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19
jun
10

Histeria y chacras

Hace pocos dias tuve ocasion de ver en mi consulta a una muchacha de 21 años afecta de una histeria de conversión. La paciente se habia quedado paralítica de ambos brazos súbitamente y a raiz de haberse presentado a un examen, durante la espera en el hall de la facultad tuvo un pequeño desmayo (una lipotimia) y después al recobrar el conocimiento quedó en esa situación de paralisis flácida de ambos miembros superiores. Naturalmente la paciente no pudo presentarse al examen, fue llevada a urgencias donde le diagnosticaron un trastorno de pánico (sic), le inyectaron un sedante y la mandaron a casa  tranquilizándola respecto a la causación psicógena de su dolencia. “No tenia nada”.

Tal y como le pronosticaron los médicos, la paciente fue recuperando poco a poco la movilidad de sus MMSS, aunque estuvo aun unos dias imposibilitada para comer, escribir, lavarse y usar sus manos.

Cuando vino a mi consulta ya no presentaba ningun signo de parálisis aunque en realidad la paciente no vino a consultarme sobre ello sino sobre su malestar con su propio cuerpo relacionado con una bulimia purgativa.

El caso me pareció una rareza y asi se lo hice saber a la residente que me acompañaba en la consulta y asi es: la histeria de conversión es hoy muy poco frecuente. Más abajo volveré sobre la causa de esta rareza.

Fue Sigmund Freud siguiendo las investigaciones de Charcot y Breuer quien a través de la hipnosis descubrió el misterio que se ocultaba detrás de los sintomas conversivos, habia algo que la paciente (usualmente del genero femenino) no queria llevar a a cabo, no queria recordar, no queria saber, usualmente algo vergonzoso o inmoral. Freud planteó que existía algo rechazado que desde el inconsciente mantenia una enorme influencia en la salud de la paciente y describió también el mecanismo mediante el cual esos elementos se mantenian alejados de la consciencia: se trataba de la represión. Simultáneamente a esta idea Freud inventó un metodo emparentado con la hipnosis al que llamó psicoanalisis que servía para poner a disposición de la conciencia el material rechazado. En este post existe una explicación histórica crítica sobre el descubrimiento que desde Freud llamamos trauma, una impresión sensorial que desborda la homeostasis psíquica provocando sintomas. Y tambien de sus pacientes más célebres.

Lo curioso es que desde entonces llamamos conversión histérica tan solo a las enfermedades sin causa médica que se manifiestan a traves del SN voluntario (por ejemplo a las enfermedades que se manifiestan en músculos como en el caso de mi paciente anterior) y además que se manifiestan a través de la paralisis, la paresia, la contractura o el temblor. Llama la atención que el dolor haya sido eliminado de su relación con la conversión y es asi hasta tal punto que se considera aun hoy que la conversión histerica es indolora.

Otra cosa que llama la atención es que aquellas enfermedades que se manifiestan a través del SNA (autónomo) no llevan la etiqueta de histericas, por más relacionadas que se encuentren con una impresion sensorial identificada. Por ejemplo si usted presenta un cuadro de diarrea, vomitos, dolor neuropático (fibromialgia), prurito, asma, hipertensión, dermatitis u otras de esas enfermedades que conocemos como psicosomáticas no será etiquetado de histeria sino de otra cosa, por ejemplo su médico le dirá tiene usted una ulcera gastroduodenal, es muy poco probable que le llamen histérico.

Y es que la histeria tiene muy mala prensa, hasta el punto que en el lenguaje coloquial se ha convertido en una especie de insulto  o descalificación pero seguramente la razón de la mala prensa que acumula esta etiqueta es que histeria se ha asimilado a simulación. Dicho de otra forma, el paciente histérico seria aquel que finge una enfermedad para beneficiarse de algo vinculado a ella, usualmente una incapacidad para hacer algo.

Volviendo al caso de mi paciente más arriba citada es obvio que su ataque histérico le impidió llevar a cabo su examen, de ahi que  pensar que en realidad esa chica no queria presentarse al examen y forzara una enfermedad simulada y aparatosa son la causa y el efecto de un misma estrategia. La causa en la mentalidad médica tradicional e incluso en la opinión de la mayoria seria esta:

“Es una persona que tenia miedo a presentarse a un examen y fingió estar enferma para no llevarlo a cabo, su enfermedad y su ganancia secundaria son la misma cosa”.

Lo cierto es que hablando en un nivel de definición más profundo esta idea es absolutamente falsa. No me extenderé demasiado en contar el caso concreto de esta paciente sino para decir que presenta un trastorno de identidad muy profundo, un malestar enorme con rechazo hacia su cuerpo y una enorme vergüenza de su cuerpo sobre todo ante la exposición social.

En realidad la paciente no fingió un ataque para no hacer el examen sino que el ataque le sobrevino ante la exposición de un cuerpo que ella percibe como un estigma, un defecto moral. Es el malestar y la no-aceptación de su cuerpo, la vergüenza tan intensa que siente con él la que llevó a esa situación, que por interpretarla de algun modo deberiamos entenderla mas como una fobia social (como los que suceden a algunas personas cuando tienen que hablar en publico), con un ataque ante la exposición social que otra cosa.

Y una segunda consideración, este tipo de mecanismos no pueden controlarse de modo consciente, no dependen de la voluntad. Aunque es cierto que la simulación existe, en los casos de histeria no hay voluntariedad si bien existe una estrecha relación entre la situación histerógena y el ataque: tan próxima e intuitiva nos resulta que el médico siempre piensa en una histeria cuando se enfrenta a este tipo de pacientes, lo que significa en términos medicos: no hay organicidad, no hay pues enfermedad.

Si el primer error de la medicina moderna fue separar la conversión de la somatización o de la enfermedad psicosomática el segundo error fue considerar que sólo las enfermedades donde se encuentran pruebas objetivas de lesión son enfermedades.

1.-La conversión, la somatización y la enfermedad psicosomática comparten mecanismos parecidos a los que Freud describió en sus histéricas, sólo que afectan a distintos órganos y sistemas.

2.-Todas las enfermedades comienzan siendo energéticas (funcionales en términos de la medicina convencional), es decir comienzan en el plano mental o en en el plano vital. Es verdad que algunas enfermedades pueden comenzar en el plano fisico pero lo usual es que se extiendan de arriba-abajo (de la mente al cuerpo o del cuerpo vital al fisico)

Para entender mejor estos conceptos de cuerpo mental y cuerpo fisico dirijo al lector al post que titulé “La consciencia quintuple”, del que rescataré una idea: el cuerpo vital es como un calco, un molde autoemergente, una especie de tenue velo que acompaña al cuerpo fisico sin coincidir del todo con él. Dado que procede del cuerpo fisico tiene relaciones causales con él (causación descendente) hemos de admitir que tanto los cuerpos mentales como vitales tienen la posibilidad de curar o de enfermar al cuerpo fisico.

Sabemos además que el cerebro no se representa al mundo sino que a través de la mente filtra y procesa significados. Pero estos significados que no se representan en el cerebro pueden representarse en el cuerpo a través de los mapas que traza el cuerpo vital. Esta es la razón por la que la histeria sigue rutas imposibles desde el punto de vitsa neurológico y es por eso que el médico sabe que no está delante de una parálisis verdadera sino aproximada. Como en mi paciente anteriormente citada una parálisis verdadera no podria afectar a los dos miembros a la vez.

Pero mi paciente lo que estaba sintiendo era miedo, un miedo ante la exposición junto con la vergúenza -dos emociones muy tóxicas para el cuerpo vital- de exponer su cuerpo en un examen y que derivó en un síntoma sin sentido anatómico pero con mucho significado emocional. Su mente sintió miedo, su cerebro la procesó con sus automatismos aprendidos y sus condicionamientos educativos y su cuerpo se bloqueó, primero a través de una pequeña muerte (desmayo) y luego a través de una paralisis de miembros superiores.

Sabemos tambien que mientras nuestra mente filtra y procesa significados, nuestro cerebro es incapaz de representarse el estimulo, no asi el cuerpo que a través del cuerpo vital es capaz de representar la emoción previamente filtrada, procesada y amplificada por el cerebro.

Lo que emparenta precisamente la histeria con la somatización y la patologia psicosomática a través de una nueva concepcion que llamamos medicina cuerpo-mente es la consideración de que cada emoción tiene una correspondencia con un órgano o conjunto de organos relacionados por vecindad. La emocion amplificada seria un tóxico que interrumpiria el flujo de energia vital sutil a traves de cuerpo vital y llegaria a enfermar al cuerpo fisico o a provocarle alguna disfunción: eso que en medicina convencional llamamos trastornos funcionales.

Las correpondencias entre emociones y chacras son estas (el lector puede visualizar este corto y divertido video donde se explica la psicologia de loc chacras):

1.- Chacra raiz, ano, Tierra (supervivencia), miedo.

2.- Chacra genital (reproducción, placer), Agua, culpa.

3.- Chacra del ombligo, Fuego (voluntad), vergüenza, ira.

4.-Chacra del corazón (amor), Aire, hostilidad, rencor, dolor, aflicción.

5.-Chacra de la garganta, (verdad) sonido, voz, mentiras.

6.- Chacra del discernimiento o del entrecejo (tercer ojo, luz, ver), no darse cuenta de la Unidad, ilusión, separación.

7.- Chacra coronal, la fusion con el Todo (pensamiento), con el Cosmos, su enemigo es la tristeza y el apego, las perdidas afectivas.

Volviendo al ejemplo de la paciente cuyo caso nos ha servido para ilustrar este post, un diagnóstico de medicina mente-cuerpo con orientación hacia los psicologia de los chacras, nos indicaria que la paciente sufrió un atasco de la energia de su cuerpo vital a nivel de la garganta, a través de infiltraciones de energias tóxicas procedentes del chacra 1 (miedo) y 3 (vergüenza). El flujo de energia se detuvo en el chacra de la garganta afectando la inervación de sus miembros superiores y causando una parálisis que representa una mentira, la mentira que se dice a si misma respecto de su rechazo corporal. El discernimiento o chacra 6 vive en una ilusión: la ilusion de que se puede tener el cuerpo que se quiera, lo que en mi opinión es la causa de los malestares del cuerpo que encontramos en las muchachas afectas de trastornos alimentarios en nuestro entorno. Una ilusión que por si misma puede modificar el cuerpo vital y deformarlo en eso que en psiquiatria clásica llamamos trastornos del esquema corporal.

Después de escucharla la despedí con estas palabras:

Eres el avatar de ti misma.

Para terminar este post me gustaria dar una explicación sobre la disminución de morbilidad en la histeria de conversión y su transformación en otras patologias más severas. Siempre pensé que la patoplastia de las enfermedades mentales las llevaba a mudar su apariencia con el tiempo, el contexto y la cultura, algo que es indiscutible, sin embargo esta consideración por si sola no explica el fondo de la cuestión. Creo que hay dos razones para ello:

1.- La conceptualizacion clínica de la histeria se ha deslegitimado paralelamente al psicoanálisis, hemos sido los médicos, los medios de comunicación, el cine y otros quienes lo hemos hecho a través de esa sospecha que cuelga siempre de un malestar inexplicable: la simulación y el beneficio.

2.- Al separar la conversión de la somatización la mayor parte de los enfermos se han desplazado hacia la segunda opción en la consideración de que un ulcus gastroduodenal huele menos a psicológico que una fobia. El publico interpreta la causalidad psicológica como autoinducida y la mayor parte de los enfermos prefieren una etiqueta diagnóstica somática que psicológica.

3.- La histeria de conversión es demasiado sospechosa de estar relacionada con un evento traumatico recortado en el tiempo, es como si a mayor proximidad con un disgusto el médico y el propio paciente no creyeran demasiado en la seriedad de sus sintomas, es por eso que han emergido otros en su lugar.

Y esta misma idea la leí el otro dia en un texto de Sarno ( pag 46. 1998)

“Es como si el cerebro hubiera decidido que los sintomas de conversión ya no convencen como enfermedad, de manera que comienza a producir procesos en los cuales hay reacciones fisiológicas obvias, para ello se implica al sistema autónomo y al sistema inmunologico en la producción de sintomas”

Bibliografia.-

J. E. Sarno. “The mind-body prescription”. New York, Warner Books 1998.

30
abr
10

La consciencia quíntuple

La consciencia parece comportarse siguiendo las leyes de la fisica cuántica, eligiendo y colapsando una función de onda. En este dibujo podemos ver perfectamente como este cilindro se refleja alli como un circulo y aqui como un rombo. Las dos percepciones son verdaderas pero no pueden darse a la vez porque la decisión por una de ellas colapsa a la otra.

¿Cual es la diferencia entre mente y consciencia? ¿Por qué necesitamos otra palabra para nombrar ese intangible que llamamos mente? ¿Es la consciencia algo que procede del cerebro o es algo que le precede?

En este post voy a intentar darles una visión sobre estos temas basándome en las opiniones de Amit Goswami un físico teórico de origen hindú que ha elaborado una teoria holística sobre la consciencia y que recoje las ideas expresadas previamente por Donald Campbell en 1974 acerca de la causación descendente.

La causalidad descendente significa que una vez creado un nivel emergente superior este nivel posee efectos causales sobre el nivel inferior. Dicho de otra manera si existe ese algo inmaterial que conocemos con el nombre de mente y esa mente emergió de la materia (cerebro) esa mente ha de tener propiedades y efectos causales sobre el nivel inferior: sobre el cerebro y el cuerpo.

La ciencia convencional hasta el momento se ha ocupado de la dirección contraria: la patologia médica sabe y acepta que de los niveles inferiores (celulares) surgen patologias que enferman tejidos, órganos y sistemas, sin embargo esta misma ciencia ha sido reacia a admitir que del mismo modo la flecha de la causalidad puede ir de arriba hacia abajo.

Paradójicamente con esta idea, la mayor parte de los investigadores admiten el efecto placebo: que la creencia del enfermo de estar tomando algo que va a ser beneficioso para su salud (aunque se trate de algo inerte) resulta en beneficio para la misma. Personalmente no me cabe ninguna duda de que si existe el efecto placebo es precisamente porque existe una flecha que va desde la mente hacia el cerebro y el cuerpo, de lo inmaterial (lo indeterminado y sutil) a lo material (determinado y denso). Tambien está admitido el efecto causal psicológico del trauma sobre el organismo, menos definidos se encuentran los efectos conversivos o psicosomaticos psicológicos que se categorizan con el nombre inespecifico de estrés.

Del mismo modo que lo material puede enfermar la mente, tambien la mente puede enfermar al cuerpo.

Si el efecto placebo existe la causación descendente existe también.

Lo que es lo mismo que admitir que si la mente puede enfermar el cuerpo tambien puede ayudar a sanarlo.

Ahora bien este planteamiento nos vuelve a enfrentar contra las cuerdas del viejo cuadrilátero de la dualidad ¿es que existen entonces dos principios operando de forma independiente uno de otro? ¿Cómo podemos encajar los hechos anteriormente reseñados haciéndolos compatibles con una visión no dual del dilema mente-cerebro?

Para Goswami el dilema mente cerebro, solo puede resolverse admitiendo que existe una sustancia no material, la consciencia que los incluye a ambos y que los pone en contacto. En este sentido mente y cerebro operarian en paralelo y sería la consciencia la que los incluiría a ambos. La mente y el cerebro serían diferentes manifestaciones de la consciencia. Goswami propone un funcionamiento cuántico para la consciencia basado en los principios de incertidumbre y no localidad. La consciencia elige y elegir significa colapsar una posibilidad, es por eso que un significado cognitivo inadecuado puede derivarse hacia el polo somático o hacia la mente, causando sufrimiento mental o fisico.

Tal y como podemos ver en el siguiente esquema:

Goswami define 5 tipos de consciencia alimentadas por energias cada vez mas sutiles (de abajo-arriba) y algunas de ellas no-fisicas, aunque para hacerlo más digerible lo he dejado solo en dos -en el esquema- para que pueda verse el procesamiento en paralelo de mente y cerebro y como ambos tipos de procesamiento de la información contienen el cuerpo fisico en su nivel más bajo.

La idea fundamental de esta teoria que se llama holística e integral es que cada enfermedad o dolencia hallaria su origen o causa en un nivel determinado de la consciencia y para hacernos entender mejor este concepto de consciencia propone el siguiente experimento mental:

Imagine que llena una botella de agua y que arroja esta botella al mar. La botella tendrá agua dentro y agua afuera, esto es precisamente la consciencia: la unica diferencia que existe entre el agua de afuera y la de adentro es que existe una separación entre ambas (el frasco), esa separacion es el cuerpo fisico que nos hace vivir la ilusión de separatividad.

Todo es pues consciencia. Y si todo es consciencia no hay más dualidad.

Pero la consciencia tiene como decía antes al menos 5 grados de constelación en el cuerpo. Asi de abajo-arriba o de lo más denso (la materia) hasta lo más sutil (la consciencia propiamente dicha) existen estas estructuras anidadas unas dentro de otras más abarcativas:

1.- El cuerpo fisico. Aunque la medicina convencional piensa que el cuerpo fisico se enferma solo (a partir de daños celulares, geneticos o moleculares), y solo contempla la posibilidad de la causación ascendente (que puede ocurrir) el cuerpo fisico puede enfermar también a partir de causalidades que se encuentran mas arriba de él, sobre todo a partir del siguiente:

2.- El cuerpo o consciencia vital. Es una especie de molde morfogenético o energético del anterior, es el cuerpo de la medicina tradicional china (MTC) y la acupuntura, tambien los chakras indios se relacionan con este cuerpo vital que hace corresponder órganos energéticos con órganos materiales.

3.- La consciencia mental. Es la mas conocida de las formas de consciencia que algunos llaman conciencia (sin s), es decir el hecho de poseer una subjetividad idiosincrásica diferente al resto, una consciencia limitada por los procesos de condicionamiento, de las conceptualizaciones y las creencias. Lo mental puede enfermar por sí mismo (un trauma) o a partir de causas supramentales o de la consciencia propiamente dicha. Es inutil tratar de sanar un problema mental apuntando a un nivel inferior de la consciencia, aun admitiendo que lo mental pueda llevar arrastres en niveles inferiores a sí mismo.

4.- La consciencia supramental. La mente del arquetipo, la intuición y la creatividad. Lo que caracteriza lo supramental es la emergencia de saltos cuánticos o discontinuidades, es decir la intención de nuevos significados en patrones por otra parte ya conocidos. La causa más importante que puede llevar a enfermar o perturbar este nivel es la ilusión de separatividad.

5.- El cuerpo espiritual o consciencia propiamente dicha conocida en la tradición mística como cuerpo de gloria.

Como puede observarse la consciencia tiene dos procesadores energéticos conectados en paralelo, dos niveles mentales y dos niveles fisicos. El nivel causal que explica tanto las enfermedades como las dolencias se instalan en estos distintos niveles y el estacamiento de energía sucede en uno o varios niveles al mismo tiempo. Naturalmente en cada nivel el tránsito puede estar interrumpido por bloqueos.

Y cada nivel superior abarca, contiene y trasciende al inmediatamente inferior, como aqui:

O como dicen aqui:

“Los seres que tienen una forma,

en cualquier matriz que se produzcan

el gran Brahmán es su matriz común.”

(Bhagavad Gita XIV, 4)

Bibliografia.-

Amit Goswami: “El médico cuántico”. ediciones Obelisco. Barcelona 2008.

03
feb
10

Amor homeopático

Si usted hace una búsqueda en Google con la palabra “amor” se dará cuenta de que probablemente esta palabra es una de esas que se encuentran en todos lados, que tienen el don de la ubicuidad. Amor es un tema universal, se encuentra en canciones, poemas, pinturas, esculturas, literatura buena y mala y ultimamente tambien en las paginas new age que recomiendan un poco ingenuamente que el amor es la pócima que puede salvar al mundo. Recomiendan cosas tales como ésta:

“Si amas cambiarás el mundo y con él cambiará tu manera de percibirlo y de estar en él”.

O sea que el amor para algunos es una especie de esencia floral curativa, un curalotodo.

Y es verdad en un cierto nivel de definición pero no es verdad en el nivel de definición práctico por donde discurren nuestras vidas aqui abajo.

Los psicoanalistas, al menos algunos con los que he departido sobre este asunto también abrazaron desde siempre esta opción, la mayor parte de los malestares humanos proceden del desamor y de la agresión reprimida, cosa que tambien puede ser cierta pero esta verdad no equivale a pensar que dando amor indiscriminadamente las cosas mejoran. En realidad no es asi de sencillo y todos los que hayan leido este post ya saben que es un “wicked problem” y que en cierta manera las cosas no se resuelven con buenas intenciones o con esa mania caritativa de darle a los demás lo que les falta que seguramente es amor como decian los Beatles.

El mismisimo Freud -que aun no sabia que era un “wicked problem”- en un artículo memorable conocido como “Análisis terminable e interminable”  cayó en la cuenta de que determinados pacientes sometidos a su esfuerzo por curarles de su neurosis, no sólo no mejoraban, cosa incomprensible para él, sino que encima de eso, empeoraban. A esta curiosa forma de reaccionar la llamó “reacción terapeutica negativa” que incluyó entre las formas más graves de resistencia y que se encontraba más allá de lo cognitivo y de lo somprensible o racional. El paciente empeoraba cuantos más esfuerzos invertía el terapeuta en su curación, Freud creyó encontrar en esta maniobra algo tanático, la propia pulsión de muerte o compulsión repetitiva. Y tenia, en su nivel de definición, tambien razón.

Y la verdad del asunto es que algunas personas no pueden ni amar ni ser amados. Aunque yo diria que lo más amenazante para las personas es resultar amados porque el amor en activa puede ser disfrazado de muchas formas, una de las mas frecuentes es  la abnegación, una curiosa palabra que contiene en si misma la clave de lo que se pretende ocultar o negar. Los abnegados son aquellos que aman porque amando dejan de sufrir las consecuencias de su necesidad de amor, se brindan a los demás para ocultar-se a sí mismos aquello que pretenden obturar que no es otra cosa sino la necesidad de recibir. El abnegado sin embargo va mucho más allá del autoengaño: se niega sí mismo y a sus necesidades.

Y es que los humanos somos una especie de simios bastante retorcidos, porque ¿qué tiene el amor de amenazante? ¿por qué protegerse del amor ajeno? ¿No es absolutamente deseable ser amado?

Aquellos de ustedes que aun no hayan superado su fase jesuítica creerán que el amor es algo deseable, que es importante e incluso placentero que los demás nos amen. Eso es tambien verdad en otro nivel de definición, pero hay un pero. Los demás, si nos aman lo hacen por alguna razón que no siempre está en nosotros. Lo más frecuente es que el amor que se nos brinda, incluso el más altruista de todos, el de nuestra madre, se encuentre contaminado por los deseos de nuestra madre de otras cosas, por lo que le faltó, por el lugar que nosotros ocupamos en esa falta. El amor incondicional que es la forma buena y digestiva del amor es muy poco frecuente -aunque no diré que imposible- lo común es que amor, demanda, revancha, justificación, exigencia, odio, venganza, celos, territorialidad, reproche, sacrificio, dependencia, apego, asimiento y expectativas amorosas e incluso sexuales vayan de la mano o se comporten como condiciones de intercambio.

Es por eso que el amor es una amenaza para aquellos que tuvieron la experiencia primaria de ser amados por una madre que no las tenia todas consigo con respecto a qué esperaba de su hij@. Por lo que cuelga de ese amor que no tuvimos más remedio que aceptar tal y como se nos dió.

Como este tipo de personas vivencian el hecho de ser amados como una amenaza se protegen de serlo aunque esto no les impide, a su vez, amar.

Son simplemente incapaces de ponerse en el polo pasivo y resultar receptivos con el amor que les llega desde fuera aunque pueden ser incluso muy activos para darse e incluso a veces una tendencia es la compensación de la otra: los que no pueden recibir amor son personas muy queridas por los demás porque siempre están en el lugar del dador. Y esta actitud es socialmente muy aceptable aunque muy perturbadora para el propio sintiente.

Y en este post voy a hablar de como desactivar ese miedo a recibir amor.

La clave está en la homeopatía.

Hay gente que no tolera el amor en dosis ponderales mientras que otras personas son capaces de recibir amor en cantidades desorbitadas.

Es como si algunos tuvieran un receptáculo elástico que como un globo pudiera hincharse a placer acaparando todo el amor que les llega incluso las sobredosis, tienen una enorme resistencia -por asi decir- al amor porque saben desembarazarse de aquello que va colgando siempre del valor puro y duro: un precio, una tasa, un peaje.

Estas personas resisten bien los tsunamis del amor porque han desarrollado una extraña capacidad para disociarse de aquello que les llega y de quedarse sólo con lo bueno descartando lo peor. Pero estas personas que están acostumbradas a dar sus excedentes en plan directo y sin someterse a los necesarios ayunos de depuración suelen ser malos amadores porque acaso no entienden que los demás no han adquirido esa especial resistencia al amor incluso a su toxicidad.

Lo curioso de la vida es que los amadores y los amados suelen encontrarse puesto que cada una de estas especialidades son en sí complmentarias, uno disfruta dando y el otro recibiendo. Sin embargo esta relación complementaria está destinada al fracaso por una razón.

Ambos esconden una carta marcada que se sustrajo a la conciencia, uno sus necesidades de recibir a las que quizá no se cree merecedor y el otro su necesidad de desprenderse de la toxicidad que le acompaña desde su infancia pero además necesita que no caiga en el vacio, en ese gap o hueco por donde suelen caerse los excesos. Necesita un hueco con sentido, un hueco contenedor.

La solución está en donar el amor a microdosis, pequeñas dosis de amor vigilando no sobrepasar el numero de Avogadro. eludiendo asi los efectos secundarios Lo realmente curioso del amor en dosis homeopáticas es que no puede ser rechazado pues apenas es detectado por la conciencia del fóbico amador.

El mecanismo de acción del amor homeopático no es a través de la forma, ni de la inundación de amante excesivo, no es algo que se acopla a un receptor sino algo vibracional. O se está o no se está en sintonía. Tampoco hace falta estar en sintonia todo el tiempo ni en todos los ámbitos de la vida. Yo diria que no hace falta siquiera ni la presencia física y todo sucede siguiendo más las leyes y principios cuánticos que los newtonianos, esos que dicen que “el roce hace el cariño” o que “el amor es ciego pero no manco”. Estas ideas deterministas son bien conocidas por todo el mundo y tienen también su sitio en la verdad, en algunos amores convencionales de los que hablé aqui.

Pero el amor homeopático no funciona de ese modo, no es algo que opere desde el contacto sino que ejerce una acción a distancia a través de determinados hilos invisibles, unas cuerdas o enlaces tan duros y obstinados como esa fuerza que une al cloro con el sodio (fuerza nuclear débil se llama en fisica).

Porque el amador en realidad es un dador de electrones, una especie de agente antioxidante que como el té verde cede sus electrones sobrantes a los intoxicados por el amor.

Están condenados a encontrarse. Y a equilibrarse.

Y lo hacen a nivel atómico, a un nivel informacional, pues la cantidad de información que lleva lo poco es mucho mayor que lo que lleva lo mucho.

Y rebota autoregenerándose como la cola de una lagartija.

Sólo somos capaces de soportar pequeñas dosis de Verdad: es por eso que los deprivados y los intoxicados están destinados a encontrarse.

Y no sólo para repetir la experiencia original sino para transcenderla.

11
nov
09

Deepak Chopra

deepak

Deepak Chopra es un médico de origen hindú pero formado en los USA que aglutina en torno a sí la tradición mística de Oriente y el pensamiento cientifico-técnico de occidente en una equilibrada integración. Lo que defiende Chopra es la superación del dualismo y lo que él llama “superstición materialista”, la convicción que sólo desde lo material pueden abordarse los problemas de salud.

Chopra defiende la unidad cuerpo-mente e integra en una visión holistica el cuerpo material, el emocional y el mental.

He recogido en una serie de videos algunas de las propuestas y explicaciones de Deepak Chopra.

El poder del pensamiento.-

Video 1.-

Video 2.-

Video 3.-

Video 4.-

Video 5.-

Video 6.-

Video 7.-

Curación cuántica.-

Video 1.-

Video 2.-

Video 3.-

Video 4.-

Video 5.-

Video 6.-

Video 7.-

Sonidos curativos.-

Video 1.-

Video 2.-

20
sep
09

Desaprender para aprender

El duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar

(F. García Lorca)

Sin título-1 copia

Cuentan que preguntó un día la rana al ciempiés cómo hacía para mover tantos pies de un modo tan eficiente y coordinado, y que cuando el ciempiés se paró a pensarlo para responder, no supo volver a caminar nunca más.

Es algo conocido que cuando nos rascamos o revolvemos el café no tenemos que enviar órdenes conscientes para alzar la mano, dirigirla hacia esas coordenadas concretas, mover la musculatura de un modo determinado a un ritmo previamente calculado, etc. Si así fuera, estaríamos casi todo el día ocupados en ese tipo de órdenes.

Piensen en lo siguiente: solamente para cruzar una calle, en el instante en que damos una instantánea ojeada al coche más cercano que se aproxima hacia el paso de peatones, el cerebro está realizando los siguientes cálculos:

- la distancia entre ese coche y nosotros

- la velocidad estimada de ese coche

- nuestra velocidad máxima (corriendo, si es preciso)

- si, dados los parámetros anteriores, existe la posibilidad de que ambas trayectorias se crucen (con lo cual nos atropellaría)

- si existe esa posibilidad, no cruzamos; si queda descartada, cruzamos.

Y todo eso en una fracción de segundo. Algunos dirían que “presintieron” que si cruzaban le atropellarían.

Otras veces, “presentimos” que alguien no es de fiar. Si analizáramos lo que ocurre, posiblemente nos daríamos cuenta de que esa persona no mantenía el contacto visual el número de segundos suficientes (¿acaso no sabemos todos algo de lenguaje no-verbal de modo innato o, digamos, intuitivo?). Si a eso le sumamos (le sumó nuestro cerebro) alguna maledicencia oida sobre un acto poco congruente cometido por esa persona, o bien la forma de su boca nos recordó a la de alguien que no simpatizamos mucho de adolescentes, ya tenemos el resultado de la fórmula. Todo ello sin darnos cuenta, y el resultado es, en este ejemplo, que esa persona “no sabemos porqué pero no nos inspira confianza”.

Son innumerables los ejemplos de la multitud de cálculos que llevamos a cabo inconscientemente (sin intervención de nuestra voluntad consciente) gracias a la mayoría de los cuales seguimos vivos. Por supuesto, hay muchas otras decisiones que probablemente es mejor tomar en base a cálculos conscientes, estimación de pros-contras, cálculos aproximados de probabilidades, etc. (Algunos investigadores, dicho sea de paso, han llegado a la conclusión de que tras toda decisión consciente yace siempre una emoción básica, pero esto es otro tema que no es objeto de este post.)

Otra cosa que sabemos es que, cuando pensamos demasiado, interferimos con el raciocinio en aquellos mecanismos que normalmente se desenvolverían por sí solos, automáticamente por así decir (en este post se explica qué son los PAFs). Es como si la naturaleza recomendara dejar que el organismo y la mente hicieran lo que ya saben hacer, y dejar los cálculos de pros y contras (y su resultado) sólo para aquello en que necesitamos la voluntad y el análisis racional (p.e. para resolver un problema matemático, para la compra de un piso, etc.).

En este video Mentes privilegiadas se muestran unos estudios que confirmaron una vez más que, al parecer, nuestro cerebro actúa de un modo mucho más operativo si no se interfiere en ciertos automatismos, como p.e. leer. En uno de los experimentos, se muestran varias frases al sujeto y éste lee en voz alta lo que “vé”. Lo curioso es que algunas frases contenían leves errores tipográficos o sintácticos… que el sujeto no “leyó”, corroborando que el cerebro no vé lo que vé sino lo que espera ver. Lo asombroso de ese experimento es que, desconectando ciertas áreas del cerebro racional y dejando por tanto que el individuo lea sin que ésas actúen… no se cometen fallos de lectura. Sin duda se debe a que no actuaron las creencias previas (qué es lo que debería poner ahí). Es decir, haciéndolo así, el cerebro vé lo que realmente hay, sin intervención de expectativa alguna, esa modulación personal del futuro que tanto nos tienta con frecuencia. Uno de los investigadores comenta ahí:

“Es fascinante que tengamos que desconectar partes del cerebro para descubrir aptitudes ocultas… Que tengamos que discapacitar parte del cerebro para extraer habilidades … Estas no son las habilidades del que tiene algo más, son las habilidades del que tiene algo menos…”

Parecería que el Homo sapiens sapiens es, a veces, incluso demasiado inteligente… tanto que comete errores por pensar cuando no debe.

Muchos tenemos el vicio de analizar, racionalizar, calibrar cosas, situaciones o proyectos cuando no es necesario. “Déjate fluir” solemos aconsejar a los demás, pero ¿es eso tan fácil de llevar a cabo una vez desarrolladas, durante cientos de miles de años, unas capacidades que a primera vista nos han resultado adaptativas? ¿No será que nos hemos viciado con ellas como el niño a quien regalaron una bufanda y no se la quiso quitar nunca más ni para dormir hasta que se le quedó pegada al cuerpo? (como en “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher).

Hay que desaprender para poder aprender.

O, como dijo Krishnamurti, una taza (la mente) sólo tiene sentido cuando está vacía, no llena.

13
jul
09

Significado y sentido

elhombre(problemadecenestesia)

El hombre (problema de cenestesia) de Lopez Claro

Dicen los budistas que no existen cinco sentidos sino seis.

A los cinco sentidos o canales de información habituales (vista, oído, tacto, olfato y gusto) ellos añaden un sexto sentido: el pensamiento.

Para los budistas pensar es pues una forma de sentir.

Lo que es curioso es que en occidente esta idea no haya calado entre nuestros pensadores y filósofos, porque la verdad del asunto es que el pensamiento evolucionó simultáneamente con el lenguaje, o dicho de otra manera: el pensamiento es el lenguaje interiorizado, palabras que pueden emitirse o  no pero que en cualquier caso no son otra cosa sino palabras.

Y las palabras se sienten o dicho de otra manera: se oyen, como la música

O se piensan o se dicen o se escriben.

Son en cualquier caso movimiento.

Y es también curioso que la palabra “sentido” tenga esas dos acepciones: una la de oir o sentir algo a través de un canal perceptivo y otra la del significado de algo.

Las palabras son sólo un sonido, pero no es cualquier sonido sino un sonido con significancia. A las palabras les llaman los lingüistas “significantes” porque inducen significados en los oyentes a pesar de no ser nada más que sonido. La gracia es que nuestro cerebro decodifica un sonido y transforma ese símbolo, escrito u oído y lo convierte en un significado, en algo que tiene sentido para el que comparte ese mismo idioma.

Y nos permite comunicarnos con otros.

Y ese sentido o significado que tienen las palabras es el sexto sentido del que hablan los budistas, algo que curiosamente llamamos sentido como si lo sintiéramos más allá de haberlo oído o leído.

Sentir y oir son pues dos cosas distintas, algo de lo que ya hable en este post.

Mientras escuchamos música sucede algo parecido, la música es un significante, cada frase musical lo es. Sin embargo cada fraseo no tiene los mismos significados para todas las personas, podríamos decir que cada frase musical tienen infinitos significados, tantos como oyentes. Sucede con la música porque es la Gran Abstracta, está más allá del lenguaje que compartimos todos los que hablamos un mismo idioma. La magia que acaece en la música es que no significa nada en sí misma ni es un consenso como sucede con el lenguaje común sino que va un poco más allá de eso: evoca en cada uno de nosotros un sentido, porque la música no sólo se escucha sino que se siente.

Y sentir es algo que se hace con el cuerpo, poniendo el cuerpo por delante, una tarea a la que no estamos muy acostumbrados nosotros los occidentales que arrastramos una larga tradición anticorporal.

cenestesia

¿Sabemos escuchar, sentir nuestro cuerpo?

Lo cierto es que nosotros los occidentales somos muy platónicos y habitamos en el mundo de las Ideas. Si exploramos los contenidos de nuestra mente caeremos en la cuenta de que más del 90% de esos contenidos son pensamientos, recuerdos o elaboraciones alrededor de las ideas, a veces ruido otras veces musiquillas parásitas. Las ideas pululan y parlotean continuamente en nuestra mente sometiéndola a un continuo bombardeo simbólico del que pocos de nosotros somos conscientes, tampoco caemos en la cuenta del gasto energético que supone mantener esa actividad incesante.

De ahí se deduce que los beneficios de la meditación no están relacionados con algo místico o esotérico sino en la posibilidad de despejar nuestra mente de contenidos eidéticos. Concentrarse en nuestros pies cuando caminamos y hacerlo siguiendo el conocido mantra SA-TA-NA-MA en cuatro tiempos es beneficioso , no sólo porque caminar es la actividad física mas beneficiosa que existe sino también porque permite que nuestra mente descanse mientras focaliza su atención en esos cuatro tiempos que marcan nuestros pies.

Los conocidos mantras de cierto tipo de música también tienen esta potencial característica de desenchufarnos de las ideas. Sucede porque un mantra es una repetición continua de una frase musical hasta el paroxismo, el cerebro se habitúa a esta monótona repetición y deja de conspirar tratando de encontrar sentido a lo que está oyendo. El sentido del mantra es su sinsentido enroscado en la repetición, en cuanto el cerebro se da cuenta de que no hay nada nuevo deja de oírlo  se dedica solo a sentirlo con un órgano distinto al oído.

Si repites una palabra un número suficiente de veces caerás en la cuenta de que la palabra en sí pierde su significado, se ha descascarillado y se convierte en una vaina vacía, A eso, a veces, le llamamos un mantra, algo que se repite y que no es sino una cáscara hueca.

Y de ahi su beneficio, pues ya no estamos oyendo sino sintiendo la palabra sin forma.

Si pudiéramos desenchufar nuestra mente de ese continuo barullo en el que vive inserta obtendríamos múltiples y saludables beneficios físicos y psíquicos. Aunque lo cierto es que la mente no puede desenchufarse como un electrodoméstico salvo en cierta etapas del sueño no REM.

Nuestra mente está en “on” todo el tiempo y sólo puede ponerse en “off” de dos maneras: perdiendo el conocimiento (anestesia, sueño) o meditando.

Meditar es una palabra que sin embargo induce otra serie de ideas que se encuentran adheridas a ella, nos remite a algo activo, a una técnica, a algo que aprender y que podemos llegar a dominar, a hacer bien o mal, como si meditar fuera una especie de actividad que precisara entrenamiento. Esta idea sigue siendo una idea y por tanto se encuentra muy lejana de la conceptualización budista de la propia meditación que aborrece de los conceptos: confieso que esta palabra no me gusta nada porque induce al error o al prejuicio.

Meditar es retirar la atención de los contenidos usuales de nuestra mente que no son otra cosa sino ese sexto sentido que llamamos pensamiento y que no debemos olvidar que sólo son cenestesias, es decir acciones interiorizadas, acciones que no se llevaron a cabo, apenas planeadas, activas en borrador pero nunca editadas, es por eso que el pensamiento es lo contrario de la acción: la reflexión es lo opuesto a la conducta aun procediendo ambos del movimiento.

Y por eso nuestros padres nos enseñaron a pensar algo antes de hacerlo. Y es por eso que cuando no queremos afrontar las consecuencias de nuestros actos decimos “lo hice sin pensar”. Y es cierto que a veces hacemos algo irreflexiva o impulsivamente, sin pensar, lo que no nos quita la responsabilidad de sus consecuencias. Si esto sucede es porque nuestra mente esta demasiado ocupada en su continuo debate interior y no escucha nuestras necesidades, las corporales es por eso que a veces se nos escapan de nuestro control como el que no puede retener su orina. Hay una incontinencia de las acciones como hay una incontinencia de esfínteres.

El cuerpo ha andado divorciado de la mente durante muchos siglos en consecuencia con una cultura que ha renegado de él por contemplarlo como una opción de pecado o transgresión, la consecuencia más importante que ha tenido este hecho en nuestra conceptualizacion del mundo ha sido el consiguiente divorcio entre la ciencia y la experiencia: ambas son irreductibles en la manera de pensar occidental y no deben mezclarse, antes al contrario cualquier experiencia personal es contada como un obstáculo a la hora de enunciar un axioma científico.

Este hecho fue denunciado por algunos pensadores que se encontraban desubicados en el tiempo, Schopenhauer -fuertemente influido por las tradiciones orientales fue uno de ellos- el siguiente fue Heidegger y más concretamente su discípulo Merleau-Ponty con su ya conocida frase:

“Los científicos construyen un mundo y luego se niegan a habitarlo”.

Efectivamente el mundo de la ciencia, el mundo de la tecnología nos ha proporcionado muchas comodidades y seguridades pero nos ha abocado a una existencia sin sentido con una continúa búsqueda del “más difícil todavía”.

Porque el sentido no se encuentra en los datos, en las ideas  o las estadísticas sino en la verdad subjetiva e individual, la verdad es sobre todo una verdad corpórea, vivida, experimentada, de ahí su poder de convicción personal.

Y es por eso que todas las medicinas alternativas ponen su énfasis en el cuerpo, en el masaje, en la vibración, en la psicomúsica, en el baile, en la meditación o el yoga: ponen el cuerpo en primer plano.

Sienta usted su cuerpo y encontrará repentinamente una cierta paz, su mente aparecerá como un escenario vacío pues la mente no es sino eso, un teatro donde usualmente se dan cita todos los actores que intervienen en eso que llamamos vida y que suele ser para casi todos un campo de depredación.

No debe usted pensar que sólo con la meditación podrá alejar de sí todos los fantasmas que le abruman: hay que dimensionar la palabra “meditación” en su verdadera naturaleza. Equivale a coser, a hilar, a trabajar en el campo, cualquier cosa que consiga que usted deje de pensar o logre detener la vorágine de pensamientos, eso es meditación. No hay que saber nada, ni conseguir nada, ni hacerlo bien o ir a aprender la técnica en un curso de fin de semana, es gratis y lo tiene usted al alcance de su mano.

Sienta su cuerpo, sólo eso. Hoy los pies, mañana las manos, después la espalda, atienda su cuerpo y forme y deshaga día a día un concepto corporal nuevo, hágalo sin doctrina, sin disciplina y sin objetivos, eso es meditar, le llamaremos así a falta de otro nombre.

Aunque yo prefiero llamarlo sentir. Algo lleno de significados, sin significar en si mismo nada.

Sentir esa experiencia de vacío es absolutamente necesario si usted pretende saber algo de la mente, de la suya, que es muy parecida a la de todos.

Lo más importante es que nuestro cuerpo nos habla pero no puede competir con el ruido de la mente en desorden: precisa un cierto espacio escénico, un cierto vacío: es entonces cuando nos canta acabalgado en palabras descascarilladas.

La vida transcurre confundida entre ruido y señal.

Y algo tiene que permanecer quieto para que algo cambie y se mueva.

07
jun
09

El amor: ¿realidad o creencia?

"Amor es..."

"Amor es..."

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

(A. de Saint-Exupery)

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“La medida del amor es amar sin medida”

(San Agustín)

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“Es mi amado para mí y yo soy para mi amado”

(Santa Teresa)

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Desde que el ser humano empezó a plantearse preguntas de calado, una incertidumbre le ha consumido tanta o quizá más energía que el conocido enigma ¿de dónde vengo y adónde voy?, y es:

¿Me ama o no me ama?margarita-1

Los Beatles ya sabían que “All you need is love, love” del mismo modo que lo saben psicólogos y tarotistas a cuyas consultas acuden ingentes cantidades de seres acuciados por la imperiosa necesidad –a veces bajo la fachada de otras problemáticas- de saber si son amados, o por la sospecha de que no lo son suficiente.

A veces también para saber si ellos o ellas aman a su vez genuinamente.

Pero ¿cómo saber si nos aman suficiente o del modo que deseamos nosotros? (“No, si me quiere… a su manera”) ¿Cómo medirlo? ¿Por qué no se ha inventado el amorómetro, si ya sabemos que la oxitocina y la dopamina se alteran al enamorarnos y que el amor al parecer aumenta la longitud de la vida y el brillo de la piel? ¿Qué hacer si fortuitamente llegamos a la conclusión de que no somos amados tanto como creemos merecer, o no del modo que esperábamos? ¿Cómo saber si se trata de amor, de necesidad o de interés por algún beneficio?

El amorómetro de momento no se ha inventado, pero sí se ha inventado una báscula intuitiva, que es el método que utilizamos comunmente: ¿cuánto gano/pierdo yo en una relación amorosa? ¿qué doy o aporto y qué recibo o me es aportado? O, como dice una amiga mía: ¿me compensa o no me compensa?

Aunque la tecnología actual no haya inventado aún un aparato así, al menos en los últimos tiempos los estudiosos de la mente han aportado interesantes descubrimientos acerca de ella que amplían cada vez más nuestra posibilidad de comprender qué ocurre y porqué, cuando somos felices víctimas de ese misterio que nos acerca un poco más a lo trascendental. Desde El Banquete de Platón hasta nuestros días, sobre Eros se ha escrito tanto como sobre gustos pero, si bien no existe aún un consenso generalizado, sí se va estrechando cada vez más el círculo que lo acerca un poco más al terreno de lo comprensible. Quizá algún día la ciencia que estudia los sentimientos y las emociones (vean esta interesante entrevista a Antonio Damasio, un brillante neurólogo investigador de los sentimientos) englobe también, como viene haciendo uno a uno, este otro gran misterio capaz de consumirnos tanta energía y de provocarnos tanta dicha o tanto sufrimiento: el amor.

Hay quien opina que el amor es un invento de la Revolución Industrial –pulido casi a continuación por el movimiento romántico-, una estrategia para generar en la mujer (que hasta entonces era entregada por el padre a cualquier lugareño a cambio de un par de ovejas) el sueño de un príncipe azul mucho más a su gusto que cuando no era nada, con el cual aparejarse y asegurar, como consecuencia indirecta, un aumento de la descendencia que subsanara a medio y largo plazo la falta de mano de obra debida a las pestes y hambrunas de la época. Simultáneamente eran necesarias parejas que emigraran a las fabricas casi siempre ubicadas en los guettos de las ciudades; el amor romántico era pues un engaño para sujetos desubicados y trashumantes.

Sin embargo, para Desmond Morris (El Mono Desnudo) el amor habría surgido ya desde que nos convertimos en cazadores-recolectores en el Neolítico, a consecuencia de la necesidad de que los varones hubieran de dejar a la hembra sola en la cueva cuando se ausentaban para ir a cazar: se hizo necesario algo que hiciera más resistente el vínculo monogámico y permitiera cierta tranquilidad al cazador en el sentido de que la hembra que dejaba atrás no quedaba a merced de otros seductores, no fuera que a su regreso acabara compartiendo con una infiel el ciervo que tantas vicisitudes les costó conseguir (con el subsiguiente riesgo de acabar alimentando a retoños que no eran suyos y que no llevaban sus genes).

De modo parecido a la inteligencia, la cual hace poco pasó de ser contemplada como concepto monográfico a una suma de factores (memoria, velocidad de proceso de datos, creatividad, empatía, etc.), en el amor quizá ocurra en breve algo similar. Por ejemplo, Eduard Punset opina que el amor vendría a ser una especie de conglomerado hecho de apego personal, inversión parental o familiar y sexualidad, todo ello dentro del turbulento caldo de cultivo del  entorno. Dice Punset que siete son los años que dura de media el estado amoroso pues siete son también, casualmente, los años que tarda la cría del humano en adquirir una mínima independencia de los cuidados repartidos de la pareja. La cuestión es ¿cuánta carga evolutiva llevamos aún sobre nuestros hombros, o –planteado a la inversa- cuánto han cambiado las cosas desde entonces? Y por otro lado ¿qué ocurre con el amor sin finalidad reproductiva? ¿es otro genoma-lag?

Pues estas teorías explicarían el vínculo del matrimonio pero no el amor en sí, que, como todos sabemos, no siempre son aristas del mismo poliedro.

Para algunos místicos, por su parte, el amor hombre-mujer sería una especie de sucedáneo o herramienta de otro amor: el amor a Dios, a lo trascendente. Una especie de adiestramiento teñido del goce de la sexualidad como anticipo del otro o, si lo prefieren, una estación de paso en clave dual en nuestro viaje hacia un amor cósmico o expansionador de la conciencia. En cualquiera de sus versiones, el amor exige renuncia y sacrificio, y llega a ser tan inefable que Santa Teresa no duda en asociarlo sin ambages a lo más terrible: la muerte:

“Vivo ya fuera de mí después que muero de amor”

La muerte de una parte del propio ser que en el sufismo –no exento del matiz amor-ternura- se denomina aniquilamiento, una metáfora que los más pragmáticos explican como la cesión de soberanía que deben hacer ambas partes para acoplarse del modo más perfecto posible.

Es curioso que fueran las filosofías orientales (sufismo, hinduismo, tantra) las que permitieran e incluso alentaran el amor hombre-mujer, no sólo como un goce descaradamente compatible con el amor sagrado sino como una vía hacia él, mientras que las religiones monoteistas programaran a decenas de generaciones para etiquetar como pecado toda manifestación amorosa que no se ciñera a sus preceptos.

Al margen de todas estas controversias, es innegable que el amor encierra en su esencia un anhelo fusional, algo que, sea cual sea su naturaleza, va más allá de la razón y del intelecto. Anhelo de fusión cuyo origen se pierde en las tinieblas y que Punset explica así en esta entrevista.

¿Cómo congeniar toda esta macedonia de ingredientes cuando además, gracias a los descubrimientos antes citados relativos a esta prodigiosa caja de Pandora que es la mente humana, también se sabe cada día más sobre el decisivo mecanismo de las creencias? ¿Será el amor el cemento o coagulante entre lo evolutivo y lo poético, la pulsión fusional y la pragmática, la pasión y la paciencia, el programa reproductivo y el ansia de lo trascendental, lo instintivo y lo sagrado?

Parece cada vez más incontestable que la realidad está modulada por la mente que la percibe. Se podría decir que existe un filtro osmótico que media entre la realidad de ahí fuera y la que somos capaces de explicarnos a nosotros mismos en el tibio pero fangoso terreno de nuestra intimidad. Según los conocimientos más recientes de los expertos en el mecanismo de la percepción, parece evidente que llevamos en la sangre una tendencia difícilmente soslayable a construir una gran porción de la realidad a nuestra medida de tal modo que “se ajuste” a nuestra creencia previa, de una forma parecida al mecanismo que nos hace Dibujo“ver” un círculo donde solamente hay una serie de puntos distanciados entre sí en forma de círculo, un fenómeno ilusorio que se debe a que el cerebro rellena lo que falta (casi instantáneamente) para que lo percibido se “ajuste” a nuestra concepción creencial previa (en este ejemplo, el conocimiento previo al cual ajustamos lo que “vemos” sería la forma de un círculo). La abstracción como solución de urgencia para salvar distancias demasiado grandes. En otras palabras: las ilusiones ópticas tienen su razón de ser en la necesidad de que dos realidades se acoplen entre sí (la subjetiva -patrimonio exclusivo de la memoria- y la percibida, a la que, por siempre novedosa e inesperada, poco le importan nuestras experiencias previas). Si hemos de tener en cuenta estos hechos, entonces el amor podría ser un producto de nuestra imaginación, una hipótesis.

Esto naturalmente complica las cosas aún más si cabe, pues, si pretendemos ser más honestos que soberbios, estos hechos nos impiden a su vez obviar disyuntivas como ésta: ¿será que amamos o que creemos amar? ¿Amamos por un mandato ancestral o porque en cierto momento creimos que ya era hora de amar y acoplamos nuestra conducta en consecuencia?

Una tendencia aristotélica de pensar en términos de causa-efecto en sentido descendente se contrapone a transgredir de abajo arriba lo que nos han enseñado (y en lo que sólo por ello tendemos tercamente a creer y a defender a ultranza). Existe un método de resolver ecuaciones matemáticas por el cual primero se presupone unos valores a las incógnitas de la ecuación yendo después “hacia atrás” para comprobar su veracidad. En este otro caso se trataría de plantearse si no actuaremos también en el amor en una forma parecida: “me lo creo y después amo” y no “amo y luego me lo creo” (como creíamos) pegándose una a la otra de tal manera que acabará siendo imposible distinguirlas. Después de todo, el tiempo es reversible, otro constructo o carril mental por el que discurren nuestras certidumbres pero vulnerable a ser retorcido como una cinta de Moebius.

Pero retorcer la lógica impone cierta zozobra a nuestra certidumbre: en el tema que nos ocupa, podríamos llegar a la conclusión de que el amor como tal no existe sino la creencia del amor, a la que sigue la actuación congruente para que todo nos siga encajando. Y esa conducta, a su vez, nos consolida en nuestra creencia… en un círculo recursivo.

¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo porque los abismos siempre dan vértigo a quien no tiene alas y solemos interpretar los desajustes en términos de “no tener la razón”. Y a los humanos nos encanta tenerla aunque sea con nosotros mismos. “Si los hechos no se adecúan a la teoría, tanto peor para ellos” dijo irónicamente Hegel (Watzlawick, 1989).

Quizá los más osados podrían plantearse, entonces, una posibilidad aunque sea remota de que con frecuencia primero creemos que amamos (creencia) y luego amamos (ajuste de la realidad a nuestra creencia), a lo cual sigue la correspondiente modulación de la conducta en base a lo anterior. ¿Será importante después de todo esa diferencia entre ambas cosas, ese abismo, o podemos seguir viviendo congeniándolas en armonía y sobrevolar ese abismo sin caernos de nuestro bienestar emocional?

Amo luego existo, eso parece lo único que está fuera de duda.

Nota: si aún dudan sobre la ambigüedad entre la realidad percibida y la realidad creencial, en el mn 3:30 de este video de Dan Ariely (hallazgo de Paco Traver) podrán confirmar que los sentidos no son nada pero nada fiables. Es un hecho a prueba de pauses, si quieren comprobarlo.

20nov2010: Y si creen que lo que recuerdan fué realmente de aquel modo, probablemente no lo fué: siéntense bien y oigan aquí al neurobiólogo Stephen Rose entrevistado por Punset.

27
may
09

Dios y el bosón de Higgs

Lo que es, es, lo que no es ni ha sido ni será

Proverbio sufí

No cabe duda de que nuestro universo procede de una explosión que algunos han bautizado con el nombre de Big Bang, existen además pruebas de que este universo se encuentra en un estado de constante expansión desde aquel momento inicial del estallido.

Y que nuestro universo se dirige hacia un enfriamiento paulatino, hacia un alejamiento cada vez mayor de las estrellas y constelaciones entre si, hacia una expansión que no sabemos hacia donde se dirige, puesto que tambien sabemos que no podemos imaginarla infinitamente.

El infinito y la nada son abstracciones sin sentido en fisica, simplemente no existen. Todo parece indicar que el universo camina hacia un Big Crunch, dicho de otra forma que tuvo un principio y tendrá un fin. Sin embargo no deben ustedes preocuparse porque para entonces ya no existirá conciencia humana capaz de testificarlo, ni la Tierra, ni el Sol existirán, lo que viene a significar que en terminos sensibles no nos afecta en absoluto ni el universo se verá afectado por nuestra desaparición pues al fin y al cabo la vida es un accidente de nuestro universo.

La pregunta puente entre metafísica y la ciencia que los físicos tratan de responder es sin embargo, ésta:  si el universo procede de una explosión original. ¿que fue lo que explotó?

De eso se ocupan ahora los fisicos que trabajan en el CERN, tratan de reproducir las condiciones iniciales del universo desde el momento cero, hasta 1 segundo después del Big Bang.

Y para entender que es lo que explotó tenemos que entender el concepto de bosón de Higgs. Para una comprensión fácil remito al lector a esta web donde se explica perfectamente este abstruso concepto.

En este reportaje emitido por “Informe semanal” tambien hay una buena explicación del concepto gracias a los esfuerzos de una de la simpáticas fisicas españolas que trabajan en el CERN, en ese proyecto de reproducir el ambiente inicial de nuestro universo.

Para que usted se haga una idea rápida y mental de este concepto, imagínese que en la habitación donde usted se encuentra quitamos todas las cosas, toda la materia, todo el aire y la enfriamos hasta el cero absoluto. ¿Que es lo que queda? Usted dirá seguramante que lo que queda es “nada”, pero se equivoca lo que queda es vacío. “Vacío” es un concepto físico y “nada” es un concepto metafísico, en realidad “la nada” no existe, lo que existe es el vacío y en el vacío hay algo, eso que existe en el vacío es un campo de Higgs.

Ahora imagínese usted que ese campo de Higgs es un campo de alta hierba, observará como las hierbas van desde el suelo hacia arriba señalando una dirección, las particulas que viajan en esa recta dirección serán más rápidas que las que recorren rama a rama las hierbas y tropiezan con ellas. Esas partículas que recorren la hierba de abajo-arriba viajarán a la velocidad de la luz si carecen de masa como los fotones mientras que determinadas partículas precisamente por tropezar con ciertos obstáculos o resultar demasiado pesadas correrán menos, pero ninguna partícula correrá más que la luz, podriamos decir para entendernos que la velocidad de la luz -con independencia de su valor en Km/sg- es 1, representa la totalidad.

higgs_decay_web

El bosón de Higgs es una partícula cuya existencia no está demostrada pero que se adivina necesaria. En la analogia del campo de hierba anterior representaria una particula muy pesada que recorreria el suelo de forma transversal (perpendicular) al resto de partículas, se trataría de una particula que no podría remontar el vuelo por si misma debido a su enorme masa.

Precisamente esta enorme cantidad de masa -que los fisicos están tratando de calcular sin haber llegado aun a una opinión definitiva- es la que dota al bosón de una energia tan alta.

Es en cierto modo una particula paradójica puesto que aun siendo muy pesada y no pudiendo correr tanto como los fotones sin embargo es dadora de masa y dadora de velocidad puesto que los fotones son a su vez bosones troceados, escapados de una fisión bosónica.

El bosón puede definirse como una partícula o singularidad que representa la unidad de dos polos inseparables y continuos. El bosón contiene en sí mismo a su par antibosón, es decir el bosón es antibosón de si mismo a diferencia del resto de particulas que tienen un par de entes discontinuos y separados de si mismos -polos- como sucede con los fermiones.

En esta tabla podemos ver como las particulas elementales son o bien bosones (en naranja) o bien fermiones (en azul):

particulas

Dicho de otra forma: muy probablemente lo que explotó en el Big Bang fue un campo de Higgs formado por bosones de Higgs. El resto de particulas elementales proceden de esta explosión cuya imagen mental es la de la simetria rota. La luz, la materia, el tiempo, la antimateria, los agujeros negros, las estrellas, la materia oscura, la vida, los elementos químicos y las fuerzas físicas: electromagnética, gravitacional, nuclear fuerte y nuclear débil proceden de aquel primordial bosón que concentraba en sí mismo una energia extraordinaria que podemos imaginar como un punto singular -donde no se cumplía ninguna ley fisica de las que conocemos y que gobiernan nuestro mundo actual- y que se desplegó en el el Big Bang.

No cabe ninguna duda de que la idea de Dios y el bosón tienen mucho parecido, puesto que Dios como el bosón parece ser y contener la esencia y el fundamento de todo lo demás, al menos asi se lo imaginan los teólogos de todo el mundo y asi se nos ha transmitido por las tradiciones místicas y esotéricas de casi todas las religiones sobre todo de aquellas que optaron por el monoteísmo.

Dios es el nombre que en esas tradiciones se le da a un Supremo creador y sobre todo organizador del universo, en algunas de esas tradiciones como el panteísmo se sugiere que todo procede de ese Dios, más que eso: que Todo es Dios, lo que traducido al lenguaje fisico -y suponiendo que el bosón de Higgs exista- viene a decir que todo procede del bosón, aunque en realidad -y siendo cierto que el universo remite a aquella singularidad inicial- es tambien verdad que después de romperse la simetria original ya no puede considerarse equivalente a la misma puesto que se encuentra regido por fuerzas discontinuas y asimétricas (leyes fisicas) que se cumplen en los entornos sensibles en que nos movemos.

Ahora bien los fragmentos que resultaron de aquella superdivisión explosiva muy probablemente mantienen una cierta nostalgia de su unidad original y si es cierto que el bosón de Higgs representan aquella unidad-totalidad en cada uno de esos fragmentos debe haber una huella de la simetría original.

Algo que se puede rastrear en las propiedades y características con que nos imaginamos a Dios. Si descontamos la bondad infinita con que nos lo imaginamos los que hemos sido educados en las tradiciones cristianas y le sustraemos tambien la capacidad ejecutiva de una justicia sin limites lo cierto es que la idea de Dios nos enfrenta  a algo tutipotencial, a una idea que puede resumirse en estas caracteristicas:

  • Omnipotencia: un poder absoluto sobre todas las cosas.
  • Omnipresencia, el poder de estar presente en todo lugar.
  • Omnisciencia, poder absoluto de saber las cosas que han sido, son y serán.

Pero además el nombre de Dios tiene algunas caracteristicas especiales, atributos divinos que en numero de 99 adornan al todopoderoso segun el Islam, no sólo Dios es el principio y fin de todas las cosas como un bosón sin desplegar sino que además tiene estas 99 propiedades. Nótese como en ellas se nombran las siguientes que llaman la atención por su parecido con la jerga de la fisica actual:

  • El que expande (bang)
  • El que constriñe (crunch)
  • La palabra dador aparece en tres ocasiones: dador de todas las cosas, dador de sustento y fuerza y dador de paz.
  • El primero y el último tambien aparece en el listado de los 99 nombres de Dios.

Pero para mi la clave de todo no está -con ser interesante- en el listado en sí, sino en su número, ¿por qué Dios tiene 99 nombres?

La conciencia humana transcurre entre un intervalo que va desde el vacio (la nada metafisica), el cero, y la totalidad (la unidad) que se matematizan asi de una forma asintótica:

0=0,0000000 (infinitos ceros)… 1

1= 0,9999999 (infinitos nueves)….9

Podemos acercarnos al 0 o al 1 pero en realidad llamamos 0 al casi 0 y 1 al casi 1. El 1 significa la velocidad de la luz (un absoluto imposible de alcanzar para un cuerpo con masa) y el 0, una nada imposible de alcanzar puesto que hasta en el vacio existe algo, el bosón de Higgs, otra vez por abajo y en forma de fotón por arriba. El intervalo por donde transcurre el universo se encuentra cercado por bosones.

Dios de existir seria pues algo muy parecido a este concepto físico huidizo y frágil con una vida media de 0, 000000000001 sg que se niega a ser apresado hasta en los sotanos del CERN. Su visibilidad es más virtual y necesaria que demostrada y concreta, de los experimentos que se realizarán en el CERN no debemos esperar grandes ni definitivos avances en los proximos años sino un acumulo progresivo de evidencias que todas juntas pondrán encima de la mesa al bosón primordial, una idea de Dios más del orden de la ciencia que de la fe.

Pero aqui no termina la cuestión porque tal y como dice Cornelio Gonzalez Valdenebro en su libro Hombre= Cosmos, es muy posible que la conciencia humana sea un fractal del propio universo, dicho en sus propias palabras:

“tanto la vida como la conciencia se originan en y por la intrínseca UNIDAD que interrelaciona a la continuidad-simetría del bosón magnético con la discontinuidad-asimetría del par eléctrico mutuamente especular  llamado: fermión-antifermión. Dicho de otra manera: en el mismo fondo del fenómeno vital-consciente llamado HOMBRE, subyacen las leyes físico-aritméticas de UNIDAD que nos generan.

Lo que viene a decir que Dios está plegado en la vida y la conciencia humanas y lo está a través de esa complementariedad entre bosones y fermiones, entre la continuidad inseparable del bosón y la discontinuidad polar del fermión. Entre el juego del 5 y el 2, se encuentra la vida (recomiendo al lector que visite este post donde traté de explicar estos conceptos originales de Cornelio Gonzalez). Obsérvese como el 5 y el 2 son opuestos recíprocos, puesto que cada uno de ellos multiplicado por su recirproco-opuesto dan 1. (el reciproco de 5 es 1/5, el reciproco de 2 es 1/2)

5 x 0,2=1

2 x 0,5=1

El que quiera buscar a Dios hará bien en buscarlo en su interior, allí donde bosones y fermiones bailan esa danza que hemos llamado vida y que en nosotros los hombres se transformó en una conciencia capaz de saber algo acerca de si misma. La física y la metafísica van por el mismo camino y ya somos capaces de intuir que Dios no es un señor con barbas que nos vigila desde un ojo celeste sino un orden roto al que todos volveremos después de la muerte, del mismo modo que fuimos arrancados de él en la explosión de la vida, pues ambas condiciones, vida y muerte, suponen una ruptura, una fragmentación de algo que inicialmente estuvo unido en una singularidad donde ninguna ley se cumple y donde la conciencia se trasciende a sí misma.

06
abr
09

La sonrisa espiral

espiral31La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes…

(Borges, El Libro de Arena)

La forma perfecta no es, como se cree mundanamente, el círculo. No lo es ni siquiera el que forman los labios en su límpida metáfora de carne al pronunciar el sagrado OM.

No, la forma perfecta, la elegida de la naturaleza para archivar la información de la vida, la que se contiene replegada a sí misma en forma de algo que llamamos ADN para entendernos, es la espiral: una espiral de espirales, la intachable geometría del retorcimiento retorcido sobre sí mismo, la inabarcabilidad de lo que nunca comenzó ni terminará. Fijarse en una espiral (sirve cualquiera), ponerla de frente; se percibe un círculo apenas plano que esconde el hipervolumen, una tridimensión que acaso solapa engañosamente la dimensión siguiente -y así sucesivamente- en su pobre forma redonda. Pero hay que ir más lejos, desdoblar lo indesdoblable, desvelar el misterio, rasgar velos y niveles, y después desdoblar también cada misterio, detenerse sólo donde no se pueda franquear el límite (y aún así). Luego, ir a por ese límite y, cuando se cree apresarlo, estirarlo como el abductor de una bailarina. Como dijo Cortázar, “tirar la casa por la ventana y, después, tirar la ventana misma”. Hay que asomarse a esa ventana que se tira a sí misma a través de sí misma, ir más allá, siempre un poco más allá y seguir tirando de lo imposible.

Y es que todo lo vivo describe esa forma infinita, forma que también adopta el amor en el que ella puede ser, por ejemplo, una abstracción de ellas que se encarna a cada vuelta siempre un poco más allá, un poco más arriba. Ella (o Él) toman carne y sentido siempre una octava más arriba, cada vez más y más cerca de aquello que no tiene fín. Unas vueltas más abajo Ella quizá se llamó Daniela, Beatriz, Magdalena, y él Bobby o Manfredo, pero todos ellos están ubicados en puntos de la misma rueda y no importa mucho porque la rueda jamás se detiene y porque siempre se está más arriba y más adelante. Esto es lo que importa; la aposición a lo antiguo nos transforma en gozosos esclavos del tiempo y lo que fuéramos antes va quedando tiernamente atrás. Ellas y ellos nos dejamos hundir placenteros en esa implacable vorágine del tiempo, ya sin resistirnos, y es por ello que cada día, a cada instante, en cada punto de la línea sin final y en cada volumen del hipervolumen, renacemos redimidos por un nombre nuevo, una nueva crucifixión, un nuevo altar del sacrificio sobre el cual nuestra vuelta de espiral nos es obsequiada envuelta en el celofán azul del presente.

Y sólo entonces, cuando comenzamos a amar también todo lo que fuimos y no recordamos, a cuantos tuvieron otro nombre antes que nosotros/as, es cuando podemos comenzar a ofrecer al mundo nuestra mejor sonrisa, la espiral, la infinita.

08
mar
09

Insight y éxtasis

Como es arriba, así es abajo

(Corpus Hermeticum, Hermes Trismégisto)

¿Cuál es la relación entre lo conocido y lo desconocido?”

(Krishnamurti)

El hombre es un portal al que uno entra desde el mundo exterior de los dioses, demonios y almas hacia el mundo interior, de lo grande a lo pequeño.” Pequeño e insignificante es el hombre; uno lo deja atrás pronto, y entra entonces otra vez al espacio infinito, del microcosmos, a la vasta eternidad interior” (Jung, “Siete sermones a los muertos”)

Con frecuencia, en los temas de difícil aprehensión los humanos solemos facilitarla con paralelismos, metáforas, “comosíes” y diversas ilustraciones.

Una analogía muy usada respecto a la mente es la del iceberg: la parte visible correspondería al consciente cotidiano, y la parte hundida, desconocida, a la parte no visible de esa mole de hielo (¿la Máscara y la Sombra de Jung?).

La idea de la mente como una especie de “filtro” a través del cual percibimos el mundo ya se apuntaba en mi anterior post aunque esta idea no es en absoluto nueva: desde Platón a Krishnamurti ha habido numerosas aproximaciones en este sentido. En esa parte oscura de la mente es donde habitan los fantasmas, los traumas reprimidos -no suprimidos-, las vergüenzas, temores, identidades engañosas, creencias distorsionadoras y demás trapos sucios del alma, parte que en occidente quedaría siempre más -metafóricamente- como algo que está “abajo”, enterrado en la negrura de un Hades profundo donde hay que excavar si se le quiere conocer mínimamente bien o -en su caso- curarnos de anomalías o sufrimientos innecesarios.

En este post quisiera sugerir otro modo de considerar no sólo la mente sino ese misterio que constituyen los llamados estados alterados o no ordinarios de conciencia (ENOC).

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El lector ya habrá oído hablar de ellos: se trata de estados de que hablan los grandes místicos de todas las culturas y religiones (del sufismo a Santa Teresa pasando por chamanes de Siberia o México, hasta poetas psicodélicos y gnósticos) y que ha recibido muchos nombres, desde éxtasis místico a alucinaciones por ingestión de hongos (ver Castaneda y Don Juan, Misterios de Eleusis, etc.) Todos ellos tienen varios elementos en común pero la cualidad común más habitual es la inefabilidad (la imposibilidad fáctica de describir esas sensaciones con palabras). Todos los intentos de describir esa vivencia echan mano también de diversas metáforas o comosíes: una luz cegadora que ilumina, una fusión o disolvimiento con el Todo, etc. Todas ellas parecen quedarse siempre cortas y uno sabe ya de antemano que, por más que lo intente o mejor que elija las palabras, resultará absolutamente imposible transmitir esa experiencia a nadie mediante el lenguaje a no ser que ese otro/a posea esa misma vivencia en sus registros particulares. Quizá por esta razón a los iniciados de Eleusis se les prohibía terminantemente siquiera intentarlo.

La revolucionaria teoría de B. Lipton (“La biología de la creencia“) de que el verdadero cerebro de la célula no está en su núcleo sino en la membrana -y que mencioné en el post anterior- es un punto de partida excelente para esta otra idea sobre la mente: el grueso de ésta, esa parte menos cognoscible, esa sombra o Hades en el que supuestamente hay que excavar, quizá no esté después de todo ahí abajo como la parte hundida de un iceberg sino alrededor, a modo de cascarón que se interpone entre nosotros y la realidad-real.

La posibilidad en la que insisto es que la mente como obstáculo en el camino hacia la trascendencia no es algo que esté “ahí abajo” enterrado, sino una membrana o filtro que rodea y aisla periféricamente nuestro ser central del universo, del Todo: de cuanto está ahí fuera.

Me gustaría proponer, por tanto, y partiendo de la visión de Lipton, la analogía de un humano como una burbuja o célula encapsulada dentro de un océano y cuyo interior estaría relleno de ese mismo agua que compone el exterior (los más versados en biología, si lo prefieren, pueden usar como paralelismo la célula misma, con su líquido intra y extracelular separados ambos por la doble membrana de fosfolípidos).

La idea es que la mente actuaría a modo de “envoltorio” o “compuerta” que separa nuestro Yo del universo del mismo modo que lo hace la piel entre nuestro cuerpo y el mundo físico. Dice Alan Watts: “En verdad, es sólo para el pensamiento que la piel separa el cuerpo del resto del mundo. Para la naturaleza, la piel es un agente de relacionamiento al igual que de separación.”

Los llamados estados no ordinarios de conciencia que intentan describirse a la desesperada como una fusión con el Todo y que la ciencia actual sigue investigando serían, entonces, ni más ni menos que exactamente esto: una fusión de nuestra naturaleza con la naturaleza del cosmos… cuando esa membrana separadora se perfora y aparece una grieta, un puente, un vaso comunicante entre nuestra conciencia y el universo: una rendija por la que atisbamos ese gran misterio que yace ahí fuera, eterno e infinito. Ese interminable Todo al que puede llamarse, de entre muchas otras formas, Brahman:

“Los seres que tienen una forma,

en cualquier matriz que se produzcan

el gran Brahmán es su matriz común.”

(Bhagavad Gita XIV, 4)

Esa perforación puede ser tan pequeña como la que haría un alfiler o tan grande como una vía abierta por la que ese líquido exterior (el Todo) fluye a sus anchas del/al interior. Puestas así las cosas y una vez fusionados ambos líquidos, discernir cuál es uno y cuál el otro no deja solamente de ser posible sino, además, de tener sentido alguno: el Yo y el Todo son la misma cosa. ¿Lo fueron desde siempre?

(ilustración de la autora)

(ilustración de la autora)

Considero preciso, antes de continuar, dejar claro que no debe confundirse el éxtasis (del griego έξτασης= “estar fuera“) y el insight (del inglés, “visión de dentro“). Este último es el término con el que los profesionales “psi” se refieren a una especie de comprensión lúcida o revelación, un clic repentino que se produce en el sujeto cuando logra atisbar dentro de sí mismo y comprender un misterio que le venía produciendo sufrimiento. El éxtasis en cambio, como su nombre indica, parece tener más que ver con una visión de lo que hay -por así decir- “ahí fuera” y que, en función de creencias particulares previas, a veces se identifica como Dios, lo supremo o infinito. A este respecto nos dice Claudio Naranjo:

[para el profesor Gershom G. Scholem] las religiones tienen su origen en la conciencia de la unidad, en la que no es necesario experimentar un estado excepcional de éxtasis (…) A esto le sigue la religión institucional, que sitúa un abismo entre Dios, el Ser trascendental y las criaturas finitas. Esta es la condición para el surgimiento del misticismo. El misticismo “se esfuerza por juntar los fragmentos que el cataclismo religioso ha roto, por recuperar la antigua unidad que la religión ha destruido, pero en un nuevo plano en el que el mundo de la mitología y el de la revelación se reúnen en el alma del hombre”" (“Una introducción a la búsqueda del crecimiento”, Claudio Naranjo).

Esta perforación de que hablaba antes sería una explicación del porqué los testimonios que tenemos de todas las épocas y culturas intentan -en vano casi siempre- describir a los demás esa sensación como una de fusión o disolución con algo inmenso, infinito, con el Todo, e incluso como de desgarrarse un velo (¿esa línea negra de la ilustración?). ¿Será esta insistencia en la idea de la fusión o comunión una mera casualidad?

Y por otro lado, ¿por qué se produce esa “perforación” o desgarro en la membrana que hasta entonces parecía hermética?

Ignoro la respuesta. Lo que sí es un hecho es que no siempre ocurre a voluntad, como si se hubiera producido una especie de rotura o desgarro inintencionado del cascarón sin control alguno. Es obvio que lo producen ciertas sustancias químicas (LSD) o naturales (hongos como el cornezuelo del centeno), así como músicas y danzas, mantras, rezos, sonidos de ciertos instrumentos, meditación zen, ciertos tipos de respiración y muchas otras técnicas. Probablemente el Opus Magnum alquímico se refiera también a lo mismo y sean muchas las sendas que conducen a una sola y simple Verdad. Stanislav Grof (creador del sistema llamado Respiración Holotrópica, que se basa principalmente en un determinado tipo de respiración unido a ciertos estímulos musicales) opina que algunas patologías mentales no serían sino la incapacidad técnica de asimilar esa “inundación” de líquido -o luz- del exterior. En cambio, sustancias como el cannabis parecen favorecer más la vía introspectiva que un atisbo del universo exterior.

Una gran curiosidad sobre si ambas vivencias -insight y éxtasis o estados no ordinarios de conciencia- tenía que ver entre sí me ha llevado a profundizar en ello en la medida de mis posibilidades. En este momento tiendo a creer que, contra lo que parecería a primera vista, no hay vinculación directa entre ambas por ser demasiados los testimonios que pueden cumplir lo uno sin lo otro, sino que parecen fenómenos desligados, independientes, aunque por supuesto no incompatibles. A partir de multitud de evidencias, se desprende que el estado no ordinario (ENOC) tampoco parece tener relación directa (a) ni con el nivel de conocimientos teóricos ni filosóficos, (b) ni con la cultura, ideología ni época de la humanidad, (c) ni con el nivel intelectual. Dicho de otro modo: los insights alcanzables mediante técnicas de introspección -desde el psicoanálisis a las diversas ramas de la psicología pasando por el psicodrama de Jodorowsky- ni son suficientes para tener mayor probabilidad de ENOCs, ni tampoco parecen -asombrosamente- siquiera imprescindibles. En sentido inverso, esa inefable sensación como de comunión con el Todo tampoco parece ni propiciar ni evidenciar -también asombrosamente- un grado especialmente mayor de conocimiento de sí mismo sino de otro tipo de realidad aunque es obvio que constituye por sí mismo una vivencia tras la cual -salvo excepciones- no puede volverse atrás ni ser el mismo que antes (este sí sería un punto que comparten el insight y el éxtasis o estado no ordinario).

Como único posible efecto del estado ENOC sobre el autoconocimiento apuntaré solamente que, tras vislumbrar por esa grieta momentánea que nuestra esencia es idéntica -o la misma cosa que- ese gigantesco e inefable Todo, la relevancia en términos relativos de los sufrimientos humanos (esa minúscula motita dentro de ese infinito océano vivo) quizá descienda abruptamente simplemente como consecuencia natural de un devastador contraste, lo cual es muy distinto a una comprensión intelectual.

Me preguntaban mientras estaba escribiendo esto para qué serviría entonces esta experiencia. Algunos dicen que la evolución carece de intencionalidad y, en esa línea, preguntarse si existe un porqué y un para qué en todo nos llevaría por otros senderos filosóficos y religiosos (darwinismo versus creacionismo, azar versus diseño intencionado, etc.) que no son objeto de este escrito.

Lo que sí parece evidente a estas alturas es que vivimos como funámbulos crónicos entre dos aparentes realidades: la nuestra -esta de aquí- y la otra -la de ahí fuera(1). Quizá lo que llamamos estados no ordinarios no sean sino el impactante contacto entre ambas, que cada uno habrá de integrar, como mejor pueda, en su conciencia individual.

Esta experiencia que se conoce también con el nombre de “la Totalidad en la parte” es probablemente una de las experiencias espirituales más potentes para el cambio y el nombre asequible de la “Teoría holográfica del universo” (explicada muy bien aquí para los que deseen estar al día). Un sujeto que ha tenido esta experiencia raramente -como hemos dicho- volverá a ser el mismo, aunque ese cambio no tiene nada que ver con la adquisición de un conocimiento nuevo como sucede en el insight o con el hallazgo de algún tipo de comprensión psíquica, sino con el descubrimiento de una hiperconexión entre el arriba y el abajo, de una relación de sentido cósmica que se acompaña de un sentimiento de comunión o -paradójicamente- de un vacío de Yo que se inunda de compasión y en una atmósfera de bienestar indescriptible.

A modo de epílogo, les dejo el testimonio particular del científico Fritjof Capra, físico y autor, entre otros, del magnífico libro “El Tao de la física“, “Las conexiones ocultas“, etc:

“Estaba sentado una noche al borde del océano una noche de verano, mirando desfilar las olas y sintiendo el ritmo de mi respiración, cuando tomé de repente conciencia de todo mi medio ambiente como estando implicado en una gigantesca danza cósmica.

Siendo físico, sabía que la arena, las rocas, el agua, el aire alrededor de mí estaba compuesto de moléculas vibrantes y de átomos, consistiendo en partículas que crean y destruyen otra por interacción. Sabía también que la atmósfera de la Tierra estaba contínuamente bombardeada por las lluvias de rayos cósmicos y partículas de alta energía sometidas a múltiples colisiones cuando penetran en el aire. Todo esto me era familiar por mi investigación física sobre altas energías, pero hasta ahí sólo lo habiá experimentado a través de gráficos, de diagramas y de matemáticas. Mientras estaba en la playa, mis experimentos pasados se volvieron vivientes. Ví cascadas de energía bajar del espacio en cuyo seno las partículas estaban siendo creadas y destruidas según pulsaciones rítmicas. Ví los átomos de los elementos y los de mi cuerpo participar en esta danza cósmica de la energía. Sentía los ritmos y entendía los sonidos, y en ese momento preciso supe que era la danza de Shiva, el señor de la danza adorado por los hindúes.”

(1) 9 nov 2010: Recomendada esta “Contra”: http://bit.ly/b4zrcO




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