Archivos para la Categoría 'evolución'

02
Oct
09

Carl Sagan

Somos el medio para que el cosmos se conozca a si mismo.

Carl Sagan

Carl Sagan es un astrónomo que destacó sobre todo como divulgador cientifico y más aún como activista medio-ambiental, defensor del modelo de Gaia y también de la convicción de que existe vida extraterrestre.

Sin embargo Sagan es conocido por el público en general porque llevó a cabo un programa de televisión titulado “Cosmos: un viaje personal” de muchisimo éxito y rigor cientifico impulsando eso que hoy conocemos como divulgación cientifica de calidad y al alcance del público en general.

Lo cierto es que determinados hallazgos cientificos se encuentran bastante ocultos entre las montañas de información que se generan continuamente en nuestra cultura de la información y tambien existen algunas evidencias en torno a la idea de que la mayor cuota de información no se transforma linealmente en conocimiento consolidado sino en una especie de confusión de babel que afecta no solamente al público en general sino tambien a los propios cientificos.

Carl Sagan que estuvo a su vez casado con Lynn Margulis defiende con su ex-esposa posiciones muy parecidas en su manera filosófica de entender el mundo y la ciencia: ambos se oponen a las hipótesis neodarwinistas con la misma intensidad que se oponen a la religión y a las pseudociencias y defienden hipótesis cooperativas entre organismos como manera de entender la especiación (la emergencia de nuevas especies), uno de los puntos débiles de la selección natural y de los neodarwinistas que sostienen puntos de vista fuertemente basados en el gen como selector natural y a la mutación espontánea cómo paradigma de lo nuevo.

Vale la pena ver estos videos que he seleccionado para dar una visión global de la vida, obra cientifica, y militancia de Sagan en torno a la hipótesis de Gaia como selector natural y a la biosfera como un superorganismo que contiene todo lo vivo y lo inerte en un equilibrio que sólo amenaza con romperse a partir de la acciçon devastadora del hombre con sus recursos.

Para mi la idea fuerte tanto de Sagan como de su esposa Lynn Margulis es la convicción de que en la evolución hay un propósito. Suele decirse con bastante frivolidad que la evolución es un proceso selectivo ciego que carece de planes y de propósitos, sin embargo han sido muchos cientificos los que a continuación de aceptar esta idea -que parece descartar un plan divino- en la evolución suelen añadir que a la evolución “no puede negársele cierta intencionalidad”.

Esta “cierta intencionalidad” huele demasiado a teleologia y es por eso inaceptable para algunos que  la selección natural se atribuye por algunos a una simple competición de organismos que tratan de imponerse a sus semejantes a fin de impulsar el proceso de la vida hacia su optimización. Que los mas fuertes sobrevivan a expensas de los más debiles o peor adaptados es uno de los axiomas de la selección natural, uno de sus dogmas.

Lo que deja entonces por explicar las razones que tiene la evolución para mantener determinadas enfermedades que son por si mismas desventajosas o disadaptadas.

Pero hay aun un misterio más: ¿quien selecciona en la selección natural?

Los neodarwinistas como Dawkins lo tienen claro: el gen es el selector natural.

Y es verdad que los genes son los soportes materiales de algunas enfermedades y que lo hacen a través de mutaciones.

Luego las mutaciones lo que provocan son enfermedades pero no nuevas especies.

Esta es la idea de Margulis quien sostiene que la novedad en la vida no procede de mutaciones sino de simbiogénesis, es decir de la digestión de genomas -frecuentemente bacterianos o fúngicos- por parte de otros organismos.

Esta idea además tiene un corolario y es el siguiente:

La evolución tiene un propósito que es el de asegurar una progresiva mayor complejidad y un selector natural que es Gaia.

En este sentido es donde se inscribe la frase o cita que preside este post: el ser humano, es el único ser vivo dotado de una conciencia capaz de entender el cosmos.

El cosmos se entiende a si mismo sólo a expensas de la conciencia humana, luego el propósito de la evolución es precisamente ese: entenderse, explicarse y mostrarse a sí misma.

Tiene pues razón los que aseguran que la evolución no ha terminado, pues la conciencia humana aun se encuentra en evolución y nos espera un largo camino a toda la humanidad hasta llegar a entender que Gaia no es algo a conquistar o a dominar sino algo con lo que necesariamente tenemos que integrarnos con respeto.

Video 1.-

Video 2.-

Video 3.-

Video 4.-

Video 5.-

22
Sep
09

No matarás

no-mataras

Nosotros los sapiens pertenecemos a una estirpe de homínidos bastante irascible pero poco agresiva.

El potencial agresivo de los humanos procede más bien de nuestra enorme inteligencia y de nuestra capacidad para planear encerronas, construir instrumentos, armas y artilugios destructivos a gran y pequeña escala.

Es muy poco probable que a puñetazos seamos capaces de matar a un congénere, para eso necesitamos emplear alguna que otra estrategia como golpearle con una piedra en la cabeza o asestarle una puñalada mortal por la espalda. Necesitamos armas y tenemos la inteligencia para construirlas.

Nuestros sistemas de modulación de la agresividad -sistemas inhibidores de la misma- son muy escasos y están muy poco desarrollados. La razón biológica de este escaso desarrollo es que no poseemos cuernos para acometer, ni garras para desgarrar, ni picos para atacar ni dientes para morder. Es decir no tenemos un armamento intrínseco que haya evolucionado con nuestra estirpe y por tanto los sistemas de inhibición de la agresividad no se han desarrollado -no han coevolucionado- con nuestras razones para enfadarnos, es por eso que la gente suele matar a otro por “un quitame allá esas pajas”.

Los sistemas inhibitorios de la agresión no están codificados genéticamente (aunque si la agresividad que siempre da premio evolutivo) es por eso que se hizo necesario inventar sistemas inhibitorios culturales que vinieran a suplir ese déficit natural.

Nuestros sistemas de inhibición de la agresividad se trasmiten a través de la cultura, entendiendo a esta en clave extendida: toda aquella clase de registros procedentes de la tradición que se trasmiten de padres a hijos o desde el sistema social o grupo al individuo.

En un post anterior me planteaba el cómo se trasmiten estos registros, es decir como se interiorizan las prohibiciones culturales en los cerebros individuales. ¿Cómo sabemos que no hay que matar al vecino?

Hay que diferenciar ahora el verbo “saber”, información, del verbo “deber”, moral y del verbo no-matar que es el polo pasivo de la interiorización del tabú.

Todo el mundo sabe que no hay que matar al prójimo y yo diria que hay una gran mayoria de humanos que seguimos este mandato, los homicidios descienden en todo el mundo de una manera progresiva desde 1900 para acá (aunque en el 2008 hayan ascendido en nuestro pais en un cifra alarmante comparada con el 2007) . También algunos sabemos que matar a otro es una cosa que no debe hacerse, por muchos motivos: morales, cívicos, racionales unos e irracionales otros y sobre todo porque existen códigos juridicos, políticos, policíacos que persiguen el crimen, el único argumento que sirve a algunos de disuasión frente al delito, aunque hay otros argumentos blandos por ejemplo: que se trata de algo irreversible, porque a nosotros tampoco nos gustaria que nos mataran, etc. Existen argumentos de todo tipo para no llevar a cabo esta miserable conducta y sin embargo hay gente que la sigue llevando a la práctica.

¿Por qué?

La falta de información, los déficits morales (la degeneración moral de Magnan), la patología psiquiátrica, la miseria económica que es la explicación marxista del crimen o la misteriosa etiqueta de “conductas antisociales” no bastan para explicarnos el por qué algunas personas se saltan a la torera un precepto que a la mayoria de nosotros nos parece algo normal, algo natural que no precisa que cavilemos demasiado en el asunto. No hay que matar y ya está.

Lo cierto es que la mayor parte de nosotros no necesitamos pensar en ello porque lo hemos incorporado o interiorizado. Y una vez interiorizado un tabú (una prohibición) ya no necesitamos pensar en ello porque se ha insertado en nuestro patrimonio -nuestro campo- epigenético. Se ha convertido en biología y ha dejado de ser una cuestión moral sobre la que podemos opinar o mantener opciones distintas.

H. C . Waddington fue un biólogo y genetista escocés que planteó el termino epigenética para explicar algunas interacciones entre el medio ambiente y los individuos que se realizaba no a través de la via del ADN sino a través de influencias medioambientales en la expresión o transcripción de la herencia genética propiamente dicha: la epigenética estudiaria pues el medio ambiente de la célula. Hoy se le da mucha más importancia a la epigenética que a la genética misma en la convicción de que gran parte de las conductas y las patologias humanas pueden explicarse mejor desde este doble origen que hace que el medio ambiente penetre en lo más íntimo de nuestro patrimonio genético -sin afectar necesariamente al ADN nuclear- y conmute procesos que no se hubieran producido sin esas aferencias de información.

La evolución no sólo opera sobre rasgos genéticos sino tambien sobre rasgos conductuales, ambientales, mórficos y simbólicos.

Lo curioso de esos aprendizajes que los humanos realizamos individualmente es que son aprendizajes que nos vienen insertados por la cultura o la tradición sin que seamos demasiado conscientes de ello. Un ejemplo es la prohibición del “No matarás”, ¿cómo hacemos la mayor parte de nosotros para cumplir este mandato sin que nunca nadie nos haya hablado del asunto?

Ahora compare usted este mandato con este otro:

“Hay que conducir siempre con el cinturón de seguridad puesto” o

“Si conduce absténgase de beber alcohol”

¿Que diferencias observa?

Ambas son prohibiciones pero existe una diferencia fundamental entre ellas: la primera prohibición es antiquísima, data de unos 50.000 años y las segundas solo tienen una década. Los efectos que ambas prohibiciones tienen en los cerebros individuales son inmensas, las primeras se han automatizado, se guardaron en un lugar muy lejano a la corteza cerebral, se encuentran en los planos mas profundos del cerebro, alli donde guardamos los patrones de acción fijos para andar, beber, comer o movernos sin pensar, se han corporizado. La segundas están en nuestro consciente, hemos de pensar en ellas y forzosamente a veces las olvidamos, todavia no han penetrado en nuestro inconsciente, aun no se han automatizado y no son todavía cuerpo sino idea.

Para que una idea se corporice hacen falta al menos tres generaciones (unos 60-80 años) pero es necesario además que la idea haya logrado penetrar en los cerebros de nuestros progenitores al menos para que la acaten si lleva un “no” delante. Sólo después de haber pasado por tres generaciones de linajes no homicidas podemos pensar que en nosotros no existe pulsión homicida alguna y que es muy poco probable que alimentemos abogados o pleitos por esa causa. Pero existe aun algo más sorprendente: puede existir una culpa transgeneracional por algun crimen que el sujeto no cometió, ni contempló ni tiene noticia alguna sobre el asunto. Todo parece indicar que las transgresiones de prohibiciones ancestrales -igual que las prohibiciones- pasan de generación en generación tratando de encontrar un huesped que les ponga fin: es el tema de la maldición familiar o del destino, un tema que se encuentra bien explorado por los mitos. El tema de la redención individual de toda una estirpe.

Este proceso de interiorización de un mandato transbiológico como es la orden de “no matar” puede tener interrupciones, excepciones y obstáculos, el principal y más conocido es la guerra. En la guerra no solamente se detiene el mandato sino que es posible que matar sea necesario para sobrevivir lo que cambia el panorama de anteriores interiorizaciones colectivas, asi y todo las guerras son escenarios de crimenes gratuitos y sádicos como ya estamos acostumbrados a ver en los informativos. La guerra es una enfermedad traumática para más de una generación, nosotros por ejemplo seamos hijos o nietos de los que hicieron la guerra civil estamos contaminados en España por aquel conflicto y en cierto modo todavía estamos sufriendo las consecuencias, ¿quién de nosotros no tuvo un pariente asesinado o un criminal en aquella contienda?

Lo que señala en la dirección de que tantos los valores como sus transgresiones -los vicios- se trasmiten del mismo modo y a través de las mismas vias simbólico-culturales y terminan convirtiendose en algo corpóreo.

Lo importante es caer en la cuenta de que los tabúes o prohibiciones culturales se insertan en nuestro cuerpo como si fueran instrucciones genéticas aun sin serlo y que se trasmiten como si fueran genes replicándose a si mismos aun sin estar compuestas de ADN.

Lo que redunda en la idea que más arriba expuse: que la via genética no es la unica via de trasmisión de caracteres innatos. El tabú de “no matarás” es innato a pesar de no venir codificado en nuestro genoma. Cuando un niño viene al mundo ya accede a él mediante un conocimiento previo (no es una tabla rasa) se trata de aprendizajes culturales, históricos, étnicos e incluso filogenéticos que no necesariamente se encuentran codificados en su ADN.

Es muy posible que todos los sistemas de inhibición de la agresividad no sean sistemas neurobiológicos heredados sino campos epigenéticos aprendidos que terminan por interiorizarse y que se comportan como si fueran cuasigenes. La inhibición de la agresividad puede realizarse de muchas formas pero siempre necesita de un otro que la desactive, a través de la sumisión, del llanto, de la debilidad o de la ternura es como los animales desactivan la agresión de los adultos, nosotros los humanos tambien sabemos hacerlo y tenemos además la empatia que es un añadido relacionado con la capacidad de nuestro cerebro de encontrar similitudes con nuestros semejantes.

En este post hablé de la metacognición y la empatía: una de las prestaciones de nuestro cerebro emocional.

Efectivamente el Verbo puede hacerse carne, que es otra manera de decir que lo cultural puede encarnarse y hacerse proceso biológico a través de esa interfase que llamamos inconsciente: el lugar donde Psique y Soma se encuentran no solamente bis a bis, uno frente a otro sino donde el individuo se articula con la corporalidad del mundo.

20
Sep
09

Desaprender para aprender

El duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar

(F. García Lorca)

Sin título-1 copia

Cuentan que preguntó un día la rana al ciempiés cómo hacía para mover tantos pies de un modo tan eficiente y coordinado, y que cuando el ciempiés se paró a pensarlo para responder, no supo volver a caminar nunca más.

Es algo conocido que cuando nos rascamos o revolvemos el café no tenemos que enviar órdenes conscientes para alzar la mano, dirigirla hacia esas coordenadas concretas, mover la musculatura de un modo determinado a un ritmo previamente calculado, etc. Si así fuera, estaríamos casi todo el día ocupados en ese tipo de órdenes.

Piensen en lo siguiente: solamente para cruzar una calle, en el instante en que damos una instantánea ojeada al coche más cercano que se aproxima hacia el paso de peatones, el cerebro está realizando los siguientes cálculos:

- la distancia entre ese coche y nosotros

- la velocidad estimada de ese coche

- nuestra velocidad máxima (corriendo, si es preciso)

- si, dados los parámetros anteriores, existe la posibilidad de que ambas trayectorias se crucen (con lo cual nos atropellaría)

- si existe esa posibilidad, no cruzamos; si queda descartada, cruzamos.

Y todo eso en una fracción de segundo. Algunos dirían que “presintieron” que si cruzaban le atropellarían.

Otras veces, “presentimos” que alguien no es de fiar. Si analizáramos lo que ocurre, posiblemente nos daríamos cuenta de que esa persona no mantenía el contacto visual el número de segundos suficientes (¿acaso no sabemos todos algo de lenguaje no-verbal de modo innato o, digamos, intuitivo?). Si a eso le sumamos (le sumó nuestro cerebro) alguna maledicencia oida sobre un acto poco congruente cometido por esa persona, o bien la forma de su boca nos recordó a la de alguien que no simpatizamos mucho de adolescentes, ya tenemos el resultado de la fórmula. Todo ello sin darnos cuenta, y el resultado es, en este ejemplo, que esa persona “no sabemos porqué pero no nos inspira confianza”.

Son innumerables los ejemplos de la multitud de cálculos que llevamos a cabo inconscientemente (sin intervención de nuestra voluntad consciente) gracias a la mayoría de los cuales seguimos vivos. Por supuesto, hay muchas otras decisiones que probablemente es mejor tomar en base a cálculos conscientes, estimación de pros-contras, cálculos aproximados de probabilidades, etc. (Algunos investigadores, dicho sea de paso, han llegado a la conclusión de que tras toda decisión consciente yace siempre una emoción básica, pero esto es otro tema que no es objeto de este post.)

Otra cosa que sabemos es que, cuando pensamos demasiado, interferimos con el raciocinio en aquellos mecanismos que normalmente se desenvolverían por sí solos, automáticamente por así decir (en este post se explica qué son los PAFs). Es como si la naturaleza recomendara dejar que el organismo y la mente hicieran lo que ya saben hacer, y dejar los cálculos de pros y contras (y su resultado) sólo para aquello en que necesitamos la voluntad y el análisis racional (p.e. para resolver un problema matemático, para la compra de un piso, etc.).

En este video Mentes privilegiadas se muestran unos estudios que confirmaron una vez más que, al parecer, nuestro cerebro actúa de un modo mucho más operativo si no se interfiere en ciertos automatismos, como p.e. leer. En uno de los experimentos, se muestran varias frases al sujeto y éste lee en voz alta lo que “vé”. Lo curioso es que algunas frases contenían leves errores tipográficos o sintácticos… que el sujeto no “leyó”, corroborando que el cerebro no vé lo que vé sino lo que espera ver. Lo asombroso de ese experimento es que, desconectando ciertas áreas del cerebro racional y dejando por tanto que el individuo lea sin que ésas actúen… no se cometen fallos de lectura. Sin duda se debe a que no actuaron las creencias previas (qué es lo que debería poner ahí). Es decir, haciéndolo así, el cerebro vé lo que realmente hay, sin intervención de expectativa alguna, esa modulación personal del futuro que tanto nos tienta con frecuencia. Uno de los investigadores comenta ahí:

“Es fascinante que tengamos que desconectar partes del cerebro para descubrir aptitudes ocultas… Que tengamos que discapacitar parte del cerebro para extraer habilidades … Estas no son las habilidades del que tiene algo más, son las habilidades del que tiene algo menos…”

Parecería que el Homo sapiens sapiens es, a veces, incluso demasiado inteligente… tanto que comete errores por pensar cuando no debe.

Muchos tenemos el vicio de analizar, racionalizar, calibrar cosas, situaciones o proyectos cuando no es necesario. “Déjate fluir” solemos aconsejar a los demás, pero ¿es eso tan fácil de llevar a cabo una vez desarrolladas, durante cientos de miles de años, unas capacidades que a primera vista nos han resultado adaptativas? ¿No será que nos hemos viciado con ellas como el niño a quien regalaron una bufanda y no se la quiso quitar nunca más ni para dormir hasta que se le quedó pegada al cuerpo? (como en “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher).

Hay que desaprender para poder aprender.

O, como dijo Krishnamurti, una taza (la mente) sólo tiene sentido cuando está vacía, no llena.

15
Sep
09

Memes, virus y arquetipos

Debemos a Richard Dawkins la idea de meme que ya publicó en su libro best seller “El gen egoista”, aunque alli sólo insinuaba una posible conexión entre la idea-fuerza de gen, una serie de instrucciones que son capaces de autoreplicarse y la idea de meme que seria algo asi como una idea, una imagen, una creencia. El meme seria pues un gen cultural que perseguiría los mismos fines de los genes: sobrevivir y autoreplicarse.

Pero no debe entenderse que los memes son metáforas sino realidades concretas como los genes. De hecho se ha desarrollado toda una ciencia memética que estudia precisamente como esos memes se trasmiten, se contagian y sobreviven infectando o parasitando los cerebros individuales.

Naturalmente lo verbos “parasitar” o “infectar” sí son metáforas. Metáforas que procede de los puntos de vista radicalmente darwinistas como el propio Dawkins, su más ferviente defensora en el campo de la divulgación Susan Blakemore o uno de sus seguidores el filósofo de la mente Daniel Dennet que defienden la idea de que la cultura humana se ha desarrollado de una forma muy parecida a la evolución: por selección natural, exisitirían ideas (memes) que se reproducirían más eficazmente y que competirían más eficientemente con otros memes a la hora de instalarse en otros cerebros y desde alli ganar nuevos organismos a los que “infectar”.

Se trata de las conocidas ideas de los neodarwinistas que mas atrás llamaba darwinistas radicales. Para entender mejor la diferencia entre los neodarwinistas y otros evolucionistas como Lynn Margulis o Stephen Jay Gould recomiendo este articulo de la wikipedia. En adelante les llamaremos gradualistas. Se trata de los que creen que la evolución no ha sido el escenario de luchas entre organismos simples a la hora de propagar su genoma sino asociaciones, consorcios pluricelulares que han digerido o fagocitado a otros seres unicelulares aumentando asi su complejidad, Lynn Margulis en su libro de culto “Captando genomas” habló de simbiogénesis para nombrar su concepto asociativo y gradual como motor de la evolución.

Personalmente creo que la idea de meme es un plagio de la idea jungiana de arquetipo y que no añade nada a lo que los psicólogos jungianos entienden como tal y que puede usted consultar aqui.

Sin embargo no son conceptos idénticos sino que mantienen ciertos solapamientos: la principal diferencia entre un meme y un arquetipo es que el meme compite con otros memes mientras que los arquetipos no compiten entre sí sino que resuenan con las posibilidades de ser de los humanos y se constelan (se encarnan o activan) en ellos. La idea de meme fuertemente influenciada por una visión radical de la evolución termina por antropoformizar demasiado tanto a los genes como a los propios memes confiriéndoles capacidad de planear por sí mismos algo que no deja de ser un exceso.

Sólo la conciencia es capaz de planear, ni lo genes ni lo memes son capaces de planear nada por si mismos ni siquiera la posibilidad de autoreplicarse, los genes ser replican en la reproducción y efectivamente compiten con otros alelos con los mismos intereses tal y como expliqué aqui.

El gen y el meme tienen además entre si algunas diferencias: la primera es que el gen es un trozo de la hélice del ADN algo asi como una página de ese gran libro de instrucciones que llamamos ADN o genoma. El meme sin embargo es algo inmaterial y es esta condición de intangibilidad la que lleva a sus detractores (tanto los de Dawkins como los de Jung) a entender estas ideas como bellas metáforas poéticas sin consistencia cientifica alguna.

Lo cierto es que los que asi piensan se encuentran apresados por la idea de que tan sólo en la materia se encuentra la potencialidad de información. A lo sumo muchos de ellos estarian dispuestos a admitir que en la energia tambien puede ser transportada información, pero se preguntan ¿como es posible que la información se encuentre inscrita en la nada?¿Cual es el soporte fisico del meme?

Antes de seguir me gustaria que el lector visionara estos dos cortos videos para conocer mejor las teorias de Dennet y contrastarlas con las suyas propias.

Los memes peligrosos por Daniel Dennet.

Video 1

Video 2

Para entender mejor qué es un meme veamos la metáfora que invoca y que no es otra sino la del los virus.

Un virus es una entidad biológica misteriosa al menos por dos razones, la primera es que no pertenecen ni al reino animal ni al reino vegetal, la segunda es que ni están vivos ni muertos. Contradicen una de las ideas fuerza de la biologia que suscribe la idea de que para hablar de vida tienen que haber células. ¿Si no existen células podemos hablar de un ser vivo? ¿Si no pertenecen al reino animal ni al reino vegetal que son entonces?

Los virus son trozos de ADN ( o de ARN) encapsulados en una especie de caparazón proteinico que sirve de envoltura al ADN o ARN que portan empaquetado. Se trata de la demostración de que existen formas de vida que no comparten la condición de sostenerse sobre la vida celular, ahora bien la vida de los virus es bastante curiosa, porque en realidad, aunque tienen forma y andan por doquier (en realidad no andan en absoluto a diferencia de las bacterias que poseen movilidad), y a pesar de su estatismo solo pueden replicarse si penetran en el interior de una célula para lo que se sirven de herramientas diseñadas para penetrar sus membranas y otras como ventosas para adherirse a ellas. La pregunta que podria hacerse en este momento es la siguiente, ¿cual es el estado de un virus cuando hace vida extracelular? ¿Mueren y viven los virus?

virus_big

Obervese este virus con forma dodecaédrica y ventosas adheridas a su cápsula

Lo cierto es que los virus cuando no encuentran huéspedes a los que parasitar lo pasan bastante mal y se inactivan al poco tiempo de vivir a la intemperie. Y parece tambien que la función teleológica de los virus no es vivir (cosa dificil de entender en un virus que pasa la mayor parte de su tiempo inactivo) sino reproducrise, es decir conseguir copias de sí mismo a expensas de enfermar o matar a su huesped.

Otro misterio biológico que aun no se encuentra del todo explicado es de dónde proceden los virus. A mí la teoria que más me resuena es que los virus son trozos de ADN (o ARN) que han escapado de las fortalezas del núcleo de una célula. Al parecer esta teoria es la que más seguidores tiene entre los expertos pero tiene un problema: si los virus necesitan células para replicarse significa que no pudieron existir antes de ellas. En este caso no serian los organismos más elementales que podemos encontrar a lo largo de la evolución sino probablemente un subproducto celular que encontró una forma de existencia a medio camino enre los cristales y las células que procederian de rupturas escapistas de trozos de ADN, es decir de información genética fragmentaria. La idea que acabo de exponer se encuentra reforzada por otros hallazgos que señalan en la dirección de que estos trozos de información que ha logrado escapar del núcleo de la célula no compete sólo a los virus: existen otros trozos aun más pequeños que pululan por el espacio extracelular, los plásmidos, por dentro del citoplasma celular como los trasposones, otras particulas como los viroides e incluso proteinas mal plegadas que se replican a sí mismas como los priones que no contienen ni DNA ni RNA pero con capacidad infectiva y autoreplicadora.

Si yo fuera el virus de la rabia me interesaría que mi huésped estuviera furioso para asi pasar a otro a través de su saliva,  pero como el virus de la rabia no puede planear no cabe ninguna duda de que el virus de la rabia y la rabia coevolucionaron. Lo que significa en términos evolutivos que la vida celular y la vida vírica pudieron tambien coevolucionar.

Estos descubrimientos biológicos han puesto sobre el tapete una idea fundamental que de alguna forma ha roto con el modelo célular en que creiamos que estaba fundada la vida. No cabe ninguna duda de que la vida reposa sobre la información, entendida esta como una forma energética no degradable.

Dicho de otra manera es posible que todas esas particulas sean basura genética escapada de la célula y que su función evolutiva sea disponer de una reserva de información genética cuya función podria ser la recombinación con algunas especies celulares y no tanto la idea que es hoy la más frecuente al menos en nuestro imaginario: que los virus son enemigos a los que combatir, es muy posible que los virus patógenos para el hombre sean una pequeña minoria de todo un almacén genetico de basura genética dispersa de la que algún dia podamos beneficiarnos para penetrar dentro de la célula con mensajes médicos beneficos para ella.

Pero no es mi intención en este post hablar de los posibles usos médicos futuros de los virus como portadores de soluciones curativas sino trazar un paralelismo entre ellos y los arquetipos. Ya dije más arriba que la idea de meme era una revisión de la idea de arquetipo y dije tambien que la idea de meme habia sido inspirada por una idea evolucionista radical: la de que determinadas ideas compiten por parasitar cerebros individuales y desde alli difundirse al mayor número posible de cerebros.

Es cierto que algunos memes son muy peligrosos tal y como nos contó Dennet en los videos de arriba y que muy probablemnte podemos entender la historia humana como una historia de creencias que tratan de imponerse a las del vecino. Una idea muy interesante es que efectivamente una creencia siempre tiende a imponerse a los demás pero yo no creo que este potencial maligno se halle en la idea misma sino en la natrualeza vanidosa y corrupta del hombre que trata de imponer a los demás sus propias formas de ver la vida. Por ejemplo la idea de Dios no mata a nadie pero la idea de religión ya es más peligrosa porque agrupa a las personas entre seguidores y no seguidores de esa religión. El culto por la patria o por la propia etnia tampoco tiene esa potencialidad salvo si se confronta con las demás, si nosotros somos el pueblo elegido es porque los demás ni siquiera tienen la consideración de semejantes: Dios les olvidó en el reparto. Por tanto esta justificado que les exterminemos.

Lo cierto es que los virus y los arquetipos se parecen mucho:

  • Están inertes cuando no están dentro de un organismo vivo.
  • Tienen forma aunque no los podamos ver.
  • Contienen información.
  • Se replican sólo en condiciones biológicas, el resto del tiempo viven en una especie de limbo que llamamos “cultura”.
  • Los arquetipos se constelan en una persona concreta del mismo modo que los virus parasitan células vivas.

De manera que cuando le hablen de los virus deténgase a pensar por un momento si no será, al fin y al cabo, un virus el que salve a la humanidad gracias a esa información que aun no hemos aprendido a manejar. Tampoco sabemos manejar la información que procede de los arquetipos y que tanto nos podria ayudar a salir de aprietos emocionales, al fin y al cabo fue un titán el que trajo el fuego a los hombres contra la voluntad de Dios.

Nadie sabe por qué todos los dioses han querido mantener a la humanidad en la precariedad.

Pero tampoco cabe ninguna duda de que existe un voluntad decidida por parte de la humanidad de saber por qué los dioses mantienen esta intransigente postura.

16
Ago
09

Superconductores humanos

Hace un par de noches tuve un sueño muy extraño: charlaba con un hombre cuyo rostro me recordaba a alguien sin conseguir saber quién, sentados en un parque, el cual me contaba cosas inauditas para un sueño de verano, y yo, además, le hacía preguntas como si comprendiera algo. Me despertaron los rayos de la luna invadiendo la cama, y, como siempre duermo con bolígrafo y papel en la mesilla de noche, comencé a anotarlo todo febrilmente para que no se me olvidara.

Esto es cuanto pude rescatar de aquel diálogo:

HOMBRE: ¿Tú sabes lo que es un superconductor?

YO: No.

HOMBRE: Un material que tiene resistencia e impedancia nulas, pero hay un 1% de la población que son superconductores.

YO: ¿En serio? Y qué hacen?

HOMBRE: Conducen y amplifican sin saberlo la energía de otra persona, pero no pueden hacerlo con cualquiera, hay algo, un plus, que ha de cuajar.

YO: Y ello es…

HOMBRE: Electrones sueltos.

YO: Asombroso.

HOMBRE: Es preciso que te cuente algo sobre el olfato. Verás, al parecer el olfato no funciona como imaginábamos, a base de moléculas y receptores, sino que nuestra mucosa nasal emite electrones que colisionan con determinadas moléculas y no con otras y las hacen vibrar, y es entonces cuando percibimos el olor. Dicho de otra manera, el proceso no es pasivo sino activo: el olfato emite electrones que colisionan con moléculas volátiles y se ponen a vibrar en una especie de baile…

YO: ¡Fascinante!

HOMBRE: Por ejemplo, los perros tienen el olfato muy desarrollado y a veces se acercan con espíritu protector a personas enfermas. Nunca había logrado saber por qué pero creo que ya lo tengo.

YO: ¿…?

HOMBRE: Lo que ocurre es que resuenan con algunas moléculas de necrosis, y entonces se dicen “hay que cuidar de esta persona que está malita”. No sabía el mecanismo que es cuántico, esa es la gracia, que no es un mecanismo receptor-molécula sino un mecanismo de enacción.

YO: ¿Varela?

HOMBRE: Sí. Siempre pensé en cómo los perros podían oler estados de ánimo. No los huelen sino que resuenan con ellos, es un efecto vibratorio.

YO: ¿Como el efecto de la ola humana en los campos de fútbol?

HOMBRE: Es posible.

YO: ¿La homeopatía podría actuar por este mismo mecanismo?

HOMBRE: Es posible, quizá por eso los perros responden bien a ella.

YO: ¿Y los bebés también?

HOMBRE: Tambien.

YO: ¿Y por qué los adultos estadísticamente algo menos, según usted?

HOMBRE: Bueno, es sólo una hipótesis, pero quizá porque están oxidados y no emiten tantos electrones, esto explicaría por qué algunas personas son refractarias a la homeopatía: tiene que haber electrones sueltos fuera de su órbita para que se comuniquen las vibraciones del remedio homeopático con la necrosis y surta el efecto.

YO: Prosigamos. Creo que usted presume que este efecto superconductor también se da a distancia…

HOMBRE: Claro, ¿es que la empatía no es una forma a distancia? La empatía no precisa de contacto.

YO: ¿Se refiere a los experimentos que demostraron que dos partículas subatómicas estaban conectadas aún a kilómetros de distancia?

HOMBRE: Sí, la no-localidad, por eso digo que la empatía es cuántica. Empiezo a creer que, además, para ser superconductor hay que tener una empatía muy desarrollada, una especie de superempatía.

YO: Entonces, según dice, la superconducción también se daría en la distancia.

HOMBRE: Si, la telepatía no sería tal, sino una manifestación cerebral de la empatía a distancia.

YO: Así que hay un agente conductor y otro pasivo.

HOMBRE: Sí, dos polos, digamos.

YO: Ya.

HOMBRE: …dos polos no eléctricos sino cuánticos que precisan del colapso de onda de una función que vibra armónicamente: la del superconductor.

YO: Entonces lo de “entre nosotros hay buenas vibraciones” no sería ninguna tontería.

HOMBRE: No, podría ser la verdad.

YO: ¿Y qué más opina de esas personas superconductoras?

HOMBRE: Diría que suelen ser personas que ignoran esa capacidad y que tienen muchas dificultades de adaptación porque, como se comprende fácilmente, en este mundo es difícil circular con esa superempatía.

YO: ¿Esa capacidad tendría relación con la mente?

HOMBRE: En cierto modo sí.

YO: De lo que habla parece algo casi físico, aunque esa capacidad parece no tener que ver con la mente, ni con el nivel intelectual, ni la inteligencia…

HOMBRE: No, claro que no, aunque creo que ese tipo de personas señalan el camino que va a emprender la evolución, al igual que esos niños indigo. Un camino que pasa necesariamente por la abolición total del narcisismo.

YO: Entiendo que el narcicismo proviene de no haber pasado con nota cierta fase de la primera infancia…

HOMBRE: Psicológicamente sí, pero también es vital lo que uno hace luego con eso.

YO: Eso suena muy interesante…

HOMBRE: El narcisimo es seguramente un subproducto cultural, un “arreglate como puedas”…

YO: ¿Qué sería antes, la superconducción innata o el narcicismo?

HOMBRE: Esa es una pregunta de calado. Aún no lo se. Lo que tengo bastante claro es que para que exista superconducción tiene que haber un abandono del Yo, una supresión de las propias necesidades… un antinarcisimo.

YO: O sea, que la superconducción y el narcicismo serían casi opuestos…

HOMBRE: Y sin el “casi”. Como decía, la idea es que la superconductividad es en efecto lo opuesto al narcisimo pero que tampoco hay superconductividad sin un narcisimo-otro que la impulse.

YO: ¿Tendría esa superconducción que ver con lo que llaman algunos amor?

HOMBRE: Desde luego, sí, sería algo así como un superamor, una especie de amor cósmico, algo que trasciende el concepto de amor tal y como lo entendemos normalmente… un amor de otro nivel.

YO: Suena lindo…

HOMBRE: Bueno, no sé si es para estar contento o considerarlo como una fatalidad, pues, como decíamos, el narcisista precisa de superconducción pero el superconductor puede también necesitar pensar en sí mismo.

YO: Comprendo. Da usted la impresión de estar en proceso de descubrir una pieza del puzzle.

HOMBRE: ¿Tú crees?

YO: No sé… alguien dijo que la inteligencia proviene del amor.

HOMBRE: Lo sé. En todo caso, el fuerte vínculo entre algunas personas no lo explica solamente el sexo, ni siquiera la tan trillada comunicación verbal. Hay un plus que no es computable, como diría Penrose…

YO: ¿Quiere decir que no es lo que se habla, sino el cómo?

HOMBRE: Más bien el para qué. En esas raras parejas, cada uno de ellos está para cumplir con una función, o una misión si prefiere.

YO: Una misión… no sé dónde he oído eso antes, pero parece hermoso.

HOMBRE: En algunos casos, él es un ser sumamente creativo pero precisa de un superconductor para germinar y dar frutos, por así decir. Muchos de ellos tienen una musa.

YO: ¿Las musas serían las superconductoras de los genios?

HOMBRE: Exacto, pero no las que susurran al oído sino las que catalizan, que es distinto.

YO: Ya… ¿Y la función de ellos, los superconducidos, digamos?

HOMBRE: Desenrollar cuanto saben y cuanto pueden llegar a saber gracias a esa especie de hiperconexión, ir desenredando el ovillo que les llevará lo más cerca posible del conocimiento.

YO: …mientras Ariadna sostiene el cabo.

HOMBRE: Algo así, los mitos son fascinantes, ¿no crees? ¡jajaja!…

YO: …

HOMBRE: A medida de que el superconducido se va desenredando y anudándose en el ovillo del superconductor, éste a su vez va impregnándose del saber de aquél como en ósmosis.

YO: ¿Anudándose en el ovillo?

HOMBRE: Claro, a quién sino se le van a contar los hallazgos? ¿Con quién va a poner el superconducido en orden sus ideas?

YO: Ya comprendo: con el superconductor.

HOMBRE: Así es. Y las ideas a su vez calan en él o ella y, con frecuencia, le vuelven a revertir en una especie de retroalimentación…

YO: ¿Imparable?

HOMBRE: En espiral.

- – -

07
Jun
09

El amor: ¿realidad o creencia?

"Amor es..."

"Amor es..."

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

(A. de Saint-Exupery)

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“La medida del amor es amar sin medida”

(San Agustín)

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“Es mi amado para mí y yo soy para mi amado”

(Santa Teresa)

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Desde que el ser humano empezó a plantearse preguntas de calado, una incertidumbre le ha consumido tanta o quizá más energía que el conocido enigma ¿de dónde vengo y adónde voy?, y es:

¿Me ama o no me ama?margarita-1

Los Beatles ya sabían que “All you need is love, love” del mismo modo que lo saben psicólogos y tarotistas a cuyas consultas acuden ingentes cantidades de seres acuciados por la imperiosa necesidad –a veces bajo la fachada de otras problemáticas- de saber si son amados, o por la sospecha de que no lo son suficiente.

A veces también para saber si ellos o ellas aman a su vez genuinamente.

Pero ¿cómo saber si nos aman suficiente o del modo que deseamos nosotros? (“No, si me quiere… a su manera”) ¿Cómo medirlo? ¿Por qué no se ha inventado el amorómetro, si ya sabemos que la oxitocina y la dopamina se alteran al enamorarnos y que el amor al parecer aumenta la longitud de la vida y el brillo de la piel? ¿Qué hacer si fortuitamente llegamos a la conclusión de que no somos amados tanto como creemos merecer, o no del modo que esperábamos? ¿Cómo saber si se trata de amor, de necesidad o de interés por algún beneficio?

El amorómetro de momento no se ha inventado, pero sí se ha inventado una báscula intuitiva, que es el método que utilizamos comunmente: ¿cuánto gano/pierdo yo en una relación amorosa? ¿qué doy o aporto y qué recibo o me es aportado? O, como dice una amiga mía: ¿me compensa o no me compensa?

Aunque la tecnología actual no haya inventado aún un aparato así, al menos en los últimos tiempos los estudiosos de la mente han aportado interesantes descubrimientos acerca de ella que amplían cada vez más nuestra posibilidad de comprender qué ocurre y porqué, cuando somos felices víctimas de ese misterio que nos acerca un poco más a lo trascendental. Desde El Banquete de Platón hasta nuestros días, sobre Eros se ha escrito tanto como sobre gustos pero, si bien no existe aún un consenso generalizado, sí se va estrechando cada vez más el círculo que lo acerca un poco más al terreno de lo comprensible. Quizá algún día la ciencia que estudia los sentimientos y las emociones (vean esta interesante entrevista a Antonio Damasio, un brillante neurólogo investigador de los sentimientos) englobe también, como viene haciendo uno a uno, este otro gran misterio capaz de consumirnos tanta energía y de provocarnos tanta dicha o tanto sufrimiento: el amor.

Hay quien opina que el amor es un invento de la Revolución Industrial –pulido casi a continuación por el movimiento romántico-, una estrategia para generar en la mujer (que hasta entonces era entregada por el padre a cualquier lugareño a cambio de un par de ovejas) el sueño de un príncipe azul mucho más a su gusto que cuando no era nada, con el cual aparejarse y asegurar, como consecuencia indirecta, un aumento de la descendencia que subsanara a medio y largo plazo la falta de mano de obra debida a las pestes y hambrunas de la época. Simultáneamente eran necesarias parejas que emigraran a las fabricas casi siempre ubicadas en los guettos de las ciudades; el amor romántico era pues un engaño para sujetos desubicados y trashumantes.

Sin embargo, para Desmond Morris (El Mono Desnudo) el amor habría surgido ya desde que nos convertimos en cazadores-recolectores en el Neolítico, a consecuencia de la necesidad de que los varones hubieran de dejar a la hembra sola en la cueva cuando se ausentaban para ir a cazar: se hizo necesario algo que hiciera más resistente el vínculo monogámico y permitiera cierta tranquilidad al cazador en el sentido de que la hembra que dejaba atrás no quedaba a merced de otros seductores, no fuera que a su regreso acabara compartiendo con una infiel el ciervo que tantas vicisitudes les costó conseguir (con el subsiguiente riesgo de acabar alimentando a retoños que no eran suyos y que no llevaban sus genes).

De modo parecido a la inteligencia, la cual hace poco pasó de ser contemplada como concepto monográfico a una suma de factores (memoria, velocidad de proceso de datos, creatividad, empatía, etc.), en el amor quizá ocurra en breve algo similar. Por ejemplo, Eduard Punset opina que el amor vendría a ser una especie de conglomerado hecho de apego personal, inversión parental o familiar y sexualidad, todo ello dentro del turbulento caldo de cultivo del  entorno. Dice Punset que siete son los años que dura de media el estado amoroso pues siete son también, casualmente, los años que tarda la cría del humano en adquirir una mínima independencia de los cuidados repartidos de la pareja. La cuestión es ¿cuánta carga evolutiva llevamos aún sobre nuestros hombros, o –planteado a la inversa- cuánto han cambiado las cosas desde entonces? Y por otro lado ¿qué ocurre con el amor sin finalidad reproductiva? ¿es otro genoma-lag?

Pues estas teorías explicarían el vínculo del matrimonio pero no el amor en sí, que, como todos sabemos, no siempre son aristas del mismo poliedro.

Para algunos místicos, por su parte, el amor hombre-mujer sería una especie de sucedáneo o herramienta de otro amor: el amor a Dios, a lo trascendente. Una especie de adiestramiento teñido del goce de la sexualidad como anticipo del otro o, si lo prefieren, una estación de paso en clave dual en nuestro viaje hacia un amor cósmico o expansionador de la conciencia. En cualquiera de sus versiones, el amor exige renuncia y sacrificio, y llega a ser tan inefable que Santa Teresa no duda en asociarlo sin ambages a lo más terrible: la muerte:

“Vivo ya fuera de mí después que muero de amor”

La muerte de una parte del propio ser que en el sufismo –no exento del matiz amor-ternura- se denomina aniquilamiento, una metáfora que los más pragmáticos explican como la cesión de soberanía que deben hacer ambas partes para acoplarse del modo más perfecto posible.

Es curioso que fueran las filosofías orientales (sufismo, hinduismo, tantra) las que permitieran e incluso alentaran el amor hombre-mujer, no sólo como un goce descaradamente compatible con el amor sagrado sino como una vía hacia él, mientras que las religiones monoteistas programaran a decenas de generaciones para etiquetar como pecado toda manifestación amorosa que no se ciñera a sus preceptos.

Al margen de todas estas controversias, es innegable que el amor encierra en su esencia un anhelo fusional, algo que, sea cual sea su naturaleza, va más allá de la razón y del intelecto. Anhelo de fusión cuyo origen se pierde en las tinieblas y que Punset explica así en esta entrevista.

¿Cómo congeniar toda esta macedonia de ingredientes cuando además, gracias a los descubrimientos antes citados relativos a esta prodigiosa caja de Pandora que es la mente humana, también se sabe cada día más sobre el decisivo mecanismo de las creencias? ¿Será el amor el cemento o coagulante entre lo evolutivo y lo poético, la pulsión fusional y la pragmática, la pasión y la paciencia, el programa reproductivo y el ansia de lo trascendental, lo instintivo y lo sagrado?

Parece cada vez más incontestable que la realidad está modulada por la mente que la percibe. Se podría decir que existe un filtro osmótico que media entre la realidad de ahí fuera y la que somos capaces de explicarnos a nosotros mismos en el tibio pero fangoso terreno de nuestra intimidad. Según los conocimientos más recientes de los expertos en el mecanismo de la percepción, parece evidente que llevamos en la sangre una tendencia difícilmente soslayable a construir una gran porción de la realidad a nuestra medida de tal modo que “se ajuste” a nuestra creencia previa, de una forma parecida al mecanismo que nos hace Dibujo“ver” un círculo donde solamente hay una serie de puntos distanciados entre sí en forma de círculo, un fenómeno ilusorio que se debe a que el cerebro rellena lo que falta (casi instantáneamente) para que lo percibido se “ajuste” a nuestra concepción creencial previa (en este ejemplo, el conocimiento previo al cual ajustamos lo que “vemos” sería la forma de un círculo). La abstracción como solución de urgencia para salvar distancias demasiado grandes. En otras palabras: las ilusiones ópticas tienen su razón de ser en la necesidad de que dos realidades se acoplen entre sí (la subjetiva -patrimonio exclusivo de la memoria- y la percibida, a la que, por siempre novedosa e inesperada, poco le importan nuestras experiencias previas). Si hemos de tener en cuenta estos hechos, entonces el amor podría ser un producto de nuestra imaginación, una hipótesis.

Esto naturalmente complica las cosas aún más si cabe, pues, si pretendemos ser más honestos que soberbios, estos hechos nos impiden a su vez obviar disyuntivas como ésta: ¿será que amamos o que creemos amar? ¿Amamos por un mandato ancestral o porque en cierto momento creimos que ya era hora de amar y acoplamos nuestra conducta en consecuencia?

Una tendencia aristotélica de pensar en términos de causa-efecto en sentido descendente se contrapone a transgredir de abajo arriba lo que nos han enseñado (y en lo que sólo por ello tendemos tercamente a creer y a defender a ultranza). Existe un método de resolver ecuaciones matemáticas por el cual primero se presupone unos valores a las incógnitas de la ecuación yendo después “hacia atrás” para comprobar su veracidad. En este otro caso se trataría de plantearse si no actuaremos también en el amor en una forma parecida: “me lo creo y después amo” y no “amo y luego me lo creo” (como creíamos) pegándose una a la otra de tal manera que acabará siendo imposible distinguirlas. Después de todo, el tiempo es reversible, otro constructo o carril mental por el que discurren nuestras certidumbres pero vulnerable a ser retorcido como una cinta de Moebius.

Pero retorcer la lógica impone cierta zozobra a nuestra certidumbre: en el tema que nos ocupa, podríamos llegar a la conclusión de que el amor como tal no existe sino la creencia del amor, a la que sigue la actuación congruente para que todo nos siga encajando. Y esa conducta, a su vez, nos consolida en nuestra creencia… en un círculo recursivo.

¿Por qué esa manía crónica de ajustar o encajar contínuamente la realidad a lo percibido o creído de antemano? Quizá porque en nuestro fuero interno nos molesta bastante que la realidad subjetiva no acabe de coincidir con los esquemas que preconcebimos ni recordamos ya cuándo. El abismo que las separa nos produce vértigo porque los abismos siempre dan vértigo a quien no tiene alas y solemos interpretar los desajustes en términos de “no tener la razón”. Y a los humanos nos encanta tenerla aunque sea con nosotros mismos. “Si los hechos no se adecúan a la teoría, tanto peor para ellos” dijo irónicamente Hegel (Watzlawick, 1989).

Quizá los más osados podrían plantearse, entonces, una posibilidad aunque sea remota de que con frecuencia primero creemos que amamos (creencia) y luego amamos (ajuste de la realidad a nuestra creencia), a lo cual sigue la correspondiente modulación de la conducta en base a lo anterior. ¿Será importante después de todo esa diferencia entre ambas cosas, ese abismo, o podemos seguir viviendo congeniándolas en armonía y sobrevolar ese abismo sin caernos de nuestro bienestar emocional?

Amo luego existo, eso parece lo único que está fuera de duda.

Nota: si aún dudan sobre la ambigüedad entre la realidad percibida y la realidad creencial, en el mn 3:30 de este video de Dan Ariely (hallazgo de Paco Traver) podrán confirmar que los sentidos no son nada pero nada fiables. Es un hecho a prueba de pauses, si quieren comprobarlo.

28
Feb
09

Amar la otredad

Hace pocos días, leyendo sobre el caso de un paciente del psiquiatra Castilla del Pino citado por el filósofo J. A. Marina en Anatomía del miedo, vinieron a mi mente varias asociaciones todas a la vez, que podían resumirse –o intentar resumirse- en una sola: la Otredad.

Ese paciente relata cómo, sin venir a cuento, estando un día sentado cerca de su padre en el salón de su casa, de pronto se fijó en los rasgos de aquel de un modo en que nunca anteriormente lo había hecho. Le eran, súbitamente, “como extraños”, los “vió” de un modo distinto. Esta percepción inusual le provoca al sujeto una sensación de angustia difícil de digerir. No fue –dijo- como si su padre no fuera su padre, pero de todos modos el impacto fue, probablemente, tan desagradable como difícil de describir.

El relato de ese paciente me hizo caer en la cuenta de que –asombrosamente- tenía mucho en común con el impacto causado por experiencias espontáneas de otro tipo vividas por personas absolutamente sanas: sensaciones o vivencias, por otro lado, no necesariamente siempre desagradables. En algunos casos, incluso sumamente agradables.

Como apuntaba hace ya tiempo en un post de mi otro blog, existen –al menos- dos vías distintas de conocimiento. Pueden dárseles distintos nombres pero, para entendernos aquí fácilmente, las llamaré ahora la vía intelectual y la vía intuitiva, rogando al lector que no confunda esta última –a pesar de ese nombre provisional- con el concepto popular de la intuición.

En la primera vía de conocimiento, la intelectual, lo percibido penetra nuestro yo mediante una de las cinco puertas sensoriales (nuestros puentes con el mundo) y, una vez ahí, nuestro sistema nervioso decodifica, analiza, interpreta. Y también juzga. Por ejemplo: (1) oimos un sonido, (2) nuestra inteligencia decodificadora nos informa de que se trata de un violín, y por último (3) juzgamos: “me encanta” o bien “está desafinando”. En realidad el proceso es más complejo si añadimos los vericuetos emocionales (“me gusta ese violín”, “me pone triste”, “me recuerda a una vez que..”, etc.) que ahora mismo obviaré para no alargar demasiado este post. (Si les interesa, pueden leer a Antonio Damasio, neurocientífico portugués artífice de importantes descubrimientos, entre otros, acerca de la naturaleza de los sentimientos y las emociones.)

De la segunda vía que aquí llamo intuitiva, se han pensado y escrito innumerables ideas e hipótesis desde que el ser humano comenzó a preguntarse sobre sí mismo. Oriente –como en muchos otros asuntos de esta índole- parece tenerlo claro. A esta vía que aquí llamo la vía intuitiva, Henry Corbin la llama vía presencial, no mediada (es decir, no mediada por el aparato cognitivo). En general, la visión de la sabiduría oriental sobre el conocimiento profundo pasa inexorablemente por la disolución de los velos que se interponen entre lo percibido (lo externo) y nuestra mente (el Yo interior), una especie de “filtros” que, quizá, más que ayudarnos a aprehender la realidad, la distorsionan, no por un exceso de decodificación y análisis sino por un error en los métodos con que lo percibido es interpretado. Ahí está la trampa. Pero ¿qué hay entre ambos, entre ese mundo real de ahí fuera y nuestro centro vital y perceptor? Krishnamurti también sabía mucho sobre la relación entre observador y observado, e incluso los cuánticos han aventurado ideas nuevas sobre el misterioso engranaje entre uno y otro.

Pero para ponerlo de un modo más sencillo, la frontera básica entre ese “yo” y el resto (el “no-yo”), es la piel, ese envoltorio o frontera que nos delimita del mundo exterior. Y ahí fuera es donde está el Otro. Lipton (La biología de la creencia) opina que el verdadero cerebro de la célula es, en realidad, no su núcleo sino su membrana, por ser quien en primera instancia determina algo tremendamente importante para la vida: qué es Yo y qué no es Yo. Y entre ambos hay un problema: una especie de “filtro”. Suelo llamarlo “gafas de color” que todos llevamos puestas para circular por este mundo cegador. La siguiente pregunta sería ¿podemos percibir el mundo –y al Otro- tal como es mientras lo miremos con esas gafas puestas que en cada uno son de nuestro color subjetivo?

Según la filosofía oriental, ese “filtro” es, en realidad, lo que nosotros llamamos mente. La mente y su subjetividad es la gran trampa, un conglomerado de pre-juicios, de bagaje histórico privado, de emociones antiguas archivadas en nuestro disco duro tan personal e intransferible. Curiosamente, según el sufismo para alcanzar el éxtasis es imprescindible el “aniquilamiento”, un aniquilamiento o muerte del Yo, un despojamiento de la mente terrena. Por su parte, el objetivo final de las técnicas de meditación tan en boga hoy en día es en realidad favorecer el proceso de “limpiado de filtros”, pero sobre meditación escribiré en otra oportunidad porque el tema de este post no es este sino la Otredad.

Centrándonos en esta segunda manera de conocer algo que no es intelectual, la siguiente pregunta casi cae por su propio peso: ¿eso que espera ser conocido se trata de distintas realidades o de una sola? Le dejo esta pregunta a cuantos filósofos y pensadores han dedicado a ello mucha energía, y me limitaré a aventurar una tercera opción: quizá el dilema no sea si hay una o más realidades, sino si existen acaso distintos planos de una misma realidad del mismo modo en que, en el mismo punto exacto del dial de una radio, sólo cambiando la banda de AM a FM podemos encontrarnos con distintas emisoras. Una especie de “base de datos cósmica”, quizá replegada sobre sí misma, donde acaso se conglomere todo el saber, toda la verdad. Pero ¿cómo acceder a esa base de datos cósmica? ¿Podemos “cambiar el interruptor” de AM a FM a voluntad y percibir qué más se está emitiendo en aquella misma frecuencia de emisión pero en otra banda justo por encima o debajo de ella?

Al parecer, el Sapiens sapiens está todavía a medio hacer, como una especie de prototipo que aún está en período de pruebas evolutivas. Según F. Traver la mayoría de enfermedades mentales vendrían a ser una especie de “averías” previsibles en una humanidad que está en fase de “estiramiento”, como los huesos de un adolescente en plena mórfosis hacia su maduración como adulto. Yo, que sé muy poco y además estoy un poco “demodé”, prefiero esa analogía informática que después del boom de las ciencias cognitivas quedó como en desuso pero que, sin embargo, creo que ilustra muy bien algo que desearía dejar lo más claro posible. Supongamos que en un viejo Comodore-64 (que sólo recordamos ya los que pasamos de los 40!) deseáramos instalar el Windows Vista: un sistema demasiado complejo para ser integrado por un cerebro tan rudimentario. Pero esa base de datos cósmica está ahí, sea o no sea nuestro hardware o nuestro software (o la cooperación de ambos) capaces de acceder a ella. Y algunas personas acceden a ella, unas a voluntad y otras espontáneamente.

Y entonces se percibe un atisbo a esa otra realidad que a unos puede volverles locos para siempre o, como mínimo, producirles una gran sensación de angustia por incapacidad de asimilación, en otros proporcionarles un momento de bienestar sencillo pero desconocido, y en otros alcanzar el nivel de éxtasis o arrobamiento cuyo único mal es la imposibilidad de ser descrito ni transmitido mediante palabras. Los más afortunados podemos vivirlo como algo sumamente gratificante, algo que expansiona la conciencia de tal manera que nunca más se vuelve a ser el mismo ni puede volverse hacia atrás. Por suerte.

Y este tipo de experiencias incluye también la percepción del Otro, de la Otredad, y si he comenzado hablando de las dos vías de conocimiento es precisamente porque al Otro también puede percibírsele de dos modos distintos, por esas dos vías. De acuerdo con la primera, el Otro es una cara, una identidad, una mirada, una subjetividad que intelectualmente sabemos distinta. Existe un abismo de discontinuidad que es casi imposible de saltar. Desde nuestra plataforma lógica y racionalizante, todos sabemos muy bien que el Otro es, precisamente, otro, con sus bagajes y archivos y subjetividad inalcanzables y su olor tan diferente al nuestro. Un Otro con ideas propias y afianzadas en su raigambre experiencial y biográfica. En otras palabras, alguien distinto cuyas opiniones y apreciaciones no tienen porqué coincidir con las nuestras. Siendo así, ¿por qué entonces discutimos entonces los humanos en absoluto? me pregunto. La respuesta es: porque en realidad la vía intelectual no es suficiente para percibir al Otro en su inmensidad gozosa. Percibir la Otredad en su esplendidez única y distinta es un goce sublime, extático, que les deseo a todos. Ella, la Otredad del Otro, probablemente no esté ahí para ser aprehendida con el intelecto, sino para ser amada en su esencia misma.

17
Jun
08

La utopía toxoplasmática de la vida

Si cualquiera de nosotros fueramos un toxoplasma gondii, nuestra utopía sexual sería encontrar un gato pues es alli y sólo alli -en el cuerpo de un gato- donde podriamos reproducirnos.

El resto del tiempo lo pasariamos bastante mal tratando de resistir formando quistes en el interior de otros animales que aunque infectables no permitirían de ninguna manera pasarnoslo en grande fornicando, aunque probablemente la reproducción del toxoplasma no es tan divertida como la nuestra pues tiene una fase sexual, la que se produce en el interior del gato y una fase no sexual que es la que se produce frecuentemente en el cuerpo de los ratones.

El ideal del toxoplasma es pues encontrar un gato, donde se desarrolla la fase final de su ciclo vital, su huesped definitivo, nosotros los humanos tambien podemos servir de reservorios pasivos y si está usted embarazada tienen grandes probabilidades de que su feto acabe siendo atacado por este parasito que tiene preferencia por los cerebros en desarrollo. Es por eso que las mujeres embarazadas desarrollan una cierta aversión a los gatos y hacen bien porque es a través de sus heces (depositadas en esa arenilla doméstica de los que poseen gatos) como nos contaminamos los humanos.

Del mismo modo se contaminan los ratones. Una vez en el interior de un ratón el toxoplasma se dedica a construir quistes y a resistir esperando que el ratón sea al final devorado por un gato y establecer alli su guarida nupcial. Ni que decir tiene que la resistencia del toxoplasma una vez enquistado es más larga que la vida de su huesped transitorio, la paciencia de estos parásitos es extraordinaria pero a menudo su ciclo vital no llega a completarse precisamente porque se encuentra con frecuencia con callejones sin salida, por ejemplo terminar en el cuerpo de un conejo que es absolutamente refractario a contaminarse.

Los ratones y los gatos -es bien sabido- se llevan bastante mal porque ningún ratón quiere terminar en el estómago de un gato, aunque esta verdad axiomática tiene sus excepciones tal y como el lector comprobará enseguida. Los ratones han desarrollado hacia los gatos una especie de fobia y basta tan solo el olor de un gato para desencadenar en ellos una respuesta de huida frenética. Una fobia que al parecer es innata, tal y como Seligman teorizó a través de su constructo preparedness, que seria algo así como una facilitación para desarrollar fobias a ciertas feromonas pero no a otras. Así los ratones estarían diseñados a que el olor de un gato les resulte aversivo con independencia de que haya visto alguno en su vida mientras que el olor a conejo les deja frios.

Pues -y ahora viene lo bueno- parece ser que esto de la fobia del ratón al gato tiene sus excepciones porque tal y como han demostrado unos sesudos investigadores de la universidad de Oxford, llamados Berdoy, Webster y Mc Donald en un interesante articulo titulado “Fatal atracction in rats infected with toxoplasma gondii” parece ser que los ratones se sienten fatalmente inclinados hacia la feromonas gatunas infectadas por el citado toxoplasma.

El articulo en cuestión que puede verse aqui es realmente extraordinario porque pareciera como si el toxoplasma tuviera inteligencia. Una inteligencia tal que provocara una abolición en el natural reflejo de aversión del ratón hacia el gato y que llevara al ratón hacia las fauces del gato sólo para que el toxoplasma fuera feliz.

Las implicaciones terapeuticas de este hallazgo son extraordinarias porque nos permite llegar a pensar en que determinadas enfermedades casi ya olvidadas como la rabia que están causadas por un virus podrian sernos de utilidad para el tratamiento de la agresividad, ¿Como sabe el virus de la rabia que la mejor manera de saltar de cuerpo en cuerpo es a través de la saliva que queda tras la mordedura?

La enfermedad que causa el toxoplasma gondii en los humanos se llama toxoplasmosis y suele manifestarse casi siempre de un modo benigno excepto en inmunodeprimidos y se sospecha que esta enfermedad puede tener alguna relación con otras enfermedades graves. Incluso se ha dicho (pero no demostrado) que podria tener algun parentesco o aumentar al menos la sensibilidad para padecer esquizofrenia si el contagio se da durante el embarazo.

Mientras los investigadores se ponen de acuerdo y discuten sobre las relaciones del toxoplasma con estas enfermedades, el toxoplasma sigue haciendo de las suyas y sin saber ni una palabra de neurociencia se las ha arrglado para conseguir que los ratones no sientan aversión por ellos sino atracción. Una atracción que para el ratón es fatal pero benéfica para el parásito y tambien para el gato que no ha de correr demasiado tras su presa.

Si supiéramos como lo hizo el toxoplasma quizá los invesigadores podrian ahorrarse tambien las discusiones y los congresos.

Simplemente hagan como el toxoplasma, hagan como hace la filogénesis, la evolución, primero resuelvan el problema y luego busquen el por qué.

Una web recomendada (en inglés), en ella el autor especula con que la infección por toxoplasma puede estar influyendo incluso en el carácter de los humanos.

14
Jun
08

Instinto, pulsión y deseo

La palabra instinto ha sufrido intensos reveses durante buena parte del siglo XX, una de las razones por las que la palabra “instinto” ha tenido difícil acomodo entre las ciencias de la naturaleza, es que empasta mal con la concepción humanística del hombre. Efectivamente los neurocientíficos ya no hablan de instinto sino acaso de la neurobiologia del placer o de “sistemas de recompensa”, los etólogos y los psicólogos evolucionistas han descubierto la palabra “fitnessque tiene una acepción blanda: algo asi como la escultura del cuerpo y una acepción dura, que es la que manejan los cientificos y que tiene que ver con la aptitud, es decir con lo instintivo, con ese mandato que viene a decir: sobrevive y reprodúcete.

De manera que el fitness sería la competencia para sobrevivir y reproducirse, algo que tiene que ver con el rango, la alimentación, el tamaño, la agresividad o las destrezas o estrategias diversas que podemos ver en la naturaleza y en las distintas especies destinadas a conseguir comida y sexo, pero tambien seguridad y prebendas, maternaje y altruismo. Todo esto es objeto del estudio por parte de biólogos, etólogos y psicólogos evolutivos, y tiene que ver con lo instintivo pero sólo tiene que ver con lo humano en tanto que lo humano emergió precisamente de ese caldo de cultivo a través de lo que llamamos selección natural.

Dicen algunos que no existe mente sin cerebro, es verdad. Pero tambien es verdad que no existe mente, sin género, sin cultura, sin familia, sin sociedad, sin etnia, sin historia y sin mito. De manera que puestos a nombrar todas las variables o estructuras que tienen que ver con lo mental lo justo es nombrarlas a todas. Ese es uno de los propósitos de este blog, que se llama precisamente asi: Neurociencia y neurocultura, ¿cómo se interelacionan pues ambas realidades: la biológica y la cultural?

Esa es una pregunta que vale un millón de dólares y probablemente un premio Nobel. La razón de esta ignorancia en parte se debe a la jerga, es decir no hay un lenguaje consensuado para abordar ambas realidades de modo simultáneo.

No sé la respuesta a esa pregunta, pero algunos investigadores han construido teorias y modelos explicativos para fundir ambas realidades, muchos de ellos han sido nombrados en este blog. Sin embargo me interesa ahora nombrar algo que en mi opinión tiene mucho interés para entender como en lo humano el instinto pierde importancia en relación con los animales, para ello aclararé algunas diferencias entre nosotros los humanos y nuestros primos precursores los simios:

  • Suele decirse con frecuencia que los animales no tienen mente, es mentira, los animales tienen mente, claro que si. Mi perro tiene mente, no hay más que observarle la cara y los ojos, ahi hay una mente pero una mente de perro. Una mente diseñada para su fitness, para sobrevivir en una “cultura” canina.
  • Nuestro parecido genético con el chimpancé es tal (99,5%) que hay que preguntarse como es posible que esa pequeña diferencia del 0,5% sostenga tantas diferencias entre la mente humana y la de ellos. Algunos autores sostienen que la clave de estas diferencias no pueden explicarse del todo a través de esas pequeñas diferencias genéticas, pero que por el contrario la cultura humana y la cultura chimpancé tienen más diferencias que el propio genoma y quizá en estas diferencias está la clave de que los hombres y los chimpancés seamos tan distintos.
  • Una de las diferencias más notables entre la mente humana y la chimpancé es que nuestra mente es recursiva, es decir “sabe que sabe”, esto no le ocurre a ningún animal conocido. Una especie de repliegue que hace que seamos conscientes de ser conscientes.
  • La siguiente diferencia notable es que somos conscientes de nuestra finitud, es decir tenemos una representación mental de la muerte, sabemos que nos moriremos, ningún animal lo sabe y si lo sabe nosotros no hemos podido demostrarlo, por eso el suicidio entre los animales no existe por más que algunas conductas animales puedan hacernos recordar esa tendencia tan humana de quitarse de enmedio por la razón que fuere.
  • Nuestra inteligencia y nuestra capacidad de aprendizaje (neuroplasticidad) es tan poderosa que no hay ningún animal que nos llegue a la suela de los zapatos. Se trata de un desarrollo que nuestro cerebro ha realizado sobre todo en eso que los biólogos llaman “el cerebro social”, nuestra capacidad para relacionarnos, anticiparnos, mentir, inventar falsedades, tramar intrigas, adivinar las intenciones del otro y urdir estrategias destinadas a mejorar nuestro estatus, son infinitas si nos comparamos con los chimpancés que tambien tienen habilidades en este sentido pero mucho menos sofisticadas.
  • La cultura que los humanos hemos construido está regida no por las leyes de lo complicado sino por las leyes de la complejidad. Significa que las relaciones que se establecen en un sistema complejo están presididas por la incertidumbre: la razón de esta impredictibilidad es que en cierto modo los vínculos que enlazan a un elemento con otro están ocultos y por tanto las reglas para orientarse en lo social son de una enorme dificultad. Baste como ejemplo la dificultad que tenemos los humanos para discriminar la complejidad moral de nuestros actos y por tanto la dificultad para elaborar códigos morales.
  • Los humanos tenemos un hándicap enorme con respecto a los animales: tardamos mucho en madurar, no nos hacemos adultos hasta bien pasados los 18 o 20 años, antes precisamos de cuidados maternales y enseñanzas (nursing y teaching) para orientarnos en ese mundo tan complejo que la sociedad humana ha diseñado para albergarnos. No basta con seguir a la madre para adquirir cierto fitness como hacen los animales sino que necesitamos ser acariciados, llamados, hablados, lamidos, enseñados y castigados, de otra forma nuestras posibilidades de supervivencia social se reducen. Estas dificultades de supervivencia son las que probablemente hicieron evolucionar el imprinting de los animales y transformarse en apego, un constructo psicológico descrito por Bowlby y que se refiere a la participación de nuestro cerebro emocional en la construcción de un vinculo duradero entre individuos y cuyo paradigma es la relación materno-filial, un vínculo pensado para que sea duradero y sólido.

John Bowlby cuyo constructo del apego vino a enlazar y sustituir el imprinting instintivo con la teorización de la sexualidad oral Freudiana.

  • Por último señalaré uno de los pilares de la cultura humana: el tabú del incesto que regula el acceso de unos individuos a otros y que establece y formula las relaciones de parentesco. Ningúna “cultura” animal soporta este tabú, aunque los simios rechacen mantener relaciones sexuales entre madres e hijos a los que parece reconocen de por vida.

Por todas estas razones las manifestaciones de lo instintivo en hombres y animales no pueden ser las mismas, el sólo hecho de que los humanos seamos conscientes de nuestra finitud explica el que nos afanemos durante toda nuestra vida en alcanzar la inmortalidad, la pervivencia de nuestros hechos y no tan sólo de nuestro genoma: el egoismo humano no está tan determinado para hacer pasar nuestros genes a la generación siguiente sino nuestra memoria, nuestros actos o nuestras obras.

A Freud se le atribuye un estudio de lo instintivo y haber sido el primero en observar el peso de los instintos en las decisiones aparentemente racionales de los humanos, sin embargo Freud nunca habló de instintos sino de pulsiones. El asunto es que la palabra alemana “trieb” fue traducida por instinto de forma equivocada pues la distancia que existe entre la pulsión y el instinto es la misma que existe entre apego e impronta.

La pulsión es el instinto después de pasar por el filtro de lo humano y lo que caracteriza precisamente a lo humano es lo cultural y la dificultad y lentitud de su crianza.

La pulsión es el instinto parcializado, dado que el instinto en los humanos ha de sufrir determinadas vicisitudes para alcanzar la genitalidad que coincide con la eclosión hormonal de la adolescencia. Dicho de otro modo, la sexualidad infantil no es un calco de la sexualidad adulta, un niño no es un adulto en pequeñito sino un adulto en potencia que ha de sortear determinados obstáculos para que su “instinto” se asiente en eso que a los animales les viene dado sólo por la naturaleza del crecimiento. Los humanos no sólo crecemos sino que además maduramos: aprendemos y desaprendemos.

Esta es una consecuencia de la parcialización del cuerpo de la mujer en la mirada del hombre. en este caso la parcialización afecta a los glúteos que obturan y tapan ejerciendo una función de velo a tres orificios libidinizados.

La pulsión es siempre parcial porque ha de asentarse, fijarse o erotizarse siguiendo un determinado orden secuencial de orificios, el orden es más o menos asi:

  • primero se erotiza la piel, la boca y el oído.
  • luego se erotizan los orificios excrementicios, ano y uretra, pero también los ojos (mirada) y movimiento (actividad muscular).
  • Y más tarde se erotizan los órganos genitales, a esto le llamamos ya sexualidad adulta, la libido ha alcanzado su cúspide evolutiva y el individuo ya puede ejercer su fitness. Se encuentra en condiciones de sublimar, es decir de destinar el sobrante de su energía sexual a inversiones sociales.

La consecuencia es que la sexualidad humana está hecha de retales, de secciones de pequeñas pulsiones parciales erotizadas y filtradas más tarde por el tabú del incesto que añade una dificultad más a este dificil viaje sexual de la libido humana: el individuo tiene que mantener reprimida su sexualidad infantil fuertemente pegoteada a la madre y buscar un sustituto lo suficientemente alejado de él para no ser reconocido pero lo suficientemente cercano para poder establecerse como objeto de amor.

De ahí la dificultad.

Y de ahi que en los humanos no es posible hablar de instinto sino de pulsión. es por eso que sólo los humanos nos suicidamos, nos drogamos, damos la vida por una idea, nos hacemos daño a nosotros mismos o no nos reproducimos de forma electiva, tenemos preferencias, condiciones para el amor, filias y fobias y un gusto especial por Wagner o por Mahler, por los plátanos o por el puré de patatas. Es por eso que sólo los humanos somos libres y no estamos determinados por las leyes de la naturaleza, hemos ido más allá.

Y la pulsión no termina aqui su viaje porque además ha de ser filtrada por otro agente: el lenguaje que divide el mundo en afuera y adentro, entre sujeto y objeto. Ahi es donde emerge el deseo como una interiorización de la pulsión y es donde la pulsión vestida con palabras aparece de nuevo en escena, pues ninguna pulsión acaba satisfaciéndose -en lo real- si no puede ser dicha.

Además la pulsión en forma de deseo tiene que pasar por el filtro del otro, no hay deseo sin otro y muchas veces nuestro deseo es el deseo-del-otro.

Lo humano pues está tan alejado de lo instintivo y del fitness que es verosimil y comprensible que la teoria del instinto haya ido mutando a lo largo del siglo XX hasta permutar aquella lógica aplastante que unia mujer=maternidad u hombre=guerra.

Hay demasiadas evidencias que nos indican que el deseo humano está sujeto precisamente a las leyes de la fragmentación, de la parcialización y que nada teleológico se encuentra en su deseo, ni determinismo radical: sólo los humanos podemos renunciar a sobrevivir o a reproducirnos.

No hay pues causa final y ni siquiera la teoría de la búsqueda de placer o de recompensa nos sirve para entender lo humano.

09
Jun
08

Lateralidad, especiación y esquizofrenia

Asimetria interhemisferica

La idea de que las enfermedades mentales y más concretamente la esquizofrenia son “impuestos que pagamos los humanos por nuestra enorme inteligencia social ya fue intuida a principios de siglo por múltiples autores. Desde entonces las pruebas han ido acumulándose en el sentido de que los cambios cerebrales que tuvieron lugar en el paso de nuestro homínido precursor al Sapiens han tenido secuelas en el desarrollo emocional de los humanos.

La diferencias cerebrales entre ese hominido y el Sapiens puede resumirse en estas tres características:

  • Una ganancia en inteligencia
  • Una ganancia en complejidad social
  • La ganancia del lenguaje y la simbolización

Estas ganancias tienen un correlato anatómico y fisiológico (neurobiológico) y este correlato no puede ser otro sino la asimetria de los hemisferios cerebrales. Es decir el predominio de un hemisferio -dominante- sobre el otro, no dominante, usualmente el derecho, una asimetria que seguramente procede de la especialización progresiva de la mano derecha. Fue la mano la que estiró del hemisferio, la mano que trabaja, la mano que construye herramientas.

Dicho de un modo rotundo: la conversión de un casi simio a Sapiens está relacionada con la lateralización. Ningún simio tiene asimetrias en su cerebro, se trata de una ganancia evolutiva que sólo afecta a nuestra especie.

Una vez constituida esta asimetria de predominio izquierdo los dispositivos cerebrales del habla (Area de Broca) se desplazaron al hemisferio izquierdo, al menos la parte motora del habla. No quiere decir que el hemisferio no dominante no tenga nada que ver con el habla sino que se subordinó a la especialización progresiva del lenguaje en el costado izquierdo, el hemisferio derecho quedó en cierto modo destinado a complementar el aspecto motor con un toque de sensorialidad y a través de asociaciones que proceden de la conectividad nerviosa.

Por decirlo en terminos lingüisticos y siguiendo a Saussure en cada palabra hay dos elementos, un significante (S) la palabra en sí y un significado (s) que representa la interrelación entre hemisferios, es decir la conectividad cerebral de izquierda-derecha. El hemisferio derecho se especializó en dotar de sentido (significado) a las palabras en sí (significantes). Dicho de otro modo el cerebro humano está dividido, escindido entre hemisferios en el plano anatómico y entre significante-significado en el plano lingüistico, algo que tiene mucho que ver con la esquizofrenia donde parece existir una especie de disociación entre pensamiento y lenguaje, algo sobre lo que volveré más abajo.

Pero la lateralidad tiene otras consecuencias en el hombre menos graves y dañinas para la salud, estoy hablando de la dislexia que es con toda seguridad el mejor marcador para seguir las vicisitudes de la lateralización en el individuo concreto. Como es sabido los niños pequeños no nacen ya con una lateralidad definida sino que la van adquiriendo con la edad. Edad y sexo son las variables críticas para esta mutación de las habilidades motoras y verbales, las niñas suelen lateralizarse más pronto o a una mayor velocidad que los niños. Hacia los 11 años la lateralidad está ya del todo implantada y divide a la población en tres grupos:

  • Los diestros
  • Los zurdos (el 10 % de la población aproximadamente)
  • Los ambidextros

Es sabido que la destreza de la derecha ha seguido una selección positiva de tipo genético y que existe un gen responsable (factor de desviacion derecha) de esta tendencia a la lateralización de predominio derecho. Sin embargo este gen no tiene efectos de todo o nada en los cerebros individuales debido a sus multiples polimorfismos que hacen que la lateralidad conserve un desarrollo en forma de continuum, es decir habría individuos (los homozigoticos para ese rasgo) que ocuparían los extremos de la escala: fuertemente diestros o fuertemente zurdos), pero el resto de la población (heterozigoticos) dependiendo del polimorfismo que presenten serían “indecisos” en la lateralidad y no la completarian hasta los 11 o 12 años.

Pues bien, se sabe que los sujetos que presentan una esquizofrenia pertenecen precisamente a este grupo muy numeroso de indecisos y que conservan durante toda su vida una ambivalencia para la lateralización, lo que señala en la dirección de que probablemente la esquizofrenia es una enfermedad del neurodesarrollo que tiene que ver con la especialización de los hemisferios cerebrales y más concretamente está relacionada con la condición humana de asimetría interhemisférica.

De manera que los genetistas como Timothy Crow se apresuraron a especular que el gen o genes de la esquizofrenia debian de estar relacionados con el gen de la lateralización, que debia haber alguna relación entre ellos y se pusieron a buscar. Ese gen candidato esta localizado en el cromosoma X. (En este enlace puede verse el cromosoma X junto con los genes candidatos para la esquizofrenia)

Pero además en la esquizofrenia hay otros signos que parecen hablar de estas dificultades en la conectividad entre hemisferios, me refiero a los sintomas nucleares de la enfermedad, los sintomas de primer grado de Schneider.

La experiencia esquizofrénica nuclear es una experiencia dificilmente comprensible e inquietante, el individuo siente que alguien puso ahi sus pensamientos y que no le pertenecen ( inserción o imposición del pensamiento) o que alguien le roba o difunde sus pensamientos (robo del pensamiento). Para una persona común estas experiencias resultan dificiles de comprender, ¿Como mis pensamientos van a ser impuestos por otra persona? ¿Como van a saber los demás lo que yo pienso, si el pensamiento no puede verse?. Todo parece indicar que el esquizofrénico tiene dificultades en procesar aquello que procede del hemisferio izquierdo (lenguaje y pensamiento) y dotarlo de significados consensuados y adaptativos como hacemos las personas comunes -con alguna distorsión que otra- pero que nunca hemos llegado a sentir esa experiencia de extrañeza y perplejidad que es la respuesta afectiva coherente con aquella experiencia. El esquizofrénico tiene una disociación pues entre significante y significado, no logra significar los contenidos de manera coherente y asi interpreta de forma paranoide (como una amenaza) cualquier comentario del medio ambiente. Amenaza y autoreferencia parecen ser el resultado de esta desconexión , de esta dificultad de procesamiento.

Otra posibilidad es oir como algo externo el propio pensamiento. El fenómeno del eco del pensamiento es tambien uno de los sintomas nucleares de la esquizofrenia como lo son tambien las alucinaciones , es decir oir conversaciones, alusiones usualmente descalificadoras como algo externo al propio individuo. Las alucinaciones se viven con absoluto realismo, como en un sueño y son tan perturbadoras que los enfermos suelen mostrarse intensamente agresivos o aterrorizados cuando están sometidos a ellas.

Todo parece remitir a un problema de reverberación hablando ahora en terminos cibernéticos, a un problema de desconexión de la cadena significante-significado o de la cadena izquierda-derecha necesaria para completar el bucle: pensamiento, aquello que es lenguaje pero no ha sido dicho, del lenguaje propiamente dicho, aquello que hablamos y que antes y simultáneamente es pensamiento.

De manera que en el tema del lenguaje intervienen al menos cuatro modulos cerebrales:

  • Un módulo que produce el lenguaje y el pensamiento (Temporo-parietal izquierdo)
  • Un módulo de significación y de asociación del anterior que hace que un discurso no sea algo lineal sino que tenga bifurcaciones y paréntesis y que está ubicado en el hemisferio no dominante en la zona temporo-parietal derecha.
  • Un modulo frontal izquierdo que piensa, habla y comprende lo que uno dice o le dicen.
  • Un modulo frontal derecho auxiliar del anterior que interpreta y asocia.

Como puede observarse en el anterior esquema, el lenguaje-pensamiento no es una secuencia lineal, sino un camino de ida y vuelta que sucede además de forma simultánea, asi cuando hablamos lo hacemos de forma paralela a nuestro pensamiento pero discriminamos perfectamente aquello que ha sido emitido (lenguaje) de lo callado (pensamiento) y cuando escuchamos tenemos que comprender e interpretar aunque en todo momento sabemos quién habla cuando habla y quién escucha cuando escucha mientras no deja de pensar lo que a continuación dirá. Una tárea que sucede de forma yuxtapuesta y sincrónica que precisa para poder darse una completa integridad de los circuitos que van de izquierda a derecha y de delante (lobulo frontal) hacia atrás (lobulo temporal) a fin de que tramiten la información a la misma velocidad y sin interrupciones, algo que de no producrise genera esos fenomenos elementales que observamos en la esquizofrenia, esa vivencia de extrañeza, de interrupción del pensamiento o de perplejidad.

Como epílogo de esta teoria de que la esquizofrenia tiene algo que ver con la naturaleza del propio Sapiens y que de alguna manera los hallazgos derivados de la lateralización tienen que ver tanto con el origen de nuestra especie como de la esquizofrenia, remarcar que la elegante teoria de Crow no ha sido confirmada y que el propio Crow tuvo que admitir al final de sus investigaciones que alli donde buscó no encontró nada. Mas concretamente no habia ningun gen que codificara nada, lo cual no le ha hecho renunciar a seguir buscando ese gen misterioso que segun él se encontraria en el origen de nuestra capacidad de simbolización y adherido a la ganancia del lenguaje y a nuestra capacidad simbólica.

Tal y como dije en el post anterior en la actualidad están descartados casi todos los genes candidatos y no parece que la esquizofrenia represente una enfermedad unívoca con ninguna averia genetica específica, todo parece apuntar en la dirección de que las enefermedades mentales no representan entidades discretas sino que son una especie de amalgama de múltiples endofenotipos que mezclados unos con otros dan lugar a distintos fenotipos, a uno de ellos le llamamos esquizofrenia pero no está claro si es una enfermedad en sí misma o una posibilidad de manifestarse distintas opciones geneticas a través de polimorfismos relacionados con la lateralización, el lenguaje y el cableado interhemisferico.

Lo cual no deja de ser sorprendente y contradictorio con los hallazgos que demuestran que la esquizofrenia es una enfermedad común a toda la humanidad y a todas las culturas y que se manifiesta epidemiologicamente con la misma frecuencia (un 1% de la población general). Este dato tozudo que apunta en una dirección genética es contradictorio con los demás hallazgos de los que disponemos en la actualidad y que podrian interpretarse del siguiente modo: las enfermedades mentales no son categorias discretas como la diabetes o la litiasis renal sino una especie de macedonia donde las frutas aparecen mezcladas dando lugar a un conglomerado de síntomas dependientes de genes bien conocidos como sucede como el 5-HTT (el transportador de serotonina)

¿Volvemos a la idea de la melancolia de los griegos?

Nota: los griegos llamaban melancolia a toda forma de psicosis sin fiebre.

Todo parece señalar en la dirección de que existe una única enfermedad mental y no tantas como describe el DSM o al menos que existe una única psicosis, algo que ya dijeron Griesinger y Bartolomé Llopis entre otros aunque lo dijeron quizá demasiado pronto.

Ver tambien: El extraño caso del Sr Broca del autor




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