidal de las que lo practican. No sabemos aun por qué las mujeres menudas tienen un menos riesgo de padecer cáncer de mama, a la vez que suelen tener mayor éxito sexual. La baja estatura de las atletas de gimnasia rítmica correlaciona con una mayor resistencia a este tipo de cáncer, como la mayor parte de mujeres orientales al parecer por un retraso de la menarquía o la supresión de múltiples ciclos de la menstruación. No sabemos quienes son los sujetos que pueden beneficiarse de una intensidad baja o alta de deporte, pero algunos autores han señalado que esta relación puede deberse al tipo de sangre (D´Amato). Para este autor el grupo 0 es el grupo que puede beneficiarse de un trabajo muscular intenso, siendo los demás grupos mucho más sedentarios en su tolerancia al ejercicio físico.

Me estoy refiriendo al ejercicio físico, pero también podría referirme al esfuerzo mental. Quizá las jovencitas afectas de la enfermedad de Chron o cualquier tipo de enfermedad inflamatoria intestinal, sean desde el punto de vista psicosomático, el grupo donde la intolerancia al estrés mental esté mayormente representado.

Por otra parte hacer ejercicio para adelgazar no deja de ser una forma de pervertir el sentido higiénico de hacer ejercicio. El ejercicio no debe hacerse para perder peso, sino para adaptar el cuerpo, el corazón y nuestro sistema circulatorio a una demanda superior a la que estamos acostumbrados debido a nuestra vida sedentaria. Se trata de utilizar el cuerpo para lo que está diseñado, para lo que está adaptado.

Se trata de quemar energías y agresividad (el exceso de norepinefrina), de aprender a autotranquilizarse por medio del cansancio muscular: una de las más baratas posibilidades de provocarse una deplección de endorfinas. La broncodilatación y la sensación de bienestar que sigue al ejercicio físico, no debe ser en ningún caso utilizada para un fin tan espúreo como adelgazar sino para explorar los limites del esfuerzo y los confines de la resistencia, con el fin de ponerla a nuestro servicio en las situaciones de sobredemanda que conocemos con el nombre de estrés.

OTRA PARADOJA: EL ESTRÉS DEL HOMBRE MODERNO

El ser humano actual es el resultado de una cadena de adaptaciones que desde la caverna han propiciado cambios permanentes en su morfología, en su fisiología y en su mentalidad. Se trata de modificaciones que han necesitado millones de años y que son los restos de las luchas del hombre contra su ambiente, siempre hostil y peligroso para su supervivencia. Además, estos cambios están inscritos en el genoma humano, a partir de pequeñas variaciones que en forma de mutaciones van configurando (siempre con un cierto retraso) la adaptación de las ordenes génicas hacia los nuevos individuos, que reciben de sus antecesores, una memoria de la especie, un manual de instrucciones acerca de aquellas estrategias más adaptativas y eficaces, que en parte pueden resultar algo obsoletas a causa de la “basura” que contienen y que nunca son perfectas ni mucho menos fatales.

Recibimos una información que en las sociedades opulentas ya es inservible. Nuestro cuerpo está perfectamente adaptado a las hambrunas, a las catástrofes naturales, al sufrimiento y al cansancio, al frío y al calor extremos, pero estos riesgos ya no forman parte del catálogo de nuestras amenazas ambientales o expectativas de vida. Estamos perfectamente diseñados para resistir los venenos naturales y las enfermedades bacterianas, para imponernos o aliarnos con nuestros enemigos, para negociar, resistir o claudicar, pero estamos muy poco dotados para lidiar con conflictos complejos, para derrotar a los virus o para trabajar ocho horas delante de un ordenador o en una cadena de producción.

Nuestro cuerpo estuvo diseñado para la huida de los depredadores, para cazar y recolectar, para las marchas nomádicas. Parecemos olvidar que el hombre sedentario es un invento demasiado reciente como para que nos hayamos adaptado del todo a las consecuencias de un trabajo, que en realidad, implica muy poco a los músculos y al esqueleto y demasiado al cerebro y al sistema hormonal.

Nuestras cápsulas suprarenales se inventaron para derramar adrenalina (norepinefrina) y cortisona al torrente sanguíneo ante una situación de lucha/huida. Una vez desaparecieron del mapa de futuribles los ataques de predadores, nuestras cápsulas suprarenales nos siguen advirtiendo de los peligros adaptando su funcionalidad hacia los temores que invaden al hombre de hoy, con una pequeña objeción: aunque hemos aprendido a suprimir nuestra agresión y nuestros mecanismos de lucha/huida, no podemos hacer lo mismo con la secreción de la cápsula suprarenal, ella sigue funcionando a su modo, aunque el cerebro se empeñe en disimular y mirar hacia otro lado cuando estamos furiosos o asustados.

Por otra parte hemos aprendido a disociar el sexo de la reproducción y a emplearlo con fines lúdicos. Hemos aprendido a rechazar aquellas partes de nuestra sexualidad que entran en colisión con nuestro deseo y hemos soportado el celibato con estoicismo y la programación de nuestros embarazos y nuestros partos con arreglo a nuestras conveniencias, derivadas de nuestro occidental concepto de la autorealización. Naturalmente esto es muy poco natural porque contradice nuestro esquema genético y nuestras posibilidades de adaptación con respecto a aquel código. Esto es también estrés, pero un estrés que procede de nuestro albedrío, un estrés electivo, del que pocas veces somos conscientes.

Ahora se habla mucho del estrés y en ocasiones es asimilado a una entidad nosológica cualquiera. Como la palabra estrés supone una sobredemanda sobre el cuerpo, siempre me he preguntado por qué en la época actual, donde los hombres viven rodeados de confort, de calefacción y de aire acondicionado, de un exceso de alimentos y de vacaciones pagadas, podemos suponer que tenemos estrés.

Puedo entender perfectamente el estrés de hombre primitivo: siempre pendiente de un ataque, del dolor de muelas ante lo que muy poco se podía hacer, de los dolores y los accidentes del parto, del frío que tuvo que soportar en la época glaciar, de las enfermedades, de los venenos. Incluso puedo hacer un ejercicio de memoria y suponer el estrés de nuestros abuelos, sometidos a condiciones de vida invivibles, a infecciones constantes, a dificultades de hábitat, trabajando una tierra inhóspita y desagradecida para arrancarles los alimentos del día a día. ¿Por qué comenzamos a hablar de estrés precisamente cuando las condiciones de vida han mejorado para casi todos?

La razón más importante que encuentro para contestar esta pregunta es que el estrés no es sólo una sobredemanda que se hace de menos a más, sino también la que va de más a menos. Decir estrés es decir cambio y este cambio puede ser percibido como una ganancia o como una perdida, pero en cualquier caso es siempre una perdida del equilibrio anterior, de la homeostasis.

Esta percepción de ganancia o perdida es lo que delimita precisamente el sentimiento de estar en sobre demanda, que es un sentimiento subjetivo, en ningún caso se trata de una sobre demanda objetiva y mensurable. Toda sobre demanda precisa para ser atendida de un sobre esfuerzo y este sobre esfuerzo es precisamente nuestro concepto actual de estrés.

Esta conceptualización del estrés, sus grados y sus relaciones con las enfermedades, ha sido investigado por muchos autores. Nombraré a Holmes y Rae que investigaron y editaron un inventario de eventos próximos puntuándolos según su capacidad para enfermar a las personas que los sufrían. Así por ejemplo la perdida de un ser querido era puntuada con 100 puntos, dado que 100 de cada 100 personas veían perturbada su salud con este acontecimiento.

Además existe otra razón que mas atrás apuntaba: el estrés actual del hombre moderno se debe, no tanto a sobre demandas de esfuerzo físico, sino a sobre demandas intelectivas, psicológicas y sociales. Ya no necesitamos hacer esfuerzo alguno para calentarnos, para alimentarnos o para guarecernos de la lluvia, pero necesitamos continuamente aprender estrategias para salvaguardar nuestra integridad social o eso que hemos venido en llamar identidad. La complejidad del mundo en que vivimos nos exige aprender cosas nuevas continuamente y a veces a fracasar en esta tarea. Para un adolescente los mensajes de exclusión que le llegan en forma de criticas sobre su cuerpo (sobre todo si proceden de sus iguales) pueden suponer una fuente de estrés, difícilmente objetivable según nuestros conceptos de estrés clásicos. Encontrar amigos que les entiendan o que les liberen del ostracismo social, puede ser para una anoréxica una fuente de sufrimiento similar a la del hombre de la caverna ante una hambruna en una época glaciar o al menos así lo entiende su sistema hormonal. Porque nadie puede sufrir sino por aquello que sufre. O sea, que cualquier sufrimiento, aun aquellos más subjetivos e incomprensibles son similares a cualquier sufrimiento objetivo, a aquellos que nos resultan comprensibles.

Cualquier muerte es siempre algo brutal, extemporáneo, porque nadie puede morir sino de su propia muerte ( Marco Aurelio)

Por si fuera poco también hemos llegado a la conclusión de que el estrés es una enfermedad de la mente, una enfermedad mental olvidando que se trata de un síndrome de adaptación general: no atendemos a las señales que nuestro organismo nos envía desde diversos puntos muy alejados del cerebro. Así no estamos acostumbrados a pensar en términos de estrés hepático o estrés renal, cuando nos alimentamos de azucares o bebemos cerveza en lugar de agua.

Hay que recordar ahora que el exceso de azucares de nuestra alimentación supone un sobre esfuerzo biológico, porque este exceso de azucares debe almacenarse en el hígado a través del glucógeno. Este almacenamiento de glucógeno tiene unos limites que la evolución determinó como óptimos para atravesar circunstancias de déficit. El mayor estrés hepático que los seres humanos actuales soportamos en nuestro hígado, descontando a los medicamentos, es el exceso de azucares de nuestra dieta.

Por otra parte bebemos muy poca agua y cuando lo hacemos es un agua excesivamente mineralizada. Este déficit de aporte hídrico (o de exceso de minerales) supone un sobre esfuerzo renal, más aun si lo combinamos con un exceso de otras bebidas azucaradas o alcohólicas como las colas o la cerveza. Al ser hiponatrémica (tiene menos Na que el agua), la cerveza contribuye a una mayor deshidratación sobrecargando el trabajo renal, del mismo modo que hace la cafeína y el alcohol.

De modo que el estrés no es sólo un fenómeno mental, sino sobre todo un factor de desestabilización externo en todos y cada uno de los aparatos corporales. Pensar que el estrés es una especie de depresión por sobre esfuerzo, es pretender olvidar que en un cuadro depresivo, probablemente, otros sistemas le hayan precedido en la sobrecarga y que sólo su claudicación previa haya propiciado la emergencia ulterior del cuadro mental.

La disociación entre lo mental y lo corporal me parece uno de los errores más impresionantes que la ciencia ha cometido desde que el pensamiento científico se instaló como paradigma de conocimiento del hombre y la naturaleza. A lo largo de numerosos artículos he hecho varias menciones a este hecho de fragmentación dual y quiero ahora dar una regla para corregir esta tendencia en el lector. Imagínese un piano con tres octavas. La octava baja representaría del ombligo hacia abajo, la octava media del cuello hasta el abdomen y la octava más alta del occipucio hasta el cuello.

La melodía sonará en la octava más alta, la armonía o los acordes en la octava media y los bajos en la octava baja. Las tres cadenas suenan al mismo tiempo (o secuencialmente) dotando de sentido y de color a la melodía. Así sucede pues en el organismo humano, la mente canta una melodía que el corazón, el hígado y los pulmones dotan de sentido, mientras los bajos (el esqueleto) sostienen toda la estructura armónica.

Lo más sorprendente de este modelo es que el Do bajo y el Do alto suenan con la misma frecuencia (aunque con distinta longitud de onda), lo que les hace ser al mismo tiempo la misma nota aunque suene en una distinta octava.

Con este concepto vibratorio podemos tener un mejor mapa mental acerca de la unicidad de todo el sistema orgánico que llamamos cuerpo humano. La mente puede enfermar antes o después que el cuerpo pero siempre incluye disonancias en cualquier otro aparato. La mente no es pues más que una distinta forma de organización de la materia, del mismo modo que el Do de una octava baja o el Do de una octava alta.

Lo energértico y lo material vibran como armónicos y representan un paquete de información.

27
sep
08

Medicina tradicional china y anorexia mental

Tenemos evidencias de que la anorexia mental es una enfermedad que ha existido siempre, bien es cierto que no vinculada a los mismos motivos que hoy se le atribuyen. Nuestras primeras noticias fidedignas datan de las descripciones de Morton en el siglo XVI. Morton la conceptualizó como una enfermedad consuntiva y la llamó tisis nerviosa o melancolía tísica. Es bueno recordar que desde el punto de vista clásico melancolía era toda forma de psicosis sin fiebre, el término tísica puede relacionarse con el parecido con la consunción tuberculosa que era -en esa época- más importante y frecuente que la propia anorexia y que como sabemos cursaba con fiebre. Más tarde ya en el siglo XIX Gull y Lasègue casi simultáneamente publican dos casos de anorexia mental restrictiva y la asimilan a las formas histéricas ya descritas desde la antigüedad y bien conocidas y proponen una causalidad psicógena, un paradigma que ha llegado hasta nuestros días. Un paradigma dual.

Casi a mitad del siglo XX y después de las descripciones -también simultáneas- de Simmonds y Seehan respecto a la caquexia hipofisaria vuelven a ponerse de moda las concepciones biológicas, la anorexia vuelve a ser vista como una enfermedad física y frecuentemente tratada por endocrinólogos hasta que se demuestra que la caquexia hipofisaria y la anorexia mental no tienen nada en común entre si salvo la inanición. Son los años de la medicina psicosomática, concepciones hoy caídas en desgracia debido a la presión de la Psiquiatría biológica y más concretamente neokraepeliniana que tiene en los manuales operativos tipo DSM su pretexto fundamental: aquello que no se encuentra codificado en un diagnóstico operativo simplemente no existe.

Alexander no incluye a la anorexia mental entre las enfermedades psicosomáticas clásicas: hipertensión, asma, ulcus gastroduodenal, dermatitis, artritis reumatoide, colitis ulcerosa, etc, pero la tendencia durante las décadas de los 60 y 70 era considerar a la anorexia mental como un trastorno psicofisiológico, es decir un trastorno psicosomático donde los factores psíquicos influirían de manera decisiva en la presentación de una enfermedad -con mascarada- aunque sin explicación física.

El prestigio de la medicina psicosomática fue decayendo poco a poco fundamentalmente por carecer de una teoría general que explicara la enfermedad a partir de una causalidad mental. Saber cómo los eventos mentales y a través de qué mecanismos operan en la génesis de la enfermedad física es hoy tan desconocido como innegable, aunque ninguna teorización ha logrado ir más allá de constructos teóricos vacíos con vocación de descripción como enfermedad funcional o somatización, este último el único término que ha logrado sobrevivir a la marea organicista consecutiva a la implantación de diagnósticos operativos.

La carencia de un modelo explicativo de cómo los eventos mentales se transforman en estados físicos ha sido la ruina de la medicina psicosomática, tan solo el psicoanálisis ha brindado alguna explicación con los conocidos constructos “agresión reprimida” somatizada en aparato digestivo o “rechazo del rol femenino” atribuido a la anorexia, constructos que aunque no desmentidos han sido duramente criticados por la medicina biológica que aspira a deshacerse del todo y para siempre de cualquier subjetividad.

Falta por saber cómo la “agresividad reprimida” o el “rechazo del rol femenino” pueden llegar a provocar síntomas físicos siendo como son constelaciones psíquicas inconscientes, pensamientos o sentimientos. Evidentemente debemos hipotetizar un mecanismo intermedio que “transforme” lo psíquico en algo físico, bien a nivel de lesión o bien a nivel de disturbio funcional, bien de la motilidad en el caso de tratarse de un víscera hueca o bien de estasis si estamos imaginando una víscera como el hígado compacta y material.

Si descartamos a las hormonas, la medicina convencional tiene muy pocos candidatos para explicar la “neurosis de órgano” por una parte y la elección de órgano por las emociones disruptivas o los mecanismos de “mensajería” entre lo psíquico y lo físico. El sistema nervioso vegetativo ha sido olvidado sistemáticamente a la hora de correlacionar emociones con estados físicos a pesar de la evidencia de que todas las vísceras se hallan inervadas por nervios que transmiten sus señales a través de mecanismos simpáticos y parasimpáticos, y a través de los mismos neurotransmisores que utiliza el cerebro.

Dicho de un modo más claro: cuando utilizamos un ISRS (inhibidor de la recaptación de serotonina) estamos aumentando la disponibilidad de serotonina en el cerebro tanto como en aquellos lugares donde la serotonina se comporta como un neurotransmisor, fundamentalmente en este caso en el sistema digestivo de donde proceden precisamente los efectos secundarios más importantes de este medicamento. Es realmente curioso que la psicofarmacologia actual no haya reparado en el dato de que los neurotransmisores existen en casi todo el organismo más allá del cerebro. Que el intestino dispone de neurotransmisores para “informar” a otros órganos de cómo anda su función y nombro el intestino por nombrar tan sólo un órgano, en realidad todos los órganos están interconectados entre si bien por hormonas (como la leptina) o bien por verdaderos neurotransmisores como los neuropéptidos.

La medicina china, miles de años antes de conocer la anatomía exacta de los órganos y la fisiopatología de las enfermedades erigió un sistema comprensivo holístico que correlacionaba las emociones y los órganos, explicando además la “elección de órgano”, teorizando que tanto las emociones morbosas como las toxicidades o los elementos climáticos mórbidos pasaban por un sistema de cribado donde el hígado era junto con el SNC el primer filtro de defensa, Para la medicina china cuando existe un ataque exógeno el primer afectado será el sistema nervioso central pero si el SNC es lo suficientemente fuerte (o carece de daños mínimos) la energía Qi estancada se moverá hacia abajo buscando el órgano más débil o desequilibrado en sus energías Yin o Yang para instalarse definitivamente en él y desde el que iniciar una labor de debilitamiento del resto de los sistemas. El concepto de debilidad o fortaleza del SNC es heurístico y se realiza mediante la anamnesis, por ejemplo si un individuo ha tenido un padre alcohólico y ha vivido aterrorizado durante toda su infancia y consulta por una jaqueca, bien podemos afirmar que su SNC es fuerte, la energía Qi nociva de este individuo irá hacia abajo buscando la debilidad de otro órgano cualquiera. Por el contrario si una persona hace un cuadro psicótico después de fumar un “porro” bien podemos afirmar que su SNC era débil (vulnerable) y poseía lesiones sutiles (daño cerebral mínimo) que no fueron detectadas, su energía Qi nociva ascenderá, explicando al mismo tiempo el por qué los individuos psicóticos no suelen enfermar de afecciones psicosomáticas, en aplicación de la economía del Qi que puede representarse en el siguiente esquema donde se categoriza la dirección del Qi:

1.- El sistema nervioso central

2,- Después la superficie o capas superficiales de los órganos. Primero abajo, después arriba, primero el lado izquierdo (hemisferio no dominante) luego el derecho (hemisferio dominante). El hígado es la primera barrera de defensa orgánica en un SNC integro.

3.- Más tarde las capas más profundas incluyendo las fases celulares de las enfermedades.

La medicina china comprende y sabe qué hacer ante un constructo como “agresión reprimida” si bien sustituiría el termino reprimida por suprimida. La ira suprimida repetidamente terminaría afectando al sistema energético de la madera (que se ocupa de la asertividad) que a su vez controla el sistema tierra (estomago, bazo, páncreas). La energía madera suprimida encargada de controlar al sistema tierra fracasaría en esa labor de mediación y el estomago se resentiría de esa falta de control de la madera sobre la tierra ¿Cómo explicar este fenómeno con nuestros actuales conocimientos? Bien, el estomago se halla inervado por el vago, un nervio parasimpático cuya función homeostática consiste en regular sobre todo la motilidad del estomago y la génesis de ácido. Un estomago en hiperfunción sintetizaría un exceso de ácido que resultaría a la larga en una lesión estructural de la mucosa, un estomago en hipofunción no trabajaría armónicamente en relación a la motilidad de acuerdo con las necesidades de la energía necesaria para la digestión. Lo usual es que una emoción como la agresión suprimida, pueda a la larga conformar un desequilibrio Yin-yang en el estomago, es decir un desequilibrio entre las funciones simpáticas y parasimpáticas de la inervación del estomago. En cualquier caso, aun aceptando que una vez establecida la lesión (la ulcera) el estomago pudiera ser infectado secundariamente, la génesis de la ulcera sería un desequilibrio entre las condiciones Yin y las condiciones Yang de las energías tierra.

La fisiopatología china considera a la anorexia mental una enfermedad del sistema Tierra. Las puertas de entrada a esta enfermedad son bien conocidas y podemos afirmar que no existe anorexia mental sin dieta restrictiva. Más allá de las razones – fundamentalmente psicológicas- para someterse a dieta, el resultado final es una inanición por deprivación que en cualquier caso sobrepasa las capacidades energéticas individuales para mantener los sistemas energéticos fluyendo armónicamente

Las razones por las que la anorexia mental es hoy considerada una enfermedad mental mientras que otras enfermedades psicosomáticas han sufrido distinta suerte son políticas. La fibromialgia, por ejemplo, es hoy considerada una enfermedad reumática y la ulcera gastroduodenal una enfermedad digestiva a pesar de ser igualmente enfermedades donde los factores psicológicos y los físicos se encuentran entremezclados entre sí de un modo tan intenso como en la anorexia. Como he dicho las razones hay que ir a buscarlas en las coyunturas políticas y a razones de hecho cuando no de tradición. Por ejemplo las asociaciones de fibromiálgicas – muy combativas- se opusieron a que esta enfermedad fuera considerada una enfermedad mental y se movilizaron contra los ponentes que redactaban la última versión del conocido DSM, hay que decir que lograron su propósito, el ulcus gastroduodenal ha sido una enfermedad quirúrgica hasta que se inventaron los antagonistas H1 y recientemente recibió un cierto bautizo de prestigio cuando se asoció con una infección por Helicobacter pylori, algo que hoy se pone de nuevo en tela de juicio porque no explica todos los casos. La anorexia ha sido una enfermedad muy poco frecuente hasta su definitiva eclosión en los años 70 y ha pasado a engrosar el listado de enfermedades mentales, a pesar de una larga tradición en medicina psicosomática, desde donde fue arrancada y agregada como enfermedad mental poniendo en tela de juicio el propio paradigma de lo mental y su eterno bucle de desunión con lo somático.

Mi practica clínica con trastornos alimentarios incluye tres modalidades, una parte de ella se desarrolla en un Hospital, otra en ambulatorio y la tercera en Hospital de día. Las pacientes ingresadas en un régimen hospitalario y en 1 año representan el 10% del total de pacientes atendidas, significa que personalmente veo a las pacientes más graves de esta patología a las que posteriormente sigo en tratamiento ambulatorio y en Hospital de día. Cuando empecé a tratar anoréxicas me di cuenta de un curioso fenómeno sobre el que no he encontrado ningún dato en la bibliografía: las pacientes sometidas a una dieta adecuada, suficiente y variada no adquirían el peso que era de prever en el tiempo en que se consideraba suficiente. Este dato me hizo pensar al principio en maniobras eméticas negadas o en trampas diversas que estimularon en mi el conocido síndrome de desconfianza del tratante dado que no podía comprender este fenómeno, hasta que me di cuenta de que esta misma observación ya había sido hecha por los médicos aliados que trataron a los supervivientes de los campos de concentración nazis, es decir había algo en la inanición que hacía que la recuperación de un organismo desnutrido o caquéxico fuera extremadamente dificultosa, como si no pudieran aprovechar parte de las energías que ingerían con la dieta. Del mismo modo, es sabido la dificultad que tienen para adelgazar aquellas personas que padecen una obesidad mórbida a pesar de las dietas bien planteadas por profesionales competentes o al menos la facilidad que tienen para volver al peso premórbido a la mínima indiscreción en la dieta. Me planteé si estos fenómenos eran paralelos y busqué en la bibliografía sin encontrar ninguna ayuda, del mismo modo los compañeros psiquiatras que consulté, parecían adherirse al principio bien conocido ” si no se engorda es porque sale más de lo que entra” o bien “si no se adelgaza es porque entra más de lo que sale”, principios que aunque genéricamente son ciertos no respondían a mis casos y a la pregunta más genérica que me solía hacer ¿Hay algo que impida la correcta asimilación de los alimentos más allá del simple contaje de calorías?

Un día cayó en mis manos un libro de Medicina tradicional china y Psicología escrito por un psiquiatra . El libro me cautivó y me abrió puertas a ciertas intuiciones que se encontraban agazapadas en mi inconsciente, parecía tratarse – al leer ese libro- de un déjà vu, de algo ya pensado, que no había sido debidamente intelectualizado. Hammer plantea en ese magnifico libro que el trabajo de la digestión tiene una parte absolutamente mecánica que no por ello debe contemplarse como pasiva. Nada en la digestión es pasivo sino que precisa un enorme derroche de energías, el trabajo de digestión, asimilación, transporte y excreción precisan de una enorme inversión de trabajo, la digestión en si misma representa un gasto de energía y mucho más en los carnívoros que en los herbiboros dotados de un sistema digestivo más largo. Evolutivamente hablando, se supone que “el sacrificio” de un tubo digestivo más corto correlaciona en los carnívoros con una inteligencia y una perfusión sanguínea cerebral más alta . La evolución sacrificó la sangre que retiraba de un sistema digestivo largo diseñado para asimilar toda clase de vegetales incluyendo los más duros (silicatos), por un tubo digestivo más corto que precisaba una digestión más rápida y alimentos necesariamente cocinados que resultaran asimilables en esa condición. Se supone que esta condición de tubo digestivo corto como resultado de la invención del fuego y el alimento cocinado correlaciona con nuestra más aguda inteligencia y nuestra vulnerabilidad digestiva.

Para la medicina china los órganos no solamente tienen una parte fisiológica (función) y otra estructural (una matriz anatómica) sino que además constan de un apartado energético, por ejemplo el páncreas (en el caso de un páncreas sano) tiene una parte endocrina (secreción de la insulina), una parte exocrina (secreción de enzimas digestivos) y una parte energética que comparte con las energías Tierra. Las energías Tierra (estomago, bazo y páncreas) tienen como el resto de los órganos un correlato mental y este correlato mental es la reflexión, que se corresponde con la función digestiva: triturar, tragar, desmenuzar y absorber, una función a cuya alteración nosotros llamamos obsesividad en el caso de un “exceso” y confusión en el caso de “defecto”. Eso es precisamente a lo que se refiere el termino “reflexión”, la cavilación o preocupación que “devuelve” a la conciencia aquello que no ha sido debidamente desmigado, desmenuzado y asimilado.

El sistema energético Tierra puede enfermar por varias razones, una de esta razones es a causa de un exceso de obsesividad primaria (búsqueda de la excelencia o exceso de preocupaciones), de tal manera que la obsesividad -un fenómeno yin- que es un hecho mental que procede del SNC (aunque alimentado energéticamente por energías diversas) termina por averiar el sistema energético Tierra y desde ahí a sus órganos relacionados. También puede suceder el proceso inverso y una persona puede enfermar mentalmente a partir de una avería primaria del estómago bien a partir de una disminución de su motilidad o bien a partir de un exceso o defecto de ácido. Dicho de otra manera el órgano diana y el SNC a través del sistema energético se influyen entre si, algo que ya conocemos desde que supimos que la inanición por sí misma favorece la obsesividad y la hiperquinesia.

Otra manera de enfermar la Tierra es a través de un escaso aporte calórico y otra manera podría ser el exceso de comilonas o de bebidas alcohólicas (yang). Como también debemos contemplar la posibilidad de una disminución constitucional de estas energías Tierra, algo que más bien correlacionaría con un defecto en la construcción de vínculos es decir con las enfermedades más graves o defectos del neurodesarrollo. Las anoréxicas por lo general no presentan defectos constitucionales de las energías Tierra salvo quizá aquellas de entre ellas más psicóticas o con un trastorno border-line de la personalidad. Dicho de otra manera, la manera de enfermar el sistema energético Tierra de una anoréxica es algo exógeno, adquirido, una situación o constelación vivencial que lesiona gravemente el sistema energético Tierra. Sin embargo en cada individuo vamos a encontrarnos con una constelación distinta que correlacionará con el estado energético del resto de órganos.

En este orden de reflexiones otra de las cuestiones que me preocuparon en mi trabajo diario con anoréxicas es que algunas veces no existía una pulsión anoréxica de delgadez en las enfermas que trataba, algo que contradecía la causalidad mental de la enfermedad, en casi la mitad de casos todo parecía indicar que la muchacha había llegado a aquella situación de desnutrición a partir de una alimentación irregular, unos hábitos de estudio o trabajo infernales o un exceso de ejercicio, cuando no todas ellas juntas. ¿Si no había motivación anoréxica dónde quedaba pues la supuesta causalidad mental de la anorexia? ¿Podríamos hablar en este caso de una anorexia secundaria? ¿Por qué no llamarla inanición por estrés, volviendo a las viejas ideas de Morton? Comencé a especular sobre eso y a tabular mis casos en clave de encontrar cuantas y cuales pacientes habían enfermado a causa de una búsqueda de un físico particular y cuantas y cuales habían enfermado a causa de cualquier otra razón. De 23 anoréxicas restrictivas que estudié tan solo 6 reunían el criterio clásico de pulsión hacia la delgadez o miedo a engordar, las otras 17 simplemente no tenían ningún interés en mantenerse delgadas aunque no eran capaces de ganar un solo gramo si realizaban sus actividades normales y bastantes dificultades para ganar peso incluso en el Hospital, en un ambiente protegido y con una dieta supervisada constantemente. Si habláramos del conocido y sobrevalorado síntoma “distorsión del esquema corporal” es decir seguir viéndose gorda a pesar de la extrema delgadez he de decir que de ese grupo tan solo 2 muchachas tenían esta distorsión. La búsqueda de excelencia o perfeccionismo sin embargo estaba presente en 15 de las 23 pacientes estudiadas aunque este síntoma no estaba presente en ninguna de las pacientes anoréxicas vomitadoras y en prácticamente ninguna bulímica.

Una vez que me hube planteado como hipótesis y en clave de fisiopatología china la probable hiperfunción energética pancreática en las anoréxicas comencé a entender mucho mejor algunos de los síntomas comunes que presentan casi todas las anoréxicas y que no han merecido -inmerecidamente- la atención de los clínicos, me refiero al estreñimiento y a la epigastralgia postpandrial. Estos síntomas siempre han sido catalogados como síntomas derivados de la escasa alimentación, pero no creo que sea cierto, más bien me parece un epifenómeno de la escasa energía disponible en el tubo digestivo para realizar la tarea de la digestión. Por la misma razón la amenorrea es una detención de las energías fuego de la sangre o dicho de una manera más occidental debido a la ralentización de la producción de hormonas sexuales (Tierra controla Agua), en cualquier caso el organismo se defiende de la inanición de dos maneras fundamentales: retirando las energías del sistema digestivo y retirando las perdidas menstruales a fin de asegurar la perfusión del SNC. En mi opinión las energías Tierra de las anoréxicas se encuentran consumidas, bien por la propia inanición o bien por otros motivos, en este sentido considero la anorexia como una hiperfunción pancreática (Yin) y una hipofunción gástrica (Yang) y a la bulimia como una hipofunción Yin y una hiperfunción Yang, naturalmente pueden existir también fenómenos de oscilación entre uno y otro polo lo que nosotros conceptualizamos como bulimarexia.

EVIDENCIA DE LA EXISTENCIA DE MECANISMOS DE ENTRADA NO PSIQUIATRICOS EN LA ANOREXIA MENTAL

Más allá de las razones psiquiátricas para mantenerse en un bajo peso o de las condiciones psicológicas que sustentan el deseo de ponerse a dieta ¿existen otros motivos que induzcan una anorexia mental? En primer lugar debemos mencionar claro está, la dieta y sus carencias. ¿Cómo es la dieta de una persona que llega a enfermar de anorexia? ¿Qué y qué no comen? ¿Es sólo la restricción la responsable de la perdida de peso?

Tan importante como el aporte calórico global es la forma de consumo, el estilo alimentario. La alimentación se encuentra regulada por hormonas y señales periféricas cuya secreción es pulsátil, esta secreción se encuentra regulada por factores climáticos, bioquímicos, hormonales e individuales, incluyendo los hábitos sociales. La alimentación debe ser periódica cada 4-6 horas (dependiendo de la edad) y suficiente para “aguantar” la restricción hasta la próxima ingesta y parece redundante decir que una mañana debe comenzar con un buen desayuno después de 8 horas de reposo. Si una de esas ingestas no es suficiente, la señal de hambre que en realidad en un organismo sano se encarga de regular el aporte alimentario se adelantará, si se vuelve a inhibir poco a poco esta señal enmudecerá. El hambre, señal biológica que nos informa que debemos comer ya no representará señal alguna y el individuo quedará a merced de la intelectualización del comer. Dicho de otra manera, sí come lo hará porque sabe que debe comer pero lo hará sin hambre y por tanto sin placer, habrá transformado una señal biológica de cuya satisfacción se obtiene una sensación voluptuosa en un “exceso de reflexión” que hace del acto de comer una tarea obligada, una preocupación.

Además de la discontinuidad aperiódica del aporte alimentario es también muy importante el equilibrio entre alimentos relacionándolos con los 5 sabores y la temperatura. El exceso de alimentos crudos y fríos altera el sistema tierra humano que está diseñado evolutivamente – como dije más atrás- para digerir alimentos cocinados fundamentalmente, lo que ahorra consumo de energía al sistema digestivo. Todos sabemos que existen alimentos pesados (yin) que cuestan mucho de digerir y otros alimentos livianos (yang) que no cuestan casi nada digerir y que cuentan además con mucho prestigio entre los regímenes dietéticos, como por ejemplo sucede con las ensaladas, pero alimentarse sólo de ensaladas no es recomendable, no sólo porque no contienen las suficientes proteínas sino porque desequilibran el sistema energético Tierra relativo a la temperatura. Consumir platos fríos es la mejor manera de desequilibrar este sistema, que gasta parte de su energía en calentar los alimentos ingeridos por no nombrar los refrescos o los helados o la práctica ausencia de sopas y platos calientes en la alimentación de nuestros adolescentes actuales. En ese sentido la comida rápida, aquella que se consume apresuradamente y de pie es el paradigma actual de una alimentación desequilibrada que afecta la digestión.

Cuando la comida se ha convertido en el eje de las preocupaciones de una persona deja de tener interés voluptuoso alguno y cualquier cosa que esté relacionada con ella deja de ser un placer, como por ejemplo la compañía. Comer es además de un acto alimentario un acto social donde se conversa y se comparte (comer significa compartir). El que ha inhibido el hambre, se ha autoprovocado sin saberlo una derivación energética que “asciende” – aprovechando las energías del bazo- hacia el exceso de reflexión, por lo que la comida ha dejado de ser una necesidad placentera y se ha convertido en una obsesión. El caso contrario también es frecuente, he conocido anoréxicas, que enferman precisamente a través de una indebida intelectualización del acto de comer. Sucede cuando la alimentación se ha convertido en una especie de religión con tabúes y prescripciones, la alimentación ha dejado de ser un acto placentero y automático, un instinto socializado y se ha convertido en una forma de penitencia donde sobre todo hay que evitar la contaminación de la carne (el pecado).

Comer como respirar son actos automáticos que se afectan si se piensa demasiado en ellos, también la defecación o la temperatura corporal se afectan si nos tomamos demasiado frecuentemente la temperatura o nos preocupamos por el aspecto de nuestras heces. Es evidente que pensar en la comida, como pensar en la defecación, medir u observar su contenido, frecuencia o consistencia representan estados comunes en todas las personas que por una u otra razón se han visto obligadas a focalizar su atención sobre estas funciones alimentarias sean de aporte o de excreción, pero lo usual es que no estemos pensando en estas cosas escatológicas. La defecación es el primer aspecto de la digestión que se afecta por un exceso de reflexión, la razón es bien obvia, el mecanismo de la defecación es activo y precisa de una cierta voluntad por parte del sujeto, no así la micción que es imposible de detener más allá de la flexibilidad fisiológica de la vejiga de la orina. Detener el flujo de una vejiga de orina llena es imposible, pero detener el flujo de las heces es relativamente fácil y un aprendizaje mórbido bastante común en la población occidental por razones que van desde lo anatómico hasta lo social.

Pero también son estados muy frecuentes en aquellas personas que han derivado sus energías tierra – función del bazo- hacia “arriba” hacia un exceso de reflexión. Este exceso de reflexión sin embargo puede ser primario, es decir se puede entrar en la anorexia a partir de la obsesividad. No es necesaria la pulsión anoréxica clásica para llegar a un estado de inanición, a veces este llega precisamente en el contexto de una forma de ser vinculada a determinados hábitos alimentarios que se han identificado como una ideología, me refiero al vegetarianismo u ortorexia, una nueva forma de culto religioso que ha sustituido en las sociedades opulentas a una espiritualidad elevada y vinculada a la propia tradición, el vegetarianismo en nuestra sociedad carece de sentido cultural y hacia él son arrastradas muchas personas pusilánimes que temen su propia asertividad, suprimen su agresividad hasta el punto de negarse a dañar ninguna clase de vida animal y sacrificándose a si mismas en el altar de una religión sin propósito.

Aunque he conocido vegetarianos que siguen una dieta correcta, es decir suficiente y bastante completa es evidente que ser vegetariano sin guía y asistencia representa un factor de riesgo para un desequilibrio energético mucho más si la paciente presenta además estereotipias alimentarias, he de decir que las anemias megaloblásticas (por deficiencia de vitamina B12) más graves y crónicas con las que me encontrado en pacientes anoréxicas proceden de este grupo.

Al margen del vegetarianismo existen otras condiciones para llegar a estados de desnutrición o carenciales. El primero son las aversiones alimentarias más frecuentes entre los jóvenes y el segundo es la perdida de apetito ligada a un trastorno orgánico como sucede entre los ancianos que pierden simultáneamente el olfato y el gusto, una condición que es observable en la enfermedad de Alzheimer. Los seres humanos son el único animal que presenta aversiones especificas y deseos o preferencias alimentarias, con la excepción de las ratas que también presentan aversiones alimentarias sobre todo neofobias, es decir una precaución innata hacia lo nuevo. Los seres humanos – animales de costumbres y pitiáticos (imitativos)- presentan numerosas aversiones alimentarias, neofobias y estereotipias que en ocasiones pueden llevar inopinadamente a restricciones de alimentos que tienen como consecuencia déficits vitamínícos, minerales o de principios activos determinados. He conocido estereotipias extremas, pacientes que sólo consumen hidratos de carbono, un caso que sólo se alimentaba de aceitunas y tomate con queso y un enorme grupo de personas que nunca prueban la fruta, la verdura, el pescado, la leche o los huevos o que desconocen el sabor de determinados alimentos a los que incluyen en listados de aversivos. Aunque un grupo concreto de alimentos es prescindible y puede ser sustituido por otros, las estereotipias extremas que he visto en ciertos casos de vegetarianismo o “alimentación natural” constituyen grupos de riesgo, tan o más frecuentes que las que llegan a ser anoréxicas por motivos clásicos, la búsqueda de atractivo sexual vinculada a la delgadez.

He de decir a continuación que las mujeres – aunque resisten mejor la inanición- son más vulnerables que los hombres a los desequilibrios energéticos relacionados con la ausencia de determinados nutrientes y disbalances en la temperatura de los alimentos, no sólo en lo que refiere a trastornos alimentarios sino también a desordenes menstruales, incluyendo la dismenorrea, el síndrome premenstrual y la menstruación irregular, disfunciones que tiene correlatos mentales muy importantes, en forma de disforia y ansiedad y que se encuentran en prácticamente todas las anoréxicas. La amenorrea de la anoréxica no debe ser forzada hormonalmente bajo ninguna circunstancia, un organismo debilitado debe contener los dispendios de hierro (Fe) que ahorra precisamente con la supresión de la menstruación.

Por el contrario, los hombres son más vulnerables que las mujeres a los excesos sexuales incluyendo la masturbación. Es francamente cómico que en ningún tratado de medicina actual se haga referencia a la perdida de energía consecutiva a la masturbación excesiva. Probablemente este olvido se deba a un mecanismo de péndulo, en el sentido de que hemos pasado de considerar a la masturbación como algo pecaminoso y vinculado a la ceguera, con algo que no se nombra ni siquiera de pasada en ningún manual dedicado a la anorexia masculina, es como si los médicos hubiéramos escotomizado el hecho de que la masturbación (junto con el uso de drogas) es probablemente en los adolescentes masculinos uno de los mecanismo de entrada más frecuentes en cualquier disfunción energética incluyendo la anorexia mental. El Qi que se pierde en la masturbación a través de la eyaculación es necesaria en esta edad para contener el Fuego del corazón, uno de los mecanismos energéticos que la medicina china atribuye a las disfunciones de todos los sistemas y que termina por afectar al órgano más débil.

Las mujeres y los hombres son vulnerables también al exceso de ejercicio y probablemente los hombres son más vulnerables a dejar de hacer ejercicio, sobre todo cuando se pierde entrenamiento y se retoma el deporte en un contexto de estrés y excesos sexuales. El vinculo entre hiperactividad, dieta y anorexia está ya admitido e incluso correlacionado con la obsesividad, la razón es la misma que ponerse a dieta: el deporte está diseñado para la salud, es incluso necesario para mantenerla pero hacer deporte para perder peso, ser más atractivo o contener el hambre no es una buena motivación, porque nos hará ir a través de la previa intelectualización más allá de las propias fuerzas. El mecanismo por el que pensamos demasiado y nos hacemos incluso adictos al deporte es el mismo por el que pensamos en la comida y hacemos dieta: a través de la inhibición de una señal biológica, el hambre o el cansancio. El ser humano puede ir más allá del cansancio a través de su motivación y esta motivación puede incluir desde la superación personal hasta el deseo de perder peso, en mi opinión el deporte que no se hace por motivos higiénicos o médicos, y mucho más si es un deporte que se practica a solas se convierte rápidamente en una obsesión cuyo resultado es el desequilibrio del sistema tierra, tanto más si actúa sinérgicamente con los demás factores algo que está ya suficientemente demostrado.

CAUSAS PSICOLóGICAS DE LA ANOREXIA MENTAL: LA FUNCIÓN DÉMETER.

Es verdad que existen constelaciones causales de orden psicológico en la anorexia mental, algo que por razones de su ubicación nosológica ha sido más estudiado que en el resto de las enfermedades psicosomáticas, este algo debe entenderse como una ventaja que tiene la anorexia por haber sido considerada una enfermedad mental. De entre ellas la más significativa es la relación entre la madre y la hija y a ella voy a referirme ahora desde el punto de vista de la medicina china y su integración en nuestro modelo occidental.

La relación entre una madre y su hijo es de entre todos los vínculos humanos el más intenso, profundo, duradero y también – por el contrario- el más potencialmente dañino de entre ellos cuando existe una perturbación del mismo. Un vinculo se define por el apego es decir el grado de adhesión o “pegamento” que se encuentra presente en los finísimos hilos invisibles que unen a unas personas con otras y que cualitativamente hablando se manifiesta bien en un defecto (privación) o bien en un exceso (toxicidad). La función de los vínculos – sin embargo- no es permanecer sino transformarse. Desde un vinculo madre-hijo, el apego suficiente que se da entre una madre sana (lo suficientemente buena) y un hijo sano (sin deficiencias innatas del Qi) va a derivar en una expansión de vínculos – una tarea antientrópica que se hace por disipación hasta la muerte del individuo. Lo paradójico del vinculo entre madre e hijo es que su función es expandirse o dicho desde el punto de vista de la díada madre-hijo, desaparecer, aun manteniendo lazos sutiles y flexibles. La función de estos lazos es permitir que el hijo se socialice a través de la expansión de estos mismos vínculos inevitablemente a través de transformaciones del apego original que deberá sustraerse de las figuras de referencia. Según la medicina tradicional china las energías Tierra son las que construyen los vínculos y las energías Metal las que los transforman y expanden. Las energías Fuego son las que los dirigen hacia objetivos, mientras las energías Madera son las responsables de resguardar la integridad del individuo. Por fin, de las energías Agua (Qi del riñón) emerge la fuerza, o la intensidad del vinculo.

No existe anorexia sin una forma u otra de perturbación del vinculo, bien de forma primaria o secundaria a la enfermedad consuntiva. Casi todas las anoréxicas que he examinado tenían rasgos de dependencia (excesivos vínculos originales sin transformar bien a partir de una toxicidad o bien a partir de una privación) o evitativos (excesivo miedo a transformar los vínculos sin la seguridad de ser aceptada incondicionalmente) y en casi todas las madres que he tenido ocasión de observar he encontrado fuertes sentimientos de afectación y culpabilidad por la enfermedad de la hija. Algo que no es extraño porque la anorexia pone en tela de juicio la función materna, es decir la calidad de los cuidados alimentarios dispensados por la madre.

La razón de esta afectación de la díada y la persistencia de estos rasgos de personalidad en la hija es la deficiente cualidad de los vínculos entre la madre y la hija, algo que la paciente resuelve reforzando los vínculos con la madre en lugar de arriesgarse (energías madera) a romperlos como podríamos suponer en una relación presidida por la ambivalencia. A veces, incluso, algunas pacientes identificadas con una madre suficiente narcisista llegan a situaciones de compromiso que más bien parecen operaciones de ingeniería vincular, pasan el día discutiendo, peleando o compitiendo con sus madres sin llegar a un “impasse” o tregua que permita a ambas descansar de sus funciones vinculares.

Este tipo de constelación no puede darse en cualquier tipo de díada madre-hija, es necesaria una relación especial, una relación que tiene que ver con aspectos femeninos profundos y que usualmente es inaccesible al padre y por tanto al Logos. Este tipo de relaciones que excluyen a los hombres y que resultan impenetrables para los varones, incluyendo a los terapeutas remiten al mito de Démeter- Persefone.

Démeter era la diosa griega de la agricultura, la diosa de los cereales y el pan, es decir una función desagregada de la madre- tierra. Perséfone era su hija, que tiene dos aspectos: uno de ellos es el aspecto Koré (la doncella) y otro es la diosa del infierno, casada con Hades (Plutón) por quien fue raptada y violada. El vinculo entre Démeter y Perséfone es un vinculo victimizado por los hombres (en este caso por Hades), pero persistente y que se encuentra más allá del varón. La pena y la cólera de Démeter por la perdida de Persefone es un paradigma mítico de la pena y cólera de las madres que asisten al espectáculo del crecimiento y maduración de sus hijas y observan con horror como estas cada día las necesitan menos y expanden sus intereses hacia otras personas dejándolas de lado solas con su función Démeter activada e irrelevante, por no hablar del espectáculo de duelo eterno que puede alcanzar a una Démeter que efectivamente pierde a su hija por una repentina muerte.

Los griegos adoraban a ambas diosas y su culto conjunto y misterios iniciáticos han sido motivo de estudios y especulación, lo cierto es que el culto en Eleusis estaba destinado a descifrar el misterio de Démeter y Persefone, algo en que participaban miles de personas que buscaban ser iniciados en el secreto de las diosas a fin de obtener bienaventuranzas en la vida y perder el miedo a la muerte, a través precisamente de la redención periódica que se obtiene de la renovación de los vínculos.

Sin entrar en la mecánica del culto a Eleusis para lo que dirijo al lector a la bibliografia especializada (2), todo parece indicar que los ritos iniciáticos de las diosas estaban destinados a exorcizar los fantasmas recurrentes de las mujeres, la vejez de la madre que encuentra en la belleza de su hija un testigo viviente de su decrepitud y la inevitable cercanía de la muerte donde Perséfone servirá de guía debido precisamente a su matrimonio forzado con Hades. Las diosas representan la díada madre-hija y sus conflictos continuos de rivalidad, miedo al abandono, muerte y resurrección en cada expansión del vinculo y su relación con las estaciones y las hambrunas. Por ultimo la necesaria ruptura del vinculo por fuerza mayor. Con todo, el mito de Démeter y Persefone en su acepción psicológica principal me parece que remite a la pena de la madre por la perdida de su hija, una perdida (la perdida de la Koré, es decir de la doncella que hay en Perséfone) que la encoleriza de tal modo que amenaza con secar toda la tierra si Perséfone no le es devuelta. Al final y mediante la mediación de Zeus, logra que Perséfone vuelva al mundo de los vivos al menos durante tres partes del año, razón por la cual, la tierra permanece estéril durante el invierno.

Todo parece indicar que los griegos disponían de rituales destinados a dramatizar el estado de perdida de la doncellez y el duelo consecutivo, algo que está vinculado a la función Démeter, protectora de las cosechas, y que representa junto a su hija una dualidad, una dualidad de la que están excluidos los hombres, algo que nos es familiar a los que tratamos con anoréxicas. Efectivamente, gran parte de nuestra muestra de pacientes presenta una configuración similar de la díada Demeter-Persefone. De los 23 casos nombrados, 6 eran padres divorciados, en 12 casos el padre era periférico, declaraba no entender nada de la enfermedad de su hija, se mostraba hostil o era un alcohólico (2 casos de los 12). En los otros 5 casos restantes no se logró establecer ninguna correlación que permitiera interpretar que el padre estaba ausente o era desplazado de la relación madre-hija. Concretamente en un caso existía la evidencia de que el padre realizaba las funciones Démeter debido a una enfermedad mental de la madre o a un trastorno de personalidad grave sin filiar.

Se ha escrito mucho acerca de la constelación familiar de las anoréxicas para lo que remito al lector a la obra de Selvini-Palazzoli citada en la bibliografía, donde la celebre escuela de Milán hace un repaso del estado actual de la investigación sobre el tema. Mi opinión sobre este asunto es que el error consiste en tomar la anorexia como si fuera una entidad viva. El frecuente error de la ciencia actual consiste precisamente en estudiar enfermedades y no enfermos y desde esa teorización generalizar sus hallazgos, usualmente esta generalización nos lleva de bruces a un callejón sin salida. Probablemente no existe ninguna configuración psicológica, familiar o psicobiológica común entre las anoréxicas y que sea patognomónica de las mismas. Todo lo que he dicho en este articulo podría ser igualmente relacionado con cualquier otra patología, porque lo importante no es la patología sino el terreno en que esta se presenta y la reactividad individual. Personalmente me encuentro más cerca de pensar que las enfermedades que afectan a una misma persona son más parecidas entre si que las enfermedades que tienen un mismo nombre y que afectan a distintas personas.

Por ejemplo, el mito Demeter-Persefone lo podemos encontrar en la anorexia y en otro tipo de constelaciones distintas, incluso sin la presencia de sintomatología psiquiátrica de por medio y por supuesto no todas las anoréxicas representan una personificación del mito, buscar algo así sería presumir que las entidades morbosas son especies botánicas y aunque gran parte del pensamiento occidental se asienta sobre esta suposición, cada vez más se acumulan evidencias de que no son sino constructos teóricos alrededor de los cuales cuaja la sintomatología sobre todo la mental en busca de sentido cultural. Esta es una de las razones por las que los trastornos alimentarios están creciendo en todo el mundo opulento: nuestra conceptualización se comporta como un atractor alrededor del cual se dan cita múltiples malestares del ser humano, usualmente malestares relacionados con la emancipación entre padres e hijos, una tarea llena de riesgos y donde -paradójicamente- se estimula cada vez más la independencia de los jóvenes a la vez que crece la distancia entre la pubertad y la posibilidad fáctica de emancipación completa.

Sin embargo, no siempre la anorexia remite a una relación del tipo Demeter-Perséfone. Mi opinión es que a veces lo que nos encontramos es a una hija rechazada por un padre descalificador, sociópata o paternalista que no duda en fomentar en su hija el perfil Perséfone de docilidad, dependencia y extraversión que los hombres sienten como más apropiados con el rol femenino ahogando así las expectativas razonables de sus hijas que terminan por sentirse confusas, esperando que algo suceda, que alguien las rescate de si mismas (o las rapte como Hades) asistiendo pasivamente a su inmolación en la pira paterna. Una niña va a tener muchas dificultades de expansión si el padre no apoya sus expectativas en la vida, pero la tentación de instalarse en una función Perséfone va a ser demasiado fuerte de por vida si esta niña no logra desenterrar (sus energías metal) de sus energías Tierra, algo que la medicina china ha descrito como “metal enterrado”, que supone una incompetencia del metal para expandir los vínculos de las energías Tierra y que se traduce en síntomas como ansiedad de separación en los niños, pero también por dificultades para identificarse con los iguales a través de relaciones significativas, donde también la madera tiene alguna función a través del equilibrio entre preservación y asertividad.

El perfeccionismo es también para la medicina china responsabilidad del Metal, se trata de una insuficiencia o un exceso de las energías metálicas que como ya he dicho se ocupan de transformar los vínculos. Desde el punto de vista dinámico una niña alrededor de la pubertad tiene que poner a prueba simultáneamente habilidades diversas como la capacidad de seducción comparativa, es decir discriminar qué capacidad de seducción posee comparándose con sus iguales, al mismo tiempo tiene que ser competente en sus rendimientos mientras trata de restablecer continuamente sus vínculos con sus padres que pueden suponer una seria amenaza para sus deseos de emancipación, una tarea que debe compatibilizar con su autoestima o autoconcepto (funciones de la madera) en un momento en que la eclosión hormonal pone a prueba su adaptación al duelo de la Koré. Si a ello unimos los modelos femeninos que se encuentran en crisis debido a razones sociales entenderemos que la tarea de nuestras adolescentes es demasiado heroica y que muchas veces se salda con una enfermedad.

Un padre descalificador obstruye los espontáneos vínculos que surgen de la niña hacia los hombres cuyo género el padre representa. Esta niña no podrá desplegar toda su abundancia de hilos vinculares hacia las figuras masculinas y volverá su mirada hacia la madre. Si la madre es lo suficientemente madura hallará en ella la necesaria fuerza para apoyarse en busca de ese despliegue pero si la madre es una Démeter despechada, victimizada o depresiva no logrará el suficiente impulso ni la suficiente complicidad para escapar de la simbiosis original con la madre y quedará apresada en ella como el Metal en la Tierra.

CONSTELACIONES PSICO-FISICAS EN LA ANOREXIA SEGÚN LA MEDICINA TRADICIONAL CHINA.

De entre las emociones que pueden estar presentes en las pacientes anoréxicas me referiré en primer lugar a la pena inexpresada. Es interesante perfilar los distintos matices que para la medicina occidental se resumen en una palabra: depresión. La depresión como diagnóstico operativo no es usual en la anorexia por una razón fundamental: la anorexia no es una situación clínica de derrota sino de autoafirmación. En este sentido la anorexia es una condición clínica que favorece el autoconcepto y puede comportarse como un antidepresivo al favorecer la restitución. Es usual que se enfatice sobre el estado de ánimo de las anoréxicas y se las catalogue como despiertas, vivaces y laboriosas, aspectos que nada tienen que ver con la depresión tal y como la conocemos en la tradición clínica.

Sin embargo, la condición “pena inexpresada” no prejuzga una depresión clínica y probablemente es el desencadenante más frecuente en la anorexia mental restrictiva. Se trata de una pena que no ha llegado a ser ni formulada ni verbalizada y que frecuentemente tiene que ver con el desengaño sentimental o el divorcio de los padres, el antecedente más frecuente entre los precipitantes de una anorexia mental.

El divorcio de los padres, es de entre todos, el más común de los antecedentes que se han relacionado con la eclosión de un trastorno alimentario y lo es porque divide la lealtad de la niña en una edad en que ni siquiera es capaz de intelectualizarlo adecuadamente. Una niña sometida a este dilema responderá de un modo distinto al que sucede cuando se pierde un padre. En cualquier caso se trata de un accidente menor y que dependiendo de la edad se simbolizará de un modo más o menos adecuado, teniendo en cuenta también el traumatismo familiar que supongan la perdida o el divorcio. El divorcio es también una pérdida pero una pérdida menor por así decir desde el punto de vista simbólico, mientras que la muerte de un progenitor será seguida de un periodo de duelo destinado a restituir la perdida (cuando sucede a una edad suficiente), la perdida de un progenitor en el divorcio supone de hecho una alineación con una de las partes contendientes en el proceso. Usualmente la niña se alienará con la madre y romperá los vínculos con el padre imitando el propio proceso de la madre, mucho mas si el divorcio viene precedido de una fuerte trama jurídica y de confrontaciones, usualmente económicas. Esta alineación supone de hecho una inexpresión de la pena derivada de la pérdida por un lado y de “la traición” por otro al cónyuge perdedor de la reyerta.

Esta pena se instala además de forma crónica y permite la suficiente adaptación para que no se transforme en un episodio depresivo a diferencia de lo que sucede con las penas súbitas consecutivas a accidentes en los que se pierde un progenitor de forma inesperada. El resultado morboso de esta instalación crónica es un estado de angustia muy similar al miedo crónico mezclado con preocupación y que conocemos con el nombre de culpabilidad. En esta situación las energías del riñón, que son las que nutren el SNC sufren un enorme menoscabo, en realidad una profunda sequedad si utilizamos la terminología china que se caracteriza por la imposibilidad de llorar por la pérdida. Esta sequedad, en realidad una energía Yang o Fuego va a dar como resultado después de sucesivas combinaciones derivadas de la fragilidad o vulnerabilidad fisiológicas a distintos cuadros sintomáticos, donde el agotamiento de las energías Agua es el común denominador y que solemos observar en forma de disfunciones tiroideas.

Los venenos emocionales no afectan irremediablemente a un elemento sino usualmente a aquel más vulnerable, una vulnerabilidad que además tiene que ver con la edad. En la adolescencia es común que se entremezclen varias circunstancias que deriven en trastornos energéticos del sistema Tierra y que este sea el más afectado. He nombrado las dietas irregulares, el exceso de ejercicio, la preocupación cultural por la delgadez y la búsqueda de excelencia por parte de las muchachas más competitivas y eficaces a los que hay que sumar las carencias o excesos constitucionales. El estómago que digiere y transforma los alimentos, el páncreas responsable de las energías que tienen que ver con la transformación de la glucosa y el bazo que es un órgano que hace ascender la energía para nutrir el SNC se ven implicados primariamente a la vez que secundariamente afectan las energías del riñón ya de por si menoscabadas quizá a consecuencia de la pena u otra emoción derivada. Hay que recordar que la Tierra controla el Agua, lo que debe entenderse clínicamente de la siguiente manera: pequeños estímulos excitan y grandes estímulos deprimen. Significa que un exceso de energías Tierra puede inhibir las energías Agua. Hay que recordar también que las energías Fuego son las que nutren las energías Tierra, lo que nos da una clave terapéutica para reforzar el sistema Tierra

Otras energías comprometidas son las energías de la madera que pueden verse afectadas a través de la ira suprimida que puede estar involucrada como factor coadyudante y que pueden traducirse en una elevación de las transaminasas sin hepatitis detectable. También las energías fuego que son las que “expresan” la perdida a través del habla. La alexitimia de las anoréxicas es bien conocida y traduce la incompetencia de las energías Fuego para restituirse a través de la expresión verbal, algo que se persigue en toda logoterapia y que es inútil esperar en el tratamiento de una anoréxica.

Las energías Tierra que son las que se ocupan de construir vínculos y de trazar limites entre los objetos de apego y son las que se hallan mayormente comprometidas tal y como he podido explicar en el articulo a pesar de que como el lector ya habrá adivinado el modelo chino es circular (ver figura).

Tanto el sistema digestivo como los venenos mentales dependientes del sistema Tierra se encuentran comprometidos por un exceso de reflexión que se traduce clínicamente en obsesividad, confusión o una excesiva docilidad que representan insuficiencias o excesos Yin o Yang de las energías Tierra.

A veces no es la pena inexpresada la responsable del desequilibrio del sistema sino el desengaño. El desengaño es una forma menor de pena que erosiona la fe y por tanto el Qi del riñón, una puerta de entrada que comparte con la pena, aunque en cada persona dependiendo de su estilo cognitivo el precipitante psicológico operará de un modo bien distinto en función de su idiosincrasia reactiva es decir de sus vulnerabilidades constitucionales que teñirán el acabado del sentimiento haciéndolo caer del lado de su percepción más o menos sesgada. Así por ejemplo la ira tiene muchos matices según intervenga el Metal (ira fría, venganza) el Fuego (ira furiosa) el Agua (ira con temblor y miedo) o la Tierra (ira con llanto).

El metal por fin, transformador de los vínculos está relacionado con el perfeccionismo compulsivo, tan común entre las anoréxicas restrictivas y que va a expresarse en enfermedades broncopulmonares, desde el asma hasta la TBC y del colón (colón espástico) patología comórbida con la anorexia mental. La dependencia como rasgo de carácter responde a un constructo chino especial “el metal enterrado en la Tierra” es decir la incompetencia del metal para transformar los vínculos más allá de los seguros vínculos familiares, algo también que responde a nuestra conceptualización occidental acerca de la anorexia. El perfeccionismo compulsivo es una medida restitutiva de aseguramiento del amor por parte de los progenitores, una solución muy común entre las pacientes restrictivas mientras que en otras más histéricas optan por asegurarse sobre todo la aprobación. Otras más desorganizadas como las limites pugnan por mantener sus objetos internos a salvo de la confusión del discontrol de su propio Qi dando lugar a fenómenos oscilantes entre devaluación, excesivo apego e idealización, algo que procede de la confusión entre lo que está dentro y lo que está afuera.

CONSECUENCIAS PARA EL TRATAMIENTO

De todas estas consideraciones derivadas de la aplicación del modelo chino de enfermedad se desprenden algunas consecuencias importantes para el tratamiento de las pacientes anoréxicas y en general de los desordenes alimentarios.

En primer lugar hay que señalar que en la medicina actual y también en la psiquiatría damos muy poca importancia a los factores nutritivos que proceden de la intervención médica. En mi opinión toda terapia debe asentarse en una profunda consideración de los aspectos nutritivos y no me refiero tan sólo desde el punto de vista físico sino sobre todo emocional. La herramienta más potente de que disponemos para el tratamiento de una anorexia restrictiva es la hospitalización y sin embargo nos limitamos a usarla solo en casos desesperados. Mi experiencia es que la hospitalización, es decir el encuadre en un lugar cerrado, contenedor, de presencia de 24 horas al día, con tutela de las ingestas y excreciones en un ambiente comprensivo y firme resuelve gran parte de la patologías alimentarias, al menos en sus periodos más comprometidos. La anorexia mental es una enfermedad crónica y como tal debe abordarse en un programa que contemple todas las variedades asistenciales y que se prolongue en el tiempo todo lo necesario para cubrir las necesidades de nuestras pacientes que en cualquier momento pueden volver a recaer, una posibilidad que siempre hay que tener en cuenta, no importa el tiempo transcurrido.

Los médicos y con menos razón los psiquiatras están persuadidos de que las necesidades de nutrición de los pacientes son infantiles y casi siempre debidas a sus tendencias manipuladoras, una idea que procede de Freud y el psicoanálisis que enfatizaron sobre todo en el insight. Quiere decir que Freud suponía de un modo erróneo que después de saber ” el por qué de las cosas” el individuo iba a curarse poniendo en marcha sus capacidades restitutivas hacia la salud. Esto que es verdad en aquellas personas dotadas de una cierta comprensión del hecho mental y que además tienen una buena expresión verbal es una mentira en el resto de los pacientes. Las anoréxicas no se beneficiarán casi nunca de una terapia de insight, pero son muy sensibles a las terapias nutritivas, al apoyo y a la firmeza tanto del médico como del equipo responsable de su tratamiento.

Es cierto que las personas pueden ir más allá de lo razonable y poner en peligro su vida o su Ego llevando un síntoma hacia el esperpento y haciéndolo además voluntariamente, “como si” quisieran suicidarse. Sin embargo no existe contradicción: la anoréxica podría dejarse morir de inanición y no porque quiera suicidarse sino porque no sabe cuidar de si misma, su insuficiencia procede de no haber interiorizado la función materna (la función Démeter). No se trata de una maniobra de manipulación, se trata de una llamada de atención acerca de una carencia, una incapacidad que puede restituirse sólo con la presencia de un médico y de un equipo, la naturaleza por si misma no puede hacer sola el trabajo, precisa de una energía complementaria.

Este defecto de interiorización se ha relacionado con la dualidad Demeter-Perséfone y procede precisamente de no haberse identificado suficientemente con lo que la madre tiene en exceso o en defecto – cuidados maternales-. Estos excesos (o defectos) de la madre pueden llegar a ser extremadamente sutiles y en mi opinión se caracterizan frecuentemente por un calor frío e impersonal cuando no invasivo más que por una “maldad intrínseca” o una “perversión del instinto materno”, tal y como acostumbran a conceptualizar los psicoanalistas. Es probable que estos “excesos ” de cuidados maternales por parte de la madre – que no hay que confundir con la sobreprotección que trata de preservar a la niña de daños -, estén relacionados con la invasión de determinados espacios de subjetividad que son para un adolescente equivalentes a la territorialidad que ejercen los adultos en sus maniobras para alcanzar poder o competencia. En este sentido la dualidad Démeter-Perséfone puede ser “un conflicto de intereses” entre la madre y la hija que desde la dualidad de los opuestos – en este caso incompatibles- ejercen fricción la una contra la otra generando sufrimiento por ambas partes: la madre puede sentir que la alimentación de su hija es competencia suya y la hija puede sentir que los autocuidados son un derecho suyo. Ambas tienen razón pero se encuentran compitiendo en el mismo terreno de juego, el cuerpo de la hija. ¿La solución?: que Démeter cuide de si misma y que Perséfone aprenda a hacerlo después de que entienda que la madre ya no estará más para suplir esa u otras carencias.

El médico debe aportar pues dos energías complementarias, una que se llama maternaje y otra que tiene que ver con la separación (desenterrar el metal de la Tierra), ambas son las mejores medicinas para una anoréxica mental y que supone además – en la práctica- la separación de su vinculo primitivo con la madre original. Maternaje no sólo significa alimentación como suponía Freud, sino sobre todo contacto y que paradójicamente implica la separación de la madre, algo necesario para que además de contacto el paciente quede intacto. Y contacto es algo ligado a la predictibilidad, a las sincronías y también si es necesario a la restricciones y además debe tratarse de un contacto imperfecto aquel que deja un espacio a la subjetividad. Este es el contacto que deja intacta a la personalidad intacta y el que necesitan las muchachas afectadas de anorexia mental. Contacto es cariño, charla, compañía, ternura e información personalizada. Con- tacto significa andarse con cuidado en no invadir el espacio emocional de la muchacha y respetar la sintomatología de la paciente habiéndose librado previamente de la mitología que subyace en las concepciones actuales acerca de esta enfermedad; pacientes que son vistas con mucha frecuencia como manipuladoras, malcriadas e histéricas, un mito que hay que combatir casi constantemente con uno mismo y con el personal de enfermeria.

CONCLUSIONES

La anorexia mental restrictiva nos ofrece un modelo de enfermedad psicosomática clásica. De ella conocemos más y mejor los mecanismos mentales que intervienen y cronifican el hecho somático de la inanición por su encuadre psiquiátrico. Aunque la medicina psicosomática carece de un modelo explicativo para los mecanismos fisiopatológicos que gobiernan las transformaciones entre lo mental y lo somático, la medicina china de un modo empírico elaboró un modelo tradicional que nos permite a los médicos occidentales contemplar el hecho de enfermar de una manera holística a poco que hagamos el esfuerzo de cambiar una jerga por otra.

La medicina china es una medicina psicosomática y sistémica que parece trabajar con “agencias” que se interponen unas con otras influyéndose entre si y proporcionando un modelo que puede resultarnos provechoso para comprender que una enfermedad catalogada como mental puede tener su origen en disfunciones energéticas que proceden del sistema digestivo y como determinadas emociones pueden a su vez influir sobre el sistema Tierra y el SNC, primera barrera de defensa del organismo vivo y el sistema más vulnerable por su enorme dependencia del resto del sistema (básicamente de la sangre) para sobrevivir.

En este sentido se ha conceptualizado a la anorexia mental como una enfermedad del sistema energético Tierra que incluye vísceras huecas Yang (estómago) y vísceras compactas Yin (páncreas y bazo). Las enfermedades o perturbaciones energéticas – no psiquiátricas- que afecten este sistema pueden conducir a una anorexia mental del mismo modo en que es posible ingresar en ella desde una perturbación mental (un veneno emocional) que afecte al sistema Tierra y que en la medicina china se conoce con el nombre de exceso de reflexión, también se han examinado otros tipos de ingreso a partir de la pena inexpresada y el desengaño, se ha señalado el divorcio de los padres como el acontecimiento traumático más frecuentemente relacionado con la anorexia mental.

La consideración de medicina energética ni excluye ni presupone lesiones estructurales o funcionales en un sistema determinado. Energía tiene la consideración de “trabajo” algo que va más allá de la estructura y la función y que se transmite a través de la sangre, el sistema que comunica todo con el todo y donde navegan desde mediadores químicos hasta nutrientes y hormonas. En este sentido la anorexia mental podría considerarse como un equivalente energético de la diabetes tipo 1, y la bulimia de la diabetes tipo 2, enfermedades paradigmáticas del páncreas, función Tierra en el nivel de disfunción estructural y que se encuentran relacionadas evolutivamente con la disposición de alimentos y la adaptación del sapiens a las hambrunas.

Si esta analogía resultara cierta podría explicar la resistencia de las pacientes a engordar o adelgazar en una y otra patología, hay que recordar en este momento que la insulina es una hormona anabolizante que se utilizó hace tiempo como medicamento de engorde en casos de desnutrición con buenos resultados aunque hoy en día ya no se use debido a sus riesgos. Sin embargo en la bulimia (diabetes tipo 2 like) el aporte de insulina sería irrelevante porque en este caso se habría desarrollado una resistencia tisular a la hormona que la haría ineficaz. La participación del estomago podría explicar los vómitos como mecanismo restitutivo, la hipotonia y por ende el estreñimiento del tubo digestivo secundario. El bazo, un órgano que en medicina china está conceptualizado como portador de una energia (Qi) ascendente sería el responsable junto a la sangre de la transformación de las disfunciones del sistema Tierra en obsesividad, exceso de preocupación o perfeccionismo.

De esta consideración se desprenden consecuencias preventivas, conceptuales y terapéuticas que pueden abrir una brecha en nuestra medicina dual y en nuestra comprensión del ser humano como una totalidad. Mejorar la funcionalidad del sistema Tierra y sus elementos relacionados, mediante dietas adecuadas, suficientes y completas, hierbas, acupuntura, homeopatía u homeotoxicología pueden ser en el futuro el tratamiento de elección de la anorexia mental, junto con la obligatoriedad médica de mantener como objetivo la adquisición de un peso adecuado con la constitución y liberarse del exceso de preocupación y del estrés. Al mismo tiempo, esta consideración nos permite rechazar las psicoterapias de insight cuando sirven de pretexto para mantener el statu quo, que casi siempre en este tipo de pacientes es el bajo peso, por el efecto perpetuador que la inanición tiene en el sistema nervioso central.

Este articulo es original de Francisco Traver y fue publicado en psiquiatria.com en este enlace.

07
mar
08

La construcción social del narcisismo

Aquellos que ya leyeron el ultimo post estarán persuadidos de que el narcisismo tal y como Freud lo intuyó es una especie de situación transitoria de una mente humana en evolución. Pero esto no es más que una hipótesis intrapsíquica, un constructo teórico que nos ayuda a entender los sucesivos pasos que van desde una “tabula rasa” que se supone que es el cerebro del recién nacido hasta el cerebro de un hombre adulto y sano. Pero no tenemos pruebas de que el narcisismo sea algo más que un mito explicativo sobre la formación en sucesivos pasos de la mente humana, tampoco está del todo aceptado que sea una organización pulsional, lo que si estamos seguros de saber es que eso que llamamos mente es un espejo de eso otro que llamamos medio ambiente y que el cerebro solo puede guardar copia de aquello para lo que el cerebro humano está diseñado por la evolución para guardar. Al mismo tiempo tambien sabemos que la “tabula rasa” es también un mito en desuso, nuestro cerebro no es un ente pasivo que se limita a procesar la información que le llega de fuera y a plantear respuestas sino que es un ente autopoyético: es capaz de genrar respuestas en ausencia de estimulos, por ejemplo somos capaces de soñar que volamos sin tener ninguna experiencia en vuelo.

De manera que si el cerebro humano es capaz de distorsionar la autoimagen corporal, es capaz de dejar de comer o es capaz de alucinar es necesario que exista un soporte neurobiológico que lo haga posible. No estamos aun en condiciones de identificar cuales son las estructuras o circuitos cerebrales involucrados en ese tipo de distorsiones perceptivas, cognitivas y conductuales pero lo que si sabemos y nos es posible estudiar es la influencia del medio ambiente en que vivimos en el cerebro individual y además: tambien nos es posible definir las mutaciones ambientales que hemos de soportar en nuestro entorno desde la revolución industrial hacia aqui y aunque seamos incapaces de darnos cuenta de sus efectos podemos intuir que determinadas enfermedades mentales sino todas guardan una extraña relación con el modelo del mundo en que viven los enfermos que las padecen.

En este post me propongo pues analizar los cambios sociales que a mi parecer más influyen en la patoplastia de las enfermedades mentales, sobre todo de cara a lo que hemos llamado desordenes narcisistas, bien definidos por Lipovetsky en su obra “La era del vacío“como estrategias individuales relacionadas con el vacío, en oposición con las estrategias anteriores que le precedieron y que pivotaron alrededor de la prohibición sexual, el autoritarismo y la explotación del capital sobre el trabajo asalariado.

Es necesario recordar ahora que el sufrimiento mental siempre ha ido enroscado a la transgresión, a la prohibición o a la disidencia. Decir narcisismo es nombrar la caducidad de todas las oportunidades de discrepar de algo puesto que ya no hay nada sobre lo que discrepar, pero es tambien abandonar a los sujetos a su propia suerte, fiándolo todo a sus recursos mentales, algo que ya pronosticó Freud en “El malestar en la cultura“.

Estos han sido los cambios que hemos vivido en los ultimos 50 años aproximadamente:

  • Sobrevaloración del cuerpo, indefinición de sus limites, facilitación de la exhibición del cuerpo en perfomance, desaparición de los tabúes sobre el desnudo, el adulterio o la sexualidad exótica.
  • Sobrecarga ideológica y publicitaria sobre las dietas, logros deportivos y hazañas corporales de todo tipo.
  • Sobreestimación del “darse cuenta”, de la autoobservación, del insight y del autoconocimiento, culto a la asertividad, la autonomia y a la autoestima. Cuanto más se hipertrofian estos valores mayor cantidad de gente sufre por sus opuestos: incapacidad para ser autónomos, pobreza del autoconcepto o incapacidades personales para afirmarse.
  • Culto al individualismo radical y a la autonomia e independencia con respecto a las figuras ancestralmente protectoras. Paradójicamente los hijos son incapaces de independizarse de sus padres, los enfermos de sus médicos, las esposas o maridos de sus cónyuges, todo pareciera señalar que la prescripción social en sí misma genera el fracaso en acercarse al ideal que propugna.
  • Reedición de cultos espirituales sin Dios, desvinculados del precepto o la moral con sentido colectivo. Invención de una moral individual que no acepta otra condición sino el propio juicio moral sobre las conductas. El kantianismo del imperativo categórico ha muerto definitivamente y nos hemos instalado en un relativismo moral que tiene su correspondencia en la tolerancia individual hacia la transgresión ajena, una pseudotolerancia que oculta el desinterés por el prójimo.
  • Reificación de la economia no productiva y virtual: inversiones en bolsa, encarecimiento ad infinitum del suelo urbanizable, abaratamiento de las materias primas en origen, desprecio por el talento empresarial productivo, abominación del trabajo bien hecho e instalación en una economia globalizada y volátil y que alarga hasta el paroxismo la deuda contraida con bancos y entidades de crédito, una deuda que se renegocia constantemente y cuyos excedentes no sirven más que para seguir endeudándose.
  • El viaje y trasiego continuo de personas en perpetuo movimiento viene a ocultar otro drama individual de nuestro tiempo: el escaso sentido de pertenencia. La gente no viaja por interés etnografico sino para encontrarse a si mismo, pues solo en el viaje es posible encontrar una identidad fugitiva. Tránsitos rapidos y acelerados de personas que sestean en impersonales aeropuertos y esperan horas para trasladarse a un lugar seguramente exótico en un ejercicio de paciencia infinita mientras son tratados como ganado consumidor de duty frees. Viajar es para algunos la única forma de estar en alguna parte puesto que los individuos han sido despojados de sus señas de identidad. El abaratamiento del viaje es una forma de asegurar su inconsistencia y la liquidez de las relaciones que en otro momento llamamos “echar raices”, establecerse o implantarse.
  • Despolitización, desmovilización ciudadana, vecinal, laboral y estudiantil e indiferencia absoluta frente a lo público. Lo privado le ha ganado la batalla a la res publica y ha tomado el relevo al ágora, al mismo tiempo lo público ha llegado a penetrar con cámaras, luces y taquígrafos sobre el espacio privado levantando acta de todas nuestras atrocidades y convirtiéndolas en espectáculo: el morbo por lo real ha sustituido al interés por las causas comunes y los individuos se refugian cada vez más en esos cotos privados que llamamos hogares precisamente en el momento en que los hogares han dejado de existir para convertirse en lugares de paso o simples dormitorios.
  • La vida se ha transformado en una playa de vacaciones donde el consumidor despliega un menú de recomendaciones y elige su opción como en un restaurante. Todos tienen su opción y esperan además que el estado del bienestar la satisfaga, no importa lo bizarra que resulte su opción pues está persuadido de todas las opciones son derechos inalienables y legitimos del sujeto. La desacralización de lo sexual y la imposición del orgasmo como reclamo sanitario han multiplicado y legitimado todas las opciones de goce diseminando sexualidades inéditas y fugitivas antes condenadas a los manuales de psiquiatria.
  • El sistema educativo es el campo de experimentación de toda esa variedad de simulacros impulsados por los modernos y desestimados por los postmodernos: el fracaso y sobre todo el desinterés de los escolares por el saber presiden las actitudes de burn out de un sistema que no puede redimirse a si mismo y que tampoco puede ser redimido por los estudiantes que parecen haberse recluido en un nihilismo apático o antisocial como única medida de integración en un mundo desolado. El pasado y el futuro ya no interesan a nadie: vivimos en un aqui y ahora sin sentido y además sin ninguna esperanza de modificación precisamente por el deterioro d elo público.
  • Los héroes trágicos como Edipo han sido sustituidos por héroes de comic o por heroinas glotonas o pornográficas. El pecado y la culpa han sido barridos por decreto del horizonte social: todo está permitido y ningún tabú es hoy acatado, la angustia aparece por tanto ante el vacio frente a la transgresión y el vacio se instala como precursor de las drogadicciones, los trastornos de identidad, los trastornos alimentarios y la impulsividad. Al desaparecer las prohibiciones ancestrales que pivotaron sobre lo sexual los humanos han quedado incrustados en el vacio de su cuerpo y en el sin sentido de una vida sin historicidad.
  • El predominio y hegemonía de la imágen omnipresente sobre las ideas impone tambien el predominio del espectáculo sobre la reflexión, de la improvisación sobre el debate. La politica ha sido capturada por el lobby todopoderoso de la comunicación y es hoy su principal cliente: la patética dependencia de los políticos de los medios es tal que los espectadores terminan por desconfiar tanto de los políticos como de los medios sobre todo de la televisión, esa empresa de imágenes que los politicos tanto desean pues es su ultima oportunidad de supervivencia, al fin y al cabo siempre gana aquel que mejor imagen vende en televisión, dicho de otro modo, el simulacro ha impuesto una nueva lógica sobre nuestras vidas y nuestros destinos politicos son forjados por productores de programas mediáticos. La desconfianza en ellos refuerza a su vez el individualismo nihilista que retroalimenta el sistema haciéndolo más fuerte e invulnerable, hasta las instituciones democráticas han sido erosionadas por esta desconfianza de los ciudadanos y sólo el cinismo, la mentira o la falacia parece resultar algo subversivos o convincentes.
  • La apatía social, la desidia, el desinterés y la falta de compromiso son los principales cánceres colectivos de nuestro tiempo, no sólo porque expanden y replican como clones o celulas cancerosas o de seres iguales fieles a un modelo “politicamente correcto” sino por aquello que ocultan y enmudecen: la indignación, la rebeldia, el inconformismo, la creatividad, el talento, el honor, el trabajo productivo, la lealtad, la fidelidad y el compromiso por cualquier valor o proyecto restan puntos en esa carrera desenfrenada hacia una caida libre en la propia “mismidad” en que se han convertido nuestras opulentas vidas.
  • Las soluciones no parecen contener los problemas, una de las dificultades que tenemos los gestores del sufrimiento ajeno procede del hecho de que incrementar los recursos, mejorar las redes asistenciales. inventariar los males o invertir en programas sociales no resuelve ningún problema sino que los empeora, cuanto más se intenta poner remedio a un problema tanto más parece hacerse insoluble, las antiguas soluciones rebotan en una pared que parece devolvernos todas las pelotas en nuestro propio trasero, como si se reflejaran en un espejo autista, peor si intervienen además los medios de comunicación. Las soluciones se convierten en nuevos problemas que generan contrariedades no inventariadas aún y los politicos inventan pseudosoluciones que disfrazadas de engaños “cuelan” durante un cierto tiempo hasta que son desveladas de nuevo y confrontadas por sus propios votantes, pero para entonces el problema ha envejecido y ya ha sido desplazado por otro nuevo.
  • Las relaciones humanas han sido vapuleadas por una demanda doble: autenticidad y reciprocidad que en realidad está ocultando la caducidad a plazo fijo de toda relación: algo que se experimenta como efímero u ocasional debido en parte a la plétora de oportunidades. El sujeto en cada elección siente que se está perdiendo algo en otro lugar y ha quedado enjaulado en la sensación de que su deseo -cualquier deseo- puede ser satisfecho en otra parte a pesar de que cada vez se encuentra más alienado con respecto a cual es en realidad su deseo “auténtico”.
  • La legitimación y autorización administrativa de todos los goces ha hecho más daño en una generación que la prohibición sexual en toda la historia de la humanidad, al liberar todas las oportunidades de goce cada vez hay mas personas que se preguntan sobre él y que prueban más y más variaciones sobre el mismo instalándose al final en cualquier parafilia no filiada aun por la psiquiatría. Las elecciones sexuales, profesionales, vitales, laborales o de pareja llevan al sujeto a una encrucijada que se manifiesta en una debilidad estructural: una falta de voluntad o debilidad del yo, una erosión de la fe en si mismo que tienen muchas secuelas particulares y subjetivas, sobre todo la inconsistencia y la difusión de la identidad.

Si contemplamos este cuadro de Remedios Varó titulado “Locomoción capilar” nos daremos cuenta de la dificultad de levitar apoyándose solo en las barbas, las mujeres además tienen un problema añadido, al carecer de barba deben quedar suspendidas en las barbas ajenas. Remedios Varó nos da una visión surrealista de este dificil equilibrio donde la perdedora es la mujer.

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Decia Nietzsche que cualquier sentido era mejor que carecer de él, pero Nietzsche se equivocaba al menos en su predicción: es posible vivir en el sin sentido.
¿Hay alguien que aún puede dudar de las razones que han propiciado y facilitado la emergencia de las llamadas “nuevas enfermedades mentales”?

05
mar
08

El narcisismo en la anorexia

minigaleria-389-karen_oxman_galeria.jpgTal y como adelanté en el último post a propósito de la filiación psicopatológica de los trastornos del esquema corporal la psicopatología de los trastornos alimentarios excede en complejidad a las enfermedades mentales clásicas y a pesar de que estas enfermedades no son nuevas, lo cierto es que es imposible negar que algo debe existir en la manera de vivir, en la manera de pensar o no pensar, en las creencias compartidas por nuestros contemporáneos opulentos y en los cambios psicológicos que han inducido estas mutaciones ambientales a las que me referí más abajo para explicar y entender la casuística de este tipo de enfermedades que se han convertido en nuestro entorno en las enfermedades más prevalentes entre los adolescentes, me refiero a la anorexia y la bulimia juntas.

El hecho de que estas enfermedades se conozcan desde la antiguedad no contradice la idea de que estamos frente a un problema epidemiológico nuevo ligado al hiperconsumo, la presión mediática, el imperio de la imagen y la hipertrofia de la corporalidad. Personalmente me inclino a pensar -como explicación a la emergencia de casos aislados en la antigüedad- que la anorexia mental probablemente representa un fenotipo latente ligado al sexo, quiero decir que tal y como adelantó Laségue que las mujeres tienen una enorme resistencia a la inanición lo que explicaría el predominio de esta enfermedad en el sexo femenino al margen de otras consideraciones psicológicas.

Pero es imposible entender nada de la anorexia sin abordar el problema del narcisismo.

Todo el mundo sabe quien fue Narciso, y todo el mundo conoce al menos fragmentariamente el mito ligado a su nombre y que es inseparable del mito de la ninfa Eco, pero en este post no voy a volver sobre el mito y voy a esforzarme en hacer entender el concepto freudiano de narcisismo.

Para Freud el narcisismo no es una enfermedad sino una posición libidinal, es decir una etapa del desarrollo psicosexual. Casi todos los autores actuales están de acuerdo en que el proceso de maduración en el niño pasa por tres etapas fundamentales, una fase autística (o autoerótica según Freud) donde el niño depende absolutamente de los aportes exteriores para su supervvencia, durante esta etapa el niño carece de Yo y tiene un sistema perceptivo embrionario, no reconoce a su madre aunque es capaz de reconocer las sensaciones de su cuerpo y sus necesidades al menos en el sentido de placer-displacer.

La siguiente fase es la fase narcisista: en ella el niño ya ha logrado entender que la madre existe separadamente de él sin embargo aun no sabe que la madre tiene necesidades propias y le adjudica (proyecta en ella) sus propias necesidades, durante esta fase el niño no existe afectivamente separado de la madre en tanto que aun no ha sido capaz de establecer un objeto externo e independiente a sí mismo, la madre es percibida como una prolongación de su propio cuerpo y de sus propios estados emocionales.

La ultima fase de maduración psicobiológica es la fase de objeto, en ella el niño ya ha aprendido a reconocer los estados internos de la madre como alguien separado de él y por tanto es capaz tambien de diversificar las fuentes de gratificación de su propia madre, es la época en la que los niños se socializan y pasan a establecer relaciones objetales con sus iguales.

Este resumen, no exhaustivo y sobre todo corto y comprensible quiere hacer entender que el narcisismo no es un rasgo de personalidad en si mismo -aunque también existe esta acepción- sino una constelación o paquete de información sobre la relación que un sujeto determinado mantiene con sus objetos, es decir con su projimo entendiendo que lo contrario de objeto es el propio sujeto, lo que quiere decir que lo contrario a un objeto externo es el propio cuerpo. En este sentido decir narcisista es equivalente a señalar a una persona preocupada por lo suyo, desinteresada en los demás, interesada en sus propias necesidades, pero tambien es necesario hacer ahora una aclaración.

Si el narcisismo no es un rasgo de personalidad sino una fase o etapa de la maduración, la supervivencia de esta estructura en un ser humano adulto significa que durante su evolución aparecieron factores que desestabilizaron la tendencia natural de los seres humanos que filogenéticamente tienden a recorrer las tres etapas sucesivamente si las cosas andan bien. Sin embargo estas etapas sólo pueden ser resueltas de manera ideal por los humanos, significa que todas las personas que llamamos normales presentamos decisiones, conductas o cogniciones donde prevalecen las elecciones narcisistas sobre los objetales, todos en este sentido tendemos a un cierto egoísmo sobre todo cuando se trata de salvaguardar nuestros genes, nuestra vida, o nuestros intereses, eso es normal y adaptativo.

Aqui se introduce pues una primera distinción, hay un narcisismo que es guardián de la vida, que es benigno por asi decir y que solemos identificar con la autoestima y no me voy a volver a referir a él sino para señalar que el narcisimo en cualquier caso por ser una etapa del desarrollo deja rastros en nuestra memoria y que estos rastros se pueden rescatar a través del recuerdo o a través de ciertas decisiones o conductas. Esto explica algo muy importante: no es necesario ser patologicamente narcisista para en determinadas situaciones “regresar” a un estado de cosas donde ignoremos a los objetos incluso a los amados. Un ejemplo de lo que acabo de decir es el “sálvese quien pueda” en una situación de accidente o peligro.

Quedar instalado en el narcisismo tiene muchos peligros y hay que pagar un peaje costoso para poder sufragar sus gastos. No se trata en cualquier caso d euna decisión ventajosa: la realidad con sus continuas querencias nos pone en nuestro sitio constantemente. Significa que una personalidad narcisista deberá crear una serie de irrealidades a su alrededor si quiere mantener su concepto del mundo intacto, grandioso e hipertrófico en cuanto a su propia valía a poco que las contrariedades vayan acumulándose.

Estas irrealidades que crea el narcisista patológico incluyen sobre todo el manejo de determinados mecanismos de defensa para poder eludir la angustia. Se trata de mecanismos de defensa de bajo nivel, no tan elaborados como la represión, la formación reactiva o la sublimación, sino otros como el aislamiento, la transformación en lo contrario y la regresión.

Naturalmente la regresión que observamos en la anorexia no es una regresión puntual y adaptativa sino quee s muy parecida a la que aparece en las neurosis obsesivas o TOCs. Se trata de un mecanismo casi obligado de un viaje al narcisimo idílico que permanece en nuestra memoria como un opción cuando las cosas se ponen feas, a esa infancia donde creimos ser dioses cuando aún no nos encontrábamos del todo separados de nuestra madre y nuestros deseos omnipotentemente podian ser satisfechos con sólo enunciarlos. Las anoréxicas en cambio no saben que ese viaje hacia atrás regresivo en busca de un estadío “donde fuimos dioses” es un viaje con peajes complementarios. Para empezar implica la aparición de pulsiones bien distintas a las pulsiones de las personas que andamos instalados en un estadío objetal: se trata de pulsiones parciales, destructivas, anales en la jerga de Freud, pero que podemos traducir como pulsiones muy primitivas y poco diferenciadas. Naturalmente la persona que está sometida -debido a su regresión- a este tipo de compañeros de viaje pulsionales tiene que defenderse y lo va a hacer sobre todo con “contrainvestimentos” caracteriales, del tipo de la “transformación en su contrario”, asi invertirá toda su vida pulsional a fin de hacerla irreconocible transformando la agresión en amor o el amor en agresión. El resultado es la entrada en una rigidez o inflexibilidad caracterológica que hace que la anoréxica instalada en esta versión obsesiva de la anorexia mental aparezca como perfeccionista, autoexigente, disciplinada e irreductible en sus convicciones que casi siempre incluyen una distorsión de su esquema corporal, asi como ideas irracionales sobre la alimentación, la ganancia de peso y la convicción de no estar enferma.

¿Pero de qué necesita defenderse la anoréxica, por qué construye un sistema tan rigido de defensa y sobre todo tan poco adaptativo?

La defensa empleada siempre es proporcional a la pulsión que se pretende “defender”, no es lo mismo luchar contra una pulsión sexual prohibida que contra una pulsión regresiva, por ejemplo contra la pulsión incorporativa que pretende a través de la comida restituir parte de lo que no se recibió en atención o interés. Creo que las anoréxicas -al menos las más obsesivas de entre ellas- son personas que han aprendido que la comida es un equivalente pulsional de intercambio entre sujetos y objetos y pretenden a través de la glotonería en proporcionarse el afecto que les faltó, en un momento determinado aprendieron que esta glotonería las convertía en individuos descontrolados y dependientes por lo que desistieron y decidieron enfrentarse al impulso poniendo limites ascéticos al mismo. Aprendieron después que la dieta y el ayuno aumentaba su sentimiento de autoeficacia y de control del medio ambiente y sucumbieron por tanto a la enfermedad al asegurarse este refuerzo cognitivo, para mantener esa decisión hace falta una enorme inversión de recursos psicológicos individuales, en forma de defensas obsesivas y de conductas restrictivas con la comida.

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La compulsión y la impulsividad son pues mecanismos opuestos que se parecen mucho lo que explica que existan casos de mutaciones desde al anorexia a la bulimia y al contrario, asi como formas evolutivas mixtas.

Después de hablar del narcisismo ya estamos en condiciones de entender parte de la psicopatología que presentan las pacientes anoréxicas y de adelantar algo sobre el trastorno del esquema corporal del que hablé en el post anterior.

Evidentemente el trastorno del esquema corporal de las anoréxicas es un tipo de distorsión perceptivo-cognitiva que procede de su regresión al estadío narcisista del desarrollo, del mismo modo que gran parte de sus defensas resumen la expresión de un modo de defensa acoplado a las pulsiones de esa fase.

En este sentido el esquema corporal de las anoréxicas haría referencia a una corporalidad distorsionada por la propia regresión narcisista, de ninguna manera habría un trastorno psicótico de la representación del cuerpo sino una sobrevaloración corporal de carácter psicológico sin representación orgánica o lesional.

Narcisismo -en esta lectura- es igual a cuerpo. A un cuerpo sin terminar, a un cuerpo sin defragmentar como en esta imagen-escultura de Bellmer. Narcisismo es sinónimo de vacío, pues todo cuerpo está vacío si se excluye de la mirada del otro.
bellmer1.jpg

La pregunta que sigue es ésta:

¿A qué se debe entonces que existan tantos casos de regresion narcisista?

Será en el proximo post.

03
mar
08

El esquema corporal en la anorexia

En el post titulado, “Los misterios de la anorexia mental” adelanté algunos misterios que rodean la clinica de nuestras anoréxicas actuales, alli nombré algunos de los misterios psicopatológicos que hacen de esta enfermedad un paradigma distinto a las enfermedades mentales clásicas, adelanté que:

  • La anorexia mental es una enfermedad donde lo obsesivo, lo adictivo y lo fóbico formaban una curiosa combinación a pesar de que la anorexia mental no es una fobia, ni una obsesión-compulsión, ni una adicción.
  • Propuse un circuito para explicar en términos de autoeficacia percibida el bucle dieta-adelgazamiento-autoeficacia-superación del miedo a la obesidad.
  • Señalé determinados factores sociales como “el culto a la delgadez” como determinantes en la etiología de la enfermedad, algo que expliqué en el post “Memes y alelos” proponiendo la forma en que determinados memes se expandían y transmitían de persona a persona.
  • Y por ultimo señalé la arbitrariedad con la que los humanos construimos enlaces entre estímulos y respuestas condicionadas o incondicionadas asi como la dificultad para extinguir conductas que expresan los automatismos aprendidos sobre todo aquellos que se hallan impregnados por determinados memes como sucede hoy con el meme “la delgadez es preferible” y la manera en que un entorno de opulencia mantiene y favorece este tipo de creencias en la población general.

Sin embargo faltan aun muchos pasos por explicar y en este post me propongo iluminar otro misterio: el misterio del esquema corporal en la anorexia.

Definimos el esquema corporal como la representación mental que tenemos de nuestro propio cuerpo. En realidad nuestro cerebro está continuamente cartografiando nuestro cuerpo en un camino continuo de ida y vuelta desde el tálamo -nuestro filtro perceptivo- y a través de receptores periféricos especializados en la temperatura, el dolor o la vibración distribuidos a lo largo de la piel, las articulaciones, tendones y vísceras. Además nuestro oido interno a través del laberinto nos informa continuamente de nuestra posición en el espacio miemtras el cerebelo coordina toda esta información. Una información que nos hace “saber” en todo momento donde está nuestro cuerpo, qué dimensiones tiene y de forma automática conocer si cabemos por una abertura o por una puerta, se trata en todo momento de un conocimiento procedimental que no es consciente y está diseñado precisamente para ser automático, para no pensar en él.

Sin embargo este tipo de procedimientos automáticos tienen poco que ver con lo que entendemos como “esquema corporal”, más bien parece referirse a las rutinas motoras que activamos cuando nos movemos por el espacio y que al mismo tiempo y a través de la interocepción nos informa de nuestro intracuerpo, tenemos noticia de nuestras manos y de nuestros pies, de nuestros tendones y de nuestras visceras, sabemos que tenemos un cuerpo y sentimos que tenemos un cuerpo sobre todo cuando algo nos duele. De hecho definimos a la salud como la mudez del cuerpo, es decir cuando ese continuo chequeo que realiza nuestro cerebro se realiza sin novedad.

Pero hay otro cuerpo distinto al intracuerpo. Se trata de algo bastante sutil si lo comparamos con una radiografia o con la disección de un músculo. Decimos que es una representación mental cargada de afectos, en algun lugar le he llamado hipercuerpo pero para entendernos podemos llamarle extracuerpo, es decir la representación mental del cuerpo en acción en el mundo, de nuestro cuerpo en perfomance, de nuestro cuerpo como relación con el otro. Del cuerpo como Dasein (estar ahi) . O dicho de otra forma: de nuestro cuerpo como vivencia, como memoria.

Uno de los enigmas que plantean las anoréxicas es si el trastorno del esquema corporal que algunas de ellas presentan, es un trastorno perceptivo o un trastorno cognitivo. Ninguna de las dos soluciones parece adaptarse bien a esa curiosa forma de enfermedad donde sólo parece afectarse la vivencia del cuerpo propio en una forma que podriamos llamar fenomenológicamente macropsia autoreferencial, manteniendo el juicio de la realidad en el escrutinio del cuerpo o los tamaños ajenos. En las anoréxicas que presentan un trastorno del esquema corporal sólo el juicio acerca del propio cuerpo parece estar afectado, algo asombroso si lo comparamos con los trastornos perceptivos clásicos donde el juicio de la realidad aparece distorsionado en varias áreas y no solo en el autoconcepto.

Este trastorno del esquema corporal no encaja en nuestra conceptualización de lo que es una alucinación, o una pareidolia como esta conocida sobre el papa Juan Pablo II.:

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O un espejismo, esa sensación de que una superficie liquida inexistente está reflejando un objeto lejano en el horizonte.

espejismo.jpg

Tampoco es una ilusión visual como esta, el engaño que nuestros cerebro al procesar una determinada información nos procura ¿paralelas o curvilineas?.

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Ninguno de estos ejemplos coincide con la experiencia corporal de las anoréxicas y de hecho no hay consenso entre los autores que lo han estudiado, asi Hilde Bruch, la autora descriptora de este trastorno en las anoréxicas lo atribuyó a un trastorno psicótico, una especie de idea delirante enquistada en la autoimagen mientras que otros autores lo han considerado un fenómeno de transición entre las neurosis y las psicosis, una idea sobrevalorada sobre la corporalidad, un juicio erróneo sobre el valor del cuerpo en relación con el mundo y que comparte con el delirio la vivencia de certeza.

¿Entonces qué clase de trastorno presentan estas enfermas si no coincide con ninguna de nuestras conceptualizaciones acerca de la psicopatología de la percepción?¿Se trata realmente de una patologia de la percepción?¿O es más bien una idea delirante, bizarra o exagerada?

Todo parece indicar que es un trastorno a medio camino entre lo percibido y lo pensado: una ilusión eidética. El trastorno del esquema corporal de las anoréxicas tendría más que ver con la vivencia o la experiencia corporal más que en un trastorno primario de tipo perceptivo o cognitivo aunque el término eidético de hecho los engloba a ambos.

Lo que nos lleva a otra pregunta ¿Qué es la experiencia corporal?¿Qué es el cuerpo vivido?

Cuerpo y corporalidad no son la misma cosa como tampoco son la misma cosa el ser y el Yo. Desde Heidegger contemplamos la idea de que el ser tiene que ver con dos dimensiones que nada tiene que ver con la experiencia subjetiva: una de estas dimensiones es el tiempo y la otra es el espacio, borde externo o relación objetal del Yo con el mundo y a través del mundo en donde el Yo se despliega. Ninguna psicologia termina de ser una psicologia humana sin ser a su vez una psicologia histórica, en función del tiempo, dinámica, mutable y mudable y que contemple además la función objetal como experiencia primordial de lo humano.

Nadie puede existir para si mismo o en función de si mismo, de sus gustos o valores, todos estamos “siendo” bajo la mirada de un otro. El ser es ser para otro.

Es precisamente esto lo que se encuentra averiado en la anorexia y tambien en la dismorfofobia : la mirada, ese punto de encuentro etre el intracuerpo, el Yo y el mundo, todo pareciera haber sufrido un repliegue autistico hacia dentro, así y solo así toma relieve la declaración que hacen muchas de estas enfermas: “Yo lo que quiero es estar bien conmigo misma”, donde puede adivinarse la posición de objeto que ocupa la paciente y como en lugar de sujeto no hay nadie, solo una imagen idealizada de un cuerpo imposible que ya se perdió en la infancia: la ninfa Eco.

Es lo que los psicoanalistas conocen con el nombre de narcisismo, de lo que hablaremos en el próximo post.

28
feb
08

Memes y alelos

Un alelo es un rasgo que puede estar en estado potencial o en estado de expresión. Todo alelo tiene un alelo competidor que no se manifiesta pero que permanece oculto: tarde o temprano en las sucesivas generaciones el alelo oculto se manifestará. Gracias a Mendel sabemos bien la mecanica de estos sucesivos pases generacionales de alelos concretos: rugosos versus alisados, guisantes, claro.

Es lo que sucede con la herencia genética, lo que Dawkins sugiere es que la cultura se trasmite de la misma forma y por eso inventó la palabra “meme” y una disciplina: la memética que se ocupa de averiguar cómo se trasmiten esos memes de cerebro a cerebro.

Un meme es como un alelo, algo que vive en una especie de limbo cultural, en esa frontera entre el cuerpo y el mundo, alli donde las ideas cohabitan en una especie de magma primordial y que en adelante y para entendernos llamaremos “sopa cultural”.

La delgadez es un alelo que en nuestra actual época goza de simpatias, adhesiones y prestigio, sin embargo esto no ha sido siempre asi, y en otro momento histórico sucedió lo contrario, el alelo “obesidad” fue un signo de distinción y salud. Significa que no existen alelos dominantes -como sucede en los genes- sino que el hecho de que hoy predomine el alelo delgadez es absolutamente arbitrario. No es que la delgadez sea dominante sobre la obesidad, es que hoy la delgadez tiene mejor prensa que la gordura, pero la delgadez sería inconcebible sin la gordura.

De manera que cuando hablamos de memes, hemos de contemplar los dos alelos a la vez, y en vez de alelos ahora les llamaremos “valores”, todo valor lleva siempre incrustado un antivalor, por eso esos dos valores opuestos forman junto con el entorno que les rodea un “complejo”.

El meme del que estamos hablando es pues un complejo que lleva el alelo (valor) de la delgadez adosado al alelo (antivalor) de la obesidad envueltos en un papel de celofán que conocemos como opulencia. Sin opulencia o precariedad no seria posible entender el predominio o hegemonía de ningún valor sobre otro que pasará a ser un antivalor. Ahora ya sabemos que la dominancia del alelo “delgadez” está ocasionado por el entorno opulento que es la sociedad en la que vivimos, me estoy refiriendo al entorno alimentario.

En un entorno de opulencia alimentaria la delgadez es signo de control y sobriedad mientras que en un entorno de precariedad la delgadez sería signo de enfermedad o de falta de recursos. La delgadez sumada a su entorno opulencia da como resultado una etiqueta de eficacia, un plus de valor sobre un sujeto cualquiera, un plus de competencia. Cualquier persona de nuestro entorno que comience una dieta sabe que adelgazar irá inevitablemente unido a una sensación de éxito, eso que llamamos autoeficacia y que expliqué más abajo como un circulo vicioso en el que se inscriben las patologías alimentarias.

Este meme o complejo que conocemos con el nombre de delgadez a secas y que viene a decir “la delgadez es deseable o atractiva” sólo se activará en presencia de un entorno de opulencia pero nunca en un entorno de hambrunas: en este caso podría suceder lo contrario y el alelo “la obesidad es síntoma de buena salud” podria activarse. Dicho de otro modo: los alelos permanecen desactivados hasta que en un momento determinado son activados por un disruptor, en este caso la opulencia alimentaria, solo entonces el alelo “delgadez” será dominante sobre el alelo “obesidad” que pasará a ser recesivo.

Es importante saber que los memalelos recesivos coexisten con los alelos dominantes en tiempo y forma, de la misma forma que en una generación concreta hay sujetos con ojos azules y ojos pardos. Quiero decir que los valores y antivalores son coetáneos, una sociedad que venera la delgadez tendrá muchos casos de obesidades mórbidas y un grupo importante de personas que estarán a dieta con el correspondiente sufrimiento relacionado con el hecho de no poder llevarla a cabo. La autoeficacia de los unos y la ineficacia de los otros generarán conductas bizarras con respecto a la comida, asi unos no podrán dejar de hacer dietas mientras que otros no podrán parar de comer.

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Cuando esto sucede podemos afirmar que este complejo ha tomado el mando en las conductas individuales, sucedió durante años con la sexualidad y ahora sucede con la comida: el sufrimiento individual se enrosca en este tipo de memes (alimentación, autonomia, familia, trabajo, etc) y se articula y organiza en torno a ellos debido a que el modo en que los memes se relacionan con los seres humanos individuales es a través de las creencias. Cuando la sexualidad estuvo prohibida por leyes eclesiasticas, civiles y usos sociales suedió algo muy parecido: hubo quien no podia dejar de fornicar, masturbarse compulsivamente o bien apuntarse a toda clase de sexualidades o habitos periféricos indeseables (perversiones). Por el contrario habia quien mortificado por sus demandas sexuales se alejaba de toda relación con el sexo o quien optaba por la castidad, el disimulo o la doble moral. La sexualidad dejó de ser un complejo memético de forma paulatina y su desactivación sucedió a partir de la secularización y el control gestacional por parte de las mujeres, se levantó asi un tabú ancestral y el meme-complejo de la sexualidad se desactivó, hoy es posible afirmar que casi ya no existe sufrimiento enroscado a la prohibición-transgresión de la sexualidad puesto que la sexualidad ya no está prohibida sin embargo siguen habiendo problemas entre los sexos que proceden más bien de los memes de la autonomia-dependencia.

Para que un meme-complejo tenga efectos sobre las mentes individuales es necesario que exista una creencia compartida por un grupo social determinado. No es necesario siquiera que el individuo concreto crea en él, basta con que se trate de una creencia compartida: ese tipo de creencias que se dan por sabidas y que por tanto se escapan de la posibilidad de autocrítica, uno no piensa en ellas, sencillamente se dan por cierto que estar delgado es deseable y atractivo, como antaño se daba por cierto que la actividad sexual era o bien pecaminosa o inmoral o bien sana y liberadora, ninguno de ambos juicios era cierto, se trata de falacias intelectuales. La libertad sexual no ha hecho al hombre más feliz ni lo ha hecho más pecaminoso o inmoral. Simplemente carece de ese tipo de efectos que durante mucho tiempo se le atribuyeron, no sin razón puesto que el complejo memético se encontraba activado.

Y este es otro de los componentes importantes de un meme: se acata aun siendo una falacia. Se acata -sin crítica- precisamente porque es una falacia. El éxito de trasmision de un meme está precisamente en que es compartido ampliamente por el grupo que el meme va a parasitar, el éxito de su replicación y el éxito de su longevidad está precisamente en ser una falacia dificilmente detectable y que incluso a veces es legitimada y reforzada por ciertos discursos sociales, pongo como ejemplo las campañas que Sanidad lleva a cabo contra el tabaquismo, contra la obesidad o contra la violencia de género. Una falacia es la aplicación incorrecta de un principio válido y de ahi la dificultad de discriminar las falacias de las verdades, es verdad que el tabaco o la comida en exceso son perjudiciales para la salud, lo que es una falacia es creer que con propaganda institucional los individuos que están enjaulados en un sistema memético concreto vayan a dejar de tener hambre y van a ponerse a dieta comiendo como personas sensatas solo porque el Estado o los médicos bienintencionados nos lo recomienden.

Por fin me gustaria ahora hablar de un aspecto importante acerca de la relación entre hombres y memes. Dawkins echa mano de la metáfora del parásito que penetra en el cerebro individual y desde alli gobierna el proposito de los humanos pero yo creo que esta metáfora no es acertada. Lo pienso más bien como la influencia de la cultura -el todo compartido- en la mente invidual a través de la creenci, una creencia que el individuo no sabe que es una creencia de otro, y que en su alienación llega a atribuirsela a si mismo. Es importante este concepto porque tiene mucho que ver con el concepto de esquema corporal. ¿Donde está nuestro esquema corporal? ¿En el interior de nuestro cerebro?

No, no está en parte alguna pero para eso tendriamos que hablar de qué cosa es el Dasein, es decir que el ser para que sea tiene que “estar ahi”, tiene que estar en alguna parte: en relación con un otro. El hombre no es en sí mismo sino en función de otro, de la mirada del otro.

Será en el próximo post.

22
feb
08

Los misterios de la anorexia mental

modelopasarela.jpg

“El comer y el rascar todo es empezar”

Ch. Lasègue

La anorexia mental supone todo un desafío a nuestra concepción de la enfermedad mental por varias razones: la primera es de orden nosográfico. Efectivamente la anorexia mental en particular y los trastornos alimentarios en general ponen patas arriba determinados paradigmas de las clasificaciones psiquiátricas como el de orgánico-psicógeno y tambien el de neurosis-psicosis que han presidido nuestra conceptualización del sufrimiento mental desde el siglo XIX hasta aqui.

La anorexia mental no es una neurosis clásica ni tampoco una psicosis, tampoco es una enfermedad nueva aunque es más que evidente que los trastornos alimentarios en general son enfermedades donde lo cultural, lo psicológico, y lo biológico se anudan entre sí de una manera bastante distinta a lo que solían hacer las enfermedades mentales clásicas. Es evidente que los factores sociales desempeñan en esta enfermedad un papel importantisimo por estas razones:

  • Es una enfermedad de mujeres, en una proporción de 10/1.
  • Es una enfermedad que parece “contagiarse”, en la actualidad estamos asistiendo a una verdadera epidemia de casos sobre todo en la población en riesgo: los adolescentes.
  • Es una enfermedad que parece reclutar a un tipo de pacientes muy similar a las epidemias de histeria del siglo XIX, sin ser un trastorno histérico clásico. La anorexia no deja de ser una estrategia de coacción y de obtención de poder sobre el médico y sobre la familia.
  • Es una enfermedad ligada a determinadas creencias o entornos sociales como por ejemplo la demonización de la obesidad, el mundo de la imagen, el culto al cuerpo, la abundancia económica y bienes alimentarios y la hegemonia del individualismo, de la competencia y de los rendimientos. Curiosamente la anorexia mental es prevalente en aquellos lugares donde la obesidad es tambien prevalente.

Todo lo cual nos lleva a pensar que el culto a la delgadez como paradigma social pueda aprovechar determinadas vulnerabilidades en las adolescentes que no hubieran emergido de no darse determinadas circunstancias sociales y determinados cambios en los valores, costumbres y modos de relación.

Probablemente esta vulnerabilidad biológica de las adolescentes tenga relación con lo que Lasègue llamó “la mayor resistencia de la mujer a la inanición”, lo que explicaría en el plano biológico este sesgo sexual. En el plano psicológico la vulnerabilidad está relacionada con la adaptación a los cambios corporales e interpersonales del cambio puberal con una precocidad cada vez mayor debido a la opulencia alimentaria y a la sobreestimulación y por fin en el plano social es evidente que existe una presión enorme hacia las niñas púberes y adolescentes no solamente en cuestión de rendimientos sino tambien de exigencias sexuales y de atractivo cada vez más precoces.

El segundo misterio acerca de la anorexia mental es el etiológico: ¿cual es la causa de esta enfermedad?

Es evidente que no hay anorexia sin dieta restrictiva: sea cual sea la razón o motivos de entrada en esta conducta restrictiva todos los trastornos alimentarios comenzaron con una dieta hipocalórica: aquella que está por debajo de las necesidades nutricionales de un organismo concreto, usualmente iniciada con el propósito de adelgazar, aunque en otras ocasiones este propósito está ausente y en otras disimulado o negado.

Tambien resulta claro que las muchachas que se someten a estas dietas hipocalóricas suelen ser muchachas instaladas en los extremos de la maduración sexual: o bien son adelantadas con respecto a su grupo de edad o bien por el contrario presentan claras desventajas con respecto a sus iguales. Las chicas precozmente atractivas que desarrollan caracteres sexuales secundarios ostensibles con o sin sobrepeso y las chicas de baja talla o retrasos en la maduración sexual son frecuentes candidatas a padecer un trastorno alimentario. Lo que viene a señalar claramente que las razones para iniciar una dieta en este grupo de población está fuertemente influenciado por el atractivo sexual.

En este cuadro de Munch podemos observar a una adolescente frente al dilema de su cuerpo quizá ensangrentado por una primera regla. Nótese el ambiente melancólico y el aislamiento casi ontologico, aterrador de esta muchacha desnuda al borde de su cama.

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El siguiente misterio está relacionado con la elección de la comida como objeto fobógeno algo que parece poco coherente desde el punto de vista psicoevolutivo: efectivamente “lo temido” parece relacionarse con amenazas ancestrales: animales ponzoñosos, alimentos venenosos, depredadores, fenómenos de la naturaleza, lugares abiertos o cerrados, etc. Dicho de una manera más clara: determinados aprendizajes relacionados con el temor se encuentran facilitados en aquellas amenazas que se han comportado como tales en el registro filogenético de la humanidad: se trata pues de objetos fóbicos comunes para la especie humana de la que nuestro cerebro guarda algún tipo de memoria evolutiva, la comida en este sentido parece un mal candidato para constituirse en objeto fóbico.

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Es verdad que los seres humanos podemos asociar casi cualquier cosa con el temor, pero no cualquier objeto puede constituirse en fóbico, algunos estimulos tienen preferencia sobre otros y no hace falta más que pensar en la dificultad que tiene la población general el asociar el cigarrillo a la enfermedad. Por otra parte es muy dudoso que en la anorexia exista una fobia a la comida, más bien parece que la anoréxica tema las consecuencias de la misma según una particular manera de entender la alimentación: como si la consecuencia inevitable derivada del comer llevara al individuo a un engorde exponencial de crecimiento sin límite. En este sentido es posible defender la idea de que existe una creencia irracional con respecto a la manera en que ellas imaginan la ganancia de peso.

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Ubicación de la ínsula

El horror a la obesidad puede proceder de una idea irracional o sobrevalorada que tiene que ver con la perdida de control asociada a ella.

Por otra parte la comida y sus consecuencias aparece como algo repugnante más que temido lo que coloca a esta fobia a la obesidad frente a una encrucijada psicopatológica: ¿es un temor o una repugnancia?

Lo cierto es que la repugnancia y el asco (disgust) no son la misma cosa que el miedo, se trata de una emoción que aun siendo innata se encuentra poco estudiada si la comparamos con el miedo o la ira. Pero hoy sabemos algo sobre el asco que no sabiamos hace pocos años: que se computa en un lugar distinto a la amigdala -lugar donde procesamos los temores-, la repugnancia o el asco se computan en la ínsula, una pequeña estructura del sistema límbico que está más relacionada con los temores de contaminación de los obsesivos que en los temores de las fobias: desde el punto de vista neuroanatómico al menos existe una correspondencia con la fenomenología de la anorexia mental, es muy posible que lo que entendemos como fobia a la obesidad sea una repugnancia, disgusto o malestar destinado a evitar la glotoneria cuando la comida ha logrado asociarse a una respuesta de este tipo.

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Lo que es seguro es que una conducta de rechazo o evitación de la comida tiene como resultado un adelgazamiento y pérdida de peso que va acompañado de una sensación de autoeficacia. Nadie seguiría una dieta si al mismo tiempo esa restricción no se correspondiera con un cambio cerebral relacionado con la recompensa. En el plano biológico está demostrado que los cambios provocados por el ayuno son múltiples:

  • Un aumento de la obsesividad
  • Un aumento de la hiperactividad
  • Una mejoria del humor
  • Un aumento del control subjetivo (autoeficacia)

Lo que es lo mismo que decir que el ayuno es un potente antidepresivo, lo que explica que resulte tan adictivo y tan dificil de remover una vez se ha instalado el bucle anteriormente citado en el esquema.

El control-autoeficacia es un paradigma de enorme interés en la conceptualización de la psicopatología de los trastornos alimentarios porque explica el por qué una paciente se mantiene dentro de la conducta patológica, una vez ha entrado dentro del ciclo, pero no explica otros síntomas. Sigue sin tener contestación la pregunta siguiente ¿por qué la paciente que mantiene sus facultades cognitivas integras mantiene una conducta autodestructiva sin darse cuenta de que es perjudicial para ella?

El control-autoeficacia es la sensación que un individuo tiene de mantener las cosas bajo su dominio. Es la sensación que todos tenemos de que conduciendo un coche tenemos menos riesgo que yendo en avión a pesar de contradecir la verdad estadística de que es más fácil morirse de un accidente de trafico automovilistico que de accidente de aviación: aun sabiéndolo la gente tiene mas miedo al avión que a los coches. La razón de esta discrepancia es que el coche es conducido por mi y además se desliza por tierra: uno tiene la sensación de que controla la situación, una ilusión subjetiva para que nuestro cerebro nos lleve a engaño en cuanto a nuestras posibilidades de morir.

La anoréxica tiene motivos para creer en sí misma después de haber conseguido adelgazar, el hecho de que ya no pueda parar necesita desde luego otra explicación y que tiene que ver con la función de las compulsiones en general. Una compulsión es una conducta estereotipada que sirve para neutralizar los efectos imaginarios de una obsesión, pero hay otra acepción de la palabra compulsión -la que nos legó Freud-. La compulsión es sinónimo de repetición y la repetición es la base del aprendizaje y de la supervivencia. Repetimos -hacemos conducta- aquello que se encuentra en nuestra memoria procedimental y que no ha entrado a formar parte de un circuito cognitivo y que pertenece a una rutina de instrucciones elementales para la vida: repetimos aquello que aporta recompensas, sexo y comida sobre todo. De esta manera podemos entender que cualquier conducta repetitiva se asienta en este mecanismo aunque su función adaptativa se haya estropeado. Lo que se avería es pues la asociación pero nunca el mecanismo intrínseco de la repetición que está diseñado precisamente para repetir.

La anorexia repite su conducta restrictiva porque ha aprendido algo acerca de esa conducta: aumenta su sentimiento de autoeficacia y la aleja de sus temores respecto a la obesidad. Por eso la dieta es la dieta sin fin y se constituye en un bucle diabólico.

Asi y todo es dificil entender del todo esa incapacidad de parar a tiempo: algo que por cierto hacen algunas anoréxicas. ¿Por qué unas lo hacen y otras son incapaces de hacerlo?

En mi opinión son precisamente las anoréxicas con aspectos obsesivos las mas rigurosas con la dieta y las que tienen mas dificultades para parar su conducta restrictiva. Es muy probable que los rasgos de personalidad obsesivos -como el perfeccionismo- aumenten la vulnerabilidad a la anorexia mental o si acaso aumenten la facilitación a seguir en el bucle una vez dentro de él: sabemos que los obsesivos son enfermos que presentan un cierto retardo en mover ficha cuando son sometidos a una tarea donde tienen que parar después de haber aprendido a dar una respuesta de movimiento a una serie motora, lo que traduce una disfunción del eje cortical-talámico-estriado o lo que es lo mismo una dificultad para interrumpir un movimiento repetitivo motor automatizado en la memoria implicita del estriado.

Dicho de una manera más clara: los obsesivos tienen dificultades para inhibir una respuesta motora una vez la han iniciado, es decir tienen dificultades en frenar.

Pero todo y así la anorexia mental es un sindrome heterogéneo y demasiado complejo para tratar de explicarlo de una manera sencilla.Se plantea además otro misterio ¿Por qué las anoréxicas tienen una distorsion del esquema corporal? es decir ¿por qué se ven gordas a pesar de estar en los huesos?

Será en al proximo post.




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