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05
jul
10

Rompetechos y la ley de la atracción

Hasta hace relativamente poco, la mayor parte de la gente creíamos que los optimistas lo son simplemente porque todo les va bien, y los pesimistas porque todo les va mal. Estábamos imbuidos de una causalidad rectilínea, lineal, estática que tenía sus raíces en los últimos siglos de explicaciones mecanicistas del mundo.

Pero las cosas han cambiado desde que la cuántica dejó de parecer una disciplina exclusiva de licenciados de alto nivel y se mostró como la más generosa y sensible de todas las ciencias, germinando y desplegando su multitud de ramitas hacia prácticamente todos los campos del conocimiento. Algunos aún se resisten a admitir sus innumerables aplicaciones a casi todo, pero, del mismo modo que no es necesario ser micólogo para saber que hay setas venenosas, no es necesario ser físico cuántico para comprender –aunque sea a nivel intuitivo- que de sus principios básicos (complejos y simples a la vez) surge una nueva comprensión del mundo y un nuevo modo de pensar la vida, visión que arrasó la concepción secular de las cosas y nos puso en camino de concebir desde otro prisma desde la mente humana a la célula, pasando por la botánica o cualquier cosa que esté integrada por elementos que vibran y que constituyen sistemas autoorganizados.

Esta idea no es original. Muchos -y me adhiero- piensan que en un futuro que ya está aquí el desconocer las ideas elementales de la física cuántica será tan limitador como puede serlo en nuestros días no hablar inglés o no saber manejar un ordenador. Es por esta razón que desde hace unos años han surgido obras como la famosa película documental “Y tú qué sabes?” (What the bleep do you know?) e incluso libros divulgativos, aunque a nivel más popular, del tipo de “El Secreto”. Pero, sea en el nivel que sea, han dado sus frutos y es por ello que a casi todo el mundo le suena familiar eso que algunos conocen como la “Ley de la Atracción” y, a algunos menos, conceptos como la sincronicidad de Jung o los campos mórficos de Sheldrake. Pero esto no importa ahora.

Rompetechos era un gracioso ejemplo gráfico de un optimista (miope en su caso, para más inri) que, debido a su aplastante miopía, iba generando destrozos y catástrofes a su alrededor pero a quien jamás ocurría nada malo. La Ley de la Atracción se encarnaba en él a la perfección y hasta nos hace pensar en el solipsismo dado que, para él, lo que no alcanzaba a ver simplemente no ocurría, ejemplificando cómo el mundo nos devuelve, como en reflejo, la misma visión con la que lo percibimos, en un flujo contínuo de sucesos en vaivén que, curiosamente, se acoplan como un guante a nuestro modo de ir por él.

Uno de los regalos más conocidos que nos ha hecho la cuántica es el llamado entanglement (entrelazamiento), que viene a enseñarnos que dos partículas alejadas entre sí ya sea un metro o sea kilómetros (en realidad la distancia es irrelevante, según los experimentos llevados a cabo), reaccionan igual y al mismo tiempo al ser intervenida una de ellas. Como saben, un hecho así no tiene ninguna explicación “razonable” en base a las leyes que la física tradicional conocía hasta ahora. Y sin embargo, es así: parecen existir unos hilos invisibles, una malla de causalidades, que correlacionan dos cosas, individuos, o sucesos que –según la lógica lineal- no tienen relación.

Y es ese entanglement o entrelazamiento, esos hilos invisibles, los que vinculan, por ejemplo, a un optimista y lo que le devuelve el mundo. De modo análogo, a una persona pesimista las cosas le irán mal por algo que popularmente llamamos “atraer la desgracia” o lo que la psicología llama “patrones repetitivos”, el psicoanálisis deseos reprimidos y el lenguaje popular “gafes”.

Quizá recuerden la pelicula “Forrest Gump” como ejemplo de un botarate a quien todo le sale bien y parece atraer la buena suerte que a su alrededor se ceba con casi todos aquellos más inteligentes que él mismo.

Rompetechos no creía en el mal, todo lo veía desde un prisma ingenuo (y miope), y no hay duda de que por eso mismo las desgracias jamás le ocurrían a él. Vean cómo incluso a un amenazante león lo tomaba por un cariñoso perrito:

(im

En realidad, en el mundo hay muchos rompetechos y, análogamente, también muchos pesimistas a los cuales todo les irá mal hasta que tomen conciencia de que el mundo y uno mismo estamos conectados por un entrelazamiento que nada sabe de nuestra ya caduca lógica. Es por esta razón que numerosos neurocientíficos ya hablan abiertamente de que es el cerebro el que crea la realidad y no al revés(1), lo cual –estarán de acuerdo- habríamos tomado por una aberración unas décadas atrás(2).

Es posible que si Rompetechos hubiera tenido conocimientos de cuántica le hubiera ocurrido como al cienpiés del cuento oriental, el cual dejó de saber coordinar sus pies en cuanto alguien le preguntó cómo podía hacer algo tan complicado y hubo de pararse a pensarlo. Y esto se debe a que hay principalmente dos vías para llegar a lo mismo pero hemos divinizado y sobresaturado demasiado una de ellas, la del intelecto. Hay cualidades que operan de forma muy distinta según se traten de un don natural pero descontrolado, o bien sean tomadas desde la atalaya de la conciencia.

Es seguro que el intelecto sea un enorme bien, una valiosísima herramienta, pero también es posible que sea necesario pero no suficiente. Si fuéramos conscientes de todas las probabilidades que nos ofrece el mundo en vez de limitarnos a enfocar la que más se ajusta a nuestro modo de verlo(3), quizá entonces también dejaríamos de estar tan subyugados por la materia (ese viejo sueño) y, de paso y lo que es aún mejor, acaso también por el sufrimiento.

Si observan bien la expresión de Thich Quang Duc -un monje budista que eligió inmolarse hace varios años como protesta por la opresión del budismo en Vietnam- comprenderán mejor a qué se refiere este post. No parece creíble que sólo con el intelecto pueda lograrse trascender el sufrimiento, sino que, una vez pasado por él, podemos  ir más allá.

Y más allá posiblemente esté todo entrelazado, entangled.

.

(1) Entrevista a Deepak Chopra aquí

(2) Según Francisco J. Rubia (catedrático de Fisiología de la UCM y autor de diversos libros) está bien establecido que la percepción no es una copia fidedigna de la realidad exterior, sino que sólo una parte se compone de estímulos externos, el resto es aportado por el cerebro. Para más información, ver esta conferencia del Dr. F. Rubia.

(3) En este post de este mismo blog hablamos de probabilidades y enfoques.

30
abr
10

La consciencia quíntuple

La consciencia parece comportarse siguiendo las leyes de la fisica cuántica, eligiendo y colapsando una función de onda. En este dibujo podemos ver perfectamente como este cilindro se refleja alli como un circulo y aqui como un rombo. Las dos percepciones son verdaderas pero no pueden darse a la vez porque la decisión por una de ellas colapsa a la otra.

¿Cual es la diferencia entre mente y consciencia? ¿Por qué necesitamos otra palabra para nombrar ese intangible que llamamos mente? ¿Es la consciencia algo que procede del cerebro o es algo que le precede?

En este post voy a intentar darles una visión sobre estos temas basándome en las opiniones de Amit Goswami un físico teórico de origen hindú que ha elaborado una teoria holística sobre la consciencia y que recoje las ideas expresadas previamente por Donald Campbell en 1974 acerca de la causación descendente.

La causalidad descendente significa que una vez creado un nivel emergente superior este nivel posee efectos causales sobre el nivel inferior. Dicho de otra manera si existe ese algo inmaterial que conocemos con el nombre de mente y esa mente emergió de la materia (cerebro) esa mente ha de tener propiedades y efectos causales sobre el nivel inferior: sobre el cerebro y el cuerpo.

La ciencia convencional hasta el momento se ha ocupado de la dirección contraria: la patologia médica sabe y acepta que de los niveles inferiores (celulares) surgen patologias que enferman tejidos, órganos y sistemas, sin embargo esta misma ciencia ha sido reacia a admitir que del mismo modo la flecha de la causalidad puede ir de arriba hacia abajo.

Paradójicamente con esta idea, la mayor parte de los investigadores admiten el efecto placebo: que la creencia del enfermo de estar tomando algo que va a ser beneficioso para su salud (aunque se trate de algo inerte) resulta en beneficio para la misma. Personalmente no me cabe ninguna duda de que si existe el efecto placebo es precisamente porque existe una flecha que va desde la mente hacia el cerebro y el cuerpo, de lo inmaterial (lo indeterminado y sutil) a lo material (determinado y denso). Tambien está admitido el efecto causal psicológico del trauma sobre el organismo, menos definidos se encuentran los efectos conversivos o psicosomaticos psicológicos que se categorizan con el nombre inespecifico de estrés.

Del mismo modo que lo material puede enfermar la mente, tambien la mente puede enfermar al cuerpo.

Si el efecto placebo existe la causación descendente existe también.

Lo que es lo mismo que admitir que si la mente puede enfermar el cuerpo tambien puede ayudar a sanarlo.

Ahora bien este planteamiento nos vuelve a enfrentar contra las cuerdas del viejo cuadrilátero de la dualidad ¿es que existen entonces dos principios operando de forma independiente uno de otro? ¿Cómo podemos encajar los hechos anteriormente reseñados haciéndolos compatibles con una visión no dual del dilema mente-cerebro?

Para Goswami el dilema mente cerebro, solo puede resolverse admitiendo que existe una sustancia no material, la consciencia que los incluye a ambos y que los pone en contacto. En este sentido mente y cerebro operarian en paralelo y sería la consciencia la que los incluiría a ambos. La mente y el cerebro serían diferentes manifestaciones de la consciencia. Goswami propone un funcionamiento cuántico para la consciencia basado en los principios de incertidumbre y no localidad. La consciencia elige y elegir significa colapsar una posibilidad, es por eso que un significado cognitivo inadecuado puede derivarse hacia el polo somático o hacia la mente, causando sufrimiento mental o fisico.

Tal y como podemos ver en el siguiente esquema:

Goswami define 5 tipos de consciencia alimentadas por energias cada vez mas sutiles (de abajo-arriba) y algunas de ellas no-fisicas, aunque para hacerlo más digerible lo he dejado solo en dos -en el esquema- para que pueda verse el procesamiento en paralelo de mente y cerebro y como ambos tipos de procesamiento de la información contienen el cuerpo fisico en su nivel más bajo.

La idea fundamental de esta teoria que se llama holística e integral es que cada enfermedad o dolencia hallaria su origen o causa en un nivel determinado de la consciencia y para hacernos entender mejor este concepto de consciencia propone el siguiente experimento mental:

Imagine que llena una botella de agua y que arroja esta botella al mar. La botella tendrá agua dentro y agua afuera, esto es precisamente la consciencia: la unica diferencia que existe entre el agua de afuera y la de adentro es que existe una separación entre ambas (el frasco), esa separacion es el cuerpo fisico que nos hace vivir la ilusión de separatividad.

Todo es pues consciencia. Y si todo es consciencia no hay más dualidad.

Pero la consciencia tiene como decía antes al menos 5 grados de constelación en el cuerpo. Asi de abajo-arriba o de lo más denso (la materia) hasta lo más sutil (la consciencia propiamente dicha) existen estas estructuras anidadas unas dentro de otras más abarcativas:

1.- El cuerpo fisico. Aunque la medicina convencional piensa que el cuerpo fisico se enferma solo (a partir de daños celulares, geneticos o moleculares), y solo contempla la posibilidad de la causación ascendente (que puede ocurrir) el cuerpo fisico puede enfermar también a partir de causalidades que se encuentran mas arriba de él, sobre todo a partir del siguiente:

2.- El cuerpo o consciencia vital. Es una especie de molde morfogenético o energético del anterior, es el cuerpo de la medicina tradicional china (MTC) y la acupuntura, tambien los chakras indios se relacionan con este cuerpo vital que hace corresponder órganos energéticos con órganos materiales.

3.- La consciencia mental. Es la mas conocida de las formas de consciencia que algunos llaman conciencia (sin s), es decir el hecho de poseer una subjetividad idiosincrásica diferente al resto, una consciencia limitada por los procesos de condicionamiento, de las conceptualizaciones y las creencias. Lo mental puede enfermar por sí mismo (un trauma) o a partir de causas supramentales o de la consciencia propiamente dicha. Es inutil tratar de sanar un problema mental apuntando a un nivel inferior de la consciencia, aun admitiendo que lo mental pueda llevar arrastres en niveles inferiores a sí mismo.

4.- La consciencia supramental. La mente del arquetipo, la intuición y la creatividad. Lo que caracteriza lo supramental es la emergencia de saltos cuánticos o discontinuidades, es decir la intención de nuevos significados en patrones por otra parte ya conocidos. La causa más importante que puede llevar a enfermar o perturbar este nivel es la ilusión de separatividad.

5.- El cuerpo espiritual o consciencia propiamente dicha conocida en la tradición mística como cuerpo de gloria.

Como puede observarse la consciencia tiene dos procesadores energéticos conectados en paralelo, dos niveles mentales y dos niveles fisicos. El nivel causal que explica tanto las enfermedades como las dolencias se instalan en estos distintos niveles y el estacamiento de energía sucede en uno o varios niveles al mismo tiempo. Naturalmente en cada nivel el tránsito puede estar interrumpido por bloqueos.

Y cada nivel superior abarca, contiene y trasciende al inmediatamente inferior, como aqui:

O como dicen aqui:

“Los seres que tienen una forma,

en cualquier matriz que se produzcan

el gran Brahmán es su matriz común.”

(Bhagavad Gita XIV, 4)

Bibliografia.-

Amit Goswami: “El médico cuántico”. ediciones Obelisco. Barcelona 2008.

25
abr
10

Predecir para ahorrar

En este post nos preguntábamos cuál es la causa de que a los humanos nos moleste tanto –a veces lo reconocemos, otras no- el no “tener la razón”, hecho que deriva con mucha frecuencia en tensiones, discusiones y/o frustraciones que representan un alto coste energético, y que por otro lado no suelen llevar a ningún buen puerto. (Los mediterráneos y latinos, dicho sea de paso, somos un pueblo que cree que los decibelios del grito convencen más al otro que la sensatez.)

Pero no se trata tan sólo de no “tener la razón” ante un interlocutor, sino también ante la vida.

“¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo”

Se apuntaba ahí al desajuste o abismo como metáfora de la diferencia que existe entre nuestras expectativas y la cruel realidad, y a la posibilidad de que sea precisamente esta especie de diferencia de potencial la que nos cuesta tanto manejar.

En el 2005, Álvaro Pascual-Leone, renombrado neurólogo español, declaraba en una entrevista hecha por Punset:

“lo que hace el cerebro es generar una expectativa (…) realiza una predicción sobre lo que debe esperar. Ahora, por ejemplo, me has formulado una pregunta esperando una respuesta (…) tienes ciertas expectativas sobre lo que diré y cómo lo diré, etcétera. Si surge algo distinto a lo esperado, se produce un conflicto entre tu lo que esperas y lo que obtienes. Creo que nuestro cerebro está codificado para generar expectativas y detectar lo inesperado. Así que, en último término, las ilusiones no son más que un momento de desequilibrio inesperado entre lo que esperamos que suceda y la realidad se nos presenta”

Pero sucede que el cerebro es muy listo, y sabe perfectamente que, por la cuenta que le trae, ha de espabilarse para ir saltando del modo más operativo (y rápidamente) los pequeños abismos cotidianos entre realidad y expectativa, entre predicción y hechos: no siempre predice bien.

Según los últimos descubrimientos del Max Planck Institute for Brain Research (Frankfurt) y el departamento de Psicología de la Universidad de Glasgow publicados el mes pasado en el Journal of Neuroscience, parece ser que la clave de ese intento desesperado de predecir -aunque con gran margen de error- no es otra que el ahorro de energía.

“Si nos encontramos frente al escritorio de nuestra oficina, que hemos visto cientos de veces, nuestro cerebro no necesita emplear mucho tiempo para procesar esta escena conocida. Lo que sucede, en realidad, es que nuestra corteza visual tiene ya formada una imagen mental de dicho espacio, que le sirve para predecir lo que veremos, antes incluso de que entremos en la habitación.  Sin embargo, si en un momento dado entráramos en la oficina y allí encontráramos algo totalmente inesperado, como a una persona desconocida sentada en nuestra propia silla, el cerebro tendría que hacer un gran esfuerzo para procesar una escena que no sería “tal y como se esperaba”.”

Dice Lars Muckli, uno de los investigadores que ha participado en el último estudio, “el cerebro espera ver cosas, y simplemente pretende confirmar sus expectativas.” Aquí está el extracto del artículo publicado (en inglés).

Como ven, parecería que en estos cinco años transcurridos entre unas y otras investigaciones, no se haya adelantado mucho en el sentido de saber cómo evitar decepciones o frustraciones ante la grieta que aparece a veces entre nuestros deseos o previsiones y los hechos reales, a evitar sufrir ante la evidencia, pero quizá ya no quede mucho, si no para evitarlo, al menos para comprenderlo.

Mientras el humano no conozca la solución, el autoengaño y la negación freudiana parecen ser las alternativas más “al alcance” y que requieren menos energía de todas. Como dice el sabio refranero:

“No hay peor sordo que el que no quiere oir”.

Ni peor ciego que el que no quiere ver, podríamos añadir(1).

(1) En lo relativo a la visión y al qué enfocamos y porqué, ver el post “Enfocando la probabilidad”.

15
abr
10

Ilya Prigogine y el orden del caos

“Las estructuras disipativas son islas de orden

en un océano de desorden” (I. Prigogine)

Ilya Prigogine (1917-2003) fue un químico ruso nacionalizado belga que en 1977 mereció el premio Nobel por sus hallazgos sobre las estructuras disipativas.

Mi intención en este post es dar a conocer sus investigaciones -al menos las más importantes de entre ellas- y hacerlas llegar de forma comprensible al público en general, por las aplicaciones que dicha teoría tiene en diversos ámbitos de las ciencias naturales.

La primera idea que me gustaría transmitir es que la palabra “estructura disipativa” contiene una contradicción formal: la de algo que permanece junto a algo que cambia o se transforma. Los científicos mecanicistas ya conocían este fenómeno de convivencia entre estructura y cambio, dado que es algo que todos podemos observar en la vida corriente; por ejemplo, el crecimiento de un humano tiene algo que se modifica y que se solapa junto con algo que permanece. Newton abordó este mismo problema en relación con la viscosidad y la fricción, considerándolo como un obstáculo para sus investigaciones de mecánica clásica. Ludwig von Bertalanffy llamó “sistemas abiertos” a este estado de la materia que más adelante recibiría el nombre de “estructura disipativa” propuesto por Prigogine.

Para comprender mejor la naturaleza de este estado de la materia es conveniente que el lector entienda el concepto de “equilibrio y orden”. El orden absoluto en un sistema vivo es la muerte, lo que significa que todos los seres vivos nos movemos alrededor de un equilibrio compatible con la vida. Sin embargo, existen sistemas que se encuentran muy alejados de ese equilibrio o estabilidad ideal; por ejemplo, el estado de salud de una persona es un equilibrio inestable del que es posible predecir -siguiendo las leyes de la entropía- que está destinado a desordenarse alrededor de lo que llamamos enfermedad, envejecimiento y posterior muerte, mientras que la enfermedad es un estado que se encuentra alejado del equilibrio, aunque en muchas ocasiones es posible hallar en ella aspectos ordenados, como sucede en las enfermedades crónicas. Es decir, los sistemas vivos tienden hacia el desorden (ganancia de entropía) pero pueden instalarse lejos del equilibrio y desde allí construir islas de orden.

Las leyes que rigen en estos puntos alejados del equilibrio son bastante distintas a las que operan en estados cercanos al equilibrio. Se trata de leyes misteriosas que no pueden ser formuladas en términos de matemática lineal. Fué precisamente Prigogine quien desveló el misterio de aquello que sucedía lejos del equilibrio:

Lo que sucede lejos del equilibrio es que el sistema se organiza -estabiliza- produciendo una serie de fenómenos que conocemos gracias a las matemáticas no lineales o, dicho de una forma más gráfica, a través de las leyes del caos.

Cerca del equilibrio encontramos fenómenos repetitivos y leyes universales, pero, a medida que nos alejamos de él, nos desplazamos de lo universal a lo único, hacia la riqueza y la novedad. Esta es, sin duda, una de las características bien conocidas de la vida.

Otro de los fenómenos interesantes de la teoría de Prigogine es la existencia de bifurcaciones, es decir, la “elección” de un camino que no puede ser pronosticado y que, en términos generales, termina en transformación o colapso del sistema.

Las características de las estructuras disipativas son las siguientes:

  • autoorganización: la emergencia espontánea de orden;
  • irreversibilidad: el sistema, una vez tomada una bifurcación, no puede retroceder más que hasta el último punto en que se bifurcó;
  • impredectibilidad: el sistema es incierto y no puede predecirse hacia dónde evolucionará;
  • dependencia de pequeños cambios en los puntos de bifurcación; y
  • dependencia de las condiciones iniciales: el sistema guarda una “memoria” de los movimientos de bifurcaciones anteriores, lo que significa que siendo como es incierto las probabilidades de que se elija una bifurcacion u otra puede ser descrito en terminos de probabilidades: el caos no es azar, sino un pseudoazar.

Como quizá algún lector haya intuido, las características que definen las estructuras disipativas son perfectamente aplicables a lo que entendemos como conciencia: un estado de la materia donde rigen leyes lineales y no-lineales, determinismo e indeterminismo, en una especie de cocktail que mezcla procesos ordenados y predecibles con otros caóticos e impredecibles.

En esta serie de 4 videos podemos visionar una larga entrevista (en francés con subtitulos) que se realizó en 1997.

07
abr
10

Galaxias y neuronas

Los que leyeron este post que publiqué en mi blog “neurociencia-neurocultura” ya saben a estas horas que la teoria de Gerald Edelman sobre la conciencia gira en torno a una idea básica: lo que él llama la teoria del nucleo dinámico.

En sintesis dicha teoría sostiene que la conciencia emerge de un conjunto de neuronas que mantienen entre sí relaciones muy especiales, se trata de las neuronas que componen el sistema cortico-talámico  que tiene como novedad la existencia de reentradas entre sí, mecanismo de ida y vuelta y en paralelo o conexiones de abajo-arriba, arriba-abajo y transversales.

Repasando un poco los sistemas neuronales que anidan de forma coordinada en nuestro cerebro resulta que existen al menos tres formas de conectividad:

1.- En forma de red. Es la red tálamo-cortical que conecta el tálamo con toda la corteza de donde salen y entran conexiones tanto de abajo arriba como de arriba abajo. Esta red tálamo-cortical que se extiende a través de casi todo el cerebro es precisamente la que tiene esta curiosa particularidad de la reentrada, es decir conexiones de ida y vuelta y conexiones paralelas entre neuronas vecinas, conexiones en paralelo.

2.- En forma de un bucle largo y continuo, es la via que comunica el cerebelo y los ganglios basales con la corteza cerebral y que está relacionada con la acción y ciertas informaciones posturales y también cognitivas. Es una via rápida, una celeridad que extrae precisamente de no disponer de reentradas como la via anterior y que suele ser unidireccional, aunque tambien hay algunas vias bidireccionales que mantienen comunicación con el nucleo dinámico.

3.- En forma de una finisima red, sincitio o reticula sutil en forma de abanicos que surgen de ciertos centros o estaciones como el nucleo cerúleo, el acumbens, el rafe y el sistema reticular ascendente reponsable éste del estado de vigilia en sí. A través de esa finisima red el cerebro comunica estos núcleos con casi todo el resto del sistema, estas vias tambien carecen de reentrada. Estos centros pueden entenderse como almacenes y aspersores-difusores de neurotrasmisores, el cerúleo de noradrenalina, el acumbens de dopamina y el rafe de serotonina, su función es neuromodular el resto de sistema inyectando vigor y fuerza a otras sinapsis.

Para Edelman la conciencia sólo puede emerger en el primer sistema, es decir no todas las neuronas tienen la posibilidad de poder provocar estados conscientes sino solo algunas, por ejemplo las neuronas de la retina no son capaces más que de captar la luz  y el color pero no son capaces de que de ellas emerja conciencia alguna sin embargo estas neuronas se encuentran comunicadas con el nucleo dinámico que es el que después de procesar imágenes es capaz de hacernos sentir la experiencia subjetiva de la visión, el movimiento y el color. Además de eso existen neuronas que se encuentran muy alejadas del citado nucleo dinámico y carecen de comunicación con él, verbigracia las neuronas del tronco cerebral que se encargan de modular nuestra presión sanguinea, hablamos entonces de arco reflejo, siguen siendo neuronas sin conciencia, decimos que estos procesos son inconscientes. Por ultimo existen otras funciones que son las dos cosas, arco reflejo pero tambien dependen de la conciencia, por ejemplo la respiración, que puede ser automática pero tambien modificada por la voluntad.

Por último existen tambien vias rápidas para ciertos eventos cognitivos que pueden mantener conexiones o no con el nucleo dinámico, son los contenidos del inconsciente en el sentido más freudiano de la palabra.

El mismo Edelman propone la imagen de una galaxia como metáfora de su nucleo dinámico: un conglomerado de gas, estrellas, planetas, polvo intergaláctico, materia y quizá energia oscura. Lo que mantendría unidas entre si a todos esos objetos estelares seria la gravedad mientras que las conexiones entre neuronas son las sinapsis es decir patrones de conectividad guíados electroquímicamente.

Pero es cierto que una galaxia es una magnifica metáfora del nucleo dinámico de Edelman pues contiene todos los ingredientes para que la analogía funcione tanto a nivel visual como conceptual.

El nucleo dinámico se mueve, se encuentra en perpetuo movimiento, es algo procesual y plástico no tanto porque las sinapsis se muevan sino porque la corriente que transcurre por alli lo hace de forma asíncrona. Para que exista conciencia no basta con la actividad neuronal propiamente dicha sino que hace falta cierta varianza temporal entre la actividad de las neuronas que deben excitarse de forma cambiante privilegiando la diversidad. Ser consciente es poseer un nucleo dinámico con una diversidad de excitaciones neuronales cambiantes , diferenciadas e integradas.

El nucleo dinámico de nuestro cerebro se parece enormemente a una galaxia: ambos se mueven, se expanden, se colapsan, se fusionan con otras galaxias y se escinden.

Aqui hay un buen reportaje sobre las galaxias.

Pero ¿y si fuera algo mas que una metáfora? ¿Y si hubiera cierta correspondencia en la manera en que se forma una galaxia y la que se forma una conciencia emergente?

Si hubieran correspondencia entre ambos fenomenos podriamos comprender mucho sobre la mente humana al entender mejor cómo se forman, evolucionan y mueren las galaxias.

Me gustaria dejar aqui esta imagen de cómo se forman las galaxias y que cada cual saque sus conclusiones:

14
dic
09

Seres corpóreos e incorpóreos

Pienso luego existo

René Descartes

Se trata de una sentencia muy conocida y tambien su autor pero sin embargo son pocos los lectores que habrán sospechado que tras esta frase existe una avería del autoreconocimiento.

Efectivamente no hace falta pensar para saber que existimos. En realidad la existencia propia es un conocimiento inmediato, algo que es precognitivo, preconceptual y preverbal. Se trata de algo que se tiene o no se tiene, una especie de axioma con el que venimos equipados de serie y que no necesita demostración porque todos nosotros sabemos que existimos, que somos, estamos y que nuestra experiencia nos pertenece, aqui y ahora y que se escribe en primera persona.

Es por eso que la sentencia cartesiana a mi me huele un poco a obsesividad, una especie de mania hipereflexiva que procede sin duda de una averia primaria del autoreconocimiento. Probablemente Descartes era un obsesivo pero no es este el objeto de este post averiguar su personalidad sino más bien escudriñar como funciona este mecanismo del autoreconocimiento y qué tiene que ver con la conciencia humana.

Por eso escribí recientemente este post sobre la esquizofrenia, alli hablaba precisamente de la hipótesis de Stangellini un psiquiatra italiano que desde un punto de vista fenomenológico puso el dedo en la llaga al identificar esa averia del autoreconocimiento como fenómeno nuclear de la esquizofrenia.

Y no es de extrañar puesto que la primera emergencia de la conciencia humana fue seguramente esa conciencia de mismidad, esa especie de autoafecto esencial con la que nos relacionamos con nuestro cuerpo.

Una experiencia nuclear que inaugurará la experiencia humana tal y como la conocemos, una experiencia  fundacional, antes de ella no hay conciencia propiamente dicha sino sólo precursores, las mas conocidos de estas averías son los trastornos del espectro autista: niños que no han logrado “encarnarse” es decir romper la dualidad esencial con la que venimos al mundo. En cierto modo la esquizofrenia es tambien un trastorno autista que permite -sin embargo- al individuo ir más allá en su desarrollo. La esquizofrenia seria como un autismo diferido.


El abrazo de Salmacia y Hermafrodito

Estoy hablando de la interfase entre cuerpo y mente, es decir la manera en que la mente se relaciona con el cuerpo, en cómo la mente se abraza al cuerpo y se funde con él en ese momento determinado en que el niño siente que él es él y que sus experiencias externas o internas le pertenecen, no son algo que alguien puso allí sino que proceden de sí mismo, un gran hallazgo evolutivo -la emergencia de la conciencia- relacionado con la hominización y que se expandirá a partir de entonces, embrionaria aun, y que hará que se desplace y estire siguiendo el rastro de la especie.

Pero esta “fundición” entre cuerpo y mente merece un poco más de atención. ¿Se trata realmente de una fusión? ¿Qué sucede entre dos cuerpos cuando colisionan?

Thomas Reid fue un filósofo de la ilustración poco conocido si lo comparamos con Descartes o con su maestro David Hume y que sin embargo destaca por su modernidad: las propuestas que realizó desde su escuela “La escuela del sentido comun” tienen un enorme interés para la neurociencia actual.

Y en un post anterior me referí precisamente a esta prestación de nuestra conciencia que llamamos “sentido común” y a la que atribuí precisamente la capacidad de jerarquizar cogniciones y respuestas adaptativas.

A él debemos precisamente nuestra actual conceptualización sobre la senso-percepción. En sus propias palabras y siguiendo el ejemplo de la rosa:

Cuando huelo una rosa hay en esta operacion tanto sensación como percepción. El agradable olor que percibo considerado en sí mismo, sin relación con objeto externo alguno es la sensación.La percepción, en contraste siempre tiene un objeto externo y el objeto de mi percepción, en este caso es aquella cualidad de la rosa quu discierno con el sentido del olfato.

La sensación, en este sentido es aquello que experimentamos con nuestro cuerpo como un cambio o una transformación en él. Nos afecta directamente a nosotros y nos concierne de tal manera que no nos puede dejar indiferentes. En contraste, la percepción nos informa de lo que sucede ahi afuera y para conseguir distinguirla no sólo utilizamos información del momento sino tambien de nuestra memoria (Vicente Simón, 2005).

Se trata pues de dos sendas, dos canales de procesamiento distintos y que responden a estas dos preguntas:

¿Que me está sucediendo ahora y a mi?

¿Qué está sucediendo ahi afuera?

De la colisión de estas dos fuerzas emerge la conciencia, su primer estadio o núcleo sobre el que se desarrollará posteriormente todo niño.

Se trata de un hecho catastrófico porque las dos corrientes o canales de señalización deben sumarse para que de ellos aparezca algo nuevo: la conciencia de sí. Algo parecido a lo que sucede en el encuentro de distintos mares como sucede en el cabo de Hornos o en los estrechos bálticos del Kategat y Scategat, una colisión que puede ser elástica o plástica pero siempre caótica.

Los dos canales informativos y computacionales de la sensopercepción (que anotamos ahora como conjunto) son los que dan lugar a ese valioso fenomeno que es en realidad el origen de nuestro autoreconocimiento. Sabemos lo que es Yo y lo que no es Yo, lo saben nuestras células inmunes y lo sabe nuestra mente, de abajo arriba y de arriba abajo.

En la patología psiquiátrica -pero no sólo en ella- podemos encontrar defectos de esta colisión, de este big bang primordial: mente y cuerpo apareceren demasiado separados y los individuos o bien tienen dificutades para autoreconocer-se o bien presentan dificultades a la hora de codificar las intenciones del otro, conocer-le. Pero recordemos de momento que toda la patologia mental – en una concepción integral de jerarquias anidadas- posee un corazón, un centro descosido y fragmentado.

La importancia de esta diferenciación de dos canales de información y procesamiento es que en determinado momento de nuestra historia evolutiva emergió en la confluencia entre ambas corrientes algo que llamamos conciencia.

La modernidad de Reid aparece en todo su esplendor si tenemos en cuenta estos items que están perfectamente alineados con lo que hoy pensamos de la mente:

  • Que los pensamientos de los que soy consciente son pensamientos de mi mismo, mi mente, mi persona;
  • Que sucedieron esas cosas realmente y que las recuerdo indistintamente;
  • Que tenemos un cierto grado de protagonismo sobre nuestras acciones, y la determinación de nuestra voluntad;
  • Que hay una vida e inteligencia en los hombres con quienes conversamos;
  • Que hay un cierto debido respeto al testimonio humano sobre las materias , e incluso a la autoridad humana en materia de opinión;
  • Que, en los fenómenos de la naturaleza, lo que es, probablemente será como ha sido en circunstancias similares.

Como puede observarse el sentido comun del lector y del propio Reid nos lleva a una integración de las funciones que el propio Descartes ponia en duda: el sentido de ser autores de nuestra propia mente y que sus contenidos nos pertenecen, tanto si soñamos, pensamos, decidimos, sentimos, actuamos, planeamos, imaginamos o deliramos.

Reid integra en su “modelo de sentido comun” pasado y presente, la determinación (en cierto modo) y libre albedrío, la teoria de la mente y la suposición axiomática de que los otros tienen, a su vez, mentes como la mia, que existen autoridades humanas sobre las opiniones y que por tanto no todas las opiniones tienen el mismo valor y que lo fenoménico se repite inexorablemente dando lugar a una experiencia comun que llamamos consenso.

Hay pues una experiencia primaria que organiza y jerarquiza la experiencia, la primera muñeca rusa, el corazón de la cebolla que sirve de guía al crecimiento, la maduración o la expansión de la conciencia.

Magritte nos dibujó en este cuadro la experiencia de falta de cierre de la mismidad, una puerta sin marco o donde el mismo marco es la realidad, asi debe ser la conciencia esquizofrénica: una casa sin paredes o una puerta sin pared que franquear. Un espiritu sin encarnar, una dualidad radical.

Bibliografía citada:

Vicente. M. Simón

“Origenes y evolución de la conciencia” en:

La profecia de Darwin: del origen de la mente a la psicopatologia. Julio Sanjuan y Camilo Cela Conde (eds)

Ars medica. Barcelona 2005.

11
nov
09

Deepak Chopra

deepak

Deepak Chopra es un médico de origen hindú pero formado en los USA que aglutina en torno a sí la tradición mística de Oriente y el pensamiento cientifico-técnico de occidente en una equilibrada integración. Lo que defiende Chopra es la superación del dualismo y lo que él llama “superstición materialista”, la convicción que sólo desde lo material pueden abordarse los problemas de salud.

Chopra defiende la unidad cuerpo-mente e integra en una visión holistica el cuerpo material, el emocional y el mental.

He recogido en una serie de videos algunas de las propuestas y explicaciones de Deepak Chopra.

El poder del pensamiento.-

Video 1.-

Video 2.-

Video 3.-

Video 4.-

Video 5.-

Video 6.-

Video 7.-

Curación cuántica.-

Video 1.-

Video 2.-

Video 3.-

Video 4.-

Video 5.-

Video 6.-

Video 7.-

Sonidos curativos.-

Video 1.-

Video 2.-

22
sep
09

No matarás

no-mataras

Nosotros los sapiens pertenecemos a una estirpe de homínidos bastante irascible pero poco agresiva.

El potencial agresivo de los humanos procede más bien de nuestra enorme inteligencia y de nuestra capacidad para planear encerronas, construir instrumentos, armas y artilugios destructivos a gran y pequeña escala.

Es muy poco probable que a puñetazos seamos capaces de matar a un congénere, para eso necesitamos emplear alguna que otra estrategia como golpearle con una piedra en la cabeza o asestarle una puñalada mortal por la espalda. Necesitamos armas y tenemos la inteligencia para construirlas.

Nuestros sistemas de modulación de la agresividad -sistemas inhibidores de la misma- son muy escasos y están muy poco desarrollados. La razón biológica de este escaso desarrollo es que no poseemos cuernos para acometer, ni garras para desgarrar, ni picos para atacar ni dientes para morder. Es decir no tenemos un armamento intrínseco que haya evolucionado con nuestra estirpe y por tanto los sistemas de inhibición de la agresividad no se han desarrollado -no han coevolucionado- con nuestras razones para enfadarnos, es por eso que la gente suele matar a otro por “un quitame allá esas pajas”.

Los sistemas inhibitorios de la agresión no están codificados genéticamente (aunque si la agresividad que siempre da premio evolutivo) es por eso que se hizo necesario inventar sistemas inhibitorios culturales que vinieran a suplir ese déficit natural.

Nuestros sistemas de inhibición de la agresividad se trasmiten a través de la cultura, entendiendo a esta en clave extendida: toda aquella clase de registros procedentes de la tradición que se trasmiten de padres a hijos o desde el sistema social o grupo al individuo.

En un post anterior me planteaba el cómo se trasmiten estos registros, es decir como se interiorizan las prohibiciones culturales en los cerebros individuales. ¿Cómo sabemos que no hay que matar al vecino?

Hay que diferenciar ahora el verbo “saber”, información, del verbo “deber”, moral y del verbo no-matar que es el polo pasivo de la interiorización del tabú.

Todo el mundo sabe que no hay que matar al prójimo y yo diria que hay una gran mayoria de humanos que seguimos este mandato, los homicidios descienden en todo el mundo de una manera progresiva desde 1900 para acá (aunque en el 2008 hayan ascendido en nuestro pais en un cifra alarmante comparada con el 2007) . También algunos sabemos que matar a otro es una cosa que no debe hacerse, por muchos motivos: morales, cívicos, racionales unos e irracionales otros y sobre todo porque existen códigos juridicos, políticos, policíacos que persiguen el crimen, el único argumento que sirve a algunos de disuasión frente al delito, aunque hay otros argumentos blandos por ejemplo: que se trata de algo irreversible, porque a nosotros tampoco nos gustaria que nos mataran, etc. Existen argumentos de todo tipo para no llevar a cabo esta miserable conducta y sin embargo hay gente que la sigue llevando a la práctica.

¿Por qué?

La falta de información, los déficits morales (la degeneración moral de Magnan), la patología psiquiátrica, la miseria económica que es la explicación marxista del crimen o la misteriosa etiqueta de “conductas antisociales” no bastan para explicarnos el por qué algunas personas se saltan a la torera un precepto que a la mayoria de nosotros nos parece algo normal, algo natural que no precisa que cavilemos demasiado en el asunto. No hay que matar y ya está.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros no necesitamos pensar en ello porque lo hemos incorporado o interiorizado. Y una vez interiorizado un tabú (una prohibición) ya no necesitamos pensar en ello porque se ha insertado en nuestro patrimonio -nuestro campo- epigenético. Se ha convertido en biología y ha dejado de ser una cuestión moral sobre la que podemos opinar o mantener opciones distintas.

H. C . Waddington fue un biólogo y genetista escocés que planteó el termino epigenética para explicar algunas interacciones entre el medio ambiente y los individuos que se realizaba no a través de la via del ADN sino a través de influencias medioambientales en la expresión o transcripción de la herencia genética propiamente dicha: la epigenética estudiaria pues el medio ambiente de la célula. Hoy se le da mucha más importancia a la epigenética que a la genética misma en la convicción de que gran parte de las conductas y las patologias humanas pueden explicarse mejor desde este doble origen que hace que el medio ambiente penetre en lo más íntimo de nuestro patrimonio genético -sin afectar necesariamente al ADN nuclear- y conmute procesos que no se hubieran producido sin esas aferencias de información.

La evolución no sólo opera sobre rasgos genéticos sino tambien sobre rasgos conductuales, ambientales, mórficos y simbólicos.

Lo curioso de esos aprendizajes que los humanos realizamos individualmente es que son aprendizajes que nos vienen insertados por la cultura o la tradición sin que seamos demasiado conscientes de ello. Un ejemplo es la prohibición del “No matarás”, ¿cómo hacemos la mayor parte de nosotros para cumplir este mandato sin que nunca nadie nos haya hablado del asunto?

Ahora compare usted este mandato con este otro:

“Hay que conducir siempre con el cinturón de seguridad puesto” o

“Si conduce absténgase de beber alcohol”

¿Que diferencias observa?

Ambas son prohibiciones pero existe una diferencia fundamental entre ellas: la primera prohibición es antiquísima, data de unos 50.000 años y las segundas solo tienen una década. Los efectos que ambas prohibiciones tienen en los cerebros individuales son inmensas, las primeras se han automatizado, se guardaron en un lugar muy lejano a la corteza cerebral, se encuentran en los planos mas profundos del cerebro, alli donde guardamos los patrones de acción fijos para andar, beber, comer o movernos sin pensar, se han corporizado. La segundas están en nuestro consciente, hemos de pensar en ellas y forzosamente a veces las olvidamos, todavia no han penetrado en nuestro inconsciente, aun no se han automatizado y no son todavía cuerpo sino idea.

Para que una idea se corporice hacen falta al menos tres generaciones (unos 60-80 años) pero es necesario además que la idea haya logrado penetrar en los cerebros de nuestros progenitores al menos para que la acaten si lleva un “no” delante. Sólo después de haber pasado por tres generaciones de linajes no homicidas podemos pensar que en nosotros no existe pulsión homicida alguna y que es muy poco probable que alimentemos abogados o pleitos por esa causa. Pero existe aun algo más sorprendente: puede existir una culpa transgeneracional por algun crimen que el sujeto no cometió, ni contempló ni tiene noticia alguna sobre el asunto. Todo parece indicar que las transgresiones de prohibiciones ancestrales -igual que las prohibiciones- pasan de generación en generación tratando de encontrar un huesped que les ponga fin: es el tema de la maldición familiar o del destino, un tema que se encuentra bien explorado por los mitos. El tema de la redención individual de toda una estirpe.

Este proceso de interiorización de un mandato transbiológico como es la orden de “no matar” puede tener interrupciones, excepciones y obstáculos, el principal y más conocido es la guerra. En la guerra no solamente se detiene el mandato sino que es posible que matar sea necesario para sobrevivir lo que cambia el panorama de anteriores interiorizaciones colectivas, asi y todo las guerras son escenarios de crimenes gratuitos y sádicos como ya estamos acostumbrados a ver en los informativos. La guerra es una enfermedad traumática para más de una generación, nosotros por ejemplo seamos hijos o nietos de los que hicieron la guerra civil estamos contaminados en España por aquel conflicto y en cierto modo todavía estamos sufriendo las consecuencias, ¿quién de nosotros no tuvo un pariente asesinado o un criminal en aquella contienda?

Lo que señala en la dirección de que tantos los valores como sus transgresiones -los vicios- se trasmiten del mismo modo y a través de las mismas vias simbólico-culturales y terminan convirtiendose en algo corpóreo.

Lo importante es caer en la cuenta de que los tabúes o prohibiciones culturales se insertan en nuestro cuerpo como si fueran instrucciones genéticas aun sin serlo y que se trasmiten como si fueran genes replicándose a si mismos aun sin estar compuestas de ADN.

Lo que redunda en la idea que más arriba expuse: que la via genética no es la unica via de trasmisión de caracteres innatos. El tabú de “no matarás” es innato a pesar de no venir codificado en nuestro genoma. Cuando un niño viene al mundo ya accede a él mediante un conocimiento previo (no es una tabla rasa) se trata de aprendizajes culturales, históricos, étnicos e incluso filogenéticos que no necesariamente se encuentran codificados en su ADN.

Es muy posible que todos los sistemas de inhibición de la agresividad no sean sistemas neurobiológicos heredados sino campos epigenéticos aprendidos que terminan por interiorizarse y que se comportan como si fueran cuasigenes. La inhibición de la agresividad puede realizarse de muchas formas pero siempre necesita de un otro que la desactive, a través de la sumisión, del llanto, de la debilidad o de la ternura es como los animales desactivan la agresión de los adultos, nosotros los humanos tambien sabemos hacerlo y tenemos además la empatia que es un añadido relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de encontrar similitudes con nuestros semejantes.

En este post hablé de la metacognición y la empatía: una de las prestaciones de nuestro cerebro emocional.

Efectivamente el Verbo puede hacerse carne, que es otra manera de decir que lo cultural puede encarnarse y hacerse proceso biológico a través de esa interfase que llamamos inconsciente: el lugar donde Psique y Soma se encuentran no solamente bis a bis, uno frente a otro sino donde el individuo se articula con la corporalidad del mundo.

20
sep
09

Desaprender para aprender

El duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar

(F. García Lorca)

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Cuentan que preguntó un día la rana al ciempiés cómo hacía para mover tantos pies de un modo tan eficiente y coordinado, y que cuando el ciempiés se paró a pensarlo para responder, no supo volver a caminar nunca más.

Es algo conocido que cuando nos rascamos o revolvemos el café no tenemos que enviar órdenes conscientes para alzar la mano, dirigirla hacia esas coordenadas concretas, mover la musculatura de un modo determinado a un ritmo previamente calculado, etc. Si así fuera, estaríamos casi todo el día ocupados en ese tipo de órdenes.

Piensen en lo siguiente: solamente para cruzar una calle, en el instante en que damos una instantánea ojeada al coche más cercano que se aproxima hacia el paso de peatones, el cerebro está realizando los siguientes cálculos:

- la distancia entre ese coche y nosotros

- la velocidad estimada de ese coche

- nuestra velocidad máxima (corriendo, si es preciso)

- si, dados los parámetros anteriores, existe la posibilidad de que ambas trayectorias se crucen (con lo cual nos atropellaría)

- si existe esa posibilidad, no cruzamos; si queda descartada, cruzamos.

Y todo eso en una fracción de segundo. Algunos dirían que “presintieron” que si cruzaban le atropellarían.

Otras veces, “presentimos” que alguien no es de fiar. Si analizáramos lo que ocurre, posiblemente nos daríamos cuenta de que esa persona no mantenía el contacto visual el número de segundos suficientes (¿acaso no sabemos todos algo de lenguaje no-verbal de modo innato o, digamos, intuitivo?). Si a eso le sumamos (le sumó nuestro cerebro) alguna maledicencia oida sobre un acto poco congruente cometido por esa persona, o bien la forma de su boca nos recordó a la de alguien que no simpatizamos mucho de adolescentes, ya tenemos el resultado de la fórmula. Todo ello sin darnos cuenta, y el resultado es, en este ejemplo, que esa persona “no sabemos porqué pero no nos inspira confianza”.

Son innumerables los ejemplos de la multitud de cálculos que llevamos a cabo inconscientemente (sin intervención de nuestra voluntad consciente) gracias a la mayoría de los cuales seguimos vivos. Por supuesto, hay muchas otras decisiones que probablemente es mejor tomar en base a cálculos conscientes, estimación de pros-contras, cálculos aproximados de probabilidades, etc. (Algunos investigadores, dicho sea de paso, han llegado a la conclusión de que tras toda decisión consciente yace siempre una emoción básica, pero esto es otro tema que no es objeto de este post.)

Otra cosa que sabemos es que, cuando pensamos demasiado, interferimos con el raciocinio en aquellos mecanismos que normalmente se desenvolverían por sí solos, automáticamente por así decir (en este post se explica qué son los PAFs). Es como si la naturaleza recomendara dejar que el organismo y la mente hicieran lo que ya saben hacer, y dejar los cálculos de pros y contras (y su resultado) sólo para aquello en que necesitamos la voluntad y el análisis racional (p.e. para resolver un problema matemático, para la compra de un piso, etc.).

En este video Mentes privilegiadas se muestran unos estudios que confirmaron una vez más que, al parecer, nuestro cerebro actúa de un modo mucho más operativo si no se interfiere en ciertos automatismos, como p.e. leer. En uno de los experimentos, se muestran varias frases al sujeto y éste lee en voz alta lo que “vé”. Lo curioso es que algunas frases contenían leves errores tipográficos o sintácticos… que el sujeto no “leyó”, corroborando que el cerebro no vé lo que vé sino lo que espera ver. Lo asombroso de ese experimento es que, desconectando ciertas áreas del cerebro racional y dejando por tanto que el individuo lea sin que ésas actúen… no se cometen fallos de lectura. Sin duda se debe a que no actuaron las creencias previas (qué es lo que debería poner ahí). Es decir, haciéndolo así, el cerebro vé lo que realmente hay, sin intervención de expectativa alguna, esa modulación personal del futuro que tanto nos tienta con frecuencia. Uno de los investigadores comenta ahí:

“Es fascinante que tengamos que desconectar partes del cerebro para descubrir aptitudes ocultas… Que tengamos que discapacitar parte del cerebro para extraer habilidades … Estas no son las habilidades del que tiene algo más, son las habilidades del que tiene algo menos…”

Parecería que el Homo sapiens sapiens es, a veces, incluso demasiado inteligente… tanto que comete errores por pensar cuando no debe.

Muchos tenemos el vicio de analizar, racionalizar, calibrar cosas, situaciones o proyectos cuando no es necesario. “Déjate fluir” solemos aconsejar a los demás, pero ¿es eso tan fácil de llevar a cabo una vez desarrolladas, durante cientos de miles de años, unas capacidades que a primera vista nos han resultado adaptativas? ¿No será que nos hemos viciado con ellas como el niño a quien regalaron una bufanda y no se la quiso quitar nunca más ni para dormir hasta que se le quedó pegada al cuerpo? (como en “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher).

Hay que desaprender para poder aprender.

O, como dijo Krishnamurti, una taza (la mente) sólo tiene sentido cuando está vacía, no llena.

15
sep
09

Memes, virus y arquetipos

Debemos a Richard Dawkins la idea de meme que ya publicó en su libro best seller “El gen egoista”, aunque alli sólo insinuaba una posible conexión entre la idea-fuerza de gen, una serie de instrucciones que son capaces de autoreplicarse y la idea de meme que seria algo asi como una idea, una imagen, una creencia que puede copiarse y se transmite por mimetismo. El meme seria pues un gen cultural que perseguiría los mismos fines de los genes: sobrevivir y autoreplicarse.

Pero no debe entenderse que los memes son metáforas sino realidades concretas como los genes. De hecho se ha desarrollado toda una ciencia memética que estudia precisamente como esos memes se trasmiten, se contagian y sobreviven infectando o parasitando los cerebros individuales.

Naturalmente lo verbos “parasitar” o “infectar” sí son metáforas. Metáforas que procede de los puntos de vista radicalmente darwinistas como el propio Dawkins, su más ferviente defensora en el campo de la divulgación Susan Blakemore o uno de sus seguidores el filósofo de la mente Daniel Dennet que defienden la idea de que la cultura humana se ha desarrollado de una forma muy parecida a la evolución: por selección natural, exisitirían ideas (memes) que se reproducirían más eficazmente y que competirían más eficientemente con otros memes a la hora de instalarse en otros cerebros y desde alli ganar nuevos organismos a los que “infectar”.

Se trata de las conocidas ideas de los neodarwinistas que mas atrás llamaba darwinistas radicales. Para entender mejor la diferencia entre los neodarwinistas y otros evolucionistas como Lynn Margulis o Stephen Jay Gould recomiendo este articulo de la wikipedia. En adelante les llamaremos gradualistas. Se trata de los que creen que la evolución no ha sido el escenario de luchas entre organismos simples a la hora de propagar su genoma sino asociaciones, consorcios pluricelulares que han digerido o fagocitado a otros seres unicelulares aumentando asi su complejidad, Lynn Margulis en su libro de culto “Captando genomas” habló de simbiogénesis para nombrar su concepto asociativo y gradual como motor de la evolución.

Personalmente creo que la idea de meme es un plagio de la idea jungiana de arquetipo y que no añade nada a lo que los psicólogos jungianos entienden como tal y que puede usted consultar aqui.

Sin embargo no son conceptos idénticos sino que mantienen ciertos solapamientos: la principal diferencia entre un meme y un arquetipo es que el meme compite con otros memes mientras que los arquetipos no compiten entre sí sino que resuenan con las posibilidades de ser de los humanos y se constelan (se encarnan o activan) en ellos. La idea de meme fuertemente influenciada por una visión radical de la evolución termina por antropoformizar demasiado tanto a los genes como a los propios memes confiriéndoles capacidad de planear por sí mismos algo que no deja de ser un exceso.

Sólo la conciencia es capaz de planear, ni lo genes ni lo memes son capaces de planear nada por si mismos ni siquiera la posibilidad de autoreplicarse, los genes ser replican en la reproducción y efectivamente compiten con otros alelos con los mismos intereses tal y como expliqué aqui.

El gen y el meme tienen además entre si algunas diferencias: la primera es que el gen es un trozo de la hélice del ADN algo asi como una página de ese gran libro de instrucciones que llamamos ADN o genoma. El meme sin embargo es algo inmaterial y es esta condición de intangibilidad la que lleva a sus detractores (tanto los de Dawkins como los de Jung) a entender estas ideas como bellas metáforas poéticas sin consistencia cientifica alguna.

Lo cierto es que los que asi piensan se encuentran apresados por la idea de que tan sólo en la materia se encuentra la potencialidad de información. A lo sumo muchos de ellos estarian dispuestos a admitir que en la energia tambien puede ser transportada información, pero se preguntan ¿como es posible que la información se encuentre inscrita en la nada?¿Cual es el soporte fisico del meme?

Antes de seguir me gustaria que el lector visionara estos dos cortos videos para conocer mejor las teorias de Dennet y contrastarlas con las suyas propias.

Los memes peligrosos por Daniel Dennet.

Video 1

Video 2

Para entender mejor qué es un meme veamos la metáfora que invoca y que no es otra sino la del los virus.

Un virus es una entidad biológica misteriosa al menos por dos razones, la primera es que no pertenecen ni al reino animal ni al reino vegetal, la segunda es que ni están vivos ni muertos. Contradicen una de las ideas fuerza de la biologia que suscribe la idea de que para hablar de vida tienen que haber células. ¿Si no existen células podemos hablar de un ser vivo? ¿Si no pertenecen al reino animal ni al reino vegetal que son entonces?

Los virus son trozos de ADN ( o de ARN) encapsulados en una especie de caparazón proteinico que sirve de envoltura al ADN o ARN que portan empaquetado. Se trata de la demostración de que existen formas de vida que no comparten la condición de sostenerse sobre la vida celular, ahora bien la vida de los virus es bastante curiosa, porque en realidad, aunque tienen forma y andan por doquier (en realidad no andan en absoluto a diferencia de las bacterias que poseen movilidad), y a pesar de su estatismo solo pueden replicarse si penetran en el interior de una célula para lo que se sirven de herramientas diseñadas para penetrar sus membranas y otras como ventosas para adherirse a ellas. La pregunta que podria hacerse en este momento es la siguiente, ¿cual es el estado de un virus cuando hace vida extracelular? ¿Mueren y viven los virus?

virus_big

Obervese este virus con forma dodecaédrica y ventosas adheridas a su cápsula

Lo cierto es que los virus cuando no encuentran huéspedes a los que parasitar lo pasan bastante mal y se inactivan al poco tiempo de vivir a la intemperie. Y parece tambien que la función teleológica de los virus no es vivir (cosa dificil de entender en un virus que pasa la mayor parte de su tiempo inactivo) sino reproducrise, es decir conseguir copias de sí mismo a expensas de enfermar o matar a su huesped.

Otro misterio biológico que aun no se encuentra del todo explicado es de dónde proceden los virus. A mí la teoria que más me resuena es que los virus son trozos de ADN (o ARN) que han escapado de las fortalezas del núcleo de una célula. Al parecer esta teoria es la que más seguidores tiene entre los expertos pero tiene un problema: si los virus necesitan células para replicarse significa que no pudieron existir antes de ellas. En este caso no serian los organismos más elementales que podemos encontrar a lo largo de la evolución sino probablemente un subproducto celular que encontró una forma de existencia a medio camino enre los cristales y las células que procederian de rupturas escapistas de trozos de ADN, es decir de información genética fragmentaria. La idea que acabo de exponer se encuentra reforzada por otros hallazgos que señalan en la dirección de que estos trozos de información que ha logrado escapar del núcleo de la célula no compete sólo a los virus: existen otros trozos aun más pequeños que pululan por el espacio extracelular, los plásmidos, por dentro del citoplasma celular como los trasposones, otras particulas como los viroides e incluso proteinas mal plegadas que se replican a sí mismas como los priones que no contienen ni DNA ni RNA pero con capacidad infectiva y autoreplicadora.

Si yo fuera el virus de la rabia me interesaría que mi huésped estuviera furioso para asi pasar a otro a través de su saliva,  pero como el virus de la rabia no puede planear no cabe ninguna duda de que el virus de la rabia y la rabia coevolucionaron. Lo que significa en términos evolutivos que la vida celular y la vida vírica pudieron tambien coevolucionar.

Estos descubrimientos biológicos han puesto sobre el tapete una idea fundamental que de alguna forma ha roto con el modelo célular en que creiamos que estaba fundada la vida. No cabe ninguna duda de que la vida reposa sobre la información, entendida esta como una forma energética no degradable.

Dicho de otra manera es posible que todas esas particulas sean basura genética escapada de la célula y que su función evolutiva sea disponer de una reserva de información genética cuya función podria ser la recombinación con algunas especies celulares y no tanto la idea que es hoy la más frecuente al menos en nuestro imaginario: que los virus son enemigos a los que combatir, es muy posible que los virus patógenos para el hombre sean una pequeña minoria de todo un almacén genetico de basura genética dispersa de la que algún dia podamos beneficiarnos para penetrar dentro de la célula con mensajes médicos beneficos para ella.

Pero no es mi intención en este post hablar de los posibles usos médicos futuros de los virus como portadores de soluciones curativas sino trazar un paralelismo entre ellos y los arquetipos. Ya dije más arriba que la idea de meme era una revisión de la idea de arquetipo y dije tambien que la idea de meme habia sido inspirada por una idea evolucionista radical: la de que determinadas ideas compiten por parasitar cerebros individuales y desde alli difundirse al mayor número posible de cerebros.

Es cierto que algunos memes son muy peligrosos tal y como nos contó Dennet en los videos de arriba y que muy probablemnte podemos entender la historia humana como una historia de creencias que tratan de imponerse a las del vecino. Una idea muy interesante es que efectivamente una creencia siempre tiende a imponerse a los demás pero yo no creo que este potencial maligno se halle en la idea misma sino en la natrualeza vanidosa y corrupta del hombre que trata de imponer a los demás sus propias formas de ver la vida. Por ejemplo la idea de Dios no mata a nadie pero la idea de religión ya es más peligrosa porque agrupa a las personas entre seguidores y no seguidores de esa religión. El culto por la patria o por la propia etnia tampoco tiene esa potencialidad salvo si se confronta con las demás, si nosotros somos el pueblo elegido es porque los demás ni siquiera tienen la consideración de semejantes: Dios les olvidó en el reparto. Por tanto esta justificado que les exterminemos.

Lo cierto es que los virus y los arquetipos se parecen mucho:

  • Están inertes cuando no están dentro de un organismo vivo.
  • Tienen forma aunque no los podamos ver.
  • Contienen información.
  • Se replican sólo en condiciones biológicas, el resto del tiempo viven en una especie de limbo que llamamos “cultura”.
  • Los arquetipos se constelan en una persona concreta del mismo modo que los virus parasitan células vivas.

De manera que cuando le hablen de los virus deténgase a pensar por un momento si no será, al fin y al cabo, un virus el que salve a la humanidad gracias a esa información que aun no hemos aprendido a manejar. Tampoco sabemos manejar la información que procede de los arquetipos y que tanto nos podria ayudar a salir de aprietos emocionales, al fin y al cabo fue un titán el que trajo el fuego a los hombres contra la voluntad de Dios.

Nadie sabe por qué todos los dioses han querido mantener a la humanidad en la precariedad.

Pero tampoco cabe ninguna duda de que existe un voluntad decidida por parte de la humanidad de saber por qué los dioses mantienen esta intransigente postura.




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