Hace un par de noches tuve un sueño muy extraño: charlaba con un hombre cuyo rostro me recordaba a alguien sin conseguir saber quién, sentados en un parque, el cual me contaba cosas inauditas para un sueño de verano, y yo, además, le hacía preguntas como si comprendiera algo. Me despertaron los rayos de la luna invadiendo la cama, y, como siempre duermo con bolígrafo y papel en la mesilla de noche, comencé a anotarlo todo febrilmente para que no se me olvidara.
Esto es cuanto pude rescatar de aquel diálogo:
HOMBRE: ¿Tú sabes lo que es un superconductor?
YO: No.
HOMBRE: Un material que tiene resistencia e impedancia nulas, pero hay un 1% de la población que son superconductores.
YO: ¿En serio? Y qué hacen?
HOMBRE: Conducen y amplifican sin saberlo la energía de otra persona, pero no pueden hacerlo con cualquiera, hay algo, un plus, que ha de cuajar.
YO: Y ello es…
HOMBRE: Electrones sueltos.
YO: Asombroso.
HOMBRE: Es preciso que te cuente algo sobre el olfato. Verás, al parecer el olfato no funciona como imaginábamos, a base de moléculas y receptores, sino que nuestra mucosa nasal emite electrones que colisionan con determinadas moléculas y no con otras y las hacen vibrar, y es entonces cuando percibimos el olor. Dicho de otra manera, el proceso no es pasivo sino activo: el olfato emite electrones que colisionan con moléculas volátiles y se ponen a vibrar en una especie de baile…
YO: ¡Fascinante!
HOMBRE: Por ejemplo, los perros tienen el olfato muy desarrollado y a veces se acercan con espíritu protector a personas enfermas. Nunca había logrado saber por qué pero creo que ya lo tengo.
YO: ¿…?
HOMBRE: Lo que ocurre es que resuenan con algunas moléculas de necrosis, y entonces se dicen “hay que cuidar de esta persona que está malita”. No sabía el mecanismo que es cuántico, esa es la gracia, que no es un mecanismo receptor-molécula sino un mecanismo de enacción.
YO: ¿Varela?
HOMBRE: Sí. Siempre pensé en cómo los perros podían oler estados de ánimo. No los huelen sino que resuenan con ellos, es un efecto vibratorio.
YO: ¿Como el efecto de la ola humana en los campos de fútbol?
HOMBRE: Es posible.
YO: ¿La homeopatía podría actuar por este mismo mecanismo?
HOMBRE: Es posible, quizá por eso los perros responden bien a ella.
YO: ¿Y los bebés también?
HOMBRE: Tambien.
YO: ¿Y por qué los adultos estadísticamente algo menos, según usted?
HOMBRE: Bueno, es sólo una hipótesis, pero quizá porque están oxidados y no emiten tantos electrones, esto explicaría por qué algunas personas son refractarias a la homeopatía: tiene que haber electrones sueltos fuera de su órbita para que se comuniquen las vibraciones del remedio homeopático con la necrosis y surta el efecto.
YO: Prosigamos. Creo que usted presume que este efecto superconductor también se da a distancia…
HOMBRE: Claro, ¿es que la empatía no es una forma a distancia? La empatía no precisa de contacto.
YO: ¿Se refiere a los experimentos que demostraron que dos partículas subatómicas estaban conectadas aún a kilómetros de distancia?
HOMBRE: Sí, la no-localidad, por eso digo que la empatía es cuántica. Empiezo a creer que, además, para ser superconductor hay que tener una empatía muy desarrollada, una especie de superempatía.
YO: Entonces, según dice, la superconducción también se daría en la distancia.
HOMBRE: Si, la telepatía no sería tal, sino una manifestación cerebral de la empatía a distancia.
YO: Así que hay un agente conductor y otro pasivo.
HOMBRE: Sí, dos polos, digamos.
YO: Ya.
HOMBRE: …dos polos no eléctricos sino cuánticos que precisan del colapso de onda de una función que vibra armónicamente: la del superconductor.
YO: Entonces lo de “entre nosotros hay buenas vibraciones” no sería ninguna tontería.
HOMBRE: No, podría ser la verdad.
YO: ¿Y qué más opina de esas personas superconductoras?
HOMBRE: Diría que suelen ser personas que ignoran esa capacidad y que tienen muchas dificultades de adaptación porque, como se comprende fácilmente, en este mundo es difícil circular con esa superempatía.
YO: ¿Esa capacidad la ubicaría en la mente?
HOMBRE: La ubicaría entre la mente y la conciencia, para entendernos.
YO: De lo que habla parece algo casi físico, aunque esa capacidad parece no tener que ver con la mente, ni con el nivel intelectual, ni la inteligencia…
HOMBRE: No, claro que no, aunque creo que ese tipo de personas señalan el camino que va a emprender la evolución, al igual que esos niños indigo. Un camino que pasa necesariamente por la abolición total del narcisismo.
YO: Entiendo que el narcicismo proviene de no haber pasado con nota cierta fase de la primera infancia…
HOMBRE: Psicológicamente sí, pero también es vital lo que uno hace luego con eso.
YO: Eso suena muy interesante…
HOMBRE: El narcisimo es seguramente un subproducto cultural, un “arreglate como puedas”…
YO: ¿Qué sería antes, la superconducción innata o el narcicismo?
HOMBRE: Esa es una pregunta de calado. Aún no lo se. Lo que tengo bastante claro es que para que exista superconducción tiene que haber un abandono del Yo, una supresión de las propias necesidades… un antinarcisimo.
YO: O sea, que la superconducción y el narcicismo serían casi opuestos…
HOMBRE: Y sin el “casi”. Como decía, la idea es que la superconductividad es en efecto lo opuesto al narcisimo pero que tampoco hay superconductividad sin un narcisimo-otro que la impulse.
YO: ¿Tendría esa superconducción que ver con lo que llaman algunos amor?
HOMBRE: Desde luego, sí, sería algo así como un superamor, una especie de amor cósmico, algo que trasciende el concepto de amor tal y como lo entendemos normalmente… un amor de otro nivel.
YO: Suena lindo…
HOMBRE: Bueno, no sé si es para estar contento o considerarlo como una fatalidad, pues, como decíamos, el narcisista precisa de superconducción pero el superconductor puede también necesitar pensar en sí mismo.
YO: Comprendo. Da usted la impresión de estar en proceso de descubrir una pieza del puzzle.
HOMBRE: ¿Tú crees?
YO: No sé… alguien dijo que la inteligencia proviene del amor.
HOMBRE: Lo sé. En todo caso, el fuerte vínculo entre algunas personas no lo explica solamente el sexo, ni siquiera la tan trillada comunicación verbal. Hay un plus que no es computable, como diría Penrose…
YO: ¿Quiere decir que no es lo que se habla, sino el cómo?
HOMBRE: Más bien el para qué. En esas raras parejas, cada uno de ellos está para cumplir con una función, o una misión si prefiere.
YO: Una misión… no sé dónde he oído eso antes, pero parece hermoso.
HOMBRE: En algunos casos, él es un ser sumamente creativo pero precisa de un superconductor para germinar y dar frutos, por así decir. Muchos de ellos tienen una musa.
YO: ¿Las musas serían las superconductoras de los genios?
HOMBRE: Exacto, pero no las que susurran al oído sino las que catalizan, que es distinto.
YO: Ya… ¿Y la función de ellos, los superconducidos, digamos?
HOMBRE: Desenrollar cuanto saben y cuanto pueden llegar a saber gracias a esa especie de hiperconexión, ir desenredando el ovillo que les llevará lo más cerca posible del conocimiento.
YO: …mientras Ariadna sostiene el cabo.
HOMBRE: Algo así, los mitos son fascinantes, ¿no crees? ¡jajaja!…
YO: …
HOMBRE: A medida de que el superconducido se va desenredando y anudándose en el ovillo del superconductor, éste a su vez va impregnándose del saber de aquél como en ósmosis.
YO: ¿Anudándose en el ovillo?
HOMBRE: Claro, a quién sino se le van a contar los hallazgos? ¿Con quién va a poner el superconducido en orden sus ideas?
YO: Ya comprendo: con el superconductor.
HOMBRE: Así es. Y las ideas a su vez calan en él o ella y, con frecuencia, le vuelven a revertir en una especie de retroalimentación…
YO: ¿Imparable?
HOMBRE: En espiral.
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