La vida es aquello que nos pasa mientras pensamos en otras cosas
John Lennon
Si descontamos la palabra “sexo” y sus derivados, una de las palabras que más buscan los internautas es la palabra “felicidad”. La gente hace un consumo de esta idea muy similar al de los placeres sexuales y es paralela también al gusto o la curiosidad por saber más sobre enfermedades o sobre maneras de adelgazar, en Google hay hasta una especie de top cien de este tipo de búsquedas que por sí mismas merecerían un post aparte por su frikismo ingenuo.
Lo cierto de todo este interés acerca de la felicidad es que existe por parte de los ciudadanos europeos opulentos una busqueda de “nosequé” entre lo material y lo espiritual que hace del budismo una religión en expansión en todo occidente.
Aunque el budismo es una religión no teista (sin Dios) a nuestros coetáneos lo que más les interesa del budismo es su aspecto religioso, su costado litúrgico, sus rituales y su folkclore y no tanto la tecnologia cognitiva ancestral que arrastra desde sus orígenes: una teoria de la mente propia.
Es precisamente esto lo que nosotros más nos interesa: su vertiente científica de exploración de una mente por si misma tomando como único instrumento la autoobservación y la corporalidad.
La felicidad es una abstracción a la que muchas personas le confieren un estatuto de cosa real en sí, de objeto o propiedad. Esta distorsión puede proceder del hecho de la publicidad que recibió Mathieu Ricard cuando de manera superficial alguien le proclamó “El hombre mas feliz del mundo”, al que dediqué un post entero hace ya algún tiempo.
El interés del personal sobre la felicidad procede más bien de la infelicidad, la gente no es feliz y no lo es por algunas razones que trataré de alumbrar en este post.
No cabe duda de que no vivimos en el mejor de los mundos posibles y me estoy refiriendo a eso que llamamos occidente, el mundo desarrollado y opulento, voy a referirme a la infelicidad que abruma a nuestros conciudadanos y no tanto a las que abruman al resto del mundo depauperado o abrumado por las deudas, el hambre o las guerras: los parias del mundo son infelices por otra clase de razones y son tan infelices que ni siquiera a veces pueden plantearse como nosotros qué es la felicidad o dónde buscarla.
¿Cómo es posible que en nuestro mundo de excedentes haya gente infeliz? ¿Es que hay algo en nuestro modelo de crecimiento, en nuestro modelo de progreso que lleva a la gente a la infelicidad?
¿Como es posible que el único progreso real proceda de los estados liberales y que no exista en todo el planeta ni un solo ejemplo de progreso que no esté basado en los principios de la economia liberal? ¿Es que no hay alternativas?
Naturalmente que si, lo que ocurre es que no han sido aun exploradas, vivimos en un mundo que más allá de las ideologías politicas o del integrismo religioso, más allá de la izquierda o la derecha, de la monarquía o la república tiene un sólo amo. Este amo no son los bancos, ni la globalización, ni Bush, ni el petróleo, este amo vive en sus creencias, anida en sus expectativas: es el Supremo Lucro. Todas las sociedades liberales están fundadas sobre él, sobre el beneficio, cuanto más rápido mejor, sobre el haber, sobre el pago y el cobro, sobre el comercio y cuando no en la rapiña. Piense usted en cuantos elementos de su vida giran en torno al lucro y se dará cuenta de que ni la izquierda ni la derecha, ni el rey o la religión tienen nada que ver en este paganismo liberal sobre el que se encuentra enroscada nuestra identidad, nuestro autoconcepto, nuestra visión del mundo, nuestras opiniones, nuestra moral y hasta nuestra sexualidad, todo gira en torno al beneficio, sin beneficio nadie haria nada. ¿Hace usted algo gratis?
No quiero decir que no debiera existir un pago por el trabajo, por los esfuerzos intelectuales o artisticos, por el trabajo en serie o por cuidar cabras en el monte. Tampoco estoy proponiendo un modelo socialista igualitario basado en el autoritarismo o en la persecución de las disidencias, lo que propongo es una via rabiosamente individual que supere la búsqueda del lucro y lo sustituya por una ética planetaria basada en el compromiso, el altruismo, la generosidad y la compasión, en una ética sin Fundamento, en una ética que proceda del hecho de saber que no existe Dios, ni hay que esperar premios o castigos más allá de nuestra vida y todo eso sin caer en el nihilismo. Propongo un estado de cosas en las que el hombre alcance su soberania personal y la sustitución de la apariencia y la depredación por la generosidad, la autenticidad y el desapego y que al mismo tiempo sea compatible con el progreso, con las carreteras y con la energia eléctrica, todo ello es posible.
Y es posible porque la idea liberal del lucro es sólo un sustituto de Dios. Es la consecuencia de la laicización. Paradójicamente – y tal y como ya profetizó Nietzsche- muerto y enterrado Dios surgió una especie de superhombre en busca de nuevos fundamentos, lo que encontró fue el ídolo del consumo, del poseer, del patrimonio, de las cosas que le pertenecen a uno, no es que antes de eso no existiera la Banca, el lucro personal o el comercio, la novedad en la actualidad es que ese estilo de vida ahora se ha generalizado y nos alcanza a todos, lo envenena todo y lo subvierte convirtiendo cualquier cosa en una mercancía que lleva adosada un precio desde las relaciones hasta la agricultura ecológica, todo lleva un impuesto sobreañadido a su propio valor: ese precio usualmente es la diferencia entre lo posible y lo imposible de pagar o sea la infelicidad de amplias capas de la población que se ven asi desposeídas de esos bienes que han de poseer obligatoriamente para ser felices. En realidad no hay cosa más estúpida si usted lo piensa bien que acumular riqueza, posesiones o dinero pero también es absurdo perseguir la fama, el poder o las hazañas. Por muy buena salud que usted disfrute, llegará un dia en que usted morirá y allá donde usted vaya no podrá llevarse consigo todos esos bienes, trofeos u honores que acumuló durante su vida. No somos inmortales pero vivimos como si lo fuerámos, su dinero será distribuido entre sus hijos y en dos generaciones no quedará nada de sus esfuerzos patrimoniales. ¿Por qué le gente malgasta su tiempo y su salud en acumular bienes materiales ? ¿De dónde procede esta manía acumuladora?
Se trata de una secuela religiosa sin duda, creemos ser inmortales y que los que nos heredan mantendrán viva nuestra obra o nuestro recuerdo. Es falso, lo que es cierto es que ellos reproducirán en si mismos y en sus hijos la misma lacra y perpetuarán ese karma del beneficio hasta el paroxismo , hasta el desfallecimiento, hasta la ruina. Y además nuestro autoconcepto se basa sobre todo en lo que tenemos, en lo que representamos, en lo que los demás creen que somos. Todo obedece a un juego de espejos de las apariencias y en ellas se encuentran los resortes de nuestras más intimas convicciones sobre nuestra identidad: nadie sabe quién es porque el Yo es una ilusión y cualquier identidad es falsa, pero todos nos aferramos con una codicia insaciable a ese culto que los demás nos profesan por “ser vos quien soís”. Tanto tengo tanto valgo: ese es el principio identitario en la que está enclavada nuestra sociedad ¿Como no van a existir bolsas de sufrimiento mental y de dislocaciones mentales viviendo en un mundo asi?
En realidad aquellos de nosotros que conservamos una cierta estabilidad mental lo hacemos porque tenemos un buen mapa de la realidad y nos mantenemos afines a una idea de la felicidad que tiene estos tres pilares:
- La longevidad
- El bienestar
- El placer
Hemos llegado a soluciones de compromiso entre ese mundo que tenemos que sufrir y en el equilibrio hemos conseguido desvelar sus contradicciones. Una a una, estas son las piruetas que hacemos:
La longevidad.-
No podemos incidir sobre los accidentes del azar o sobre las enfermedades incurables que nos puedan sobrevenir, pero cualquier persona aspira o deberia aspirar a vivir mucho tiempo, el máximo posible. Cualquier muerte es siempre extemporánea como decia Marco Aurelio pero hay muertes que son más inesperadas y soprendentes que otras, una vida truncada en plena juventud es siempre una desgracia sobrevenida en una familia, un disparate del azar y de la suerte.
Pero si podemos aspirar y mantener un estado de forma compatible con una vida larga, hoy la medicina ha hecho progresos muy importantes que nos permiten sobrellevar la enfermedad crónica como una simple molestia. Sin longevidad no hay felicidad posible pues la sabiduria solo llega en el borde de la madurez, el jóven no llega a profundizar o a acumular la suficiente experiencia hasta que es capaz de liberarse de sus urgencias codiciosas o de distanciarse de sus ambiciones juveniles cuando ha madurado lo suficiente (o quizá nunca). Mientras acumula conocimientos el jóven no sabe sino que sólo conoce y compara sus datos, es cuando uno sabe que ya no necesita recordar, cuando se está fuera de la vorágine de los compromisos profesionales o lejos de las exigencias de ganar más dinero. Cuando a uno ya no le suena el móvil, y los amigos le han dejado solo, es entonces cuando puede comenzar a saber. Y a vivir.
Es por eso que el ideal romántico “vivir intensamente” pero poco tiempo es un absurdo semántico, pues nadie puede vivir plenamente antes de la cuarentena. Huir del exceso es una buena forma de decir más tarde “no” al consumo y a los caprichos generados artificialmente por el Gran Lucro,
El bienestar.-
La idea del bienestar es dificil de definir pero muy intuitiva, tiene que ver con lo que hacemos en la vida para sentirnos cómodos en ella: un matrimonio desgraciado, un trabajo inadecuado o gastar más dinero del que poseemos son los tres pecados mortales que cometemos para destruir nuestro bienestar y que nos lleva a la incertidumbre, nodriza de todas las angustias.
No hay que confundir bienestar con la felicidad, el bienestar es condición pero no la unica condición para ser feliz (o no ser infeliz), el bienestar abarca tanto lo material como lo emocional pasando por aquello que nos ocupa la mayor parte del tiempo: el trabajo, es decir lo que hacemos en sociedad para asegurar nuestro sustento y que a la vez es lo que devolvemos a la misma.
Al bienestar no hay que pedirle -sin embargo- demasiado, no se trata de buscar el bienestar perfecto sino el viable, no existe un bienestar que por si mismo asegure la plenitud, pero existe un umbral mínimo por debajo del cual ninguna felicidad puede desplegarse, ni madurez, lucidez o sabiduria. Dice un antiguo proverbio chino:
“Ocupate de la cítara pero vigila la olla”
Significa que la vida está compuesta de trabajo y de expansión y que del equilibrio entre ambos depende eso que llamamos bienestar que en cualquier caso siempre nos debe dejar con la sensación de que nos falta algo, pues sin falta no tendriamos motivación para buscar nada más y la felicidad efectivamente no debe alcanzarse nunca pues se encuentra precisamente al borde del camino que recorremos.
El vacío debe seguir estando vacío, esta es la cuestión.
El placer.-
Se trata probablemente de uno de las condiciones que más han sufrido el acoso de las religiones oficiales de caracter monoteista, la culpa, la angustia, el sentimiento de deuda, la vergüenza y la congelación del deseo proceden de sentimientos religiosos que han estorbado nuestra expansión placentera durante milenios. Paradójicamente la desaparición de las restricciones religiosas no ha aumentado la producción de placer o la creatividad (una forma de placer sutil). La laicizacion del mundo no ha llevado aparejada como nos prometieron los apóstoles del marxismo ni una vida sexual más sana, ni unas relaciones más intensas, duraderas o verdaderas. Todo ha sido corroído por los contratos mercantiles que parecen presidir los escenarios más íntimos de los seres humanos. Los matrimonios de conveniencia de la Edad media han dado lugar a brevisimos contactos sexuales por ambición, vampirismo o promoción de una carrera. Los divorcios se generalizan y los compromisos reproductivos se ven constreñidos a breves y fugaces aventuras con probetas desnaturalizadas. Todo parece haberse mineralizado y es burdo y ocasional: las relaciones entre personas se han convertido en elementos de estrategias comerciales, criterios de clase o guettos de marginados.
Y sin embargo el placer sigue siendo el motor de nuestra existencia, toda nuestra conducta se orienta en función de esa pulsión que busca el placer sin terminar de encontrarlo en parte alguna puesto que el mundo en el que vivimos sacrifica el placer por los rendimientos, es por eso que nuestro mundo es un mundo de obsesivos perfeccionistas o de hedonistas trasnochados. El placer que prometen las compras o las pertenencias, las drogas o paraisos artificiales, los viajes y las escapadas de fin de semana son un engaño y acaban provocando en los individuos un malestar que sólo cede cuando el objeto deseado ha sido sustituido por otro juguete nuevo.
Y asi y todo el ser humano sigue creando e inventando, produciendo ideas y tecnología, bien es cierto que los que viven de ello están capturados por intereses empresariales y provocando encontronazos entre los entornos de libertad como Internet donde el saber circula de forma gratuita y los intereses de los casposos lobbyes protectores de los derechos de autor. Los que venden libros no escriben en la red, están pillados por sus editoras, ni son libres ni escriben lo que quieren, solo aquello que vende. Carecen de generosidad.
Alguien puede pensar que la generosidad es un rasgo de carácter que habita en el cerebro de los humanos, los que asi piensan están equivocados, la generosidad o la avaricia no son caracteristicas psicológicas de los humanos sino interiorizaciones del modo de proceder de la sociedad.
Para escribir este post yo he perdido tiempo y he dedicado esfuerzo, pasión y tripas. He sufrido un desgaste que nadie me pagará. ¿Entonces por qué lo hace, podria preguntarme usted imbuido por las ideas de lucro cesante?
No negaré que en mi exista una cierta vanidad de lograr lectores para mis ideas, pero si existe esa vanidad al menos no me lleva a ocultar este post, lo exhibo para que cualquiera pueda leerlo gratis, eso es generosidad, y no es una virtud piadosa que opera desde mi inconsciente. Es mi posición politica sobre el Gran Lucro, mi posición de rebeldia frente al beneficio privado, al lado de las nuevas tecnologias que lo permiten y frente a los lobbyes que lo entorpecen.
Si hay una docena de personas que pueden beneficiarse de su lectura me doy por satisfecho y si encima me dejan un comentario, entraré en éxtasis.
Hay que desapegarse de todo incluyendo al desapego. Eso es la felicidad: ir viviendo, pero enterándose de qué va la vida, en este caso escribiendo por placer como si no costara nada de hacer, como si me fuera dictado por una voz sobrenatural y yo no hubiera dedicado un par de horas de mi tiempo.
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