Archivos para la Categoría 'biologia'

28
Oct
09

Ideas coemergentes y falsas creencias

Una falsa creencia puede definirse como una creencia que se apoya en algo no verificable. La definición que da la wiki está aqui:

La idea de falsa creencia fue acuñada por el psicólogo Albert Ellis, se basa en la teoría de que todos los seres humanos reciben a lo largo de su ontogenia (evolución de vida), información parcializada e indemostrable. Esto provoca reacciones emocionales inapropiadas o exageradas, que pueden mermar nuestro objetivo de sobrevivir primero y ser feliz en nuestra vida cotidiana.

Existen ciertas creencias falsas que están relacionadas con la teoria de la mente es decir en la convicción (o falta de convicción) de que el resto de seres humanos tienen un mente con planes, intenciones  y propósitos que pueden no coincidir con los nuestros. Me gustaria ponerles como ejemplo estas viñetas que se utilizan para explorar la falta de una teoria de la mente en los niños autistas.

tarea-de-primer-ordenTal y como puede observarse lo que sucede es que en una habitación hay un señor que deja unas gafas dentro de un cajón, posteriormente una señora cambia la ubicación de las gafas y las deja en otro lugar, luego el señor vuelve a la escena. La pregunta que se le hace al sujeto que se está explorando es la siguiente. ¿Donde buscará el señor sus gafas?

Si el entrevistado tiene una “teoria de la mente” dirá que las buscará alli donde las dejó, es decir en la mesa, pero si el sujeto explorado tiene un déficit de la teoria de la mente dirá que las buscará alli donde las escondió la señora. La razón es que este ultimo sujeto no sabe discriminar entre el pensamiento del señor y el suyo propio que ha contemplado toda la escena, confundirá las intenciones del sujeto con las suyas.

La falta o déficit de una teoria de la mente tiene como consecuencia la construcción de creencias falsas, pero no solo estas creencias pueden formarse por falta de una teoria de la mente sino que las más de las veces se construyen por mimetismo social, simplemente damos por buenas las definiciones que nos llegan de los medios, la politica, la television, la ciencia, la religión, la economía o de cualquier otra autoridad social. Podemos llegar a creer cualquier mentira siempre y cuando sea una mentira compartida por muchos.

En esta web hay un buen resumen del documental llamado “La trampa” de Adam Curtis que cuenta como las ideas en que se basan ciertas creencias falsas que sostenemos casi todos nosotros no surgen del vacío sino que se encadenan unas con otras y coemergen. Son por asi decir coetáneas: la teoria de los juegos y la disuasión nuclear, el materialismo individualista de nuestro tiempo, la invención de la psiquiatria computarizada y basada en cuestionarios y clasificaciones operativas tipo DSM, la teoría del gen egoísta, la corrupción financiera en alianza o no con la politica, la determinación genética de la conducta y la explosión del negocio de los psicofármacos y tambien la aparición de nuevas enfermedades no son debidas al azar sino consecuencia de sistemas de pensamiento que proceden de entender la libertad como un valor amputado en aras de la comodidad.

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Algunas falsedades.-

  • Es falso que seamos egoistas, materialistas e individualistas, si los somos es porque creemos serlo y porque creemos que esa es la mejor estrategia para sobrevivir.
  • Es falso que los genes planeen estrategias por sí mismos.
  • Es falso que los seres humanos seamos máquinas predecibles o nuestra mente un ordenador que procesa algoritmos. O nuestro cuerpo un simple transportadior de genes.
  • Es falso que exista una determinación genética del comportamiento humano para todos los casos.
  • Es falso que todo malestar o sentimiento incómodo pueda ser categorizado como una enfermedad a tratar.
  • Es falso que la psiquiatria quepa en un manual o en un cuestionario.
  • Es falso que la voluntad humana pueda ser categorizada o modelizada a través de números u operaciones matemáticas.
  • Es falso que la politica deba desertar en favor de la economia para favorecer el crecimiento y el progreso.
  • Es falso que la ciencia llegará un dia a resolver todos los problemas del hombre.

Es cierto que somos capces de construir creencias de todo tipo y que estamos sometidos constantemente a la tentación de tratar como verdades absolutas las más grandes falacias, sólo necesitamos un caldo de cultivo social que las sostenga y un experto bendecido por los medios que las promulgue.

02
Oct
09

Carl Sagan

Somos el medio para que el cosmos se conozca a si mismo.

Carl Sagan

Carl Sagan es un astrónomo que destacó sobre todo como divulgador cientifico y más aún como activista medio-ambiental, defensor del modelo de Gaia y también de la convicción de que existe vida extraterrestre.

Sin embargo Sagan es conocido por el público en general porque llevó a cabo un programa de televisión titulado “Cosmos: un viaje personal” de muchisimo éxito y rigor cientifico impulsando eso que hoy conocemos como divulgación cientifica de calidad y al alcance del público en general.

Lo cierto es que determinados hallazgos cientificos se encuentran bastante ocultos entre las montañas de información que se generan continuamente en nuestra cultura de la información y tambien existen algunas evidencias en torno a la idea de que la mayor cuota de información no se transforma linealmente en conocimiento consolidado sino en una especie de confusión de babel que afecta no solamente al público en general sino tambien a los propios cientificos.

Carl Sagan que estuvo a su vez casado con Lynn Margulis defiende con su ex-esposa posiciones muy parecidas en su manera filosófica de entender el mundo y la ciencia: ambos se oponen a las hipótesis neodarwinistas con la misma intensidad que se oponen a la religión y a las pseudociencias y defienden hipótesis cooperativas entre organismos como manera de entender la especiación (la emergencia de nuevas especies), uno de los puntos débiles de la selección natural y de los neodarwinistas que sostienen puntos de vista fuertemente basados en el gen como selector natural y a la mutación espontánea cómo paradigma de lo nuevo.

Vale la pena ver estos videos que he seleccionado para dar una visión global de la vida, obra cientifica, y militancia de Sagan en torno a la hipótesis de Gaia como selector natural y a la biosfera como un superorganismo que contiene todo lo vivo y lo inerte en un equilibrio que sólo amenaza con romperse a partir de la acciçon devastadora del hombre con sus recursos.

Para mi la idea fuerte tanto de Sagan como de su esposa Lynn Margulis es la convicción de que en la evolución hay un propósito. Suele decirse con bastante frivolidad que la evolución es un proceso selectivo ciego que carece de planes y de propósitos, sin embargo han sido muchos cientificos los que a continuación de aceptar esta idea -que parece descartar un plan divino- en la evolución suelen añadir que a la evolución “no puede negársele cierta intencionalidad”.

Esta “cierta intencionalidad” huele demasiado a teleologia y es por eso inaceptable para algunos que  la selección natural se atribuye por algunos a una simple competición de organismos que tratan de imponerse a sus semejantes a fin de impulsar el proceso de la vida hacia su optimización. Que los mas fuertes sobrevivan a expensas de los más debiles o peor adaptados es uno de los axiomas de la selección natural, uno de sus dogmas.

Lo que deja entonces por explicar las razones que tiene la evolución para mantener determinadas enfermedades que son por si mismas desventajosas o disadaptadas.

Pero hay aun un misterio más: ¿quien selecciona en la selección natural?

Los neodarwinistas como Dawkins lo tienen claro: el gen es el selector natural.

Y es verdad que los genes son los soportes materiales de algunas enfermedades y que lo hacen a través de mutaciones.

Luego las mutaciones lo que provocan son enfermedades pero no nuevas especies.

Esta es la idea de Margulis quien sostiene que la novedad en la vida no procede de mutaciones sino de simbiogénesis, es decir de la digestión de genomas -frecuentemente bacterianos o fúngicos- por parte de otros organismos.

Esta idea además tiene un corolario y es el siguiente:

La evolución tiene un propósito que es el de asegurar una progresiva mayor complejidad y un selector natural que es Gaia.

En este sentido es donde se inscribe la frase o cita que preside este post: el ser humano, es el único ser vivo dotado de una conciencia capaz de entender el cosmos.

El cosmos se entiende a si mismo sólo a expensas de la conciencia humana, luego el propósito de la evolución es precisamente ese: entenderse, explicarse y mostrarse a sí misma.

Tiene pues razón los que aseguran que la evolución no ha terminado, pues la conciencia humana aun se encuentra en evolución y nos espera un largo camino a toda la humanidad hasta llegar a entender que Gaia no es algo a conquistar o a dominar sino algo con lo que necesariamente tenemos que integrarnos con respeto.

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22
Sep
09

No matarás

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Nosotros los sapiens pertenecemos a una estirpe de homínidos bastante irascible pero poco agresiva.

El potencial agresivo de los humanos procede más bien de nuestra enorme inteligencia y de nuestra capacidad para planear encerronas, construir instrumentos, armas y artilugios destructivos a gran y pequeña escala.

Es muy poco probable que a puñetazos seamos capaces de matar a un congénere, para eso necesitamos emplear alguna que otra estrategia como golpearle con una piedra en la cabeza o asestarle una puñalada mortal por la espalda. Necesitamos armas y tenemos la inteligencia para construirlas.

Nuestros sistemas de modulación de la agresividad -sistemas inhibidores de la misma- son muy escasos y están muy poco desarrollados. La razón biológica de este escaso desarrollo es que no poseemos cuernos para acometer, ni garras para desgarrar, ni picos para atacar ni dientes para morder. Es decir no tenemos un armamento intrínseco que haya evolucionado con nuestra estirpe y por tanto los sistemas de inhibición de la agresividad no se han desarrollado -no han coevolucionado- con nuestras razones para enfadarnos, es por eso que la gente suele matar a otro por “un quitame allá esas pajas”.

Los sistemas inhibitorios de la agresión no están codificados genéticamente (aunque si la agresividad que siempre da premio evolutivo) es por eso que se hizo necesario inventar sistemas inhibitorios culturales que vinieran a suplir ese déficit natural.

Nuestros sistemas de inhibición de la agresividad se trasmiten a través de la cultura, entendiendo a esta en clave extendida: toda aquella clase de registros procedentes de la tradición que se trasmiten de padres a hijos o desde el sistema social o grupo al individuo.

En un post anterior me planteaba el cómo se trasmiten estos registros, es decir como se interiorizan las prohibiciones culturales en los cerebros individuales. ¿Cómo sabemos que no hay que matar al vecino?

Hay que diferenciar ahora el verbo “saber”, información, del verbo “deber”, moral y del verbo no-matar que es el polo pasivo de la interiorización del tabú.

Todo el mundo sabe que no hay que matar al prójimo y yo diria que hay una gran mayoria de humanos que seguimos este mandato, los homicidios descienden en todo el mundo de una manera progresiva desde 1900 para acá (aunque en el 2008 hayan ascendido en nuestro pais en un cifra alarmante comparada con el 2007) . También algunos sabemos que matar a otro es una cosa que no debe hacerse, por muchos motivos: morales, cívicos, racionales unos e irracionales otros y sobre todo porque existen códigos juridicos, políticos, policíacos que persiguen el crimen, el único argumento que sirve a algunos de disuasión frente al delito, aunque hay otros argumentos blandos por ejemplo: que se trata de algo irreversible, porque a nosotros tampoco nos gustaria que nos mataran, etc. Existen argumentos de todo tipo para no llevar a cabo esta miserable conducta y sin embargo hay gente que la sigue llevando a la práctica.

¿Por qué?

La falta de información, los déficits morales (la degeneración moral de Magnan), la patología psiquiátrica, la miseria económica que es la explicación marxista del crimen o la misteriosa etiqueta de “conductas antisociales” no bastan para explicarnos el por qué algunas personas se saltan a la torera un precepto que a la mayoria de nosotros nos parece algo normal, algo natural que no precisa que cavilemos demasiado en el asunto. No hay que matar y ya está.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros no necesitamos pensar en ello porque lo hemos incorporado o interiorizado. Y una vez interiorizado un tabú (una prohibición) ya no necesitamos pensar en ello porque se ha insertado en nuestro patrimonio -nuestro campo- epigenético. Se ha convertido en biología y ha dejado de ser una cuestión moral sobre la que podemos opinar o mantener opciones distintas.

H. C . Waddington fue un biólogo y genetista escocés que planteó el termino epigenética para explicar algunas interacciones entre el medio ambiente y los individuos que se realizaba no a través de la via del ADN sino a través de influencias medioambientales en la expresión o transcripción de la herencia genética propiamente dicha: la epigenética estudiaria pues el medio ambiente de la célula. Hoy se le da mucha más importancia a la epigenética que a la genética misma en la convicción de que gran parte de las conductas y las patologias humanas pueden explicarse mejor desde este doble origen que hace que el medio ambiente penetre en lo más íntimo de nuestro patrimonio genético -sin afectar necesariamente al ADN nuclear- y conmute procesos que no se hubieran producido sin esas aferencias de información.

La evolución no sólo opera sobre rasgos genéticos sino tambien sobre rasgos conductuales, ambientales, mórficos y simbólicos.

Lo curioso de esos aprendizajes que los humanos realizamos individualmente es que son aprendizajes que nos vienen insertados por la cultura o la tradición sin que seamos demasiado conscientes de ello. Un ejemplo es la prohibición del “No matarás”, ¿cómo hacemos la mayor parte de nosotros para cumplir este mandato sin que nunca nadie nos haya hablado del asunto?

Ahora compare usted este mandato con este otro:

“Hay que conducir siempre con el cinturón de seguridad puesto” o

“Si conduce absténgase de beber alcohol”

¿Que diferencias observa?

Ambas son prohibiciones pero existe una diferencia fundamental entre ellas: la primera prohibición es antiquísima, data de unos 50.000 años y las segundas solo tienen una década. Los efectos que ambas prohibiciones tienen en los cerebros individuales son inmensas, las primeras se han automatizado, se guardaron en un lugar muy lejano a la corteza cerebral, se encuentran en los planos mas profundos del cerebro, alli donde guardamos los patrones de acción fijos para andar, beber, comer o movernos sin pensar, se han corporizado. La segundas están en nuestro consciente, hemos de pensar en ellas y forzosamente a veces las olvidamos, todavia no han penetrado en nuestro inconsciente, aun no se han automatizado y no son todavía cuerpo sino idea.

Para que una idea se corporice hacen falta al menos tres generaciones (unos 60-80 años) pero es necesario además que la idea haya logrado penetrar en los cerebros de nuestros progenitores al menos para que la acaten si lleva un “no” delante. Sólo después de haber pasado por tres generaciones de linajes no homicidas podemos pensar que en nosotros no existe pulsión homicida alguna y que es muy poco probable que alimentemos abogados o pleitos por esa causa. Pero existe aun algo más sorprendente: puede existir una culpa transgeneracional por algun crimen que el sujeto no cometió, ni contempló ni tiene noticia alguna sobre el asunto. Todo parece indicar que las transgresiones de prohibiciones ancestrales -igual que las prohibiciones- pasan de generación en generación tratando de encontrar un huesped que les ponga fin: es el tema de la maldición familiar o del destino, un tema que se encuentra bien explorado por los mitos. El tema de la redención individual de toda una estirpe.

Este proceso de interiorización de un mandato transbiológico como es la orden de “no matar” puede tener interrupciones, excepciones y obstáculos, el principal y más conocido es la guerra. En la guerra no solamente se detiene el mandato sino que es posible que matar sea necesario para sobrevivir lo que cambia el panorama de anteriores interiorizaciones colectivas, asi y todo las guerras son escenarios de crimenes gratuitos y sádicos como ya estamos acostumbrados a ver en los informativos. La guerra es una enfermedad traumática para más de una generación, nosotros por ejemplo seamos hijos o nietos de los que hicieron la guerra civil estamos contaminados en España por aquel conflicto y en cierto modo todavía estamos sufriendo las consecuencias, ¿quién de nosotros no tuvo un pariente asesinado o un criminal en aquella contienda?

Lo que señala en la dirección de que tantos los valores como sus transgresiones -los vicios- se trasmiten del mismo modo y a través de las mismas vias simbólico-culturales y terminan convirtiendose en algo corpóreo.

Lo importante es caer en la cuenta de que los tabúes o prohibiciones culturales se insertan en nuestro cuerpo como si fueran instrucciones genéticas aun sin serlo y que se trasmiten como si fueran genes replicándose a si mismos aun sin estar compuestas de ADN.

Lo que redunda en la idea que más arriba expuse: que la via genética no es la unica via de trasmisión de caracteres innatos. El tabú de “no matarás” es innato a pesar de no venir codificado en nuestro genoma. Cuando un niño viene al mundo ya accede a él mediante un conocimiento previo (no es una tabla rasa) se trata de aprendizajes culturales, históricos, étnicos e incluso filogenéticos que no necesariamente se encuentran codificados en su ADN.

Es muy posible que todos los sistemas de inhibición de la agresividad no sean sistemas neurobiológicos heredados sino campos epigenéticos aprendidos que terminan por interiorizarse y que se comportan como si fueran cuasigenes. La inhibición de la agresividad puede realizarse de muchas formas pero siempre necesita de un otro que la desactive, a través de la sumisión, del llanto, de la debilidad o de la ternura es como los animales desactivan la agresión de los adultos, nosotros los humanos tambien sabemos hacerlo y tenemos además la empatia que es un añadido relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de encontrar similitudes con nuestros semejantes.

En este post hablé de la metacognición y la empatía: una de las prestaciones de nuestro cerebro emocional.

Efectivamente el Verbo puede hacerse carne, que es otra manera de decir que lo cultural puede encarnarse y hacerse proceso biológico a través de esa interfase que llamamos inconsciente: el lugar donde Psique y Soma se encuentran no solamente bis a bis, uno frente a otro sino donde el individuo se articula con la corporalidad del mundo.

15
Sep
09

Memes, virus y arquetipos

Debemos a Richard Dawkins la idea de meme que ya publicó en su libro best seller “El gen egoista”, aunque alli sólo insinuaba una posible conexión entre la idea-fuerza de gen, una serie de instrucciones que son capaces de autoreplicarse y la idea de meme que seria algo asi como una idea, una imagen, una creencia. El meme seria pues un gen cultural que perseguiría los mismos fines de los genes: sobrevivir y autoreplicarse.

Pero no debe entenderse que los memes son metáforas sino realidades concretas como los genes. De hecho se ha desarrollado toda una ciencia memética que estudia precisamente como esos memes se trasmiten, se contagian y sobreviven infectando o parasitando los cerebros individuales.

Naturalmente lo verbos “parasitar” o “infectar” sí son metáforas. Metáforas que procede de los puntos de vista radicalmente darwinistas como el propio Dawkins, su más ferviente defensora en el campo de la divulgación Susan Blakemore o uno de sus seguidores el filósofo de la mente Daniel Dennet que defienden la idea de que la cultura humana se ha desarrollado de una forma muy parecida a la evolución: por selección natural, exisitirían ideas (memes) que se reproducirían más eficazmente y que competirían más eficientemente con otros memes a la hora de instalarse en otros cerebros y desde alli ganar nuevos organismos a los que “infectar”.

Se trata de las conocidas ideas de los neodarwinistas que mas atrás llamaba darwinistas radicales. Para entender mejor la diferencia entre los neodarwinistas y otros evolucionistas como Lynn Margulis o Stephen Jay Gould recomiendo este articulo de la wikipedia. En adelante les llamaremos gradualistas. Se trata de los que creen que la evolución no ha sido el escenario de luchas entre organismos simples a la hora de propagar su genoma sino asociaciones, consorcios pluricelulares que han digerido o fagocitado a otros seres unicelulares aumentando asi su complejidad, Lynn Margulis en su libro de culto “Captando genomas” habló de simbiogénesis para nombrar su concepto asociativo y gradual como motor de la evolución.

Personalmente creo que la idea de meme es un plagio de la idea jungiana de arquetipo y que no añade nada a lo que los psicólogos jungianos entienden como tal y que puede usted consultar aqui.

Sin embargo no son conceptos idénticos sino que mantienen ciertos solapamientos: la principal diferencia entre un meme y un arquetipo es que el meme compite con otros memes mientras que los arquetipos no compiten entre sí sino que resuenan con las posibilidades de ser de los humanos y se constelan (se encarnan o activan) en ellos. La idea de meme fuertemente influenciada por una visión radical de la evolución termina por antropoformizar demasiado tanto a los genes como a los propios memes confiriéndoles capacidad de planear por sí mismos algo que no deja de ser un exceso.

Sólo la conciencia es capaz de planear, ni lo genes ni lo memes son capaces de planear nada por si mismos ni siquiera la posibilidad de autoreplicarse, los genes ser replican en la reproducción y efectivamente compiten con otros alelos con los mismos intereses tal y como expliqué aqui.

El gen y el meme tienen además entre si algunas diferencias: la primera es que el gen es un trozo de la hélice del ADN algo asi como una página de ese gran libro de instrucciones que llamamos ADN o genoma. El meme sin embargo es algo inmaterial y es esta condición de intangibilidad la que lleva a sus detractores (tanto los de Dawkins como los de Jung) a entender estas ideas como bellas metáforas poéticas sin consistencia cientifica alguna.

Lo cierto es que los que asi piensan se encuentran apresados por la idea de que tan sólo en la materia se encuentra la potencialidad de información. A lo sumo muchos de ellos estarian dispuestos a admitir que en la energia tambien puede ser transportada información, pero se preguntan ¿como es posible que la información se encuentre inscrita en la nada?¿Cual es el soporte fisico del meme?

Antes de seguir me gustaria que el lector visionara estos dos cortos videos para conocer mejor las teorias de Dennet y contrastarlas con las suyas propias.

Los memes peligrosos por Daniel Dennet.

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Para entender mejor qué es un meme veamos la metáfora que invoca y que no es otra sino la del los virus.

Un virus es una entidad biológica misteriosa al menos por dos razones, la primera es que no pertenecen ni al reino animal ni al reino vegetal, la segunda es que ni están vivos ni muertos. Contradicen una de las ideas fuerza de la biologia que suscribe la idea de que para hablar de vida tienen que haber células. ¿Si no existen células podemos hablar de un ser vivo? ¿Si no pertenecen al reino animal ni al reino vegetal que son entonces?

Los virus son trozos de ADN ( o de ARN) encapsulados en una especie de caparazón proteinico que sirve de envoltura al ADN o ARN que portan empaquetado. Se trata de la demostración de que existen formas de vida que no comparten la condición de sostenerse sobre la vida celular, ahora bien la vida de los virus es bastante curiosa, porque en realidad, aunque tienen forma y andan por doquier (en realidad no andan en absoluto a diferencia de las bacterias que poseen movilidad), y a pesar de su estatismo solo pueden replicarse si penetran en el interior de una célula para lo que se sirven de herramientas diseñadas para penetrar sus membranas y otras como ventosas para adherirse a ellas. La pregunta que podria hacerse en este momento es la siguiente, ¿cual es el estado de un virus cuando hace vida extracelular? ¿Mueren y viven los virus?

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Obervese este virus con forma dodecaédrica y ventosas adheridas a su cápsula

Lo cierto es que los virus cuando no encuentran huéspedes a los que parasitar lo pasan bastante mal y se inactivan al poco tiempo de vivir a la intemperie. Y parece tambien que la función teleológica de los virus no es vivir (cosa dificil de entender en un virus que pasa la mayor parte de su tiempo inactivo) sino reproducrise, es decir conseguir copias de sí mismo a expensas de enfermar o matar a su huesped.

Otro misterio biológico que aun no se encuentra del todo explicado es de dónde proceden los virus. A mí la teoria que más me resuena es que los virus son trozos de ADN (o ARN) que han escapado de las fortalezas del núcleo de una célula. Al parecer esta teoria es la que más seguidores tiene entre los expertos pero tiene un problema: si los virus necesitan células para replicarse significa que no pudieron existir antes de ellas. En este caso no serian los organismos más elementales que podemos encontrar a lo largo de la evolución sino probablemente un subproducto celular que encontró una forma de existencia a medio camino enre los cristales y las células que procederian de rupturas escapistas de trozos de ADN, es decir de información genética fragmentaria. La idea que acabo de exponer se encuentra reforzada por otros hallazgos que señalan en la dirección de que estos trozos de información que ha logrado escapar del núcleo de la célula no compete sólo a los virus: existen otros trozos aun más pequeños que pululan por el espacio extracelular, los plásmidos, por dentro del citoplasma celular como los trasposones, otras particulas como los viroides e incluso proteinas mal plegadas que se replican a sí mismas como los priones que no contienen ni DNA ni RNA pero con capacidad infectiva y autoreplicadora.

Si yo fuera el virus de la rabia me interesaría que mi huésped estuviera furioso para asi pasar a otro a través de su saliva,  pero como el virus de la rabia no puede planear no cabe ninguna duda de que el virus de la rabia y la rabia coevolucionaron. Lo que significa en términos evolutivos que la vida celular y la vida vírica pudieron tambien coevolucionar.

Estos descubrimientos biológicos han puesto sobre el tapete una idea fundamental que de alguna forma ha roto con el modelo célular en que creiamos que estaba fundada la vida. No cabe ninguna duda de que la vida reposa sobre la información, entendida esta como una forma energética no degradable.

Dicho de otra manera es posible que todas esas particulas sean basura genética escapada de la célula y que su función evolutiva sea disponer de una reserva de información genética cuya función podria ser la recombinación con algunas especies celulares y no tanto la idea que es hoy la más frecuente al menos en nuestro imaginario: que los virus son enemigos a los que combatir, es muy posible que los virus patógenos para el hombre sean una pequeña minoria de todo un almacén genetico de basura genética dispersa de la que algún dia podamos beneficiarnos para penetrar dentro de la célula con mensajes médicos beneficos para ella.

Pero no es mi intención en este post hablar de los posibles usos médicos futuros de los virus como portadores de soluciones curativas sino trazar un paralelismo entre ellos y los arquetipos. Ya dije más arriba que la idea de meme era una revisión de la idea de arquetipo y dije tambien que la idea de meme habia sido inspirada por una idea evolucionista radical: la de que determinadas ideas compiten por parasitar cerebros individuales y desde alli difundirse al mayor número posible de cerebros.

Es cierto que algunos memes son muy peligrosos tal y como nos contó Dennet en los videos de arriba y que muy probablemnte podemos entender la historia humana como una historia de creencias que tratan de imponerse a las del vecino. Una idea muy interesante es que efectivamente una creencia siempre tiende a imponerse a los demás pero yo no creo que este potencial maligno se halle en la idea misma sino en la natrualeza vanidosa y corrupta del hombre que trata de imponer a los demás sus propias formas de ver la vida. Por ejemplo la idea de Dios no mata a nadie pero la idea de religión ya es más peligrosa porque agrupa a las personas entre seguidores y no seguidores de esa religión. El culto por la patria o por la propia etnia tampoco tiene esa potencialidad salvo si se confronta con las demás, si nosotros somos el pueblo elegido es porque los demás ni siquiera tienen la consideración de semejantes: Dios les olvidó en el reparto. Por tanto esta justificado que les exterminemos.

Lo cierto es que los virus y los arquetipos se parecen mucho:

  • Están inertes cuando no están dentro de un organismo vivo.
  • Tienen forma aunque no los podamos ver.
  • Contienen información.
  • Se replican sólo en condiciones biológicas, el resto del tiempo viven en una especie de limbo que llamamos “cultura”.
  • Los arquetipos se constelan en una persona concreta del mismo modo que los virus parasitan células vivas.

De manera que cuando le hablen de los virus deténgase a pensar por un momento si no será, al fin y al cabo, un virus el que salve a la humanidad gracias a esa información que aun no hemos aprendido a manejar. Tampoco sabemos manejar la información que procede de los arquetipos y que tanto nos podria ayudar a salir de aprietos emocionales, al fin y al cabo fue un titán el que trajo el fuego a los hombres contra la voluntad de Dios.

Nadie sabe por qué todos los dioses han querido mantener a la humanidad en la precariedad.

Pero tampoco cabe ninguna duda de que existe un voluntad decidida por parte de la humanidad de saber por qué los dioses mantienen esta intransigente postura.

04
Sep
09

Homeopatía y psicoterapia

hormiga y neurona

Durante mas de 15 años ejercí la psicoterapia con una metodología ecléctica inspirada en el psicoanálisis aunque fuertemente influida también por posiciones humanistas. Me formé en una época donde ya se conocían algunas razones por las que la psicoterapia era o no efectiva. Después de muchos años donde la pugna se dio entre posiciones conductuales y psicoanalíticas, gran parte de mi actividad profesional discurrió en un entorno donde la integración era el modelo que parecia acercarse más al ideal.

Ya se conocia por aquel entonces que:

  • Todas las psicoterapias eran igualmente efectivas, no existía ninguna hegemonia de unas sobre otras.
  • La variable critica parecia reposar más en el terapeuta que en la técnica.
  • Las psicoterapias funcionaban por razones bien distintas a las que sostenían sus defensores muchas veces por razones desconocidas.
  • Las psicoterapias verbales precisaban de cierto “gusto psicológico” y compromiso por parte de los pacientes, una especie de vocación incrustada en su conciencia que corrientemente no existía en los pacientes más graves.
  • La verbalización de los problemas, la reconstrucción cognitiva de lo vivído, el análisis de la transferencia, la catarsis emocional y la provisión de nueva información pos si mismas parecian no ser suficientes para algunos pacientes.

Había algo que se nos estaba escapando, algo que no era verbal y que no dependía de la reconstrucción cognitiva o emocional.

En esa práctica psicoterapéutica de unos 20 años aprendí algunas cosas sobre “como se curan los pacientes” y por qué otros pacientes no mejoran con la psicoterapia a pesar de los esfuerzos, también aprendí algunas cosas del por qué algunos pacientes empeoran con la psicoterapia.

No cabe ninguna duda de que la psicoterapia es efectiva por la información que fluye entre dos personas y que no es necesariamente verbal. No puede atribuirse todo su potencial curativo ni a la energía, ni a nada material pues usualmente no se usan fármacos. También es cierto que no podemos prescindir del llamado efecto placebo o de la sugestión pura y simple (presentes en todas las interacciones humanas) sin embargo y a pesar de las ideas de algunos autores como Eysenck -el padre de la idea de que en la psicoterapia sólo existe efecto placebo- la psicoterapia es algo más que efecto placebo y contiene en su proceder virajes a veces imprevisibles que se encuentran más allá de él.

Hoy, las psicoterapias han pretendido alcanzar un cierto estatuto cientifico y es por eso que han dejado de ser artesanales y han optado por una cierta protocolización. Algunos terapeutas protocolizan sus intervenciones de tal forma que son capaces de manejar las interacciones con sus pacientes de un modo más comprensible para ellos mismos. Sin embargo la efectividad de la psicoterapia suele ser la misma y es mayor cuanto mayor es la experiencia del terapeuta y su capacidad para empatizar con un amplio grupo de desórdenes mentales o psicosomáticos.

Por razones personales dejé de ejercer la psicoterapia y entré en contacto con la homeopatía de la que por aquel entonces no sabia una palabra. Me di cuenta de que existían ciertos paralelismos entre la psicoterapia que yo practicaba y el ejercicio de la homeopatía.

Una de las ideas que comparten ambas disciplinas es el papel que juegan los síntomas y su relacion con la enfermedad. Para los médicos y para muchos psicólogos el síntoma es la expresión de una enfermedad, algo asi como su forma. Podemos reconocer las enfermedades por los molestos y disfuncionales síntomas, de lo que se trata en una terapia médica o psicológica es de hacerlos desaparecer o al menos disminuir su intensidad o adaptarse a ellos.

Para un terapeuta formado psicodinámicamente o un homeópata el síntoma es el proceso biológico puesto en marcha por el organismo vivo para deshacerse de la enfermedad.

Dicho de otro modo: el síntoma nos orienta hacia una enfermedad pero también aprendimos a verlo en clave de autocuración, representa los intentos del organismo -a veces fallidos-  por curarse.

Si esto último es cierto, curarse no implicaria necesariamente suprimir los sintomas sino aprovecharse de ellos para impulsar la curación en un determinado sentido.

Usualmente los síntomas pueden dividirse en dos grandes grupos: los agudos y los que acompañan a una enfermedad crónica, lo que precisa de una teorización acerca de qué cosa es una enfermedad aguda y qué cosa es la cronicidad.

Nuestra tendencia como médicos es considerar que las enfermedades crónicas son consecuencia de una enfermedad aguda que no se trató correctamente o no desapareció del todo o bien que en la evolución de las enfermedades crónicas se dan recidivas, es decir reagudizaciones que es necesario suprimir para que la enfermedad pierda virulencia.

Me di cuenta precisamente tratando pacientes con psicoterapia que esta supresión de sintomas agudos era un error y que precisamente el episodio agudo es una oportunidad para curarse. ¿Qué hacer con esas personas normaloides que dicen que no tienen ningun problema y que desarrollan enfermedades psicosomáticas o viven todo el tiempo enredados en la ansiedad o la depresión? ¿es verdad que estas personas no tienen ningún problema?

Claro que los tienen, todos tenemos problemas solo que algunas personas se han especializado en ocultarlos o negarlos de tal modo que viven ajenos a ellos y son incapaces de verbalizarlos. Este tipo de personas alexitímicas son propensos a desarrollar enfermedades psicosomáticas, en una psicoterapia no hay más remedio que descompensarlos, es decir conseguir que hagan una enfermedad aguda.

Toda enfermedad crónica sueña con convertirse en una enfermedad aguda.

Y eso es precisamente lo que hace la homeopatia: inocular una enfermedad aguda en condiciones controladas a través de un veneno diluido infinitesimalmente que ha perdido su capacidad tóxica química pero guarda algo que representa una información, un simillinum, un parecido con la enfermedad que sufre el paciente como la hormiga se parece a la neurona de la fotografía de arriba.

Pero para entender mejor el concepto de enfermedad aguda y enfermedad crónica es necesario retomar un concepto físico fundamental: me refiero e la segunda ley de la termodinámica que gobierna a los organismos vivos y que dice asi: desde el punto de vista termodinámico todos los sistemas tienden hacia su destrucción a través de la ganancia de entropía.

La ganancia de entropía tiene que ver con el orden y el supremo orden es el inorgánico es decir la muerte. Es posible decir que la muerte es el punto hacia el que tienden todos los seres vivos y que se produce a través de la ganancia de entropia. La neguentropia, es decir el balance negativo de entropia sería el punto opuesto en el que el sistema ha perdido energia y ha ganado información y que a veces llamamos desorden.

Es importante saber que los estados neguentrópicos son estados en los que los sistemas poseen una mayor información y que se caracterizan todos ellos por un estado de baja energía es decir por fatigabilidad. La estabilidad no informa de nada, la inestabilidad y el desorden contienen información sistémica que pueden traspasar a otro sistema biológico.

Desde este punto de vista la enfermedad señala algo, es decir informa sobre algo mucho más que la salud que por ser estable no contiene en si misma información. La enfermedad es desorden.

Sin embargo las enfermedades se graduan según una escala relacionada con el punto de desorden (neguentropia) que acumulan. Asi las enfermedades crónicas se encuentran más lejos de la estabilidad que las enfermedades agudas. Las enfermedades agudas, por ejemplo en los niños se encuentran muy cercanas a la salud, basta a veces un dia o dos de fiebre alta para que el niño recupere su estabilidad anterior, hablamos entonces de restitutio ad integrum, la recuperacion de las condiciones iniciales.

En la enfermedad aguda el sujeto puede recuperar sus condiciones iniciales (su estado anterior a la enfermedad) sin embargo en la enfermedad crónica es imposible recuperar más que el estado anterior de la última bifurcación.

Y sucede por una razón: porque a veces la enfermedad crónica se reajusta y organiza en torno a unas condiciones cercanas a la estabilidad: un estado disipativo, el orden en el desorden.

De manera que podemos teorizar que las enfermedades son estados alejados de la estabilidad y que dependen de las condiciones iniciales tal y como sabemos desde Prigogyne. Determinadas enfermedades serian reversibles (restitutio ad integrum) y otras por el contrario solo pueden retroceder hasta la ultima bifurcación que es aquel punto donde el sistema se desequilibró tratando de encontrar una nueva estabilidad en el desorden, algo que el propio Prigogyne describió como estructuras disipativas que son un buen modelo para entender la cronicidad.

Es por esta razón que las enfermedades crónicas son tan estables aun dentro de un entorno de baja energía y de malestar: es posible hablar de una reorganización de la enfermedad dentro de la propia enfermedad que la vuelve dócil y aparentemente inmóvil.

Es por eso que la psicoterapia y tambien la homeopatía a veces agravan a los pacientes pues obligan a la enfermedad a descompensarse y a buscar una nueva reorganización a veces haciendo una reagudización y otras veces empeorando los sintomas sin evidencia alguna de agudización.

Hasta el mismísimo Freud describió este asunto en “Analisis terminable e interminable” y que bautizó con el nombre de “reacción terapeutica negativa”, una especie de resistencia heorica del sistema que no se resignaba a abandonar la estabilidad ganada en la enfermedad. Freud pensaba -no sin cierta intuición- que esta reacción se debia al masoquismo primario, es decir a una especie de pulsión de muerte que se opondría a la pulsion libidinal que era en teoria la que llevaba el proceso analitico adelante.

Y no andaba equivocado del todo porque en realidad lo que está en juego en una enfermedad es precisamente la ganancia o perdida de entropia, es decir la aproximación o distanciamiento del equilibrio y ya sabemos que el supremo equilibrio, el supremo orden es la muerte. Para un paciente con una enfermedad aguda, pongamos por caso una amigdalitis, su cercania con el equilibrio se logrará después de superar la crisis, pero para un enfermo diabético ,una enfermedad aguda no le curará de su diabetes sino que le llevará al punto en que estaba en su ultima bifurcación, un punto que en cualquier caso para él no es la restitución sino quizá un estado peor en el sentido de que la enfermedad aguda puede activar otras enfermedades que sólo se manifiestan en un estado de neguentropía.

De manera que la pulsión de muerte freudiana no existe, lo que existe es una tendencia a la estabilidad en todos los niveles energéticos, aun en los más bajos lo que se traduce en una viscosa adherencia a la enfermedad.

Significa que no es que las enfermedades agudas o el estrés causen enfermedades por sí mismas sino que propician la emergencia de otras enfermedades que no se hubieran manifestado de no alcanzar un estado lejano al equilibrio, un estado neguentrópico, pues son precisamente estos estados de entropía negativa (que poseen mayor información) los que propician y activan todas las vulnerabilidades genéticas.

En realidad para que una vulnerabilidad genética se manifieste es necesario una información externa que sólo se producirá en un estado neguentrópico.

Es esta la razón por la que todas las pulgas suelen ir al mismo perro. No es que las enfermedades agudas causen las crónicas sino el estado del sistema alejado del equilibrio. Por la misma razón el estrés prolongado al disminuir la entropía del sistema pone al organismo en condiciones de enfermar a cualquier vulnerabilidad.

Y es por eso que el tratamiento de las enfermedades crónicas debe hacer por capas, de dentro afuera, tal y como recomiendan los homeópatas, del sintoma más nuevo al mas antiguo, recorriendo hacia atrás como en una cebolla todas sus capas hasta llegar a la ultima bifurcación donde el sistema ya no puede ser recobrado, decimos entonces que el estado del paciente es irreversible. Por ejemplo no podemos curar una diabetes tipo 1 con fármacos, ni homeopáticos ni de cualesquiera otra naturaleza, ni una esquizofrenia crónica con ningún método pues siempre nos dariamos de bruces con una última capa de la cebolla que resultaria impermeable. Algo que los psicoanalistas denominan acertadamente mediante una metáfora mineral: “la roca de la castración”

Sin embargo si podemos aprovechar una reagudización de la esquizofrenia o un primer episodio psicótico para conseguir un estado de reequilibrio del sistema que no implique una perdida de entropía eludiendo asi la cronicidad. Pienso que los tratamientos del futuro deberán contar con este esquema: intervención en crisis durante los episodios agudos y darle una mayor importancia a las manifestaciones sintomáticas de la enfermedad como algo genuino -que indica un esfuerzo sanador- y no sólo como algo a suprimir.

Clinicamente está bien establecido desde la época clásica que las esquizofrenias tienen mejor pronóstico cuando debutan con un episodio agudo y desorganizado que cuando debutan de forma insidiosa con síntomas negativos y poco claros , las formas tormentosas suelen tener mejor pronóstico que las formas apagadas. Si nos limitamos a oscurecer el curso natural de la enfermedad taponándola con psicofármacos lo que estamos oscureciendo a largo plazo es la evolución de esta enfermedad hacia la cronicidad.

El tratamiento ideal seria la no-supresión de los síntomas y la intervención psicoterapeutica debería limitarse a acompañar al paciente en su brote agudo hasta que fuera capaz de integrarlo en su psiquismo no como un cuerpo extraño a enquistar sino como una experiencia existencial que como todas las demás ha de integrarse narrativamente. Los psicofármacos convencionales lo que hacen es imponer su poderío químico taponando los esfuerzos del cerebro en evacuar las irrupciones caóticas que proceden del inconsciente.

Una enfermedad mental es siempre una irrupción del caos en el psiquismo vigil y consciente, una expresión de desorden que es la forma como la naturaleza busca de nuevo un renacimiento después de una experiencia emocional devastadora. Una especie de sueño que no pudo ser soñado.

Toda la medicina alopática funciona de este modo, un fármaco es una sustancia química que con independencia de su idoneidad en un proceso cualquiera tiene una diana terapéutica. Por ejemplo los inhibidores de la recaptación de serotonina tan prescritos hoy en dia, contienen como todos los sistema quimicos señales y ruidos. La señal es inequívoca -bloquean la recaptación de serotonina en las sinapsis- y lo hacen con independencia de si el cerebro tiene o no la suficiente serotonina para funcionar adecuadamente. Van a ligarse obligatoriamente a determinados receptores aumentando la disponibilidad de serotonina.

Pero aumentar la disponibilidad del cerebro de la serotonina tiene un peaje biológico puesto que es imposible estimular un sistema y dejar intactos a los demás: al aumentar la serotonina en determinadas sinapsis estamos modificando todo el sistema cerebral. Lo estamos reseteando puesto que el cerebro sometido al bombardeo de los inhibidores tratará de adaptarse a la nueva situación, no solamente fabricando más receptores para la serotonina sino enmudeciendo a unos y estimulando a otros neurotransmisores.

No existen tratamientos específicos cuando introducimos un psicofármaco en el organismo y cuya diana está en el cerebro, todo el sistema se ve afectado por el ruido informativo que causa la molécula: modificar solo un sistema es una ilusión de la psicofarmacología.

Y a veces, sin embargo, en un paciente deprimido este desbarajuste le mejora la depresión. No sabemos por qué pero es posible especular que es el ruido precisamente el que obliga al cerebro a reajustarse y a veces este reajuste provoca una mejoria clinica como probablemente suceda con la terapia electroconvulsiva.

En conclusión la psicoterapia y la homeopatía comparten no pocos presupuestos sobre el hecho de enfermar y sobre el hecho de sanar, tambien son de señalar las correspondencias entre sus respectivas visiones sobre la cronicidad y la resolución de la enfermedad entendiendo los sintomas como expresión de un intento biológico por alcanzar un estado termodinámico cercano al equilibrio.

Bibliografia:

Este post se ha realizado bajo la inspiración de textos del Dr Gebauer sobre sus investigaciones sobre el mecanismo de acción de la homeopatía a las que remito al lector interesado en profundizar sobre estos aspectos:

Homeopatia, enzimas e información

Una nueva teoria sobre las dilucione infinitesimales

16
Ago
09

Superconductores humanos

Hace un par de noches tuve un sueño muy extraño: charlaba con un hombre cuyo rostro me recordaba a alguien sin conseguir saber quién, sentados en un parque, el cual me contaba cosas inauditas para un sueño de verano, y yo, además, le hacía preguntas como si comprendiera algo. Me despertaron los rayos de la luna invadiendo la cama, y, como siempre duermo con bolígrafo y papel en la mesilla de noche, comencé a anotarlo todo febrilmente para que no se me olvidara.

Esto es cuanto pude rescatar de aquel diálogo:

HOMBRE: ¿Tú sabes lo que es un superconductor?

YO: No.

HOMBRE: Un material que tiene resistencia e impedancia nulas, pero hay un 1% de la población que son superconductores.

YO: ¿En serio? Y qué hacen?

HOMBRE: Conducen y amplifican sin saberlo la energía de otra persona, pero no pueden hacerlo con cualquiera, hay algo, un plus, que ha de cuajar.

YO: Y ello es…

HOMBRE: Electrones sueltos.

YO: Asombroso.

HOMBRE: Es preciso que te cuente algo sobre el olfato. Verás, al parecer el olfato no funciona como imaginábamos, a base de moléculas y receptores, sino que nuestra mucosa nasal emite electrones que colisionan con determinadas moléculas y no con otras y las hacen vibrar, y es entonces cuando percibimos el olor. Dicho de otra manera, el proceso no es pasivo sino activo: el olfato emite electrones que colisionan con moléculas volátiles y se ponen a vibrar en una especie de baile…

YO: ¡Fascinante!

HOMBRE: Por ejemplo, los perros tienen el olfato muy desarrollado y a veces se acercan con espíritu protector a personas enfermas. Nunca había logrado saber por qué pero creo que ya lo tengo.

YO: ¿…?

HOMBRE: Lo que ocurre es que resuenan con algunas moléculas de necrosis, y entonces se dicen “hay que cuidar de esta persona que está malita”. No sabía el mecanismo que es cuántico, esa es la gracia, que no es un mecanismo receptor-molécula sino un mecanismo de enacción.

YO: ¿Varela?

HOMBRE: Sí. Siempre pensé en cómo los perros podían oler estados de ánimo. No los huelen sino que resuenan con ellos, es un efecto vibratorio.

YO: ¿Como el efecto de la ola humana en los campos de fútbol?

HOMBRE: Es posible.

YO: ¿La homeopatía podría actuar por este mismo mecanismo?

HOMBRE: Es posible, quizá por eso los perros responden bien a ella.

YO: ¿Y los bebés también?

HOMBRE: Tambien.

YO: ¿Y por qué los adultos estadísticamente algo menos, según usted?

HOMBRE: Bueno, es sólo una hipótesis, pero quizá porque están oxidados y no emiten tantos electrones, esto explicaría por qué algunas personas son refractarias a la homeopatía: tiene que haber electrones sueltos fuera de su órbita para que se comuniquen las vibraciones del remedio homeopático con la necrosis y surta el efecto.

YO: Prosigamos. Creo que usted presume que este efecto superconductor también se da a distancia…

HOMBRE: Claro, ¿es que la empatía no es una forma a distancia? La empatía no precisa de contacto.

YO: ¿Se refiere a los experimentos que demostraron que dos partículas subatómicas estaban conectadas aún a kilómetros de distancia?

HOMBRE: Sí, la no-localidad, por eso digo que la empatía es cuántica. Empiezo a creer que, además, para ser superconductor hay que tener una empatía muy desarrollada, una especie de superempatía.

YO: Entonces, según dice, la superconducción también se daría en la distancia.

HOMBRE: Si, la telepatía no sería tal, sino una manifestación cerebral de la empatía a distancia.

YO: Así que hay un agente conductor y otro pasivo.

HOMBRE: Sí, dos polos, digamos.

YO: Ya.

HOMBRE: …dos polos no eléctricos sino cuánticos que precisan del colapso de onda de una función que vibra armónicamente: la del superconductor.

YO: Entonces lo de “entre nosotros hay buenas vibraciones” no sería ninguna tontería.

HOMBRE: No, podría ser la verdad.

YO: ¿Y qué más opina de esas personas superconductoras?

HOMBRE: Diría que suelen ser personas que ignoran esa capacidad y que tienen muchas dificultades de adaptación porque, como se comprende fácilmente, en este mundo es difícil circular con esa superempatía.

YO: ¿Esa capacidad tendría relación con la mente?

HOMBRE: En cierto modo sí.

YO: De lo que habla parece algo casi físico, aunque esa capacidad parece no tener que ver con la mente, ni con el nivel intelectual, ni la inteligencia…

HOMBRE: No, claro que no, aunque creo que ese tipo de personas señalan el camino que va a emprender la evolución, al igual que esos niños indigo. Un camino que pasa necesariamente por la abolición total del narcisismo.

YO: Entiendo que el narcicismo proviene de no haber pasado con nota cierta fase de la primera infancia…

HOMBRE: Psicológicamente sí, pero también es vital lo que uno hace luego con eso.

YO: Eso suena muy interesante…

HOMBRE: El narcisimo es seguramente un subproducto cultural, un “arreglate como puedas”…

YO: ¿Qué sería antes, la superconducción innata o el narcicismo?

HOMBRE: Esa es una pregunta de calado. Aún no lo se. Lo que tengo bastante claro es que para que exista superconducción tiene que haber un abandono del Yo, una supresión de las propias necesidades… un antinarcisimo.

YO: O sea, que la superconducción y el narcicismo serían casi opuestos…

HOMBRE: Y sin el “casi”. Como decía, la idea es que la superconductividad es en efecto lo opuesto al narcisimo pero que tampoco hay superconductividad sin un narcisimo-otro que la impulse.

YO: ¿Tendría esa superconducción que ver con lo que llaman algunos amor?

HOMBRE: Desde luego, sí, sería algo así como un superamor, una especie de amor cósmico, algo que trasciende el concepto de amor tal y como lo entendemos normalmente… un amor de otro nivel.

YO: Suena lindo…

HOMBRE: Bueno, no sé si es para estar contento o considerarlo como una fatalidad, pues, como decíamos, el narcisista precisa de superconducción pero el superconductor puede también necesitar pensar en sí mismo.

YO: Comprendo. Da usted la impresión de estar en proceso de descubrir una pieza del puzzle.

HOMBRE: ¿Tú crees?

YO: No sé… alguien dijo que la inteligencia proviene del amor.

HOMBRE: Lo sé. En todo caso, el fuerte vínculo entre algunas personas no lo explica solamente el sexo, ni siquiera la tan trillada comunicación verbal. Hay un plus que no es computable, como diría Penrose…

YO: ¿Quiere decir que no es lo que se habla, sino el cómo?

HOMBRE: Más bien el para qué. En esas raras parejas, cada uno de ellos está para cumplir con una función, o una misión si prefiere.

YO: Una misión… no sé dónde he oído eso antes, pero parece hermoso.

HOMBRE: En algunos casos, él es un ser sumamente creativo pero precisa de un superconductor para germinar y dar frutos, por así decir. Muchos de ellos tienen una musa.

YO: ¿Las musas serían las superconductoras de los genios?

HOMBRE: Exacto, pero no las que susurran al oído sino las que catalizan, que es distinto.

YO: Ya… ¿Y la función de ellos, los superconducidos, digamos?

HOMBRE: Desenrollar cuanto saben y cuanto pueden llegar a saber gracias a esa especie de hiperconexión, ir desenredando el ovillo que les llevará lo más cerca posible del conocimiento.

YO: …mientras Ariadna sostiene el cabo.

HOMBRE: Algo así, los mitos son fascinantes, ¿no crees? ¡jajaja!…

YO: …

HOMBRE: A medida de que el superconducido se va desenredando y anudándose en el ovillo del superconductor, éste a su vez va impregnándose del saber de aquél como en ósmosis.

YO: ¿Anudándose en el ovillo?

HOMBRE: Claro, a quién sino se le van a contar los hallazgos? ¿Con quién va a poner el superconducido en orden sus ideas?

YO: Ya comprendo: con el superconductor.

HOMBRE: Así es. Y las ideas a su vez calan en él o ella y, con frecuencia, le vuelven a revertir en una especie de retroalimentación…

YO: ¿Imparable?

HOMBRE: En espiral.

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21
Oct
08

Paradojas de la opulencia alimentaria

No hay más que darse una vuelta por el supermercado de la esquina para caer en la cuenta de que vivimos en un mundo donde la oferta de bienes alimentarios supera con creces a la demanda. ¿Cómo entender pues que en un mundo ideal, en cuanto a disponibilidad de bienes alimentarios, existan bolsas de sufrimiento vinculados a la inanición?

¿No se trataba de combatir el hambre por todos los medios? ¿No era esta la quimera en la que creímos, mientras crecíamos? ¿Qué ha sucedido? ¿Qué nos ha sucedido?

Veo una verdulería con toda clase de alimentos bien presentado, y recuerdo ahora que los tomates que conocí mientras era un niño no eran tan grandes ni tenían la piel tan reluciente. Jamás vi tampoco berenjenas de ese tamaño, ni naranjas sin semillas, o especies tan raras de lechugas. Concluyo que más de la mitad de las verduras que venden en el supermercado de la esquina deben ser especies desconocidas, puesto que no alcanzo a conocer ni siquiera sus nombres. Las otras, las conocidas me sorprenden por su volumen y sobre todo por su tersura, parecen como lavadas, como tratadas químicamente para mejorar su aspecto. Para uniformar su tamaño, aquí le dan mucha importancia a la presentación, divago.

Por proceder de una familia de agricultores y haberme pasado la vida entre verduras, trato de entender las razones por las que más de la mitad de las familias que otrora se dedicaban a la agricultura han abandonado sus cultivos a su suerte. Me pregunto donde estarán ubicadas las fincas que dan a luz estos maravillosos frutos. ¿De donde saldrán estos limones o estas naranjas?. Con lo difícil que era lograr que los pájaros no arruinaran una cosecha de cerezas, lo complicado que resultaba conseguir hibridar especies de naranjas para conseguir un tamaño adecuado para el mercado europeo y que además no contuviera semillas. Las abejas casi siempre arruinaban las buenas intenciones de los agricultores y el resultado casi siempre dejaba mucho que desear.
¿Quién habrá conseguido que casi todos los melones sean sabrosos?, con lo difícil que era lograr en mi infancia que entre diez al menos uno resultara comestible.
Es más que evidente que la oferta que encuentro en el supermercado es una oferta genéticamente fraudulenta. Los tomates ya no son más tomates, las ciruelas no son ya ciruelas. De aquellos que conocí en mi infancia sólo mantienen los nombres que los identifican. El resto ha sido manipulado, propiciando y embelleciendo su aspecto para hacerlo más duradero (perdurable), y sobre todo más deseable. Pero ¿sucederá lo mismo con su valor energético?.
Nadie lo sabe, pero existen sospechas más que fundadas acerca de que el valor energético de los alimentos ha sido modificado, como también su sabor y su olor.

En otro orden de cosas existe una cierta desconfianza derivada de nuestra mala conciencia por el progreso, ante lo que se ha venido en llamar las enfermedades postindustriales. Existe una atmósfera de creencias irracionales acerca de los mutágenos químicos o ionizantes que nos rodean, verbigracia las antenas de los teléfonos móviles, los microondas o los vertidos industriales hacia quienes se dirige gran parte de las sospechas de gran parte de los males que aquejan a la humanidad. Creo que esta desconfianza se debe a las contradicciones sociales que generan las propias condiciones de la explotación industrial y al sentimiento generalizado, en gran parte erróneo de que las ventajas de la industrialización sólo benefician a una determinada clase social. Esta idea, subsidiaria de la mala conciencia con que el capital se ha instalado en nuestras vidas, tiende a proyectar nuestros miedos en la misma trama industrial que todos disfrutamos y cuyas ventajas pocas veces admitimos.

Esta mala conciencia es comprensible porque los sistemas democráticos han logrado blanquear los efectos perniciosos del capital y la industrialización a través de un reparto equilibrado de los excedentes a través de los impuestos y las políticas de bienestar social. Sin embargo la causa del problema no está en conseguir un reparto más equitativo de los beneficios de la depredación, sino en el propio sistema de producción que tiende a una sobreexplotación de materias primas a través de la coartada de la democratización de cualquier bien social, que no esconde sino la lógica productiva de un mayor consumo y una mayor accesibilidad de cualquier cosa.

En primer lugar porque estas frutas a las que antes me refería se recolectan en invernaderos, con una tierra cada vez más empobrecida en oligoelementos y nitrógeno, sin posibilidad de barbecho. Aquellos tamaños imposibles a los que antes me refería se consiguen con manipulaciones genéticas conocidas con el nombre común de hibridaciones: en realidad la forma tradicional con que conocíamos lo que ahora se denominan alimentos transgénicos, una practica conocida desde la antigüedad y a la que debemos inventos tan interesantes como la cerveza o la mandarina, por no hablar del toro de lidia.

Así y todo no hay que demonizar lo transgénico, el problema no está tanto en la manipulación genética como en la producción industrial de alimentos transformados para hacerlos más apetecibles a los ojos de los compradores o más resistentes al paso del tiempo que va desde su recolección hasta su consumo.

Una vez más el problema no es tanto la técnica en sí sino la producción en masa, la sobreexplotación y la sobreoferta de alimentos que lleva a una democratización y a una mcdonalización de la producción.

Todo ello se consigue las más de las veces alterando su contenido energético, de modo que seguir hablando hoy de las calorías de los alimentos es un disparate. El problema no está en las calorías sino en las modificaciones que han sufrido en su composición íntima los alimentos que consumimos. Por ejemplo el contenido en magnesio de los vegetales ha disminuido, si lo comparamos con el contenido de las lechugas que consumíamos de pequeños, los que ahora rozamos los cincuenta años.

Por no hablar de los plaguicidas, de los conservantes industriales prohibidos o permitidos, de los abonos químicos y de las manipulaciones industriales que cabe esperar en cualquier alimento enlatado o tratado químicamente.

Los aceites no son todos iguales, ni siquiera los aceites de oliva son todos iguales. Cuando se habla del valor antioxidante del aceite de oliva nos referimos tan sólo a aquellos que presentan – al menos- un enlace doble de dos carbonos (monoinsaturados). El ácido oleico se desnaturaliza con el calor (pierde este enlace), por tanto sólo tiene interés antioxidante y valor terapéutico aquel que es extraído en doble presión en frío (el primero que sale de la destilación), el resto carece de valor medicinal, aunque conserve un cierto valor gastronómico

Todo ello va configurando un panorama de desconfianza más que razonable entre los usuarios, que da nuevos argumentos a los que han decidido adelgazar por razones espúreas. También en conductas más o menos simétricas por parte de los fabricantes que – cada vez más- se afanan en mantenernos informados a través de carteles donde nos advierten de la composición de determinados alimentos, siempre basadas en algoritmos indescifrables (los conservantes) o en una tabla de calorías que poco o nada añaden a nuestro interés por conocer realmente qué es lo que comemos.

Existe una evidencia cada vez mayor de que en las sociedades opulentas, nos alimentamos mucho, pero nos alimentamos peor que en aquellas comunidades rurales donde se consumen alimentos en régimen de autogestión agrícola, lo que a mi parecer es un argumento en torno a la paradoja alimentaria que da titulo a este post. La mayor oferta de bienes alimentarios no viene ni de lejos, acompañada de una mayor calidad en nuestra alimentación.

Aunque es cierto que para un consumidor urbano, hoy, es prácticamente imposible contagiarse una brucelosis (fiebre de malta), gracias a la pasteurización de leches y quesos, es más que obvio que la contaminación por metales pesados, toxinas derivadas de la fermentación de las proteínas y otras derivadas de la mala utilización de la glucosa son más frecuentes entre la población urbana y opulenta que entre las comunidades agrícolas primitivas. Por otra parte a este argumento hay que añadir otra paradoja, me refiero a la progresiva intolerancia a lácteos que cada vez más afecta a la raza blanca (caucásica), en otro tiempo perfectamente adaptada a este consumo.

No es lo mismo tomar vitamina C que tomar una naranja, por una razón fundamental: la vitamina C (el ácido ascórbico) es desde luego el substrato biológico que el cuerpo humano precisa para determinadas reacciones químicas, pero este ácido ascórbico debe ser ingerido, absorbido, asimilado y transportado allí donde su presencia fuera necesaria. Tomar 1 gramo de ácido ascórbico al día (una dosis por encima de la necesaria, para las necesidades usuales) no equivale a presuponer que nuestras necesidades de vitamina C hayan sido satisfechas. Para empezar no todo el ácido ascórbico se absorberá, no todo se utilizará y no todo será correctamente transportado. Todas estas operaciones dependen de la persona individual, del estado de absorción de su intestino, de otros medicamentos o alimentos que le acompañen en la dieta y de un sinfín de variables –algunas de ellas desconocidas- que interfieren en la absorción de la vitamina.

Los nutrientes de los alimentos no deben ser confundidos con otras sustancias como las vitaminas, los minerales o las provitaminas que careciendo de valor nutritivo alguno, aportan al organismo dosis infinitesimales de determinadas sustancias que intervienen como catabolizadores del metabolismo celular. En este sentido la alicina del ajo que carece de cualquier poder nutritivo, es sin embargo un potente antibiótico, lo que equivale a decir que en los alimentos existen sustancias que operan en nuestro organismo más allá de su poder nutritivo o calórico, se trata de los oligoelementos o de las conocidas vitaminas cuyos efectos no se dejan ver en cuanto a su potencial terapéutico, sino en su potencial profiláctico en tanto que nos protegen de determinadas enfermedades.

Los oligoelementos y las vitaminas son excelentes preventivos y no tanto buenos medicamentos una vez que la enfermedad ya se ha declarado, excepción hecha del escorbuto, la pelagra o el beri-beri, enfermedades deficitarias de determinadas vitaminas que son muy raras en nuestro entorno.

Tomar una naranja será siempre algo más deseable que tomar un comprimido de vitamina C, siempre que la naranja no haya sido indebidamente manipulada. No sólo porque la naranja contiene otros nutrientes que están ausentes en el comprimido, sino – sobre todo- porque la naranja es un sistema vivo, un sistema equilibrado donde cada substancia que acompaña al nutriente esencial, presenta con él un todo organizado que energéticamente y no sólo químicamente, presenta ventajas con el ácido ascórbico aislado.

Una de las curiosidades que presentan los sistemas vivos es que parecen funcionar como un todo, como un “cóctel terapéutico”. Sus partes aisladas o las moléculas sueltas que parecen ser responsables de su actividad farmacológica no presentan ni de lejos las mismas propiedades que el nutriente en estado activo, tal y como se presenta en la naturaleza. Algunos autores han señalado que es posible que sea la combinación de varios factores la responsable de su actividad terapéutica y no las moléculas aisladas que creemos responsables de su actividad. En este sentido me referiré al caso del beta-caroteno, un precursor vegetal de la vitamina A. Sus propiedades como antioxidante son independientes de la propia vitamina A y se encuentran maximizadas en su estado natural probablemente por su combinación con otros carotinoides existentes en la zanahoria y que no se encuentran en las cápsulas industriales. Este dilema no está resuelto adecuadamente y es posible que gran parte de las paradojas alimentarias que proceden del uso de extractos preparados de estas substancias pierdan mediante su manipulación industrial parte de las propiedades que presentan en su estado in vitro (natural).

Seguiré hablando de paradojas alimentarias y me referiré ahora al caso del calcio. El Calcio representa el 2% de la materia orgánica de un ser vivo, es un elemento necesario para la matriz ósea y para la vida celular, para la transmisión nerviosa y para el trabajo muscular. Nuestras necesidades de Ca son ubicuas y más notables durante la época de crecimiento y también en la menopausia. Sin embargo las necesidades de Ca no se resuelven tomando calcio en comprimidos, por la misma razón que antes esgrimía con la vitamina C.

Hay personas que absorben perfectamente el Calcio y otras personas a los que los suplementos de Ca no hacen sino complicarles la vida. El Ca y el Magnesio son dos elementos muy parecidos, por decirlo de alguna manera son como primos hermanos, sólo se diferencian en una cosa: uno tiene una órbita más de electrones que el otro, sin embargo aunque físicamente presenten algunas diferencias relacionadas con el estado orbital, químicamente son idénticos: los dos tienen dos electrones en su órbita más periférica. Es decir, reaccionan con otros elementos formando sales al perder con facilidad estos electrones. Ambos, forman parte de un equilibrio bioquímico que hace que el exceso de uno vaya seguido del descenso del otro. Dar calcio a una persona osteoporótica que a su vez tenga un magnesio bajo, supone condenarle a un exceso de calcio en sangre que será transportado a lugares ajenos al hueso, dando lugar así – y paradójicamente- a una mayor descalcificación.

El riesgo más importante de esta sobredosis de calcio, está en la calcificación de la aorta, y del riñón. Menos graves son las calcificaciones de los músculos o de los tendones.

A veces la mejor manera de asegurarnos un buen aporte de Calcio está precisamente en conseguir un buen equilibrio entre el calcio y el magnesio, es decir aportando magnesio en lugar del calcio. La mejor manera de asegurar este equilibrio es a través de una alimentación armónica que de cuenta al mismo tiempo de las necesidades de calcio y magnesio junto con otros oligoelementos como el fósforo y el flúor que también intervienen en la arquitectura de la matriz ósea y precisan de un aporte que resulte de un equilibrio homeostático entre ellos.

La mejor manera de asegurar este aporte equilibrado es a través de una alimentación suficiente, variada y completa. La leche entera y sin pasteurizar es el mejor medio de asegurar el aporte de estos minerales en el equilibrio que la naturaleza organizó para ser consumida por el hombre. Por el contrario las leches enriquecidas en calcio no suponen ninguna ventaja sobre la leche sola.

Si tenemos en cuenta que muchas personas han desarrollado en Europa una intolerancia a lácteos y que la mayor proporción de Ca se encuentra precisamente en la leche, antes de plantearnos una terapia substitutiva con Ca deberemos preguntarnos ¿Podrá esta persona admitir un exceso de Ca exógeno en su dieta? ¿Corremos el riesgo de que ese calcio sea transportado a lugares ajenos al hueso (tendones, riñones)? ¿Es calcio lo que necesita o magnesio?

Las personas que no toleran la leche por intolerancia a la lactosa de la misma pueden consumir sin embargo leches fermentadas como el yogur que en cualquier caso siempre será bien tolerado, o bien leches sin lactosa.

Si una persona tiene antecedentes de litiasis renal, lo mejor es abstenerse de proporcionar complementos de Ca, más aun si tolera bien los lácteos y estos forman parte de una dieta equilibrada. Sin embargo hay que pensar siempre que nuestras necesidades de magnesio no son bien atendidas, no sólo por el antagonismo que mantiene con el Ca, sino por el progresivo empobrecimiento de este elemento en nuestra dieta.

Las fuentes más comunes de magnesio son la leche y los vegetales de hoja verde. Si tenemos en cuenta de la sobreproducción de los mismos, así como la pobreza de estos cultivos casi siempre realizados en invernadero, podemos concluir que nuestras necesidades de magnesio no se hallan bien atendidas en una alimentación común, sobre todo cuando se restringe el uso de los alimentos antes citados.

Lo mismo sucede con el hierro, un metal que es componente esencial de la hemoglobina y responsable de múltiples transportes iónicos. Tomar suplementos de hierro en forma química es una manera de asegurarse una buena diarrea. El intestino se deshace del metal no porque el organismo no lo necesite sino porque es incapaz de asimilarlo sino va unido a un grupo hemo. Por eso, la mejor manera de asegurarse un buen aporte de hierro es a través del hígado y de la carne roja, donde aparece ligado al acido fólico y a la vit B12, la forma natural de la asimilación del hierro en la dieta de los carnívoros. El aporte de hierro en forma de sales que encontramos en los vegetales resulta mucho más incierta que la anterior y por eso las dietas vegetarianas puras siempre cursaran con un déficit en el aporte del mismo. Dicho de un modo más claro el hierro del hígado de cerdo es más asimilable que el hierro de las lentejas o de las espinacas, por mucho que a Popeye le pese.

Las mayores necesidades de hierro las tienen las mujeres en edad fértil, por las perdidas que las menstruaciones suponen de este metal, sin embargo, como siempre, el aporte de hierro se halla sujeto a unas leyes inexorables, dado que el almacenamiento y transporte del mismo se realiza a través de un circuito cerrado que incluye su vinculación a la ferritina: una especie de almacén hepático del mineral y a la transferrina una proteina que lo transporta a través del torrente sanguíneo.

De hecho un aumento de la ferritina es un magnifico marcador del estado del hígado, similar al que ofrecen los enzimas hepáticos, SGOT, SGPT y SGGT, no es extraño encontrar ferritinas altas en alcohólicos. También es un magnífico marcador tumoral.

Asegurar una función hepática impecable es tanto o más importante que mantener un aporte equilibrado de hierro. Una vez más, lo que se impone es el equilibrio, la armonía entre los distintos componentes que forman parte de la materia viva.

Sin embargo, en otro orden de cosas creo que después de haber hablado de la baja cualidad de los alimentos que consumimos he de hacer algunas consideraciones acerca de las condiciones en que los consumimos.

Etimológicamente, comer es una palabra que procede del latin cum cudere, que significa “estar con alguien”. Comer no es sólo una función de aporte de energía es sobre todo un acto social. Los animales superiores tienen dos formas de alimentarse: el comensalismo y el “vagabond feeding”, la alimentación vagabunda. Podríamos traducir ambos conceptos etimológicos con nuestras mas acertadas y castizas coordenadas gastronómicas: comer de caliente o apacentar.

Comer de caliente significa, compartir alimentos en una mesa, permanecer sentados y disponer el concurso de energía según un severo ritual derivado del “orden de picada” que rige en los mamíferos más gregarios y que se llama comensalismo. Primero los niños (una cesión de soberanía típicamente humana), luego los varones dominantes y luego las hembras, primero las jóvenes y luego las menopáusicas (las mas resistentes a la inanición), sobre todo en lo que respecta a la carne.

Apacentar, por el contrario, es atiborrarse de comida rápidamente o “picar” de pie, casi siempre comida fría, una forma que adoptan los herbíboros trashumantes o los simios mas humanizados. Al parecer, esta forma de alimentarse supone una ventaja evolutiva en las especies amenazadas por depredadores y que deben permanecer bien despiertas al acecho de las trampas que la sabana les procure. Este tipo de especies se alimentan mientras van caminando y son generalmente rumiantes, es decir primero tragan la comida y luego más tarde, cuando pueden, la digieren a sus anchas.

Sin embargo algunos simios que no son rumiantes también han adoptado este modelo alimentario en su repertorio gastronómico: esconden comida, la roban, la consumen siempre de pie y no siguen en ningún caso el turno de la jerarquía alimentaria que, como siempre en biología, prioriza a los más fuertes en detrimento de los más débiles: hembras y crías. Se trata, pues de una inteligente y algo psicopática manera de saltarse el orden militar impuesto por el comensalismo como estilo alimentario en los carnívoros.

El hombre en general se rige por un estilo de comensalismo calcado de los carnívoros depredadores. Si observamos un ritual cualquiera en los estilos de reparto en cualquier mesa familiar observaremos como, salvando los estilos individuales o étnicos, casi todos los grupos humanos, desde los más primitivos hasta los más sofisticados se alimentan según un ritual que sigue unas reglas implícitas que casi nunca se discuten y que proceden de aquella jerarquía atávica con las correcciones añadidas de nuestro altruismo social.

Este modelo alimentario del grupo familiar ha sobrevivido durante miles de años hasta que se rompió recientemente por la incomparecencia de la mujer en la mesa familiar. Su incorporación al mundo del trabajo fragmentó notablemente la cohesión interna del grupo gastronómico, hasta el punto de que prácticamente ninguna familia moderna hoy en día se reúne a comer, al menos la comida principal diaria.

Nuestro abandono del comensalismo a favor del “vagabond feeding” aunque no se considere un factor causal en si mismo, es al menos una invitación a la reflexión: la mayor parte de las anoréxicas que componen la muestra de Castellón, (una investigación en forma de encuesta donde se investigaron variables clínicas y psicosociales de una serie de pacientes tratadas en nuestra Unidad de trastornos alimentarios), arroja unas cifras que cuando menos inducen a la perplejidad. La mayor parte de los chicos y chicas entre los 16-28 años no comen en casa su comida principal, pero ni siquiera las anoréxicas y bulímicas de nuestra muestra disponen de la posibilidad de hacerlo. La mayor parte de nuestros adolescentes comen en el colegio, algunos más afortunados, con una abuela o nodriza, pero una nada desdeñable parte de estos pacientes ¡comen solos!, sin ningún tipo de tutela o sin ningún tipo de contacto social. Son precisamente estos adolescentes los que adoran la comida basura y los que practicarán a su vez con sus propios hijos, el “vagabond feeding” más feroz.

EL MITO DE LAS CALORIAS PERDIDAS

La mayor parte de las personas que conozco, tanto las que atiendo profesionalmente y que padecen un trastorno alimentario, como aquellas que conozco personalmente y que no se hallan diagnosticadas de ningún trastorno mental, presentan una preocupación excesiva por la dieta, que es la expresión de una inaceptación del propio cuerpo o de los cambios que el tiempo va provocando en él con la irrupción del miedo a envejecer y la obsesión por aparentar una edad que ya no se tiene ni jamás se tendrá.

Una preocupación que no tiene nada que ver con sus hábitos higiénicos sino que están más bien relacionados con la apariencia, se trata de una preocupación estética que a veces está emparentada con la necesidad de aceptación por parte de los demás y a veces con un enigmático “sentirse bien con uno mismo”.

Me sería muy difícil hacer una lista con diez personas conocidas que en algún momento de su vida no hayan hecho un régimen con mayor o menor sentido común: hacer algún tipo de dieta es normal, se ha convertido es una especie de epidemia de donde surgen precisamente los trastornos alimentarios más graves.

No quiero decir con esto que todas las personas que hacen dietas sean susceptibles de enfermar a causa de un trastorno alimentario sino que lo que en la población general es “ponerse a dieta”, en la población que atienden los psiquiatras “es una anorexia o una bulimia”. De aquellas lluvias proceden estos lodos. Todos los trastornos alimentarios comienzan con una dieta, es bueno repetirlo hasta el paroxismo.

La motivación estética es la responsable – sin duda- de que la población general esté mas preocupada por su aspecto físico, haga más ejercicio, y los gimnasios sean hiperfrecuentados por la población en “edad de merecer, y no sólo por ella: prácticamente todo el mundo sigue algún tipo de dieta en forma interrumpida, hace algún tipo de ejercicio y somete su cuerpo a disciplinas físicas con tal de arañar unos gramos de grasa, allanar el abdomen, por no hablar de las torturas de la medicina estética con su fácil recurso al bisturí.

Con todo lo cierto es que –efectivamente- comemos demasiado. Si comparamos la ingesta de comida con cualquier otra función orgánica caeremos en la cuenta de que no le damos nunca descanso a nuestro sistema digestivo que apenas ha dejado de trabajar ya debe estar dispuesto para deglutir y metabolizar otra comida. La sobreingesta de “calorías vacías” es la responsable de la obesidad que abruma a nuestros contemporáneos pero también es cierto que el hambre es a veces un estimulo biológico que sirve para encubrir otras necesidades amordazadas por la costumbre o la represión.

Una de los mayores errores que siguen abrumando a pacientes y dietistas son las consabidas listas-fetiche de calorías: el contenido calórico de los alimentos. Se supone que una persona con una actividad física media necesita al día unas 2500 cal, todo lo que está por debajo de esta cifra se considera una dieta hipocalórica que en teoría debe adelgazar y todo lo que está por encima de aquella cifra es hipercalórico y por tanto debe engordar, en sujetos normales y estándar.

Lo que sucede es que los sujetos estándar no existen, porque cada individuo es desde el punto de vista energético, único e irrepetible: así no es raro encontrarse con la paradoja –una vez más- de que lo que engorda a unos, a otros les adelgaza y que no existe una dieta estándar que haga el mismo efecto sobre diferentes sujetos.

Lo importante no es el numero de calorías que se consumen sino la cualidad de alimentos que se asimilan, algo que tiene que ver, no ya tan sólo con la calidad de los propios alimentos sino con la integridad de la barrera intestinal, las incompatibilidades entre alimentos y el medio interno, entendiendo como tal a la completa integridad tanto de los medios de transporte como los de utilización de la energía.

Volviendo otra vez al tema del calcio como ejemplo, decir que los suplementos de calcio son completamente inútiles en una comida presidida por el tomate. Esta sabrosa solanácea es capaz de formar quelatos con el Ca y también con el hierro, de modo que tomar calcio en la misma comida en que tomamos tomate es una forma de asegurar la inutilización de aquél. Por otra parte los suplementos cálcicos de la leche son los responsables del aumento de la frecuencia de litiasis renal (aunque no sea la única causa)

Este aspecto de personalización tanto de la dieta como del ejercicio, depende de las variaciones individuales de cada persona. Así, mientras unos precisan ejercicios intensos y enferman cuando hacen una vida demasiado sedentaria, otros sólo toleran ejercicios suaves como caminar y es para ellos suficiente con este pequeño ejercicio diario. Naturalmente, el ejercicio extenuante o el sedentarismo extremos son perjudiciales para casi todos, pero la recomendación genérica de hacer ejercicio que se hace a la población, no deja de ser un error bienintencionado en la que hasta los políticos caen con grotesca frecuencia porque no todo el mundo puede tolerar los mismos niveles de ejercicio, como tampoco todos pueden tolerar las mismas dietas, tanto para adelgazar como para engordar.

He observado que los pacientes afectos de un trastorno alimentario tienen una especial afinidad por el deporte, pero también he observado que muchas veces una anorexia comienza cuando se abandona un deporte intenso y competitivo. Con todo, lo usual, es que anorexia y entrenamiento deportivo coincidan en un mismo individuo, una circunstancia muy peligrosa si además existen vómitos por las perdidas de potasio que pueden derivar en una arritmia cardiaca y en una muerte súbita.

El ascetismo de las anoréxicas ha sido señalado hasta el paroxismo y también se ha llamado la atención sobre que determinados deportes competitivos como la danza o la gimnasia artística suponían verdaderos laboratorios de anoréxicas. Es verdad. Pero también es cierto que en ocasiones cuando una paciente abandona la disciplina física de un deporte intenso cualquiera, es para sustituirla por la informe disciplina ligada al cuerpo que supone la anorexia.

Por otra parte este tipo de deportes efectuados desde antes de la pubertad consiguen detener el crecimiento longitunidal de las que lo practican. No sabemos aun por qué las mujeres menudas tienen un menos riesgo de padecer cáncer de mama, a la vez que suelen tener mayor éxito sexual. La baja estatura de las atletas de gimnasia rítmica correlaciona con una mayor resistencia a este tipo de cáncer, como la mayor parte de mujeres orientales al parecer por un retraso de la menarquía o la supresión de múltiples ciclos de la menstruación. No sabemos quienes son los sujetos que pueden beneficiarse de una intensidad baja o alta de deporte, pero algunos autores han señalado que esta relación puede deberse al tipo de sangre (D´Amato). Para este autor el grupo 0 es el grupo que puede beneficiarse de un trabajo muscular intenso, siendo los demás grupos mucho más sedentarios en su tolerancia al ejercicio físico.

Me estoy refiriendo al ejercicio físico, pero también podría referirme al esfuerzo mental. Quizá las jovencitas afectas de la enfermedad de Chron o cualquier tipo de enfermedad inflamatoria intestinal, sean desde el punto de vista psicosomático, el grupo donde la intolerancia al estrés mental esté mayormente representado.

Por otra parte hacer ejercicio para adelgazar no deja de ser una forma de pervertir el sentido higiénico de hacer ejercicio. El ejercicio no debe hacerse para perder peso, sino para adaptar el cuerpo, el corazón y nuestro sistema circulatorio a una demanda superior a la que estamos acostumbrados debido a nuestra vida sedentaria. Se trata de utilizar el cuerpo para lo que está diseñado, para lo que está adaptado.

Se trata de quemar energías y agresividad (el exceso de norepinefrina), de aprender a autotranquilizarse por medio del cansancio muscular: una de las más baratas posibilidades de provocarse una deplección de endorfinas. La broncodilatación y la sensación de bienestar que sigue al ejercicio físico, no debe ser en ningún caso utilizada para un fin tan espúreo como adelgazar sino para explorar los limites del esfuerzo y los confines de la resistencia, con el fin de ponerla a nuestro servicio en las situaciones de sobredemanda que conocemos con el nombre de estrés.

OTRA PARADOJA: EL ESTRÉS DEL HOMBRE MODERNO

El ser humano actual es el resultado de una cadena de adaptaciones que desde la caverna han propiciado cambios permanentes en su morfología, en su fisiología y en su mentalidad. Se trata de modificaciones que han necesitado millones de años y que son los restos de las luchas del hombre contra su ambiente, siempre hostil y peligroso para su supervivencia. Además, estos cambios están inscritos en el genoma humano, a partir de pequeñas variaciones que en forma de mutaciones van configurando (siempre con un cierto retraso) la adaptación de las ordenes génicas hacia los nuevos individuos, que reciben de sus antecesores, una memoria de la especie, un manual de instrucciones acerca de aquellas estrategias más adaptativas y eficaces, que en parte pueden resultar algo obsoletas a causa de la “basura” que contienen y que nunca son perfectas ni mucho menos fatales.

Recibimos una información que en las sociedades opulentas ya es inservible. Nuestro cuerpo está perfectamente adaptado a las hambrunas, a las catástrofes naturales, al sufrimiento y al cansancio, al frío y al calor extremos, pero estos riesgos ya no forman parte del catálogo de nuestras amenazas ambientales o expectativas de vida. Estamos perfectamente diseñados para resistir los venenos naturales y las enfermedades bacterianas, para imponernos o aliarnos con nuestros enemigos, para negociar, resistir o claudicar, pero estamos muy poco dotados para lidiar con conflictos complejos, para derrotar a los virus o para trabajar ocho horas delante de un ordenador o en una cadena de producción.

Nuestro cuerpo estuvo diseñado para la huida de los depredadores, para cazar y recolectar, para las marchas nomádicas. Parecemos olvidar que el hombre sedentario es un invento demasiado reciente como para que nos hayamos adaptado del todo a las consecuencias de un trabajo, que en realidad, implica muy poco a los músculos y al esqueleto y demasiado al cerebro y al sistema hormonal.

Nuestras cápsulas suprarenales se inventaron para derramar adrenalina (norepinefrina) y cortisona al torrente sanguíneo ante una situación de lucha/huida. Una vez desaparecieron del mapa de futuribles los ataques de predadores, nuestras cápsulas suprarenales nos siguen advirtiendo de los peligros adaptando su funcionalidad hacia los temores que invaden al hombre de hoy, con una pequeña objeción: aunque hemos aprendido a suprimir nuestra agresión y nuestros mecanismos de lucha/huida, no podemos hacer lo mismo con la secreción de la cápsula suprarenal, ella sigue funcionando a su modo, aunque el cerebro se empeñe en disimular y mirar hacia otro lado cuando estamos furiosos o asustados.

Por otra parte hemos aprendido a disociar el sexo de la reproducción y a emplearlo con fines lúdicos. Hemos aprendido a rechazar aquellas partes de nuestra sexualidad que entran en colisión con nuestro deseo y hemos soportado el celibato con estoicismo y la programación de nuestros embarazos y nuestros partos con arreglo a nuestras conveniencias, derivadas de nuestro occidental concepto de la autorealización. Naturalmente esto es muy poco natural porque contradice nuestro esquema genético y nuestras posibilidades de adaptación con respecto a aquel código. Esto es también estrés, pero un estrés que procede de nuestro albedrío, un estrés electivo, del que pocas veces somos conscientes.

Ahora se habla mucho del estrés y en ocasiones es asimilado a una entidad nosológica cualquiera. Como la palabra estrés supone una sobredemanda sobre el cuerpo, siempre me he preguntado por qué en la época actual, donde los hombres viven rodeados de confort, de calefacción y de aire acondicionado, de un exceso de alimentos y de vacaciones pagadas, podemos suponer que tenemos estrés.

Puedo entender perfectamente el estrés de hombre primitivo: siempre pendiente de un ataque, del dolor de muelas ante lo que muy poco se podía hacer, de los dolores y los accidentes del parto, del frío que tuvo que soportar en la época glaciar, de las enfermedades, de los venenos. Incluso puedo hacer un ejercicio de memoria y suponer el estrés de nuestros abuelos, sometidos a condiciones de vida invivibles, a infecciones constantes, a dificultades de hábitat, trabajando una tierra inhóspita y desagradecida para arrancarles los alimentos del día a día. ¿Por qué comenzamos a hablar de estrés precisamente cuando las condiciones de vida han mejorado para casi todos?

La razón más importante que encuentro para contestar esta pregunta es que el estrés no es sólo una sobredemanda que se hace de menos a más, sino también la que va de más a menos. Decir estrés es decir cambio y este cambio puede ser percibido como una ganancia o como una perdida, pero en cualquier caso es siempre una perdida del equilibrio anterior, de la homeostasis.

Esta percepción de ganancia o perdida es lo que delimita precisamente el sentimiento de estar en sobre demanda, que es un sentimiento subjetivo, en ningún caso se trata de una sobre demanda objetiva y mensurable. Toda sobre demanda precisa para ser atendida de un sobre esfuerzo y este sobre esfuerzo es precisamente nuestro concepto actual de estrés.

Esta conceptualización del estrés, sus grados y sus relaciones con las enfermedades, ha sido investigado por muchos autores. Nombraré a Holmes y Rae que investigaron y editaron un inventario de eventos próximos puntuándolos según su capacidad para enfermar a las personas que los sufrían. Así por ejemplo la perdida de un ser querido era puntuada con 100 puntos, dado que 100 de cada 100 personas veían perturbada su salud con este acontecimiento.

Además existe otra razón que mas atrás apuntaba: el estrés actual del hombre moderno se debe, no tanto a sobre demandas de esfuerzo físico, sino a sobre demandas intelectivas, psicológicas y sociales. Ya no necesitamos hacer esfuerzo alguno para calentarnos, para alimentarnos o para guarecernos de la lluvia, pero necesitamos continuamente aprender estrategias para salvaguardar nuestra integridad social o eso que hemos venido en llamar identidad. La complejidad del mundo en que vivimos nos exige aprender cosas nuevas continuamente y a veces a fracasar en esta tarea. Para un adolescente los mensajes de exclusión que le llegan en forma de criticas sobre su cuerpo (sobre todo si proceden de sus iguales) pueden suponer una fuente de estrés, difícilmente objetivable según nuestros conceptos de estrés clásicos. Encontrar amigos que les entiendan o que les liberen del ostracismo social, puede ser para una anoréxica una fuente de sufrimiento similar a la del hombre de la caverna ante una hambruna en una época glaciar o al menos así lo entiende su sistema hormonal. Porque nadie puede sufrir sino por aquello que sufre. O sea, que cualquier sufrimiento, aun aquellos más subjetivos e incomprensibles son similares a cualquier sufrimiento objetivo, a aquellos que nos resultan comprensibles.

Cualquier muerte es siempre algo brutal, extemporáneo, porque nadie puede morir sino de su propia muerte ( Marco Aurelio)

Por si fuera poco también hemos llegado a la conclusión de que el estrés es una enfermedad de la mente, una enfermedad mental olvidando que se trata de un síndrome de adaptación general: no atendemos a las señales que nuestro organismo nos envía desde diversos puntos muy alejados del cerebro. Así no estamos acostumbrados a pensar en términos de estrés hepático o estrés renal, cuando nos alimentamos de azucares o bebemos cerveza en lugar de agua.

Hay que recordar ahora que el exceso de azucares de nuestra alimentación supone un sobre esfuerzo biológico, porque este exceso de azucares debe almacenarse en el hígado a través del glucógeno. Este almacenamiento de glucógeno tiene unos limites que la evolución determinó como óptimos para atravesar circunstancias de déficit. El mayor estrés hepático que los seres humanos actuales soportamos en nuestro hígado, descontando a los medicamentos, es el exceso de azucares de nuestra dieta.

Por otra parte bebemos muy poca agua y cuando lo hacemos es un agua excesivamente mineralizada. Este déficit de aporte hídrico (o de exceso de minerales) supone un sobre esfuerzo renal, más aun si lo combinamos con un exceso de otras bebidas azucaradas o alcohólicas como las colas o la cerveza. Al ser hiponatrémica (tiene menos Na que el agua), la cerveza contribuye a una mayor deshidratación sobrecargando el trabajo renal, del mismo modo que hace la cafeína y el alcohol.

De modo que el estrés no es sólo un fenómeno mental, sino sobre todo un factor de desestabilización externo en todos y cada uno de los aparatos corporales. Pensar que el estrés es una especie de depresión por sobre esfuerzo, es pretender olvidar que en un cuadro depresivo, probablemente, otros sistemas le hayan precedido en la sobrecarga y que sólo su claudicación previa haya propiciado la emergencia ulterior del cuadro mental.

La disociación entre lo mental y lo corporal me parece uno de los errores más impresionantes que la ciencia ha cometido desde que el pensamiento científico se instaló como paradigma de conocimiento del hombre y la naturaleza. A lo largo de numerosos artículos he hecho varias menciones a este hecho de fragmentación dual y quiero ahora dar una regla para corregir esta tendencia en el lector. Imagínese un piano con tres octavas. La octava baja representaría del ombligo hacia abajo, la octava media del cuello hasta el abdomen y la octava más alta del occipucio hasta el cuello.

La melodía sonará en la octava más alta, la armonía o los acordes en la octava media y los bajos en la octava baja. Las tres cadenas suenan al mismo tiempo (o secuencialmente) dotando de sentido y de color a la melodía. Así sucede pues en el organismo humano, la mente canta una melodía que el corazón, el hígado y los pulmones dotan de sentido, mientras los bajos (el esqueleto) sostienen toda la estructura armónica.

Lo más sorprendente de este modelo es que el Do bajo y el Do alto suenan con la misma frecuencia (aunque con distinta longitud de onda), lo que les hace ser al mismo tiempo la misma nota aunque suene en una distinta octava.

Con este concepto vibratorio podemos tener un mejor mapa mental acerca de la unicidad de todo el sistema orgánico que llamamos cuerpo humano. La mente puede enfermar antes o después que el cuerpo pero siempre incluye disonancias en cualquier otro aparato. La mente no es pues más que una distinta forma de organización de la materia, del mismo modo que el Do de una octava baja o el Do de una octava alta.

Lo energértico y lo material vibran como armónicos y representan un paquete de información.

27
Sep
08

Medicina tradicional china y anorexia mental

Tenemos evidencias de que la anorexia mental es una enfermedad que ha existido siempre, bien es cierto que no vinculada a los mismos motivos que hoy se le atribuyen. Nuestras primeras noticias fidedignas datan de las descripciones de Morton en el siglo XVI. Morton la conceptualizó como una enfermedad consuntiva y la llamó tisis nerviosa o melancolía tísica. Es bueno recordar que desde el punto de vista clásico melancolía era toda forma de psicosis sin fiebre, el término tísica puede relacionarse con el parecido con la consunción tuberculosa que era -en esa época- más importante y frecuente que la propia anorexia y que como sabemos cursaba con fiebre. Más tarde ya en el siglo XIX Gull y Lasègue casi simultáneamente publican dos casos de anorexia mental restrictiva y la asimilan a las formas histéricas ya descritas desde la antigüedad y bien conocidas y proponen una causalidad psicógena, un paradigma que ha llegado hasta nuestros días. Un paradigma dual.

Casi a mitad del siglo XX y después de las descripciones -también simultáneas- de Simmonds y Seehan respecto a la caquexia hipofisaria vuelven a ponerse de moda las concepciones biológicas, la anorexia vuelve a ser vista como una enfermedad física y frecuentemente tratada por endocrinólogos hasta que se demuestra que la caquexia hipofisaria y la anorexia mental no tienen nada en común entre si salvo la inanición. Son los años de la medicina psicosomática, concepciones hoy caídas en desgracia debido a la presión de la Psiquiatría biológica y más concretamente neokraepeliniana que tiene en los manuales operativos tipo DSM su pretexto fundamental: aquello que no se encuentra codificado en un diagnóstico operativo simplemente no existe.

Alexander no incluye a la anorexia mental entre las enfermedades psicosomáticas clásicas: hipertensión, asma, ulcus gastroduodenal, dermatitis, artritis reumatoide, colitis ulcerosa, etc, pero la tendencia durante las décadas de los 60 y 70 era considerar a la anorexia mental como un trastorno psicofisiológico, es decir un trastorno psicosomático donde los factores psíquicos influirían de manera decisiva en la presentación de una enfermedad -con mascarada- aunque sin explicación física.

El prestigio de la medicina psicosomática fue decayendo poco a poco fundamentalmente por carecer de una teoría general que explicara la enfermedad a partir de una causalidad mental. Saber cómo los eventos mentales y a través de qué mecanismos operan en la génesis de la enfermedad física es hoy tan desconocido como innegable, aunque ninguna teorización ha logrado ir más allá de constructos teóricos vacíos con vocación de descripción como enfermedad funcional o somatización, este último el único término que ha logrado sobrevivir a la marea organicista consecutiva a la implantación de diagnósticos operativos.

La carencia de un modelo explicativo de cómo los eventos mentales se transforman en estados físicos ha sido la ruina de la medicina psicosomática, tan solo el psicoanálisis ha brindado alguna explicación con los conocidos constructos “agresión reprimida” somatizada en aparato digestivo o “rechazo del rol femenino” atribuido a la anorexia, constructos que aunque no desmentidos han sido duramente criticados por la medicina biológica que aspira a deshacerse del todo y para siempre de cualquier subjetividad.

Falta por saber cómo la “agresividad reprimida” o el “rechazo del rol femenino” pueden llegar a provocar síntomas físicos siendo como son constelaciones psíquicas inconscientes, pensamientos o sentimientos. Evidentemente debemos hipotetizar un mecanismo intermedio que “transforme” lo psíquico en algo físico, bien a nivel de lesión o bien a nivel de disturbio funcional, bien de la motilidad en el caso de tratarse de un víscera hueca o bien de estasis si estamos imaginando una víscera como el hígado compacta y material.

Si descartamos a las hormonas, la medicina convencional tiene muy pocos candidatos para explicar la “neurosis de órgano” por una parte y la elección de órgano por las emociones disruptivas o los mecanismos de “mensajería” entre lo psíquico y lo físico. El sistema nervioso vegetativo ha sido olvidado sistemáticamente a la hora de correlacionar emociones con estados físicos a pesar de la evidencia de que todas las vísceras se hallan inervadas por nervios que transmiten sus señales a través de mecanismos simpáticos y parasimpáticos, y a través de los mismos neurotransmisores que utiliza el cerebro.

Dicho de un modo más claro: cuando utilizamos un ISRS (inhibidor de la recaptación de serotonina) estamos aumentando la disponibilidad de serotonina en el cerebro tanto como en aquellos lugares donde la serotonina se comporta como un neurotransmisor, fundamentalmente en este caso en el sistema digestivo de donde proceden precisamente los efectos secundarios más importantes de este medicamento. Es realmente curioso que la psicofarmacologia actual no haya reparado en el dato de que los neurotransmisores existen en casi todo el organismo más allá del cerebro. Que el intestino dispone de neurotransmisores para “informar” a otros órganos de cómo anda su función y nombro el intestino por nombrar tan sólo un órgano, en realidad todos los órganos están interconectados entre si bien por hormonas (como la leptina) o bien por verdaderos neurotransmisores como los neuropéptidos.

La medicina china, miles de años antes de conocer la anatomía exacta de los órganos y la fisiopatología de las enfermedades erigió un sistema comprensivo holístico que correlacionaba las emociones y los órganos, explicando además la “elección de órgano”, teorizando que tanto las emociones morbosas como las toxicidades o los elementos climáticos mórbidos pasaban por un sistema de cribado donde el hígado era junto con el SNC el primer filtro de defensa, Para la medicina china cuando existe un ataque exógeno el primer afectado será el sistema nervioso central pero si el SNC es lo suficientemente fuerte (o carece de daños mínimos) la energía Qi estancada se moverá hacia abajo buscando el órgano más débil o desequilibrado en sus energías Yin o Yang para instalarse definitivamente en él y desde el que iniciar una labor de debilitamiento del resto de los sistemas. El concepto de debilidad o fortaleza del SNC es heurístico y se realiza mediante la anamnesis, por ejemplo si un individuo ha tenido un padre alcohólico y ha vivido aterrorizado durante toda su infancia y consulta por una jaqueca, bien podemos afirmar que su SNC es fuerte, la energía Qi nociva de este individuo irá hacia abajo buscando la debilidad de otro órgano cualquiera. Por el contrario si una persona hace un cuadro psicótico después de fumar un “porro” bien podemos afirmar que su SNC era débil (vulnerable) y poseía lesiones sutiles (daño cerebral mínimo) que no fueron detectadas, su energía Qi nociva ascenderá, explicando al mismo tiempo el por qué los individuos psicóticos no suelen enfermar de afecciones psicosomáticas, en aplicación de la economía del Qi que puede representarse en el siguiente esquema donde se categoriza la dirección del Qi:

1.- El sistema nervioso central

2,- Después la superficie o capas superficiales de los órganos. Primero abajo, después arriba, primero el lado izquierdo (hemisferio no dominante) luego el derecho (hemisferio dominante). El hígado es la primera barrera de defensa orgánica en un SNC integro.

3.- Más tarde las capas más profundas incluyendo las fases celulares de las enfermedades.

La medicina china comprende y sabe qué hacer ante un constructo como “agresión reprimida” si bien sustituiría el termino reprimida por suprimida. La ira suprimida repetidamente terminaría afectando al sistema energético de la madera (que se ocupa de la asertividad) que a su vez controla el sistema tierra (estomago, bazo, páncreas). La energía madera suprimida encargada de controlar al sistema tierra fracasaría en esa labor de mediación y el estomago se resentiría de esa falta de control de la madera sobre la tierra ¿Cómo explicar este fenómeno con nuestros actuales conocimientos? Bien, el estomago se halla inervado por el vago, un nervio parasimpático cuya función homeostática consiste en regular sobre todo la motilidad del estomago y la génesis de ácido. Un estomago en hiperfunción sintetizaría un exceso de ácido que resultaría a la larga en una lesión estructural de la mucosa, un estomago en hipofunción no trabajaría armónicamente en relación a la motilidad de acuerdo con las necesidades de la energía necesaria para la digestión. Lo usual es que una emoción como la agresión suprimida, pueda a la larga conformar un desequilibrio Yin-yang en el estomago, es decir un desequilibrio entre las funciones simpáticas y parasimpáticas de la inervación del estomago. En cualquier caso, aun aceptando que una vez establecida la lesión (la ulcera) el estomago pudiera ser infectado secundariamente, la génesis de la ulcera sería un desequilibrio entre las condiciones Yin y las condiciones Yang de las energías tierra.

La fisiopatología china considera a la anorexia mental una enfermedad del sistema Tierra. Las puertas de entrada a esta enfermedad son bien conocidas y podemos afirmar que no existe anorexia mental sin dieta restrictiva. Más allá de las razones – fundamentalmente psicológicas- para someterse a dieta, el resultado final es una inanición por deprivación que en cualquier caso sobrepasa las capacidades energéticas individuales para mantener los sistemas energéticos fluyendo armónicamente

Las razones por las que la anorexia mental es hoy considerada una enfermedad mental mientras que otras enfermedades psicosomáticas han sufrido distinta suerte son políticas. La fibromialgia, por ejemplo, es hoy considerada una enfermedad reumática y la ulcera gastroduodenal una enfermedad digestiva a pesar de ser igualmente enfermedades donde los factores psicológicos y los físicos se encuentran entremezclados entre sí de un modo tan intenso como en la anorexia. Como he dicho las razones hay que ir a buscarlas en las coyunturas políticas y a razones de hecho cuando no de tradición. Por ejemplo las asociaciones de fibromiálgicas – muy combativas- se opusieron a que esta enfermedad fuera considerada una enfermedad mental y se movilizaron contra los ponentes que redactaban la última versión del conocido DSM, hay que decir que lograron su propósito, el ulcus gastroduodenal ha sido una enfermedad quirúrgica hasta que se inventaron los antagonistas H1 y recientemente recibió un cierto bautizo de prestigio cuando se asoció con una infección por Helicobacter pylori, algo que hoy se pone de nuevo en tela de juicio porque no explica todos los casos. La anorexia ha sido una enfermedad muy poco frecuente hasta su definitiva eclosión en los años 70 y ha pasado a engrosar el listado de enfermedades mentales, a pesar de una larga tradición en medicina psicosomática, desde donde fue arrancada y agregada como enfermedad mental poniendo en tela de juicio el propio paradigma de lo mental y su eterno bucle de desunión con lo somático.

Mi practica clínica con trastornos alimentarios incluye tres modalidades, una parte de ella se desarrolla en un Hospital, otra en ambulatorio y la tercera en Hospital de día. Las pacientes ingresadas en un régimen hospitalario y en 1 año representan el 10% del total de pacientes atendidas, significa que personalmente veo a las pacientes más graves de esta patología a las que posteriormente sigo en tratamiento ambulatorio y en Hospital de día. Cuando empecé a tratar anoréxicas me di cuenta de un curioso fenómeno sobre el que no he encontrado ningún dato en la bibliografía: las pacientes sometidas a una dieta adecuada, suficiente y variada no adquirían el peso que era de prever en el tiempo en que se consideraba suficiente. Este dato me hizo pensar al principio en maniobras eméticas negadas o en trampas diversas que estimularon en mi el conocido síndrome de desconfianza del tratante dado que no podía comprender este fenómeno, hasta que me di cuenta de que esta misma observación ya había sido hecha por los médicos aliados que trataron a los supervivientes de los campos de concentración nazis, es decir había algo en la inanición que hacía que la recuperación de un organismo desnutrido o caquéxico fuera extremadamente dificultosa, como si no pudieran aprovechar parte de las energías que ingerían con la dieta. Del mismo modo, es sabido la dificultad que tienen para adelgazar aquellas personas que padecen una obesidad mórbida a pesar de las dietas bien planteadas por profesionales competentes o al menos la facilidad que tienen para volver al peso premórbido a la mínima indiscreción en la dieta. Me planteé si estos fenómenos eran paralelos y busqué en la bibliografía sin encontrar ninguna ayuda, del mismo modo los compañeros psiquiatras que consulté, parecían adherirse al principio bien conocido ” si no se engorda es porque sale más de lo que entra” o bien “si no se adelgaza es porque entra más de lo que sale”, principios que aunque genéricamente son ciertos no respondían a mis casos y a la pregunta más genérica que me solía hacer ¿Hay algo que impida la correcta asimilación de los alimentos más allá del simple contaje de calorías?

Un día cayó en mis manos un libro de Medicina tradicional china y Psicología escrito por un psiquiatra . El libro me cautivó y me abrió puertas a ciertas intuiciones que se encontraban agazapadas en mi inconsciente, parecía tratarse – al leer ese libro- de un déjà vu, de algo ya pensado, que no había sido debidamente intelectualizado. Hammer plantea en ese magnifico libro que el trabajo de la digestión tiene una parte absolutamente mecánica que no por ello debe contemplarse como pasiva. Nada en la digestión es pasivo sino que precisa un enorme derroche de energías, el trabajo de digestión, asimilación, transporte y excreción precisan de una enorme inversión de trabajo, la digestión en si misma representa un gasto de energía y mucho más en los carnívoros que en los herbiboros dotados de un sistema digestivo más largo. Evolutivamente hablando, se supone que “el sacrificio” de un tubo digestivo más corto correlaciona en los carnívoros con una inteligencia y una perfusión sanguínea cerebral más alta . La evolución sacrificó la sangre que retiraba de un sistema digestivo largo diseñado para asimilar toda clase de vegetales incluyendo los más duros (silicatos), por un tubo digestivo más corto que precisaba una digestión más rápida y alimentos necesariamente cocinados que resultaran asimilables en esa condición. Se supone que esta condición de tubo digestivo corto como resultado de la invención del fuego y el alimento cocinado correlaciona con nuestra más aguda inteligencia y nuestra vulnerabilidad digestiva.

Para la medicina china los órganos no solamente tienen una parte fisiológica (función) y otra estructural (una matriz anatómica) sino que además constan de un apartado energético, por ejemplo el páncreas (en el caso de un páncreas sano) tiene una parte endocrina (secreción de la insulina), una parte exocrina (secreción de enzimas digestivos) y una parte energética que comparte con las energías Tierra. Las energías Tierra (estomago, bazo y páncreas) tienen como el resto de los órganos un correlato mental y este correlato mental es la reflexión, que se corresponde con la función digestiva: triturar, tragar, desmenuzar y absorber, una función a cuya alteración nosotros llamamos obsesividad en el caso de un “exceso” y confusión en el caso de “defecto”. Eso es precisamente a lo que se refiere el termino “reflexión”, la cavilación o preocupación que “devuelve” a la conciencia aquello que no ha sido debidamente desmigado, desmenuzado y asimilado.

El sistema energético Tierra puede enfermar por varias razones, una de esta razones es a causa de un exceso de obsesividad primaria (búsqueda de la excelencia o exceso de preocupaciones), de tal manera que la obsesividad -un fenómeno yin- que es un hecho mental que procede del SNC (aunque alimentado energéticamente por energías diversas) termina por averiar el sistema energético Tierra y desde ahí a sus órganos relacionados. También puede suceder el proceso inverso y una persona puede enfermar mentalmente a partir de una avería primaria del estómago bien a partir de una disminución de su motilidad o bien a partir de un exceso o defecto de ácido. Dicho de otra manera el órgano diana y el SNC a través del sistema energético se influyen entre si, algo que ya conocemos desde que supimos que la inanición por sí misma favorece la obsesividad y la hiperquinesia.

Otra manera de enfermar la Tierra es a través de un escaso aporte calórico y otra manera podría ser el exceso de comilonas o de bebidas alcohólicas (yang). Como también debemos contemplar la posibilidad de una disminución constitucional de estas energías Tierra, algo que más bien correlacionaría con un defecto en la construcción de vínculos es decir con las enfermedades más graves o defectos del neurodesarrollo. Las anoréxicas por lo general no presentan defectos constitucionales de las energías Tierra salvo quizá aquellas de entre ellas más psicóticas o con un trastorno border-line de la personalidad. Dicho de otra manera, la manera de enfermar el sistema energético Tierra de una anoréxica es algo exógeno, adquirido, una situación o constelación vivencial que lesiona gravemente el sistema energético Tierra. Sin embargo en cada individuo vamos a encontrarnos con una constelación distinta que correlacionará con el estado energético del resto de órganos.

En este orden de reflexiones otra de las cuestiones que me preocuparon en mi trabajo diario con anoréxicas es que algunas veces no existía una pulsión anoréxica de delgadez en las enfermas que trataba, algo que contradecía la causalidad mental de la enfermedad, en casi la mitad de casos todo parecía indicar que la muchacha había llegado a aquella situación de desnutrición a partir de una alimentación irregular, unos hábitos de estudio o trabajo infernales o un exceso de ejercicio, cuando no todas ellas juntas. ¿Si no había motivación anoréxica dónde quedaba pues la supuesta causalidad mental de la anorexia? ¿Podríamos hablar en este caso de una anorexia secundaria? ¿Por qué no llamarla inanición por estrés, volviendo a las viejas ideas de Morton? Comencé a especular sobre eso y a tabular mis casos en clave de encontrar cuantas y cuales pacientes habían enfermado a causa de una búsqueda de un físico particular y cuantas y cuales habían enfermado a causa de cualquier otra razón. De 23 anoréxicas restrictivas que estudié tan solo 6 reunían el criterio clásico de pulsión hacia la delgadez o miedo a engordar, las otras 17 simplemente no tenían ningún interés en mantenerse delgadas aunque no eran capaces de ganar un solo gramo si realizaban sus actividades normales y bastantes dificultades para ganar peso incluso en el Hospital, en un ambiente protegido y con una dieta supervisada constantemente. Si habláramos del conocido y sobrevalorado síntoma “distorsión del esquema corporal” es decir seguir viéndose gorda a pesar de la extrema delgadez he de decir que de ese grupo tan solo 2 muchachas tenían esta distorsión. La búsqueda de excelencia o perfeccionismo sin embargo estaba presente en 15 de las 23 pacientes estudiadas aunque este síntoma no estaba presente en ninguna de las pacientes anoréxicas vomitadoras y en prácticamente ninguna bulímica.

Una vez que me hube planteado como hipótesis y en clave de fisiopatología china la probable hiperfunción energética pancreática en las anoréxicas comencé a entender mucho mejor algunos de los síntomas comunes que presentan casi todas las anoréxicas y que no han merecido -inmerecidamente- la atención de los clínicos, me refiero al estreñimiento y a la epigastralgia postpandrial. Estos síntomas siempre han sido catalogados como síntomas derivados de la escasa alimentación, pero no creo que sea cierto, más bien me parece un epifenómeno de la escasa energía disponible en el tubo digestivo para realizar la tarea de la digestión. Por la misma razón la amenorrea es una detención de las energías fuego de la sangre o dicho de una manera más occidental debido a la ralentización de la producción de hormonas sexuales (Tierra controla Agua), en cualquier caso el organismo se defiende de la inanición de dos maneras fundamentales: retirando las energías del sistema digestivo y retirando las perdidas menstruales a fin de asegurar la perfusión del SNC. En mi opinión las energías Tierra de las anoréxicas se encuentran consumidas, bien por la propia inanición o bien por otros motivos, en este sentido considero la anorexia como una hiperfunción pancreática (Yin) y una hipofunción gástrica (Yang) y a la bulimia como una hipofunción Yin y una hiperfunción Yang, naturalmente pueden existir también fenómenos de oscilación entre uno y otro polo lo que nosotros conceptualizamos como bulimarexia.

EVIDENCIA DE LA EXISTENCIA DE MECANISMOS DE ENTRADA NO PSIQUIATRICOS EN LA ANOREXIA MENTAL

Más allá de las razones psiquiátricas para mantenerse en un bajo peso o de las condiciones psicológicas que sustentan el deseo de ponerse a dieta ¿existen otros motivos que induzcan una anorexia mental? En primer lugar debemos mencionar claro está, la dieta y sus carencias. ¿Cómo es la dieta de una persona que llega a enfermar de anorexia? ¿Qué y qué no comen? ¿Es sólo la restricción la responsable de la perdida de peso?

Tan importante como el aporte calórico global es la forma de consumo, el estilo alimentario. La alimentación se encuentra regulada por hormonas y señales periféricas cuya secreción es pulsátil, esta secreción se encuentra regulada por factores climáticos, bioquímicos, hormonales e individuales, incluyendo los hábitos sociales. La alimentación debe ser periódica cada 4-6 horas (dependiendo de la edad) y suficiente para “aguantar” la restricción hasta la próxima ingesta y parece redundante decir que una mañana debe comenzar con un buen desayuno después de 8 horas de reposo. Si una de esas ingestas no es suficiente, la señal de hambre que en realidad en un organismo sano se encarga de regular el aporte alimentario se adelantará, si se vuelve a inhibir poco a poco esta señal enmudecerá. El hambre, señal biológica que nos informa que debemos comer ya no representará señal alguna y el individuo quedará a merced de la intelectualización del comer. Dicho de otra manera, sí come lo hará porque sabe que debe comer pero lo hará sin hambre y por tanto sin placer, habrá transformado una señal biológica de cuya satisfacción se obtiene una sensación voluptuosa en un “exceso de reflexión” que hace del acto de comer una tarea obligada, una preocupación.

Además de la discontinuidad aperiódica del aporte alimentario es también muy importante el equilibrio entre alimentos relacionándolos con los 5 sabores y la temperatura. El exceso de alimentos crudos y fríos altera el sistema tierra humano que está diseñado evolutivamente – como dije más atrás- para digerir alimentos cocinados fundamentalmente, lo que ahorra consumo de energía al sistema digestivo. Todos sabemos que existen alimentos pesados (yin) que cuestan mucho de digerir y otros alimentos livianos (yang) que no cuestan casi nada digerir y que cuentan además con mucho prestigio entre los regímenes dietéticos, como por ejemplo sucede con las ensaladas, pero alimentarse sólo de ensaladas no es recomendable, no sólo porque no contienen las suficientes proteínas sino porque desequilibran el sistema energético Tierra relativo a la temperatura. Consumir platos fríos es la mejor manera de desequilibrar este sistema, que gasta parte de su energía en calentar los alimentos ingeridos por no nombrar los refrescos o los helados o la práctica ausencia de sopas y platos calientes en la alimentación de nuestros adolescentes actuales. En ese sentido la comida rápida, aquella que se consume apresuradamente y de pie es el paradigma actual de una alimentación desequilibrada que afecta la digestión.

Cuando la comida se ha convertido en el eje de las preocupaciones de una persona deja de tener interés voluptuoso alguno y cualquier cosa que esté relacionada con ella deja de ser un placer, como por ejemplo la compañía. Comer es además de un acto alimentario un acto social donde se conversa y se comparte (comer significa compartir). El que ha inhibido el hambre, se ha autoprovocado sin saberlo una derivación energética que “asciende” – aprovechando las energías del bazo- hacia el exceso de reflexión, por lo que la comida ha dejado de ser una necesidad placentera y se ha convertido en una obsesión. El caso contrario también es frecuente, he conocido anoréxicas, que enferman precisamente a través de una indebida intelectualización del acto de comer. Sucede cuando la alimentación se ha convertido en una especie de religión con tabúes y prescripciones, la alimentación ha dejado de ser un acto placentero y automático, un instinto socializado y se ha convertido en una forma de penitencia donde sobre todo hay que evitar la contaminación de la carne (el pecado).

Comer como respirar son actos automáticos que se afectan si se piensa demasiado en ellos, también la defecación o la temperatura corporal se afectan si nos tomamos demasiado frecuentemente la temperatura o nos preocupamos por el aspecto de nuestras heces. Es evidente que pensar en la comida, como pensar en la defecación, medir u observar su contenido, frecuencia o consistencia representan estados comunes en todas las personas que por una u otra razón se han visto obligadas a focalizar su atención sobre estas funciones alimentarias sean de aporte o de excreción, pero lo usual es que no estemos pensando en estas cosas escatológicas. La defecación es el primer aspecto de la digestión que se afecta por un exceso de reflexión, la razón es bien obvia, el mecanismo de la defecación es activo y precisa de una cierta voluntad por parte del sujeto, no así la micción que es imposible de detener más allá de la flexibilidad fisiológica de la vejiga de la orina. Detener el flujo de una vejiga de orina llena es imposible, pero detener el flujo de las heces es relativamente fácil y un aprendizaje mórbido bastante común en la población occidental por razones que van desde lo anatómico hasta lo social.

Pero también son estados muy frecuentes en aquellas personas que han derivado sus energías tierra – función del bazo- hacia “arriba” hacia un exceso de reflexión. Este exceso de reflexión sin embargo puede ser primario, es decir se puede entrar en la anorexia a partir de la obsesividad. No es necesaria la pulsión anoréxica clásica para llegar a un estado de inanición, a veces este llega precisamente en el contexto de una forma de ser vinculada a determinados hábitos alimentarios que se han identificado como una ideología, me refiero al vegetarianismo u ortorexia, una nueva forma de culto religioso que ha sustituido en las sociedades opulentas a una espiritualidad elevada y vinculada a la propia tradición, el vegetarianismo en nuestra sociedad carece de sentido cultural y hacia él son arrastradas muchas personas pusilánimes que temen su propia asertividad, suprimen su agresividad hasta el punto de negarse a dañar ninguna clase de vida animal y sacrificándose a si mismas en el altar de una religión sin propósito.

Aunque he conocido vegetarianos que siguen una dieta correcta, es decir suficiente y bastante completa es evidente que ser vegetariano sin guía y asistencia representa un factor de riesgo para un desequilibrio energético mucho más si la paciente presenta además estereotipias alimentarias, he de decir que las anemias megaloblásticas (por deficiencia de vitamina B12) más graves y crónicas con las que me encontrado en pacientes anoréxicas proceden de este grupo.

Al margen del vegetarianismo existen otras condiciones para llegar a estados de desnutrición o carenciales. El primero son las aversiones alimentarias más frecuentes entre los jóvenes y el segundo es la perdida de apetito ligada a un trastorno orgánico como sucede entre los ancianos que pierden simultáneamente el olfato y el gusto, una condición que es observable en la enfermedad de Alzheimer. Los seres humanos son el único animal que presenta aversiones especificas y deseos o preferencias alimentarias, con la excepción de las ratas que también presentan aversiones alimentarias sobre todo neofobias, es decir una precaución innata hacia lo nuevo. Los seres humanos – animales de costumbres y pitiáticos (imitativos)- presentan numerosas aversiones alimentarias, neofobias y estereotipias que en ocasiones pueden llevar inopinadamente a restricciones de alimentos que tienen como consecuencia déficits vitamínícos, minerales o de principios activos determinados. He conocido estereotipias extremas, pacientes que sólo consumen hidratos de carbono, un caso que sólo se alimentaba de aceitunas y tomate con queso y un enorme grupo de personas que nunca prueban la fruta, la verdura, el pescado, la leche o los huevos o que desconocen el sabor de determinados alimentos a los que incluyen en listados de aversivos. Aunque un grupo concreto de alimentos es prescindible y puede ser sustituido por otros, las estereotipias extremas que he visto en ciertos casos de vegetarianismo o “alimentación natural” constituyen grupos de riesgo, tan o más frecuentes que las que llegan a ser anoréxicas por motivos clásicos, la búsqueda de atractivo sexual vinculada a la delgadez.

He de decir a continuación que las mujeres – aunque resisten mejor la inanición- son más vulnerables que los hombres a los desequilibrios energéticos relacionados con la ausencia de determinados nutrientes y disbalances en la temperatura de los alimentos, no sólo en lo que refiere a trastornos alimentarios sino también a desordenes menstruales, incluyendo la dismenorrea, el síndrome premenstrual y la menstruación irregular, disfunciones que tiene correlatos mentales muy importantes, en forma de disforia y ansiedad y que se encuentran en prácticamente todas las anoréxicas. La amenorrea de la anoréxica no debe ser forzada hormonalmente bajo ninguna circunstancia, un organismo debilitado debe contener los dispendios de hierro (Fe) que ahorra precisamente con la supresión de la menstruación.

Por el contrario, los hombres son más vulnerables que las mujeres a los excesos sexuales incluyendo la masturbación. Es francamente cómico que en ningún tratado de medicina actual se haga referencia a la perdida de energía consecutiva a la masturbación excesiva. Probablemente este olvido se deba a un mecanismo de péndulo, en el sentido de que hemos pasado de considerar a la masturbación como algo pecaminoso y vinculado a la ceguera, con algo que no se nombra ni siquiera de pasada en ningún manual dedicado a la anorexia masculina, es como si los médicos hubiéramos escotomizado el hecho de que la masturbación (junto con el uso de drogas) es probablemente en los adolescentes masculinos uno de los mecanismo de entrada más frecuentes en cualquier disfunción energética incluyendo la anorexia mental. El Qi que se pierde en la masturbación a través de la eyaculación es necesaria en esta edad para contener el Fuego del corazón, uno de los mecanismos energéticos que la medicina china atribuye a las disfunciones de todos los sistemas y que termina por afectar al órgano más débil.

Las mujeres y los hombres son vulnerables también al exceso de ejercicio y probablemente los hombres son más vulnerables a dejar de hacer ejercicio, sobre todo cuando se pierde entrenamiento y se retoma el deporte en un contexto de estrés y excesos sexuales. El vinculo entre hiperactividad, dieta y anorexia está ya admitido e incluso correlacionado con la obsesividad, la razón es la misma que ponerse a dieta: el deporte está diseñado para la salud, es incluso necesario para mantenerla pero hacer deporte para perder peso, ser más atractivo o contener el hambre no es una buena motivación, porque nos hará ir a través de la previa intelectualización más allá de las propias fuerzas. El mecanismo por el que pensamos demasiado y nos hacemos incluso adictos al deporte es el mismo por el que pensamos en la comida y hacemos dieta: a través de la inhibición de una señal biológica, el hambre o el cansancio. El ser humano puede ir más allá del cansancio a través de su motivación y esta motivación puede incluir desde la superación personal hasta el deseo de perder peso, en mi opinión el deporte que no se hace por motivos higiénicos o médicos, y mucho más si es un deporte que se practica a solas se convierte rápidamente en una obsesión cuyo resultado es el desequilibrio del sistema tierra, tanto más si actúa sinérgicamente con los demás factores algo que está ya suficientemente demostrado.

CAUSAS PSICOLóGICAS DE LA ANOREXIA MENTAL: LA FUNCIÓN DÉMETER.

Es verdad que existen constelaciones causales de orden psicológico en la anorexia mental, algo que por razones de su ubicación nosológica ha sido más estudiado que en el resto de las enfermedades psicosomáticas, este algo debe entenderse como una ventaja que tiene la anorexia por haber sido considerada una enfermedad mental. De entre ellas la más significativa es la relación entre la madre y la hija y a ella voy a referirme ahora desde el punto de vista de la medicina china y su integración en nuestro modelo occidental.

La relación entre una madre y su hijo es de entre todos los vínculos humanos el más intenso, profundo, duradero y también – por el contrario- el más potencialmente dañino de entre ellos cuando existe una perturbación del mismo. Un vinculo se define por el apego es decir el grado de adhesión o “pegamento” que se encuentra presente en los finísimos hilos invisibles que unen a unas personas con otras y que cualitativamente hablando se manifiesta bien en un defecto (privación) o bien en un exceso (toxicidad). La función de los vínculos – sin embargo- no es permanecer sino transformarse. Desde un vinculo madre-hijo, el apego suficiente que se da entre una madre sana (lo suficientemente buena) y un hijo sano (sin deficiencias innatas del Qi) va a derivar en una expansión de vínculos – una tarea antientrópica que se hace por disipación hasta la muerte del individuo. Lo paradójico del vinculo entre madre e hijo es que su función es expandirse o dicho desde el punto de vista de la díada madre-hijo, desaparecer, aun manteniendo lazos sutiles y flexibles. La función de estos lazos es permitir que el hijo se socialice a través de la expansión de estos mismos vínculos inevitablemente a través de transformaciones del apego original que deberá sustraerse de las figuras de referencia. Según la medicina tradicional china las energías Tierra son las que construyen los vínculos y las energías Metal las que los transforman y expanden. Las energías Fuego son las que los dirigen hacia objetivos, mientras las energías Madera son las responsables de resguardar la integridad del individuo. Por fin, de las energías Agua (Qi del riñón) emerge la fuerza, o la intensidad del vinculo.

No existe anorexia sin una forma u otra de perturbación del vinculo, bien de forma primaria o secundaria a la enfermedad consuntiva. Casi todas las anoréxicas que he examinado tenían rasgos de dependencia (excesivos vínculos originales sin transformar bien a partir de una toxicidad o bien a partir de una privación) o evitativos (excesivo miedo a transformar los vínculos sin la seguridad de ser aceptada incondicionalmente) y en casi todas las madres que he tenido ocasión de observar he encontrado fuertes sentimientos de afectación y culpabilidad por la enfermedad de la hija. Algo que no es extraño porque la anorexia pone en tela de juicio la función materna, es decir la calidad de los cuidados alimentarios dispensados por la madre.

La razón de esta afectación de la díada y la persistencia de estos rasgos de personalidad en la hija es la deficiente cualidad de los vínculos entre la madre y la hija, algo que la paciente resuelve reforzando los vínculos con la madre en lugar de arriesgarse (energías madera) a romperlos como podríamos suponer en una relación presidida por la ambivalencia. A veces, incluso, algunas pacientes identificadas con una madre suficiente narcisista llegan a situaciones de compromiso que más bien parecen operaciones de ingeniería vincular, pasan el día discutiendo, peleando o compitiendo con sus madres sin llegar a un “impasse” o tregua que permita a ambas descansar de sus funciones vinculares.

Este tipo de constelación no puede darse en cualquier tipo de díada madre-hija, es necesaria una relación especial, una relación que tiene que ver con aspectos femeninos profundos y que usualmente es inaccesible al padre y por tanto al Logos. Este tipo de relaciones que excluyen a los hombres y que resultan impenetrables para los varones, incluyendo a los terapeutas remiten al mito de Démeter- Persefone.

Démeter era la diosa griega de la agricultura, la diosa de los cereales y el pan, es decir una función desagregada de la madre- tierra. Perséfone era su hija, que tiene dos aspectos: uno de ellos es el aspecto Koré (la doncella) y otro es la diosa del infierno, casada con Hades (Plutón) por quien fue raptada y violada. El vinculo entre Démeter y Perséfone es un vinculo victimizado por los hombres (en este caso por Hades), pero persistente y que se encuentra más allá del varón. La pena y la cólera de Démeter por la perdida de Persefone es un paradigma mítico de la pena y cólera de las madres que asisten al espectáculo del crecimiento y maduración de sus hijas y observan con horror como estas cada día las necesitan menos y expanden sus intereses hacia otras personas dejándolas de lado solas con su función Démeter activada e irrelevante, por no hablar del espectáculo de duelo eterno que puede alcanzar a una Démeter que efectivamente pierde a su hija por una repentina muerte.

Los griegos adoraban a ambas diosas y su culto conjunto y misterios iniciáticos han sido motivo de estudios y especulación, lo cierto es que el culto en Eleusis estaba destinado a descifrar el misterio de Démeter y Persefone, algo en que participaban miles de personas que buscaban ser iniciados en el secreto de las diosas a fin de obtener bienaventuranzas en la vida y perder el miedo a la muerte, a través precisamente de la redención periódica que se obtiene de la renovación de los vínculos.

Sin entrar en la mecánica del culto a Eleusis para lo que dirijo al lector a la bibliografia especializada (2), todo parece indicar que los ritos iniciáticos de las diosas estaban destinados a exorcizar los fantasmas recurrentes de las mujeres, la vejez de la madre que encuentra en la belleza de su hija un testigo viviente de su decrepitud y la inevitable cercanía de la muerte donde Perséfone servirá de guía debido precisamente a su matrimonio forzado con Hades. Las diosas representan la díada madre-hija y sus conflictos continuos de rivalidad, miedo al abandono, muerte y resurrección en cada expansión del vinculo y su relación con las estaciones y las hambrunas. Por ultimo la necesaria ruptura del vinculo por fuerza mayor. Con todo, el mito de Démeter y Persefone en su acepción psicológica principal me parece que remite a la pena de la madre por la perdida de su hija, una perdida (la perdida de la Koré, es decir de la doncella que hay en Perséfone) que la encoleriza de tal modo que amenaza con secar toda la tierra si Perséfone no le es devuelta. Al final y mediante la mediación de Zeus, logra que Perséfone vuelva al mundo de los vivos al menos durante tres partes del año, razón por la cual, la tierra permanece estéril durante el invierno.

Todo parece indicar que los griegos disponían de rituales destinados a dramatizar el estado de perdida de la doncellez y el duelo consecutivo, algo que está vinculado a la función Démeter, protectora de las cosechas, y que representa junto a su hija una dualidad, una dualidad de la que están excluidos los hombres, algo que nos es familiar a los que tratamos con anoréxicas. Efectivamente, gran parte de nuestra muestra de pacientes presenta una configuración similar de la díada Demeter-Persefone. De los 23 casos nombrados, 6 eran padres divorciados, en 12 casos el padre era periférico, declaraba no entender nada de la enfermedad de su hija, se mostraba hostil o era un alcohólico (2 casos de los 12). En los otros 5 casos restantes no se logró establecer ninguna correlación que permitiera interpretar que el padre estaba ausente o era desplazado de la relación madre-hija. Concretamente en un caso existía la evidencia de que el padre realizaba las funciones Démeter debido a una enfermedad mental de la madre o a un trastorno de personalidad grave sin filiar.

Se ha escrito mucho acerca de la constelación familiar de las anoréxicas para lo que remito al lector a la obra de Selvini-Palazzoli citada en la bibliografía, donde la celebre escuela de Milán hace un repaso del estado actual de la investigación sobre el tema. Mi opinión sobre este asunto es que el error consiste en tomar la anorexia como si fuera una entidad viva. El frecuente error de la ciencia actual consiste precisamente en estudiar enfermedades y no enfermos y desde esa teorización generalizar sus hallazgos, usualmente esta generalización nos lleva de bruces a un callejón sin salida. Probablemente no existe ninguna configuración psicológica, familiar o psicobiológica común entre las anoréxicas y que sea patognomónica de las mismas. Todo lo que he dicho en este articulo podría ser igualmente relacionado con cualquier otra patología, porque lo importante no es la patología sino el terreno en que esta se presenta y la reactividad individual. Personalmente me encuentro más cerca de pensar que las enfermedades que afectan a una misma persona son más parecidas entre si que las enfermedades que tienen un mismo nombre y que afectan a distintas personas.

Por ejemplo, el mito Demeter-Persefone lo podemos encontrar en la anorexia y en otro tipo de constelaciones distintas, incluso sin la presencia de sintomatología psiquiátrica de por medio y por supuesto no todas las anoréxicas representan una personificación del mito, buscar algo así sería presumir que las entidades morbosas son especies botánicas y aunque gran parte del pensamiento occidental se asienta sobre esta suposición, cada vez más se acumulan evidencias de que no son sino constructos teóricos alrededor de los cuales cuaja la sintomatología sobre todo la mental en busca de sentido cultural. Esta es una de las razones por las que los trastornos alimentarios están creciendo en todo el mundo opulento: nuestra conceptualización se comporta como un atractor alrededor del cual se dan cita múltiples malestares del ser humano, usualmente malestares relacionados con la emancipación entre padres e hijos, una tarea llena de riesgos y donde -paradójicamente- se estimula cada vez más la independencia de los jóvenes a la vez que crece la distancia entre la pubertad y la posibilidad fáctica de emancipación completa.

Sin embargo, no siempre la anorexia remite a una relación del tipo Demeter-Perséfone. Mi opinión es que a veces lo que nos encontramos es a una hija rechazada por un padre descalificador, sociópata o paternalista que no duda en fomentar en su hija el perfil Perséfone de docilidad, dependencia y extraversión que los hombres sienten como más apropiados con el rol femenino ahogando así las expectativas razonables de sus hijas que terminan por sentirse confusas, esperando que algo suceda, que alguien las rescate de si mismas (o las rapte como Hades) asistiendo pasivamente a su inmolación en la pira paterna. Una niña va a tener muchas dificultades de expansión si el padre no apoya sus expectativas en la vida, pero la tentación de instalarse en una función Perséfone va a ser demasiado fuerte de por vida si esta niña no logra desenterrar (sus energías metal) de sus energías Tierra, algo que la medicina china ha descrito como “metal enterrado”, que supone una incompetencia del metal para expandir los vínculos de las energías Tierra y que se traduce en síntomas como ansiedad de separación en los niños, pero también por dificultades para identificarse con los iguales a través de relaciones significativas, donde también la madera tiene alguna función a través del equilibrio entre preservación y asertividad.

El perfeccionismo es también para la medicina china responsabilidad del Metal, se trata de una insuficiencia o un exceso de las energías metálicas que como ya he dicho se ocupan de transformar los vínculos. Desde el punto de vista dinámico una niña alrededor de la pubertad tiene que poner a prueba simultáneamente habilidades diversas como la capacidad de seducción comparativa, es decir discriminar qué capacidad de seducción posee comparándose con sus iguales, al mismo tiempo tiene que ser competente en sus rendimientos mientras trata de restablecer continuamente sus vínculos con sus padres que pueden suponer una seria amenaza para sus deseos de emancipación, una tarea que debe compatibilizar con su autoestima o autoconcepto (funciones de la madera) en un momento en que la eclosión hormonal pone a prueba su adaptación al duelo de la Koré. Si a ello unimos los modelos femeninos que se encuentran en crisis debido a razones sociales entenderemos que la tarea de nuestras adolescentes es demasiado heroica y que muchas veces se salda con una enfermedad.

Un padre descalificador obstruye los espontáneos vínculos que surgen de la niña hacia los hombres cuyo género el padre representa. Esta niña no podrá desplegar toda su abundancia de hilos vinculares hacia las figuras masculinas y volverá su mirada hacia la madre. Si la madre es lo suficientemente madura hallará en ella la necesaria fuerza para apoyarse en busca de ese despliegue pero si la madre es una Démeter despechada, victimizada o depresiva no logrará el suficiente impulso ni la suficiente complicidad para escapar de la simbiosis original con la madre y quedará apresada en ella como el Metal en la Tierra.

CONSTELACIONES PSICO-FISICAS EN LA ANOREXIA SEGÚN LA MEDICINA TRADICIONAL CHINA.

De entre las emociones que pueden estar presentes en las pacientes anoréxicas me referiré en primer lugar a la pena inexpresada. Es interesante perfilar los distintos matices que para la medicina occidental se resumen en una palabra: depresión. La depresión como diagnóstico operativo no es usual en la anorexia por una razón fundamental: la anorexia no es una situación clínica de derrota sino de autoafirmación. En este sentido la anorexia es una condición clínica que favorece el autoconcepto y puede comportarse como un antidepresivo al favorecer la restitución. Es usual que se enfatice sobre el estado de ánimo de las anoréxicas y se las catalogue como despiertas, vivaces y laboriosas, aspectos que nada tienen que ver con la depresión tal y como la conocemos en la tradición clínica.

Sin embargo, la condición “pena inexpresada” no prejuzga una depresión clínica y probablemente es el desencadenante más frecuente en la anorexia mental restrictiva. Se trata de una pena que no ha llegado a ser ni formulada ni verbalizada y que frecuentemente tiene que ver con el desengaño sentimental o el divorcio de los padres, el antecedente más frecuente entre los precipitantes de una anorexia mental.

El divorcio de los padres, es de entre todos, el más común de los antecedentes que se han relacionado con la eclosión de un trastorno alimentario y lo es porque divide la lealtad de la niña en una edad en que ni siquiera es capaz de intelectualizarlo adecuadamente. Una niña sometida a este dilema responderá de un modo distinto al que sucede cuando se pierde un padre. En cualquier caso se trata de un accidente menor y que dependiendo de la edad se simbolizará de un modo más o menos adecuado, teniendo en cuenta también el traumatismo familiar que supongan la perdida o el divorcio. El divorcio es también una pérdida pero una pérdida menor por así decir desde el punto de vista simbólico, mientras que la muerte de un progenitor será seguida de un periodo de duelo destinado a restituir la perdida (cuando sucede a una edad suficiente), la perdida de un progenitor en el divorcio supone de hecho una alineación con una de las partes contendientes en el proceso. Usualmente la niña se alienará con la madre y romperá los vínculos con el padre imitando el propio proceso de la madre, mucho mas si el divorcio viene precedido de una fuerte trama jurídica y de confrontaciones, usualmente económicas. Esta alineación supone de hecho una inexpresión de la pena derivada de la pérdida por un lado y de “la traición” por otro al cónyuge perdedor de la reyerta.

Esta pena se instala además de forma crónica y permite la suficiente adaptación para que no se transforme en un episodio depresivo a diferencia de lo que sucede con las penas súbitas consecutivas a accidentes en los que se pierde un progenitor de forma inesperada. El resultado morboso de esta instalación crónica es un estado de angustia muy similar al miedo crónico mezclado con preocupación y que conocemos con el nombre de culpabilidad. En esta situación las energías del riñón, que son las que nutren el SNC sufren un enorme menoscabo, en realidad una profunda sequedad si utilizamos la terminología china que se caracteriza por la imposibilidad de llorar por la pérdida. Esta sequedad, en realidad una energía Yang o Fuego va a dar como resultado después de sucesivas combinaciones derivadas de la fragilidad o vulnerabilidad fisiológicas a distintos cuadros sintomáticos, donde el agotamiento de las energías Agua es el común denominador y que solemos observar en forma de disfunciones tiroideas.

Los venenos emocionales no afectan irremediablemente a un elemento sino usualmente a aquel más vulnerable, una vulnerabilidad que además tiene que ver con la edad. En la adolescencia es común que se entremezclen varias circunstancias que deriven en trastornos energéticos del sistema Tierra y que este sea el más afectado. He nombrado las dietas irregulares, el exceso de ejercicio, la preocupación cultural por la delgadez y la búsqueda de excelencia por parte de las muchachas más competitivas y eficaces a los que hay que sumar las carencias o excesos constitucionales. El estómago que digiere y transforma los alimentos, el páncreas responsable de las energías que tienen que ver con la transformación de la glucosa y el bazo que es un órgano que hace ascender la energía para nutrir el SNC se ven implicados primariamente a la vez que secundariamente afectan las energías del riñón ya de por si menoscabadas quizá a consecuencia de la pena u otra emoción derivada. Hay que recordar que la Tierra controla el Agua, lo que debe entenderse clínicamente de la siguiente manera: pequeños estímulos excitan y grandes estímulos deprimen. Significa que un exceso de energías Tierra puede inhibir las energías Agua. Hay que recordar también que las energías Fuego son las que nutren las energías Tierra, lo que nos da una clave terapéutica para reforzar el sistema Tierra

Otras energías comprometidas son las energías de la madera que pueden verse afectadas a través de la ira suprimida que puede estar involucrada como factor coadyudante y que pueden traducirse en una elevación de las transaminasas sin hepatitis detectable. También las energías fuego que son las que “expresan” la perdida a través del habla. La alexitimia de las anoréxicas es bien conocida y traduce la incompetencia de las energías Fuego para restituirse a través de la expresión verbal, algo que se persigue en toda logoterapia y que es inútil esperar en el tratamiento de una anoréxica.

Las energías Tierra que son las que se ocupan de construir vínculos y de trazar limites entre los objetos de apego y son las que se hallan mayormente comprometidas tal y como he podido explicar en el articulo a pesar de que como el lector ya habrá adivinado el modelo chino es circular (ver figura).

Tanto el sistema digestivo como los venenos mentales dependientes del sistema Tierra se encuentran comprometidos por un exceso de reflexión que se traduce clínicamente en obsesividad, confusión o una excesiva docilidad que representan insuficiencias o excesos Yin o Yang de las energías Tierra.

A veces no es la pena inexpresada la responsable del desequilibrio del sistema sino el desengaño. El desengaño es una forma menor de pena que erosiona la fe y por tanto el Qi del riñón, una puerta de entrada que comparte con la pena, aunque en cada persona dependiendo de su estilo cognitivo el precipitante psicológico operará de un modo bien distinto en función de su idiosincrasia reactiva es decir de sus vulnerabilidades constitucionales que teñirán el acabado del sentimiento haciéndolo caer del lado de su percepción más o menos sesgada. Así por ejemplo la ira tiene muchos matices según intervenga el Metal (ira fría, venganza) el Fuego (ira furiosa) el Agua (ira con temblor y miedo) o la Tierra (ira con llanto).

El metal por fin, transformador de los vínculos está relacionado con el perfeccionismo compulsivo, tan común entre las anoréxicas restrictivas y que va a expresarse en enfermedades broncopulmonares, desde el asma hasta la TBC y del colón (colón espástico) patología comórbida con la anorexia mental. La dependencia como rasgo de carácter responde a un constructo chino especial “el metal enterrado en la Tierra” es decir la incompetencia del metal para transformar los vínculos más allá de los seguros vínculos familiares, algo también que responde a nuestra conceptualización occidental acerca de la anorexia. El perfeccionismo compulsivo es una medida restitutiva de aseguramiento del amor por parte de los progenitores, una solución muy común entre las pacientes restrictivas mientras que en otras más histéricas optan por asegurarse sobre todo la aprobación. Otras más desorganizadas como las limites pugnan por mantener sus objetos internos a salvo de la confusión del discontrol de su propio Qi dando lugar a fenómenos oscilantes entre devaluación, excesivo apego e idealización, algo que procede de la confusión entre lo que está dentro y lo que está afuera.

CONSECUENCIAS PARA EL TRATAMIENTO

De todas estas consideraciones derivadas de la aplicación del modelo chino de enfermedad se desprenden algunas consecuencias importantes para el tratamiento de las pacientes anoréxicas y en general de los desordenes alimentarios.

En primer lugar hay que señalar que en la medicina actual y también en la psiquiatría damos muy poca importancia a los factores nutritivos que proceden de la intervención médica. En mi opinión toda terapia debe asentarse en una profunda consideración de los aspectos nutritivos y no me refiero tan sólo desde el punto de vista físico sino sobre todo emocional. La herramienta más potente de que disponemos para el tratamiento de una anorexia restrictiva es la hospitalización y sin embargo nos limitamos a usarla solo en casos desesperados. Mi experiencia es que la hospitalización, es decir el encuadre en un lugar cerrado, contenedor, de presencia de 24 horas al día, con tutela de las ingestas y excreciones en un ambiente comprensivo y firme resuelve gran parte de la patologías alimentarias, al menos en sus periodos más comprometidos. La anorexia mental es una enfermedad crónica y como tal debe abordarse en un programa que contemple todas las variedades asistenciales y que se prolongue en el tiempo todo lo necesario para cubrir las necesidades de nuestras pacientes que en cualquier momento pueden volver a recaer, una posibilidad que siempre hay que tener en cuenta, no importa el tiempo transcurrido.

Los médicos y con menos razón los psiquiatras están persuadidos de que las necesidades de nutrición de los pacientes son infantiles y casi siempre debidas a sus tendencias manipuladoras, una idea que procede de Freud y el psicoanálisis que enfatizaron sobre todo en el insight. Quiere decir que Freud suponía de un modo erróneo que después de saber ” el por qué de las cosas” el individuo iba a curarse poniendo en marcha sus capacidades restitutivas hacia la salud. Esto que es verdad en aquellas personas dotadas de una cierta comprensión del hecho mental y que además tienen una buena expresión verbal es una mentira en el resto de los pacientes. Las anoréxicas no se beneficiarán casi nunca de una terapia de insight, pero son muy sensibles a las terapias nutritivas, al apoyo y a la firmeza tanto del médico como del equipo responsable de su tratamiento.

Es cierto que las personas pueden ir más allá de lo razonable y poner en peligro su vida o su Ego llevando un síntoma hacia el esperpento y haciéndolo además voluntariamente, “como si” quisieran suicidarse. Sin embargo no existe contradicción: la anoréxica podría dejarse morir de inanición y no porque quiera suicidarse sino porque no sabe cuidar de si misma, su insuficiencia procede de no haber interiorizado la función materna (la función Démeter). No se trata de una maniobra de manipulación, se trata de una llamada de atención acerca de una carencia, una incapacidad que puede restituirse sólo con la presencia de un médico y de un equipo, la naturaleza por si misma no puede hacer sola el trabajo, precisa de una energía complementaria.

Este defecto de interiorización se ha relacionado con la dualidad Demeter-Perséfone y procede precisamente de no haberse identificado suficientemente con lo que la madre tiene en exceso o en defecto – cuidados maternales-. Estos excesos (o defectos) de la madre pueden llegar a ser extremadamente sutiles y en mi opinión se caracterizan frecuentemente por un calor frío e impersonal cuando no invasivo más que por una “maldad intrínseca” o una “perversión del instinto materno”, tal y como acostumbran a conceptualizar los psicoanalistas. Es probable que estos “excesos ” de cuidados maternales por parte de la madre – que no hay que confundir con la sobreprotección que trata de preservar a la niña de daños -, estén relacionados con la invasión de determinados espacios de subjetividad que son para un adolescente equivalentes a la territorialidad que ejercen los adultos en sus maniobras para alcanzar poder o competencia. En este sentido la dualidad Démeter-Perséfone puede ser “un conflicto de intereses” entre la madre y la hija que desde la dualidad de los opuestos – en este caso incompatibles- ejercen fricción la una contra la otra generando sufrimiento por ambas partes: la madre puede sentir que la alimentación de su hija es competencia suya y la hija puede sentir que los autocuidados son un derecho suyo. Ambas tienen razón pero se encuentran compitiendo en el mismo terreno de juego, el cuerpo de la hija. ¿La solución?: que Démeter cuide de si misma y que Perséfone aprenda a hacerlo después de que entienda que la madre ya no estará más para suplir esa u otras carencias.

El médico debe aportar pues dos energías complementarias, una que se llama maternaje y otra que tiene que ver con la separación (desenterrar el metal de la Tierra), ambas son las mejores medicinas para una anoréxica mental y que supone además – en la práctica- la separación de su vinculo primitivo con la madre original. Maternaje no sólo significa alimentación como suponía Freud, sino sobre todo contacto y que paradójicamente implica la separación de la madre, algo necesario para que además de contacto el paciente quede intacto. Y contacto es algo ligado a la predictibilidad, a las sincronías y también si es necesario a la restricciones y además debe tratarse de un contacto imperfecto aquel que deja un espacio a la subjetividad. Este es el contacto que deja intacta a la personalidad intacta y el que necesitan las muchachas afectadas de anorexia mental. Contacto es cariño, charla, compañía, ternura e información personalizada. Con- tacto significa andarse con cuidado en no invadir el espacio emocional de la muchacha y respetar la sintomatología de la paciente habiéndose librado previamente de la mitología que subyace en las concepciones actuales acerca de esta enfermedad; pacientes que son vistas con mucha frecuencia como manipuladoras, malcriadas e histéricas, un mito que hay que combatir casi constantemente con uno mismo y con el personal de enfermeria.

CONCLUSIONES

La anorexia mental restrictiva nos ofrece un modelo de enfermedad psicosomática clásica. De ella conocemos más y mejor los mecanismos mentales que intervienen y cronifican el hecho somático de la inanición por su encuadre psiquiátrico. Aunque la medicina psicosomática carece de un modelo explicativo para los mecanismos fisiopatológicos que gobiernan las transformaciones entre lo mental y lo somático, la medicina china de un modo empírico elaboró un modelo tradicional que nos permite a los médicos occidentales contemplar el hecho de enfermar de una manera holística a poco que hagamos el esfuerzo de cambiar una jerga por otra.

La medicina china es una medicina psicosomática y sistémica que parece trabajar con “agencias” que se interponen unas con otras influyéndose entre si y proporcionando un modelo que puede resultarnos provechoso para comprender que una enfermedad catalogada como mental puede tener su origen en disfunciones energéticas que proceden del sistema digestivo y como determinadas emociones pueden a su vez influir sobre el sistema Tierra y el SNC, primera barrera de defensa del organismo vivo y el sistema más vulnerable por su enorme dependencia del resto del sistema (básicamente de la sangre) para sobrevivir.

En este sentido se ha conceptualizado a la anorexia mental como una enfermedad del sistema energético Tierra que incluye vísceras huecas Yang (estómago) y vísceras compactas Yin (páncreas y bazo). Las enfermedades o perturbaciones energéticas – no psiquiátricas- que afecten este sistema pueden conducir a una anorexia mental del mismo modo en que es posible ingresar en ella desde una perturbación mental (un veneno emocional) que afecte al sistema Tierra y que en la medicina china se conoce con el nombre de exceso de reflexión, también se han examinado otros tipos de ingreso a partir de la pena inexpresada y el desengaño, se ha señalado el divorcio de los padres como el acontecimiento traumático más frecuentemente relacionado con la anorexia mental.

La consideración de medicina energética ni excluye ni presupone lesiones estructurales o funcionales en un sistema determinado. Energía tiene la consideración de “trabajo” algo que va más allá de la estructura y la función y que se transmite a través de la sangre, el sistema que comunica todo con el todo y donde navegan desde mediadores químicos hasta nutrientes y hormonas. En este sentido la anorexia mental podría considerarse como un equivalente energético de la diabetes tipo 1, y la bulimia de la diabetes tipo 2, enfermedades paradigmáticas del páncreas, función Tierra en el nivel de disfunción estructural y que se encuentran relacionadas evolutivamente con la disposición de alimentos y la adaptación del sapiens a las hambrunas.

Si esta analogía resultara cierta podría explicar la resistencia de las pacientes a engordar o adelgazar en una y otra patología, hay que recordar en este momento que la insulina es una hormona anabolizante que se utilizó hace tiempo como medicamento de engorde en casos de desnutrición con buenos resultados aunque hoy en día ya no se use debido a sus riesgos. Sin embargo en la bulimia (diabetes tipo 2 like) el aporte de insulina sería irrelevante porque en este caso se habría desarrollado una resistencia tisular a la hormona que la haría ineficaz. La participación del estomago podría explicar los vómitos como mecanismo restitutivo, la hipotonia y por ende el estreñimiento del tubo digestivo secundario. El bazo, un órgano que en medicina china está conceptualizado como portador de una energia (Qi) ascendente sería el responsable junto a la sangre de la transformación de las disfunciones del sistema Tierra en obsesividad, exceso de preocupación o perfeccionismo.

De esta consideración se desprenden consecuencias preventivas, conceptuales y terapéuticas que pueden abrir una brecha en nuestra medicina dual y en nuestra comprensión del ser humano como una totalidad. Mejorar la funcionalidad del sistema Tierra y sus elementos relacionados, mediante dietas adecuadas, suficientes y completas, hierbas, acupuntura, homeopatía u homeotoxicología pueden ser en el futuro el tratamiento de elección de la anorexia mental, junto con la obligatoriedad médica de mantener como objetivo la adquisición de un peso adecuado con la constitución y liberarse del exceso de preocupación y del estrés. Al mismo tiempo, esta consideración nos permite rechazar las psicoterapias de insight cuando sirven de pretexto para mantener el statu quo, que casi siempre en este tipo de pacientes es el bajo peso, por el efecto perpetuador que la inanición tiene en el sistema nervioso central.

Este articulo es original de Francisco Traver y fue publicado en psiquiatria.com en este enlace.

17
Jun
08

La utopía toxoplasmática de la vida

Si cualquiera de nosotros fueramos un toxoplasma gondii, nuestra utopía sexual sería encontrar un gato pues es alli y sólo alli -en el cuerpo de un gato- donde podriamos reproducirnos.

El resto del tiempo lo pasariamos bastante mal tratando de resistir formando quistes en el interior de otros animales que aunque infectables no permitirían de ninguna manera pasarnoslo en grande fornicando, aunque probablemente la reproducción del toxoplasma no es tan divertida como la nuestra pues tiene una fase sexual, la que se produce en el interior del gato y una fase no sexual que es la que se produce frecuentemente en el cuerpo de los ratones.

El ideal del toxoplasma es pues encontrar un gato, donde se desarrolla la fase final de su ciclo vital, su huesped definitivo, nosotros los humanos tambien podemos servir de reservorios pasivos y si está usted embarazada tienen grandes probabilidades de que su feto acabe siendo atacado por este parasito que tiene preferencia por los cerebros en desarrollo. Es por eso que las mujeres embarazadas desarrollan una cierta aversión a los gatos y hacen bien porque es a través de sus heces (depositadas en esa arenilla doméstica de los que poseen gatos) como nos contaminamos los humanos.

Del mismo modo se contaminan los ratones. Una vez en el interior de un ratón el toxoplasma se dedica a construir quistes y a resistir esperando que el ratón sea al final devorado por un gato y establecer alli su guarida nupcial. Ni que decir tiene que la resistencia del toxoplasma una vez enquistado es más larga que la vida de su huesped transitorio, la paciencia de estos parásitos es extraordinaria pero a menudo su ciclo vital no llega a completarse precisamente porque se encuentra con frecuencia con callejones sin salida, por ejemplo terminar en el cuerpo de un conejo que es absolutamente refractario a contaminarse.

Los ratones y los gatos -es bien sabido- se llevan bastante mal porque ningún ratón quiere terminar en el estómago de un gato, aunque esta verdad axiomática tiene sus excepciones tal y como el lector comprobará enseguida. Los ratones han desarrollado hacia los gatos una especie de fobia y basta tan solo el olor de un gato para desencadenar en ellos una respuesta de huida frenética. Una fobia que al parecer es innata, tal y como Seligman teorizó a través de su constructo preparedness, que seria algo así como una facilitación para desarrollar fobias a ciertas feromonas pero no a otras. Así los ratones estarían diseñados a que el olor de un gato les resulte aversivo con independencia de que haya visto alguno en su vida mientras que el olor a conejo les deja frios.

Pues -y ahora viene lo bueno- parece ser que esto de la fobia del ratón al gato tiene sus excepciones porque tal y como han demostrado unos sesudos investigadores de la universidad de Oxford, llamados Berdoy, Webster y Mc Donald en un interesante articulo titulado “Fatal atracction in rats infected with toxoplasma gondii” parece ser que los ratones se sienten fatalmente inclinados hacia la feromonas gatunas infectadas por el citado toxoplasma.

El articulo en cuestión que puede verse aqui es realmente extraordinario porque pareciera como si el toxoplasma tuviera inteligencia. Una inteligencia tal que provocara una abolición en el natural reflejo de aversión del ratón hacia el gato y que llevara al ratón hacia las fauces del gato sólo para que el toxoplasma fuera feliz.

Las implicaciones terapeuticas de este hallazgo son extraordinarias porque nos permite llegar a pensar en que determinadas enfermedades casi ya olvidadas como la rabia que están causadas por un virus podrian sernos de utilidad para el tratamiento de la agresividad, ¿Como sabe el virus de la rabia que la mejor manera de saltar de cuerpo en cuerpo es a través de la saliva que queda tras la mordedura?

La enfermedad que causa el toxoplasma gondii en los humanos se llama toxoplasmosis y suele manifestarse casi siempre de un modo benigno excepto en inmunodeprimidos y se sospecha que esta enfermedad puede tener alguna relación con otras enfermedades graves. Incluso se ha dicho (pero no demostrado) que podria tener algun parentesco o aumentar al menos la sensibilidad para padecer esquizofrenia si el contagio se da durante el embarazo.

Mientras los investigadores se ponen de acuerdo y discuten sobre las relaciones del toxoplasma con estas enfermedades, el toxoplasma sigue haciendo de las suyas y sin saber ni una palabra de neurociencia se las ha arrglado para conseguir que los ratones no sientan aversión por ellos sino atracción. Una atracción que para el ratón es fatal pero benéfica para el parásito y tambien para el gato que no ha de correr demasiado tras su presa.

Si supiéramos como lo hizo el toxoplasma quizá los invesigadores podrian ahorrarse tambien las discusiones y los congresos.

Simplemente hagan como el toxoplasma, hagan como hace la filogénesis, la evolución, primero resuelvan el problema y luego busquen el por qué.

Una web recomendada (en inglés), en ella el autor especula con que la infección por toxoplasma puede estar influyendo incluso en el carácter de los humanos.

14
Jun
08

Instinto, pulsión y deseo

La palabra instinto ha sufrido intensos reveses durante buena parte del siglo XX, una de las razones por las que la palabra “instinto” ha tenido difícil acomodo entre las ciencias de la naturaleza, es que empasta mal con la concepción humanística del hombre. Efectivamente los neurocientíficos ya no hablan de instinto sino acaso de la neurobiologia del placer o de “sistemas de recompensa”, los etólogos y los psicólogos evolucionistas han descubierto la palabra “fitnessque tiene una acepción blanda: algo asi como la escultura del cuerpo y una acepción dura, que es la que manejan los cientificos y que tiene que ver con la aptitud, es decir con lo instintivo, con ese mandato que viene a decir: sobrevive y reprodúcete.

De manera que el fitness sería la competencia para sobrevivir y reproducirse, algo que tiene que ver con el rango, la alimentación, el tamaño, la agresividad o las destrezas o estrategias diversas que podemos ver en la naturaleza y en las distintas especies destinadas a conseguir comida y sexo, pero tambien seguridad y prebendas, maternaje y altruismo. Todo esto es objeto del estudio por parte de biólogos, etólogos y psicólogos evolutivos, y tiene que ver con lo instintivo pero sólo tiene que ver con lo humano en tanto que lo humano emergió precisamente de ese caldo de cultivo a través de lo que llamamos selección natural.

Dicen algunos que no existe mente sin cerebro, es verdad. Pero tambien es verdad que no existe mente, sin género, sin cultura, sin familia, sin sociedad, sin etnia, sin historia y sin mito. De manera que puestos a nombrar todas las variables o estructuras que tienen que ver con lo mental lo justo es nombrarlas a todas. Ese es uno de los propósitos de este blog, que se llama precisamente asi: Neurociencia y neurocultura, ¿cómo se interelacionan pues ambas realidades: la biológica y la cultural?

Esa es una pregunta que vale un millón de dólares y probablemente un premio Nobel. La razón de esta ignorancia en parte se debe a la jerga, es decir no hay un lenguaje consensuado para abordar ambas realidades de modo simultáneo.

No sé la respuesta a esa pregunta, pero algunos investigadores han construido teorias y modelos explicativos para fundir ambas realidades, muchos de ellos han sido nombrados en este blog. Sin embargo me interesa ahora nombrar algo que en mi opinión tiene mucho interés para entender como en lo humano el instinto pierde importancia en relación con los animales, para ello aclararé algunas diferencias entre nosotros los humanos y nuestros primos precursores los simios:

  • Suele decirse con frecuencia que los animales no tienen mente, es mentira, los animales tienen mente, claro que si. Mi perro tiene mente, no hay más que observarle la cara y los ojos, ahi hay una mente pero una mente de perro. Una mente diseñada para su fitness, para sobrevivir en una “cultura” canina.
  • Nuestro parecido genético con el chimpancé es tal (99,5%) que hay que preguntarse como es posible que esa pequeña diferencia del 0,5% sostenga tantas diferencias entre la mente humana y la de ellos. Algunos autores sostienen que la clave de estas diferencias no pueden explicarse del todo a través de esas pequeñas diferencias genéticas, pero que por el contrario la cultura humana y la cultura chimpancé tienen más diferencias que el propio genoma y quizá en estas diferencias está la clave de que los hombres y los chimpancés seamos tan distintos.
  • Una de las diferencias más notables entre la mente humana y la chimpancé es que nuestra mente es recursiva, es decir “sabe que sabe”, esto no le ocurre a ningún animal conocido. Una especie de repliegue que hace que seamos conscientes de ser conscientes.
  • La siguiente diferencia notable es que somos conscientes de nuestra finitud, es decir tenemos una representación mental de la muerte, sabemos que nos moriremos, ningún animal lo sabe y si lo sabe nosotros no hemos podido demostrarlo, por eso el suicidio entre los animales no existe por más que algunas conductas animales puedan hacernos recordar esa tendencia tan humana de quitarse de enmedio por la razón que fuere.
  • Nuestra inteligencia y nuestra capacidad de aprendizaje (neuroplasticidad) es tan poderosa que no hay ningún animal que nos llegue a la suela de los zapatos. Se trata de un desarrollo que nuestro cerebro ha realizado sobre todo en eso que los biólogos llaman “el cerebro social”, nuestra capacidad para relacionarnos, anticiparnos, mentir, inventar falsedades, tramar intrigas, adivinar las intenciones del otro y urdir estrategias destinadas a mejorar nuestro estatus, son infinitas si nos comparamos con los chimpancés que tambien tienen habilidades en este sentido pero mucho menos sofisticadas.
  • La cultura que los humanos hemos construido está regida no por las leyes de lo complicado sino por las leyes de la complejidad. Significa que las relaciones que se establecen en un sistema complejo están presididas por la incertidumbre: la razón de esta impredictibilidad es que en cierto modo los vínculos que enlazan a un elemento con otro están ocultos y por tanto las reglas para orientarse en lo social son de una enorme dificultad. Baste como ejemplo la dificultad que tenemos los humanos para discriminar la complejidad moral de nuestros actos y por tanto la dificultad para elaborar códigos morales.
  • Los humanos tenemos un hándicap enorme con respecto a los animales: tardamos mucho en madurar, no nos hacemos adultos hasta bien pasados los 18 o 20 años, antes precisamos de cuidados maternales y enseñanzas (nursing y teaching) para orientarnos en ese mundo tan complejo que la sociedad humana ha diseñado para albergarnos. No basta con seguir a la madre para adquirir cierto fitness como hacen los animales sino que necesitamos ser acariciados, llamados, hablados, lamidos, enseñados y castigados, de otra forma nuestras posibilidades de supervivencia social se reducen. Estas dificultades de supervivencia son las que probablemente hicieron evolucionar el imprinting de los animales y transformarse en apego, un constructo psicológico descrito por Bowlby y que se refiere a la participación de nuestro cerebro emocional en la construcción de un vinculo duradero entre individuos y cuyo paradigma es la relación materno-filial, un vínculo pensado para que sea duradero y sólido.

John Bowlby cuyo constructo del apego vino a enlazar y sustituir el imprinting instintivo con la teorización de la sexualidad oral Freudiana.

  • Por último señalaré uno de los pilares de la cultura humana: el tabú del incesto que regula el acceso de unos individuos a otros y que establece y formula las relaciones de parentesco. Ningúna “cultura” animal soporta este tabú, aunque los simios rechacen mantener relaciones sexuales entre madres e hijos a los que parece reconocen de por vida.

Por todas estas razones las manifestaciones de lo instintivo en hombres y animales no pueden ser las mismas, el sólo hecho de que los humanos seamos conscientes de nuestra finitud explica el que nos afanemos durante toda nuestra vida en alcanzar la inmortalidad, la pervivencia de nuestros hechos y no tan sólo de nuestro genoma: el egoismo humano no está tan determinado para hacer pasar nuestros genes a la generación siguiente sino nuestra memoria, nuestros actos o nuestras obras.

A Freud se le atribuye un estudio de lo instintivo y haber sido el primero en observar el peso de los instintos en las decisiones aparentemente racionales de los humanos, sin embargo Freud nunca habló de instintos sino de pulsiones. El asunto es que la palabra alemana “trieb” fue traducida por instinto de forma equivocada pues la distancia que existe entre la pulsión y el instinto es la misma que existe entre apego e impronta.

La pulsión es el instinto después de pasar por el filtro de lo humano y lo que caracteriza precisamente a lo humano es lo cultural y la dificultad y lentitud de su crianza.

La pulsión es el instinto parcializado, dado que el instinto en los humanos ha de sufrir determinadas vicisitudes para alcanzar la genitalidad que coincide con la eclosión hormonal de la adolescencia. Dicho de otro modo, la sexualidad infantil no es un calco de la sexualidad adulta, un niño no es un adulto en pequeñito sino un adulto en potencia que ha de sortear determinados obstáculos para que su “instinto” se asiente en eso que a los animales les viene dado sólo por la naturaleza del crecimiento. Los humanos no sólo crecemos sino que además maduramos: aprendemos y desaprendemos.

Esta es una consecuencia de la parcialización del cuerpo de la mujer en la mirada del hombre. en este caso la parcialización afecta a los glúteos que obturan y tapan ejerciendo una función de velo a tres orificios libidinizados.

La pulsión es siempre parcial porque ha de asentarse, fijarse o erotizarse siguiendo un determinado orden secuencial de orificios, el orden es más o menos asi:

  • primero se erotiza la piel, la boca y el oído.
  • luego se erotizan los orificios excrementicios, ano y uretra, pero también los ojos (mirada) y movimiento (actividad muscular).
  • Y más tarde se erotizan los órganos genitales, a esto le llamamos ya sexualidad adulta, la libido ha alcanzado su cúspide evolutiva y el individuo ya puede ejercer su fitness. Se encuentra en condiciones de sublimar, es decir de destinar el sobrante de su energía sexual a inversiones sociales.

La consecuencia es que la sexualidad humana está hecha de retales, de secciones de pequeñas pulsiones parciales erotizadas y filtradas más tarde por el tabú del incesto que añade una dificultad más a este dificil viaje sexual de la libido humana: el individuo tiene que mantener reprimida su sexualidad infantil fuertemente pegoteada a la madre y buscar un sustituto lo suficientemente alejado de él para no ser reconocido pero lo suficientemente cercano para poder establecerse como objeto de amor.

De ahí la dificultad.

Y de ahi que en los humanos no es posible hablar de instinto sino de pulsión. es por eso que sólo los humanos nos suicidamos, nos drogamos, damos la vida por una idea, nos hacemos daño a nosotros mismos o no nos reproducimos de forma electiva, tenemos preferencias, condiciones para el amor, filias y fobias y un gusto especial por Wagner o por Mahler, por los plátanos o por el puré de patatas. Es por eso que sólo los humanos somos libres y no estamos determinados por las leyes de la naturaleza, hemos ido más allá.

Y la pulsión no termina aqui su viaje porque además ha de ser filtrada por otro agente: el lenguaje que divide el mundo en afuera y adentro, entre sujeto y objeto. Ahi es donde emerge el deseo como una interiorización de la pulsión y es donde la pulsión vestida con palabras aparece de nuevo en escena, pues ninguna pulsión acaba satisfaciéndose -en lo real- si no puede ser dicha.

Además la pulsión en forma de deseo tiene que pasar por el filtro del otro, no hay deseo sin otro y muchas veces nuestro deseo es el deseo-del-otro.

Lo humano pues está tan alejado de lo instintivo y del fitness que es verosimil y comprensible que la teoria del instinto haya ido mutando a lo largo del siglo XX hasta permutar aquella lógica aplastante que unia mujer=maternidad u hombre=guerra.

Hay demasiadas evidencias que nos indican que el deseo humano está sujeto precisamente a las leyes de la fragmentación, de la parcialización y que nada teleológico se encuentra en su deseo, ni determinismo radical: sólo los humanos podemos renunciar a sobrevivir o a reproducirnos.

No hay pues causa final y ni siquiera la teoría de la búsqueda de placer o de recompensa nos sirve para entender lo humano.




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